All language subtitles for El proscrito del rÃ_o Colorado ESP

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Original subtitles

Es pronto aún, ¿no?

¿Qué desea usted, O'Brien?

Será mejor que vuelvas a casa, Marta.

Puede estar conmigo todo el tiempo que quiera.

Usted váyase a su casa y quédese allí.

Déjale.

Eso es lo que hago.

Y ahora fuera de aquí.

Rosa te espera, niñita.

No soy ninguna niñita, me tratas como si aún tuviera 10 años.

Y ahora Alfredo no volverá más.

Volverá.

Le has insultado.

Soy una mujer hecha y derecha.

Todo el mundo me vigilan noche y día como si aún debiera estar jugando

con las muñecas, ¿quién eres tú para decirme lo que debo hacer?

El general me encargó que cuidara de sus cosas mientras esté fuera.

Incluso de su hija.

Yo no soy una cosa, yo soy...

Sí, lo sé, lo sé, tú eres toda una mujer.

Y ese es el problema.

¿Qué crees que pensaría el general si os hubiera sorprendido

aquí a los dos juntos?

¿Que qué hubiera dicho?

Buenos días, mi querido Alfredo,

¿cómo se encuentra hoy tu encantadora hermana?

Tiene tanto temor de ofender a los Riaño que no le importaría

lo que pudiera sucederme.

Si mi padre puede casarse con Francisca Riaño

por qué yo no puedo hacerlo con su hermano.

¿Él quiere hacerlo?

Listo.

Si alguien pregunta por mí estoy en la cabaña.

Está bien.

¡Alfredo!

¿Qué quieres, Francisca?

Te estaba esperando, ¿dónde estuviste?

El tío preguntaba por ti.

¿Qué haces con el revólver?

¿Qué te ha pasado?

El señor Ray O'Brien me quito las balas

y como ves lo estoy recargando.

Esa gente son unos salvajes, ya es hora de que les tratemos como tales.

Estabas con Marta Camargo, ¿no es así?

¿Por qué, Alfredo?

¿Por qué tratas de crearme conflictos haciendo lo que haces?

Las muchachas como ella tienen que terminar así,

únicamente quiero ayudarte.

Ya que no quieres hacerlo tú misma, con esto si es necesario.

Esa no es una respuesta, Alfredo.

Yo ya he tomado una decisión.

Desde que has vuelto con nosotros no comprendo tu comportamiento.

¿Cómo puedes hacer una cosa así?

Un bandido, un asesino, siempre ha sido igual, un cerdo indio.

Todo el mundo conoce lo de sus mujeres.

Tiene hijos por todo México.

Es un mestizo asqueroso.

Él nunca me habló de su inocencia y yo he estado casada antes.

Marta es mestiza y eso no te impide acercarte a ella.

La única razón por la que me comporto así

es porque es hija de Camargo,

quiero comprobar si el general es capaz de separarme de ella.

Cuando me case con él todo será... Si te casas con él.

¡Alfredo!

Es el tío. Será mejor que te marches, yo hablaré con él.

¿Dónde está tu hermano?

Enseguida bajo, tío.

Alfredo está en su habitación.

Dale un paseo hasta que se enfríe, después llévale a la cuadra.

Sí, don Cristóbal.

Entonces, ¿ya sabe lo que ha pasado esta mañana?

Naturalmente, tu hermano estaba con Marta Camargo.

Él está muy preocupado por culpa de mi boda.

También yo, querida. También yo.

Pero no es cuestión de elegir.

Lo importante es sobrevivir.

Alfredo tiene que aprender aún que mientras el poder

se pueda adquirir de muy distintas maneras,

solo puede mantenerse transigiendo.

Le sorprendieron con ella.

¿Ha vuelto Camargo? No fue Miguel.

Fue ese señor O'Brien.

Ha llegado con su caballo sudoroso y eso indica que ha dado

una buena galopada.

Pero el caso es que ha llegado bien. ¿Qué ha sucedido hoy?

O'Brien descargó su revólver y después le echó.

Creo que Alfredo hubiera preferido que le disparase.

Hoy es posible, pero mañana pensará de muy distinta manera.

Debemos estar agradecidos al señor O'Brien.

¿Agradecidos? No te comprendo.

¿Quién es ese hombre?

¿Qué quién es O'Brien?

Un hombre sobre todo muy leal.

Miguel tiene confianza en él.

Vino hace tres o cuatro años, desde el río Colorado de Texas,

aproximadamente después de tu matrimonio.

Cuando tú ya te habías manchado.

Todo eso lo sabrás por Miguel.

Está considerado en Texas como un proscrito,

un fuera de la ley.

Y como es natural si vuelve por allí le colgarán.

¿Por qué? Texas está lleno de proscritos.

Es que hay algo en concreto por lo que no puede volver.

Según los informes recibidos O'Brien disparó sobre su mujer.

Buenos días, señor O'Brien.

Puede usted pasar.

Tiene que perdonarnos.

Vamos, siéntese.

El vino de Camargo.

Buen año para él, pero no para mí.

Dime lo que quieres, Espada.

Es difícil entenderse contigo, no quieres sentarte a mi lado,

tampoco quieres beber, ¿por qué no podemos ser amigos?

¿Me quieres decir cuánto tardará el general en volver?

No lo sé.

¿Cómo? Que no sabes cuándo llegará aquí Camargo,

pero si eres su lugarteniente.

Tiene confianza en ti.

Te lo cuenta todo, por lo menos eso dicen.

Puede ser que desde que lo recibe el Presidente

ya no tenga tanta confianza.

Escúchame, ese bandido,

ese criminal va a ser un oficial de México.

Tú eres un gringo,

¿cómo va tener un oficial mexicano a un gringo por lugarteniente?

No tendrás a donde ir y yo te necesito.

¿Por qué te vas a ir con las manos vacías?

Tú y yo cogeremos lo que nos haga falta.

¿Qué te parece, O'Brien?

A Camargo no le gustaría eso.

(RÍE)

Dale el revólver.

Échale agua.

Con cuidado.

¿Qué? Te sienta bien el agua, ¿eh?

Muy bien. (RÍE)

Y ahora quiero saber cuándo regresa Camargo y el camino que trae.

Tienes que comprenderlo, fuimos amigos.

Él dice que traté de matarle.

Fue una mala interpretación.

Si dejo que ese bandido imponga aquí su ley, al día siguiente

me pegan un tiro o me cuelgan de un árbol.

Tú, vigila.

Ahora vosotros.

(Golpes)

Marta, sal de una vez,

te estás comportando como una chiquilla.

Vete, abuela, no quiero ver a nadie.

Si no sales ahora mismo me veré obligada a usar mi llave.

¿Qué ocurre?

¿Tú sabes a dónde ha ido el señor O'Brien?

No ha aparecido en todo el día.

Yo qué sé, no me importaría que no volviera.

¿Qué ha pasado hoy por la mañana?

Dímelo.

Estaba con Alfredo y O'Brien le obligó a marcharse.

Es amigo de tu padre, y tuyo también.

Creo que ha hecho lo que debía.

A pesar de todo ese gringo no tiene por qué darme órdenes.

No se puede hablar así en esta casa, ahora vete y termina de vestirte.

¿No quieres echar un trago? -No.

Ahora lleváoslo.

Ya tendremos una nueva charla.

Vamos a comer.

(TODOS) ¡Viva Espada!

(TODOS) ¡Viva!

Beba con nosotros, Pepe.

Eso, tienes que beber.

(GRITAN)

(RÍEN)

(Relincho)

(Relincho)

(Disparos)

(Disparos)

Alfredo, es peligroso que provoques otra vez a O“Brien.

¿No es suficiente que yo me humille ante Camargo?

¿He de dejar que también me insulten sus criados?

Tú no quieres a Marta,

tú quieres enfrentarnos a Camargo y a mí

tratando a la muchacha como si fuera una guapa sirviente.

¿Tú también pretendes obligarme a que la deje?

¿Sería mucho pedir que dejaras en paz a la muchacha?

No es muy agradable mi posición, pero no tengo más remedio.

Puedes creerme, es más importante para Francisca y para ti

que para mí, aunque tú pienses que esto no es verdad.

Quieres decir que es más importante para la casa Riaño.

Ven.

Mira.

La familia Riaño al borde de la bancarrota

tiene que pagar por su equivocación política.

Supongamos que este es Miguel Camargo.

Un bandido que ha tenido suerte

y ahora es soldado.

Más aún, se cree dueño y señor.

Hoy está a punto de ser la ley.

El rey.

El personaje más importante del juego,

pero también el más vulnerable.

Ray O“Brien, el caballo.

No solo es un hombre leal a Miguel,

sino que, además, entiende el juego

y, por lo tanto, puede resultar el más peligroso.

Y estos, los peones.

Espada, el principal.

¿Espada?

Hace tiempo eran amigos los dos, hasta que Espada intentó asesinarle.

Ahora las cosas han cambiado.

O huye de aquí o tiene que acabar con Miguel.

Y los otros, los enemigos que un hombre fuera de la ley

se hace durante su vida de violencia.

Pero si Camargo gana,

entonces debemos hacer de él un Riaño al casarse con mi hermana.

Si es necesario...

¿A dónde vas?

A hablar con Francisca.

¿Por qué le vamos a hablar?

Camargo tardará unos días en volver.

Hasta entonces nada sucederá.

Créeme.

Es lo mejor que podemos hacer.

¡Vamos!

Eh, vosotros, acercaos.

Bebe, Ray.

¿Quién te lo ha hecho?

Espada.

¿Dónde está?

En la cabaña del rancho.

Ramón, dale al señor O“Brien tu caballo. Coge el suyo

y acompáñale a casa. Andando.

¡En marcha!

Está llegando Camargo.

-¿Viene Camargo?

-Sí, con todos sus hombres.

-Todos preparados, Camargo se acerca.

(Bullicio)

¡Alto!

Ramón, por el otro lado.

Los demás, seguidme.

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

¡Pilar, hija mía!

(Disparos)

(LLORA)

(ENFADADA) ¡Asesinos! La han matado, asesinos.

-¡Pilar!

(LLORA)

Hija mía.

Déjenos pasar, por favor.

Vamos a la Iglesia.

-Hija mía,

Lo lamento. Los culpables serán castigados.

Yo me ocuparé de ello.

Os lo prometo.

Siéntate, siéntate.

Me tratas igual que si fuera un niño, madre.

Trabajas mucho más de lo debido y siempre te veo solo.

Tú lo que necesitas es una mujer.

Si hubiera aún mujeres como tú haría lo posible por encontrarla

pero no creo que las haya.

Dámelo.

Pero si solo lo estoy limpiando.

Conoces demasiado nuestras costumbres.

Hay que dejarlo en la entrada.

¿Dónde está Rosa?

En su habitación.

En su habitación, siempre en su habitación.

Vaya un respeto que tiene a su padre.

Y vaya una comprensión del padre para con su hija.

¿Cuánto tiempo haces que no te dignas a hablar con ella?

¿Cómo quieres que hable con ella si ni siquiera sale a verme?

Siempre igual.

Salud. Salud.

Daría cualquier cosa

porque esa pobre niña no hubiera muerto.

Quizá puedas hacer algo por su familia.

No lo aceptarían de mí.

Enviaré dinero con mi madre, ella ha perdido dos hijos.

Quizá la comprenda.

De Ciudad de México.

¿Qué te parece?

Magnífico.

¿Magnífico?

¡Estupendo! Yo represento la ley desde aquí hasta Durango.

(RÍE)

Desde aquí hasta Durango, yo, Miguel Camargo, la ley.

Podría meterte en la cárcel, así que señor O'Brien,

tenga cuidado con lo que hace.

Dicen que ha sido visto en compañía de bandidos.

Perdona.

No ha sido nada, Miguel.

En la capital me autorizan a dar una recompensa.

¿Qué te parecen 500 pesos por Espada vivo o muerto?

Te aconsejo que no lo hagas.

¿Que no lo haga?

Él asesinó a esa niña.

Además, abre tu camisa y mira lo que te ha hecho.

No te conviene.

Entonces, dime por qué no debo hacerlo.

Olvida lo que te he dicho, Miguel.

Es solo asunto tuyo. Contéstame.

La gente del pueblo, los campesinos, odian a los políticos.

Desprecian a la ley tanto como podían a Espada.

Si tú que representas a la ley ofreces una recompensa por él,

entonces estarán a su lado y no al tuyo.

Luego dirán que tú mataste a la niña y que quieres deshacerte de él

únicamente porque es tu enemigo.

Esa ha sido siempre su forma de pensar.

No puedes hacerlo.

Siempre pensarán igual, Miguel.

¿Y tú quién eres para decirme cómo son?

He vivido con ellos durante toda la vida.

Sé perfectamente lo que piensan y lo que sienten

y tú, en cambio, ni los conoces.

Como quieras.

Mañana estoy invitado a comer con los Riaño.

Hablaré de ello con don Cristóbal.

Buenas noches.

¿Qué haces tú con eso?

Le dije a Carmelita que la arreglara ella.

¿Es que yo no soy lo suficientemente mujer como para ocuparme de tu ropa?

¿Solo sabe hacerlo Carmelita?

¿Qué me dices de esto? Mira y verás cómo ha quedado.

Pensé que estabas enfadada y no querías hablar.

¿Hablarnos?

Si ni siquiera te has dado cuenta de que estoy viva.

¿Que no me he dado cuenta? Los gringos somos así.

Sabes lo que he dicho de ella, ¿eh? Y por eso debes odiarme.

¿Cómo crees que iba a odiarte por decir cosas que no debías?

Eso es natural en una mujer como tú.

Tan apasionada y tan fogosa.

(ENFADADA) Eres muy simpático,

siento haber tocado siquiera tu ropa.

Se me olvidaba. Mi padre me envió a buscarte.

¿Dónde está? En casa.

Un momento. Ahora mismo salgo.

Está bien, espero.

¿Qué? ¿Qué te parece?

Te encuentro verdaderamente deslumbrante, compadre.

¿Pero no crees que me está un poquito corto?

No. Qué va, que está bien. Sí. Está muy bien.

Si algo no te gusta, dímelo.

¿Es para ir a la hacienda de los Riaño?

Sí.

Entonces, deberías dejar el revólver.

(DUBITATIVO) ¿Dejar el revólver?

Debes tener el aspecto de quien está invitado a una fiesta,

no a una batalla. Entonces vente conmigo.

No, gracias. Acompáñame solo hasta la entrada.

Le dejaré el revólver al hombre que está en la puerta

y lo recogeré cuando me vaya.

Está bien, como tú digas.

¿Por qué no quieres ir?

¿Es que tienes algo contra Francisca?

No, no tengo nada. Además, eso es cuenta mía.

Me harías un gran favor si me dices de una vez que es lo que te pasa.

No me pasa nada. ¿Pero qué falta te hacen a ti los Riaño?

Ellos estaban con Maximiliano. Sin ti están perdidos.

Utilizan a Francisca como cebo.

Aun así, me casaré con ella.

Y mejor será que seáis amigos.

Las siete.

¿A qué hora te han citado?

Dijeron que a las siete. ¿No es demasiado pronto?

Si toda mi vida he sido puntual, por qué no iba a serlo esta vez.

Cuando la gente como los Riaño te citan a una hora,

siempre hay que llegar después.

¿Y por qué no me lo ha dicho?

Eso se hace solo en la buena sociedad.

Es algo que deberás aprender.

Voy a entrar.

En la cuadra hay un criado que se llama López.

Dáselo y dile que lo recogeré a la salida.

¿No quieres que te acompañe?

Será mejor que vaya yo solo, al menos eso creo. Hasta luego.

Hasta luego.

(Trote de caballo)

Don Cristóbal vendrá en cuanto termine de vestirse.

Me ha dicho que le sirva vino.

¿Y tampoco está su sobrina?

La señora no ha vuelto aún.

¡Eh! Acércate y atiende a este caballo que viene cojo.

Sí, ¿es que no me has oído?

¿Me llamaba a mí, señora?

¿Por casualidad es usted el señor O'Brien, Ray O'Brien?

Sí, soy Ray O'Brien y usted es Francisca Riaño, ¿no?

Mi hermano me habló de usted. ¿Va siempre tan bien armado?

No siempre, señora. Pudo usted haberle matado.

No debe estarme agradecida por ello.

Hazte cargo del caballo. Está cojo de la mano derecha.

Después llévatelo a la cuadra.

Sí, señor.

Señor O'Brien.

Quería decirle que...

no es necesario que espere usted a Miguel en la cuadra.

Puede usted pasar a la cocina.

Gracias, le esperaré por aquí.

Salud.

Brindemos ahora por el general Miguel Camargo.

Alfredo, ¿no has oído?

¿Pero otra vez? ¡Alfredo!

Por el general Miguel Camargo.

Tiene usted un vino excelente, don Cristóbal.

Esa opinión nos honra, general. ¿Un poco más?

No, por favor. No quiero más.

Ustedes perdonen.

Lo siento, Francisca.

No ha sido culpa tuya.

Me estás poniendo en ridículo, Alfredo.

¿No te parece, tío, que esa palabra en esa ocasión está de más?

Siéntate. Siéntate.

Si quieren perdonarme, estoy seguro que ustedes tendrán que hablar.

Miguel, tengo que pedir disculpas en nombre de mi hermano.

Ven, acompáñame un momento.

Me gustaría mucho hacerlo pero...

Acabo de regresar y... tengo muchas cosas que hacer.

¿Usted lo comprende, don Cristóbal?

Si es tan urgente, Miguel...

No, no puedes dejarme tan pronto. Por favor, ven.

Entonces, buenas noches.

Buenas noches.

Aún no he tenido ocasión de estar a solas contigo desde tu vuelta.

Quiero que me cuentes todo lo que ocurre en la ciudad,

los escándalos, habladurías, echo mucho de menos aquel ambiente.

Francisca,

de veras siento lo que ha pasado.

Es que...

...Cuando estoy incómodo bebo más de la cuenta.

¿Por qué te sientes incómodo conmigo, Miguel?

No es contigo. La verdad es...

...Que no estoy acostumbrado a vuestro ambiente,

pero... no es contigo.

Entonces no vuelvas a decir eso.

Llévaselo a la señora Albarado, Marta irá contigo.

Seguramente no lo aceptará.

Madre, el dinero siempre lo cogen.

Si le das dinero pensarán que fuiste tú.

Y si no se lo doy dirán que no me preocupo de ellos.

Quiero hablar contigo, Miguel, a solas.

¿Qué ocurre?

Será mejor hablar fuera.

No es necesario que salgamos, podemos hacerlo aquí.

Ha muerto Alfredo Riaño. ¿Cómo?

De un tiro.

¿Dónde está?

En el camino, a menos de media milla.

Tú le has matado.

¡Tú le has matado!

Sí, ha sido él. Ha sido él.

Tú se lo dijiste y por eso ha matado a Alfredo.

Nadie ha dicho que fuera tu padre.

¿Por qué crees que yo lo he matado?

Contesta.

Miguel, por favor, no sabe lo que dice.

Él lo mató, mató a Alfredo, ha sido él.

No comprendo por qué ha dicho eso.

Pero, ¿cómo puede pensar que yo haya matado a Alfredo?

¿Cuándo lo encontraste?

Hace unos minutos.

Y estaba sin revolver.

¿No lo tenía?

Le dispararon de frente.

Después hicieron desaparecer las huellas y el revólver.

Supongo que habrá sido así.

Coge el carruaje.

Y lleva el cadáver a don Cristóbal.

¿Por qué no lo haces tú?

Te pido que lo hagas por mí.

¿Qué le voy a decir?

Dile lo mismo que me has dicho a mí.

Pero no hables de Marta.

Buenos días, señor O'Brien.

¿Qué ocurre, tío?

Su hermano ha muerto.

Alfredo.

Usted lo ha matado.

(LLORA)

¿Qué dijo Francisca?

Ella cree que he sido yo.

¿Eso es todo lo que dijo?

Sí, estaba muy conmovida.

Eran unos hermanos extraordinariamente unidos.

Sí, Alfredo era para ella la única razón de su vuelta.

¿Cómo está Marta?

No se ha dignado a salir.

Ni siquiera mi madre puede entrar en esa fortaleza.

Se cree enamorada de Alfredo.

Si se está muy enamorada de alguien o se cree estarlo,

aunque no sea cierto, la pena es la misma.

Y ahora voy a ir al pueblo.

No, espera.

No quiero que vayas precisamente hoy.

Será mejor que tú la acompañes.

(Ladridos)

¡Señor O'Brien!

Buenos días.

Buenos días, señora.

No vino usted al entierro por lo que le dije el otro día,

le ruego que me disculpe.

Estaba muy impresionada.

No sabía lo que decía.

¿Qué le ha hecho cambiar de idea?

Porque usted tuvo ocasión de hacerlo antes.

Cuando mi hermano intentó sacar su revólver, únicamente le desarmó.

No esperaba verla tan pronto por aquí.

No pensaba hacerlo.

He venido solo a hablar con el párroco.

Bien, será mejor que vaya a buscar a la señora Camargo, buenos días.

Buenos días.

Señor O'Brien,

¿quién mató a mi hermano?

No lo sé.

Entonces, ¿promete que me ayudará a descubrir quién le asesinó?

No puede decirse que Miguel haya tenido suerte con las mujeres,

ni con usted, ni con su hija.

Solo quiero que me ayude a descubrir la verdad.

¿Y por qué yo?

Si no es a usted a quién acudo.

Primero tengo que saber todo lo que pasó aquella noche.

Todo.

Sí, yo se lo diré.

Bien.

Buenos días, señora. Buenos días.

¿Si puedo hacer algo por usted?

No, gracias.

El señor O'Brien ha sido muy amable.

¿Han aceptado el dinero?

No han querido aceptarlo.

Creo que Espada está aquí en el pueblo.

Ahora será mejor que te vayas, yo iré enseguida.

Hemos venido juntos y volveremos juntos.

No quiero que te quedes aquí solo.

¿Por qué no se viene conmigo señora Camargo?

Podéis ir con toda tranquilidad, nadie os va a molestar.

Tenga cuidado.

No tarde mucho, hijo, en cuanto llegue se lo diré a Miguel.

Buenos días, señoras.

¿Quieres algo de mí, Espada?

Buenos días, O'Brien, a lo mejor hoy quieres tratar conmigo.

Todo sigue igual que antes.

Otra cosa, amigo.

¿Sabes que ofrecen una recompensa por mí?

Lo sabía.

No ha sido un gesto muy amable, no.

Desde ahora ya no podré dar la espalda ni a mis amigos.

Lo mismo me ocurre a mí.

(RÍE)

Bueno, si no quieres nada conmigo qué le vamos a hacer.

¿No han querido dinero, madre?

No.

¿Y Ray?

Me dijo que no me preocupase que vendría enseguida,

pero no ha llegado.

¿Qué vas a hacer, Miguel?

Puede que nada, ¿no querían a Espada? Pues ya lo tienen.

Vive únicamente del robo.

No comprendo cómo pueden querer a un tipo así.

¡Marchaos!

Dentro de muy poco el pueblo necesitará ayuda

y vendrán a Camargo.

Es posible que vayan a los Riaño,

están acostumbrados a acudir a don Cristóbal.

Hace tiempo ofrecí una recompensa por ese bandido, 500 pesos,

¿dónde puede ganar nadie 500 pesos por solicitar ayuda?

No estoy muy segura de eso,

ni siquiera la familia de la niña quiso aceptar nuestro dinero.

Claro, porque le tiene miedo a Espada,

espera que se marche y te convencerás.

Es solo cuestión de tiempo.

Espera, Ray.

¿Qué es lo que quieres ahora, Miguel?

Mi madre me ha contado lo ocurrido, he debido ir contigo.

Ha sido mejor así.

Y deja a Espada en paz, ya recibirá lo que se merece.

Ya hablaremos de eso.

Ven conmigo a la casa.

No puedo esperar.

¿A dónde vas a ir?

Me ha pedido la señora Riaño que vaya a verla.

¿Y para qué quiere hablar contigo?

Quiere que le ayude averiguar quién ha matado a su hermano.

¿Y tú crees saber quién es el asesino?

No, pero ella es la única que me puede decir lo que pasó

en la hacienda aquella noche.

Nada de eso te importa.

Todo el mundo cree que fuiste tú,

tenemos que descubrir quien mató a Alfredo.

Déjales que lo crean.

¿También va eso por tu hija?

Marta estaba enamorada de él.

Que crean lo que quieran, ya se les olvidará.

Riaño no consentirá que olviden

dejará que te libres de Espada y luego irá contra ti.

El viejo es muy diplomático y te odia.

Miguel, ¿por qué no quieres que se descubra quién mató al muchacho?

Por una razón muy sencilla, porque fui yo.

Buenas tardes.

Buenas tardes, señora.

Siéntese.

Siéntese, por favor.

¿Quiere que le traigan un vaso de vino?

No, muchas gracias.

¿Cuánto tiempo lleva con Miguel?

Cerca ya de cuatro años.

Me parece un poco raro que un hombre como usted permanezca

tanto tiempo en un sitio así.

No tan raro como ver a una mujer como usted aquí en el desierto.

Yo nací en esta casa.

Y estuve en ella, hasta que murió mi padre.

No he venido para hablar de eso, señora.

¿Cuál es su nombre de casada?

Mi tío insiste en Riaño, no simpatizaba con mi marido.

Señora Riaño, ¿usted sabe quién mató a su hermano?

No lo sé.

Pero sospechará de alguien, supongo.

Todo el mundo, incluso su hija, cree que fue Miguel.

Es incapaz de disparar sobre alguien desarmado.

Pero Alfredo tenía revólver.

¿Está segura?

Vi como lo cargaba por la mañana.

Dígame una cosa, ¿quién se fue primero aquella noche?

¿Su hermano o Miguel?

Miguel. No me di cuenta en ese momento.

Pero cuando nos despedíamos Alfredo nos estaba mirando desde la ventana.

¿Qué pasó después?

Miguel fue a la cuadra a por su caballo,

le vi cómo se alejaba, yo seguía allí.

Después bajó Alfredo, cruzó el patio y se dirigió también a la cuadra.

¿Vio si seguía a Miguel?

No sé, hay otra salida, seguramente se iría por allí.

¿Qué hizo usted entonces?

Subí a la habitación de mi tío y estuvimos hablando sobre ello.

Dijo que Alfredo era un loco, siempre dice igual.

Después me fui a acostar.

¿Lo hizo así?

Sí, fui a la habitación estuve esperando a mi hermano.

¿Oyó algo?

Traté de permanecer despierta hasta que Alfredo volviera.

Pero debí quedarme dormida, luego durante la noche creí oírle.

Fui a su habitación pero por desgracia él no estaba.

No podía estar porque a esa hora

ya le habían matado.

Me gustaría hablar con su tío.

No, no.

Ya le dicho todo lo que sucedió.

Mi tío fue a ver a su abogado para arreglar el testamento

y seguramente volverá ya muy tarde.

He de hablar con él si quiere saber lo que le sucedió a su hermano.

El conocer ahora toda la verdad no puede devolvérmelo.

No debí preguntarle nada esta mañana.

Entonces sí quería averiguarlo.

Naturalmente que quería saberlo, entonces creí

que me iba a casar con Miguel.

Ahora ya sé que no lo haré nunca.

¿Sabe él todo eso?

Todavía no le he dicho nada.

¿Qué le ha hecho cambiar de idea tan pronto?

No le he querido nunca y él lo sabía.

De lo que me he dado cuenta ahora es que estaba empezando a odiarle.

¿No lo comprende?

Yo he querido probar únicamente que Miguel fue el que asesinó

a mi hermano.

Te estaba esperando.

¿No ha sido una visita demasiado larga, amigo?

¿Qué? ¿Ya te has enterado de quién es el asesino?

Sé que no fuiste tú.

¿Hablaste con el viejo Riaño?

No estaba en casa. No había vuelto cuando salí.

Entonces, ¿estuvisteis allí solos todo el tiempo Francisca y tú?

¿Qué hicisteis?

¡Contesta!

Suéltame, Miguel.

Te he preguntado qué hicisteis.

Hablamos.

¡Ven aquí!

No me ha convencido tu respuesta, deja el caballo y contéstame.

Charlasteis, ¿eh?

¿Y qué más?

Ella necesitaba hablar con alguien y yo estaba allí para eso.

No es cierto.

Miguel.

Fue el viejo Riaño, él lo mató.

Debió salir poco tiempo después que tú de la tienda.

El viejo fue detrás para evitar que me disparase.

Tú lo sabías, ¿no es eso?

¿Y ya sabe todo eso Francisca?

Yo se lo diré, no te preocupes.

Es una teoría muy interesante, señor O'Brien, si puede probarla.

Alfredo salió con su revólver, y por la mañana estaba con los otros.

¿Y crees tú que yo lo puse allí?

Yo le di este revólver a Alfredo hace muchos años.

¿Puedo verlo?

Naturalmente que puede verlo.

Debía haberlo recargado.

No es necesario.

Quedan cuatro todavía.

¿Se lo han dicho?

Ya veo que sí.

¿Y qué vas a hacer ahora, Francisca?

Marcharme de aquí.

¿Cuándo? En cuanto pueda.

No le meta prisa, amigo mío,

dentro de unos días pensará de distinta forma.

No, dentro de unos días seguiré pensando lo mismo que ahora.

Lo has sacrificado todo por el nombre de Riaño.

Ahora, Alfredo ha muerto por él.

Lo ha matado el hermano de su padre.

La muerte de Alfredo fue un accidente.

No fue un accidente el que Alfredo siguiera a Miguel.

Ambos sabemos por qué.

Todas las cosas tienen un precio y siempre hay que pagarlo.

Para mí, demasiado alto.

¡Francisca!

¡Francisca!

¿A dónde se va a dirigir?

No lo sé.

Es posible que a Ciudad de México.

Nunca he estado por ahí.

Supongo que usted regresará a los Estados Unidos.

No, jamás podré volver.

Y usted sabe por qué.

Mi tío me dijo algunas cosas de usted

aunque no creo que sean ciertas.

Algunas son verdad.

Ya lo sé,

pero no creo que sean todas.

Me buscaban a causa de una pelea que tuve en un rancho

pero no disparé sobre mi mujer.

Después de aquello,

yo estaba refugiado en una cabaña cercana.

Engañaron a mi mujer para que fuera a advertirme y le siguieron.

Rodearon la cabaña

y comenzaron a disparar.

Durante muchas horas pude mantenerlos a distancia

pero a la puesta del sol

la mataron.

Canallas.

Yo esperé hasta que se hizo de noche y entonces salí.

Los fui matando uno a uno,

por eso es por lo que no pude volver.

Ni siquiera a su entierro.

Ray...

(Trote caballo)

(Disparo)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

(Disparos)

¡Tío, tío!

No, Francisca, vete de aquí.

No te muevas de aquí.

(Disparos)

Conviene curarte ese brazo.

No, no es nada.

No puedes volver solo.

Te acompañaré.

He de acostumbrarme a la soledad.

Adiós, Ray.

Adiós, Miguel.

¿Qué hace ahora Miguel?

Se va.

¿A dónde?

Con los suyos.

¿Te quedas?

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