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Os ha salido un hijo rebelde que quiere ponernos una bomba en París.
Esos explosivos todavía no se han entregado.
- Ni se deben entregar. - No, todo lo contrario.
Si se entregan, podremos seguir el envío.
Con suerte, nos llevan al resto del comando.
La he perdido. He perdido la furgoneta.
No creí que después de recoger los explosivos,
- partiría hacia París. - Dimos con la furgoneta vacía.
A partir de ahora, en cualquier momento, puede producirse el atentado.
- ¿Por qué has vuelto? - Quiero ayudar.
Tu hija está colaborando con la policía francesa.
- Como dirigente, estás quemado. - Lo sé.
Ahora, las cosas serán de otra manera.
- Esa chica, la de la tienda. - ¿Maia?
- Maia. - ¿Qué?
- ¿La conocías de algo? - No.
Hay que tener cuidado con los desconocidos.
¿Has participado en el atentado de Zaragoza?
- No. - Quiero la verdad.
Te lo juro.
Es Jon. Avisa al inspector. Hay que localizar la llamada.
¿Qué habrías hecho si te lo hubiesen pedido?
- Ir. - ¿A matar niños?
En las guerras se mata. Y esto es una guerra.
El miércoles, la jueza Leblanc recibe una distinción.
Tendrá todas las miradas puestas en ella.
No me gusta tener este regalito aquí dos días.
- El miércoles. - Es tu primera vez.
Pero te aseguro que estos dos días son los peores.
Te vuelves paranoico y ahí es cuando la cagas.
He dicho el miércoles.
Aquí está la cabina utilizada por Jon Olaberría.
Bobbigny. La tenemos vigilada las 24 horas del día.
Pero con la suerte que estamos teniendo,
es probable que el comando haya elegido esa cabina al azar
y que su refugio esté a muchos kilómetros de Bobbigny.
Pero es lo que tenemos.
A partir de ahora,
en cualquier momento, puede producirse
ese atentado en París.
- Está la mujer de Jon Olaberría. - Maurice está camino de Biarritz.
He oído esta conversación hasta sabérmela de memoria.
Esa mujer no tiene ni idea de lo que está haciendo su marido.
Se ha casado con él. Algo tiene que saber.
Una cosa es hablar de la lucha armada en familia o en un bar,
mientras dejas que sean otros los que luchen,
y otra muy distinta es dar el paso.
Pero dudo que vaya a colaborar con la policía, en contra de su marido.
Y si nos presentamos en su casa,
adivinará que hemos pinchado su teléfono
y adiós a la única línea de trabajo que tenemos.
Inspector Renaud.
Dime, Maurice.
¿Cuándo?
Hablo con la Gendarmería y te llamo.
- ¿Qué pasa? - Tu chica, Maia.
Acaban de encontrar su cuerpo
con un disparo en la nuca.
Solo el capitán tenía línea directa con ella.
Él la instruyó como informadora.
Es la que nos facilitó el mensaje cifrado que ordenó archivar.
Era una confidente menor. No estaba quemada.
Se limitaba a informar de los refugiados en el País Vasco francés.
Pero ella quería más.
ETA asesinó a su padre cuando tenía diez años.
Hay que joderse.
Mueva sus hilos con la policía francesa para saber más,
pero sin que sospechen que nos interesa demasiado.
¿Y el capitán, sargento?
Hace días que no responde al busca.
¿Dónde está?
Bueno, está de vacaciones, mi coronel. No sé mucho más.
Bueno, hay una... Hay una chica de San Sebastián
que sale con el capitán.
Ninguna vinculación política ni antecedentes, la hemos investigado.
¿Y?
El capitán ha pasado una pésima racha personal.
Mucha presión.
Y yo diría que, no sé,
quizá, a lo mejor, se ha aferrado demasiado a esta nueva chica.
Encontrarse aquí solo puede ser...
¿Qué ocurre con esa chica?
Pues que ha dejado su colegio,
el colegio donde trabajaba, sin avisar.
Y también su piso.
He investigado por mi cuenta y se ha ido.
Nadie sabe dónde.
Necesito dar con el capitán, pero ya.
¿Dónde ha ido?
Me dijo que iba a París.
¿A París?
¿Ainhoa Montero?
- ¿Sí? - Mi nombre es Maurice.
- Debe acompañarnos. - ¿Por? ¿Ha pasado algo?
Se lo explicaremos en comisaría.
- Por favor. - ¿Le pasa algo a mi marido?
La dependienta que trabaja aquí.
Ha sido asesinada.
Ya está, ya.
Ya, ya, ya.
Maia no llevaba... No, no. No llevaba apenas trabajando conmigo.
Su marido.
- ¿Qué? - ¿Dónde está?
En un viaje de trabajo.
Ustedes tienen una tienda de flores, ¿no?
¿Para qué necesita hacer un viaje de trabajo?
¿A qué ciudad? ¿Qué empresa?
Es que a veces lleva temas de...
legales de refugiados españoles.
Su marido forma parte de un comando de ETA.
Pretende cometer un atentado en París.
Eso no es verdad.
No es verdad.
En su mano está evitarlo, Ainhoa.
Díganos todo lo que sepa.
Si no quiere verse implicada.
Tenemos pruebas de lo que decimos.
¿Y Maia? ¿Qué tiene que ver Maia en esto?
¿Sospechaba algo de ella?
¿Yo? ¿De Maia? No.
¿Alguien de su entorno sospechaba de ella?
Nadie.
Nadie.
¿Quiénes están con su marido?
- ¿Sabe sus nombres? - No sé.
¿Algún teléfono, alguien que pueda saber más?
No sé si se da cuenta.
Esto no va a ser un atentado más en España,
por el que nadie rinde cuentas aquí.
Si ese atentado tiene lugar, su marido y usted irán a la cárcel.
¿Eso quiere?
Buenas noches, Adele. Queremos hablar con la chica.
- Claro, entrad. - Bien.
Puedes dejarnos, Adele. Gracias.
Tenías razón.
La mujer de Jon Olaberría no va a delatar a su marido.
Pero quizá con una persona de su mismo entorno...
No, ella no me conoce.
Pero sabrá quién es tu padre.
Y seguramente lo que no sepa
es que su marido está traicionando a ETA.
A ti te creerá.
Hay un vuelo temprano a Biarritz. Te lo he cogido.
Y recuerda: si se te ocurren ideas,
los únicos que podemos evitar ese atentado
somos nosotros.
¿Y después?
¿Después?
Después, ya veremos.
Venga.
¿Cómo estás?
¿Cómo quieres que esté?
Le habéis pegado un tiro en la nuca a Maia.
Yo no he matado a nadie.
Ya.
Tú no pudiste elegir a tu padre, ¿verdad?
Pues yo tampoco.
Nací en una familia donde había que darlo todo por nuestro pueblo.
Y así lo aprendimos mis hermanos y yo desde pequeños.
Ahora, uno está en la cárcel, cumpliendo 1700 años de condena.
Y el otro es un traidor
y nadie sabe dónde está,
ni siquiera si vive.
Y luego estaba yo, la pequeña,
que también tenía que darlo todo.
Y no sé muy bien qué estoy haciendo aquí, contigo,
intentando evitar un atentado para que siga habiendo otros.
Para conseguir no sé muy bien el qué.
Dar todo
para conseguir nada.
En serio, ¿no vas a decir nada?
Claro, tú nunca dudas, ¿no? Lo tienes todo muy claro.
Te callas y sigues adelante como si fueras de piedra.
Como si aquí no hubiera pasado nada.
Como si no hubiera pasado nada.
No me toques.
Te lo dije.
Te dije que la espera es lo peor.
¿Sabes qué es lo mejor para esto?
Follar.
Relaja, entretiene, echas fuera el miedo...
No es miedo.
Tú mismo.
Es solo que...
Cuando veamos que la jueza salga y monte al coche,
¿y si justo en ese momento pasa una madre con su hijo?
Se aprieta el detonador igual.
Y ya está.
Ya estamos con los putos colegios de cura
y la mierda que os han metido en la cabeza.
¿Sabes qué es lo que estás sintiendo ahora?
Miedo a fallar, a que nos cojan, a lo que nos espera a la vuelta.
Pero cuando estemos tú y yo a salvo, ¿sabes qué vas a sentir?
Nada.
Da igual a cuántos hayas matado.
Eso es lo que vas a sentir.
Y dale unas vueltas a lo de follar,
que ayuda.
No es necesario que se quede conmigo.
La cabina está vigilada en todo momento.
Prefiero estar aquí que sentado sin hacer nada.
No soy de meterme en las vidas de los demás,
pero hay algo que debería decirle de Izaskun.
Usted ha dejado huella en ella.
Me lo dijo.
Sé que en la academia nos enseñan a no llevarnos el trabajo a lo personal,
pero a veces es inevitable.
Este trabajo de locos que tenemos...
Perdón si le he molestado.
No, no me has molestado.
- Adele. - ¿Capitán?
¿Pero qué hace?
¡Ey!
¡Deténgase o disparamos!
¡Se ha quedado sin balas! ¡Va!
¡Tú por arriba, tú por abajo! Ven conmigo, Adele.
¡Ahí!
¡Policía, deténgase!
¡Yo no he hecho nada!
¡No es ella!
¡Vete!
No llevaba bolso ni nada.
Tienen que vivir por aquí.
¿Quién es?
¿Es la policía?
No.
Ainhoa, vengo a ayudar.
¿Sabes quién soy? Soy la hija de Xavier Bergara.
Bastante nos habéis ayudado ya.
Solo quiero hablar contigo.
- No sabes lo que hace Jon. - Me lo imagino.
No. No te lo imaginas.
- Van a hacer una ekintza en París. - No sé nada de eso.
Quieren cambiar la política antiterrorista francesa
en contra de la organización. ¿Sabes qué es eso?
Están traicionando a los nuestros.
Si ese atentado sucede, no habrá forma de ayudar a Jon.
Todos decís lo mismo. La policía, ahora vosotros.
¡Vosotros!
No quiero tener nada que ver con este horror.
Pero estás en él.
Tienes que hablar con Jon. ¿Eh?
No sé cómo dar con él, no sé dónde está, no sé.
Él me llama, no me dice nada. Es que... ¿Qué puedo hacer?
Vale.
La chica que trabajaba contigo, Maia, la que han matado.
¿Tú sabes algo de eso?
Edorta.
Edorta Aguirre.
- ¿Qué pasa con él? - Que él ha metido a Jon en esto.
- ¿Qué? - Sí.
Él me advirtió sobre Maia. Sospechaba de ella. No sé por qué.
Y estoy segura de que él la ha mandado matar.
Estoy segura. Segura.
No pudo usar un comando activo y enredó a Jon.
- Vale. ¿Quién más está con él? - No sé.
- ¿Quién más? Ainhoa, piensa. - Que no lo sé.
- Llama a la policía francesa. - No.
Verán que quieres colaborar. Diles lo de Edorta.
- No. - Ainhoa.
Ainhoa. Haz por salvarte.
A ti y a tu hijo.
¿Qué tenéis?
Se trata de la etarra que me disparó en Dantxarinea,
la misma que mató al falsificador en Marsella.
Se ha escapado por un pelo la puta.
Ha venido a telefonear. Sin bolso. Eso es que tienen el piso cerca.
Estamos peinando el perímetro.
Izaskun ha sacado un nombre a la mujer de Jon.
Edorta Aguirre.
Cree que sea el cerebro del atentado.
He ordenado a Maurice que le detengan.
Bien.
Esto estaba en su chaqueta.
- ¿Vosotros distribuís estos mecheros? - Sí.
Una chica española, puede que hablase euskera.
- ¿Les suena? - No.
Joven, morena, delgada, alta. Lleva una cazadora de cuero roja.
No.
Ella no, pero él...
- Él sí. - ¿Él?
Sí. Vino un día con Armando.
- ¿Armando? - Sí.
Vamos.
¡Policía Nacional! ¡No se mueva!
¡Ponga las manos en la cabeza!
¡Era un txakurra!
Estaba en lo de Dantxarinea. ¡Y está aquí!
- ¿Seguro que no te han seguido? - Que sí.
Pero les tenemos encima. Había más con él.
- Franceses. - La Guardia Civil no puede actuar aquí.
¡Pues estaban!
¿Y si agarran a Armando?
Hablará.
- No creo. - Sabe dónde vamos a actuar.
¡Cómo y cuándo, joder! ¡Se lo sacarán!
Tenemos que activar el coche bomba ya.
Donde sea. Antes de que nos cacen.
- El objetivo es la jueza. - ¡Déjate de objetivos!
Se trata de darles una buena hostia y largarnos.
¡No!
- ¿Recuerdas lo que llevamos atrás? - Si tienes miedo, vete.
¡No me vengas dando lecciones!
- Venga, hostias, que es para hoy. - ¡Edurne!
Vamos a hacerlo hoy.
Cuando la jueza salga de su despacho.
Nadie tiene por qué saber lo que preparamos.
Y aunque interroguen a Armando, él sabe lo que tiene que decir.
Ha salido de líos peores.
Eso cuenta él.
Tenemos tiempo.
¡Qué coño!
Vamos a hacerlo.
Policía.
¿Edorta Aguirre?
No está.
Trabaja aquí.
A veces nos ayuda en la cocina. Pero ya no.
Tampoco está en su casa.
Y, claro, no tendrás ni idea de dónde pueda estar.
- Si ves a tu amigo... - No es mi amigo.
Dile que se ha quedado sin amigos.
Me temo que vamos a tener que registrar este local.
CERRADO
El tal Edorta Aguirre ha volado, dice Maurice.
¿Tú sabes algo de él?
Es uno de los más duros.
Una bestia.
Por lo menos, sus superiores tienen un armazón ideológico,
pero él no tiene nada, es un fanático.
¿Alguna huella en la casa del viejo?
Están analizando.
¿Y esto, cómo va?
A veces acojo en mi piso a hijos,
a amigos de amigos míos, españoles.
Pero nunca les pregunto quiénes son, ni a qué vienen.
Ya. Lo mismo pueden venir a visitar el Louvre
que a poner una bomba. Usted no pregunta.
No.
¿De quién eran hijos o amigos esta pareja?
Alguien les dio mi teléfono.
Me llamaron y les dije que podían venirse.
Vivo solo.
Y no sabía que eran miembros de ETA.
Pues no.
Supongo que eso no se va contando por ahí.
Si es que lo son.
Las paredes de su casa están llenas de restos de adhesivo.
¿Qué colgaba usted?
Fotos. Antiguas.
No vi fotos.
Las tiré. Son recuerdos que no sirven para nada.
Las hemos encontrado dentro de su basura.
Ya.
Muy propio de ustedes.
Son fotos recientes.
No antiguas.
Parecen fotos de una misma calle.
Mis equipos están analizando los restos para reconstruirlas,
pero ya que son suyas,
podrá decirme de qué calle se trata.
No son mías. Será la basura de otro.
Es la suya.
Junto a muchas cenizas de papel quemado.
No sé nada de eso.
¿Sabe qué?
Los fanáticos de izquierda siempre me han desconcertado.
Al fin y al cabo, usted busca un mundo
de igualdad y de justicia.
¿No?
A usted Francia le dio cobijo, trabajo,
derechos y libertades de los que carecía en su propio país.
Ni siquiera estoy hablando de agradecimiento.
Pero, ¿ayudar a poner una bomba en su ciudad
a un grupo de independentistas vascos?
¡Esto yo no lo puedo entender!
¿Qué pasa en la cabeza de un hombre como usted?
¿Ahora qué tengo que hacer para que nos diga
lo que estaban preparando?
¿Empezar a puñetazos con usted?
No sería la primera vez.
PALACIO DE JUSTICIA
Tómate esto.
Hazme caso por una vez.
Estás nervioso y se te nota.
¿Cuánto queda?
55 minutos.
¿Tú tienes familia?
- ¿O alguien? - No me digas que vas a declararte.
Es solo que pienso en mi mujer y en mi hijo.
Si ya no les viera más.
Mi ama imagino que me echaría de menos.
Siempre me dijo que estaba medio loca.
A mí esto es lo que me da la vida.
Hacer lo que nadie se atreve.
De no haber nacido vasco, tú serías un buen chico,
un buen padre y todo eso.
Pero a saber qué sería yo.
El primer día me pareciste un gilipollas integral.
Pero me alegro de haberte conocido.
52 minutos.
- ¿Han dicho algo? - No.
Científica puede tardar. Las fotos están muy dañadas.
Una de dos: o los explosivos están a salvo en un lugar seguro
o se están moviendo en un coche bomba.
Pero dudo mucho que tengan un segundo piso refugio en París.
Otra cosa:
si hubiera tenido mi arma, ese comando estaría desarticulado.
Tu gente ha hecho un buen trabajo, pero necesito mi arma, León.
¿Qué más te da?
Si esa bomba explota, a ti y a mí no nos salva ni un milagro.
Hemos cometido todo tipo de irregularidades.
León...
Necesito mi arma.
Haré por no usarla.
Por favor.
En cuanto la jueza se meta al coche, me levanto.
Y cuando pase cerca, activo el detonador.
- ¿Te acuerdas de cómo se hace? - Claro.
Primero, encender.
Y con la luz roja, está listo para pulsar el botón.
Dámelo.
- No, no. Lo hago yo. - Jon.
Va a ser lo mejor.
¿Ves ese teléfono?
Anda, ve y llama a tu chica.
No, no, no. Nunca antes de una ekintza.
A la mierda las órdenes y las reglas.
Si necesitas hablar con tu chica, la llamas.
Hay tiempo de sobra.
Vamos, vamos, vamos.
Voy.
Es Jon, al teléfono.
Dice que el vuestro no funciona.
- Luego me lo traes. - Sí, gracias.
Jon.
Ainhoa, escúchame, no tengo mucho tiempo.
No, no. Escúchame tú.
Sé lo que vas a hacer en París.
Y la organización también lo sabe.
Han estado aquí ayer.
¿Te han amenazado?
No. Pero quieren impedir el atentado.
Son los nuestros, Jon.
Que te van a matar.
Que si no lo hace la policía, lo va a hacer ETA.
No te he llamado por eso.
- Si no vuelvo... - Jon, no.
Escúchame, por favor.
Siempre he sido muy frío.
No quiero serlo, pero lo soy.
Quiero que sepas que te quiero muchísimo.
A ti y a arkakuso.
Más que a nada en el mundo.
Entonces no me dejes.
No sigas, Jon, por favor.
Tengo que hacerlo.
No quiero que mates a nadie.
No va a morir nadie, solo una jueza.
No va a morir nadie más. Te lo juro. Solo una jueza.
Y a mí solo me importas tú y el niño.
Por favor, no lo destroces todo. Por favor.
Te quiero.
Jon.
Ya está.
La juez suele bajar a los diez minutos.
La cuenta.
Este tipo de arquitectura es de principios de siglo.
Lo que excluye algunos barrios como...
Disculpad.
¿Sí?
¿León Renaud?
Al habla.
La mujer de Jon Olaberría.
Ainhoa.
Una mujer me dio su teléfono.
Me acaba de llamar Jon.
¿Qué le ha dicho?
Señora, cualquier cosa que nos diga puede evitar
que su marido haga algo irreparable.
Una juez.
Que va a atentar contra una juez.
- ¿Ha dicho el nombre? - ¡Leblanc!
La que está expulsando etarras a España.
- ¿La juez Leblanc? - No. No ha dicho el nombre.
He intentado impedirlo,
le he intentado convencer para que no lo haga, pero no he podido.
¿Sabe dónde está él ahora?
No. No le puedo decir nada más, pero, por favor, impida que lo haga.
¡Es la calle del despacho de la juez! ¡Van a por la juez!
¡Vamos, vamos, vamos!
Pero creo que...
Yo creo que lo iba a hacer ahora.
Por favor...
Por cómo me estaba hablando, se estaba despidiendo.
No lo matéis, por favor, por favor.
Tendría que haber bajado ya. ¡Joder!
Se va.
¡Se va!
Armando.
Ha hablado.
¿Qué hacemos?
No podemos dejar el coche ahí. Vamos a explosionarlo.
Ya no estará ni en el edificio. La habrán sacado por detrás.
- Solo reventaríamos unas ventanas. - Pero sería un aviso.
¡Y una mierda!
No hemos llegado tan lejos para armar un poco de ruido.
Voy a llevarme el coche.
- ¿Qué dices? - Lo dejaré en la comisaría o la embajada
y lo reventaré allí, donde no lo esperan.
- Espera. Pensemos. - No hay tiempo.
¡Edurne!
¡Quieta!
¡Al suelo! ¡Las manos en la cabeza, ya!
¡Quieta!
¡Policía! ¡Manos arriba!
¡Policía!
¡Cierren las ventanas y no miren afuera!
¡No miren afuera!
¡Manos arriba!
¡Las manos en la cabeza!
¡Ya!
¡Arriba las manos!
- ¡Las manos donde puedo verlas! - ¿Me vas a disparar?
¡Las manos en la cabeza!
No.
¿Por qué has disparado?
El coche bomba tiene que estar en esta calle.
Hay que encontrarlo.
Caballero, conmigo.
Les habla la policía. Por favor, siéntense todos y mantengan la calma.
Quédense aquí, no salgan. Por vuestra propia seguridad.
Los artificieros están de camino. Que nadie circule por esta calle.
Saquen sus carnés de identidad. Gracias por colaborar.
¡No!
¡Tira el arma!
¡Tira el arma!
No tienes escapatoria, Jon.
Suéltala.
¡Pare!
¡Pare!
¡Mierda!
Está herido.
Los artificieros han desactivado las bombas.
Está herido, sin infraestructura.
Esta vez no le van a ayudar ni los suyos.
Lo hemos evitado.
Ainhoa.
¿Qué?
Pase lo que pase en París, aquí nadie va a tomar represalias contra ti, ¿vale?
Vale.
¿Se sabe algo?
Se ha impedido el atentado.
Acaban de desactivar el coche bomba.
Pero ha habido un tiroteo con la policía.
¿Con víctimas?
La compañera de Jon ha muerto.
¿Y él?
Ha huido.
Pero está herido.
¿Sí?
- Koldo, ponme con Edorta. - ¿Quién es?
Ponme con Edorta. Necesito hablar con él.
Edorta no está.
¡Soy Jon!
¡Jon Olaberría!
Creo que se equivoca. Edorta ya no trabaja aquí.
¡Escúchame, Koldo!
- Tengo que hablar con él como sea. - Yo...
No sé de qué me habla. Voy a colgar.
Pobre mujer.
El monstruo arrasa todo lo que toca.
A los nuestros,
a los suyos, a todo.
Siempre que termino una operación, me quedo como vacío.
¡Qué narices! Hemos evitado el atentado.
La bronca que nos va a caer por todo lo que hemos hecho
será con la boca pequeña.
¿Tú crees?
No. Era por animarte.
Pero gracias, capitán.
Lo mío va en el sueldo, lo tuyo...
Vaya forma tienes de pasar tus vacaciones.
Gracias a ti.
Si sé algo de Izaskun,
¿quieres que te lo cuente?
¿Sí? ¿No?
¿Eh?
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