Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Greek
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Gabriel: Les juro por la memoria
de nuestro padre
que Emilio Gallardo va a pagar lo que nos hizo
con mucho más que su vida.
[♪♪♪]
Mujer: Esta boda nadie la detiene.
♪ Nos quieren detener. ♪
Camila: El amor...
♪ Nos quieren aplastar... ♪
...si llega, llegará después.
♪ por defender tu amor... ♪
- Si no quieres, no te cases, Camila.
♪ ...por decir la verdad. ♪
♪ Con nuestra propia ley ♪
♪ quitamos para dar ♪
♪ un poco de esperanza ♪
♪ y ante todo dignidad. ♪
♪ Nadie nos detiene, ♪
♪ somos libertad. ♪
♪ Ángeles plateados, ♪
♪ cazadores de la paz. ♪
♪ No queremos guerra, ♪
♪ pero hay que luchar ♪
♪ contra la injusticia, ♪
♪ por amor a la verdad. ♪
- Mejor cúbrete.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
[Relinchos]
[Gritos]
Gabriel: ¡Jiah, jiah! ¡Jiah!
- ¡Nicanor!
[Bullicio]
[Disparos]
[♪♪♪]
¿Qué hacen?
¡Vayan por los caballos! ¡Traigan las armas!
¡Bola de inútiles!
- ¿Cuál caballo, patrón? Se los llevaron todos.
- Mamá. - ¡Maldita sea!
- Emilio, ¡por el amor de Dios, haz algo!
Se llevaron a mi hija.
- Pero ¿qué diablos les pasa a todos?
¡Vayan por él, traigan caballos!
¡Maldita sea!
- ¡Por el amor de Dios, Emilio, me la van a malograr!
- ¡Eso no va a pasar! ¡Que se muevan!
¡Traigan los caballos! - Emilio,
¡rescátala de esos asesinos!
- Mamá, mamá... - ¡Tienes que rescatarla!
- Mamá, ¡cálmate!
- ¿Cómo quieres que me calme? - Así no...
¡Así no se soluciona nada! - ¡No me pidas que me calme!
¡Es mi hija! ¿Que no tienes corazón?
- Luciana, por favor, llévatela.
- ¡Por el amor de Dios, Emilio, muévete!
- Cálmese. ¡Ya cálmese, señora! - ¡Haz algo!
- ¡Cálmese! ¡Nicanor! Ofelia: ¡No!
- ¡Los caballos! - Emilio, tranquilízate.
Ya mandé a traer todos los caballos de mi hacienda.
Tranquilízate.
- Aurelio, eso sería darles demasiada ventaja.
- ¿Y qué otra maldita cosa quieres que haga?
¿Qué quieres que haga? ¿Que me espere aquí?
¡No me importa, los voy a alcanzar!
¡No me importa la ventaja que me lleven!
¡Voy a encontrar a Camila cueste lo que cueste!
Lo juro por mi vida.
[♪♪♪]
En cuanto tengamos los caballos,
salimos a buscar a mi esposa.
Los que quieran acompañarme que lo hagan.
Yasir: ¡Yo voy! Samia: ¡No, no vayas, Yasir!
¡No vayas, Yasir!
- Yo voy, don Emilio. Cuente conmigo.
- Gracias. Gracias.
- Emilio, nosotros nos vamos a tener que retirar.
Y Víctor se viene con nosotras.
- Me encantaría ayudarlo, don Emilio,
pero no voy, me llevan.
- ¡Mételes un plomazo en la cabeza
a esos desgraciados, Emilio!
Y ya sabes, cuentas conmigo.
- ¿Dónde está Nicanor?
- Está en la cocina, patrón.
- ¿Dónde está Nicanor? - Don Emilio.
- ¿Dónde está Nicanor?
A ver, viejas chismosas... - Don Emilio, por favor,
por favor, se lo suplico.
Por favor, no le haga nada, don Emilio.
- ¡Suéltame! Se quedan aquí o les toca a todas ustedes,
¿oyeron? - Don Emilio, por favor.
Nicanor: Patroncito, perdóneme, patroncito.
Patroncito, no lo vuelvo a hacer, patroncito.
- Párate. - Patroncito,
no, no, no... Patroncito, por lo que más quiera...
- ¡Voltéate! - ¡Patroncito!
[Gritos]
Patroncito, por favor. - No lo vueles a hacer.
- No lo vuelvo hacer... - A ver si...
- ¡Ay! No, no, ya, por favor, patroncito.
[Grito]
[♪♪♪]
Gabriel: ¡Oh, oh!
[Relinchos]
- Cuénteme, ¿qué me van a hacer?
- Deberíamos pedir rescate, ¿no?
Me imagino que su marido nos daría una fortuna.
- Ustedes sigan adelante, yo los alcanzo luego.
- Pero, Gabriel... Gabriel: ¿Que no oyeron?
¡Hagan lo que les digo!
- ¡Suélteme! - Tranquila. Tranquila.
Tomás: Parece que nuestro hermano
quiere disfrutar de la hembrita él solo.
¡Vámonos!
[♪♪♪]
- Mamá, ya, por favor, tranquilízate. Tranquilízate,
te va a hacer daño.
- Diosito querido,
que no le pase nada a mi niña Camila,
te lo suplico, por lo que más quieras,
señor, por favor.
- ¡Ya cállate, por Dios!
La estás poniendo todavía más nerviosa.
Mamá, ¿por qué no te recuestas un rato?
Llévatela a tu cuarto, Esperanza.
- Sí, mamá, ¿por qué no vamos a mi recámara
y rezamos un rato juntas?
[Voces indistintas]
- Andrés, ¿ya llegaron los caballos?
- No, mamá, todavía no han llegado.
- Pero ¿por qué Dios me hace esto a mí?
Quién sabe qué le estarán haciendo
a tu hermana y dónde estarán con ella.
- Mamá, ya, por favor, tranquilízate, ¿sí?
Por favor, ya oíste.
En cuanto lleguen los caballos, la van a salir a buscar.
- ¿Pero cuándo? ¿Cuándo?
Esos desgraciados ya deben de ir muy lejos con ella.
¡Emilio! - Emilio.
Ofelia: Emilio.
Mujer: Ay, no.
[♪♪♪]
- Emilio, voy a telegrafiar para pedir refuerzos.
- No, no, no... De ese asunto me encargo yo.
- Si quieres ver a Camila sana y salva, yo también.
No sé, tal vez, hasta más que tú.
Solicitaré un pelotón de infantería.
- ¿Por qué demonios te cuesta tanto comprender
la palabra no, Andrés, eh?
¿No te das cuenta que esos hijos de perra
entraron en mi casa, se llevaron a mi mujer,
y me dejaron en ridículo delante de todos,
que me humillaron?
Ahora más que nunca, este es un asunto personal
entre ellos y yo.
- No, no, no, los Plateados son un asunto de la ley.
- Tú sabes muy bien por dónde me paso tu ley.
Voy a agarrar a esos malnacidos y los voy a matar uno por uno.
Y si tratas de impedírmelo,
te vas a arrepentir
de haberte cruzado en mi camino.
Tú no sabes de lo que soy capaz, ¿oíste?
No lo sabes.
[♪♪♪]
Voy a traer a Camila de regreso, Ofelia,
se lo juro.
Esa gente va a pagar con su vida lo que le hicieron.
Tiene mi palabra.
- Gracias, Emilio. Gracias.
- Encárgate de mi mamá, yo ahora regreso.
Ofelia: ¿Dónde vas tú?
Esperanza: Vámonos. - Señora...
yo solo quería decirle que...
que lamento mucho lo que está pasando,
y que me ofrecí a salir a buscar a su hija.
Solo quería que lo supiera, y que lo hago por...
por la amistad entre mi familia y, y don Emilio.
Permiso.
- Eso se saca Emilio por andar invitando a esta gentuza,
que se igualen con uno.
Vámonos, vámonos, Esperanza. ¡Vámonos!
[♪♪♪]
[Aves trinan]
- Tranquila, no le va a pasar nada.
- Si vienes a decirme que lo sientes mucho,
ahórrate el sarcasmo, ¿quieres?
- ¿Cómo te atreves? Cínico. - ¿Sabes qué? Déjame solo.
- No, no, escúchame, por Dios, por favor.
Yo amo a Camila.
Sí, pero... pero ella me quitó al hombre que yo quiero.
- Luciana, tú no quieres a nadie.
Eres una egoísta que jamás ha visto
más allá de sus propios intereses y caprichos.
- ¿Eso crees tú? ¿Que eres un mero capricho para mí?
- Ya, está bien, está bien, me convenciste.
La adoras y lamentas mucho lo que le pasó, ¿verdad?
Ahora déjame solo antes de que te ahorque,
¿o es mucho pedir?
- Es que lo echaste todo a perder, Emilio.
¿Por qué con ella, eh?
Convertiste a mi hermana en mi peor enemiga.
- Emilio, ya llegaron los caballos.
Emilio: Toma, llévate eso.
[♪♪♪]
- Yasir solo quiso hacerle una atención a don Emilio.
Halim, no tienes por qué ponerte así.
- Me pongo así, padre, porque, con todo respeto,
nosotros somos diferentes, pertenecemos a otra cultura.
Los mexicanos son...
los mexicanos son gente pasional,
que se arriesgan a todo.
Y si tratamos de ser iguales a ellos,
estamos cometiendo un grave error.
En este momento, Yasir debe tener un arma en la mano.
- No digas eso.
- Todos los que van a una expedición como esa,
madre, deben de estar armados.
Y Yasir no tiene por qué ser la excepción.
- No, Yasir sabe que nosotros no toleramos
las armas y va a respetar.
- Mi hermano no respeta nada, padre.
Él está tan pendiente de que lo reconozcan
en este país, de pertenecer a esta sociedad,
que ya no se acuerda ni de dónde venimos
ni de cuáles son nuestras raíces.
Además, esa gente todo el día
nos estuvo viendo con asco, papá.
Eso no nos lo merecemos. - ¡Bueno, ya, se acabó!
[Sollozos]
- San Jorge bendito,
por favor,
no permitas que le pase algo a mi hijo.
Marcula, tráenos la paz.
Kamal, tengo mucho miedo.
- No, no. Samia: Tengo mucho miedo,
mi amor. - No, amor,
no le va a pasar nada, Samia. Nada.
- ¿Por qué la gente es así?
¿Quiénes son los Plateados?
- Quién sabe.
Dicen que nadie les ha visto el rostro jamás.
[♪♪♪]
- Gabriel no puede tomar decisiones sin consultarnos.
Quien hace las reglas las respeta, ¿no?
- Ya cálmate, tú.
Eva, ¿no tienes algo por ahí
para que se le baje la corajina?
[Risa]
- Pues, tengo un tecito de tila, si lo quieres.
- ¡Qué tecito de tila ni qué la fregada!
Si ustedes no entienden que Gabriel metió la pata,
pues, yo me voy... de aquí con mi coraje a otra parte.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer?
- Pues, nada, vamos a esperar.
Gabriel tiene que aparecer.
- Yo no sé, Manuel, pero...
yo sé muy bien que Emilio Gallardo
no se va a quedar con los brazos cruzados.
[♪♪♪]
- Ni se le ocurra quitarse la venda o la amarro.
[Relinchos]
- ¿Dónde estamos?
¿Dónde estamos, eh?
- Es mejor que no lo sepa.
- No me haga daño, por favor. Gabriel: Tranquila.
- Por favor. - No se preocupe,
no le voy a hacer nada.
- ¿Y por qué me tiene con los ojos vendados?
[Exhalación]
[♪♪♪]
¿Qué quiere de mí?
¿Va a pedirle recompensa a mi marido?
- Ese no es asunto suyo.
Pase.
No haga berrinche porque, si no, la amarro.
[♪♪♪]
- Aquí vamos a pasar la noche.
Así que es mejor que se ponga cómoda.
- No entiendo. ¿Por qué me trajo aquí, eh?
Mire nada más cómo tengo ya los zapatos.
- Porque tuve la mala suerte de que su caballo se desbocara.
- Déjeme ver su rostro.
Por lo menos dígame por qué roban.
- Nosotros no nacimos ladrones.
Lo que pasa es que la vida
ha sido muy injusta con nosotros, señora.
Véndeme los ojos. Prefiero no seguir mirándolo.
Gabriel: Voy por un poco de leña.
No le recomiendo que se mueva de aquí.
Está a punto de oscurecer y es muy peligroso el bosque.
Además, dicen que hay bandidos.
[♪♪♪]
[Ladridos]
[♪♪♪]
- ¿Están listos? Hombre 1: Sí, señor.
Hombre 2: Sí. - Vámonos.
- Cuando digas, Emilio. - ¿Traes arma?
- No, señor. - Toma.
- Gracias.
- Emilio, espera hasta mañana.
Esta noche es imposible que los encuentres.
- No, Aurelio, no. No me puedo quedar con los brazos cruzados.
Camila es lo más importante en mi vida.
Los voy a encontrar.
Te juro, te juro que los voy a encontrar.
[♪♪♪]
¡Vámonos!
- Cuídate, m'hijo.
Andrés: Don Aurelio.
[♪♪♪]
- ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vamos!
Hombre: Caballo.
[♪♪♪]
- Se ve que la noche va a enfriar.
Y con ese escote...
- No tengo frío.
- ¿Quiere comer algo?
No es la gran cosa, pero le va a quitar el hambre.
- Ya le dije que no. No quiero nada.
Gabriel: Como quiera.
Nada más quiero ser amable.
[♪♪♪]
¿A dónde va? - A mi casa.
- ¿Cree que va a poder salir sola?
El bosque es traicionero.
Además, hay mucho animal salvaje allá afuera.
Pero como usted quiera.
[♪♪♪]
- Son como animales, gente perversa, enferma.
Son unos locos.
Espero que te des cuenta de que Emilio tenía razón.
- Mire, doña Augusta,
no pienso discutir con usted en este momento,
si es eso lo que está buscando.
- No, lo que estoy buscando es que entiendas
de una vez por todas
que esa gente es nuestra enemiga.
Y que, si los perdonamos,
lo único que vamos a ganar es morir nosotros.
Malditos sean.
[♪♪♪]
- Malditos. Mil veces malditos.
Dos horas buscando y ni rastro de ellos.
Pareciera que se los tragó la noche.
- Emilio, tenemos que dividirnos,
es la mejor manera.
- 'Ta bien, tú vete con Leonardo
y con los demás a la quebrada.
Yasir y yo nos vamos a Pueblo Seco.
En dos horas nos vemos en la hacienda.
Si los encuentran, no lo duden, ¿eh?
Tiren a matar.
- ¿A matar?
¿Có-cómo matarlos, Emilio? - Ya oíste bien.
Mátenlos a todos. Vámonos, muchachos.
[♪♪♪]
- No.
Lo que sí tengo es muchísimo frío.
[♪♪♪]
Usted no me engaña, ¿eh?
Podrá portarse muy amable ahora conmigo,
pero yo sé perfectamente quiénes son ustedes.
Todo el mundo lo sabe. Unos ladrones, unos asesinos.
Si fueran gente decente,
no tendrían por qué estarse ocultando la cara,
y mucho menos estarían amenazando
a las mujeres con una pistola.
- Ni usted ni nadie conoce nuestros motivos, señora.
- Pues, no, pero lo que sí sé es que son unos cobardes.
- Cuide sus palabras,
si no quiere que le falte el respeto.
- Yo no sé qué es lo que pretende hacer conmigo.
Lo que sí sé es que está cometiendo
un gravísimo error.
- No me diga. Camila: Sí.
Porque usted no conoce a mi marido.
Pero él es un hombre muy poderoso,
y usted lo provocó.
Cuando nos encuentre aquí,
no se va a ir hasta saldar cuentas con usted.
- Eso lo veremos. - Pues, sí, lo veremos.
[♪♪♪]
- ¿Puedo hablar contigo, Luciana?
- ¿Ya se sabe algo de Camila?
- No.
No se sabe nada todavía.
- ¿Qué te pasa, mamá? - Luciana, yo sé a qué viniste.
- Entonces, ¿por qué no me lo explicas?
Porque, por lo visto, tú lo sabes mejor que yo.
- Mira, Luciana, solamente te quiero pedir,
te quiero suplicar que no te interpongas
en la felicidad de tu hermana Camila.
Emilio la va a encontrar, y cuando eso suceda...
- ¿Interponerme?
¿Yo? ¿En la felicidad de Camila?
No, mamá.
Si alguien se interpuso en su felicidad, no fui yo.
Fuiste tú. Tú la vendiste.
Para no quedarte en la quiebra, vendiste a tu hija.
- ¡Cállate!
Perdóname, Luciana, yo...
- Está bien, mamá, déjalo así.
Todos estamos muy nerviosos y sobre todo tú.
¿Por qué no mejor te vas a descansar, mh?
Te va a hacer bien dormir un poco.
- Sí, será lo mejor.
Me voy a descansar.
[♪♪♪]
- Hija, ¿por qué no estás en cama?
- No puedo dormir.
- Ya somos, ¿mh? Anda, ve.
Ven, déjame arroparte como cuando eras pequeña.
- Tengo mucho miedo, mamá.
Nada más que pensar que Leonardo y mi papá
se puedan enfrentar con esos desalmados,
se me parte el corazón.
Si les pasa algo, me muero.
- ¿Sabes algo?
Ángeles: Mh. - Creo que a las dos
nos está haciendo mucha falta rezar.
Tu... tu verdadera madre, que en paz descanse,
era muy devota.
[♪♪♪]
Dios te salve, María, llena eres de gracia,
el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres
y bendito el fruto de tu vientre, Jesús.
Eva: Tomás.
- ¿Qué quieres?
- Decirte que tienes razón, que Gabriel la está regando.
- Eva, los problemas entre mi hermano y yo
los solucionamos solos.
- 'Ta bien, de acuerdo. Pero para mí...
[♪♪♪]
- ¿Qué hace?
- Nada.
- Seguramente, está pensando en la mujer
que le regaló esas pulseras, ¿verdad?
- Sí. Eran de mi madre.
- ¿Y dónde está?
- Eso a usted no le importa.
- ¿Qué me mira?
- Pensaba.
¿Y qué pensaba?
- ¿Usted se casó enamorada?
- Eso a usted no le importa.
Gabriel: No, no me importa.
Lo que pasa es que no parece una mujer enamorada.
- ¿Y a usted quién le dio permiso de meterse en mi vida?
- ¿Y a usted quién le dio permiso de decirme cobarde?
Mire, señora, ya estamos platicando mucho
y lo mejor es que nos durmamos.
- Sí.
- Mañana va a ser un día muy difícil.
- Sí.
[♪♪♪]
- Perdóneme.
No quise ser grosero.
- Perdóneme. No quise ofenderlo.
[♪♪♪]
- Ah, hasta mañana.
- Oiga, ¿y yo? ¿Dónde voy a dormir?
[Exhalación]
[♪♪♪]
- ¿Qué pasó, Emilio? Emilio: No.
Nada. Nada, no encontramos nada.
Nos separamos,
Leonardo y Andrés se fueron a la quebrada.
Quedamos de vernos aquí. ¿No han llegado?
- Mira, ahí viene Leonardo.
- Nada, don Emilio.
Recorrimos toda la cañada y no encontramos nada.
Fue inútil. Emilio: Es que no puede ser.
No pueden haberse desvanecido así nada más.
¡Hay que seguir buscando!
- Con todo respeto, don Emilio,
con estas antorchas, apenas sí podemos ver el camino.
Esos bandidos conocen mejor la zona que nosotros.
Ya deben estar escondidos en algún lado.
Andrés: Leonardo tiene razón, Emilio.
Yo sugiero que reiniciemos la búsqueda durante el día,
con perros. - ¿A quién le callo primero
el hocico de un plomazo, ah?
¿A quién?
[♪♪♪]
- ¿Quién más va a decirme que no siga buscando
a mi mujer?
- ¡Emilio! ¿Qué te pasa?
¿Te has vuelto loco o qué?
Emilio: Sí, Aurelio, sí me volví loco.
Y si cualquiera de estos dos tuviera mujer,
entenderían que, aunque me lo pidiera
la mismísima Virgen,
yo no dejaría de buscar a Camila.
Entonces, váyanse. Váyanse, no los necesito.
El que se quiera largar con estos que se largue.
Yo solo me basto pa' acabar con esos desgraciados
y recuperar a mi mujer.
- Yo voy con usted, don Emilio. Emilio: Pos, vámonos.
¡Vámonos!
Agarra tu caballo y vámonos.
¡Síganme!
¡Háganse!
[♪♪♪]
[Fuego crepita]
[♪♪♪]
[Gallo canta]
[Aves trinan]
- Vámonos, aquí la vida no se detiene.
Emilio va a llegar muy cansado
y quiero que le preparen un desayuno en forma.
Xochitl, súbele el desayuno a mi mamá
y a Esperanza, que pasaron muy mala noche.
Esperemos que encuentre a Camila,
así que también hay que preparar
un baño para ella.
Xochitl: ¡Dios la oiga, señorita Luciana, Dios la oiga.
- Y el diablo que se la descomponga.
- ¿Qué dijiste, Dolores?
- Nada, señorita.
- Muévanse.
[Gallo canta]
Emilio, ¿Qué pasó?
¿Y Camila?
- No sé, no la he encontrado.
Solo vine a cambiar de caballo y...
- No, no, no, de ninguna manera.
Has estado fuera toda la noche, no.
Necesitas dormir. Ya te ordené el desayuno, ven.
- ¿Cómo crees que voy a descansar
si no he encontrado a mi mujer?
A la mujer que amo.
Esos desgraciados malnacidos van a saber quién soy yo.
Los voy a perseguir hasta el fin del mundo.
- Yo voy contigo.
- ¿Estás loca? Luciana: No, no estoy loca.
Sabes que monto mejor que cualquiera de tus hombres.
Además, no me voy a quedar aquí, de brazos cruzados.
- ¿Y ahora qué? ¿Me vas a decir
que te importa mucho tu hermana?
- Qué poco me conoces, Emilio.
Lo peor que me podría pasar en este momento
es que Camila no aparezca.
Yo no la quiero convertida en una mártir.
Eso me alejaría de ti para siempre.
- Emilio, ¿Qué pasó con mi hija?
¿La encontraron? - No, no, no, todavía no.
Que me preparen un caballo. - Ay. Ay, no.
- No, mamá. - Voy a cambiarme.
- Mamá. - Me da algo, me da algo.
- Ay, mamá, mamá. - No, por favor.
Respira, respira, respira. - Mamá.
- ¡Ah! - Respira, mamá, respira.
[Aves trinan]
- Fui por un poco de agua.
¿Quiere?
- Sí.
[♪♪♪]
[♪♪♪]
- Dice Eva que...
que está hablando con los campesinos
y que no han oído nada.
Supongo que esa es buena noticia, ¿verdad?
- Yo no sé qué se está pensando Gabriel.
Debe de haber gente de Gallardo por todas partes.
¿Qué diablos quiere con esa mujer?
- Mira, Tomás, yo no sé, pero de seguro Gabriel
ha de tener sus motivos.
- Sí, sí, sí, yo entiendo que nuestro hermanito
tenga sus motivos, ¿no?
Pero, a ver, ¿por qué no satisface
sus motivos aquí y no allá afuera
donde nos está poniendo en riesgo a todos?
- Como sea, Tomás.
Gabriel no solamente es nuestro hermano mayor,
es el jefe de la banda.
Entiéndelo de una buena vez. ¡Es el jefe!
- Eva, mi caballo.
- ¿Y ahora tú a dónde vas?
- ¿Yo? Voy a buscar a nuestro jefe.
[♪♪♪]
- Hijo, por favor, no salgas.
Don Emilio, seguramente, tiene mucha gente
que busque a su señora.
- No, mamá. Tenemos que apoyarlo.
Mira, toda la gente viene a este pueblo,
lo está haciendo.
- Por favor, Yasir. - Ya me voy.
Dame la bendición, mamá. - ¿Qué es esto?
Estás armado. Kamal.
- Quítate del medio. - Se lo dije, papá.
Este no se hizo de rogar para romper las tradiciones
de nuestra familia.
Entrégame esa arma. - ¿Que te entregue el arma?
Tú no eres nadie para darme órdenes a mí.
Y el arma me la dio don Emilio
para que me defendiera en caso...
- ¡Te la dio para que te mataras
por él si es necesario! ¿Eso es lo que vas a hacer?
¿Dar la vida a cambio de que te miren
un poquito menos feo?
¿O de que no se limpien las manos cuando te saludan?
- ¡Ya basta! Dame esa arma.
Yasir, dame esa arma.
Tranquilícense los dos.
- Te avergüenza ser libanés, ¿verdad?
Pues, te voy a decir una cosa.
A mí me daría más vergüenza andarle lamiéndole las botas
a un tipo como... - ¡Ya cállate...!
- ¡No, por favor! - ¡Basta los dos!
¡Es lo único que no nos podemos permitir!
¡Los hermanos peleándose!
¡Es lo último que quiero para la familia!
- Órale, vénganse.
Señor. Órale, órale.
Me costó mucho convencerlas.
Pero, bueno, si usted está dispuesto
a pagarnos a las tres.
- Ah, claro, claro, claro. Eso no es un problema.
Faltaba más.
A ver, señoritas, bienvenidas.
Permítanme observarlas.
[Risa]
Muy bien, muy bien. Bueno...
[Carraspeo]
Tenemos que encontrar un escenario
que le haga justicia a su naturaleza salvaje.
¿Por qué no me acompañan por acá, eh?
Por acá. ¿Vamos? Sí, eh, allá.
Mujer: Vamos...
Leonardo: Entiendo por lo que está pasando, papá,
pero se pone como loco.
- ¿Y qué pasó? ¿La encontraron?
- No. Vamos a tener que volver a salir.
- Deberían hacer trizas a estos desgraciados.
¡Deshacerlos!
Ángeles: ¡Leonardo!
Leonardo: Ángeles.
- Pasamos una noche horrible
pensando en lo que les podría pasar.
- No, si nos pasó nada, afortunadamente.
Pero tampoco pasó nada.
No encontramos a Camila, no encontramos a los Plateados,
no encontramos a nadie.
- ¿Y dónde está el badulaque este, Víctor?
¿No se supone que tendría que estarlas cuidando?
- Ah, claro, claro.
Eh, sí está. Voy a avisarle que ya llegaron.
- Bueno, ¿y don Emilio cómo está?
- Está loco de furia y de dolor.
- Ah.
[♪♪♪]
Emilio: ¡Bandido!
[♪♪♪]
[Relinchos]
- ¿Luego tú?
- Aquí estoy, don Emilio, a sus órdenes. ¿No hay nada?
Emilio: Nada todavía.
Jálate pa'l río. Allá están mis hombres.
Yo voy a las ruinas de la hacienda Campuzano.
Yasir: Muy bien.
[♪♪♪]
Víctor: Ajá.
- ¿Y está seguro que así tiene que ser el retrato?
- Claro, claro. Estamos creando arte.
Se trata de liberar la belleza, belleza natural.
Muchachas, libertad, señoritas.
[Risas]
Eso es. Así, algo diferente.
¿O que quieren que les haga una fotografía
en trenzas y con un burrito?
[Risas]
No, ¿verdad?
Bueno, y ahora para exaltar la belleza de los sentidos,
¿por qué no agregamos un poco de lascivia, eh?
¿Sí?
- Señor Víctor. Víctor: ¿Mh?
- Es que la verdad eso, pues, no traemos.
[Risa]
- Traen más de lo que se imaginan.
Eh, pero quiero decir que es más cariño, más amor, ¿eh?
Eh. Ay, no así no. No son changuitos, no tanto.
Es una cosa más sutil, así.
Eso, muy bien. Este por acá, ese fraternité, liberté,
égalité. Égalité.
Augusta: ¡Víctor!
Víctor, m'hijito, ¿dónde estás?
[Risa]
Ay, mi amor. Al fin te encuentro.
[Susurrando] Víctor: Aquí estoy.
- Oye, mi vida. Víctor: ¿Ah?
Augusta: Tu padre y tu hermano acaban de regresar.
- Ah, ¿ya llegaron?
- Sí, tenemos que hablar, Víctor.
Víctor: Ah, sí. ¿Por qué no se adelanta?
Yo ahorita la alcanzo.
Augusta: Ay, no me interrumpas, por favor.
- Sí... ajá. - Bueno, está bien, hijo.
Entiendo que tú eres un artista
y que no te gusta que te moleste,
pero tienes que comprender, mi vida.
Tu, tu padre está muy molesto
porque te encargó que cuidaras la hacienda y no lo has hecho.
Yo me he cansado de defenderte, pero comprende, mi amor,
yo no te voy a vivir toda la vida, hijo.
- Ay, abuela, no diga eso, ¿mh?
- No, algún día me voy a morir.
Y, a ver, ¿quién te va a dar dinero para tus aficiones?
Víctor: Abuela, venga para acá.
Usted no se va a morir, ¿mh?
Pero está bien, le prometo que ya no voy dar motivos
para que mi padre esté molesto.
Y, ahm, en cuanto a su generosidad, abuela,
¿puedo pasar a su alcoba más al rato
por los $10 pesos que le había pedido?
Es que necesito comprar material, abuela, y... ¿Eh?
- Ay, ay, eres tremendo, muchachote.
[Risas]
Víctor. - Eh, ¿sí?
Augusta: Eh. Bueno. - ¿Sí?
- No te tardes, m'hijito. - No, no.
Augusta: Oye, eh. Ay, estás muy raro, m'hijo.
- Es la inspiración, abuela.
[Risa]
Éxtasis creativo, abuela.
[♪♪♪]
- Pero ¿cómo es posible?
¿Le apuntó con un arma a tu hijo
y piensas seguir ayudándolo?
- Lo hago por ella.
Es una niña.
Piensa en lo que debe estar sufriendo.
Bueno, imagínate lo que sería para nosotros
si los Plateados hubieran secuestrado a Ángeles.
Isabel: Tienes razón.
Perdóname.
Es que estoy tan confundida.
Yo ya no sé ni qué pensar.
Los hacendados dicen que esa gente es un horror,
que mata y roba sin piedad.
Sin embargo, yo no he sabido de ningún asesinato
cometido por ellos.
- Desgraciadamente, siempre hay una primera vez.
- Bueno, pero yo, la verdad, no creo que le vayan a hacer
nada a Camila. - ¿Por qué dices eso, Leonardo?
- Ay, yo pienso que los Plateados
no son los monstruos que todo mundo pinta.
[♪♪♪♪]
- Anda, tenemos que apurarnos con esto para ayudar a tu papá.
Laila.
Mi amor, ¿qué tienes?
- Ay.
Hay algo que no me atreví a decirle a papá.
- ¿Qué?
- Es que yo vi a... yo vi a uno de los bandidos.
[Aves trinan]
- Si yo conociera sus razones, tal vez, podría entenderlo.
- No creo que pueda entenderlas, señora.
Además, no creo que le importen.
- ¿Por qué roban?
¿Qué hacen con el dinero?
- Ya se lo dije.
Este mundo es muy injusto
y nosotros, los Plateados, hemos decidido cambiarlo.
Así que lo que hacemos es quitarles un poco
de lo que le sobra a los ricos
para dárselo a los que no tienen nada.
Emilio: ¡Camila!
¡Camila!
[♪♪♪]
¡Camila!
[♪♪♪]
♪ Nos quieren detener, ♪
♪ nos quieren aplastar ♪
♪ por defender tu amor, ♪
♪ por decir la verdad. ♪
♪ Con nuestra propia ley ♪
♪ quitamos para dar ♪
♪ un poco de esperanza ♪
♪ y ante todo dignidad. ♪
♪ Nadie nos detiene, ♪
♪ somos libertad. ♪
♪ Ángeles plateados, ♪
♪ cazadores de la paz. ♪
♪ No queremos guerra, ♪
♪ pero hay que luchar ♪
♪ contra la injusticia, ♪
♪ por amor a la verdad. ♪
[♪♪♪]
CC: TELEMUNDO NETWORK CAPTIONING@TELEMUNDO.COM
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.