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"La ola de frío que azota Castilla-La Mancha
se ha cobrado su primera víctima".
"Un motociclista muere congelado en plena Nacional IV
y continúa conduciendo 90 km después de muerto".
"Unos guardia civiles le echaron el alto,
y como no reaccionó, le siguieron hasta alcanzarle".
"Se pusieron a su lado y le increparon
para que desistiera".
"Viendo que no se movía, comprendieron que algo ocurría".
Parece increíble.
La imagen es maravillosa:
Un joven muerto conduce su moto por la fría estepa manchega,...
escoltado por dos guardias civiles.
¿Dónde iría de madrugada y con ese frío?
A ver a alguien que no podía esperar.
Aquí hay una historia.
La guardo, a ver si se me ocurre algo.
(Timbre)
Déjalo, voy yo.
Hola. Hola. ¿Qué quieres?
Soy actor. Busco a Enrique Goded.
Pues Enrique no está.
Le estoy viendo, tío.
De todos modos no tenemos ningún proyecto, o sea que...
Me gustaría hablar con él. Somos amigos del colegio.
Mi nombre es Ignacio Rodríguez.
Está bien, pasa. Gracias.
No creo que pueda recibirte, está ocupado.
Vale.
Espera un momento.
Es un actor. Un pesado.
Le he dicho que no estamos preparando película, pero insiste.
Pues dile que no estoy. Se lo he dicho, pero te ha visto.
Y yo a él.
Dice que fue compañero tuyo del colegio.
¿Quién será?
Ignacio Rodríguez.
¿Ignacio?
¡No puede ser!
Pues eso ha dicho él.
Ignacio.
Pero ¿de verdad eres tú?
¡Claro! ¡Me alegro de que te acuerdes de mí!
Pero ¿cómo no me voy a acordar?
Hace unos 16 años que no nos vemos.
¿Tanto? Más o menos.
Si te veo por la calle, no te reconozco. Con la barba...
Estarías mejor sin ella. Vamos a mi despacho.
¿Quieres tomar algo, un café? No, gracias.
Yo tomaré uno. Entonces sí.
Martín, ¿nos haces café? Sí.
Siéntate.
¿Y qué haces tú por aquí?
Vengo a pedirte trabajo. Soy actor.
Te he traído mi currículum.
Grupo Abejorro.
Una compañía de teatro independiente.
Sí. Sí.
"El Retablillo de San Cristóbal", de García Lorca.
"El diario de Adán y Eva", de Mark Twain.
Mark Twain, García Lorca...
No os priváis de nada, ¿eh?
¿Y ya no escribes?
No. Lo dejé hace tiempo, pero como sabía que te gustaría,
te he traído mi último relato.
A ver...
"La visita". Sí.
A propósito,
¿cuándo empiezas tu próxima película?
Pues... Cuenta conmigo para lo que sea.
No lo sé.
Recortamos sucesos a ver si se me ocurre algo.
Chico, me coges en plena crisis de creación.
¡Qué putada!
Bueno, léete mi relato, lo mismo te da ideas.
¿Y de qué va?
Del colegio.
Hay una parte inspirada en nuestra infancia
y otra que no.
Cuando los personajes se hacen mayores y crecen.
Bueno, eso es ficción.
Ah, no... No os he presentado. Ignacio, Martín.
Encantado. Encantado.
¿Quieres azúcar y leche? Sí, gracias.
Por cierto, ya no me llamo Ignacio,...
sino Ángel.
¿Y eso?
Es mi nombre artístico.
No puedes ser actor y llamarte Ignacio Rodríguez.
Ah, ¿no? Pues claro que no.
No. Ángel Andrade.
Todo el mundo me llama así, hasta mi madre.
Qué bien.
Gracias.
Ignacio era... Ángel.
Ignacio era... Ángel.
Bueno, Ignacio antes de llamarse Ángel,
era, es un antiguo compañero del colegio.
Martín es mi director de producción.
Y la criada para todo.
Bueno, Ignacio... Ángel.
Eso, Ángel.
Me alegro mucho de verte.
En cuanto tenga un proyecto nuevo...
No sé, dame tu teléfono y nos vemos.
No tengo teléfono, no tengo, pero te llamaré yo.
¿No queréis que os deje otra foto? No, no hace falta.
Bueno, Ángel,
que me ha encantado verte.
Entonces, ¿me voy? Sí, ¿no?
¿No queréis que os ayude a recortar?
No, muchas gracias.
Hasta luego. Encantado.
Oye, que estás estupendo, ¿eh?
Tú también.
Lee "La Visita" y me dices. Sí, sí. Me muero de curiosidad.
Vale.
Hasta luego.
Qué pesado. Creí que no se iba nunca.
¿De verdad es amigo tuyo? Sí.
No le veo desde el colegio.
Éramos íntimos.
Bueno, fue mi primer amor.
Pero ha cambiado mucho.
No le hubiera reconocido.
¿Piensas volver a verle?
No.
Me pareció que te gustaba.
Pues no, nada me erotiza menos que un actor en busca de trabajo.
"La visita".
"Desde que empezamos la gira con el espectáculo de la 'Bomba',
estoy esperando este momento".
"Hoy actuamos en el pueblo donde estudié el bachillerato".
"Es un pueblo que no mencionaré para no promocionarlo".
"Mis mejores recuerdos se los debo al Cine Olympo,
que ahora está hecho una ruina".
Me planto.
-Me planto.
-Carta. -Carta.
-Carta.
Carta.
Estoy hasta los cojones de perder. -Pues lárgate.
-Que te dé el aire.
-Juega la banca.
A cobrar.
(Música)
-Gracias.
Ella se define a sí misma como...
una mezcla de desierto, casualidad
y cafetería.
Es una gran artista...
y es una gran, gran amiga mía.
Con todos ustedes,
a continuación,
el misterio y la fascinación
de la auténtica,
la inimitable,
¡Zahara!
¡Aplaudid un poquito, coño!
(Saxo)
# Siempre
# que te pregunto
# que cuándo,
# cómo y dónde,
# tú siempre
# me respondes:
# "Quizás,
# quizás,
# quizás".
# Y así pasan los días.
# Y yo desesperando.
# Y tú,
# tú contestando:
# "Quizás,
# quizás,
# quizás". #
Ya, nena. -En este pueblucho no hay.
O sea... -¿Qué?
O sea...
Oye... Oye, por cierto Te veo en el hostal.
Ya, pero... Paquito, te veo en el hostal.
Desde luego, te da tiempo para todo, maricón.
¡Monda!
¡Espera, niña!
Hola.
-Hola. ¿Qué te pasa?
Que no encuentro la llave de la moto.
¿Me permites ayudarte?
Sí, claro. ¿Sí?
Ay...
No, aquí no están.
A ver...
Aquí tampoco.
Ah, ¿no? No.
Aquí están.
Me voy a quedar sin labio.
He bebido demasiado.
Y que lo digas.
Vamos a ver...
(RONCA)
Chist.
Oye, que te estoy comiendo la polla.
Se ha quedado frito.
Un rorro.
Ni un duro.
Lotería. Me lo quedo.
(Puerta)
Toma. No arranques aquí cerca por si se despierta.
-Si está como un tronco... Es pollón, ¿no?
No está mal.
Mira, ni dormido se le baja.
Niña...
Nena, déjame comérsela un poquito. No, tú tienes cosas que hacer.
Estás harta ya. Mira cómo tienes el labio.
Venga, que la moto no se mueve.
Anda, Paquito, vete y esconde la moto.
Vuelve pronto. Te veo en tu habitación antes de las siete.
Para cosas malas las dos juntas, pero para las buenas tú sola.
Ahora te empalmas, cacho cabrón.
No hay derecho.
¿Enrique Serrano?
¿Enrique?
Ay...
Paquito.
Paquito.
Ven, ven, sube.
¿Y qué hago con la moto?
Déjala ahí y sube.
Ven.
De verdad que no hay más que tomarse buenas de drogas
y buenas de hormonas...
para volverse loca como tú, maricón.
Dame la llave, ya no robamos la moto.
¿Y eso por qué?
Después te lo explico. Nos vemos después para la misa.
¿Ahora nos vamos al colegio? Sí, ahora más que nunca.
Es que flipo contigo, tía. Me imagino.
"Querido Enrique".
"Soy yo, Ignacio".
"Cuántas veces he soñado este momento".
"Aunque han pasado muchos años, no te he olvidado".
"Tenemos que volver a vernos, tú menos pedo, claro".
"Quiero contarte mi vida y que tú me cuentes la tuya,
mientras nos comemos una bamba en la pastelería Mallol,
como cuando salíamos del colegio".
"No voy a complicarte la vida".
"Sé que estás casado y tienes un hijo".
"Sé que vives en el pueblo de al lado,
que no tienes un duro en la cartera
y que me gustaría ayudarte".
"Justamente ahora tengo entre manos un negocio...".
"Bueno, ven a la pastelería y te lo explico".
"Te espero de seis a siete".
"Anímate".
"Te adoro".
"Ignacio".
(Teléfono)
¿Sí? "Te echo de menos".
"¿Ya has abierto todas las cajas?".
No, me quedan más de la mitad.
"¿Te echo una mano? No me importa, de verdad".
Mejor no, Martín.
Gracias.
¿Te llamo después?
Ahora estoy leyendo. "Ah, perdona".
No seas susceptible, coño.
Luego te llamo, ¿eh?
"Llámame, aunque sea tarde".
Aquí vimos las primeras películas de Sara.
Y "Desayuno con diamantes".
Y aquí nos metimos mano por primera vez Enrique y yo.
Huy...
Me tiemblan las rodillas de emoción, solo de pensarlo...
He quedado con Enrique a las seis en la pastelería.
No te hagas ilusiones, Zahara, que está casado.
Si el padre Manolo no nos hubiera separado...
¿Qué tendrá que ver ese hombre?
Mucho, todo.
Tiene una gran deuda conmigo
y debe pagarla.
No me gusta verte así.
Venga, ¿te queda algo?
Sí.
¿El qué? Coca y burro.
Ay, maricón, saca un poquito, venga. ¿Aquí?
Aquí, pues claro que sí.
Las calles no están ni puestas. Estamos solitas.
Vale. ¡Ay, maricón!
Vamos.
Una uñita para mi tronquita Paca.
Ah...
Ponme otra. Tú ya sabes que yo creo en la pareja.
Dos polvos, dos rayas, dos amigas...
"Dos cabalgan juntas".
"Dos por la carretera".
Trae.
¡Ay, qué cerda eres! ¡Qué cerda!
¡Venga, vamos para el colegio!
¡Tira, arre!
Oh...
Ven aquí, anda... Venga.
Mira.
Aquí estudié yo.
Estoy agotada. ¿No te queda nada?
Calla.
Chist.
Está empezada.
El Dios de la esperanza,
que por la acción del Espíritu Santo
nos colma con su alegría y con su paz.
Es el padre Manolo.
Qué mayor está. Es que no eres una niña.
Claro. Zahara, esto es un disparate.
Te estás echando para atrás, hija puta.
No.
Pero esta capilla es muy chica. No hay dónde escondernos.
Cuando nos vea aparecer, nos va a echar igual
que Jesucristo a los mercaderes.
A latigazo limpio creo que los echó. Y era Jesucristo.
Así que este hombre, que es tan imperfecto según tú...
Yo confieso ante Dios Todopoderoso,
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra
y omisión.
Por mi culpa.
Por tu culpa.
Por mi culpa. Por tu culpa.
Por mi grandísima culpa.
Por eso ruego a Santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos
y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios Nuestro Señor.
Dios Todopoderoso tenga misericordia de nosotros,
perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
Por Jesucristo nuestro Señor.
A ver... -Amén.
El Señor esté con vosotros.
-A mí me vendría muy bien.
La bendición de Dios Todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre vosotros.
Podéis ir en paz.
-Demos gracias al Señor. -Ojalá.
Vuelve al dormitorio, Miguel. Así descansas un poco.
-Gracias, padre.
Si ves que me enrollo mucho, no me esperes.
Nos vemos en el hostal. Te veo allí para comer.
Guapa.
-Qué mono esto.
Huy, qué divino.
Buenos días, padre Manolo.
¿Qué hace aquí?
No puede entrar en la sacristía.
Soy hermana de su antiguo alumno, Ignacio Rodríguez.
No puedes estar aquí.
¿Es que no se acuerda de Ignacio?
Por aquí han pasado muchos alumnos.
Pero como Ignacio pocos, estoy segura.
Le traigo un importante mensaje suyo.
Que venga a dármelo él mismo.
No puede,...
murió en un accidente.
Lo siento.
Y ahora, por favor, váyase.
Váyase.
Escóndete. Ya está todo.
Escóndete. Que viene.
Ignacio...
Te dije que te fueras. ¿Qué haces aquí?
Lo mismo que usted,
recordar a Ignacio.
Vete.
Tenemos que hablar, padre.
Será solo un momento, se lo aseguro.
Di lo que sea y vete. No quiero que te vean.
¿Vamos a hablar a oscuras?
No importa. Estoy acostumbrada a trabajar en la oscuridad.
¿Qué quieres?
Una vida mejor...
y un cuerpo mejor.
¿Y yo qué tengo que ver con esas mejoras?
Usted podría ayudarme a financiarlas.
No creo que Ignacio haya muerto
ni que tú seas su hermana.
¡Ni siquiera creo que seas una mujer!
¿Me está encerrando?
No quiero que nadie entre por equivocación.
¿Quieres decirme de una vez a qué has venido?
Muy bien. Iré al grano.
Es un relato de Ignacio.
Sí, Ignacio siguió sus consejos y continuó escribiendo.
Tengo un amigo, una cerda,
que trabaja en "Diario 16"
y que está interesada en publicar este relato.
Pero antes quería que me diera su opinión,
porque además de haber sido profesor de Literatura de Ignacio,
usted es uno de los protagonistas de esta historia.
Lea aquí.
"Cada mes, a los que formábamos el cuadro de honor,
o sea, a los que sacábamos mejores notas,
nos premiaban con un día entero en el campo".
"En esas ocasiones,
nos acompañaba nuestro profesor de Literatura,
el padre Manolo".
(Guitarra)
# Moon River,
# no te olvidaré.
# Yo no me dejaré
# llevar
# por el agua,
# agua turbia
# del río de la luna
# que suena al pasar.
# Río y luna,
# dime dónde está,
# mi Dios, el bien y el mal,
# decid.
# Yo quiero
# saber
# qué se esconde
# en la oscuridad
# y tú lo encontrarás. #
¡No!
¡Ignacio!
Ignacio.
"Un hilo de sangre dividía mi frente en dos".
"Supe que con mi vida ocurriría lo mismo,
siempre estaría dividida
y yo no podría hacer nada para evitarlo".
(Puerta)
Ábrame, padre. Soy yo.
¿Qué ocurre? Ha habido un robo.
¿Dónde? En la capilla.
Ha debido ser después de su misa.
¿No ha echado nada en falta?
No.
El cáliz, la patena, la jarra, las vinajeras...
Tiene que aparecer todo. No.
Que no corra la noticia entre los chicos.
Muy bien, padre.
Y que nadie me moleste, excepto usted.
Muy bien, padre.
Este debe ser el padre José, ¿no?
Ignacio le odiaba.
¿Sigue pegándole a los alumnos?
¡A Ignacio nunca le puso una mano encima!
No. No, ese era privilegio del director.
Resumiendo, quiero un millón en metálico.
De lo contrario, "Diario 16" publicará íntegro este relato.
Yo no tengo un millón de pesetas, y menos en metálico.
Pero puede conseguirlas.
Si no le importa, ya me voy.
Ya he dicho lo que tenía que decirle.
Siga leyendo, lo mejor viene ahora.
La llave. Espera.
Espera que termine el recreo.
Será solo un minuto.
Así que has venido a chantajearme.
Dile a Ignacio que sobrevalora estos folios. Son pura basura.
La basura está en alza, padre.
Usted y yo formamos una pareja muy comercial.
Y eso lo sabe mejor que nadie el editor del "Diario 16".
No estás en posición de amenazar a nadie.
Digas lo que digas, la gente me creerá a mí.
La gente ha cambiado.
Estamos en el 77.
Esta sociedad valora más mi libertad que su hipocresía.
Si tan mal tratamos a Ignacio, ¿por qué volvió?
¿Por qué no nos denunció o se cambió de colegio?
Volvió porque se había enamorado...
de un compañero suyo.
Enrique Serrano.
¿Le recuerda?
Sí.
¿Te importa que siga leyendo?
"En el colegio se celebraban muchas fiestas,
la más importante era la del día del Padre Director".
"Ese día se organizaban campeonatos deportivos,
actos religiosos y comíamos un menú especial".
Vete para acá. Samuel.
Samuel.
Padre Fidel.
Al padre Adolfo. Venga, al padre Jorge.
Padre Joan. Venga.
Ven aquí.
Guille. Ven para acá. El padre Mauricio con nosotros.
¡Venga, hala!
(CANTAN)
Acompáñame, Ignacio.
Vamos, Ignacio.
Aún no he acabado de comer.
Así cantarás mejor.
¿Te sabes la nueva letra?
Sí, tengo la chuleta que me entregó el padre Manolo.
Llámale padre director.
Desde hoy, es el director del colegio.
Ya lo sé. No me respondas.
Cuando la estés cantando, mírale siempre a él,
como si no hubiese nadie más en el refectorio.
¿Me has entendido?
Sí.
"El Padre José me colocó en el centro del refectorio".
"Yo me sentía extraño frente a tantos curas
bebiendo y comiendo y tenía un poco de miedo,
aunque todos me miraban con simpatía,
excepto el padre Manolo,
que parecía a punto de llorar".
Y ahora,...
padre José Manuel,...
como regalo de cumpleaños, Ignacio va a cantarle
una de sus canciones favoritas:
"Torna A Sorrento".
La nueva letra, "Jardinero",
la ha escrito el mismo padre José Manuel,
ayudado por un servidor.
Cuando quieras, Ignacio.
# Jardinero, jardinero.
# Noche y día entre tus flores,
# encendiendo sus colores
# con la llama de tu amor.
# Vas poniendo en cada cáliz
# la sonrisa de tu anhelo,
# con los ojos en el cielo
# donde tienes tu ilusión.
# Y tus flores, jardinero,
# de corolas encendidas
# que al unirse agradecidas
# te embalsaman
# con su olor.
# Sigue tu labor
# cultivando las flores
# que a tus amores
# confió
# el Señor. #
Yo pensé que te caía mal.
¡Qué va! ¡Al revés!
Como cada vez que te miraba, tú mirabas hacia otro lado.
Es que me ponías nervioso.
¿Y ya no? No.
"Pase, pase".
-"¿En qué puedo servirla?".
-"¿No me reconoce, madre?".
"¿Tanto me ha cambiado el mundo?".
-"¡Madre Soledad!".
"¿Qué viene a hacer aquí?".
-"Vengo a quedarme". -"¿A quedarse?".
¡Qué guapa es Sara! "¿Como qué?".
-"Como la última de las hermanas".
-"¿En esta casa?".
"No".
"Nunca".
-"Ha pasado mucho tiempo
y quién puede recordar si hice algo que no debía haber hecho".
-"No es posible".
"No es Dios quien la rechaza".
"Soy yo,
en nombre de mi orden".
(ALGUIEN TOSE)
¿Qué te pasa? No puedo dormir.
Yo tampoco.
Lo que hicimos en el cine no estuvo bien.
A mí me gustó.
Y a mí.
Pero creo que fue pecado y Dios nos va a castigar.
¿Dios?
Yo no creo en Dios.
¿Entonces en qué crees? Soy hedonista.
¿Y eso qué es?
A los que les gusta pasárselo bien.
Lo leí en la enciclopedia.
(Puerta abriéndose)
¿Qué te pasa?
¿No oyes algo?
El padre Manolo.
¿Me abrís... o tiro la puerta abajo
para que todo el colegio se entere de lo que hacéis?
(GOLPEA LA PUERTA)
Ignacio.
Sé que estáis ahí.
Os he visto los pies.
Os estoy oyendo respirar.
Ignacio.
¡No hacemos nada!
¡Ah!
Vete.
Ya me ocuparé de ti.
No pienso dejar a Ignacio solo con usted.
Pero ¿cómo te atreves?
Sal de aquí inmediatamente.
Enrique, por favor.
Haz lo que te dice.
Ven aquí.
¿Qué hacíais encerrados?
Nada.
¿Nada?
Se lo juro, padre.
Entonces, ¿por qué os encerráis?
Vamos.
Acompáñame a la capilla.
"Hoc est enim corpus meun".
La campanilla.
¿En qué estás pensando?
"Pienso que acabo de perder la fe, y al no tener fe,
ya no creo en Dios
ni en el infierno".
"Y si no creo en el infierno, ya no tengo miedo".
"Y sin miedo, soy capaz de cualquier cosa".
Vamos a olvidarlo, Ignacio.
Aunque quisiera, no podría seguir enfadado contigo.
Prométeme que lo que ha ocurrido esta noche no volverá a ocurrir.
¿Y Enrique?
¿Qué pasa con Enrique?
¿Le va a castigar?
Debería expulsarlo.
Seguro que fue él quien te llevó al baño.
No.
Fui yo.
No llores, Ignacio.
Enrique es muy mala influencia para ti.
Y yo solo quiero tu bien.
Si no le echa, haré lo que usted quiera.
Calla.
Calla.
"Me vendí por primera vez en aquella sacristía
para evitar la expulsión de Enrique,
pero el padre Manolo me engañó".
"Y me juré a mí mismo que algún día cobraría esa deuda".
¡Abajo!
¡Arriba!
¡Abajo!
(Silbato)
¡En pie! ¡Poneos de pie!
¡Manos en la nuca!
¡Y uno!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
Vamos, que se va La Viajera. ¡Cambio! ¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
¡Cambio!
Me alegro de que hayas venido.
Estás mucho mejor sin barba. Gracias.
¿Qué haces?
Estoy leyendo por segunda vez tu relato.
¿La primera vez no te gustó? Claro que sí, hombre.
¡Mucho! Mira cómo lo tengo.
No he podido evitar tomar notas. Deformación profesional.
No importa, esta copia es tuya.
Gracias.
Bueno, pues a ver cómo te lo digo.
Creo que en esta historia hay una buena película...
y que me gustaría dirigirla.
¿De verdad?
¿No te estás quedando conmigo?
No, con el trabajo nunca bromeo.
Antes me gustaría saber cuánto me vas a cobrar por los derechos.
No.
¿Qué derechos, tío?
¡El cuento es tuyo!
¡Haz con él lo que te salga de la polla!
¿Es verdad que te ha gustado?
Bueno, reconozco que cuando me dijiste
que te habías inspirado en nuestra infancia me dio como aprensión,
pero me ha impactado mucho.
Cómo me alegro, tío.
Recuerda que soy actor y que quiero dejar el grupo Abejorro.
Ya, ya lo he pensado.
Yo te veo ideal como Enrique Serrano,
desnudo en la cama, con la carta de Zahara en la almohada.
¿Enrique Serrano?
Casi que preferiría el papel de Zahara.
¿Zahara tú?
¡Estás loco!
¿Por qué? Hombre, pues...
porque estás demasiado fuerte. No das el tipo.
¡Martín, ya tenemos historia!
Pero puedo reducirme, puedo caracterizarme.
Vengo del teatro. Estoy acostumbrado.
Como Robert de Niro.
Haz fotocopia del original.
¿"La visita"?
Sí.
Ignacio y yo nos vamos a poner con el guion.
Ya que lo vas a dirigir, escríbelo tú,
así lo adaptas a tu rollo. Muy bien, Ignacio.
Ángel. Deberías de empezar a llamarme Ángel.
Si no, no te vas a acostumbrar.
Ángel.
Un momentito.
Esperad un momentito. Ven.
¡Hasta luego, tíos! ¡Hasta luego!
Hola, ¿qué hay?
¿Te importa conducir?
Estoy regular.
Lo raro es que te mantengas de pie. Con todo lo que te has metido...
Había que celebrarlo, ¿no?
¡Creí que íbamos a hablar del proyecto!
Ya hablaremos.
Tenemos tiempo.
(Canción en italiano)
¿Te acuerdas?
¿De qué?
Nada.
Estás muy pasado, ¿eh, tío?
¿De qué me tengo que acordar?
De nada, hombre.
Tira por ahí.
¿Todo esto es tuyo?
No, hombre, no. Acabo de alquilarlo.
No te asustes, dentro está todo manga por hombro.
¿Nos bañamos?
Hombre, a ti te vendría bien.
¿Qué tal está el agua?
Está esperándote.
¿Me pasas un cigarrillo?
Cuando insinuaste hacer de Zahara no era en serio, ¿verdad?
Completamente.
En cuestiones de trabajo tampoco bromeo.
Entonces no hablemos de trabajo.
¿Qué haces?
¿Te quedas a dormir o vuelves a Madrid?
Si quieres, me quedo.
Pero, hablando de cuerpos,...
si te parezco demasiado tío, puedo reducirme.
Soy muy flexible, puedo hacer lo que me pidas.
Me desconciertas, Ángel.
Eso ya me lo has dicho.
Tú también me has dicho antes lo de reducirte.
En vez de repetirnos, ¿por qué no hablamos claro?
¡Más claro no te lo puedo decir!
Soy actor.
He estado tres putos años
haciendo mierdas con el grupo Abejorro.
Esta es mi primera oportunidad
de hacer un papel de la hostia y no la dejaré escapar.
Zahara no te va.
No, a primera vista no,
pero dame tiempo.
Tú eres un buen director
y yo estoy dispuesto a todo.
Solo ten confianza en los dos.
Lo he intentado,...
pero no puedo confiar en ti.
¿Por qué?
Por mucho que te miro, no reconozco al Ignacio que conocí.
Al que le encantaba "Cuore Matto" y tantas otras cosas.
Mis gustos han cambiado.
¿Es eso lo que te molesta?
No.
La gente cambia con el tiempo.
Tú no.
Simplemente tú no eres Ignacio.
¿Quién coño te crees para decidir quién soy?
¿Eh?
Pero ¿cómo te atreves?
¿Por qué no soy Ignacio?
¿Porque no recuerdo una canción que ya no oigo?
Aparte de eso. ¿Porque no te como la polla?
Si hubiera seguido siendo como aquel niño,
ahora estaría muerto.
Pues yo ya lo estoy.
Muerto de cansancio.
Me voy a la cama.
¿Tú qué haces?
No sé.
Dime tú.
¿Que te diga qué?
Si voy o no a hacer el papel de Zahara.
¿Depende de eso que te quedes?
No.
Pero si no hago ese papel, no hay película.
Entonces no sé qué coño
estás haciendo aquí, calientapollas.
Lárgate.
En mala hora se me ocurrió volver a verte, maricón de mierda.
"Una mujer se tira a un estanque de cocodrilos hambrientos
en un parque zoológico a la hora de mayor afluencia".
"Cuando le atacó el primer cocodrilo,
la mujer se abrazó a él, dicen los presentes".
"Los cocodrilos engulleron el cuerpo de la mujer,...
que no se quejaba,
en pocos minutos".
¡Qué muerte tan horrible!
Pues ya ves,...
ella ni siquiera abrió la boca.
¿En qué piensas?
En los cocodrilos hambrientos.
(Música)
# Soy del bazar # de un gran modisto
# famoso en París.
# La maniquí # que viene a España,
# hermoso país,
# con mi elegancia a propagar
# las novedades del bazar.
# Y yo voy con los madrileños # a flirtear.
# Maniquí.
# Maniquí.
# Veleta,
# coqueta, nací.
# Maniquí.
# Maniquí.
# Soy fría, muy fría, de aquí. #
Hola. Hola, pasa.
Hombre, el periodista.
¿A qué has venido,
a hacerme una entrevista?
No.
Bueno, sí.
¿En qué quedamos, guapo?
Es que no soy periodista, soy actor.
Ah...
Y me gustaría que me ayudaras a preparar un personaje.
¿Y qué personaje?
Un travesti que imita a Sara Montiel, entre otras.
Ese soy yo, ¿y por qué no me dan el papel a mí?
Hombre, porque tú no eres un actor, tú solo eres un maricón.
Tú lo que tienes que aprender es a tener buenos modales,
porque ese no es modo de tratar a una chica.
Vale, perdona.
¿Entonces qué? ¿Me enseñas?
¿Y con qué me vas a pagar tú, tesoro?
Ese es el tipo de cosas que tengo que aprender.
(Puerta)
-¡Dos minutos, reina! -Luego hablamos.
Ahora tengo que salir.
Todo lo que haces me viene muy bien.
Me alegro.
Vale, hasta luego. Adiós.
Ortigueira a 6 kilómetros.
Hola. Hola.
¿Qué quieres tomar? Una cerveza.
Perdona la curiosidad. ¿Cómo ha llegado ese mechero a tus manos?
Porque tú no eres de aquí. Se lo robé a un amigo.
Su familia vive en este pueblo.
No sé si le conocerás. Se llama Ángel Andrade.
Sí. Bueno, ese es su nombre artístico.
Claro que le conozco. Ah, ¿sí?
Sí, mucho. Qué bien.
¿Quién es?
Enrique, un compañero de Ignacio del colegio.
¡Váyase o llamo a los guardias!
-Oiga.
¿Es usted Enrique Goded?
Sí.
Soy la madre de Ignacio.
Encantado de conocerla, señora.
Anda, pasa. Gracias.
Perdona a mi cuñada.
La que está mala del corazón soy yo,
pero la que se asusta es ella. No tiene importancia.
Ignacio me habló mucho de ti.
Éramos muy buenos amigos. Lo sé.
La última vez que vino a verme, te escribió una carta.
¿Una carta? Yo no he recibido nada.
Te estoy hablando de hace más de tres años.
No sabía tu dirección y la mandó al Ministerio de Cultura.
Entonces no me extraña.
Cuando nos la devolvieron, él ya había muerto.
Pero vamos al comedor.
Es mi hijo Juan,
el pequeño.
Hace teatro.
Se ha cambiado de nombre.
Dice que Juanes ya hay muchos.
Pretende que hasta yo le llame Ángel.
Me gustaría ver la habitación de Ignacio.
Pues la verdad es que habitación, habitación, no tengo.
Cuando él venía, le gustaba quedarse en el desván.
¿Quiere que le echemos un vistazo?
¡Vamos para arriba!
Juan lo quemó todo:
los cuadernos, la ropa...
Solo dejó esas revistas.
¿Y no queda nada de lo que escribió Ignacio?
No.
¡Qué lástima!
¿No serás tú también de alguna editorial?
No.
¿De qué editorial?
Poco después de morirse Ignacio,
vino un hombre que se ocupaba de publicar
a chicos jóvenes en una editorial.
Bueno, o eso decía él.
Quería los relatos de Ignacio, alguien se los había recomendado.
¿Y no recuerda su nombre o el nombre de la editorial?
No. Insistió mucho.
Tuve que decirle la verdad, que Juan lo había quemado todo.
Y entonces me pidió hasta la dirección de Juan.
Yo le di una falsa, claro.
Yo creo que ese hombre estaba medio loco.
Es la carta de Ignacio.
Se salvó de la quema
porque nunca le dije a Juan que nos la habían devuelto.
Muchas gracias, señora.
No juzgues mal a mi Juan.
Es un buen hijo,...
pero le afectó mucho la muerte de su hermano.
Él fue quien lo encontró.
"Querido Enrique".
"Por fin sé algo de ti".
"Me he enterado por la prensa".
"Has dirigido tu primera película, tío".
"Aunque sea en plan 'underground'".
"Si el cinéfilo era yo...".
"Te alegrará saber que sigo escribiendo".
"Te mando un relato que quedaría divino en cine".
"Me lo inspiró el padre Manolo".
"Me lo encontré el otro día por la calle,
en Valencia".
"Ahora estoy en casa de mi madre de visita,
pero vivo en Valencia".
"He investigado y ya no es cura".
"Se hace llamar por su primer apellido,
o sea, señor Berenguer".
"Trabaja en una editorial, está casado y tiene un niño".
"Pensé: 'Está pidiendo a gritos un chantaje'".
"Así que escribí 'La Visita', el relato que te envío".
"Léelo, por favor".
"En este momento de mi vida, ya te explicaré,
necesito dinero y voy a sacárselo a este hijo de puta".
"Tiene una deuda grande conmigo...
y ha llegado el momento de pagarla".
"Escríbeme y te cuento el resto de la historia".
"No te pido nada, Enrique,
solo saber de ti".
"Esta historia solo puedo compartirla contigo".
"Te quiero".
"Tu Ignacio".
(Timbre)
Ya voy yo.
¿Qué haces aquí?
He venido a pedirte perdón.
Tengo que darte tus calzoncillos. Te los dejaste el otro día.
Ah, gracias.
Siento mucho lo que te dije, Enrique.
Lo retiro todo.
Si te sigue interesando "La Visita", es tuya.
Hazla con quien quieras y como quieras.
Estás más flaco, ¿no?
Sí. Me lo estoy currando que no veas.
Todavía quiero perder más. También estoy dando clases.
¿Clases de qué?
De pluma.
Estoy con la mejor imitadora de Sara Montiel.
Actúa en el "Bámbola", un club de ambiente.
También trabajo allí de camarero,
así puedo estudiar de cerca a las locas.
Por lo que veo, sigues pensando en Zahara.
Sí. Enrique, solo te pido una prueba.
Gracias.
Ah...
¿Lo tenías tú? Sí, también te lo olvidaste aquí.
Ah.
Ignacio, me gustaría... Hasta que no me llames Ángel
no creeré que me tomas en serio como actor.
Ángel, no dudo que seas buen actor,...
y ahora menos que nunca.
Entonces, ¿me haces una prueba?
"La prueba funcionó, durante varios meses,
lo suficiente como para que me lanzara
al abismo del rodaje de "La visita",
como la mujer que se lanzó a los cocodrilos
y los abrazaba mientras se la comían".
Has cambiado el final, ¿no?
Sí.
"La visita" no puede tener un final feliz como tu relato.
¿Por qué?
No me creo que Zahara salga del colegio sin más.
Es demasiado peligrosa para los curas,
y ya sabemos cómo se las gasta la Iglesia.
Pero este final es muy "heavy", tío.
Para ti como actor es mucho más lucido que el otro.
¿Tú crees? Claro.
"Rodé 'La Visita' como homenaje a Ignacio".
"En su carta me decía que le encantaría verla en cine".
"Y para descubrir el enigma de Juan".
"Juan me permitió que le penetrara con frecuencia,
pero solo físicamente".
"Estábamos a punto de terminar el rodaje
y su misterio seguía intacto".
"Hasta que el último día,
recibimos una visita".
¡Silencio! ¡Chist!
Y...
Motor...
¡Rodando!
-"La visita". 91, 1, primera.
¡Zahara, tesoro!
¡Acción!
Los niños están en clase, y yo, hartita de discutir.
¡Déjeme salir!
¿Quiere raptarme?
¡Abra de una vez!
Tengo que mear,
comprar cigarrillos,
drogarme...
Aunque consiguiera el dinero,
¿cómo puedo saber que no volverás a hacerme chantaje?
Nunca estará seguro.
En eso consiste mi venganza.
Abra o empiezo a chillar.
Yo quería a Ignacio.
A un niño de diez años no se le quiere,
se le acosa, se abusa de él.
Le quería.
(Puerta)
¡Ábrame por favor,
estoy encerrada!
Amenaza con denunciarnos.
Pide un millón a cambio de su silencio.
Si le da una sola peseta, será el cuento de nunca acabar.
Sabía que volveríamos a vernos, basura.
¿La conoces?
Usted le conoció mucho mejor que yo.
Es Ignacio Rodríguez.
Ignacio...
No puede ser.
Hay que acabar con él.
Es un peligro para toda la Congregación.
(BALBUCEA)
Quiere decirnos algo.
Sí, que le soltemos.
(TOSE)
Si me van a matar,...
quisiera confesarme antes.
Confesarte de qué.
Por tu culpa estamos en un callejón sin salida.
"Ego absolvo pecatis tuis".
"Pecata nostrum". Usted mantenga la calma.
Me ocuparé de hacer desaparecer el cuerpo.
¿Cómo?
Mejor será que usted no sepa nada.
Ha sido en defensa propia, padre.
Nos hubiera hecho la vida imposible.
Sí.
Supongo que sí.
Además, no tenemos testigos.
Dios.
Sí, pero Él está de nuestra parte.
¡Corta!
-Hemos cortado, chicos.
Esta está bien. ¿Qué otra te he pedido?
Ponme la uno también.
Muy bien, chicos.
No, no, no, no. Está muy bien.
Está muy bien.
¿Te pasa algo, Ángel?
No.
Nos vemos después.
-Ha estado muy bien.
(Puerta cerrándose)
¡Deje eso! ¿Quién es usted?
Soy el malo de tu película.
El padre Manolo.
Señor Berenguer.
Ya no soy padre ni de mi propio hijo.
Lárguese.
Me he enterado por una revista que estabais aquí.
(TOSE)
Váyase a tomar un vaso de leche con miel
y una aspirina, y déjeme en paz.
Tengo mucho que hacer,
no puedo perder el tiempo con usted.
¿Ni siquiera para saber cómo murió Ignacio...
ni quién le mató?
¿Y si coincide con tu película?
Diga lo que sea y márchese.
(TOSE)
Yo vivía en Valencia.
Trabajaba en una editorial que publicaba a autores jóvenes.
Hace más de tres años, me llegó un relato titulado "La visita".
Lo firmaba Ignacio Rodríguez.
Le llama Ignacio Rodríguez.
Sobre la Antología de Escritores Noveles.
Su relato no ha sido seleccionado.
Sí, pero insiste en hablar con usted.
Lo tiene en la línea.
-"¿Señor José Manuel Berenguer?". Sí.
"Padre Manolo me gustaba más". ¿Perdón?
¿Es usted el autor de "La visita"? "Sí".
Han desestimado incluirla en la edición de "Relatos 80".
Lo siento. "Usted y yo tenemos que hablar".
No creo. Yo no tengo más que decirle.
"Pero yo sí".
"Estudié en el Colegio San Juan".
"Usted era mi profesor de Literatura...
y estaba locamente enamorado de mí".
"Recuerdo cómo me abrazaba por la espalda
mientras me declaraba su amor".
"No puedo creer que lo haya olvidado".
"Recuerdo cada uno de los botones de su sotana
clavándoseme en la columna vertebral".
"¿De verdad lo ha olvidado?".
"Le espero en mi casa a las 19:00".
"La dirección viene en el remite, padre Manolo".
(Pitido)
"Empuje la puerta".
"Está solo atrancada".
(Timbre)
"Aquél no era el Ignacio que tú y yo amamos".
Hola, señor Berenguer.
Soy Ignacio.
Pase, por favor.
Sí, soy yonqui, pero quiero dejarlo,
pensé que usted podría echarme una mano.
Bueno, conozco una clínica.
Yo también, pero es que antes quiero hacerme unos arreglos.
Ya sé que tengo unas tetas divinas, pero lo demás...
En fin, no me quiero enrollar.
Ser mona cuesta muchísimo dinero, padre Manolo.
Creo que con un millón me bastaría.
¿Un millón?
Sí, un millón al contado.
Y no abro la boca, seré una tumba.
Tú no sabes lo que dices.
El acoso sexual está muy mal visto, padre Manolo.
Yo no sé qué pensaría su mujer o su jefe...
No estás en condiciones de chantajear a nadie.
Puedo hacer que te detenga la Policía.
Muy bien. Usted llama a la Policía y yo llamo a su mujer
y a los medios de comunicación.
Para hacer chantaje no se puede estar tan indefenso.
Y te aseguro que sé de lo que te hablo.
Juan, vuelve a tu habitación.
Quiero ver la televisión.
La verás luego, estamos hablando de negocios.
Por mí puede quedarse.
Ya, ya me imagino.
Es mi hermano, está aquí para cuidarme,
al menos esa es la idea de mi madre.
Soy el señor Berenguer.
Un millón y no se hable más.
¿Prefieres que le llame Juan...
o Ángel?
Y convertí el chantaje en una inversión.
Cuatro. Cuatro.
No, no me mates.
Seis.
Cinco otra vez. Voy de cinco en cinco.
"Los visitaba con frecuencia para poder seguir viendo a Juan".
Me trae suerte el rojo. A ver...
Uno, dos, tres, cuatro, cinco.
¿Se acuerda de don Narciso, el nazi?
Le encantaban mis ilustraciones. Mire esta.
Y hay otra. Mire.
Esta abstracta es preciosa.
Y esta...
"Hijos de España". Te he traído esto.
"A Ignacio le entretenía con pequeñas cantidades de dinero...
y le daba largas".
(Música)
"A Juan le deseaba...
cada día más".
(Timbre)
Hola. Hola.
¿Ha traído la pasta? Solo puedo darte 50 000.
Me dijo que me traería el millón. No.
Te dije que hoy me comunicaban si me concedían el crédito.
La respuesta es sí,
pero tienen que comprobar los avales.
Dame tres semanas más para el papeleo.
Pero ¿cómo voy a darle tres semanas?
Soy una yonqui, ¿no se ha dado cuenta?
En tres semanas, puedo estar muerta.
¿Te vas de viaje?
¡Pues claro!
Quiero ver a mi madre antes de internarme.
Odio que me vea con estos dientes. Usted tiene la culpa.
No seas injusto, Ignacio,
yo hago lo que puedo.
Pues haga más.
Estaré fuera una semana.
Cuando vuelva, quiero ver ese millón.
Si no, aténgase a las consecuencias.
Estoy harta de que me dé largas. Les meteré más prisas, pero...
(Agua)
Padre.
¡Chist!
¿Eh? Vamos.
¿Te ayudo?
Sí. Coja la Olivetti, que es lo que más pesa.
Casi lléveme esto también, ¿eh?
Pare ese taxi.
Taxi.
Hasta luego, padre.
Hasta luego. Abra aquí, por favor.
El fular.
(Timbre)
Oh, perdón.
Venía a por mi fular, he debido dejármelo por aquí.
Hostias, qué suave.
Seda.
Es tuyo.
En realidad, lo dejé aquí para ti.
Córtate, tío, que yo no soy Ignacio.
Afortunadamente...
¿Qué hora es?
Las 12:30.
¿No te ha dado nada para mí?
¿Ignacio? No.
¡Joder!
Es el último día de pago en mi academia.
¿Estudias?
Sí, Arte Dramático.
Soy actor.
Va a su rollo.
Sabe que hoy tengo que pagar la mensualidad y no me da nada.
Naturalmente, le pagué la Academia.
Aunque no se lo dije a Ignacio,
el banco me había concedido un crédito de dos millones.
Saqué el primer millón del crédito,...
le dije a mi mujer que iba a un congreso al extranjero.
Se lo creyó.
Me imagino que esto no te interesa.
No.
En absoluto.
¿Cómo murió Ignacio?
La semana que Juan y yo pasamos solos,
fue la más feliz de mi vida.
Todos los días le compraba algo:
"Ropa, un walkman, una cámara de Super-8...".
"Yo disfrutaba con los regalos más que él".
Quítate la camisa.
¡Quítate la camisa, anda!
Ahora me toca a mí. No.
Ahora quítate la camiseta y muéstrame tu pitote.
Si me vas a filmar la polla,...
no me saques la cara.
Demasiado tarde, tío.
¡No puedo!
Tú, dame pasta. Tengo un mono que te cagas.
¿Cómo está mamá? Le dio otro infarto.
Pero ya está bien. ¿Qué?
La que está mala soy yo.
La pasta.
Más. No tengo más.
Quiero ver ese millón aquí cuanto antes.
Y no me venga con que no tiene.
Se acabaron los plazos y los regalitos.
¡Mamá!
-"¿Cómo estás, Juan? ¿Ha llegado ya Ignacio?".
Sí, sí. ¿Qué ha pasado esta vez?
Lo de siempre, hijo, pero...
-Me ha robado la paga y acababa de cobrarla.
¿Es verdad eso? -"Sí, hijo mío, sí".
Dile a la tía que le mandaré el dinero.
Juan, me ha prometido que se va a ingresar.
¿Y le has creído?
Sí, sí. Esta vez lo decía de verdad. Lo va a intentar.
"Y tú tienes que ayudarle".
Ayudarle, ¿cómo?
Pues estando con él. No le dejes, Juan.
Prométemelo.
Te lo prometo.
"Oye, ¿te ha dado"
el queso y los chorizos?
-¡Riquísimos!
Mamá, ¿para qué te has molestado?
En Valencia hay comida, no gastes.
-"Son como a ti te gustan, te lo tenía guardado".
"De eso sí que no hay en Valencia".
Vale, gracias.
"Bueno, un beso, hijo". Un beso. Llámame si pasa algo.
"Sí, no te preocupes. Te llamaré". Hasta luego.
¿Dónde está Ignacio?
Le voy a matar.
Fue idea de Juan,...
o mía, no sé...
La única solución era deshacernos de él.
Más o menos lo que acabas de rodar,...
pero no tan violento.
¿Cómo se te ocurrió?
El relato de Ignacio no termina así.
Mientras lo adaptaba,
me enteré de que Ignacio había muerto.
¿Te lo contó Juan?
No.
Lo descubrí yo mismo,...
pero ¿quiere decirme cómo ocurrió?
"Quedé con Juan en el Museo de Gigantes y Cabezudos".
"Él lo tenía todo planeado,...
mucho más de lo que a primera vista parecía".
Yo me encargo de comprar la droga y tú se la das.
¿Por qué yo?
Porque es mi hermano, joder.
No soy un monstruo.
¿O crees que esto a mí no me duele?
Pero ya no hay quien viva por su culpa.
¿Qué haremos después?
Dejar de vernos por un tiempo.
¿Por qué?
Según tú, no va a haber investigación.
Por si acaso.
Es mejor no levantar sospechas.
Yo me iré a cuidar a mi madre, que falta le hará a la pobre.
Cuando la cosa esté tranquila, te llamaré y nos vamos adonde sea.
¿Has traído el dinero?
Sí. No.
¿Y qué hago mientras espero?
Trabajar, ganar pasta. La vamos a necesitar...
¿Y en casa? La situación es insostenible.
Pídele perdón a tu mujer y disfruta de tu hijo.
Dile la verdad. ¿Cómo?
Sí, que has estado con otra persona.
Con otra mujer.
Dame la dirección de tu madre.
No.
No, mejor que no, Manuel.
Así no tendrás la tentación de ir a verme.
¿De qué se ríen estos cabezones?
Se ríen de nosotros.
De mí por lo menos.
Juan compró heroína de una pureza asesina.
Me la dio a mí
y yo fui a la casa de Ignacio.
Solo.
(Timbre)
Esto es lo último que tomo.
¿Qué quieres decir?
Que lo dejo.
Esta vez de verdad.
Antes de arreglarme la cara y todo lo demás,
ingresaré en una clínica de desintoxicación.
Ya he hecho la solicitud.
Me alegro.
Mañana tendrás el dinero.
Eso espero.
Antes del mediodía, ¿eh?
Por si acaso, he escrito dos cartas.
Una para la editorial y otra para tu mujer,
poniéndolos al tanto de todo lo que les has ocultado.
Esas cartas no son necesarias. Dámelas.
Cuando me entregues el dinero. Antes de las doce.
Bonitas, ¿verdad?
¿Qué?
Las tetas...
Sí, sí. Son estupendas.
Gracias.
¿Te ayudo?
No, no.
Váyase.
No me gusta ponerme delante de usted.
Ya está.
Para por aquí.
Nos meteremos en el cine para hacer tiempo.
Es como si todas las películas hablaran de nosotros.
¿Qué haces?
Me voy a casa.
¿No quieres que te acompañe? No. No, mejor no.
Coge las cartas de mi mujer y de la editorial.
Sí.
Si las olvidas, tendríamos problemas.
Sí, arramplaré con todo.
Ya que no nos vamos a ver por un tiempo,...
dame alguno de los Super-8.
Me consolaría vernos follar.
Estás loco.
¿Y si tu mujer los descubre?
Hay que quemarlos.
Yo me encargaré de eso.
Vamos.
Entra en el coche un momento.
No, voy a coger un taxi.
Entonces,...
¿ya no te veo?
Serán solo unos días, Manuel.
¡Taxi!
Llámame lo antes que puedas.
Sí.
Ignacio.
Enrique.
¿Qué pasa?
¿Tú?
Por fin.
Me he enterado que estabais aquí por "Fotogramas".
¿Qué le has dicho?
Todo. (TOSE)
Ya solo me tienes a mí, tesoro.
Tú estás loco.
Te recuerdo que guardo dos cartas de mi hermano
que te acusan de su muerte. Lo hicimos entre los dos.
Las cartas solo hablan de ti.
¡Enrique, espérame!
¡Enrique!
¿Estás bien?
Déjame en paz.
Si vuelves a cruzarte en mi vida, te juro que te mato.
Ahora que te he encontrado, no voy a dejarte.
Vete haciendo a la idea.
¡Mónica!
¿Me lleváis al centro?
Claro. ¿Sí?
Sí, ¿no? No, pero ve delante.
Ah. Gracias. Hola.
¿Quién es ese tío? No sé, buscaba a Enrique.
(Timbre)
"¿Quién es?".
Soy yo.
Devuélveme las llaves.
Tus cosas están en el salón.
Llévatelas.
El taxi se ha ido.
Tendrás que dejarme el coche o llevarme tú a Madrid.
(MARCA)
Buenas noches. Quería un taxi.
Para el chalé de la Avenida del Agua, 11.
Enrique Goded, sí.
Muchas gracias.
Pensaba contártelo todo después del rodaje.
¿Contarme qué?
Que me llamo Juan,...
que soy hermano de Ignacio
y que Ignacio murió hace cuatro años.
Eso ya lo sabía.
Sí, ya sé que lo sabías.
¿Cómo que lo sabías?
Mi madre me llamó para decirme que habías estado en casa.
Supuse que te habías enterado de todo.
Cuando viniste a pedirme la prueba, ¿sabías que lo sabía?
Sí.
¿Y aun así continuaste fingiendo?
¿Y qué iba a hacer?
Yo no te mentí. Tú lo sabías todo.
Yo no lo sabía todo.
Sabía que habías suplantado a tu hermano,
que Ignacio había muerto,
pero no imaginaba que le habías matado.
(Claxon)
Ahí tienes el taxi. Yo no le maté.
Le mató Berenguer porque Ignacio le chantajeaba.
Mientras tú le chuleabas.
El taxi te está esperando.
No sabes lo que es tener un hermano como Ignacio.
No te lo puedes ni imaginar.
Juan...
El taxi te está esperando.
¿Por qué me elegiste, Enrique?
Tú sigues sin verme de Zahara.
¿Me elegiste solo para follar?
No, te elegí por curiosidad.
Quería ver hasta dónde eras capaz de llegar tú...
y hasta dónde podía soportar yo.
Yo soy capaz de mucho más.
Seguro.
No tienes que darme más explicaciones.
No es mía,
es de Ignacio.
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