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- Buenos días, Sr. Durieux. - BUenos días. Qué tiempo tan raro, ¿no?
Sí, es verdad. Su pedido está listo. ¿Sr. Charles?
Voy, voy.
¿Está listo el pedido del Sr. Durieux?
Ya se lo llevo.
- Se lo pago ya. - No. No he preparado la factura.
Ya se la enviaréi. Ahí tiene el pedido.
- Gracias. - De nada.
Solo lo hacemos con los buenos clientes.
No, no se moleste.
El Sr. Charles se lo llevará al coche.
Yo le abro la puerta. Gracias.
- Adiós. Hasta la próxima. - Gracias.
Etienne, ¿te has despertado?
Sí, sí. Ya me encuentro mejor.
- ¿Seguro? - Sí.
Quédate en la cama. Lee un libro.
Es lo que estoy haciendo. He vuelto a leer Madame Bovary.
Si te encuentras cansado, vuelve a dormirte.
- Buenos días, Sr. Laurie. - Buenos días.
-¿Cómo está? - Muy bien, gracias.
¿Quiere seguirme?
Jueves, 21 de febrero de 1963.
He tenido un ataque a las 14:25.
Me acoste inmediatamente.
Duró 30 minutos.
Me dormí a las 14:55.
Desperté a las 15:50.
Sudé mucho.
Comida: chuletillas de cordero, puré de patata.
- ¿Es todo lo que comió? - Tomé una naranja de postre.
¿Quién cocina en su casa?
Rose, nuestra criada. Mi mujer lleva la tienda.
- ¿Su mujer comió lo mismo? - No, el puré no.
No le gustan las patatas.
- ¿Trabaja usted también en la tienda? - Soy representante.
Imprenta y papelería.
Mi mujer heredó la tienda de su padre, y yo busco clientela.
¿Viaja toda la jornada?
Sí.
¿Siempre come en su casa a mediodía?
Sí. Salvo cuando estoy lejos de casa.
- ¿Y en esos casos? - Busco un restaurante.
Muy bien. Voy a examinarle.
Quítese la chaqueta, el chaleco y la corbata.
¿Dice que comenzó a anotar lo que come hace más o menos un mes?
Sí. Desde el 15 de enero.
¿Se había sentido mal antes?
Sí. El 1 de diciembre. Lo recuerdo muy bien.
¿Lo anotó en un calendario, una agenda?
No, es que todos los años, el 1 de diciembre hay un tiovivo
que se instala delante de mi casa.
Se queda hasta el 15 de marzo.
Tuve el primer ataque el 1 de diciembre después de cenar.
- ¿Llamó entonces a un médico? - Sí.
Al Dr Maresco. Vive a 100 metros.
Dijo que era una indigestión.
- Me hizo beber agua mineral. - Abra la boca.
Y la lengua.
Descríbame los ataques con la mayor precisión posible.
Comienzan con dolores en el vientre.
Después tengo náuseas.
Me pongo a sudar.
La cabeza me da vueltas y... luego la garganta.
Un calor en la garganta que pasa a ser quemazón,
hasta que vomito.
¿Volvió a ver a su médico tras el primer ataque?
Sí. Me recetó un calmante gástrico.
No valió de nada.
Tuve otro ataque dos semanas después.
El Dr. Maresco es joven.
No tiene mucha experiencia. No confío mucho en él.
Comenzó hace casi tres meses.
¿Cuantos ataques ha tenido en total?
Seis o siete.
Sí, seis o siete.
¿El último fue ayer?
Sí. Por eso me he decidido.
¿Le aconsejo su mujer venir a verme?
No.
A menudo son las mujeres las que aconsejan a su marido.
No. Ella no sabe que estoy aquí.
Suelo pasar por este barrio. Vi su placa.
- ¿Sí? - Sí, le escucho.
Soy yo, Louise.
Sí.
Quería decirte que no te preocuparas.
¿Has tenido otro ataque?
No. No te preocupes.
He estado más tiempo del previsto con un cliente.
Volveré en una hora.
- ¿Vienen esta noche los Leduc? - Sí, claro.
- ¿Seguro que estás bien? - Sí, sí, muy bien.
Puedo decirle al Dr. Maresco que venga si tú quieres.
No. No vale la pena.
- ¿Seguro? - Sí, sí, seguro.
Bien. Hasta luego.
Vale, hasta luego.
- Un vaso grande de agua de Vichy. - Muy bien.
¿Estás arreglándote?
Esto debe haberte costado caro.
- Yo no llego a tanto. - Ya verás dentro de unos años.
Deja de tratarme como una chiquilla.
La chiquilla se alegraba de tener alguien mayor para defenderla en el internado.
Es verdad.
Las mujeres envejecen más rápido que los hombres.
Así es la vida.
Vamos, no les hagamos esperar.
Yo sé lo que me digo.
El servicio militar es inútil.
El año pasado,
lo bajaron de 2 años a 18 meses, y quieren reducirlo aún más.
Así vamos a defendernos.
Ya no hacen soldados, hacen turistas.
Tan seguro como que me llamo Arthur Leduc, jefe del servicio de carnets de identidad
y campeón regional de pinacle en 1959.
Las coles están muy buenas. ¿Las has hecho tú?
Con Rose.
Si es buena en la cocina, tienes que procurar mantenerla.
No es fácil encontrar criadas así.
Ya lo creo.
Ya no saben hacer nada.
Salen de la escuela sin saber coser siquiera.
Todo va de mal en peor.
Es muy buena. Puedo confiarle la casa sin problemas.
Además, se lleva bien con Etienne.
¿Ah, sí?
Cuando pienso en lo mal que me fue con Charlotte...
¿Qué te hacía?
- ¿Quién? - Charlotte.
Te haría, al menos, una charlota de fresas.
Ella no estaba tan mal.
No era buena en la cocina.
Le decías algo y se enfurruñaba.
Con ella no me ponía enfermo.
- ¿Qué te ocurre? - Etienne está mal del hígado este invierno.
Tuve un ataque ayer.
Sería algo que te sentó mal.
Yo creo que te sugestionas.
Son cosas que ocurren dentro de la cabeza.
No pensareis... No sé...
¿que estoy mal de la cabeza?
Si.
Tiens una cabeza muy rara.
No, no te preocupes, esa es toda la enfermedad que tienes.
Tú come bien y tu hígado te dejará tranquilo.
Era como aquel otro. ¿Te acuerdas?
Un colega que se apellidaba Ovejero. Y yo lo llamaba Carnero.
Rose, las coles rellenas estaban espléndidas.
No sé cómo agradecérselo.
- Jugamos contra las mujeres. - Perfecto.
¿Puede venir a casa a prepararnos una deliciosa comida?
¿Era en serio lo de tus ataques? Tienes buen aspecto.
Louise se preocupa por cualquier cosa. No pasa nada.
- ¿Así que jugamos contra los hombres? - Perfecto.
Buenos días.
¿El Sr. Birard?
Buenos días. Soy Etienne Lomel.
Vengo por el puesto de representante.
Ah, veo que ha recibido mi telegrama.
Bien. Buenos días. Veamos.
Imprenta y papelería desde 1922.
Mi padre fundó la casa.
Le presentaré. Venga.
Charles, venga.
El Sr. Etienne Lomel, nuestro nuevo representante.
Theo, Charles.
Encantado, señor. Bienvenido.
- Llámene Etienne. - Buenos días, Etienne. Bienvenido.
Gracias. Buenos días.
Vamos a ver a Pierre, el impresor.
¡Papa! ¿Sabes dónde...?
Perdón.
No, no. Ven, que te presento.
Es Louise, mi hija.
Te presento al Sr. Etienne Lomel, nuestro nuevo representante.
- Quiere que le llamen Etienne. - Buenos días, Etienne.
Señorita.
Si usted es Etienne, yo me llamo Louise.
- Y no soy señorita. - Sí, también tengo un yerno.
Pero no trabaja con nosotros. Es profesor de geografía e historia.
Pero movemos tantos papeles como él.
Bien, vamos, sígame. Vamos a continuar.
- Adiós. - Adiós.
Venga, venga, Etienne.
Pierre, este es Etienne Lomel.
Te quiero.
Te quiero.
¿Por qué no llegaste antes a mi vida?
Cuatro años. Cuatro años no es nada.
No me habría casado con Guillaume.
Afortunadamente, tu amiga Mariette nos sirve de coartada.
- Algo es algo. - Sí.
Pero tenemos que escondernos,
encontrarnos en sórdidos hoteles,
no puedo más.
Te quiero demasiado.
Ven.
¿Qué tal esta noche? ¿Te encuentras bien?
¿No te duele nada?
No, no. Estoy bien.
Tengo suerte de tenerte, Louise.
¿Por qué dices eso?
Porque...
no sé que hubiera sido de mí si no te hubiera conocido.
Hubieras conocido a otra.
Conocer a alguien,
no quiere decir necesariamente que se le quiera.
No es solo conocer,
es el amor.
- ¿Louise? - Sí.
¿Amabas a Guillaume?
¿Lo amabas...
como me amas a mí?
No sé si es momento de hablar de eso.
Nunca hablamos de ello.
Sé muy poco de tu primer marido.
Cuando murió,
apenas hablaste de ello.
Porque no había nada que decir.
¿Fue una enfermedad?
Lo sabes muy bien. Murió de un ataque al corazón.
No sé si te amo como a él. No es cuestión de comparar.
Lo que sé es que te amo.
- Buenos días, Rose. - Buenos días, señor. ¿Ha darmido bien?
Muy bien.
La señora me ha dicho que trajera unos brioches esta mañana.
¿Con qué motivo? Hoy no es domingo.
La señora dijo que seguramente le gustaría.
Es verdad. ¿Dijo eso?
Claro que sí. Créame.
¿Quiere leche, señor?
Sí, como todas las mañanas. ¿Por qué me lo preguntas?
Porque sí.
He leído que esto no siempre combina bien.
¿A qué te refieres?
No es asunto mío,
pero como ha estado mal del hígado,
el café con leche no es recomendable.
Eres muy amable, Rose. No creo que sea por eso.
Además el café solo me pone nervioso.
- La col rellena estaba deliciosa. - Muchas gracias, señor.
- ¿Puedo llevarme el café? - Sí.
- Volveré a comer a mediodía. - Muy bien.
- ¿Qué cosa rica vas a hacer? - Patatas asadas para usted.
Y para ella col que sobró de ayer.
Bien. Me voy.
¿La señora ya está en la tienda?
No. Tenía que ir a casa de su nueva costurera antes de las 10.
El Sr. Theo ha abierto la tienda.
Bien.
- Hasta luego. - Hasta luego.
- Gracias. - Adiós, señora.
Soy yo.
- ¿Alguna novedad, Theo? - No, nada.
- Buenos días, señora Louise. - Buenos días, Charles.
Creí que no iba a acabar nunca con esa costurera.
Me da cita a horas imposibles. Además llego tarde.
Sí, dígame.
Ah, Mariette, eres tú. Justo acabo de volver.
Justo lo que estaba diciendo.
Se toma su tiempo, pero es una excelente costurera.
Nunca te lo agradeceré bastante.
Espera. Tengo gente.
Te dejo. Hasta luego.
- Rose, ¿eres tú? - Sí, señora.
Me asusté. Creí que era el señor.
- ¿Salió a hacer las visitas? - Sí, señora. No se preocupe.
- ¿Fuiste a ver a Berthier? - No. Lo haré por la tarde.
¿Quieren cambiar el modelo de las facturas?
Sí. Quieren imprimirlo en azul.
¿Está bueno?
Las patatas asadas.
Sí. Deliciosas.
No las comemos a menudo.
La última vez fue...
hace 6 meses.
Tu aún comías patatas.
Y también había ganado unos kilos.
¿Notas el tomillo que llevan?
Es muy aromático.
Rose es muy buena cocinera.
Antes de Rose, estuvo Charlotte.
- ¿Y quién estaba antes de Charlotte ? - Colette.
Y antes de Colette, ya no me acuerdo.
¿Te acuerdas tú?
Perdona. No me había dado cuenta de que me preguntabas algo.
La criada que teníamos antes de Colette.
- ¿Cuando nos casamos? - No. Esa era Colette.
La de antes apenas llegué a conocerla.
Debió marchar al morir Guillaume.
Sí, seguramente.
Ya no me acuerdo.
¿No era Marie?
Sí, quizás. No veo qué importancia puede tener.
No, es solo por hablar.
No me dijiste que tenías una nueva costurera.
¿Seguro? Me extraña.
¿Por qué cambiaste?
La anterior ya no era joven.
Mariette conocía a una nueva.
- ¿Dónde vive? - Cerca del parque Chavigny.
¿Quieres fruta? Rose ha comprado mandarinas.
Para las facturas detalladas,
un modelo como este es más interesante.
Fíjese el espacio que hay.
Y además, se puede reproducir exactamente
el nombre del taller, aquí.
Con los mismos caracteres que tiene en la fachada.
Está bien, sí. No está mal.
Pero me gustaría un color distinto al negro para las letras,
porque el negro no me gusta.
Soy mecánico, no enterrador.
¿Tengo razón o no?
Me parecía que el azul estaría bien para los clientes.
¿No le parece? ¿Azul?
- ¿Todo bien? - Se me pasará.
¿Se encuentra bien?
No es nada. Algo que he comido.
Perdone.
No tiene usted buen aspecto. ¿Cuándo se sintió mal?
Hacia las tres y media.
- ¿Cuándo comió? - Comemos siempre a las 12:30.
- ¿A qué hora terminó? - No sería más de media hora después.
Eso significa un interevalo de 2 horas y media hasta las molestias.
- ¿Qué notó? - Lo mismo de siempre.
Dolor de estómago, ardor en la garganta.
Vomité.
¿Qué había comido?
Ternera con patatas asadas.
¿Su mujer también?
No, ella no tomó patatas.
La criada sí las comió.
Bueno, supongo. Ella suele comer lo mismo que yo.
No es sencillo.
Quisiera hacerle una pregunta, doctor.
¿Qué ocurre si un hombre ingiere regularmente
una pequeña dosis de arsénico?
Depende de la constitución de ese hombre...
y de la dosis, lógicamente.
Sea más explícito, Sr. Lomel.
Mi alimentación...
no podría ser en todo caso,
porque como en mi casa.
De hecho...
nunca enfermo cuando como fuera.
¿Me ha dicho que es la criada quien cocina?
Sí. Mi mujer ayuda a veces. A mediodía tiene poco tiempo.
Debe haber algún análisis que se pueda hacer.
Sí.
La mejor manera de saber si...
si hay envenenamiento,
es hacer análisis de sangre y orina, pero tendría que ser una dosis alta.
Existen trazas de arsénico en casi todos los organismos.
Quisiera hacer esos análisis.
Levántese la manga.
Voy a hacerle una extracción de sangre.
Enviaré las muestras al laboratorio y veremos.
Yo también tengo una pregunta.
- ¿Por qué pensó en arsénico? - Lo he leído en muchos artículos.
¿Ha comprobado si ha perdido peso?
Sí.
No hagamos un drama.
Bien.
Tengo gente aquí. ¿Nos vemos mañana?
De acuerdo. Hasta mañana.
- ¿Quién era? - Una amiga.
- He vuelto a verla, con Mariette. - ¿Has salido con Mariette?
No. Fue en casa de la costurera.
¿Vamos al cine?
¡Los huevos! ¡Los huevos!
¡Marie-Louise! ¡Michelle!
¡Hay que llevar los huevos!
¡El señor está esperando!
¡Hay que terminar los crepes!
¿Qué pasa? No entiendo nada.
¿Comemos los crepes, sí o no?
Estamos bien, ¿verdad?
Louise, quería...
Parece que quieres decirme algo,
pero que no te decides.
¿Por qué no me hablaste de esa amiga que llamó por teléfono?
No lo sé.
Porque no era importante.
A mí me parece que sí.
Todo lo que te concierne es importante.
¿Cómo se llama?
Françoise.
- ¿Está casada? - Sí.
Invítalos, si quieres.
Creo que no salen mucho.
Cenamos y jugamos a las cartas
todas las semanas con los Leduc.
Sería un cambio ver a otras personas.
Sí.
Ya lo veré.
Se lo diré.
Y entonces, el tipo se vuelve y me dice:
"Es un elefante africano".
Hacía años que no comía mejillones.
¿Pero qué dices?
Qué comimos hace un mes en casa de Marcel?
- ¿Qué comimos? - Ah, sí, no me acordaba.
- ¿No tienes hambre? - No mucho, no.
¿Quieres otra cosa? Los mejillones son de la nueva pescadería.
Os garantizo que son frescos.
A mí no me engañan. Yo noto si están pasados o no.
Rose pidió su día libre. Así que he ido yo a la pescadería.
¿Tienes miedo de estar enfermo, Etienne?
Estoy un poco pachucho. Prefiero evitar el marisco.
El Dr. Maresco no te lo ha prohibido.
Prefiero ser prudente.
- Te haré una tortilla. - No. Déjalo.
- Hay que cuidarte. - Non, pero...
Vaya...
Sí que te cuidan.
- ¿Por qué cerraron la puerta? - Para hablar de nosotros.
"Que si el tuyo es así. Que si el mío es asá..."
Te dirá algo, Etienne,
cuando las mujeres cierran la puerta, mal asunto para los hombres.
Te equivocas con los mejillones. Están excelentes.
¿Tú crees que Louise me oculta algo?
¿Qué te iba a ocultar?
¿Te preocupa que hable del nuevo pescadero?
Haces bien en desconfiar.
Los pescaderos no sólo se dedican a vender pescado.
No, estoy de broma.
Por otro lado, qué quieres que te diga.
Estoy seguro de que Mariette me oculta cosas.
- ¿Ah, sí? - Y yo a ella.
El Sr. Leduc no se ha caído de un guindo.
Somos hombres, ¿no? La ocasión hace al ladrón.
Así que yo ni veo, ni oigo, ni sé.
¿Puedo?
Arthur, yo...
quisiera pedirte un favor.
Pero tiene que quedar entre nosotros, porque es una sorpresa para Louise.
Ya sabes que puedes pedirme lo que sea.
Es para su cumpleaños.
Quisiera encontrar a la criada que estaba aquí antes de que nos casáramos.
Como trabajas en la comisaría, para ti debería ser fácil.
Fácil, fácil...
- Necesitaría el nombre. - Marie Thouret.
- Habría que estar seguro. - Estoy seguro, Marie Thouret.
Lo he encontrado gracias a una vecina,
pero ella no tenía su dirección.
Veré a ver.
Prefiero que vayas con ellos.
Si no, van a creer que conspiramos.
No hemos hablado de lacosturera.
Ya le he dicho que todos los organismos contienen arsénico.
Han encontrado trazas en su sangre, pero...
Eso no prueba nada. Sólo son trazas.
Como las que se encuentran en todo el mundo.
Sí, pero yo he vuelto a adelgazar.
Sí. Eso es más preocupante.
Debe haber...
otros análisis.
Sí.
Pero habría que hacerlos antes de una hora tras la ingestión del veneno.
Si es que hay un veneno.
¿Desde cuando está casado?
Desde hace 6 años.
- ¿Tienen hijos? - No.
¿Puedo preguntarle por qué?
Mi mujer no puede tenerlos.
No los tuvo tampoco con su primer marido.
¿Y ella no sabe que ha venido a mi consulta?
- ¿Sales? - Sí, voy a ver a la costurera.
Theo abrirá la tienda. ¿Necesitas algo?
No. ¿No tomas tu café?
Ya lo tomaré con Mariette. Hasta luego.
- Me ha asustado. - Fue sin querer.
- Va a coger frío. - No tengo frío.
- Hay que procurar no enfermar. - ¿Eso te apenaría?
Lo decía porque no tenía buena cara ayer por la noche.
Pensé...
que...
- ¿Que qué? - Que había estado enfermo.
Perdona.
Perdón, Louise. Perdón.
Louise,
te quiero.
- ¿Tienes prisa? - Trabajo para tu padre.
- Y hoy no es... - "Y hoy no es" ¿qué?
- No es nuestro día habitual. - ¿Y entonces?
Y entonces tu marido no trabaja los jueves en el colegio.
Ayer no fue. Está enfermo.
¿Qué le pasa?
No lo sé.
- ¿Ha ido al médico? - Sí.
Al doctor Rivet, él me trajo al mundo.
Papa sólo se fía de él.
- Es terrible estar enfermo. - Sí.
¿Seguro que me amas?
Claro que te amo.
Nunca dejaré que me abandones.
Nunca.
Buenos días.
Si viene a vender libros, pierde el tiempo.
Non. Perdone, busco a la Sra. Thouret. La Sra. Marie Thouret.
¿Para qué la quiere?
- ¿Qué ocurre? - Quiere hablar contigo.
- Buenos días, señora. - Buenos días.
Ahora tiene muchas pesadillas.
Dice que se acuerda de su primer marido, Guillaume.
Yo creo que se reprocha no haber hecho todo para cuidarlo.
No tenía mucho más que hacer. Estaba muy enfermo.
- Creo que era del corazón. - Eso decían.
Pero usted lo veía todos los días,
hasta su muerte.
Le vi caer enfermo, sí.
Per no sabría decir cómo empezó.
Fue adelgazando cada vez más. Eso es lo que yo veía.
Cuando murió, no pesaba más que un niño de 12 años.
Hasta los hombres de la funeraria estaban asombrados.
El Sr. Guillaume era una buena persona.
Al final, ya no podía comer.
Devolvía todas las comidas.
La señora Louise le preparaba todo lo que le gustaba.
Esto es de su boda.
Y aquí el pobre señor Guillaume.
Ahí está normal. Así era antes de la enfermedad.
Nunca creí que estando enfermo del corazón,
se pudiera acabar de ese modo.
Ya no se le reconocía.
¿Podría quedarme esta foto?
Sí, claro.
- Gracias. Adiós. - Adiós.
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
- Quería pesarme, por favor. - Por aquí.
Adelante.
72,2.
- ¿Algún problema, señor? - He perdido peso.
No es grave, cosas que pasan,
pero si eso continúa, consulte a su médico.
- Buenos días. - Buenos días, señor.
Tengo prisa. Espero una entrega esta mañana.
- ¿Qué entrega? - De la Papelera del Sudoeste.
La señora le preparó una sorpresa. Fue a buscarlos esta mañana.
Gracias.
Como te gustaron la otra vez, pensé que te alegrarías.
Bien. Yo me voy.
Hasta luego.
Gracias.
Rose...
Le agradezco no haber dicho a mi mujer lo que pasó el otro día.
No quería faltarte al respeto, Rose.
Amo a mi mujer, ¿sabes?
¿Usted me vio la otra noche,
en el cine?
Sí.
No es la primera vez que me ve con mi novio.
Os quereis.
Hay que quererse.
¿No come los brioches?
Sí.
Lo enviaré urgentemente. El laboratorio me llamará con los resultados.
¿Puede venir mañana?
¿Qué había en su desayuno?
- Café con leche y brioches. - ¿Nada más?
Puse mermelada en los brioches.
Vuelva a casa y acuéstese.
Diga que no se encontraba bien.
Trate de no beber más que agua hasta mañana cuando venga a verme.
Trataremos de resolverlo, Sr. Lomel.
Doctor, ¿es fácil conseguir arsénico?
Así es.
Hemos acordado hacerle un descuento.
- ¿Ah, sí? - El papel tenía unas pequeñas marcas.
Y como es cliente habitual, era lo lógico a hacer.
Perdón.
Etienne, ¿qué te pasa?
- ¿Has tenido un ataque? - No,no, no es eso.
Creo que voy a pillar la gripe. He preferido volver.
Amor mío, ven.
Vas a acostarte.
¿Tienes fiebre?
- No lo sé. - Ven.
Imprenta Birard, dígame.
Sí, bienos días, Sra. Destivel.
Sí, su pedido está listo.
Si lo prefiere, sí. No cuelgue, voy a preguntar.
Theo, ¿puedes hacer la entrega a la Sra. Destivel mañana?
Sí, pero no antes de las 11.
Señora Destivel, mañana a las 11, ¿le parece bien?
Anotado. Muy bien. Adiós.
Podría haberlo dicho antes. Siempre hace lo mismo.
- ¿Te he despertado? - No. No estaba durmiendo.
¿Cómo te encuentras?
- No quieres beber nada. - Prefiero agua de Vichy.
Le pediré a Rose que la compre.
¿Qué quieres comer?
Nada. No tengo hambre.
Tienes que comer, si no vas a debilitarte.
Ya veremos por la noche.
Vas a dejarme comer sola.
Te compensaré cuando me mejore.
¿Sí, dígame?
Sí, buenos días.
No, ahora estoy ocupada.
Sí.
Lo siento mucho.
Sí. Yo también.
¿Quién era, Louise ?
Mariette.
Perdona, creí que era un cliente que esperaba mi visita.
Ah, no, no. No quiero esperar.
No, lo que yo quiero... es a ti,
estar cerca de ti, estar contigo,
estar dentro de ti.
Dentro de ti. ¿Me entiendes?
- Eso es cosa de los alumnos. - Sí, claro.
Seguro.
Me gustaría mucho.
Tengo que colgar. Mi padre quiere usar el teléfono.
Bien. Gracias. Adiós, Jacqueline.
¡No te jode, Jacqueline!
¿Sí?
Salgo, señor. ¿Necesita algo?
¿Podría comprarme una botella de agua de Vichy, por favor?
Muy bien.
¿Louise?
Louise, ¿estás ahí?
¿Señor Etienne? La señora Louise ha ido a Correos.
Ah, sí, es verdad. Perdone.
¿Algún problema?
No. Todo bien, Theo. Gracias.
Perdone otra vez. Perdone.
¿Qué haces? Me asusté al no encontrarte en la habitación.
Buscaba una aspirina.
Miraba entre tus cosas.
No necesitas todo eso para estar guapa.
¿Te has tomado la temperatura?
Ven.
Iré directamente al grano.
Las muestras de ayer indican que ha ingerido una cantidad de arsénico mayor
que las trazas habituales.
Una cantidad que, de repetirse,
produce la muerte de forma lenta y progresiva.
Lo siento mucho, Sr. Lomel.
"Lo siento mucho"...
Sí, ciertamente.
Es lo que mi mujer dijo ayer a su amiga,
porque no podía hablar tranquilamente.
"Lo siento mucho", no es algo que se diga a un amigo.
Se le dice a alguien a quien no se conoce.
¿Qué pretende decirme?
Mi mujer está tratando de matarme,
tal como mató a su primer marido.
Es él.
Guillaume Gatin.
Antes de que enfermara.
Un hombre apuesto, ¿verdad?
Cuando murió no pesaba más que un niño.
Louise envenenó a Guillaume porque tenía un amante,
más joven, más alocado.
Un michacho que la hacía creer que el tiempo no corría,
que la juventud podía durar toda la vida.
Ese muchacho era yo, doctor.
Y ahora hay otro muchacho,
que hace lo mismo.
Louise es bonita.
Siempre querrá serlo.
Hay que tomar una decisión, Sr. Lomel.
Me pregunto...
Me pregunto si Guillaume lo sabía.
Si se dejó asesinar.
Se puede hacer eso, ¿sabe?
Si uno ama muy intensamente.
Muy intensamente.
Estamos en presencia de una tentativa de asesinato.
Mi deber es avisar a la policía.
- Se lo prohibo. - Estoy obligado.
- No hay pruebas. - La prueba es usted.
¿Quien le dice que no he tomado yo ese arsénico por voluntad propia?
Vamos, Sr. Lomel.
Podría estar tratando de suicidarme.
Y haber venido a consultarle para saber si funcionaba.
Le pido que guarde silencio, doctor.
Es mi secreto.
- Un whisky. - Bien, señor.
No. Un cognac. Un cognac.
En copa grande.
¡En copa grande!
Bien, señor.
Es una especie de tugurio. No te apetece entrar allí.
Pero cuando entras, es un coqueto restaurante,
con su chimenea, su pizarra...
- Comimos muy bien, ¿verdad? - Sí, lo recuerdo.
Dime, Etienne, ¿has recuperado el apetito?
Sí, estoy mejor.
Te encontrabas hecho polvo, pero ahora pareces en plena forma.
- ¿Has ido al médico? - No vale la pena.
Decidí que quería vivir.
Los lenguados son del nuevo pescadero.
El puré está delicioso. Una pena que tú no lo comas.
Nunca lo como.
Cuidado, no te pongas malo.
¿Estais contentas con la nueva costurera?
Sí. Mucho.
- Tenemos cita mañana. - Pero si cogí el día libre por ti.
No, no. Mañana voy yo sola.
Eso no está bien. Podrías haber esperado por Mariette.
- Ya he concertado la cita. - Bueno, puedes anularla.
No hay tanta prisa.
- ¿Es un vestido de primavera? - Tengo cita y no puedo anularla.
Caray, debe ser un bonito vestido.
¡Al final me has irritado!
¿Si no quieres que vaya, no voy, y se acabó!
¡Muy listo!
No estuviste muy fino.
- Voy a ir a disculparme. - Deja, está bien.
Mariette se encargará. No pasa nada
Venga, no se hable más.
- No se hable más. - Perdona, cariño, no quería...
Sabemos que es una treta para ganarnos al pinacle.
Pero no cuela.
Tengo que contaros lo de Tardieu.
Ya sabes, Tardieu, el colega de los carnets de conducir.
El tipo tiene muy mala suerte. El otro día, llega a la oficina...
- Buenos días, Rose. - Buenos días, señor.
¿Ah, estás ahí?
¿Por qué me lo preguntas?
Tenías cita con la costurera.
Es por la tarde.
Perdona por lo de anoche.
No sé qué pensabas.
La señora ha vuelto a pensar en usted.
- ¿Has ido a buscarlos? - Sí. Ya ves que no estoy enfadada contigo.
Es una pena, pero no voy a desayunar esta mañana.
Tengo una cita con un cliente para recuperar el retraso.
- ¿Qué cliente? - Uno nuevo. Al menos eso espero.
No volveré a comer a mediodía.
- Tengo que irme. - Toma al menos el café con leche.
No, no. Lo tomaré con el cliente.
- Hasta la tarde. - Hasta la tarde.
- ¿Charles? - Sí, señora.
- Voy a mi cita. - Bien, señora.
Adiós.
¡Cristalero!
¡Cristalero!
- Te llamaré. ¿De acuerdo? - OK.
Gracias.
Etienne. ¡Dios mío! ¿Pero qué has hecho?
No. Son todos esos clientes que tenía que ver.
- Puedes estar contenta. - Ven. Ven.
Tenemos pedidos.
Buenas tardes.
¡Buenas tardes!
Buenas tardes.
Cuidado.
- ¿Comerá aquí a mediodía? - No. Veré a un cliente a la una.
Yo que quería prepararle algo rico. Peor para usted.
Esta noche es mi día libre.
Eres una buena chica, Rose.
- Siento que... - No. No hablemos más de eso.
- ¿Todo bien? ¿Te encuentras mejor? - ¿Quién es?
Voy a presentarte.
Buenos días, señor Etienne, creo que no conoce a mi hijo, Olivier.
Debo decir que es solo la tercera vez que viene a visitarme.
Buenos días, señor.
Pero no voy a ser impresor.
Está estudiando para ser médico.
Perdón. Tengo que irme.
¡Charles! ¿Se ocupa usted de la entrega?
Gracias.
¿Qué tenemos hoy?
Buenas tardes, cariño.
Buenas tardes.
Señores, acéptenme una copa,
para una vez que nos encontramos todos juntos al cerrar.
Con mucho gusto.
- ¿Me acompañan? - Por supuesto.
- Buenas tardes, señora Louise. - Buenas tardes.
- ¿Vamos al Jeannette? - Sí.
Buenas tardes.
- A nuestra salud. - Y a la de la empresa.
Y sobre todo a la suya. Últimamente parecía fatigado.
Ya no son más que malos recuerdos.
He tenido algo de gripe y ha durado bastante.
Su hijo podría haberme cuidado.
Todavía no es médico. Es una carrera larga.
Por las noches debe contarle todas las enfermedades que estudia cada día.
Ya no vive en nuestra casa. Su madre lo lamenta mucho.
Ha tomado una habitación en un hotel no lejos de la facultad.
¿Dónde está la facultad?
- En la Avenida d'Ambois. - Ah, sí, es verdad.
Se aloja en el Hotel de Quimper, dos calles más allá.
Los clientes piden cosas cada más caprichosas.
El futuro está en el color.
La carpintería Duranton pidió un dibujo, pero nada de color.
Lo he visto. Un pequeño carpintero con una sierra en la mano.
- Va a costarles una fortuna. - Ya lo repercutirán en los clientes.
Y el dueño de Gaubert quiere su foto en los calendarios.
Vas a coger frío.
¿Estás muy molesta conmigo, Louise?
¿Por qué habría de estarlo?
Poo todo el mal que te he hecho.
Sabes, aunque el Dr. Maresco me dijo que no tenías nada,
empezaba a preocuparme.
¿Creías que estaba muy enfermo?
Me hacía preguntas.
¿Tan enfermo como Guillaume?
Guillaume estaba enfermo del corazón. No tenía nada que ver.
Vas a empezar otra vez con Guillaume.
Cuando estaba acostado en esta habitación,
también él debía alegrarse
de verte llegar de la tienda
por esa escalera.
Primero vería tu pelo,
tu frente,
tus ojos,
toda tu cara,
tu sonrisa.
Tu le sonreías, ¿verdad?
Sí.
¿Estás llorando?
No.
¿Me perdonas?
¿Por qué?
Por amarte como te amo.
- Buenos días, Charles. - Buenos días, señor Etienne.
- ¿Todo bien esta mañana? - Todo bien.
¿Vas a venir a comer?
¿Sí, dígame?
Sí. Espera un momento. No cuelgues.
Es mi amiga Francoise.
Hoy no comeré aquí.
Sí, yo también.
- Buenas tardes, Sr. Raoul. - Buenas tardes, señora.
Buenas tardes. ¿Qué desea?
Quisiera ver al Sr. Olivier Thevenin. ¿Vive aquí?
Justamente, pero hoy es miércoles,
y los miércoles no vuelve antes de las 9.
¿Tiene una cita con él?
No, pero es el hijo de un amigo y pasaba por el barrio...
¿Quiere dejarme su nombre? Le diré que ha venido.
Es igual, ya volveré.
¿El Sr. Thevenin vive solo?
Señor, eso es un poco indiscreto.
En fin, es joven. Qué quiere que le diga.
- Gracias. - Buenas tardes, señor.
¡Ciao! Hasta mañana.
¿Sr. Lomel?
¿Quería verme?
No, pasaba por aquí.
Bien. Buenas noches.
Oiga, ¿hablo con la policía?
Sí, soy la Sra. Lomel.
Tengo una imprenta y papelería en el 35 de la calle des Petits-Pères.
Llamo porque mi marido no ha vuelto esta noche.
Sí, ya lo sé, son las 5 de la mañana.
Acabo de despertarme. Me he dormido esperándole.
No... Nunca.
Es reprentante de nuestra empresa.
Vuelve todas las noches.
Ningina.
Nada.
Por favor, señor.
Lomel, L, o, m, e, l.
Etienne Lomel.
Etienne.
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