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¿Y qué pasa si Johnson mete las narices? Solo tenemos que asegurarnos de que
Marshall Grant coma de nuestra mano.
¿Va a echar abajo el Teatro Apolo para poner esta mierda? Sí. Vendo toda mi
propiedad a Bumpy Johnson.
Bienvenidos al Club Sinclair.
¡Monique! ¿Qué tal, Jerome?
¿Qué edad tiene ya? Casi 18.
Qué rápido crecen.
Siempre anda tocando música.
Será tan bueno como lo fue Teddy.
Tienes timbas, tienes mujeres, a saber qué más. Y la poli te da carta blanca.
No me negarás que yo también sufro prejuicios. ¿Quieres quejarte?
Pues vete a protestar a Washington.
Hoy la comunidad italoamericana se yergue orgullosa y decidida a luchar
las injusticias.
Bien dicho.
¿Qué coño está haciendo? El sucesor nos sirve de inspiración. ¿Quieres mi
protección? Hay un problema. No me fío de ti. La mujer de Bumpy Johnson ha
venido hoy aquí a empeñar todas sus valiosas joyas. Yo la habría enviado a
centro. ¿A dónde?
¡Quieto, ladrón!
¿Por qué lo has hecho?
No quiero huir más. ¿Aún quieres mi protección? Sería cojonudo.
Eres una calamidad, lo sabías, pero tienes valor.
Gracias.
Harry. Hola, ¿qué pasa, hombre?
Qué alegría verte.
Este garito es espectacular, Bumpy.
Bumpy, menudo club has montado, amigo. Gracias, de verdad. De pequeño quería
tú, comenta Harry.
Gracias. A ti.
Kate, ¿cómo estás?
Menudo vestido. ¿No es ideal, cariño?
Tom lo compró para mí cuando estuvo en París. Tom, no nos pongas en evidencia.
¿Cómo estás?
Bueno, muy tirando.
¿A cuánto asciende la comisión hoy?
Verás, estaría alta. De no ser por ese Johnny Cucaracha.
El muy cabrón ha arrasado en el Blackjack.
Entiendo.
Dile a Marty que traiga alcohol de primera y unas chicas que le animen.
A ver cuánto recuperamos.
Marchando, Bumpy.
Ese granjero, hijo puta, es un lameculoso.
¿No te cae bien Frank?
Bumpy quiere que trabajemos juntos.
Y sí, trabajaré con él.
¿Pero? Pero como ese negro bastardo se atreva a dar un paso en falso, lo
descalabro vivo.
En serio, tío.
¿No crees que desde el infarto Bumpy actúa sin pensar mucho?
No digas eso.
¿Cómo que no lo diga?
Si Frank casi liquida a Bumpy cuando estaba en el hospital.
No fue el día.
Llevarle flores, sino a volarle la tapa de los sesos.
Y no olvides que a ti te dio bien para el pelo.
No sé.
Ese crío se ha jugado la vida para que Bambi le dé otra oportunidad.
Merece un respeto.
No le adules tú también.
Yo no me fío nada de ese desgraciado.
Ponme otra.
Gran recitana.
Siéntate.
Por ti.
¿Por ti?
Me has dado un espacio donde tocar, aunque haya perdido cierta agilidad en
dedos. Ni lo he notado.
No, este lugar... Es asombroso lo que aquí has montado.
Ojalá lo hubiera visto tu hermana.
No se lo habría creído.
Eso seguro.
Oye, tengo algo para darte las gracias.
No es necesario.
No, sí que lo es.
Tú se lo regalaste a Mabel hace unos años. Un poemario.
Tú leías a todas horas y querías inculcar a Mabel tu gran pasión por la
Claude McKay.
Si hemos de morir, si hemos de morir, que no sea cual
cerdos, cazados y enjaulados en un cuchitril indigno, mientras alrededor
ladran famélicos perros rabiosos, haciendo mofa de
nuestro haciago destino.
Es emocionante.
Por ti.
Por ti.
Vale, chicos.
Genial.
Has acertado con Johnny Cucaracha.
El cabrón ha cogido una curda y se ha quedado sin guita.
Alcohol y avaricia son la pareja perfecta.
¿Quién eres tú?
Te volaré la puta cabeza.
Saca la mano con cuidado.
Soy funcionario judicial.
Edward Johnson.
Le entrego una citación.
Open up my window again Open up my window again I can end up calling my
I can end up calling again I swear to God things ain't gonna change I swear to
God things ain't gonna change I keep a revolver with your name I keep a
with your name Just in case
¡Gracias!
Entiendo. Sí.
Deja que me lo piense y te llamo.
Bueno, ¿qué te ha dicho el abogado?
Straub me demanda por la propiedad del Sinclair. ¿Cómo te demandan por algo que
es tuyo?
Transferencia anulable, alegan.
¿Qué es?
Un palabra legal. Me acusan de no pagar el precio justo del solar.
Quiere controlar todo lo que haga.
El solar estaba a nombre de Marshall Grant.
Es una estafa para que Straub controle la propiedad.
Conspira con Colombo. El suerte. Si pierdes el Sinclair, el banco exigirá la
hipoteca. Lo perderemos todo.
Palmetto Chemical, este piso, todo.
¿Y qué piensas hacer?
Voy a ver a ese hijo de puta.
Le obligaré a recular.
Cuidado, Ellsworth. Tiene una horda de abogados. Todos en Nueva York saben que
Straub te demanda hasta que te pudres en el olvido.
Tranquila.
Desplegaré mis encantos.
Soldado.
Señor, necesito... ¿Ha experimentado usted algún trastorno mental, como
depresión o ansiedad? No, señor.
¿Su ética o religión le impiden prestar el servicio militar?
No, señor.
Abre la boca, por favor.
¿Es o ha sido simpatizante de alguna organización política?
No, señor.
¿Quién son?
Tú ni caso, hijo. Son traidores.
¡Lucharemos! ¡Lucharemos! ¡Lucharemos! ¡Lucharemos!
¿Le importa?
Por favor.
Reconozco que ha escarbado a fondo.
Tengo unos abogados fantásticos, los mejores del país.
No pienso cederle el Sinclair.
También tengo buenos abogados. Vamos al grano.
Ahorrémonos tiempo y costas judiciales.
Voy a comprarle el Sinclair.
Por lo que usted invirtió, más un 10%. Y un cuerno.
De acuerdo, pues... Lo perderá todo en el juicio. Me trae sin cuidado.
¿Por qué actúa así?
¿Podría comprar otro solar?
La gente piensa que usted me ha vencido, señor Johnson.
Y si bien me sobra dinero para comprar prácticamente todo Harlem, no puedo
parecer ningún fracasado. El sector inmobiliario es una pelea de gallos
Soy un ganador, señor Johnson.
Y quiero ocupar el primer puesto.
¿Qué es esto?
Una advertencia de lo que le espera.
Una declaración jurada por Marshall Grant donde se lee que usted le obligó a
transferir la propiedad.
Él nunca la firmaría. Pues ya lo ha hecho.
Verá, yo que usted aceptaría mi jugosa oferta y luego pasaría página.
De lo contrario, acabará en la cloaca de donde usted salió.
Que le den por culo.
A la cloaca.
No, no puedo pensar en otra cosa.
Tu padre no se volvió un héroe solo por ser soldado.
Sé que quieres seguir. Sí, quiero seguir mi camino.
Si quieres jugarte la vida en la guerra, que sea por una razón de peso.
Mamá, hay las mismas posibilidades de que me metan un tiro aquí en Harlem que
Vietnam.
Díselo a Shirley Himes.
Le notificaron la muerte de Darrell en cuanto llegó a Vietnam.
Hay chavales que se han escondido en Canadá. Mamá, mi deber es combatir. No
criaste para huir.
Tampoco te crié para perderte.
Como perdí a tu hermano Terry.
Si me fuera a Canadá, me perderías igualmente.
Ya.
La diferencia es que sabría que sigues vivo.
He pensado esto para mi discurso sobre los derechos civiles.
Bien.
Hace 75 años, mi familia vino a este país cargando únicamente con su ropa.
Nadie los acogió.
Nadie los contrató.
¿Qué te parece empezar así?
Funciona. Me gusta.
Pero... tendrías que empezar diciendo que la comida italiana es
la más popular del mundo entero.
¿Qué coño dices? Estoy hablando de mi familia, joder. ¿Tienes hambre? Quiero
hablar contigo.
Lo siento, jefe. Han entrado sin permiso. Tranquilo, está bien.
Me olía que pasaría. Oye, ¿quieres oír mi discurso sobre derechos civiles? Me
sopla.
Dime qué cojones haces con Straub.
Sí, claro. Entendido, chicos.
Dejadnos un momento.
¿Y tú, Frank?
Ya no te obedezco.
¿Te has buscado a tu tribu?
Así es. Está conmigo. Y se queda.
Vale.
¿Qué puedo hacer por vosotros?
Straub quiere arrebatarme el Sinclair. Por el que te pago y a las familias un
tributo. ¿Y tú lo proteges?
Sí, lo hago.
Pues dejaré de pagaros.
Entonces meterías la pata. Yo le dije a Straub que te presentara una oferta
razonable. Y yo que se la metiera por el culo.
Luego no digas que no lo he intentado. ¿Y nuestro trato?
Straub me ofreció otra mejor.
No lo entiendo.
El Sinclair funciona.
Nos estamos forrando.
Ya, ¿qué quieres que te diga? Straub te la tiene jurada. Y cuenta con el favor
de muchísima gente poderosa que puede convertir nuestra vida en un infierno.
Solo he apostado al caballo ganador. ¿Y crees que no voy a hacer nada para
defender lo mío?
No, qué va. Sé que lucharás como un cabrón, pero los dos sabemos que
perdiendo. Mi palabra es ley.
La tuya es mierda.
Bumpy, son negocios.
Y los empresarios nos buscamos la vida.
¿No es cierto, Frank?
Solo negocios.
Sí, pero no te fíes de este pájaro, Bumpy. El niñato da más problemas de lo
cuesta. A mí no me des consejos.
Pues qué pena, porque... Yo en tu lugar cogería la pasta de Straub, saldaría mis
deudas y viviría para contarlo.
¿Y si me niego?
Lo perderás todo.
¿Y para qué?
No seas imbécil.
Las cinco familias manejan los hilos.
Mejor que tú y Straub. Os cubráis las espaldas.
Se presenta dentro de tres días.
Irá en autobús a Fort Pogue para la formación y de inmediato a Vietnam.
Jerome reclutado.
Recuerdo a un niño flacuche jugando a baloncesto.
Le llamaron a la semana de cumplir 18.
Muchos chicos blancos se libran por motivos médicos.
Aunque a Jerome le hagan un justificante médico falso, da lo mismo. Es que él
desea ir.
Todo por su padre.
Por sus condecoraciones en la Segunda Guerra Mundial.
Combatiendo a los nazis.
Esta guerra no es comparable.
A saber por qué y para qué están allí combatiendo.
Puedo pedirle a Zadig y a otros que hablen con él.
Quemaron su cartilla militar.
Según dice Jerome, los insumisos eluden su deber con el país.
¿Crees que papá podría hacerle entrar en razón?
Se me ocurre algo mejor.
Podría ser aventurado, pero conozco a una persona.
Si él no lo convence, nadie lo hará.
Tomaré el branzino.
Buena elección.
Yo el chuletón, poco hecho, con limón de guarnición. Sí, señor.
Resulta que la acidez del limón rebaja la cantidad de grasa y así es más
digestivo. Cuánta jodida sabiduría.
Sí, he vivido en los cinco distritos y en un par de países, incluso en Nueva
Jersey.
Estela, hacía tiempo que tú y yo no nos sentábamos a comer.
Hemos estado ocupados.
¿Quién hubiera pensado que una joven lista, emprendedora y atractiva que
respondiendo llamadas para mí acabaría administrando una familia?
Yo no administro nada.
Pino es quien manda.
Venga ya.
Sabemos lo que hay.
Da igual. Sé que no me has invitado para hablar de mi dinámica familiar.
¿Te habrás enterado de que ahora las cosas en Harlem son distintas?
¿Ah, sí?
Sí.
Créeme, lo son.
Podría haber un ligero cambio de poder.
¿Qué es esto, una amenaza?
Una invitación.
¿Algún problema, Bumpy?
¿Esta es tu firma?
Sí, es esa.
¿Por qué?
¿Por qué has firmado?
No sabía lo que ponía ahí. Que yo te coaccioné para venderme la propiedad del
Sinclair. Me has traicionado, Marshall.
Bambi, me apuntaban a la cabeza y me obligaron a firmar. Ni lo leí ni
sabía qué narices era eso.
Fue visto y no visto.
Pues haberme lo contado.
Me dijeron que me matarían si le contaba algo a alguien.
Es grave lo que he firmado, ¿no? No es bueno.
No es nada bueno.
Bumpy, perdona, pero ya sabes que yo jamás te haría
daño. Lo sabes, ¿verdad?
Sí.
Pienso hacer lo que sea necesario, ¿eh?
Lo que me digas.
Si te necesito, te aviso.
Ve preparando el recital de esta noche.
¿Qué hacemos?
El plan es que Chance y Pettigrew le den un recadito a Straub.
Un puto aviso.
Estel, ya sabes que no me quedaré satisfecho hasta que lo tenga todo.
Y eso es lo que haré, conseguirlo todo.
Seré el capo de Tuticapi. Me pienso coronar y me haré el rey.
Lo único es que busco una reina.
Si te estás declarando, no es que sea muy romántico.
Ya, oye, tú y yo nos compenetramos.
Sí, en lo profesional y en lo personal.
Y estando juntos, nuestras familias serían imparables.
Sí, sería ideal.
Pero hay una pega.
¿Ah, sí? ¿Y cuál es?
Que no te amo.
Ya, pero esto no va de amor.
Esto va de poder.
Escucha.
Cuando tu padre no esté, ¿qué será de ti?
¿Ah? En fin.
Sabes que nunca aceptarán a una mujer en la mafia.
Y no te respetará nadie. A lo mejor te llevas unos sobrecitos, aparte de lo que
tu padre te guarde.
Tiras bien unos años.
Y después, adiós, dinero.
Acabarás viviendo en una casa adosada en Staten Island, apestando a vertedero.
Sin hijos.
Una vida infeliz, si es lo que quieres. Allá tú.
Joe, ¿has leído el hombre que quiso ser rey?
Pues resulta que al final su soberbia le lleva a sufrir una muerte violenta.
Y a su compañero también.
¿En serio?
Pues iré a la biblioteca a echarle una ojeada.
Te lo aconsejo.
Tú, mientras, sopeza mi oferta conforme evolucionen las cosas.
¿Siempre pides tanta comida en tus descansos?
Es que esperamos visita. ¿Quién?
Vamos, mamá, ¿a quién?
No habrás contratado a un payaso, no es mi cumple. No es un payaso.
Espero que no intente disuadirme de lo que deseo hacer.
Hola.
¿Cómo estáis?
Arrea, ese es.
Sí, lo es. Y yo tampoco me lo puedo creer.
¿El chico?
Ese es.
A ver si tú logras convencerlo.
Vale, Mamie.
Haré lo que pueda.
Dale recuerdos a Bambi. De tu parte.
¿Cómo estás, señora?
Soy Muhammad Ali.
Mucho gusto.
Tú debes de ser Jerome.
Sí.
A ver, explícame por qué quieres combatir en la cruenta guerra de los
blanquitos. La verdad, señor Ali, es que quiero ser ingeniero, pero mi madre no
puede pagarme los estudios.
Hay muchos centros, Inca Kodos, y te ganarás una beca. No es solo eso.
Mi padre fue héroe de guerra.
Héroe de guerra.
¿Y tú quieres ser otro?
No seré tan grande como él, pero quiero que se sienta orgulloso de mí.
No soy un cobarde.
¿Cobarde?
Hay que echarle valor para oponerse al sistema.
Yo he perdido millones de dólares.
Me han prohibido boxear. He estado en el calabozo.
¿Crees que eso no requiere tener valor?
Claro que sí.
Pero usted es luchador.
¿Por qué no va y lucha?
Mi conciencia me impide matar a unos hambrientos en el barro en pro de la
América Blanca.
El Vietcong nunca me ha llamado negro.
Ya, pero si dejamos que un país caiga en el comunismo, también caerán otros.
¿No le preocupa eso?
No, nada.
¿A ti sí?
Pues...
Escucha, si pensara que esa guerra iba a traer libertad e igualdad a 22 millones
de compatriotas, no tendrían que reclutarme. Iría allí mañana.
Entiendo.
Y escucha, tal vez estés dispuesto a sacrificarte, pero lo pagarán
otros.
Tu madre, tus amigos y los hijos que jamás tendrás.
Y el dios al que no servirás.
Eh.
Quiero que reflexiones.
Gracias, campeón.
Oiga, eh... ¿Me daría su autógrafo?
¿Qué te parece, Miss Willa?
Legalmente no tienes donde agarrarte.
Pero me juego el cuello a que el tribunal va a favorecer siempre a un
blanco como Straub. ¿Y la oferta?
Sales con los bolsillos llenos.
Conservas el guichi. Podrás seguir avanzando.
Y el señor Grant vivirá como un auténtico maraja.
Tendría que acceder al trato.
Sabes que me crié en el Bronx, ¿no?
Sí.
Pues Robert Moses apareció y construyó la autopista.
La que cruza el Bronx.
Sí.
Y volaron todo el barrio.
Sorpresa.
¿Tú sabías que mi padre tenía un colmado?
No. Yo lo ayudaba a apilar el producto.
Conocíamos a todo el mundo y todo el mundo nos conocía. Era un barrio.
Y fiaba a todos sus clientes sin excepción.
Creo que por eso me hice contable.
¿No querías cometer errores?
No, ni uno.
Bumpy, teníamos un barrio.
Incluso parecía que me habían criado todas las mujeres de nuestro barrio.
Tenía miles de primos allí.
Qué suerte.
Sí que lo era.
El problema te está...
Es que sus edificaciones destruyen comunidades.
Y aunque diga generaremos empleo, tú sabes que ninguno de esos cargos irá a
parar a negros. Ninguno.
Ni siquiera podemos permitirnos vivir en estas viviendas de lujo.
Acabará viniendo aquí y destruirá nuestra cultura y nuestra comunidad.
Pero a ti no te afectará.
Te comprendo.
Solo quería una opinión profesional.
Pues mi opinión profesional es que ese diablo arda en el infierno.
He conocido a Muhammad Ali.
Gracias a Manny.
¿Y qué te ha dicho?
¿Habéis hablado de la guerra?
Sí.
¿Y?
¿Sabías que ha perdido combates y millones de dólares?
¡Qué locura! A ver, es una eminencia. ¿Crees que le pondrán en la línea de
fuego? ¿Qué va?
No es por eso.
Es un negro musulmán, mamá. Yo no lo soy.
Yo no soy como él.
Verás, mi religión no me impide combatir por mi país.
¿Y qué ha hecho este país por ti, aparte de esclavizar a tu pueblo?
Mamá, este país también tiene su lado bueno.
No me da miedo combatir.
Y no me da miedo morir.
Y ya soy adulto.
Tengo que poder pensar por mi cuenta.
Tomar mis decisiones.
Señor.
Señor Strapp.
¿Podemos hablar?
Traemos un recado de Bumpy Johnson.
Queremos que revise esta declaración que usted le hizo firmar a Marshall Grant.
Traten esto con mi abogado. No.
Usted va a firmar este acidávit para devolver el Sinclair a Bambi Johnson.
Si no, lo finiquitamos con mi 45.
¡Joder! ¡Tiene refuerzos! ¡Los patones de Colombo!
No tengo balas.
Vengo a ver a Estela, gigante.
Delia.
¿Qué haces aquí?
Me dijiste que si necesitaba ayuda, te la pidiera.
Sí, por supuesto.
Ven, siéntate.
Mira, Estela ni siquiera moja a Matalí.
Ni Muhammad Ali en persona ha convencido al chico.
Vaya. Y estoy muy, muy preocupada.
Es lógico.
No quiero perder otro hijo.
¿Imaginas cómo me siento?
Pues claro.
¿Qué puedo hacer?
No sé.
Tú no puedes quitárselo de la cabeza.
Conoces mucha gente influyente.
Es complicado que no lo recluten si él quiere ir.
Y si Muhammad Ali no lo ha convencido... Creo que lo que quiere es ponerse a
prueba después de morir su padre.
Y Teddy... Jerome ha estado expuesto a mucha muerte.
Puede que él quiera plantarle cara y... demostrarse que no la teme. No es
posible.
Es todo psicológico y es terco como una mula.
Igual que Teddy.
¿Qué quieres que haga?
Se me ocurre que podrías raptarle y llevarle a Canadá.
De Elias, por favor.
Te necesito. No tengo a nadie.
Deja que hable con mis hombres.
A ver qué puedo hacer.
¿Me aconsejas que vayamos a juicio?
Pues si te parece lo más indicado, adelante.
Podemos ganar este caso.
Últimamente no tenemos suerte. Entiendo. No, ninguna.
Intuía que salir del mercado de Jacob era una cagada.
Perfecto. Si perdemos el Sinclair, ¿qué nos queda?
¿Qué es ello?
Yo te lo digo.
Iremos tirando a duras penas, si es así.
Más vale que cierres la bocata para que Bumpy no se entere de lo que has dicho.
¿Está claro?
Era mi abogado.
¿Qué ha dicho?
Vamos a procurar desestimar el caso.
Marshall comparecerá ante el juez y jurará que ellos le coaccionaron para
firmar. ¿Y te quedarás en Sinclair? Sí.
¿Y si pierdes el caso?
No perderemos.
Está apuntado a los jueces, pero decide el jurado.
Ellos creerán a Marshall.
Voy a hablar con él.
Y una puta mierda. No. Vamos, Pino, que esto es pan comido. Me la trae al pairo.
Tenemos problemas más gordos. Y no quiero que mis chicos se enfurruñen por
intentar ayudar a un puto moliñán.
Delia es mi amiga.
¿Lo entiendes? Pues búscate amigos mejores, confiesa Estela.
¿Qué tiene esa señora negra en tu contra? No tiene nada en mi contra.
Es casi de la familia.
No es de tu familia, Estelle.
Es la familia que me habría gustado tener.
Me enamoré de su hijo, Teddy.
Y deseaba que fuera mi suegra.
Soy medio responsable de la muerte de Teddy.
Así que la quiero y se lo debo. Y tú vas a ayudarme, pedazo de capullo.
Está bien.
Está bien, si tanto quieres ayudarla, lleva a su hijo tu mismita a Canadá. Yo
debo preocuparme por esta puta familia.
La familia Genovese.
Es lo que me pidió tu padre y pienso protegerla a toda costa. Tú, haz lo que
quieras. Me importa un puñetero, obledo.
¿Estamos? Lo siento, Estel. No es problema nuestro.
Y se acabó esta historia.
Hola. Podemos entrar.
¿Quién coño eres?
¿Y por qué te traes a esta blanca?
Es Estela Gigante.
Es mi amiga y venimos a ver a él.
Ya, es que no acostumbramos a dejar pasar a los blancos porque la mayoría
poli... Espera, Zadig.
Yo te conozco.
Sí, y yo a tu padre.
¿Podemos hablar contigo?
Estela es buena gente.
Ella es de fiar.
Si lleváis a Jerome a Canadá, tendréis un coche, dinero para gasolina,
provisiones para su acompañante y dinero para que Jerome se instale cuando
llegue. Hemos ayudado a jóvenes negros que eran insumisos a salir de Harlem a
escondidas. Joder, casi todos hemos quemado las cartillas militares.
Pero estamos hablando de un chaval que quiere ir a Vietnam.
Es joven y está confuso. Si él quiere combatir, no podemos detenerlo. Sí
podemos.
Raptadlo.
Ya puede decir misa.
Así actuaría un gángster, no nosotros.
A veces hay que actuar como un gángster.
Elir lo sabe de buena tinta.
¿Puedo ayudarle?
Hola, chico. Estaba buscándome locotones. ¿Tienes?
Están aquí.
¿Cuántos quiere?
Como para un viaje de ocho horas.
Guau, un viaje largo.
Valdrá con cuatro.
¿Cuál es tu fruta preferida, Jerome?
¿Cómo sabe mi nombre?
Te conocemos bien, hermano.
Ponnos todo para llevar, Jerome.
¿Elis? ¿Cómo tú por aquí?
Te traigo un recado de tu madre.
Ah, ¿sí?
¿Cuál?
Adiós. ¡Esperad! ¡No me toquéis! ¿De qué vais?
¡Esperad, Eli!
Marshall, ¿estás aquí?
No.
Joder, no.
Lo siento, Bumpy. Sé que era importante para ti.
Les mandé que te trajeran por una razón.
Para despedirte de los hombres que ha perdido esta familia y de mí. ¿Qué
demonios? Esto parece de locos. Si mueres tú, tendrán que enterrarme a mí
junto a tu padre.
Jerome, te llevamos a Canadá.
Quieras o no quieras, te he metido la ropa y dentro hay dinero para el
y para una buena chaqueta.
Lo haces contra mi voluntad.
Aunque me odien para siempre.
Si Muhammad Ali ha podido renunciar a su pasión, el boxeo.
Yo renuncio a ti.
Mamá, no lo hagas. Yo lograré volver.
Iré a la guerra, no lo impedirás.
Eso es cierto.
Me partirás el corazón.
Cuando tengas hijos, lo entenderás.
Jerome, la milicia necesita gente negra para librar sus batallas.
Les da igual que te juegues la vida. Aquí te tratan como una colilla.
Te trituran sin piedad. ¿No lo ves?
Mi conciencia me impide matar a unos hambrientos en el barro en pro de la
América Blanca.
El Vietcong nunca me ha llamado negro.
Es que quiero hacer algo de provecho con mi vida. En Harlem siento que me estoy
asfixiando. ¿Y por qué no mejoras tu vida quedándote aquí en Harlem?
¿Cómo?
Afiliándote a las panteras.
Tenemos a muchos insumisos.
Si vas a librar una guerra, que sea justa. Únete a nosotros. Combate por
que nos merecemos. Por la esperanza de un futuro.
Tal vez estés dispuesto a sacrificarte.
Pero lo pagarán otros.
Tu madre.
Tus amigos.
Y los hijos que jamás tendrás.
Elise.
Delia, él no piensa quedarse en Canadá de brazos cruzados.
Necesita una causa. Y aquí en casa tenemos una.
Pero es igual de peligroso.
Mamá.
Entiendo, Alice.
Muhammad Ali tenía razón.
Ningún Vietcong me ha llamado negro.
No entraré en el ejército si formo parte de las Panteras.
Al menos estarás aquí.
¿Alguien tiene fuego?
Campeón. Toma ya.
Bienvenido a las panteras.
¿Por qué estás tan pronto en casa?
¿En qué estaba pensando?
¿Qué? Haberme avisado de que reconstruir Harlem era una locura.
Ellsworth, ¿qué te ocurre?
¿Qué ha pasado?
Marshall Grant ha muerto. ¿Cómo?
Me han vencido, Mabel.
Me van a quitar el Sinclair. No, no lo sabes.
He perdido, nena.
He perdido. Y le ha costado la vida a un hombre.
Voy a darles lo que quieren.
Reuniré el dinero.
Saldaré las deudas.
Y viviremos para contarlo.
Si te sirve de consuelo.
Estoy harta de esta guerra.
Te siento muchísimo lo de Marshall.
Este sitio me fascina.
¿Es tan auténtico? ¿Tan italiano?
Es muy italiano, sí.
Vengo a menudo con amigos míos.
Nos gusta porque es cocina tradicional. Compran los ingredientes por toda
Norteamérica. ¿Vamos al grano?
Quiero acabar con esto.
De acuerdo.
Nuestro amigo está de muy mal humor.
No entiendo por qué.
Si usted va a sacar una formidable tajada. Un buen hombre ha muerto. Y era
mío.
Sí, sí, Dios, algo habíamos oído.
Una lástima.
Se ha suicidado, ¿verdad? No estoy seguro todavía.
De no ser así, os aseguro que el responsable lo pagará.
Nos acusas de su muerte.
Marshall Grant, con su testimonio, os podría haber destrozado.
Puede que sí, puede que no.
Pero el pobre ya no está con nosotros.
En fin.
Joe y yo celebramos que lo haya reconsiderado. Ahora, pongamos los
las islas.
Primero el dinero.
Por supuesto.
Sí, mira, así está todo.
No quiero que el señor Strauss se aproveche de nosotros.
Joe, no falsearía una transacción comercial.
Somos socios, no quiero que te preocupes lo más mismo.
De acuerdo.
Vamos a ello.
Los tiempos cambian, encanto.
Piensa en mi oferta, Joe.
¿Arreglado?
Ya lo creo.
Bien.
¿Qué coño?
¿Crees que el cabrón era de fiar?
Voy a quitaros esto de las putas manos.
Es mi pasta.
No, ya no.
Ahora que estás sin blanca, haz lo que mejor sabes hacer.
Vender caballo y alcohol.
Pero hoy, sin rencores.
Y pásate cuando quieras por el St. Clair, hombre.
Invita a la casa.
Don, coge el puto contrato.
Sí, hija.
Andando.
piensen.
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