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Capitán, dos hombres y una mujer con una automática.
¿Son piratas?
No lo parecen, pero sí van armados.
No hay viento y tengo tiro limpio.
Mantenga su posición y espere órdenes.
Entonces,
son los contrabandistas, ¿no?
Son los únicos que nos podrían localizar.
No tiene sentido, Marco se marchó con la caja.
Tal vez les dio nuestra situación.
¿Y vienen a ayudarnos con armas automáticas?
Está claro que sus intenciones son otras.
¿Satisfecha?
¿Este era su magnífico plan ayudando a escapar a Marco?
Veamos qué es lo que quieren.
Eliminar testigos. Eso quieren.
Han venido a finalizar el trabajo.
Si llegamos a su emisora, podemos pedir ayuda desde allí.
¿Hola?
¿Alguien me escucha?
Soy yo, Marco.
América...
¿Alguien, capitán, alguien?
Adelante, le recibimos.
Buenos días, mi nombre es Carlos Mendoza.
¿Con quién tengo el gusto de conversar?
Con un capitán de la Armada española. No desembarquen.
No están autorizados. Le advierto que estamos armados
y no dudaremos en disparar
si intentan poner un pie en esta isla.
¿Autorizados?
Señor capitán, esperaba un poquito más de...
hospitalidad por su parte.
Y más después de las molestias que nos han ocasionado.
Repito, les hundiremos si se acercan a la costa.
¿Hundir su única posibilidad de salir de ese lugar?
No parece una idea muy inteligente.
No teman, solo queremos lo que es nuestro,
nuestra piedrita verde y nada más.
Tienen ahí a la persona que se escapó con ella.
Sí, pero tenemos un inconveniente.
La caja estaba vacía, capitán.
La esmeralda sigue en la isla.
¿Sería tan amable de ponernos en comunicación
con una periodista de nombre América?
En su mensaje ella decía que sería complicado negociar con usted.
Si habla con alguien, será conmigo.
Yo estoy al mando en esta isla.
Me parece que se equivoca.
A partir de ahora soy yo quien da las órdenes aquí.
¿Es cierto eso que dice?
¿Está la esmeralda en la isla?
¡Nos ha sentenciado a muerte!
¿Qué es eso del mensaje? ¿Dónde está la esmeralda?
Escondida. Ahora me toca negociar con ellos.
¿Negociar?
No vendrán a negociar con fusiles de asalto.
- Entrégueme la piedra ahora mismo. - No.
Registre su celda, sus pertenencias, todo.
No van a encontrar nada.
Entrégueme la piedra, es una orden.
Capitán, ahora la mediadora soy yo.
- ¿Cómo? - Cálmese.
América, explícame cuál es tu plan.
Me iré con ellos e, inmediatamente, pediré el rescate de todos vosotros.
¿Nosotros llegaríamos a Nueva Zelanda y les entregaríamos a ellos la piedra?
Exactamente.
A ver si lo he entendido. ¡Suéltame, Jota!
¿Su plan es que a cambio del rescate hagamos de mula para esa gentuza?
Lo ha entendido perfectamente, capitán.
Somos militares, ¡no criminales!
- Venga, venga... - ¡Suéltame!
Escúchame, Máximo. A la desesperada, todos podemos salir ganando.
Igual no es tan mala idea, capitán.
Ellos quieren destruir todas las pruebas
y acabar con nosotros.
Cuando vean esto, ya estaré muerto.
Por eso les pido, les imploro...
No se acerquen a esta isla.
Hagan lo que sea para destruirla.
Bombardéenla, arrásenla y no vuelvan a poner un pie en ella.
Aquí todo listo para el intercambio entre la periodista y uno de los suyos.
En la embarcación. Ella sola y el piloto. Desarmados.
Afirmativo.
Todo según lo acordado.
En cuanto desembarque y vea la piedra, podréis zarpar.
No, si al final tendré que seguir el plan de mi hermano.
Carlitos,
reconócelo, al final era un buen plan.
"Nadie sospecha de la tripulación de un barco científico
de la Armada española".
Ya están aquí esos malparidos.
Tira.
Están limpios.
Ya puede quitarse eso.
¿Vamos a cruzar el océano, no?
Prefiero llevarlo puesto.
¿Así que es usted América Valenzuela?
La reportera de guerra.
- ¿Le puedo ofrecer algo de beber? - Estoy bien, gracias.
¿A qué esperan?
Tienen lo que querían. Llevaremos la piedra según lo acordado.
Muy bien, capitán. Pero una compañera se quedará en la isla.
Los acompañará en todo momento hasta Nueva Zelanda.
Si le ocurre algo, América morirá.
Y luego volveremos a por ustedes.
Le he dado mi palabra.
Ha sido un placer hacer negocios con usted.
Mantenme informado, ¿okey?
Vamos, chiquitín.
Espera, espera.
A mi familia no le va a pasar nada, ¿cierto?
Ya tienen lo que querían.
Nos vemos en Nueva Zelanda.
Debe ser el motor o algo.
Voy a mirar aquí, a ver.
Debe ser el motor o la hélice.
Vamos, ¿a qué estáis esperando?
¡Tirad las armas!
- A la lancha, venga. - ¡Las armas al suelo!
Está bien, ustedes ganan.
Mátennos.
Ya ha muerto mucha gente, no me importa alguien más.
¡Las armas al suelo, ahora!
No, no...
Mátennos y, a continuación, mis hombres acabarán con ustedes.
¡Las armas al suelo!
¡Venga, joder!
¿Necesitan ayuda? ¿Una cuenta atrás?
No me vacile y baje las armas.
Algo no va bien, Santos.
Tirad las armas, joder.
Cinco, cuatro,
tres, dos,
uno...
¡Mierda!
Mierda...
Capitán,
¿sabe qué es lo que más detesto en la vida?
Las personas que no cumplen con su palabra.
Le dije que hubiera sido mucho más fácil
si le entregara la piedra a mis amigos coreanos.
Se hubiera ahorrado todo esto.
- Esta estaba abajo en la celda. - Vaya, vaya...
Usted debe ser la verdadera América Valenzuela,
la que quería negociar con nosotros.
Dile lo que sabes.
¿Qué hace?
Yo soy la única que sabe dónde está.
Vaya, tráigame lo que es mío.
Es ahí.
Lo escondí aquí. Aquí está.
Aquí está.
Pero...
Aquí...
Tiene que estar aquí. Aquí la metí.
La escondí ahí.
Pues no está, pero ahí la escondí.
¡Eh! ¿Qué haces?
El móvil... Hice una foto del lugar
donde escondí la esmeralda, ¡joder!
¿Lo estás viendo?
¿Y por qué tengo que creerla?
¡Eh, déjala! Ya te ha dicho todo lo que sabe.
¡Fue Yuri, Yuri! Él desenterró la esmeralda.
Él, ese.
Debió de seguirme, no quiere que salgamos de la isla.
¿Yuri?
Se me terminó la paciencia. Vamos a probar otro método.
¿Pero qué haces? ¿Qué haces, hijo de puta?
¡No! ¡Hijo de puta!
¡Santos! ¡Santos!
¡Santos!
¡Suéltame! ¡Suéltame!
¡Santos!
¡Hijo de puta!
¡No, Santos!
Santos... ¡Suéltame, hijo de puta!
Soy médico. Por favor, desátame...
para que pueda atenderle. Por favor, se está desangrando.
Nadie va a atender a este man hasta que yo recupere lo que es mío.
Ella es médico, hágale caso.
Por favor, se está desangrando.
Seguimos.
Santos...
¡No, no!
¿No has tenido suficiente?
¡Vamos!
Dispara, hijo de puta.
¡No!
No, no...
¡Ni se te ocurra, no!
La tengo yo.
La tengo yo.
¿Qué?
La tengo yo...
La desenterré y la escondí.
¿Qué estás diciendo, Nazareth?
¿Dónde está mi piedra?
En un lugar donde nadie más iba a ir a mirar.
Yo te guío.
Yo y dos más acompañaremos a la señorita a buscar la piedra.
Los demás esperan aquí.
Santos...
Atenta a la radio.
- Santos... - ¡Vamos!
Desaten a la doctora, que le eche un vistazo.
¡No sean hijos de puta!
¡Santos!
¡Desátala!
- Doctora, a ver qué puede hacer. - No hay nada que hacer, está muerto.
¿Dónde va?
Tengo que ir al baño.
Eh, tranquilo, solo quiere ir al baño.
¿Me lo hago aquí encima?
Déjame el juguetito.
Casi.
Camine.
Es por ahí.
Pase.
Quítale el plástico.
Los necesitamos vivos.
Tienes el pelo bien sedoso.
Déjame.
Déjame.
¡Que no la toques!
Nos salió brava.
Respire, cabo.
- Perdón, pero no eres mi tipo. - ¿Y cómo es tu tipo?
Inteligente.
Entonces, nosotros debemos ser de los brutos, ¿no?
No.
¿Ah, no?
No sé, la inteligencia es algo que...
se demuestra.
Pues tú dirás.
Pues... con un enigma.
¿Un enigma?
Una prisionera está encerrada en una celda
que tiene dos puertas.
Una conduce a la muerte...
y, la otra, a la libertad.
Cada puerta está custodiada por un vigilante,
- y la prisionera... - ¿La prisionera eres tú?
Bueno, ¿por qué no?
La prisionera, o yo, como queráis...
¿Adónde vas?
- Tranquilo, eh. - Muy tranquilo,
pero si tú eres inteligente, no hagas ninguna tontería.
La prisionera sabe que uno de los vigilantes
siempre dice la verdad...
y el otro siempre miente.
Yo tengo la oportunidad de hacer una pregunta,
solo una,
y la misma, para salvarme.
Y puedo preguntar a cada uno de los vigilantes.
Así que, ¿qué pregunta debo hacer yo para salvarme?
¿Y si lo resolvemos?
Entonces estoy dispuesta a salir de aquí con vosotros.
- ¿Ah, sí? - Sí.
Estos me dan igual.
¿Entonces qué pregunta debo hacer yo para coger la puerta correcta?
¿Sabes? Dímelo al oído, venga.
Este es uno de los tontos que no sabe la respuesta.
¿De qué te ríes, mamaverga?
Me río de ti, marica.
¿Cómo que marica?
Ponte a vigilar.
Que te pongas a vigilar. ¿No me escuchas?
- No me vuelvas a llamar marica. - No me levantes la mano.
- No me toques. - Hijo de puta...
¡Quieta!
Dame el arma.
¿Qué pasa? Déjeme ver.
Mire si tiene orificio de salida, doctora.
- Hay que operar. - Un apaño me vale,
ahora tenemos que ir a por Nazareth.
Espere, espere.
Eh...
Gracias.
¿Estás bien?
Sí.
¿Están bien todos?
¿Estás bien?
- Por aquí. - No me la juegues.
¡Muévanse, coño!
Lo mejor será que vayamos en formación compacta.
Capitán, iremos nosotros.
Ni hablar, no pienso abandonar.
Capitán, con la pierna así es más una carga.
No puedo abandonarla.
Capitán, corre peligro, no puede comprometer la operación.
Está perdiendo mucha sangre, debemos ocuparnos de eso ya.
Está bien.
Sargento, la misión está en sus manos. Confío en usted.
Me llevo a Yuri, ¿está bien? Nos vamos.
Nos vamos todos. Dile a Yuri que viene.
¡Diego! ¡Diego!
¿Dónde está Diego?
¡Diego!
¡Vámonos!
¡Tira, tira!
¡Tira, tira!
¡Aquí no hay salida!
- ¡Eh! - ¡Para!
¡Aquí!
¡Ahora!
¡Nazareth!
Nazareth...
Ya estamos a salvo.
Vamos.
Ya está.
Voy a suturar, ya falta poco.
Aguante.
Aguante, capitán.
¿Va a aguantar?
Murió ahogada en un punto frente a las costas de Costa de Marfil
- a manos de los piratas. - ¿Qué?
Mi mujer.
Nunca encontraron su cuerpo.
No pude enterrarla...
ni velarla...
ni despedirme de ella.
Creo que por eso tras su muerte empecé a sufrir fotomas.
La veía por todas partes y, en una misión,
comprometí la salud de mi tripulación y me apartaron de la Armada.
Acabé por el sudeste asiático
y cuando estaba ahí, acariciando el infierno,
ellos me encontraron, la Armada me rescató,
no dejaron que yo me hundiera.
Me trajeron de vuelta a España y me rehabilitaron en una clínica.
Y cuando desaparecieron esos fotomas me destinaron a buques de investigación
sin riesgo ni acción militar.
Nazareth es idéntica a mi mujer.
El mismo espíritu, la misma rebeldía, la misma pasión por el mar.
A veces la vida nos pone desafíos que no comprendemos.
Pero lo más importante es cómo los afrontamos.
¿Y Nazareth?
Está ahí.
Vaya despacio con ella, ha visto mucho.
- ¿Y Carlos y los contrabandistas? - Muertos, todos muertos.
- Los ha matado Ray, capitán. - ¿Por qué no te atacó a ti?
Porque tenía esto.
¿No lo destruyó cuando le dije?
No hay nada más fuerte que el instinto.
¡Bien!
Algunos abandonaremos esta isla...
hoy mismo.
Pero otros nunca lo harán.
El cabo Ray y la sargento primero Cantera
tendrán sus funerales con los más altos honores
que otorga la Marina española.
Pero Santos...
Recuerdo esa mañana frente a la costa de Brasil
que me confesaste que, si un día te pasaba esto,
tú no querías nada de eso.
Tú querías que te devolvieran al mar.
"Al mar lo que es del mar".
Eso decías siempre.
Así que, amigo,
cumplimos tus palabras
para que descanses en paz.
Capitán...
Yo sé que mi comportamiento con usted no ha sido el adecuado.
Entiendo que se haya podido sentir ofendida
o desplazada en algún momento.
Pero... yo quería disculparme porque usted me recuerda muchísimo...
Máximo...
Ha sido muy interesante haberte conocido.
Y ahora necesito que me escuches tú a mí.
Cuando volváis al continente os van a hacer muchas preguntas,
la gente va a querer saber qué pasó aquí
y esta isla no va a tardar en llenarse de científicos, de instituciones,
cada una con sus propios intereses.
¿"Volváis"?
Necesito quedarme aquí.
Esta isla es una oportunidad única.
Aquí hay algo más, aquí hay mucho más.
Y yo debo seguir investigando, entendiendo cómo funciona
el ecosistema de esta isla, restaurar el daño,
sacar la iguana que hay en ese huevo adelante.
Yo tengo una responsabilidad aquí.
Adelante.
Te entiendo más de lo que crees.
Un placer haberla conocido,
doctora en Biología y otros quehaceres antisistema.
Siento mucho lo que le pasó.
De verdad que sí.
Capitán, ¿Noah se queda en la base?
Dijo que se adelantaba para recoger unos micrófonos
que había dejado en la playa.
Cuando estemos todos instalados en el barco,
volverá usted a por la cabo López y a por los prisioneros.
Buenos, todos no.
Todos menos Nazareth.
Ella ha decidido quedarse
y yo voy a respetar su opinión.
Ella ya se lo dirá al grupo.
No puede ser...
No puede ser.
- ¿Pero adónde va? - ¿Qué coño hace?
No...
¡Va a subir al barco!
Mónica,
¿me recibes?
Te copio, Nazareth.
¿Sigues en la base?
Sí.
Necesito que compruebes si sigue el huevo de la iguana en el laboratorio.
¿Qué?
Arranque el barco.
Venga, vamos.
¡Que arranques el puto barco!
Sácame de esta puta isla.
En un terrario, al lado de las jaulas.
Okey.
Negativo,
aquí no hay ningún huevo.
Human extintion.
Date prisa, vamos.
Capitán, tengo tiro limpio.
Aguante.
Perdone, ¿se refiere al manifiesto Human extintion?
Lo vamos a perder, capitán.
Por eso se lo ha llevado...
Espere.
Se lleva el huevo al continente para causar un desastre humanitario.
No...
¡Yuri, hijo de puta!
Sargento, espere órdenes.
¡Hijo de puta!
¡Sargento, baje esa arma!
Sargento, espere órdenes.
Hay mucho humo, no lo veo.
No...
No...
¡No, no!
Vale, esto está.
- ¿Está operativa? - Está sonando el ruido blanco.
¡Hostia!
¡Joder!
No vamos a salir de esta puta isla nunca, ¡joder!
¿Habéis visto a Nazareth?
- ¿Qué? - ¿Qué?
No la encuentro. Noah le había dejado una nota.
¿Una nota?
Tras leerla, se marchó muy alterada.
Vamos.
Nazareth,
fuiste la luz de la aurora boreal que iluminó mi vida.
Juntos soñamos un nuevo mundo liberado del lastre de una humanidad
cruel y sin escrúpulos.
Ha llegado el momento.
Nada podrá evitarlo, ni siquiera el amor que sentí por ti.
Tengo que llevar ese huevo al continente
y devolverle a la naturaleza el control
que los humanos le hemos robado.
Es la única manera de salvar la Tierra,
los océanos por los que siempre hemos luchado, Nazareth.
Lo hago por ti, por nosotros.
Y por lo que más importa:
la vida.
¡Nazareth!
¡Nazareth!
¡Nazareth!
¡Nazareth!
Te he visto.
¡Nazareth!
¿Pero qué está haciendo?
¡Nazareth!
¡Nazareth!
Allí, capitán.
¡Estoy bien!
- ¡Nazareth, hay que salir del agua! - No hay nada peligroso.
¡Estaba aquí!
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