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[música intrigante suave]
[música intrigante continúa]
[portero automático]
- Hola, Lorenzo. - Hola.
Te abro.
[puerta cerrándose]
- ¿Cómo vas? - Estoy hecha un lío.
¿Por qué?
No sé qué libros llevarme...
Los imprescindibles. Si echas de menos alguno, lo puedes comprar por internet.
No, no me gusta comprarme libros que ya tengo,
me hace sentirme mayor...
[ríe] En este momento pareces una niña.
Bueno, y además de los libros, ¿te falta mucho?
Todavía tengo que hacer algunas compras.
Julieta, nos vamos a Portugal, no al desierto.
Puedes volver a Madrid cuando quieras.
Me gustaría no volver a Madrid, si puedo evitarlo.
Ven... Muchas gracias.
¿Por qué?
Por no dejarme envejecer solo.
Eres tú el que no me deja sola a mí.
¿Julieta?
¡Bea!
¡No me lo puedo creer, Julieta!
- ¡Madre mía! - ¡Qué sorpresa!
¡Hace justo una semana me encontré con tu hija en el lago Como!
- ¿Te encontraste con Antía? - ¡Sí! ¡Imagínate!
Nos quedamos mirando
y fui yo la que la abordó porque ella no me reconocía.
Tú, sin embargo, estás igual, Julieta.
Mejor, incluso.
¿Y qué te dijo?
Que había bajado a la ciudad a comprarle cosas a sus hijos. Que tiene tres.
¡Dos chicos y una chica!
Sí... No sé cómo se las arregla.
- ¿Tú tienes hijos? - No, no... Ni siquiera me he casado.
[voces indistintas]
Es una lástima, pero tengo mucha prisa.
De verdad, no sabes cuánto me alegro de verte tan bien, Julieta.
¿Dónde vives?
En Milán y Nueva York.
Soy editora de complementos de Vogue. Viajo mucho.
Al lago Como fui a hacer una sesión de fotos.
- ¡Qué bien! - Bueno...
Oye, saluda a tu madre...
- Mamá murió hace tres años. - Lo siento.
Mi hermano vive aquí.
Hemos quedado en un restaurante con él y con mis sobrinas, pero ya vamos tarde.
¿Y qué más te dijo Antía?
Poco...
Le pregunté por ti y me dijo que seguías viviendo aquí, en Madrid.
- ¡Y mira qué casualidad! - Sí. Aquí sigo. Y aquí seguiré...
¿Y la encontraste bien a ella?
Sí. Bueno, y eso que iba a cara lavada.
Muy delgada, pero guapa, ¿eh?
De verdad, me alegro mucho de verte tan bien, Julieta.
Adiós.
- Bueno... ¿Qué pasa? - [Bea] Perdón.
Era la madre de una amiga de cuando era pequeña...
[teléfono]
[cuelga]
[teléfono]
[teléfono]
[portero automático]
- ¿Sí? - [Lorenzo] Soy yo, ábreme.
Hola.
- ¿Estás bien? - Tengo el agua hirviendo.
Anoche te llamé y no me contestaste.
[Julieta] Necesitaba estar sola.
[Lorenzo] ¿Has terminado ya con las maletas, con las cajas?
Lo he deshecho todo.
Me quedo en Madrid, Lorenzo.
¿Es una broma?
- Pero ¿qué tontería es esa? - No voy a poder acompañarte.
¿Por qué? ¿Qué pasó?
Sé que no te mereces esto, pero te ruego que no me hagas preguntas.
No me voy contigo a Portugal, me quedo en Madrid.
¿Qué ocurre, Julieta?
Lo he pensado bien y...
¡No me digas que no lo habías pensado hasta ahora!
¡Llevamos casi un año planeándolo!
Ayer mismo dijiste: "No volveré a Madrid si puedo evitarlo".
- ¿Qué fue lo que pasó de pronto? - No insistas, por favor.
¿Me das un vaso de agua?
No te reconozco, Julieta. Te estás comportando como una loca.
Lo sé.
¡Yo no puedo creer que estemos hablando de esto!
Anoche me di cuenta de que me estaba engañando,
que no quiero irme de Madrid.
Y que prefiero estar sola.
Siempre supe que había algo importante en tu vida
que nunca compartiste conmigo.
Nunca quisiste hablar sobre eso,
y yo siempre te lo respeté.
Me gustaría que siguieras respetándolo.
[puerta abriéndose, cerrándose]
- ¡Hola, Inocencio! - Sí...
¡Señora Julieta!
- ¡Cuánto tiempo! - Sí, mucho.
¿Por casualidad, no llegó algo de correo para mí?
¿En todos estos años? No.
Acabo de volver a Madrid y me gustaría alquilar mi piso de entonces.
- ¿Está libre? - No.
Creí que se había ido fuera de España.
Sí, pero he vuelto. Y echo de menos esta calle.
¿Hay algún otro libre?
Pues... el segundo izquierda está vacío.
- ¡Qué maravilla! ¿Puedo verlo? - Le faltan muebles y no está pintado.
No importa.
Voy a por la llave.
Está un poco sucio, ya se lo advertí.
Me lo quedo, Inocencio.
Pero no está para mudarse, señora Julieta.
Si me da su teléfono, yo le aviso.
No hace falta, de verdad.
Con que funcione la cocina y el baño, yo me ocupo del resto.
La cocina y el baño están nuevos.
Estupendo.
[vehículos, voces indistintas]
[Julieta] Antía.
Dos hijos y una hija.
Ha bajado al lago Como a comprar.
Tal vez vive en un pueblo suizo cercano y caro
y ha ido a comprar a Italia, que es mucho más barato.
Va sin maquillaje.
Y está delgada.
Piensa que sigo viviendo en Madrid.
[mujer] Muy bonito, ¿no? ¿Y a ti te ha gustado?
Ir al cole. ¿Te lo has pasado bien?
¿Y tú? Ya me ha dicho la profesora...
[hombre] Yo creo que es para arriba.
[chico joven] ¡Cuidado! ¡Bien, bien!
[aplausos]
[Julieta] Querida Antía:
Voy a contarte todo lo que no tuve ocasión de contarte,
porque eras una niña, porque me resultaba demasiado doloroso
o por simple pudor.
Pero ya no eres una niña.
Beatriz me ha dicho que tienes tus propios hijos.
Tres, nada menos.
Eres una mujer adulta, y una madre...
[suspira] ¿Por dónde empezar?
Te hablaré de tu padre.
Cuando me preguntaste cómo lo conocí, yo te dije que fue en un tren,
pero no te lo conté todo.
Yo tenía 25 años.
Era una noche muy desapacible y hacía mucho viento.
[crujidos]
[respira agitada]
[hombre] ¿Está libre el asiento?
Sí.
Qué impresionante esa rama, ¿verdad?
¿Le ha asustado?
Pues sí.
¿Viaja usted sola?
Sí.
Cuando la he visto sola, he pensado:
"Mira qué bien, así nos damos compañía el uno al otro".
No tiene ganas de hablar.
¡Qué lástima!
Perdón, tengo que salir.
[murmullo]
Espero que no se acerque mucho al tren.
No le tiene miedo al tren.
Va en busca de una hembra.
La huele en el aire.
¿Te apetece tomar algo?
Xoan me dijo que se llamaba Xoan y yo le dije que Julieta.
Me dijo estaba casado,
y que Ana, su mujer, estaba en coma desde hacía cinco años.
Yo le dije que daba clases de Filología Clásica,
y que estaba sustituyendo a una profesora enferma.
Xoan me dijo que era pescador, que tenía tres gamelas.
Iba a Madrid a comprar un motor para una de ellas.
También me dijo que toda su vida había vivido junto al mar,
en la casa que su abuelo compró cuando vino de Cuba.
[bocina y chirrido de raíles]
Diez minutos de parada.
Diez minutos de parada.
- Diez minutos de parada. - ¿Te apetece estirar un poco las piernas?
No voy bien abrigada... Gracias.
Hasta ahora.
[puerta abriéndose]
[puerta cerrándose]
[bocina]
[gemidos ahogados]
- [mujer] ¡Por Dios! ¿Pero qué pasa? - El tren ha parado.
- [mujer 2] ¿Por qué? ¿De golpe? - [revisor] Sí. Por favor, entre.
No se preocupen, no es nada.
Me ha caído una bolsa y casi me mata.
- [revisor] ¿Está bien? - ¿Hemos chocado?
He visto a un ciervo corriendo junto al tren.
¡No, por Dios! ¡Qué cosas dice!
[mujer] Sí, yo también lo he visto.
Que no, que no hemos chocado con nada.
Por favor, vuelvan a sus sitios y no tapen el pasillo,
que el tren se va a poner en marcha enseguida.
- [hombre] Pues he visto un ciervo. - [mujer 3] Y yo y no me pongo tan pesada.
[murmuran]
¿Han visto al hombre que iba ahí sentado?
¿El de las gafas y el jersey negro?
Sí, yo le vi por el pasillo.
Estará por ahí...
[mujer 2] En la parada bajó al andén. Lo vi caminando por la nieve.
Iba sin abrigo, por eso me fijé. Yo creo que iba mamao.
¿Ese? Ese está dando vueltas todavía por la estación, por eso hemos parado.
Cógelo.
¿Qué haces aquí? ¡Vuelve al vagón! Vas a coger una pulmonía.
¿Qué lleváis en la camilla?
- ¿Qué? - ¿Es el ciervo?
No. ¿Por qué dices eso?
¿Es un hombre?
- ¡Vamos, sube! - ¡Es él!
Por eso hemos parado...
Un hombre con un jersey negro
y que llevaba gafas...
Por favor, sube al tren. Vamos.
Él iba sentado donde vas tú ahora.
Quería hablar, pero...
a mí me molestaba cómo me miraba.
Por eso hui de aquí.
¿Cómo iba a suponer que estaba tan mal?
Cualquier chica habría hecho lo mismo.
Yo debería haberme dado cuenta.
No te tortures. Se habría suicidado igual.
¿Por qué llevaba una maleta vacía?
No sé,
supongo que no quería llamar la atención.
Pero lo tenía planeado antes de subirse al tren.
Nadie se suicida porque una chica, aunque sea tan guapa como tú,
no quiera hablar contigo.
No puedo dormir.
Yo tampoco.
[gimen en voz baja]
Thalassa, hals y pontos.
Las tres palabras significan "mar" en griego.
Pontos es "mar" y "alta mar".
Y se refiere al mar como camino, el camino de la aventura.
Por eso Ulises es el héroe marino por excelencia.
Por ejemplo, cuando Ulises llega a la isla de Calipso,
agotado después de un naufragio,
la ninfa Calipso, que era guapa de no dar...
Marcos, ¿quién te parece a ti la mujer más guapa?
Tú.
- [todos ríen] - Eso no vale,
porque yo soy la profesora
y no está bien visto que la profesora tenga sexo con sus alumnos, ¿eh? Otra.
Kim Basinger.
Monísima. Mucho más guapa que yo, pelota.
- [alumna] Ángela Molina. - También, preciosa.
Pues como Kim Basinger y Ángela Molina juntas,
así era la ninfa Calipso, y le ofreció a Ulises todo lo imaginable.
A ver, Diego. ¿Algo que le ofreciera realmente importante?
Su cuerpo.
Eso lo primero. Pero, además, algo con lo que todos hemos soñado.
- [alumno] ¿La juventud eterna? - Exacto, y la inmortalidad.
Sin embargo, Ulises lo rechazó
y se echó al mar, enfrentándose a un sinfín de peligros.
¿Cuál de las tres acepciones
elegirías para hablar del mar tan añorado por Ulises?
- [alumna 2] ¿Thalassa? - ¡No!
- ¡Pontos! - Eso es, pontos.
Pontos, el mar, el alta mar, el camino de la aventura y de lo desconocido.
[conversaciones ininteligibles]
- [Julieta] Buenos días, chicas. - [alumna] Buenos días.
- [alumna 2] ¡Hola! - [llaman a la puerta]
Pasa.
- Hola. - Hola, Julieta. Siéntate, por favor.
Gracias.
La profesora Martínez se reincorpora la próxima semana, así que...
aquí termina tu período de suplencia.
Estamos muy contentos con tu trabajo.
Muy contentos, de verdad, Julieta.
Nunca ha habido tanta asistencia a las clases de Literatura Clásica.
Muchas gracias.
He disfrutado mucho estos seis meses.
Qué bien, me alegro.
- Bueno... - Espera.
Ha llegado esta carta, es para ti...
¿Es para ti, Julieta?
Sí. Sí, sí...
[Xoan] Querida Julieta:
No sé si sigues trabajando en el colegio.
Ojalá, porque es la única dirección tuya que tengo...
Me acuerdo mucho de ti.
No se me va de la cabeza la noche del tren...
Ana sigue igual, o peor.
Aunque solo estuve dos días fuera, a la vuelta la encontré peor.
Cuando estás encima, no te das cuenta de esas cosas.
Hoy no he salido a pescar.
La mar está muy picada y esta tarde habrá tormenta.
Me gustaría verte aparecer entre la lluvia,
buscando un lugar donde guarecerte, y que ese lugar fuera mi casa...
[perro ladrando]
Oye, pero bueno...
Canelo, no seas pesado.
Hola.
Me parece que llegas tarde. El entierro fue ayer.
Pero entra si quieres y te tomas un café.
Yo soy la que lleva la casa. ¡Ven, Canelo!
Déjala ahí. Vamos a la cocina.
- ¿Cuándo conociste a Ana? - ¿A Ana? No, no la conocía...
Ya me parecía a mí, porque ella no se movió de aquí en los últimos seis años.
¡El mar!
Impresiona mucho la primera vez, ¿verdad? Siéntate.
O sea, que has venido a ver a Xoan.
- ¿Quieres una pasta? - No.
No creo que vuelva esta noche, está con Ava.
¿Conoces a Ava?
Hace cerámicas y esculturas.
Ana y Ava eran muy amigas,
cuando Ana todavía hablaba o podía escuchar.
La pobre estaba hecha un vegetal, y un hombre necesita una mujer.
Pero yo no soy quién para criticar a Xoan.
¿Más café?
- No. - Pues dame la taza.
Bueno, ¿qué haces?
Todavía te da tiempo a coger el autobús de las ocho.
Pasa aquí mismo, en la plaza.
Vamos.
Si quieres puedes venir a mi casa y después te acompaña mi marido.
No es molestia ninguna.
Estoy cansada.
Preferiría esperar aquí, si a usted no le importa.
¿Dónde?
Pues ahí mismo, en el recibidor.
¿Sola?
Bueno...
Yo me quedaría contigo, pero no puedo.
Tengo a mi marido desatendido estos días.
Bueno...
Canelo se queda a hacerte compañía de todos modos.
- Gracias. - [puerta abriéndose]
Y, cuidado, no te quedes dormida y pierdas el autobús.
¿Te llamo al teléfono por si acaso?
No hace falta.
Te llamo.
[susurra] Canelo, ven aquí.
Hola, hola. ¿Qué? ¿Qué?
Ven aquí. Sube, sube. ¿Qué pasa?
[susurra] No te despiertes.
- Recibí tu carta y he venido... - [chista]
No podía imaginar que tu mujer...
- [Julieta respira agitada] - No pienses en eso ahora.
Buenos días.
- ¡Qué ricas las pastas! - Son típicas de aquí.
Estoy haciendo el desayuno.
- Es que tenía mucha hambre. - ¿Y hay algo para mí?
- ¿Mmm? - Algo habrá.
Cuando recibí tu carta, me la tomé como una invitación para venir a verte.
Esa era mi intención.
No podía imaginarme que tu mujer hubiera muerto. Lo siento.
Ha sido lo mejor... Esto no era vida.
Marian me llamó para decirme
que te había dejado aquí esperando el autobús,
pero que no estaba segura de que te fueras.
Me dijo que estabas con una mujer.
Ava, creo.
Es una vieja amiga. Ya la conocerás.
Es artista, como tú.
Yo no soy artista.
Doy clases de literatura clásica.
Y ahora ni eso.
Bueno, seguro que te cae bien, ya verás.
Yo creo que me voy a ir hoy.
- [puerta cerrándose] - No sé muy bien qué hago aquí.
Pescar.
Hoy hace buen día. Nos vamos a ir a pescar.
Marian, Julieta.
Creo que ya os conocéis.
Deja, ya lo hago yo.
¿Se queda hoy?
Sí.
Nos vamos de pesca.
[Julieta] Yo no tenía trabajo, no tenía prisa.
Pensé quedarme solo unos días.
Tenía que decirle algo a Xoan, pero lo iba aplazando...
Era una vida nueva, extraña para una mujer que viene del sol,
pero acogedora.
Las noches se me pasaban volando entre los brazos de Xoan.
Me sentía atrapada, y a la vez libre.
¿Puedo tocarlo?
[mujer] Claro, cógelo si quieres.
- ¡Cómo pesa! - Cuatro kilos, así que ten cuidado.
Pensé que era terracota.
Es de bronce, pero al final les doy una pátina de terracota,
del color de las rocas que hay junto al faro.
¡Qué fuerza tiene!
Intento que mis esculturas sean compactas,
que el viento no pueda tirarlas,
como la gente de aquí.
La gente de aquí es muy dura.
[Julieta] Visitaba con frecuencia a Ava, me gustaba verla trabajar y fumar.
Y a ella le gustaba que yo le contara historias mitológicas,
como a ti cuando eras pequeña.
Los dioses crearon al hombre y a otros seres
con ayuda de la arcilla y el fuego.
Les concedieron los atributos necesarios para su supervivencia.
A unos les dieron pelaje y a otros alas para volar.
Cuando le llegó el turno al hombre,
los dioses descubrieron que se les habían acabado los dones.
Así que el hombre nació
desnudo, indefenso, en medio de la naturaleza.
Estoy embarazada, Ava.
¿De quién?
De Xoan.
Ya venía embarazada de Madrid.
¿Y él lo sabe?
No.
No le quiero presionar.
Tienes que decírselo, Xoan adora a los niños.
A los pocos meses de nacer, te llevé donde tus abuelos,
para que te conocieran y conocieran a Xoan.
Dos años después, volvimos a visitarles.
El abuelo Samuel se había prejubilado.
Era el maestro del pueblo y lo había dejado para convertirse en labrador.
Había vendido la casa en la que yo había crecido
y se había comprado otra en el campo.
Mira, ahí están.
[hombre] ¿Necesitáis alguna cosita más?
- Nada, nada más. Muchas gracias. - A portarse bien, prenda, ¿eh?
- ¡Eh...! [ríe] - ¡Eh...! [ríe]
Hola, hija.
¡Uy, quién está aquí! Mira... ¿Le das un besito al abuelo?
- ¿Qué tal el viaje? - ¡Muy largo, la verdad! Venimos muertas.
Mira, te voy a presentar.
- Ella es Sanáa... - Hola.
- Julieta. - Perdona.
Y esta maravilla es Antía. ¿Traes alguna maleta?
Sí, una marrón, tiene mi nombre escrito.
- ¿Puedes traerla? - Sí. Sí, sí.
- Y un carro. - Vale.
- ¿Y mamá? - Bien. Nos vamos apañando.
Ahora la verás.
¿Y esta chica?
Esta es Sanáa, la chica de la que te hablé.
¿Esta es la mujer que os ayuda?
Se ocupa de mamá, me echa una mano con la tierra...
Ha sido una suerte encontrarla. Nos ha cambiado la vida, hija.
Venga, vamos para el coche.
¿No echas de menos la escuela?
No tengo tiempo.
Entre tu madre y la tierra, se me pasan los días volando.
No te imaginaba jubilándote... y mucho menos prejubilándote.
Estamos mejor así.
Tu madre y yo siempre habíamos soñado con vivir en el campo.
¿Hablas español, Sanáa?
Un poco.
Un poco.
Un poco.
[padre] Habla divinamente,
es que es un poco tímida.
La conocimos hace ocho años, en el Festival de Música Sacra de Fez.
Se hizo muy amiga de tu madre y seguimos en contacto con ella.
Es una suerte que ahora esté viviendo con nosotros.
Qué bonita.
[padre] La casa no tiene lujos, pero hemos ganado en calidad de vida.
[Julieta] ¿Cuál es la habitación de mamá?
Esa ventana que da a la parra.
- [Julieta] ¿A ti te gusta la casa? ¿Sí? - [Antía balbucea]
- Después te enseño la casa. - Sí. Ahora quiero ver a mamá.
A ver si tienes suerte y está despierta.
Sara, ha llegado Julieta.
[carraspea] Julieta.
[padre] Sí. Julieta, nuestra hija...
Nuestra hija...
[susurra] Hola, mamá.
Ya estamos aquí.
- ¿No te alegras de vernos? - [Sara ríe]
Esta es Antía.
Claro, no la reconoces porque esta grandísima.
[padre] Os he preparado la habitación de enfrente.
Así estáis más cerca.
No, yo prefiero quedarme aquí.
Yo dormiré con mamá
y a la niña la pongo en la cama pequeña.
Le diré a Sanáa que cambie la ropa de la cama pequeña.
Ahí es donde duerme ella.
[susurra] ¡Julieta!
[susurra] Mamá.
¿Qué haces aquí?
He venido a verte.
Me he traído a la niña.
¿Qué niña?
Antía, mi hija.
Mírala.
[Sara] ¡Qué hermosa está!
Tiene ya dos años.
Dos años...
[Julieta] Yupi...
Antía, ven, que te voy a dar unas fresas buenísimas.
No, papá, ahora no, que está recién cambiada y se pone pérdida.
Pero ¿no le dices nada a mamá?
Estás guapísima, Sara.
- Ya tengo todos los tarros. - Muy bien.
- Papá, ¿puedo hablar contigo? - Sí, claro.
- Sanáa, atiende a Sara y a la niña. - Muy bien.
- Y que no se despierte la niña. - Vale.
¿Cómo os arregláis con mamá cuando vais al mercado?
Siempre se queda uno de los dos con ella.
Cuando fuisteis a recogerme a la estación, la habíais dejado sola,
encerrada en su habitación.
No me gusta encerrarla, Julieta. Lo hago para protegerla.
Esto no es vida para mamá.
Julieta, estamos todo lo bien que se puede estar.
¿Sabes lo que costaría meter a tu madre en una residencia?
Pensé que habías contratado a una para cuidarla.
Sanáa la cuida.
Sanáa cuida de la tierra y de ti.
No sigas por ahí, Julieta.
Mamá necesita algo más que alguien que la asee y le haga la cama...
Tú tienes tu vida,
desgraciadamente muy lejos de aquí.
He intentado molestarte lo menos posible,
pero hemos pasado por muchas dificultades
y créeme si te digo que ahora estamos mejor que nunca.
Hija, sé más generosa y más comprensiva conmigo.
- [grita] ¡Ya están aquí las andaluzas! - [Julieta ríe]
¡Ay, pero, Antía, qué grande!
¡Ay...!
- Hola. - Hola, cariño.
Pensaba que no volvíais, ¿eh?
Traemos un palizón...
- ¿Sí? - ¡Qué hartura de viaje!
- ¿Tú te acuerdas de tu padre? - Vengo para entregar mi alma a Dios.
- ¿Qué tal tu madre? - Fatal...
Ahora te cuento.
Venga, ¡venga, mi gorda!
[Xoan] ¿Qué tal?
Mi padre se ha liado con la chica que cuida a mi madre.
¿Tu madre se da cuenta?
Mi madre se consume, la pobre, encerrada en su habitación...
¿Y eso?
Un tatuaje.
¿AJ?
- ¿"A" significa Antía y "J", Julieta? - Sí.
[chista] Cuidado, todavía esta tierno...
[Julieta] Me pregunto si vives en el interior o en la costa,
y si todavía te gusta pescar.
A los nueve años ya salías con tu padre en el barco.
Querías ser pescador, como él.
¿Cómo te voy a dejar ir al campamento como Eso de los Addams?
[Antía] Yo quiero ir así.
Bueno, pues la gente tiene que ver que tienes frente.
¿Mmm? Que tienes unos ojos, nariz, una boca, unas orejas...
- Ay, mamá, no digas chorradas... - Ay, Antía, de verdad,
que te vas de vacaciones, vas a divertirte.
No quiero ir, yo quiero quedarme.
Pues no se puede hacer siempre lo que la señorita quiera.
¿Qué le pasa a mi niña?
Papá, no quiero irme...
Ahora que estoy de vacaciones,
puedo irme a pescar contigo todos los días.
¿No decías que necesitabas ayuda, que estabas mayor?
Ay, la pescadora...
Yo te prometo que cuando vuelvas te contrato de marinero, ¿eh?
- Te cojo la palabra, ¿eh? - Sí.
Anda, venga, loba de mar.
[Xoan] Pásatelo bien...
¿Ya te vas, Antía?
Ay..., bueno...,
Vendrás a visitarme a mi casa cuando vuelvas, ¿eh?
- ¿Ya no estarás aquí? - No, cariño, ya no estaré aquí,
pero tú prométeme que vendrás a verme.
- Vamos. - Sí, te lo prometo.
Cuídate mucho, ¿eh?
- Venga, vamos. - Hala...
¿Por qué se va Marian?
Su marido está enfermo. Se va para cuidarlo.
¿No la echas tú?
Pero, qué cosas dices... ¡Claro que no!
Si le pides que se quede, seguro que se queda.
Antía, la gente tiene derecho a jubilarse.
[conversaciones ininteligibles]
- [Julieta] Hola, María. - Hola, Julieta.
- ¿Dejamos la mochila? - No, la mochila se viene conmigo.
-Perdóname si he estado borde. - ¿Tu nombre?
- No te preocupes. - Antía.
- Antía Feijoó. - Antía Feijoó...
- Te quiero. - Yo te quiero mucho.
- Muy bien. - [niño] Almontero.
Ah, sí, aquí te tengo. Anda, que vas rápido, ¿eh?
¿Quieres que prepare algo para cenar antes de irme?
No hace falta. Inés debe estar al llegar.
Si no encuentras algo, llámame a casa.
Gracias.
Bueno,
pues me voy.
¿Te llevas la sudadera de Xoan?
Xoan me la regaló hace tiempo.
Yo no me llevo nada que no sea mío.
¿Va en serio lo de dar clases en un colegio?
Sí.
Creo que te estás equivocando.
Yo no quiero ser solo ama de casa, Marian.
Tengo una profesión que me gusta
y hace tiempo que quiero volver a ella.
La profesión de una mujer es su familia
y, si quieres mantenerla unida,
lo mejor que puedes hacer es quedarte en casa.
¡Eso es asunto mío!
Si te vas, pasará lo de siempre.
¿Qué quieres decir?
¿Qué es lo que pasa siempre?
- ¿Se ha ido ya Marian? - Sí...
La nueva estará al llegar.
Espero que sea más discreta...
¿Por qué lo dices?
Cuando vine hace 13 años, Marian me dijo que no te esperara,
que pasabas la noche con Ava.
Y ahora, al despedirse, me ha dicho algo parecido.
Cuando fui a ver a mis padres con Antía, hace 10 años,
volviste a pasar las noches con Ava.
[timbre]
Hola, soy Inés.
¿Te importaría venir mañana? Marian lo dejó todo hecho.
- Ah, claro, por supuesto. Vengo mañana. - Muy bien, gracias.
- Venga, hasta luego. - Hasta mañana.
A Ava la conozco desde los 15 años.
Nunca hemos estado liados, pero follábamos de vez en cuando.
He pensado decírtelo muchas veces, pero no sabía cómo.
Yo no soy muy de hablar, de eso ya te habrás dado cuenta.
Pero Antía y tú sois lo más importante de mi vida,
eso sí que lo sabes, ¿verdad?
¿No vas a decirme nada?
[Julieta] No.
¿Qué vas a hacer?
Me voy a dar un paseo,
y a preparar las clases.
Yo creo que saldré a pescar.
[radio] Radio Costera informa de un repentino cambio
de dirección y velocidad de los vientos en la zona de la ría del Ferrol.
Este cambio está provocando una fuerte marejada
con olas de seis a ocho metros de altura.
Se recomienda el cese de cualquier actividad pesquera y de navegación
que se pueda estar realizando en la zona,
con la expresa recomendación a todas las embarcaciones
de volver a sus respectivos puertos de amarre.
[locutor TV] Japón lanzó ayer su primera sonda de observación de Marte.
Un artefacto de 535 kilos, denominado Nozomi, "esperanza",
que, dentro de 15 meses, se instalará en órbita marciana
para transmitir datos durante dos años.
El lanzamiento se hizo hacia las tres y...
[teléfono]
[teléfono]
- [teléfono] - ¿Sí?
Ava, perdona que te llame.
Solo quería saber si Xoan está contigo.
¿Xoan? No.
[Julieta] ¿Tienes idea de dónde puede estar?
¿Todavía no ha vuelto?
No.
Pues habrá salido a pescar.
Pues espero que no...
porque fíjate qué tormenta.
- ...informa de un naufragio... - Espera, dicen algo en la tele.
...a tres millas al norte de la desembocadura de la ría de Ferrol.
Su ocupante no ha sido localizado aún y se teme seriamente por su vida,
debido al mal estado de la mar.
En la misma situación se encuentra una embarcación de recreo
con tres tripulantes.
La fuerte marejada, con olas que han superado los seis metros,
ha impedido que Protección Civil haya podido ayudarles.
En cuanto amanezca y mejoren las condiciones del mar...
Soy el juez Vicente Louro.
Para poder levantar el cadáver, necesito que lo reconozca.
Siento hacerle pasar por esto.
Por la violencia del temporal, el cadáver no está íntegro.
[teléfono]
Deja, ya voy yo.
[teléfono]
[teléfono]
[Ava] ¿Sí?
Es Antía...
¿Antía?
Desde el campamento. Y quiere hablar contigo.
Venga, Julieta, tienes que hablar con ella. Vamos.
Antía...
Mamá, soy yo, joé... ¿Qué le pasa a tu móvil?
Te hemos llamado mazo de veces y no lo coges.
No lo sé... No lo habré oído, hija.
¿Cómo estás, tesoro?
Muy bien.
Mañana iremos Ava y yo a buscarte.
Vamos a salir pronto para no hacerte esperar.
No hace falta, mamá, estoy con mi amiga Bea.
La he conocido aquí, nos hecho mazo de amigas.
¿Puedo irme a pasar una semana con ellos a Madrid?
- No te importa, ¿verdad? - Pero... no las conocemos.
- Es mi amiga, mamá. - [susurrando] Déjame a mí, déjame.
Bueno, mira, te paso con su madre y que ella te lo cuente.
Hola. ¿Qué tal? Mira, soy Claudia, la madre de Beatriz.
¿Cómo está mi hija?
Bien, fenomenal.
No la conocía de antes, pero creo que el campamento le ha sentado de maravilla.
Mira, te quería pedir permiso para llevármela con nosotras a Madrid.
Antía y mi hija se han hecho íntimas y están las dos muy pesadas, la verdad.
¿No es mañana cuando termina el campamento?
Sí, sí... Lo que pasa es que yo me he adelantado
y, bueno, pues me las quería llevar esta tarde.
- ¿Qué te parece? - Bueno,
si le hace ilusión...
Julieta, ¿qué tal?
Eh... Soy Claudia. Pasa, pasa, por favor.
Lo siento muchísimo, de verdad.
¿Qué tal el viaje? Pasa.
Las niñas están jugando al fondo. No les he dicho nada...
¿A Antía no le ha parecido raro que haya venido a por ella hoy?
Antía está enfadada porque cree que vienes para llevártela
y ha llamado a Xoan, pero Xoan no le ha respondido, claro.
¿Dónde se lo digo?
Yo creo que allí vais a estar más cómodas.
¿Quieres tomar algo? ¿Comer algo?
No sé...
Bueno, pues pasa. Pasa, mejor.
Voy a buscarla.
Hola, mamá.
- Hola, cielo. - ¿Qué tal?
Siéntate.
Oye, te dije que me dejaras unos días más.
[Antía] Pero no pongas esa cara, que estamos de vacaciones.
¿Cómo está papá? ¡Tiene un morro! Pasa de mí.
Antía, tengo que decirte algo...
Dime.
A los dos días de irte, hubo una tormenta.
El barco en el que iba papá y dos barcos más desaparecieron...
Ninguno se salvó.
¿Y papá?
Papá tampoco.
- ¿Papá ha muerto? - Sí.
Antía.
Pero ¿por qué se fue a pescar si había tormenta?
La tormenta estalló por la tarde
y tu padre salió por la mañana.
Siento tener que hablarte de esto,
pero mi marido y yo tenemos organizado un viaje a la Patagonia
y Bea ahora no quiere venirse con nosotros,
quiere quedarse con Antía,
- aquí, en casa. - ¿Ah, sí?
- Evidentemente, no pueden quedarse solas. - No, claro...
Y he pensado que por qué no te instalas con ellas aquí.
- El niño se viene con nosotros. - ¿Aquí?
Las dos niñas y tú...
Después de lo que ha ocurrido te vendrá bien descansar.
Y Antía está más distraída en Madrid.
- Pues... - La tata Rosa se encarga de todo.
Podéis salir a pasear, ir al cine, descansar...
Pues no me he traído ropa.
¡Pero puedes usar la mía! Yo tengo de todo.
Tengo gabardinas, camisas anchas que ahora a mí me están estrechas
y que a ti te van a quedar mejor que a mí.
Ahora te pruebas lo que quieras.
- ¿Qué tal has dormido? - Muy bien.
- ¿Y tú qué tal? - Bien.
- ¿Te vienes luego a jugar al baloncesto? - Sí, claro.
- Uno contra uno, ¿no? - Claro.
Bueno, eso si te atreves a jugar conmigo.
Hombre, si te atreves tú...
Pero si te voy a ganar.
[Bea] Quítamela.
[Antía] Tía, pásamela.
¡Cuidado! ¡Eh, eh!
- Una, dos... - ¡Vamos, tía, venga!
[Julieta] Las cosas sucedían sin mi participación,
premonizándose unas a otras.
- Hola, buenos días. - Hola.
Venimos a ver el piso que se alquila.
Sí, un segundito...
[llaves]
Síganme.
La cocina.
- El papel es un poco agobiante. - No, el papel mola.
Si nos aburrimos, se pinta.
- [Antía] Nos lo quedamos. - [Bea] Además, estamos cerca.
[Julieta] Bea y tú encontrasteis un piso cerca de donde vivía ella.
Me hicisteis alquilarlo.
Para entonces yo no podía con mi alma,
pero tú estabas fuerte como un roble.
Habías madurado de golpe.
Volviste a Redes con Ava, para cerrar la casa y ponerla a la venta.
En Madrid, Bea cuidaba de mí.
No habría sobrevivido sin vosotras.
A tu vuelta no hablamos mucho del viaje.
Tú no querías entristecerme y yo no tenía fuerzas para preguntarte.
Ven, mamá. Trae. Venga, te vamos a poner de pie.
- Bea, ven aquí a ayudarme. - Voy.
Ponla aquí. Ahí... No te resbales.
Ponle la toalla, vamos.
- [Bea] Ay, sí. - [Antía] Ahí.
Vale, eh... Cógeme esa toalla grande.
- ¿Esta de aquí? - Sí, esa misma.
Cúbrela por la espalda.
Ahí está, muy bien.
La otra. Cuidado.
Frótale bien la espalda, así entra en calor,
que no quiero que se me enfríe.
Ahora termino de secarte con el secador.
- Hola, mamá. - Hola.
Si quieres que merendemos juntas, date prisa,
que he quedado después con Bea para estudiar.
- ¿Te gusta cómo está quedando? - Sí.
Creo que mañana me voy a poner con el salón.
No hace falta, mamá.
Yo ya me he acostumbrado al empapelado
y a Bea le encanta.
Bueno, Bea tiene una casa preciosa, color vainilla,
y no tiene que vivir aquí.
¿Quieres que te prepare un sándwich?
Bueno, pero date prisita.
[Julieta] Superé la depresión con tu ayuda
y encontré un trabajo que podía hacer en casa:
corregir pruebas de imprenta.
El resto del tiempo lo dedicaba a ti.
No necesitaba más.
Cuatro años más tarde, cuando Bea se fue a Estados Unidos,
tú elegiste un retiro espiritual en los Pirineos.
Un retiro que duraría tres meses,
hasta que volvieras para entrar en la universidad.
Me horrorizaba separarme de ti,
pero habías salido muy poco en los últimos años,
siempre pendiente de mí y de tus estudios.
No tenía derecho a negártelo.
- Además,... - [portero automático]
...ya eras mayor de edad.
¿Sí?
Sí, soy yo.
Ahora bajo.
Es el taxi. Ya está abajo.
- ¿Te llevas la red? - Sí.
Deja, mamá. Ya... Ya puedo yo.
Bueno, cuídate mucho y diviértete.
Cuídate tú también, mamá.
Y no te preocupes si llamo o te escribo poco.
¿Vas a estar incomunicada?
Mamá, es un retiro. Lo importante es desconectar, ¿no?
¿Y si me pongo mala?
No me hagas chantaje, por favor.
Claro que no, tesoro.
Tengo trabajo y, además, quiero ordenar mis apuntes.
A lo mejor les doy forma de libro...
Estaré entretenida.
Eso está muy bien.
Déjame acompañarte a la estación.
Recuerda que no te gustan las despedidas.
Bueno.
Adiós.
[cencerros]
- [Julieta] Hola. - Hola.
Soy la madre de Antía Feijóo. Quedé con ella en recogerla hoy.
Sígame.
- ¿Julieta Arcos? - Sí.
- Soy la madre de Antía. - Yo soy Juana.
Qué lugar tan impresionante.
Le he pedido a Liliana que nos sirva un poco de té aquí fuera.
¿Sabe Antía que estoy aquí?
- Sí. - Estoy deseando verla.
Estos tres meses sin ella se me han hecho tan largos...
Claro...
Comprendo que tendrán sus razones, pero...
la incomunicación durante este tiempo ha sido lo más duro.
¿Me va a hacer esperar mucho?
Julieta, la cuestión es que Antía no está.
¿No es esta la casa?
- He seguido las indicaciones del mapa. - La casa es esta.
Cuando Antía le escribió pensaba que estaría aquí,
pero al final decidió irse.
Podía haberme avisado. Vengo conduciendo desde Madrid.
Lo sé.
¿Y dónde se ha ido?
Espero que esté cerca...
No puedo decírselo.
¿Cómo?
Que no puedo decirle dónde está. Lo siento.
¿Es que no lo sabe?
- Usted es la responsable. - Claro que lo sé.
Pero Antía me pidió que no se lo dijera.
¿Insinúa que mi hija no quiere verme?
A ver, Julieta...
Antía ha elegido su propio camino y usted no forma parte de él.
Entiendo que para una madre debe ser muy doloroso,
pero ella le ruega que lo acepte.
Creo que voy a llamar a la policía.
Haga lo que quiera.
Lo mejor es que empiece a aceptar la realidad.
Comprendo que no es fácil...
¿Qué le han hecho a mi hija estos tres meses?
La hemos ayudado, Julieta.
Su hija llegó en un estado de extrema necesidad.
¿Necesidad de qué? A mi hija nunca le ha faltado nada.
Sin embargo, se sentía sola y muy desgraciada.
Su hija descubrió aquí que su vida carecía de una dimensión espiritual.
¿Qué quiere decir?
Entiendo que no se formó en un hogar basado en la fe...
La encontró aquí.
Que me lo diga ella misma. ¿Dónde está?
No puedo decírselo.
Lo importante es que Antía ahora está mejor que nunca y es muy feliz.
Si deja por un momento de pensar en usted y piensa en su hija,
debería estar contenta.
- ¡No puede decirme esto! - No se desespere,
tal vez decida ponerse en contacto con usted,
pero dele tiempo.
[Julieta] Denuncié tu desaparición a la policía,
contraté a un detective privado...
Durante los primeros meses, no me dediqué a otra cosa
que a buscarte por todos los medios.
Lo único que descubrí fue lo poco que sabía de ti...
[timbre]
[hombre] ¿Julieta Arcos?
- Soy yo. - [hombre] Le traigo una carta.
¿Me firma aquí, por favor?
Gracias.
Antía.
[teléfono vibra]
- Hola, papá. - Hola, Julieta.
¿Has visto la foto que te he mandado?
- Sí, la estoy viendo. - ¡Ves qué guapo es tu hermano!
Sí, está muy guapo.
¿Cuándo vas a venir a conocerle?
Ahora no puedo, papá. Ya te dije que estoy muy ocupada.
Lo siento, pero tengo que dejarte.
- Te llamo yo, ¿eh? - No me castigues más, Julieta.
¿Es que no tengo derecho a ser feliz tras la muerte de tu madre?
Prefiero no hablar de la muerte de mamá...
Recuerda que sigues siendo mi hija, y Antía, mi nieta.
La última vez que la vi todavía era una niña...
Dale muchos besos cuando la veas.
Se los daré.
Besos para vosotros también.
Durante los tres primeros años,
te compré una tarta el día de tu cumpleaños.
Me consolaba la idea de celebrar la llegada de una postal tuya,
y al menos ver tu letra en la dirección.
No esperaba más...
Pero era esperar demasiado...
Los tres primeros años,
tirar una tarta al cubo de la basura para celebrar tu cumpleaños
se convirtió en una tradición.
[respira agitada]
Inocencio, dejo el piso. Me voy fuera de España.
- ¿Y cuándo lo deja? - Cuanto antes. Dentro de una semana.
- Perdón. - Perdón.
Inocencio, siento el escándalo de anoche.
El inquilino de abajo se ha quejado.
Ya no tendrá que soportarme. Adiós.
[Julieta] Busqué un barrio de Madrid que nunca hubieras pisado.
Quería vivir en un lugar donde no hubiera huellas tuyas,
que nada me recordara a ti.
- Hola, cariño. - Hola.
- No, no te levantes. - Sí, sí me levanto...
¿Cómo estás, amor?
Bueno...
El último brote me ha dejado inmóvil toda la parte izquierda,
pero... ¿tú que tal en tu nueva casa?
Mejor.
Es como si viviera en otra ciudad.
¡Son preciosas!
Yo también te he traído un regalo. Está ahí, en la bolsa.
El hombre sentado...
Muchas gracias, Ava.
Antes de que te vayas, me gustaría contarte algo.
- No explica nada, pero... - No hace falta.
Entre nosotras hace tiempo que está todo muy claro.
Es sobre Antía.
Cuando fuimos a recoger vuestra casa a Redes, vino Marian.
¡Antía, mi niña!
[Ava] Yo no pude evitar que viera a Antía y que hablara con ella.
Le contó todos los detalles sobre el último día de Xoan.
Vuestra discusión y que... Y que Xoan se echó a la mar
a pesar de que la mar estaba picada aquel día.
Pero si Marian no estaba allí, se había ido a su casa a las 11.
Pues por lo visto Xoan la llamó para saber de qué habíais hablado.
Antía no me comentó nada, ni me preguntó nunca nada.
A mí sí me preguntó.
Quería que le confirmara si... si habíais discutido por mi culpa,
si era cierto que la mar estaba picada.
Yo no tenía ni idea del estado de la mar,
y del resto le dije que eso no eran cosas para hablarlas con una niña.
Se puso hecha una fiera.
Me insultó, me dijo que era una puta...
Nos echaba la culpa a ti y a mí de que Xoan saliera a pescar.
No lo puedo entender.
Nunca me hizo el menor reproche.
No hablábamos mucho, es verdad,
pero las adolescentes son misteriosas
y yo no quería agobiarla.
Dame.
El día que se fue de viaje, Antía me llamó.
Hola, Ava. ¿Cómo estás?
Antía. Bueno, regular...
Hoy me han dado el diagnóstico: esclerosis múltiple.
Pero no se lo digas a tu madre, que ya la llamaré yo.
Ava, me gustaría hablar contigo, pero no sé si es el momento.
Volvió a hacerme las mismas preguntas.
Solo había cambiado un detalle:
la culpa se extendía a las tres.
Ella se incluía también.
¿Y cuál era su culpa?
Haberse ausentado y haber sido feliz en el campamento.
[Julieta suspira]
Le dije que ninguna teníamos la culpa de lo que pasó
y que, si fuéramos culpables, ya habíamos sufrido bastante castigo.
Entonces Antía me dijo
que cada una tiene lo que se merece.
[Julieta] Te eduqué en la misma libertad que me educaron mis padres.
Cuando nos mudamos a Madrid y caí en aquella depresión,
no te dije nada,
pero me asfixiaba un tremendo sentimiento de culpa
por la muerte de tu padre y la del hombre del tren.
Siempre evité hablarte de ello. Quería que crecieras libre de culpa.
Pero tú la percibiste.
Y a pesar de mi silencio, te la acabé contagiando como si fuera un virus.
[conversaciones ininteligibles]
Pidió que le sedaran.
Eh... La realidad es... Fue duro.
- Perdón, Lorenzo Gentile. - [mujer] Encantada.
Nos vimos en el ascensor, en el hospital.
- [mujer] Hasta luego. - Adiós.
Pensé para mí: qué mujer tan guapa y tan abatida.
Seguramente debe haber venido a visitar a alguien que está grave.
No me imaginé que era nuestra querida Ava.
- Por Ava. - Por Ava.
Uy.
Ava me habló de ti.
¿Y qué te dijo?
"Tengo una amiga que tienes que conocer".
[Julieta] Ava me dejó en herencia a Lorenzo.
Nunca le hablé de ti.
No había una sola huella tuya en la casa, no existías.
Empecé una nueva vida con él.
Los días se convirtieron en semanas y las semanas en meses y en años...
Había días que no pensaba en ti.
Cuando un exdrogadicto, por muchos años que lleve limpio,
recae una sola vez, la recaída es fatal.
Me abstuve de ti durante años,
pero cometí el error de recaer en la esperanza de encontrarte o saber de ti.
Esa absurda esperanza ha devorado la débil base
sobre la que había construido mi nueva vida.
Ya no me queda nada.
Solo existes tú.
Tu ausencia llena mi vida por completo y la destruye.
[Bea] Pasa, tía, aquí.
Aquí, tira, tira. Por aquí.
Pasa.
¡Uy!
¡No! ¡Toma, dale!
¡Julieta!
¡Julieta!
¡Julieta! Soy yo, Bea.
¿Beatriz?
¿Eres tú de verdad?
Claro.
¿Estás bien, Julieta?
Vamos... Con lo bien que estabas cuando te vi...
Esas dos niñas me han recordado a ti y a Antía.
Son mis sobrinas.
¿Qué te ha pasado?
La última vez estabas tan bien...
Cuando nos encontramos no te dije nada,
pero no veo a Antía ni sé nada de ella desde hace 12 años.
¿Doce años?
¿De verdad te la encontraste, como me dijiste?
Sí, sí me la encontré.
Y fue muy desagradable, eso no te lo dije.
¿Desagradable? ¿Por qué?
Antía no quería hablar conmigo. Hizo lo posible por evitarme.
Decía que no me conocía, que la había confundido con otra persona.
Pero yo sabía que era ella.
Al final no le quedó más remedio que hablar conmigo.
¿Y lo de los niños es cierto?
Sí, tres. Cuando yo la vi, iba con dos de ellos.
Pero ¿por qué no quería hablar contigo?
Eras su mejor amiga.
Éramos más que eso, Julieta.
Desde el campamento nos volvimos inseparables. ¿No te acuerdas?
Sí, claro.
Estabais siempre juntas.
No podíamos vivir la una sin la otra.
Lástima que al final fuera un infierno.
¿Un infierno?
Ya veo que no sabes nada.
No, no sé nada.
Me fui a estudiar Diseño a Nueva York para huir de tu hija.
Entonces, un día la llamé y Antía me dijo que se iba a un retiro a los Pirineos.
A mí me parecía bien con tal de que me dejara tranquila.
¿Y volvisteis a hablar? ¿Estuvisteis en contacto?
Bueno, me llamó una vez,
pero ya era otra persona.
¿En qué sentido?
Me dijo que se avergonzaba de nuestra relación
y que no quería saber nada de mí.
Que ella era una nueva persona,
que por fin había encontrado su camino y que yo ya no formaba parte de él.
Hablaba como una fanática, Julieta.
Me dio miedo.
¡Cuidado!
[mujer] ¡Llama a Urgencias, al 112!
[hombre] Llama a una ambulancia.
¿Lorenzo?
¿Qué tal?
Tengo la boca seca.
A ver.
Qué casualidad que estuvieras allí, cuando el accidente.
Volví de Portugal hace cuatro días,
me fui a tu casa para ver si tenía suerte y te veía salir.
Pero me cambié de casa, Lorenzo. Ya no vivo allí.
Sí, ya lo sé.
¿Y cómo te has enterado?
Porque los primeros días te seguí para ver qué hacías.
¿Me seguiste?
Cualquiera menos distraída que tú se hubiera dado cuenta.
Cuando comprendí que estaba convirtiéndome
en uno de esos personajes obsesivos de Patricia Highsmith,
escondiéndome por las esquinas o haciendo guardia alrededor de tu casa,
dejé de seguirte
y me fui a Portugal a escribir.
Volví hace unos días.
Perdona que me despidiera tan mal de ti, Lorenzo.
- ¿Los has leído? - No, no. No, no...
No he tenido tiempo, y tampoco me hubiera atrevido.
Léelos si quieres, y después destrúyelos.
[respira agitada]
[Antía] Querida mamá:
No sé si sigues en Madrid y si vives en la misma casa,
pero no tengo otra dirección donde escribirte.
Tengo tres hijos.
Xoan, el mayor de ellos,
con solo nueve años, ha muerto ahogado en un río.
Y yo estoy loca de dolor.
En estos momentos, los peores de toda mi vida, pienso en ti.
Ahora entiendo lo que has debido sufrir por mi desaparición.
No podía imaginármelo.
Nadie que no lo haya sufrido puede imaginárselo.
No pienso pedirle ninguna explicación.
Solo quiero acompañarla.
Pero no me invita a verla...
Después de 13 años no se atreve, pero te ha puesto el remite.
[suena "Si no te vas" de Chavela Vargas]
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