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Original subtitles

Tranquilo, tranquilo, ya viene.

¿No me ves a mí?

Hace dos horas que te espero.

¿Lo has traído? Sí.

Me he encontrado con Lali.

Hacía mucho que no nos veíamos y nos hemos enrollado todo el rato

bebiendo y hablando de ti.

Qué interesante.

¿Pues sabes lo que me ha dicho? Me ha dicho que te deje

porque tienes cara de loco.

Y a la gente le da mucho miedo tu cara de loco.

¿No quieres saber qué le respondí?

Según Lali, lo mejor es que vuelva al colegio a dar clase

porque hay una plaza libre.

Dice que cantando no voy a llegar a ningún sitio.

Le digo: "No quiero llegar a ningún sitio,

lo que yo soy es una aventurera. Y tú no me entiendes

porque no tienes el menor sentido del humor".

¿Has vuelto a escribir sobre mí?

Deja eso.

A ti qué te importa.

¡Joder!

Pasa de él, tía.

(Golpe)

(MAÚLLAN)

(CIERRA LA PUERTA)

(Música de piano)

Lina. ¿Sí?

Tengo un problema. Menuda novedad.

¿Y ahora te das cuenta? Esto sí que es un problema,

todas las noches lo mismo. No te burles que es muy gordo.

Ahora me lo cuentas. Tengo un pis horroroso.

¿Adónde tienes fuego? Busca por ahí.

-¿El camerino de Yolanda?

Está enfrente, pero ella está en los lavabos, a la derecha.

Bien, vamos a los lavabos.

Suerte.

(Música)

Buenas noches, perdone.

(CARRASPEA)

¿Qué quieren?

Es... Un autógrafo.

¿Un autógrafo?

Sí, sí, soy una gran admiradora suya.

He venido muchas veces a verla

y me gustaría mucho tener una foto suya dedicada.

El problema es que yo, como estoy empezando,

no tengo muchas fotos.

No, no, por Dios, es una foto privada.

No importa.

Es la primera vez que firmo un autógrafo y a una monja.

Estoy encantada.

Gracias.

Muchas gracias.

Hostias...

Qué maravilla. ¿Le gusta?

Lo hacen unas compañeras de clausura para venderlos.

Me encanta, es divino.

Se lo regalo.

Si necesita algo, venga a verme al convento, ¿eh?

Y ya sabe, cualquier problema,

cuente conmigo para todo.

Tome.

Tarjeta.

Redentoras Humilladas.

Pobre hija mía...

La culpa la tuvo su padre.

No diga eso.

Era un buen siervo de Dios.

Da igual, como marido y como padre era un monstruo.

Tal vez era demasiado recto.

Era un fascista. Desde que murió, me siento liberada.

Al fin mi vida es mía.

Estoy segura de que mi hija se alegraría si me oyera.

No pensemos en cosas tristes.

¿Y cómo van sus clases de esteticista?

Ah, muy bien, puede juzgarlo por mi cara.

Está usted muy guapa.

Hago lo que puedo. Ya.

No voy a pasarles la renta que les pasaba mi esposo cada mes.

Pero nos la prometió como herencia.

En el testamento no las nombra.

Nos lo prometió.

Y el deseo de un muerto es sagrado.

Se le olvidaría, al final estaba muy gagá.

Así que nos deja en la calle.

¿En la calle?

Tienen todo este solar que debe valer millones.

Yo no puedo disponer de ellos, ojalá pudiera.

Y la madre general lleva meses agonizando.

No es momento para, para crearle problemas.

Problemas económicos.

Enfréntense con la realidad y váyanse a Albacete.

Esto ya no funciona. La juventud nos necesita.

¿Qué juventud?

La juventud quiere que los dejemos en paz.

La cuestión es que no tengo dinero.

No sé si aquí habrá oído hablar de la crisis económica.

Pero si es millonaria.

Para sobrevivir hoy día hay que serlo.

Y yo no solo quiero sobrevivir,

quiero vivir ahora que nadie me controla.

¿Sabe que han repuesto "My fair lady"?

-Ah, ¿sí?

-Debería verla.

-No estamos para gastar dinero en cine.

-La invito yo, le va a encantar.

-Ay, el cigarrito, padre, el cigarrito.

-Cecil Beaton ganó el Óscar por el vestuario.

-Es que ese hombre tiene un gusto...

-Si viera qué modelos... Y los sombreros.

-Ay... ¡Me encantan los sombreros!

-Audrey Hepburn lleva una inmensa pamela blanca con cintas negras,

así, ladeada sobre la cabeza...

Y sujeta con una redecilla de encaje también blanco

toda salpicada de florecillas. Preciosa.

-Oh, me lo describe usted tan bien

que ya no hace falta que vea la película.

-Tiene que verla.

Iremos a verla.

Con permiso. ¡Oh! ¡Ah!

Qué sillón...

Buenos días, marquesa. Ah, hola, qué tarta más bonita.

Me he esmerado mucho. Puede llevarse la tarta, hermana.

La señora marquesa está haciendo régimen y no quiere este mes.

Oh, qué pena.

Entonces nos la comeremos nosotras.

Bueno, me voy.

Y cuídese, no tiene buen aspecto.

Hay cosas que me preocupan más que mi aspecto.

No crea.

Lo más importante para una mujer es su aspecto.

Y...

-¿Qué tal? ¿No se queda a la misa por la salud de la madre general?

No, no, no, hija, he oído tantas en mi vida,

que Dios y la madre general me lo perdonarán

si no vuelvo a pisar la iglesia.

¿Y eso? Te he traído un regalo.

Huy, señora marquesa, ¿por qué se ha molestado?

Qué detalle, qué detalle.

Ay, perdón. Nada.

Sabía que te haría ilusión. A ver...

Detergente para todo uso, biodegradable, abrir aquí...

Qué maravilla. ¿Qué tal el niño?

Bien, cada día más grande. ¿Quiere verlo?

No, que no se te escape. Sí, cada día está más juguetón.

Le digo que deje en paz a las gallinas y los conejos, y nada.

Gallina va, gallina viene. No sé qué hacer, es un problema.

Claro. Hazte cargo, está todo el día encerrado aquí.

Sí. Tiene ganas de jugar, claro.

Bueno, Ave María Purísima. La veremos por aquí.

Sin pecado concebida. No creo, ¿eh?

Este es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Dichosos los llamados a esta cena.

(TODAS) Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa,

pero una palabra tuya bastará para sanarme.

(Órgano)

-# Dueño de mi vida...

(TODAS) # Vida de mi amor.

# Ábreme la herida

# de tu corazón.

# Corazón divino,

# dulce cual la miel,...

# tú eres el camino

# para el alma bien.

# Dueño de mi vida,

# vida de mi amor,...

# ábreme la herida

# de tu corazón. #

Hola.

¿Se acuerda de mí? ¿Cómo no me voy a acordar?

Bienvenida, Yolanda.

Ven.

He encontrado la tarjeta en el bolso.

No te preocupes. Ven, ven conmigo.

Te enseñaré tu cuarto.

Es nuestra suite de honor.

Espero que estés cómoda.

Sí, está muy bien.

Si no te gusta, lo quitamos, y ponemos un póster de Mick Jagger.

No, si está muy bien, lo que pasa es que yo no sé...

Descansa.

Descansa primero.

Y después decides.

Aquí nadie te molestará.

La señora marquesa ha caído en el peor de los vicios:

la tacañería.

Nos ha retirado su protección.

Por otra parte, nuestra querida madre general,

que era nuestro único apoyo en la congregación, agoniza.

El momento es difícil,

pero yo no estoy dispuesta a renunciar.

Hace mucho que no conseguíamos redimir a nadie,

pero hoy ha llegado una chica que nos necesita.

Huy, qué bien.

Hay que continuar junto el pecado,

aunque esta vez solo contemos con la ayuda de Dios.

Tendrás la pata escayolada. -Cállense.

Sor Perdida.

Si alguna quiere volver a Albacete, no se lo reprocho.

Quiero saber con cuántas de vosotras cuento para el futuro.

-Con todas, seguiremos aquí hasta que Dios quiera.

O hasta que nos echen.

-No sea tan pesimista. Confíe en Dios.

¿Quién es esa chica nueva?

Es una cantante, y muy buena.

¿Piensa quedarse? Sí.

Ya os la presentaré, pero no la atosiguéis, ¿eh?

Especialmente tú.

Dentro de poco, este pabellón estará lleno de asesinas,

drogadictas y prostitutas,

como en otra época.

Dios la oiga. Hermana.

Vaya a hacer un poco de compra.

Traiga filetes, chorizo de Cantimpalo y,...

y queso. -Pues no sé si me va a llegar.

Diga que alguna está enferma a ver si por compasión...

Debería comprar algo para las paredes,

y pintarlas antes de que llegue el invierno.

Olvídese de las paredes, esto es un convento, no un palacio.

-Tanta limpieza, como si no tuviéramos otros problemas.

-La limpieza no es un lujo. Venderemos algunas gallinas.

-Ay, no, madre, no. -O un conejo.

-¡He dicho que no!

Cuidado con el niño.

Enciérrelo.

Que la chica no lo vea. ¿Dónde está ella ahora?

La he instalado en el cuarto de Virginia.

-¿En el cuarto de Virginia? Sí.

Ya era hora de que fuese de alguna utilidad.

(CARRASPEA)

Ah, hola.

¿Te gusta? Sí.

Lo pintó una compañera.

Llevas un vestido precioso, pero con estos estarás más cómoda.

No hace falta que se tome tantas molestias.

¿Has descansado algo?

La cama está intacta.

La monja que vivió aquí antes prefería el suelo.

¿Qué te pasa?

Creo que me voy.

¿Adónde?

No sé.

Puedes irte cuando quieras,

pero ahora no creo que sea oportuno.

He traído algo para calmarte. ¿Qué va a hacer?

¿No te fías de mí?

No.

Es heroína, te relajará.

No sé de qué me habla.

Me la pondré yo antes para que se te pase el miedo.

Déjeme ahora a mí.

Te he traído una aguja nueva.

(JORGE) "Un día te cansarás y te irás".

"Por eso tengo que vengarme antes de que te vayas".

"Eres el precio más alto

que he tenido que pagar por la heroína".

"Es...

toy...

mu-er-to".

"Yo-lan-da...

me ha...

sui-ci-da-do".

(Rugido)

¿Lo has traído? Sí.

Dentro va una reseña. ¿Y qué dice?

Poco.

¿Qué esperabas? ¿Un artículo de Umbral?

Está todo, ¿no? -Lo que hemos elegido.

Madre, ¿qué hacemos...? -¿Tienes alguna idea?

Están esperando algo nuevo.

Atravesamos un mal momento, ya lo sabes.

Ha venido una chica nueva, pero no creo que solucione nada.

Yo no sé lo que me pasa,

pero algunas veces he pensado dejar todo esto y empezar.

Pero ¿qué dices? Ya es tarde para cambiar de vida.

Tu lugar está aquí.

Además, ¿dónde vas a ir con 48 años que tienes?

Oye, no, 47 si no te importa.

¡Huy!

Pero, chica, córrete. ¡Huy!

¿No ves que te está dando la planta todo el tiempo en el bigote?

Hermana, traiga el relicario. -El que está encima del mueble.

-¿El relicario? -Sí.

Es que los tiempos han cambiado mucho.

La vida ya no es la misma.

-Anda, mira, eso son fantasías de monja.

Que estáis locas, porque como no pisáis la calle

os pensáis que en la calle pasan cosas.

En la calle no pasa nada.

Todo, todo, todo, todo sigue exactamente igual

que cuando tú entraste aquí.

¿Por qué?

Ay, mujer, porque te lo digo yo que vivo fuera y lo sé.

(Puerta)

¿Sí?

Hola.

Soy sor Rata de Callejón.

Tenía ganas de conocerte.

¿Te gusta pintar?

Por pasar el rato.

Este es el cuadro que dejó Virginia sin terminar.

¿Quién es Virginia?

La hija de la marquesa.

Estuvo aquí cuando se fundó el convento.

Su padre, el marqués, le puso esta habitación

toda igual que la de su casa. Para que no echara nada de menos.

Pero ella no quería nada que le recordara a su padre.

Al contrario, le huía.

¿Y dónde está ahora?

Se fue a África,

y allí...

se la comieron los caníbales.

Pero hablemos de otra cosa.

A ver...

Sé que eres cantante.

Me gusta que hayas venido.

No he conocido nunca a una cantante.

Yo cuido el huerto,

me paso el día allí, ven a verme.

Ay, estupendo, me encantan las plantas.

Porque yo antes de ser cantante,

he sido profesora de Ciencias Naturales.

Pues no lo pareces.

Oye, pues a mí las plantas no me gustan, me aburro con ellas.

Además, es mentira eso de que se comunican con nosotras.

No, no, no. No fumo.

Oye, te voy a dejar un libro que tengo por si te aburres.

¿Qué será? Rompe el papel.

"¡Largo de aquí, canalla!". Sí.

Me encanta la literatura sensacionalista.

Y a mí también.

Pero no se lo digas a nadie, es un secreto.

Si te lo encuentran, di que lo has traído tú, ¿eh?

Vale. Yo me voy que tengo ya prisa.

(AMBAS) Alabado sea Dios.

Sea por siempre bendito y alabado.

(Campana de puerta)

¡Ya va! Deje, voy yo.

Entra.

¿Qué te ha pasado? Te esperaba anteayer.

-Hay un mogollón de mucho cuidado.

-Hola, Lola, qué alegría verte. -Hola.

Vamos al pabellón. ¿Qué?

-He visto a sor Rata salir del cuarto de Virginia.

Después hablaremos.

Cuéntame.

-¿Se acuerda de aquella chica que le interesaba tanto?

La que cantaba, Yolanda.

Sí, ¿qué pasa?

A su novio lo encontraron muerto. Heroína con estricnina.

Siéntate.

La ha palmado otro más en Valencia y a ella la están buscando.

Pero... se ha pirado. Ah, ¿sí?

Habrá que tener cuidado, están haciendo muchas redadas.

Ya.

Si por lo menos pillaran al hijoputa

que ha puesto en circulación el material...

Pero ¿crees que ella tiene algo que ver?

No sé, pero como era su tronca...

También estaba metida en "business". Ya sabe cómo es la pasma.

Querrán localizarla, y de paso, soltarla cuatro hostias.

¿Estás segura de que esta es buena?

Tengo un colega químico que me lo analiza todo.

Pero me pondré una rayita para que se le pase.

No hace falta, confío en ti. ¿Sí?

Me la pondré igual ¿Cuánto has traído?

Tres gramos. Tal vez sean los últimos.

¿Y eso?

No tenemos dinero y no me atrevo a vender lo que queda del convento.

Si necesita pelas, podría meterla en un buen "business".

¿Tú? Sí.

Tráfico, claro.

Para una monja estará tirado. Ay, calla, qué cosas dices.

Anda...

"Largo de aquí, canalla".

"Una novela más de la misteriosa Concha Torres".

"Drogadicto encontrado muerto en su apartamento".

"Jorge Müller del Valle de 33 años...".

Oye, dame unos cuantos ácidos, no seas rácana, para sor Estiércol.

¿Sigue igual de alucinada? Sí, sí.

Son como en los 60, guay.

Guay del Paraguay.

Hay que tener cuidado con la pasma.

No te preocupes,

aquí no puede pasar nada, estamos a salvo.

-Hola.

¿Qué hace aquí esta chica?

¿La conoces? De vista.

Es una antigua redimida.

Algunas vienen de vez en cuando a ver a la madre superiora.

Aunque volvieron al mundo, sigue siendo su guía espiritual.

Ya lo veo.

A mí también me redimió.

Llevaba poco en Madrid y maté a un hombre a cuchilladas.

Ella declaró una mentira y me salvó.

La debo todo.

Sería capaz de cualquier cosa por defenderla.

¿Y por qué me cuenta a mí estas cosas?

Porque soy una asesina y no merezco la menor consideración.

La madre superiora tiene muchas esperanzas puestas en ti.

Espero que no la desilusiones. ¿Yo?

Esta noche nos gustaría mucho que cenaras con nosotras.

He hecho una tarta muy rica.

Y si no la comemos, se va a poner dura.

Déjalo, hija.

No comas más.

Ya veo que no te apetece.

Cómete esto.

Tienes que alimentarte.

Nosotras tenemos que hacer penitencia, pero tú no.

Además del apostolado,

una de las bases de nuestra comunidad

es la mortificación y la humillación.

Por eso llevamos nombres que te parecerán estrambóticos.

Sor Estiércol.

Sor Rata de Callejón.

Servidora.

Sor Perdida y sor Víbora.

El hombre no se salvará

hasta que no comprenda que es el...

El ser más despreciable de la creación.

Tenga, madre.

No, no, gracias.

Hoy es una excepción.

Celebramos la llegada de Yolanda. Con las sobras me basta.

-Aunque solo sea la guinda.

No, no.

-Como siga así,

se le cerrará el estómago

y ya no le admitirá nada.

Eso espero.

La madre superiora olvida a veces que es humana.

Lo que pasa es que la madre es una santa.

Sí, pero las santas también comen.

-Pues para mí comer esta tarta es como comulgar.

Se me apareció Jesús mientras lo hacía chorreando sirope.

Me ofreció sus llagas para que se las chupara

como si fuera una golondrina. Eso se llaman alucinaciones.

Pues benditas sean ese tipo de alucinaciones.

Voy a tomar un poco.

-Nosotras también tomaremos un bocadito.

-Sí, hermana.

-La ha hecho sor Estiércol.

Para otra cosa no, pero para la cocina tiene unas manos...

Ay, qué buen aspecto tiene.

-Qué mala cara tiene la madre superiora.

-Pues anda que la otra...

Ay...

Ay...

-(RUGE)

¡Aaah!

-Me lo temía.

Es inofensivo. Pero, niño, ¿qué haces aquí?

Te dije que no te movieras. No pasa nada.

Lleva todo el día encerrado y se me ha puesto nervioso.

Hala, chiquitín, hala, tranquilo.

Ahora te voy a dar de cenar y vamos a dar un paseíto.

Mira, mira qué niña ha venido.

¿Has visto qué traje tan llamativo y brillante? Es cantante,

¿sabes?

Qué susto. Tranquila, tranquila, ya pasó todo.

Lógico que se asuste,

es la primera vez que ve un tigre en un convento.

Al niño lo trajo una redimida... Déjelo, yo se lo explicaré.

Lo trajeron siendo un cachorro.

Sor Perdida lo crio.

Ya sabes que hace unos años era una moda tener animales,

pero cuando la dueña se fue, estaba tan enorme

que no sabía qué hacer y entonces nos lo quedamos.

Sor Perdida lo quiere como si fuera un hijo.

¿Y seguro que no hace daño? No.

-Si no lo atacas...

No pienso atacarle.

Te acostumbrarás a él.

Como todas.

-"¡Tartas, tartas!".

¡Tartas milagrosas

hechas con el cuerpo y la sangre de Cristo!

-Que nos van a tomar por locas.

-¡Tartas! ¡Flores!

-¡Pimientos!

-¡Tartas! ¡Flores!

-¡Pimientos!

-¡Tartas! ¡Flores!

-¡Pimientos!

-¡Ay! -¡Bien!

¡Bien!

¡Bien!

(Música)

# Tal vez

# sería mejor que no volvieras.

# Quizá sería mejor # que me olvidaras.

# Volver es empezar # a atormentarnos,

# a querernos para odiarnos

# sin principio ni final.

# Nos hemos hecho tanto tanto daño,

# que amar entre nosotros # es un martirio.

# Jamás quiso llegar el desengaño,

# ni el olvido ni el delirio,

# seguiremos siempre igual.

# Cariño como el nuestro # es un castigo

# que se lleva en el alma # hasta la muerte.

# Mi suerte necesita de tu suerte

# y tú me necesitas mucho más.

# Por eso no habrá nunca despedida

# ni paz alguna habrá # de consolar. #

# Y el paso del dolor # ha de encontrarnos

# de rodillas en la vida,

# frente a frente y nada más. #

Pero si tiene todo mi repertorio.

Adoro toda la música que habla de los sentimientos:

boleros, tango, merengue, salsas, rancheras...

Es que es la música que habla, que dice la verdad de la vida.

Porque quien más y quien menos

siempre ha tenido algún amor o algún desengaño.

Esta mañana estás muy guapa.

No, sé que estoy horrible.

No, qué va, a mí me gustas así.

Hay una gran belleza en el deterioro físico.

Cuando era niña, soñaba con tener ojeras.

No lo conseguía nunca

porque siempre estaba muy rellenita.

Pero...

cuando estaba enferma,

me pasaba el día mirándome al espejo, encantada.

Pues a mí de pequeñita me llamaban "Moquito"

porque tenía muy mal color de cara.

¿Sí?

Son algunas de las grandes pecadoras de este siglo.

Te preguntarás qué hacen aquí. Pues sí.

En las criaturas imperfectas

es donde Dios encuentra toda su grandeza.

Jesús no murió en la cruz para salvar a los santos,

sino para redimir a los pecadores.

Cuando miro a alguna de estas mujeres,

siento hacia ellas una enorme gratitud.

Pues gracias a ellas,...

Dios sigue muriendo y resucitando cada día.

¿Alguna de las otras toma heroína?

No.

Solo sor Estiércol.

Toma algún ácido de vez en cuando.

Sí, ya me he dado cuenta.

¿Por qué lo preguntas?

Por las vomitonas. No parecían extrañarse.

No, pero ellas no saben que es por la heroína.

No, ellas no, no lo saben.

Están acostumbradas a verme, pero no saben.

¿Eres feliz aquí, Yolanda?

¿Feliz?

No sé.

Yo hago todo lo que puedo.

No depende de usted, madre.

(JORGE) "'Hay una parte de mí que te necesita,'

y otra que te odia".

"Y yo detesto ambas partes".

"Nada te afecta, ni siquiera las drogas".

¿Te interrumpo?

No, pasa.

La madre superiora te trae estas flores.

¿Qué hago con ellas?

No sé, ponlas debajo de la virgen.

Tiene una tarjeta también.

Déjala ahí.

Me voy a sentar un poco.

Estoy aburrida.

¿Has leído ya el libro? Ay, sí, sí.

¿Te ha gustado? Sí.

Es muy bueno, ¿verdad?

Voy a esconderlo.

¿Necesitas algo?

Me voy a tener que ir, te veo muy poco habladora.

Oye, si quieres algo, me lo dices.

Bueno...

"Hay tantas clases de besos

como clases de amor".

"El beso sobre la frente, paternal".

"El beso sobre los ojos, lleno de paz".

"El beso sobre la nariz, gracioso".

"El beso en la mejilla, amistoso".

"Todos ellos algo anodinos,

pero que sirven de tentadora invitación

a otros más pérfidos,

como el indiscreto beso en la garganta".

"O el arrullador beso en el oído,

semejante a la confidencia de un secreto".

"Y existe por fin

el beso en los labios".

"'Un beso no compromete a nada', piensan las alocadas".

"Tal vez si eres fría como el hielo

y si tu compañero, poco fogoso,

te deja escapar fácilmente de sus brazos".

"Pero si el beso te ha conmovido deliciosamente,

ten en cuenta que a él

le conmueve más imperiosamente que a ti

y despierta toda la fuerza de su deseo".

"No des un beso, amiga mía,

más que con la alianza en el dedo".

"Es un recatado consejo

que canta en 'Fausto'

el mismo diablo".

(CARRASPEA)

"Las grandes ofensas".

"Desde la rubia Eva,

todas sus hijas son fáciles a la caída".

Algo se traen entre manos.

¿El qué?

Yolanda le ha entregado una cosa a sor Rata.

¿Qué? No sé.

Ha debido esconderla en su celda. "La mayoría de las veces...".

Está bien.

Ahora reflexionad sobre lo que acabamos de oír.

Como te vuelva a ver echándole mano a una gallina,

me voy a Albacete.

Y a ver cómo te las arreglas solo.

No haces más que darme sofocaciones.

Te gusta que te toque los bongos mientras comes.

Claro.

Te recuerda a África.

Y no me arañes, ¿eh? No me arañes.

Que mira, mira cómo me pones.

Como un divino señor.

Vergüenza me da ir a la calle.

El otro día el carnicero: "¿Qué la pasa? ¿Qué la pasa?".

¿Cómo se lo voy a explicar? Vergüenza me da.

No puede ser, no puede ser, compréndelo.

Y los pobres animalitos tan tranquilos.

Que te he dicho... ¿A qué viene sacar la pata?

Sor Perdida, digo una cosa, ¿por qué no me deja un trocito

de los que se deje el tigre? No se deja nada.

Bueno, pues démelo ahora antes de que se lo coma.

Me lo quiero asar en la cocina que no hay nadie.

Bueno, pero...

No se me aficione, es que él lo necesita más.

Otro. Aquel, ese.

Este. Mire, si no quiere, no quiere.

Tenga, marche. Es que estoy de judías verdes...

Es una mortificación comer verdura siempre.

Quieto, que te lo he dicho, que te lo he dicho.

¿Va bien así?

-Sí, muy bien. Cada día lo hace usted mejor.

¿Por qué no se decide de una vez a aprender a cortar?

Hola. (AMBOS) Hola.

¿Me da un pitillo?

-¿Sabes coser, Yolanda?

Regular.

Pues si quieres, yo te enseño. Estupendo.

-Es una actividad muy sana, relaja los nervios.

Yo he aprendido a coser para dejar de fumar.

Así tengo las manos ocupadas.

Pero ¿qué es esto?

-Claro, es la primera vez que los ve.

-Son trajes para las vírgenes, diseñados por sor Víbora.

Es un alucine, de verdad.

-¿Alucine? Sí.

¿Eso quiere decir que te gustan? Muchísimo.

Los cosieron las redimidas.

Para nosotros tiene un gran valor sentimental.

El culto de la Iglesia ha evolucionado en todo

menos en el aspecto de sus imágenes.

Y yo creo que el elemento ornamental

está muy vinculado a la piedad.

-Sor Víbora ha diseñado a las vírgenes

un modelo para cada temporada.

Estos son los de otoño-invierno.

-Hay que adaptarse a la época, ¿no cree?

Sí.

Lúrex, manto morado de lúrex.

Con tocado también de lúrex.

-Y falda. -Falda "valencien".

Plata y oro. ¡Guau!

Para la Virgen de los Desamparados.

La Virgen de los Desamparados.

De la cual soy muy devota.

Mi madre también lo era.

El próximo año, se van a llevar mucho los tejidos metálicos.

¿Qué está comiendo?

¿Yo?

Espinacas.

¿Espinacas?

Estaba hambrienta.

Hay que sacrificarse, hermana.

Ya me sacrifico.

Míreme a mí.

Jesús, María y José.

-¿Ya estamos otra vez igual, sor Estiércol?

Me pone la cocina más perdida de lo que está.

Ande, déjelo por hoy que ya se ha ganado el cielo.

Vamos a hacer la comida. -Déjenme, déjenme sola.

Lo haré yo.

Creo que estoy teniendo una visión.

-Bueno, pero mejor con este cuchillo.

que con este se va a cortar los dedos.

-¿Y qué más da?

-¿Por qué se castiga tanto?

Yo veo bien sacrificarse un poco, pero atentar contra la salud...

-Porque soy una asesina. -¿Y qué?

-Prefiero pagar mis culpas aquí.

-Como usted quiera.

Está toda chorreada.

Vamos al huerto.

Es que me pone todo el convento perdido.

¿Y qué más da? Está obsesionada con la limpieza.

Un día se le infectarán los pies y tendremos un disgusto.

Vayan con Dios.

He registrado la celda de sor Rata y no había nada.

¿Está segura de que intercambiaron algo?

-Segurísima.

¿No serían imaginaciones tuyas?

¿Habías tomado algo? No.

Acabo de tomarlo ahora.

Estoy en pleno trance.

Entonces te dejo.

¿Qué haces encaramada ahí?

Nada.

Bájate, no seas ridícula.

¿Qué es esto?

Un cuaderno.

Ya lo veo, no estoy ciega.

"Virginia no utilizaba la cama,...

Yolanda, sí".

"Pero a las dos les gusta Lucho Gatica".

Pero ¿qué significa esto?

A veces apunto pensamientos.

¿Quieres dejar en paz la memoria de Virginia?

¿Qué traes entre manos con Yolanda?

Nada.

Es que...

Es que como está en la misma habitación,

pues me acuerdo mucho de ella.

No seas infantil.

Quítate, payasa.

Pero ¿qué es esto?

Pero, bueno, "No soy un sueño", "Perdida en la ciudad",

"La llamada de la carne"...

Pero... "Las secretarias también lloran".

Pero ¿y esto qué es?

Simples novelas. Sí, sí, ya lo veo.

Pero ¿por qué las ocultas? Es que me da un poco de apuro.

¿Sí? ¿Apuro?

Me las llevo.

¿Y qué vas a hacer con ellas? No lo sé.

Mañana hablaremos.

"Les he echado una ojeada y no tienes buen gusto".

Nunca he presumido de ello.

¿Por qué los escondías?

Siempre te han gustado las intrigas.

No me gustan las intrigas, pero soy tímida, tú lo sabes.

Yo no diría que eres tan tímida, al contrario.

Trato de superarlo.

¿Para qué voy a ocultártelo por más tiempo?

Yo he escrito esos libros.

¿Cómo? Sí, Concha Torres es mi seudónimo.

Le doy los manuscritos a mi hermana y ella se encarga de editarlos.

Te burlas de mí, ¿tú escritora?

Nunca has tenido la menor imaginación.

Ni falta que me hacía.

Estas novelas son la historia de las chicas que pasaron por aquí.

¿No te sonaban al leerlas?

¿Has tenido el valor de hacer eso? ¡Eres una sanguijuela!

Muchas monjas han sido grandes escritoras.

No es ese tu caso. Si las chicas se enteraran...

¿Por qué no escribes sobre ti y dejas a los demás?

Mi vida no tiene ningún interés.

Pues deja el convento si tanto te interesa el mundo.

Eso es lo que pienso hacer.

Me voy a ir a África, a las misiones.

¿A las misiones?

Claro, aquí o en Albacete te aburrirías.

Está bien, escribiré para anunciar tu llegada.

Y ahora, escúchame con atención.

Hablemos de Virginia y de Yolanda.

No escribas una sola línea sobre ellas.

Estate tranquila.

Yo como escritora y como religiosa estoy en crisis.

He decidido no escribir sobre nadie más.

¿Cómo puedo creerte?

Créeme, simplemente.

Dame los libros. Olvídalos.

¿Prefieres que se los dé a la madre general?

Si no estuviera moribunda, le gustaría saber muchas cosas.

Ah, ¿sí?

¿Qué quieres decir?

No sé, tú sabrás. ¡Me estás amenazando!

No, Julia.

Yo soy muy amiga tuya desde que éramos novicias.

No te pongas sentimental. Muchas veces he pensado

que por qué te has distanciado de mí.

Deben ser celos. ¿Celos?

¿De qué?

Tú no podías soportar que las chicas

se hicieran más amigas mías que tuyas.

Bueno, ya hemos hablado bastante.

Déjame sola si no te importa, tengo muchas cosas que hacer.

Vaya con Dios.

Quede en su compañía.

¿Por qué me has delatado?

¿Yo?

¿Delatarla de qué? Con lo del libro.

¿Por qué le has dicho que era mío? Yo no le he dicho nada.

Ah, ¿no? No.

Entonces ha debido ser sor Estiércol.

¿Qué está haciendo?

Voy a quemar estos libros.

Como en la Inquisición.

¿De quién son?

De Concha Torres, una escritora abominable.

Concha Torres...

Mi escritora favorita.

¿La conoces? Sí.

¿A ver los títulos?

Me encantaría leerlos. ¿De veras? Son basura.

Por eso me gustan.

Los libros serios me amuerman.

Está bien. Cuando termines, los quemaré.

¿Nos drogamos un poco? Drógate tú, no hay para las dos.

Habrá que comprar. Sí.

Esta tarde me ocuparé.

Compre también un poco de coca a ver si se anima el convento.

(JORGE) "Yolanda, no te creas tan importante,

eres solo un instrumento mío".

"A veces das la impresión de darte cuenta

y te odio por eso".

¿Qué hace ahí?

Te estoy mirando.

Pues no me mire, que me pone nerviosa.

Me alegro de que no fueras al Rastro.

Así estamos solas.

Yo siempre estoy sola.

No digas eso.

Me tienes a mí.

¿A usted? Sí.

Hoy te has levantado de mal humor.

No crea que me engaña, madre, conozco su juego de sobra.

No sé de qué me hablas.

Lo sabe perfectamente.

¿Te refieres a que conozco las razones por las que estás aquí?

Sí, en efecto, sé por qué huyes.

¿Cómo?

Dicen que le mataste.

¿Quién lo dice? Qué más da.

Le juro que es mentira, que no tuve la culpa.

Yo no te culpo.

¿Va a llamar a la policía? No me gusta la policía.

Llámela si quiere, me da igual.

Te crees muy valiente.

Pero solo eres una drogadicta

que estás desesperada y tiene miedo.

¿Y qué es usted?

¿Yo?

No tengo miedo.

Te he traído un regalo.

Pensé que estarías cansada de llevar ropa vieja.

Estaré en la capilla. Búscame allí si me necesitas.

No la necesito, entérese bien.

Pero ¿qué se ha creído?

Usted solo es un instrumento que yo estoy utilizando.

Ya lo sé.

Por eso a veces la odio.

"Señor, te estoy llamando".

"Ven deprisa".

"Escucha mi voz cuando te llamo".

"Suba mi oración como incienso en tu presencia".

"El alzar de mis manos como ofrenda de la tarde".

"Coloca, Señor, una guardia en mi boca".

"Un centinela a la puerta de mis labios".

"No dejes inclinarse mi corazón a la maldad".

"A cometer crímenes y delitos".

"Ni que con los hombres malvados participe en banquetes".

(Campana de puerta)

Siga usted, hermana.

(Campana de puerta)

"Que el justo me golpee".

¿Tú? Hola, madre.

¿Qué haces aquí, Merche?

Tenía muchas ganas de verla, madre.

Pues ya me has visto.

Déjeme quedarme, madre, por favor, no tengo adónde ir.

Aquí no te puedes quedar.

Por favor, madre.

No le causaré ningún problema, se lo juro.

¿Qué haces?

¿Es que ya no le gusto ni un poquito?

¿Eh?

Te dije que si te ibas, no volvieras.

Pero, madre, ¡le juro que no puedo más!

¡Madre, déjeme estar aquí, por lo menos esta noche!

Este es un refugio de pecadoras, ¿verdad?

Supongo que sí.

Pero mañana te vas.

No quiero problemas.

Bastantes tenemos.

Ha sido horrible, madre, horrible.

Ahora trata de descansar.

No me deje sola, que tengo miedo.

¿Qué habrás hecho?

¿No tendrá un calmante?

No voy a poder dormir, estoy muy nerviosa.

Acuéstate.

Te traeré una pastilla.

¿No tiene algo más fuerte, madre?

Voy a ver.

Madre.

La quiero. No.

Me necesitas.

Déjeme explicarle.

Fuiste muy clara, no tienes nada que explicarme.

Yo no la he olvidado.

Pues yo a ti sí.

Vete acostando, no hagas ruido.

(Campana de puerta)

Perdone que la hayamos despertado.

Desde luego, no son horas ni modo de llamar.

Venimos a por Mercedes Cora. ¿Mercedes Cora?

No la conozco. -Sabemos que está aquí.

Aquí solo hay cinco esclavas... Por favor, madre.

¿Traen algún papel, orden?

-No lo necesitamos.

Si no nos dice dónde está, la buscaremos nosotros.

Les advierto que aquí hay 50 celdas y varias criptas, pueden perderse.

Muy bien, ya veremos.

¡No vayan tan deprisa, van a despertar a las hermanas!

¡Esperen, yo les diré dónde está!

-¡Es que se cae el convento!

-¡Ay! ¡Aaah!

¡Esperen!

¿No ven que está descalza?

¿Qué querían?

Anoche vino una antigua redimida.

La estaban buscando.

¿Qué haces?

Estoy rompiendo con mi pasado.

Quiero empezar de nuevo, sin droga, sin recuerdos.

Los recuerdos y las drogas no son fáciles de evitar.

Pero es que nos estamos haciendo muchísimo daño así, madre.

Yo soy fuerte, la heroína le va bien a mi naturaleza.

Pues a la mía no.

Con usted estoy repitiendo lo mismo que me hacía Jorge

y no quiero. ¿Qué piensas hacer?

Podría ocuparme del huerto.

Estoy especializada en la creación de híbridos.

¿Tú? Sí.

Eres una cajita de sorpresas.

No me gusta hablar de mí.

Haz lo que quieras.

No me puedo oponer.

Gracias.

¿De verdad piensas dejar la droga? Sí.

Y usted también debería dejarla. Lo pasaremos muy mal, ¿sabes?

Serán solo unos días, yo no me pico mucho.

Ofrezca sus sufrimientos por nuestros pecados.

Mi único pecado es quererte demasiado.

No me hable así.

Dios está al lado de los que aman. Y de los que sufren.

De todas las mujeres que he conocido

tú eres la que menos entiendo.

Por eso está tan colgada conmigo.

Madre.

Lleva aquí días.

Le he traído algo de comer.

Gracias, hermana,

pero no, no tengo apetito.

No puede seguir así.

Está enferma.

Las únicas joyas que han de adornar a las esposas de Jesús...

son las espinas...

y la cruz.

He pecado mucho,

necesito castigo.

Madre.

Pero Dios es misericordioso.

Dios...

¿Dónde está?

Dios me ha abandonado.

Le llamo para pedirle perdón y refugio,

pero él se esconde.

Si la vieran así las redimidas...

Una mujer de su fortaleza.

Yo soy como ellas.

De tanto admirarlas,...

me he convertido en una de ellas.

Yolanda,

vamos a dar una fiesta para la madre superiora por su santo.

Se nos ocurrió que podrías cantar. -Solemos cantar nosotras,

pero le gustaría que lo hicieras tú.

Y está tan mustia últimamente.

A pesar de ser cantante, canto fatal.

Anda que estas. -¿Y tú?

¿De qué estabais hablando? -De la fiesta.

Yo creía que este año no iba a haber.

-Convéncela para que cante.

Yolanda, canta.

Bueno, venga, canto.

(AMBAS) ¡Gracias!

¡Gracias, gracias!

(Campana de puerta)

Hola, hermana, aquí le traigo una cartita de África.

-Gracias.

-Y la Merche, ¿qué tal? ¿Anda por aquí?

-¿La Merche? Ya profesó.

-Hostia...

Pues le da muchos recuerdos de mi parte.

-Descuide, hijo.

Uno.

Tres.

Cuatro...

Madre.

Hemos decidido celebrar su santo, como cada año.

Qué humor tenéis.

Hay una sorpresa.

Yolanda va a cantar.

¿De verdad? Sí.

¿Se lo habéis preguntado? Sí.

No se preocupe más por el dinero, madre.

Ah, ha llegado una carta de África.

Iremos al Rastro.

Sí, claro, yo puedo hacer una exhibición...

Unas cosas de esas que hago como mortificaciones,

pero con gente, ¿sabe? Eso le gusta a la gente.

Podríamos montar un circo.

Eso es, un circo de monjas.

Algo distinto.

Con el tigre y sor Perdida.

Sor Rata es que no sabe hacer nada.

Bueno, yo incluso podría crucificarme en pleno Rastro.

Por los pecados de la gente y por los míos, claro.

Seguro que será espectacular.

Tal vez...

No voy a quedarme al funeral de la madre general.

Voy a comer algo, tengo que salir.

¿Quiere que se lo caliente?

No, no me agobies.

Pero bendito sea Dios.

¿Qué ha pasado?

Buenas noticias, hermana. Haremos una gran fiesta.

Le demostraremos a la nueva madre general...

que no estamos hundidas.

Esta noche tendrá sus ácidos.

Dígale a sor Rata que quiero verla.

Han contestado de África, te están esperando.

Podrás irte cuando quieras. Me iré después de tu fiesta.

Julia, quiero que sepas que no te guardo rencor.

Ni yo a ti tampoco.

Perdona lo que te dije de los libros.

No tenía ningún derecho. Tenías razón, eran muy malos.

Tú siempre has tenido mucho gusto para eso.

Tú que hablas más con Yolanda, ¿sabes qué planes tiene?

No sé.

De momento, parece que está bien aquí.

Sí.

Esto se acabará un día, lo sé.

Y ella se irá.

Pero nos haría mucho bien tenerla aquí en mi fiesta.

Ya sabes, vendrá la nueva general.

Te acuerdas cómo era, ¿no? Sí.

Nos haría mucho bien.

Podremos mostrarle una chica por lo menos.

Yolanda estará aquí, va a cantar para tu fiesta.

¿De verdad?

Que sí, mujer.

Oye. ¿Sí?

¿Vas a salir a la calle?

Sí, sí, tengo que hacer una visita.

¿Y adónde vas? Voy a ver a la marquesa.

Quiero hacerle un chantaje. Desde luego qué carácter tiene.

(Timbre)

¿Está la señora marquesa?

Sí, sí, sí, sí.

Aquí estoy, aquí estoy.

Buenos días, señora marquesa.

Me coge de casualidad,

me iba a una exposición de oleografías.

¿Me acompaña?

Ay, no, gracias.

¿Tendría un minuto para que hablemos?

Pero un minuto. Sí, sí, sí.

¿Vamos al salón? Sí.

¿Quiere sentarse?

Usted me dirá.

Seré breve, vengo a invitarla a mi fiesta.

Tendrá que perdonarme, pero este año no iré.

Me aburría como una ostra.

Iba solo por mi marido que se empeñaba.

Tenemos gastos extras, ayúdenos. Si fuese otra clase de fiestas...

Está bien.

Entonces hablemos de negocios.

¿Negocios? Sí.

Tengo algo que venderle.

Ah, ¿sí? ¿Qué es? ¿Algún perfume?

No.

Información sobre la estancia de su hija en África.

Algo verdaderamente valioso.

Pero no le diré nada si usted no paga.

¿Comercia con el dolor de una madre?

Usted tiene dolor, pero...

también tiene mucho dinero. Yo solo tengo esta carta.

Fuera.

Mi hija está muerta. ¿Qué más me puede decir?

100 000 pesetas.

Váyase.

Escribiré a la misión. Si hay algo que me pueden decir, lo dirán.

Si tiene paciencia para esperar...

Fuera. No quiero volver a verla más.

Está bien.

Quédese usted con Dios.

(Música)

¡Anda!

Pero ¡qué sorpresa, madre!

Entre, entre.

¿Qué tal, Lola?

Siéntese.

Cosecha exquisita.

No, no, ya sabes que no me gustan las drogas blandas.

¿Y qué le trae por aquí?

¿Necesita material?

Sí, aparte...

Necesito que me prestes algún dinero.

¿Cuánto?

100 000 pesetas.

Me toma por un banco. Yo no tengo tanta pela.

Tú puedes conseguirlo.

Y en ese caso, ¿cómo pensaba devolvérmelo?

No sé, venderé algo.

Los confesionarios están todavía en buen estado.

Madre, ¿quién va a querer unos confesionarios?

Mucha gente.

Se me ocurre algo más fácil y puede sacar mucho más de 100 napos.

Tráfico supongo.

Un viajecito a Tailandia, y de paso, se trae una cubertería.

¿Qué le parece? De acuerdo.

Tome.

Prepáramelo para después de mi santo, dentro de 10 días.

Pero no me irá a fallar, ¿no?

Tú sabes que no.

¿Me puedes adelantar algo? Supongo que sí,

pero tengo que hacer una llamada antes.

"Espero que te lo pongas en mi fiesta".

Hasta luego. Yolanda.

Que tengáis suerte, ¿eh?

Id con cuidado.

¿Lo tenéis todo?

Ya, ya tenemos un taxi. ¿Todo?

Sí. Vamos a casa de mi hermana.

Si me da tiempo, os iré a buscar. No tardéis.

-Yolanda, ¿no te vienes con nosotras al Rastro?

¿Piensa como Cioran que el amor es la unión de dos babas?

-¡Qué guarro!

-¿Cuáles son sus autores favoritos?

-Pues Harold Robbins, Vicki Baum...

Pero yo no leo mucho.

-Yo sí. -¿Sí?

-Es que la casa me quita mucho tiempo.

¿Le gusta? -Me encanta.

-Creo que la casa es el espejo del alma.

-Ya. -¿Ve usted por ejemplo esa fuente?

-Sí. -Pues me ha costado 100 000 pesetas.

-Qué barbaridad.

-Le haremos una foto en la fuente.

(Timbre)

¿Quién será ahora?

Anda, Esperancita, vete a abrir

y di que mamá no puede atender a nadie.

Pues como le decía, yo creo mucho en las casas.

-Ya, perdone, pero ¿usted cuándo escribe?

-Bueno, pues... no sé.

Bueno... Hola, Esperancita.

Pues... cuando me da.

Cuánto te ha crecido el pelo. ¿Está tu mamá?

-Sí, pero está ocupada.

Bueno, la esperaré.

¡No! Ha dicho que no puede recibir a nadie.

No. Pero quita, niña.

-Hola, Chus, no te esperaba. Ya te veo.

Mi hermana monja, unos amigos. -Hola, ¿qué hay?

Mucho gusto. Esta es Yolanda Bell.

Hola, qué tal. -Encantado.

-¿No os importa esperarme en el salón?

Acabo dentro de un momento.

Anda, Espe, vete con la tita. -No, quiero quedarme aquí.

-Pero, tonta, que ha venido la tita.

Con lo mucho que te acuerdas de ella. Anda, llévatelas.

La familia...

Es que no la dejan a una en paz.

Tenéis muchas cosas nuevas desde que no vengo por aquí.

-Sí, nos va muy bien.

Y además mis amigas me tienen mucha envidia

porque tengo una madre escritora. ¿Tú tienes una madre escritora?

Pues claro, muy famosa.

¿Por casualidad se llama Concha Torres?

Sí, pero es un nombre falso, ¿sabes?

Ella se llama Antonia.

Ya sé que se llama Antonia, no soy boba.

Vamos a ver.

Mira la literatura para lo que da.

Vamos a ver.

Cervantes, Góngora...

Mira, mira a Góngora cómo suena.

(Sonido a hueco)

Y a ver por aquí, igual.

Cervantes, repetido.

Cuatro "Otelos".

Allí cuatro de lo que sea.

Pues si no te lo crees,

tengo recortes de periódico de mi madre.

¿Dónde los tienes? Dámelos. Míralos, aquí están.

A ver.

"Concha Torres. Genial".

"Concha Torres".

"Un genio literario".

"Concha Torres. Un fenómeno sociológico".

"Gabriel García Márquez". Fíjate.

¿Por qué no me has creído nunca cuando te he dicho

que eres un fenómeno sociológico literario?

Yo creía que me lo decías para darme ánimos.

Es que eres demasiado ingenua y ahí dentro no aprendes nada.

Me va a oír esa. A ver si es verdad.

¿Tú no eres monja?

No, nena, yo soy puta.

Pero ¿eso no está prohibido?

-¿No te he dicho que no nos interrumpieras?

¿Tan importante es esta entrevista?

Estamos haciendo un seguro de vida.

No quería decírtelo, pero voy a nombrarte mi heredera

por si me pasa algo.

No olvides decir a estos señores...

que no vas a escribir más.

Todo esto le debe haber costado un dineral.

¿De dónde lo ha sacado? Dios aprieta, pero no ahoga.

Pensé que no vendría. Yo también.

Quiero que me diga lo que sabe. Sé tanto...

Tardaría días en contarle todo lo que sé.

Solo quiero saber lo referente a mi hija.

Vaya a África a averiguarlo. Ya, ya he escrito,

pero las cartas tardan. Pues ya sabe el precio.

Me enteraré tarde o temprano.

¿No se da cuenta? Pues...

tenga paciencia.

¿No temen que me queje a la madre general de su chantaje?

Ella no sabe nada, solo me han escrito a mí

porque suponían que yo la iba a informar a usted.

Es usted un ser repugnante.

Insúlteme si eso la desahoga.

Yo no le temo a las palabras.

Y ahora, perdone.

Es inaudito.

¿Quién hay en la celda de mi hija?

¿Qué está pasando aquí?

Tranquilícese.

Es Yolanda, la última redimida.

¿Puedo entrar? Sí.

Eh...

Soy la marquesa, habrás oído hablar de mí.

Claro que sí.

Perdona que te interrumpa,

pero es que había visto luz

y como esta era la celda de mi hija, pues no sé...

¿Por qué ingresó Virginia en el convento?

Por culpa de un chico.

Mi marido les prohibió casarse y el muchacho se suicidó.

Cosa muy rara, en estos tiempos

esas cosas no suelen suceder,

pero mi marido era así.

Mandó instalar esta habitación igual que la que tenía en casa.

Subvencionó el convento para seguir controlándola.

Perdona, pero es que no...

No quiero pensar, ¿sabes?

Son cosas muy tristes que no quiero...

Yo soy esteticista. ¿En serio?

Sí, ¿quieres que te maquille?

¿Qué hacías antes de venir aquí?

Un poco de todo.

Lo que a mí me gusta.

Yo solo he sido marquesa, esposa y madre.

Me habían dicho que no iba a venir.

Sí, pero había tenido noticias.

La madre superiora tenía una carta de África referente a mi hija.

Me iba a decir algo y no sé nada.

¿Tú sabes algo de esa carta? No.

Pero ha recibido una carta de las misiones.

¿Dónde estará esa carta? En su despacho, supongo.

Hablaré a la madre general para que la obligue a dármela.

No, no, mire, sería un follón. Además, está todo lo de la fiesta.

Se me ocurre una idea mucho mejor y más rápida.

(Silbido)

(Pasos)

¿Qué haces aquí?

Buscaba algo de coca.

Hace tiempo que no actúo y necesito algo de marcha.

Había mucha gente abajo y no me atrevía a pedírselo.

¿Y cómo has abierto?

Con una horquilla.

¿Le importa?

¿La has encontrado? Pues no.

Claro, la tengo yo aquí.

¡Cuidado, que viene la general!

Que espere.

-¿Qué hace, sor Estiércol?

-Nada.

-¡Ábrame, madre superiora!

Qué pesada.

¡Sé que está ahí!

Vámonos.

Estás guapísima.

¿Qué hacían ahí?

Es una sorpresa.

Madre, tenemos mucho de qué hablar.

He venido de Albacete exclusivamente para eso.

Después, ahora tengo mucho trabajo.

No olvide que soy la anfitriona. ¿Le gusta mi fiesta?

No hemos escatimado nada. Sí, muy agradable,

pero las encuentro a todas un poco extravagantes.

Hacen cosas que no me gustan.

Hoy es una excepción.

No crea que nos pasamos la vida en fiestas.

El convento atraviesa momentos duros. Ya lo hablaremos.

¿Qué ha pasado con el altar, las imágenes y los cuadros?

Han desaparecido. ¿Cómo que han desaparecido?

¿Qué tal, señora marquesa? ¿Se divierte?

Huy, sí, más de lo que yo creía. Estaba segura de ello.

Hermana, llévele un trozo de tarta a Yolanda.

Sí, porque si no, estas acaban con todos.

¿Qué ocurre aquí hoy? Están todas como arrebatadas.

No quieren saber malas noticias.

Prefieren pensar que todo irá igual.

Con la enfermedad de la difunta madre general

este convento ha estado desquiciado completamente.

Y ya veo el resultado.

¿Qué piensa hacer con todo esto? Cerrarlo.

Se acabaron las Redentoras Humilladas.

¿Y venderlo? Sí, claro.

Hay una inmobiliaria interesada. Pero no, no es esa la razón.

La madre superiora ha llegado a extremos inadmisibles.

Todos esos nombres horribles:

Sor Rata, sor Estiércol...

Todo eso se acabó. A mí es lo único que me divertía.

No apruebo la humillación.

No hay nada más parecido a la soberbia que el exceso de humildad.

¿Se va a África la semana próxima?

Supongo que sí.

Quiero que me haga un informe de todo lo que ocurre allí.

Hay cosas en la misión que me preocupan.

Tres mujeres solas en plena selva

con un capellán

y rodeadas de salvajes...

La carne es débil.

Yo, reverenda madre, no he sido nunca espía

y no voy a empezar ahora a mi edad. Hermana, ¿cómo se atreve?

Bueno, no tengo ganas de hablar.

Pero...

Yolanda, te traigo un poco de tarta.

No tengo nada de hambre. Pero ¿estás así todavía?

Espera, mira, hazme un favor.

Buscas a la marquesa, y a solas, sin que os vea nadie,

le entregas esta carta. ¿Puedo leerla yo?

Ay, no seas pesada, luego te lo cuento.

Corre, vístete.

Tenga, no la abra.

Pero ¿qué hago? Tengo muchas ganas de leerla.

Vaya a los servicios. Voy a preguntar.

¿Me hace el favor de decirme donde están los lavabos?

-Pues venga a los de mi celda, son los más limpios.

Controladme la puerta y que no salga nadie,

actuamos enseguida. Vamos, marquesa.

¿Dónde ha ido la marquesa? Ha ido a hacer pis.

Ah. Pueden colocar las sillas ya, ¿eh?

Y anuncia a Yolanda, no tardará en bajar.

Pase, pase usted, señora marquesa. Huy, ¿no me caeré?

No, no, yo le ayudo. Gracias.

Así. Gracias.

Ay, qué bonito está esto. Mis animalitos.

Tuve que meterlos aquí porque eran una tentación para las hermanas.

Qué bien. Los servicios.

Gracias, me voy a sentar aquí, estoy muy cansada.

Muy bien, es blandita.

Ay, tengo tanto tacón, que estoy cansadísima.

Como quiera, como quiera.

Vosotros no molestéis a la señora marquesa.

No te importa, ¿verdad? No, no me importa.

Voy a echarme un poquito. ¿Me cierras?

(CIERRA LA PUERTA)

La carta.

Ay.

"El chico de la foto es hijo de Virginia".

"En su choza encontramos un maletín que perteneció a ella".

"Dentro estaba el medallón de la marquesa".

"Después de huir con el cazador, Virginia tuvo un hijo".

"Cuando se los comieron los caníbales,

el niño era muy pequeño". Mi nieto...

"Le recogieron los monos

y ha vivido con ellos como uno más".

"Hágale llegar la foto y el medallón a la señora marquesa".

(CARRASPEA)

Por nuestro convento han desfilado toda clase de mujeres.

Nos faltaba una cantante.

Y la providencia, hace unas semanas,

nos hizo el regalo de una cantante.

En nombre de todas las mujeres

que han encontrado refugio,

consuelo

y diversión

entre estas paredes,

Yolanda Bell, acompañada de nosotras,

nos va a deleitar con una bonita canción

en homenaje a esa mujer...

que se ha entregado en cuerpo y alma

a nuestra obra redentora.

Para ella, nuestra querida madre superiora.

¡Y para Yolanda Bell, un aplauso!

(Música)

# La, la, la, la, la.

# La, la, la, la, la.

# La, la, la, la, la, la.

# La, la...

# Otra vez sin decir nada de mí.

# Otra vez voy pasando por ahí.

# Donde voy procurando sin hallar.

# Puede ser que te vuelva yo # a encontrar.

# Otra vez por aquello de soñar...

# echaré ilusiones a volar.

# Amaré todo cuanto pueda amar

# y dejaré en el olvido # cuanto yo deba olvidar.

# Para ti

# ni siquiera yo tendré

# ni quizás la limosna de un mirar.

# Fue mejor sepultar en el ayer

# tu lejano amor prohibido # que jamás debió de ser.

# Otra vez voy pasando por ahí.

# Otra vez con mi cara tan feliz.

# Si a tu amor # yo llegué porque llegué,...

# de tu amor yo salí porque salí.

# Otra vez voy pasando por ahí.

# Otra vez con mi cara tan feliz.

# Si a tu amor # yo llegué porque llegué,

# de tu amor yo salí porque salí.

# La, la, la, la.

# La, la, la, la, la.

# La, la, la, la, la, la.

# La, la.

# La, la, la, la. La, la, la, la, la.

# La, la, la, la, la, la.

# La, la, la, la, la, la.

# La, la.

(LAS TRES) # Aquí llegué porque llegué

# y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Por ahí voy yo caminando, # camino por donde quiera,

# a mí no me digas nada, madre,

# en esta quédate afuera.

(LAS TRES) # Aquí llegué porque llegué

# y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Ahora todo es diferente,

# la cosa no es como era.

# Voy solita, voy contenta, # ahora me la gozo entera.

(LAS TRES) # Aquí llegué porque llegué

# y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Pero la vida es una comedia, # esta es la universidad,

# no va para ningún lado # quien no sabe dónde está. #

(LAS TRES) # Aquí llegué porque llegué

# y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Aquí llegué porque llegué # y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Aquí llegué porque llegué # y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí.

# Aquí llegué porque llegué # y salí porque salí.

# Amo cuanto puedo amar, # sigo andando por ahí. #

(Aplausos)

No te has puesto el vestido que te regalé.

Creí que te gustaba.

Y me gusta, pero también me gusta el de sor Víbora.

No importa.

Gracias por haber cantado en mi fiesta.

Estuviste...

tan obscena.

Me alegro de que le haya gustado. Se lo dediqué a usted.

Espera, espera, deja que te ayude.

Pero ¿qué hace?

Qué Dios me perdone...

si me siento una nueva Verónica. Me parece que está

un poco pasada de drogas.

¿Le importaría dejarme? Quiero cambiarme.

Sí.

Hasta luego.

¿Dónde está la madre superiora? Necesito hablar con ella.

-Iré a buscarla.

Debe estar rezando por ahí.

-¡Sor Perdida!

-Disculpe, madre. -No he terminado todavía.

Dispongan de todos sus enseres personales.

Del resto, de lo poco que queda, me ocuparé yo.

-Madre, ¿puedo seguir recogiendo ya?

Fíjese cómo está todo.

-(TOSE)

Pobre chicas.

-Padre.

Quisiera confesarme.

-¿Ahora?

-Sí.

-¡¿Dónde va, sor Víbora?!

-Voy a confesarme, madre.

-En Albacete también tenemos confesores.

¿No puede usted esperar?

-No.

-(TOSE)

¿Dónde está Yolanda? Necesito hablar con ella.

Ahora bajará.

Vamos a andar, estoy muy nerviosa. Bueno, ¿qué la pasa?

Es que yo soy escritora, ¿sabe? Ah.

Antes escribía con un seudónimo, pero ya...

¿Cómo se llamaba?

Concha Torres, no creo que lo haya oído.

Claro, pero si he leído todas las novelas, soy una fan.

¿De verdad? ¿Sí? Qué maravilla.

Concha Torres es una monja. Sí.

Yolanda.

Estoy en deuda contigo.

Nunca te agradeceré bastante lo que has hecho.

La carta, esa canción...

No sabía que cantabas tan bien. Yo tampoco.

Muy bien, cantas muy bien.

Rati, me voy.

¿Por qué? ¿Qué ha pasado?

Pues no ha pasado nada, solamente que tengo ganas de irme.

¿Y de África? Pero ¿qué voy a hacer yo en África?

¿Y dónde vas a ir si no?

Pues no sé.

¿Queréis venir a mi casa?

Estoy sola y estoy en deuda con vosotras.

¿En serio? En serio.

¿Por unos días? Por los que quieras.

Estupendo, ¿tú qué haces?

Yo... no sé.

Decídete, ¿no querías cambiar de vida?

Claro. Sí.

Es que no sé qué me da, no sé. Bah...

Pues mira, yo me voy, Rati.

Nos vamos cuando quieras, ¿eh? Ahora mismo si quieres.

Bueno, os acompaño a la puerta y mientras lo pienso.

Anímese.

Ha llegado el momento de hablar, madre.

No permitiré que se escabulla de nuevo.

No me escabullía,...

pero no quería que me aguara la fiesta.

Muy bien.

En el futuro no habrá más fiestas.

Todo esto se acabó.

Ya he hablado con el resto de la comunidad.

Sé lo que va a decirme y le digo que no.

En efecto, son tiempos difíciles,

pero a mí nunca me ha asustado la lucha.

Soy su superiora y me debe usted obediencia.

Que se vayan ellas si quieren.

He escrito al papa, quiero fundar mi propia orden.

Sé cómo encontrar dinero y seguidores.

Mañana mismo salgo de viaje de negocios.

¿Qué negocios? No pienso decírselo.

Tiene tres días para recogerlo todo.

Yo misma vendré para llevármelas.

No tengo nada más que decir.

Vamos.

Un, dos, un, dos, un, dos...

Un dos...

Gracias por todo, hermanas.

Nunca olvidaré esta noche.

Y ahora, vámonos a dormir.

Hoy ha sido un día muy ajetreado.

Mañana hablaremos de todo.

¿Habéis visto a Yolanda?

-Estuvo aquí, pero volvió a su cuarto.

¿Y sor Víbora y sor Rata?

Sor Rata ha ido a acompañar a la marquesa.

Y sor Víbora está en la capilla confesándose.

Vamos. -Sí.

Deja eso. -No.

-Déjalo, mañana. -Mira cómo está.

-Ay, eres imposible.

-(LLORA)

Me he acostumbrado a coser con usted.

A comulgar con usted.

A preocuparme por su salud.

Y no soporto la idea de que nos separemos.

-Eso no es pecado.

Dios es amor

y nos ha hecho para amarnos.

Yo también la quiero.

Aprendí a coser para estar más tiempo con usted.

Y más cerca.

-Pero eso no es posible.

Yo soy una religiosa y usted es un religioso.

Tenemos unos votos.

-¿De qué tiene miedo? -No sé, padre, no sé.

Sor Perdida, pero ¿qué hace en la iglesia con el tigre?

-Yo me vuelvo a Albacete.

Prometedme que os ocuparéis de él.

Le voy a echar mucho de menos, pero...

conmigo no me lo puedo llevar.

Él ya os conoce.

Como vosotros vais a formar una familia,

podéis ofrecerle un hogar.

-Todos se habían dado cuenta menos yo.

Hasta tú, niño.

Nuestro amor es como tú, un tigre que ha ido creciendo

dentro de estos muros sin darnos cuenta.

Te querremos como a un hijo

y no te faltará un trozo de carne, te lo prometo.

-Bueno, yo me voy.

Y tú... a ver cómo te portas.

Que Dios os bendiga.

(Rugido)

(SUSPIRA)

Yolanda, soy yo, ábreme.

Ábreme, mañana me voy a Tailandia.

Quiero despedirme de ti.

Tenemos muchas cosas de qué hablar.

¡Ábreme!

(GRITA)

(LLORA)

# Cariño como el nuestro # es un castigo

# que se lleva en el alma # hasta la muerte.

-# Mi suerte necesita de tu suerte

# y tú me necesitas mucho más.

# Por eso no habrá nunca despedida

# ni paz alguna habrá # de consolarnos.

# Y el paso del dolor # ha de encontrarnos

# de rodillas en la vida,...

# frente a frente

# y nada más. #

# Tal vez sería mejor

# que no volvieras.

# Quizás sería mejor # que me olvidaras.

# Volver es empezar a atormentarnos,

# a querernos para odiarnos # sin principio ni final.

# Nos hemos hecho tanto tanto daño,

# que amar entre nosotros # es un martirio.

# Jamás quiso llegar el desengaño

# ni el olvido ni el deliro,

# seguiremos siempre igual.

# Cariño como el nuestro # es un castigo

# que se lleva en el alma # hasta la muerte.

# Mi suerte necesita de tu suerte

# y tú me necesitas mucho más.

# Por eso no habrá nunca despedida,

# ni paz alguna habrá # de consolarnos.

# Y el paso del dolor # ha de encontrarnos

# de rodillas en la vida

# frente a frente y nada más.

-# Cariño como el nuestro # es un castigo....

# que se lleva en el alma # hasta la muerte.

-# Mi suerte necesita de tu suerte

# y tú me necesitas mucho más.

# Por eso no habrá nunca despedida,

# ni paz alguna habrá # de consolarnos.

# Y el paso del dolor # ha de encontrarnos

# de rodillas en la vida...

# frente a frente...

# y nada más. #

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