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Original subtitles

EL GENIO SE DIVIERTE

Ya me mareo otra vez.

Eso le pasa por ir tan deprisa.

¡No debería correr tanto!

Todo me da vueltas.

Me parece que es el oído.

Me mareo por culpa de mi oído.

No sé de qué sirve pasear antes del desayuno.

La Srta. Tripp dice que nos conviene.

Si no fuera por mi espalda y el apéndice...

me iría de aquí pitando.

¡Apéndice, Sra. Gross! ¡Pitando!

¡Opérese, si tanto le duele!

Llegaremos tarde al desayuno.

- ¿Qué hora es? - Son y diez.

¿De paseo mañanero, eh?

Llegaremos tarde al desayuno.

Deje que la ayude.

Cada año está más joven, Sra. Hammer.

¡Quíteme sus sucias manos de encima!

Odio a los polis.

¡No, Sra. Hammer!

Ya ha vuelto a leer novelas policiacas...

¡Vamos, hombre!

¡No me empuje, Sr. Cherry!

No puedo ir tan rápido.

¡Agente!

¿Quiénes son esas personas?

Son de la residencia de ancianos.

Vienen aquí de paseo cuando hace buen tiempo.

¿Usted no es el que estaba en el Auditorio?

¿Cómo se llama...?

El nombre que busca es Lynn Belvedere.

Ese soy yo.

Me sonaba mucho su cara.

- Usted da conferencias sobre... - «Cómo ser joven a los 80».

Eso es.

Esas personas nunca me han escuchado.

¿Alguien ha seguido sus teorías?

Entre otros, un hombre llamado John D. Rockefeller.

¡No, no, no!

Quizá...

¡Cuidado con mis pastillas para el corazón!

¡Nada de entrevistas! El Sr. Belvedere sólo concede

entrevistas cuando llega, no cuando se va.

¿De qué sirve decir que el Sr. Belvedere estuvo aquí?

Pida un taxi y una aspirina.

¡Eso no es cosa mía!

- ¡Sr. Belvedere, un...! - ¡Un momento!

No firmo autógrafos desde que...

me hicieron firmar un cheque en blanco.

Saca el cuello de la puerta, hijo...

antes de que te lo rompa.

Quieren que diga algo sobre su ciudad.

Es una ciudad maravillosa.

No la olvidaré nunca, sea cual sea su nombre.

Dice que no olvidará...

- Mi bolsa. - Lo que usted diga.

Sólo queremos complacerle.

- ¿Necesita algo más? - Sí.

Dejar de hacerme la pelota.

Falta poco para acabar.

Quiero que averigües algo.

¿Cómo se entra en una residencia de ancianos?

¿Cumpliendo los 80?

Ayudaría mucho, Emmett, que recordaras que en esta gira,

yo soy el gracioso.

¿No me basta con ser su representante?

He de hacer las reservas de hotel, contratar la publicidad...

alquilar los auditorios, hablar con la prensa,

sacar billetes de avión...

Y todo el día, el estómago ardiendo.

¿Para qué quiere saberlo?

La idea de ser viejo antes de tiempo me intriga.

No sé si vale la pena vivir hasta los 80.

Bien, empecemos.

Manos a la obra.

Minneapolis le espera, y el avión también.

Una vez despegue, no bajará a buscarle.

Los aviones salen a la hora exacta...

Tenemos que irnos ya.

Emmett, dame esa bolsa. No voy contigo.

Por el momento.

Debo ver a alguien antes de irme.

- ¿Por qué no lo decía? - Ya lo he hecho.

Voy pasando.

El billete.

Hay otro avión a las 5:00.

Haré los preparativos en el aeropuerto.

Visite a sus amigos y cójalo a esa hora.

Estupendo.

- Estará la prensa. - Excelente idea.

Y puede que una banda.

Se hace tarde.

Te echaré de menos.

- Buenos días. - Buenos días.

Estoy indagando.

¿Es esta la residencia del obispo Daniels?

Sí.

Es el responsable de la residencia, ¿verdad?

- Sí. - Me gustaría hablar con él

respecto a mi admisión en la residencia.

Sí, el obispo le espera.

Pase, ha recibido su carta.

- ¿Es eso cierto? - ¿El qué?

- Que me espera. - Sí, pase.

- No se quede ahí parado. - Gracias.

El Sr. Erwenter está aquí.

¿El Sr. Erwenter?

Le escribió hace unas semanas.

¡Ah, sí!

- Un caso muy interesante. - Pase.

- Siéntese, por favor. - Gracias, señor obispo.

Bueno, aquí estamos al fin.

¿En qué puedo ayudarle?

Sé que su iglesia...

nuestra iglesia...

tiene una institución que alberga a ancianos.

La Iglesia de John.

Me gustaría ingresar en ella.

No aceptamos nuevas solicitudes.

Somos una iglesia muy pobre.

Pero podríamos hacer una excepción.

Soy una persona excepcional.

Mi juventud debe de extrañarle.

No entiendo por qué los ancianos...

simulan que son jóvenes.

Lo peor son las mujeres.

No hace mucho tuvimos a una mujer...

de 82 años...

que decía que sólo tenía 47.

Y eso que no admitimos a nadie menor de 70 años.

No reconocía su verdadera edad.

La tuvimos que rechazar.

¿No admiten a nadie menor de 70?

¡De ningún modo!

Pero no tenemos que preocuparnos por eso en su caso.

Tenemos su certificado de nacimiento y ha sido comprobado.

Usted es el Sr. Erwenter, ¿no?

Exacto.

Nacido aquí...

excelentes informes, etc.

Nació el 5 de enero de 1874.

- Así que tiene... - 77 años.

- ¿Setenta y siete? - Casi 78.

Es increíble.

He llevado una vida sana y activa.

«Mens sana in corpore sano».

Mi actitud positiva me ha mantenido joven.

Como dicen las Escrituras...

«Se va a doblar mi vida...

como la tienda de un pastor».

Isaías, 38:12.

Me alegro de que sea así.

Creía que estaba muy débil.

De hecho, me habían dicho...

que había muerto.

Habladurías, señor.

Me quedé dormido una mañana.

Llamaré al reverendo Watson.

Es el pastor de la Iglesia de John.

Gracias.

¿Puedo llevarme el certificado?

Así convenceré a la gente de mi edad.

Por supuesto.

Hola, Emily. Ponme con la lglesia de John.

Les diré que llegará hoy mismo.

Gracias.

Nuevo Testamento, Timoteo, 3:1...

«Quien desea obispado...

desea un buen trabajo».

¡Estudia la Biblia, Sr. Erwenter!

Sí, desde joven.

La Biblia es el origen de la literatura inglesa.

Sus versos son una fuente de inspiración.

- ¿Está de acuerdo? - Sí.

Seguro que recuerda este versículo...

«Lo que no juntaste en tu juventud...

¿cómo lo has de hallar en tu vejez?»

Eclesiástico, 25:3.

Y yo respondo...

«¿Quién morará en tu celestial tabernáculo?

El que no ha forjado el dolor».

¿Sale en la Biblia? Me suena.

Salmos, 15, 3.

Correcto.

IGLESIA DE JOHN RESIDENCIA DE ANCIANOS

Es la hora de las pastillas, Sr. Beebe.

¡No quiero pastillas!

Tanto ir de aquí para allá.

¿Dónde están los demás?

Aún están comiendo.

Cada vez tardan más.

Deberían comprarle una dentadura al Sr. Cherry.

Ojalá pudiéramos.

¿Está bien?

Espero la primavera.

Lo hago todos los días, pero no viene.

- Me gustan las cosas verdes. - Bueno, no se preocupe.

Algún día tendremos un jardín maravilloso...

con césped y flores.

¡Aquí las flores se morirían!

Todo es viejo.

Hasta el terreno es viejo.

Debería darles vergüenza.

A veces me avergüenzo,

pero no puedo hacer nada.

¿Cómo se encuentra hoy?

Me duele el apéndice.

¡Y no me diga que son gases! Es el apéndice.

Deberían operarme.

Sra. Hammer, eso no es verdad.

El médico vino y ¿qué hizo?

Le echó un vistazo.

Le dio pastillas para el estómago.

Dijo que todo era fruto de su imaginación.

- ¿Cómo está la Srta. Hoadley? - ¡Hoadley está bien!

Hoadley es una buena chica.

Ha bebido otra vez.

¡Ha bebido!

Ya lo sabe.

Deberían hacer algo con ella.

Está en la iglesia y no hay manera de que esté sobria.

Nadie tiene derecho a estar tan feliz.

No debemos dejar que el reverendo Watson la vea así.

Debemos descubrir dónde esconde el wiski.

Vaya a la cocina y tráigame un poco de amoniaco.

Ahora se lo traigo, Srta. Tripp.

Voy corriendo.

Gracias.

- Buenas tardes, reverendo. - Buenas tardes, Harriet.

Más facturas.

La religión está cada día más cara.

Le falta un botón. Luego se lo pongo.

Estas son para los huéspedes.

Ha llamado el obispo.

Esta tarde vendrá un huésped nuevo, el Sr. Erwenter.

Tiene 77 años, pero es muy activo.

¿O «demasiado activo»?

Otra boca que alimentar.

¡Y el año que viene nos cortan la asignación!

¿Y no va a hacer nada para evitarlo?

¿Por qué no se defiende de vez en cuando?

Me han enseñado que la tierra será de los humildes.

Si antes no se han muerto de hambre.

- ¿Se lo ha propuesto ya? - ¿El qué?

Casarse.

Es un pastor, ¿qué le iba a proponer?

Bueno, tenemos un acuerdo.

Ese uniforme está malgastando su vida.

Un cuerpo como el suyo merece otro envoltorio.

Gracias, Sra. Hammer.

Sra. Petit, es para usted.

Lo siento, no hay nada para usted, Sra. Hammer.

¡Sr. Kroeger!

Mis hijos no pierden el tiempo...

escribiendo cartas estúpidas.

Gracias.

- ¿Está segura? - Lo siento.

- Y estas son para los Stahmer. - Gracias.

Esta es para la Sra. Hoad...

¡Hola!

Se la daré después.

Srta. Tripp, tenga el amoniaco.

Gracias.

Es la Srta. Hoadley otra vez. Lleva una vida agitada.

¡Llévese esto, yo he pedido wiski!

No llegará a los 90.

Srta. Hoadley, acuéstese un rato.

Y los demás prepárense para la siesta.

¡La próxima ronda la pago yo!

¿No es una pena que le dé a la bebida?

Peor es que no sepamos...

de dónde la saca.

¡Qué deprimente! Estoy muy triste.

Cuéntenos por qué, Sra. Sampler.

La Sra. Sampler está triste.

Quiere compasión.

Tiene 78 años y se hace la coqueta.

- ¿Dónde se ha visto? - ¡No soy una coqueta!

¡Y sólo tengo 74 años!

Tiene 78 y los aparenta.

Hora de la siesta.

Dormir y comer, comer y dormir.

El único que tiene un poco de acción es nuestro estómago.

¿Quién es?

- ¿Alguien espera visita? - Yo no.

Correré a decírselo a la Srta. Tripp.

¡Tenemos visita!

Buenas tardes, damas y caballeros.

Esta es la lglesia de John, ¿verdad?

Sí.

Gracias.

Me llamo Erwenter, Oliver T. Erwenter.

¿Qué tal?

Si la hierba es verde, ¿por qué es marrón aquí?

Necesita agua. Hay que regarla.

Todo el mundo sabe eso.

¿Y a qué esperan? ¿A que llueva?

La Srta. Tripp ya viene.

Usted debe de ser el nuevo huésped.

Correcto.

No se admiten a menores de 70 años.

Hace años que los cumplí.

¿Tiene más de 70 años?

Tengo 77 inviernos.

- ¿Setenta y siete? - Ni un día menos.

¿Le han recibido bien?

¡Estoy en la gloria! ¡Encantado, querida!

- ¿Es usted? - Tengo ese privilegio.

- Del obispo. - Creía que era mayor.

Tiene 77 años.

No parece mayor de 60.

Algunos dicen que no parezco mayor de 45...

pero en fin.

Para despejar cualquier duda he traído mi certificado de nacimiento.

¡Le creemos! Pero parece tan joven y fuerte.

- Muy joven. - Muy fuerte.

Le presentaré al reverendo Watson.

Le gustará, es muy agradable.

¡Qué bien!

Por aquí, por favor.

¡Qué curioso!

¡Adelante!

Reverendo, este es el Sr. Erwenter.

El hombre que envió el obispo.

Recuerdos de parte del obispo.

Esto es un error, esperábamos a su padre.

Será una larga espera, murió en el 1900.

Yo soy el último Erwenter.

El obispo dice que tiene 77 años.

- ¿No dudará de él? - No, no, quiero decir...

No los aparenta.

Cuidado, es tan viejo como yo.

Es asombroso.

Parece que tenga 45.

No sé por qué...

pero su cara me suena mucho.

Me recuerda a alguien.

Tengo una cara muy normal.

Sólo mis ojos revelan mi gran inteligencia.

Habrá llevado una vida muy sana.

He vivido como he querido.

Siempre he hecho lo que me ha apetecido.

Por eso estoy aquí.

Soy lo que he vivido.

A usted le parecerá...

que he sido un irresponsable.

¿Nacional?

Me temo que sí.

Todo empezó hace unos años...

Cuando tenía 30 años...

estaba comprometido con una joven muy aburrida

llamada Amanda.

A pesar de que a los 7 años...

ya leía a Shopenhauer.

¡Mucha gente sabe leer a esa edad!

¿En alemán?

Aparentemente...

mis días locos habían terminado.

Un buen día me miré a mí mismo...

y sobre todo a Amanda...

y salté por la ventana...

para buscar la alegría de vivir.

- ¿Y la encontró? - Está en todas partes.

Desde entonces me dedico a hacer felices a los demás...

aunque se opongan.

Srta. Tripp, la enseñaré a vivir.

Me iría muy bien.

- ¿Puedo? - Sí.

Si me disculpan, saldré a pasear por el recinto antes de la cena...

para ver qué cambios le convienen a su pequeña iglesia.

¿Reverendo?

Creo que será un elemento perturbador.

A lo mejor nos va bien a todos.

Todo está tan muerto, que debo sacarle el polvo al Sr. Beebe.

Me gustaría que pasara algo.

Debo escribir un sermón.

No te robaré más tiempo, Harriet.

Algún día seguiré el consejo del Sr. Erwenter...

e iré en busca de la alegría de vivir.

- Esta es la Sra. Sampler... - Mucho gusto.

los gemelos Stahmer...

la Sra. Hammer...

la Sra. Petit, y ese es el Sr. Kroeger.

¿Qué tal?

Y la Sra. Gross... está dormida.

La Srta. Hoadley no está aquí ahora.

Se ha desmayado.

- ¿Y usted? - Pues, yo...

Es el Sr. Beebe.

Es el segundo más viejo. Trabajaba en seguros.

- ¡Durante 45 años! - ¡Todo un récord!

Pero a los 65 dimití.

Y me hicieron una póliza gratis.

Cuando me muera tendré un entierro maravilloso.

¡Gratis!

No costará ni un céntimo.

Quiero que vengan todos en grandes coches negros.

Usted también está invitado.

Gracias, Sr. Beebe.

Espero que aún falte mucho.

Falta poco, no tengo ningún interés en vivir.

El médico dice que debe interesarse.

Lo he intentado, pero nada.

Es una lástima, ¡somos amigos!

¿Su nombre, señor?

Es el Sr. Cherry.

- Sólo tiene 71 años. - Encantado, joven.

Su colección de sellos es famosa.

Me gustaría verla.

Ya no lo tengo. No podía guardarla aquí.

Se la doné a la biblioteca.

¿Sabe algo sobre sellos?

¿De filatelia, señor?

Conocerá el sello de 5 centavos del centenario...

Es el más bonito del mundo.

Lo diseñé yo.

Creía que había sido un tal Belvedere.

Uno de mis mejores alumnos.

- Se cree que lo sabe todo. - Lo sé todo.

¿Cómo está su apéndice?

¿Que ha dicho?

No me estaba escuchando.

¡Pecado!

El mundo se ha vuelto loco.

En el parque había una mujer sentada...

con las piernas cruzadas.

Le he dicho a Cherry: «No mire a esa mujer».

¿A que se lo he dicho?

Sí, fue ayer.

¿No le dije que no mirara?

Esas fueron sus palabras exactas, Sra. Gross.

¿Y ha mirado?

No sé por qué las mujeres modernas...

sacan pecho así.

- Antes no se hacía. - Debe de ser la moda.

Usted sí que es sensata, Srta. Tripp.

Y no saca pecho como las otras. Sigue siendo sensata.

¿Ve como es el uniforme?

Es muy bonito.

Sólo sirve para que parezca limpia.

Eso es todo.

Sr. Beebe, acompañe al Sr. Erwenter.

Claro, Srta. Tripp.

- Por aquí, Sr. Erwenter. - Gracias.

- ¡La he cogido yo! - ¡Jóvenes, por favor!

Nos alegramos de tenerle aquí.

Será un buen cambio.

No lo sabe bien.

Habrá viajado mucho.

A mí me hubiera gustado.

El Sr. Cherry trabajaba...

en una empresa de transportes.

Y debía soñar con el lugar al que su empresa enviaba cosas.

He hecho casi de todo.

He trabajado dos años en ltalia...

he cultivado uva en el Mediterráneo...

He hecho de marinero y de pastor,

he estado en prisión...

e incluso he comerciado con esclavos.

Pero nunca por dinero, sólo por diversión.

- Harriet... - De norte a sur...

de este a oeste...

he estado en todas partes.

Pero nunca había visto una carne como esta.

¿Es exótica?

En cualquier momento echará a correr.

¡Que vida más fascinante!

Por como habla se notan sus ganas de vivir.

Mi vida aún no ha terminado y mis aventuras continuarán.

- Harriet, yo... - ¿Qué desea, reverendo?

Se me ha olvidado.

El Sr. Erwenter ha estado en África.

- ¿Qué hacía? - Buscar diamantes.

- ¿Encontró alguno? - ¿Conoce el de la Esperanza?

Sí.

Un hombre vio una gran piedra en la cuneta.

Por eso en África me conocen como «El lince».

Es como mi tercer marido.

Me he casado tres veces y siempre por amor.

No hay nada como el amor.

No se me acerque tanto.

¿Cómo se mantiene tan joven?

La juventud está en la mente.

Hay que vivir cada momento como si fuera el último.

Crean que son jóvenes y lo serán.

Ese es mi secreto.

Seguir siendo un hombre completo en todos los sentidos...

también ayuda.

Sr. Erwenter, aquí no hablamos de según qué cosas.

¡Que hable!

Es el mayor mentiroso que he conocido, pero es un cambio.

¡Sí lo es!

¡Fascinante!

No sea tan fascinante.

Aquí llevamos una vida muy recogida.

Bueno...

- Yo le ayudo. - ¡Lo haré yo!

¡Chicos! ¡Chicos!

Harriet, ¿puedes repasar mi sermón?

Quiero saber qué opinas.

Claro, reverendo.

¿Cuál es el tema de su sermón, reverendo?

Quizá pueda aconsejarle.

Seguro que sí.

- Este domingo hablaré del pecado. - ¿A favor o en contra?

Estás perdiendo los nervios.

¿Cómo ha llegado a viejo sin que nadie lo matara?

No tiene mala intención.

A mí me gusta.

Me gusta todo el mundo.

Me gustas tú, por ejemplo.

Me alegro.

No pretendo...

- ¡Llevas perfume! - Y un vestido nuevo.

¿Te gusta?

- Siempre llevas uniforme. - Ya lo sé.

- ¡Te hace parecer tan limpia! - ¿Eso es todo?

¿No te gusta mi vestido?

¿A que estoy guapa?

Gracias, reverendo Watson.

Habré engordado, estos cuellos me ahogan.

¿Siempre eres tan soso o lo estás haciendo por mi bien?

- ¿Qué he dicho? - Nada malo.

Si por ti fuera, lo más romántico de mi vida...

serían las historias de la Sra. Sampler.

Supongo que los pastores sois distintos.

Tengo los mismos sentimientos que cualquier hombre.

Sin comentarios.

Creía que teníamos un acuerdo.

¿Debo vivir encerrada...

hasta que me liberes?

¡Eres injusta! Ya te he explicado mi situación.

¡Mi futuro depende de esta parroquia!

No me refiero a la parroquia. Yo hablo de nosotros.

No puedo pensar en el matrimonio...

cuando esta gente necesita mejores atenciones...

¡Ni las camas son decentes!

Lo hago lo mejor que puedo y no es suficiente.

A lo mejor no sirvo para esto.

Tengo que descubrirlo antes de pensar en...

en otras cosas.

Ya sé por qué los cuellos te aprietan.

¡Estás lleno de orgullo!

¡Qué acogedor!

Podemos jugar si no nos excitamos mucho.

Es la tarea más difícil que he emprendido.

No seré muy duro.

Recuerdo los juegos de Lao Chin Po.

¡112 años y parecía más joven que yo!

- ¿Dónde fue eso? - En el Tibet.

¡Qué gran hombre!

Hablábamos sobre el secreto de la juventud.

- ¿Hablaba inglés? - Yo hablo chino.

Y un día... ¡eureka!

¡La encontramos!

Y juntos brindamos con el mayor regalo concedido a la humanidad...

la pócima de la juventud de Twingstai.

¡Demonios extranjeros! ¡Ídolos paganos!

Por favor, Sra. Gross.

La Sra. Gross lleva mucho tiempo con nosotros.

Pues lleva mucho tiempo en otra parte.

¿Para qué servía?

Para mantener vivas las llamas de la juventud.

Si la tuviera aquí, podría rejuvenecerlos.

Lo que usted dice es muy importante.

Sr. Erwenter, podría...

¡Hora de dormir!

¿Ahora? ¡Puede rejuvenecernos!

Seguro que lo dice en sentido figurado.

Puedo quitarles a todos 25 años de encima.

¿Sí?

No podríamos pagarle...

¡Volver a ser joven!

Tengo que reconocerlo. Han picado todos.

¿Podría sacarme 30 años?

Le ofrece 25 y ella quiere 30.

¿Está sugiriendo que puede rejuvenecerlos?

- ¿Está sugiriendo que no? - Así es.

Sus conocimientos de Psicología son primitivos.

Estudié Psicología...

con el gran profesor vienés, Elweiss.

Lo conozco.

Un impostor.

Rejuveneceré a estas personas.

Empecemos ahora.

Sr. Erwenter.

¡A la cama todos!

Venga, Sra. Sampler.

Buenas noches.

- Buenas noches, Sra. Hammer. - Buenas noches.

Buenas noches, Sr. Cherry.

- ¿Conoce Singapur? - Sí.

¿Qué opina de ella?

Es una ciudad tan llena de maldad...

que se hace difícil pecar.

A mí me gusta.

- ¡Pregúnteselo! - ¿Qué?

¡Pregúnteselo!

Lao Chin Po.

- ¿Qué? - Lao Chin Po.

Es un nombre bonito.

Eran amigos.

- La inventaron juntos. - ¿Qué?

La pócima.

¿Cómo se conocieron?

- Le salvé la vida. - ¿Cómo fue?

No hay que molestar a las cabras del Tibet.

Da igual quien lo haga.

¿Son polvos...?

Quiso coger una cría de cabra y educarla.

Siempre había querido tener críos.

- ¿La tiene aquí? - ¿Qué?

La pócima.

No, me la van a enviar del Tibet.

¿Cuándo?

Está al caer.

- ¡Vaya a Correos! - Iré en unos días...

- ¿En unos días? - No hay prisa.

Para nosotros sí.

Bueno, iré mañana.

No tiene sentido posponerlo, ¿verdad?

No deberían estar aquí.

¡No tengo sueño!

¿Y su pijama? Póngaselo.

Sólo si me promete que vendrá a arroparme.

¡A usted le ha hecho un gran efecto!

Métanse en la cama antes que cojan una pulmonía.

- Buenas noches, Sr. Erwenter. - Felices sueños, Sr. Beebe.

- Buenas noches. - Buenas noches.

Debería estar durmiendo.

Nunca me acuesto antes de las 3.

Aquí sólo trasnochamos en Nochebuena y fin de año.

Los demás días nos acostamos a las 9:30.

Los ancianos deben descansar.

¡Yo estoy lleno de vida!

Eso da igual, tiene 77 años y debe irse a la cama.

Esto es sospechoso...

Vestido nuevo y perfume.

Lo más bonito de este mundo...

es una montaña cubierta de nieve.

También me gusta el valle.

¿Cuánto tiempo lleva aquí, Harriet?

Dos años.

Es mucho tiempo para alguien tan joven...

¿Por qué no se va?

- Aquí tengo un trabajo. - Hay algo más.

Estas personas me necesitan.

Son como niños.

Dependen de mí y me quieren.

Desde luego.

Los ancianos siempre dependen de los jóvenes.

Pero la vida va pasando.

Son casi las 10:00.

Las 9:00 ya han pasado y no podemos recuperar ese momento.

Ha dejado pasar miles de momentos así.

¿Por qué?

¿Por el reverendo Watson?

Sr. Erwenter, no le conozco.

Hasta hoy no le había visto nunca.

No voy a analizar mis sentimientos con usted.

¿Por qué no?

Es hora de que los analice con alguien.

Venga.

Siéntese.

Mire la luna.

¡Mire la luna!

¿Se me está insinuando?

No se preocupe, soy muy viejo.

¿Recuerda cuando de niña...

le pidió un deseo a una estrella?

¿Se acuerda?

Parece muy lejano.

Era joven y esbelta y lista...

¡Oliver, querido...

esto significa mucho para mí!

Sólo mire la luna. Es lo único que le pido.

Mire las estrellas, mire la noche. Sienta el olor de la tierra.

- Oliver, ¿qué me pasa? - Eso digo yo...

Sólo lo hago para darle celos al reverendo.

¡No hable de él ahora!

Me siento tan rara...

Como si todo fuera de algodón.

¿Qué me pasa?

Me está poniendo nervioso.

- Estoy temblando. - ¡Harriet!

Harriet, ¡ve a la cama!

Sí, señor.

En noches como estas desearía volver a tener 70 años.

Tiene una visita.

Eso es muy improbable.

Está allí.

Llevo 14 años en esto.

Cuando empecé tenía pelo e ideales.

Estaba lleno de ideales.

- ¿Cómo me has encontrado? - He hecho muchas giras.

Un indio con 4 cerebros...

una foca que tocaba la tuba...

Incluso un escritor inglés...

con aires de superioridad.

Me he enfrentado a todo tipo de problemas.

Salgamos.

¡Pero 500 ciudadanos furiosos...

reclamando su dinero a la vez!

¡No sabe lo que me llamaron!

¿Esto es una conversación o un monólogo?

¿Cómo me has encontrado?

Recordé que me preguntó por las residencias de ancianos.

Lo deduje.

¿Por qué dice que tiene 77 años...

y se llama Erwenter?

Quiero que estas personas vivan.

Ahora, sólo sueñan.

Una tiene sueños alcohólicos...

otra sueña con el pasado, otra con lugares lejanos...

y otra, muy sensata, sueña con salir de aquí.

Pero sólo son sueños.

Voy a despertarlos.

Los rejuveneceré.

¿Y si descubren que es Lynn Belvedere...

y lo que le queda para llegar a los 50?

No lo descubrirán.

Al menos, hasta que me plazca decírselo.

¿No?

No me amenaces, Emmett.

Pareces una ardilla amenazando a un tigre.

Tengo varios recados que hacer.

Acompáñame al pueblo.

Sé que no soy gran cosa...

pero eso es lo que hay.

Tres semanas más con usted, y estaré acabado.

¿Por qué hacemos esto...

por alguien que no conocemos?

Es una contribución al bienestar de la humanidad.

Todos deberíamos hacer una...

antes de irnos de este mundo.

Tú la harás cuando te vayas.

¿Qué más, doctor?

Lactosa, granos de Q.S.A.D.

Gracias, eso es todo.

¡Si sólo es azúcar, sal y levadura!

- ¡Es un «placibo»! - Placebo.

¡No tendrá ningún efecto!

Esa, señor mío, es su opinión.

DONADO POR R. B. CHERRY

Estos son los sellos del Tibet.

Sí, gracias.

Gracias.

¡Me has dado un buen susto!

- ¿Y tu madre? - Está allí.

Creo que te llama.

OFICINA DE CORREOS

- ¿Sabes quién es? - Uno bajito con gafas.

Ya está aquí.

- ¿Tiene una cerilla? - ¿Cómo?

- ¿Tiene una cerilla? - Creo que sí.

Tenga.

Gracias, lo encenderé luego.

Buenos días.

- Tenga la rama. - Gracias.

¿Sabe cuándo volverá el Sr. Erwenter?

A la hora del almuerzo.

Ha dicho que haríamos un picnic.

Será divertido.

Es un hombre maravilloso.

Tenerlo aquí ha cambiado las cosas.

- Es tan... - Sí, lo es.

Creo que es por la pócima.

¿Qué otra cosa podría ser?

Me daría miedo probarla.

A mí no me daría miedo.

La probaría sin dudarlo.

- Lo cambiaría por completo. - ¿Eso cree?

Perseguiría a las jovencitas y se olvidaría de nosotros.

No, sólo la perseguiría a usted.

Sr. Beebe...

La haría luchar por su honor.

¿Se han quedado paralizados?

¡Qué divertido ser joven y frívola!

Y tener a los chicos siempre encima.

Todos volveremos a ser jóvenes.

El Sr. Erwenter dijo que nos rejuvenecerá.

La Sra. Hammer cree que ella es un caso perdido.

Escucha, arpía de ojos azules.

¡Al menos yo sé cuándo hay que dejar...

de flirtear con los hombres!

Sólo es el reverendo Watson.

El Sr. Erwenter no está.

Se cree que esto es un hotel.

Hay un paquete para él...

¡del Tibet!

Sabes, no lo entiendo.

Sólo lleva un día aquí y ya recibe correo del Tibet.

Asombroso.

Es una persona sorprendente.

No hay nada para usted, lo siento.

Es una influencia perturbadora.

Gracias. Yo la cojo.

- ¿A quién perturba? - A los huéspedes.

- ¿Sólo? - ¿A quién si no?

- A ti. - ¿A mí?

No tengo nada contra él.

- Es muy interesante. - Fascinante.

Interesante.

- Y atractivo para las mujeres. - Muy atractivo.

Debió de estar bien hace 40 años.

¿Qué tiene de malo ahora?

- ¡Tiene 77 años! - ¡Me gustan los hombres maduros!

No podías...

Parecemos estúpidos.

No puede interesarte de verdad.

- ¿Por qué no? - No es digno.

No hay nada digno en el amor.

Es la cosa más indigna y maravillosa que hay.

El Sr. Erwenter me enseñará a vivir.

Si es así, no diré nada más.

Cometes un error.

No hay mucho correo.

Una carta para los Stahmer.

Sra. Sampler.

- Sr. Kroeger. - Muchas gracias.

Y Sra...

No, lo siento, no hay nada para usted.

Sra. Petit.

¡Srta. Tripp!

Ese paquete es muy bonito.

Es para el Sr. Erwenter.

- ¿Del Tibet? - Sí.

Quiero que hagas algo por mí. Ven a las 10:00.

¡Le esperan en Minneapolis!

Ya tienen el auditorio.

¿Qué les voy a decir?

El Sr. Erwenter ya está aquí.

- ¿Cuándo nos vamos? - Cuando estén listos.

El cartero ha traído un paquetito...

- ¡Sr. Erwenter! - ¿Sí, reverendo?

- ¡Quiero hablar con usted! - Cómo no, reverendo.

Sr. Erwenter, ¿y el paquete?

Esta noche haremos historia.

¡Hola, cariño!

¿Una charla, reverendo?

Me encantará...

Reverendo...

Iré directo al grano.

Veo una cierta atracción...

entre usted y la Srta. Tripp.

Nos gustamos.

Yo le gusto a ella porque he viajado.

Y ella me gusta porque...

he viajado.

Es muy agradable.

Es más que eso.

La Srta. Tripp es preciosa.

La Srta. Tripp ha llevado una vida muy recogida.

Demasiado.

Tiene poca experiencia en estas cosas.

Pues deberíamos ampliarla.

Sería más feliz con alguien de su edad.

¡Está celoso!

- Eso no es cosa suya. - ¡Lo admite!

No quiero hablar de mí, sino de usted.

No tengo nada que ocultar.

Mis sentimientos son claros y sencillos.

Creo que la Srta. Tripp es atractiva, deliciosa y deseable.

Preciosa.

- ¿No va a renunciar a ella? - ¡Ni hablar!

Es un tanto pomposo, reverendo.

Suéltese un poco, es demasiado serio.

- Gracias por su consejo. - De nada.

¿Le apetece comer con nosotros?

Haremos un picnic.

- Al aire libre. - ¿Un picnic?

¿De quién ha sido la idea?

- Mía. - ¡Lo sabía!

Lo supuse.

Debería haberme pedido permiso.

Nunca lo hago. Podrían decirme que no.

- Y sería embarazoso. - ¿Por qué?

Porque lo haría igualmente.

¿Viene?

No, gracias, tengo una boda.

Que se divierta.

¡Mire qué he encontrado!

Preciosas, Sra. Sampler.

Tenga, he encontrado una cerca abandonada.

¡Bien!

Nunca había visto un gorro así.

Me lo dieron en África.

Uno con poca orientación.

Se llamaba Livingstone.

¿Se lo pasan bien?

Nunca los había visto tan felices.

- Disfrutan de la vida. - Para eso está.

¡A comer!

Me cuesta andar, pero da igual.

Gracias, Sra. Hammer.

¡Vamos, Srta. Tripp!

Allá vamos.

¡Sra. Hammer!

¡Con ritmo, Sra. Hammer!

Ya estamos.

Sr. Erwenter, usted es el invitado de honor.

Gracias, damas y caballeros.

Antes de comer, quiero contarles mi plan.

¿Un plan?

Creo que estaremos todos de acuerdo con que la Srta. Hoadley

necesita un audífono a pilas.

- ¿Qué ha dicho? - ¡Un audífono!

¡Que bien!

Y el Sr. Cherry una dentadura.

Y la Sra. Sampler flores que cuidar.

Y la Sra. Hammer una operación.

Y a la Sra. Gross deberían arreglarle la cabeza.

¡No me pasa nada en la cabeza!

¿Y yo?

Se olvidó de mí.

Hablaremos de ello en privado.

Entiendo.

Para eso necesitamos dinero.

Hay un modo de reunirlo con nuestros propios esfuerzos.

Es muy fácil.

- ¡Organicemos una feria! - ¡No podemos!

- Muchas iglesias lo hacen. - ¡No las respetables!

Es un modo de conseguir dinero.

A mí me parece bien.

¿Usted qué piensa?

Me parece una gran idea, pero...

al reverendo no le gustará.

Entonces, lo haremos.

¡A comer!

Quedé cautivado por un par de ojazos...

Está muy bien, pero eso es otra canción.

La cantaremos otra vez para la Sra. Sampler.

¿Estamos todos?

¿Puedo hacer el «bum-bum»?

¡Siempre lo hago yo!

¡No discutan por un «bum-bum»!

Les daré el tono. ¿Listos?

Paseando por el parque un día...

Bum-bum.

Era el mes de mayo...

Bum-bum.

Quedé cautivado...

por un par de ojazos...

Un momento, la Srta. Hoadley está ronca.

- Más alto. - ¡Ojazos!

Eso está mejor. Ahora, busque la nota.

- ¡Ojazos! - Excelente.

Veo que no ha tomado clases en su vida.

- ¿No es increíble? - Extraordinario.

Empecemos.

No lo olviden, cubran las notas.

¡A capella!

En un momento, me robó el corazón...

Bum-bum.

Sólo me sonrió.

Espléndido, Sra. Hammer.

Éramos tan felices...

Me quité el sombrero...

Bum-bum.

Y me sonrojé cuando me miró...

Bum-bum.

¿Pasa algo?

Lo siento, no quería interrumpirles.

¿Puedo hacer algo por usted?

Sí, quería hablar con usted.

¿Sobre qué?

Quería...

No, nada.

Sigan con su...

Por favor, sigan.

Los últimos cuatro compases.

Nunca olvidaré...

cuando nos conocimos.

Mientras paseaba por el parque un día...

Bum-bum.

Sólo me sonrió.

¿Por qué no usas la puerta?

Está cerrada.

Sólo hago lo que me ha pedido.

Si supiera lo que ha pasado esta tarde...

No me lo cuentes, Emmett. Tengo otros problemas.

Tengo una lista de cosas que quiero antes de que amanezca.

Las tareas a las que me refiero.

¿Qué cosas?

Para que estas personas se ayuden a sí mismas...

he sugerido que organicen una feria...

en la que la gente podrá jugar al Bingo.

Una especie de casino legal.

- ¿Y cobramos? - No.

Nuestra función es hacer que el jardín parezca atractivo.

Esto es lo que necesitamos.

- ¿Quiere que lo compre? - No hay tiempo.

Cógelo del vecindario.

El equipo de croquet está en el hospital.

¿Debo robarlo?

A los vecinos no les importaría...

hacer un donativo.

Sólo nos adelantamos a ellos.

De acuerdo.

Si lo hago... ¿promete ir a Minneapolis?

- Sí. - Cuándo?

Cuando esté listo.

¡Sr. Erwenter!

¡Su perro no está aquí!

Un idiota que ha perdido un perro.

Sr. Erwenter...

un paquete del Tibet.

Se lo han dejado en la mesita de noche.

No estaba husmeando, Sr. Erwenter.

Lo vi de casualidad

Sí, es del Tibet.

El sello está perfecto.

- Yo tenía uno igual. - ¿De verdad?

¿Le gustaría tener este? Todo suyo.

- La dirección está en inglés. - Alguien la ha escrito por él.

No es su letra.

Vaya, vaya...

Presumo que son unos oportunistas...

¿Y el paquete?

Wiski y la pócima de Twingstai.

Hagamos una fiesta, caballeros.

- Parecen vitaminas. - ¡Son bombas!

¡Estoy nervioso!

Es la primera vez.

- Adelante. - De acuerdo

Adelante.

- No creo que deba... - No le hará daño.

¡Mire!

- Como caramelos. - ¡No las malgaste!

Probaré una, a ver qué tal.

¿Cómo están?

Yo no noto nada todavía.

Paciencia.

Esta pócima puede con casi todo.

Es suficiente.

- ¿Ya está? - Sí.

Vamos a decir tacos.

¿Para qué?

Para divertirnos.

Empiece.

Vale.

¡Maldición!

Seguro que conoce alguno peor.

Sí.

¡Maldita sea!

Diga uno muy fuerte.

Ya verán este....

¡Maldita sea una y otra vez!

¡A dormir!

¡Todos!

Mi padre construyó esta iglesia.

Mi tío fue pastor aquí.

Siempre hemos procurado hacer lo que creíamos correcto.

Su comportamiento me parece muy incorrecto.

Hablaremos por la mañana...

pero me debe una disculpa.

Lo siento mucho.

Que haya perdido los nervios.

¿Qué hace?

¿Por qué tira eso aquí?

Son mazos de croquet.

¿Por qué los tira aquí?

Mírelo desde otra perspectiva. ¿Y por qué no?

¿De quién son?

Cójalos.

- ¡No puedo cogerlos! - ¡Lo sabía!

La mayoría de las mujeres no puede.

¿Qué hace, señor?

Sigo instrucciones.

Un filántropo anónimo desea...

- ¿Le aburro? - Siga.

Recibirán muchas cosas.

¡Si no me cogen antes!

Adiós.

Un imbécil.

Alguien piensa en nosotros...

al otro lado del muro.

Es increíble.

Allí es donde pasan cosas.

A este lado también pasan cosas.

No sé a qué se refiere.

El Sr. Cherry y el Sr. Beebe...

- están muy excitados. - ¿Ah, sí?

¿De quién será la culpa?

Creen que usted debería ser presidente.

- Tienen razón. - Si el reverendo se entera...

- Ya lo ha hecho. - Está muy enfadado.

Al parecer.

En parte, es culpa mía.

Le dije lo que sentimos el uno por el otro.

¿Nosotros?

Insinué que usted y yo...

El reverendo se ha debido pensar que somos novios.

Es una gran idea. Hagámoslo oficial.

Así el reverendo tendrá en qué pensar.

Deberíamos pedirle consejo...

Y que oficiara la ceremonia.

- Diabólico. - Y una cosa más.

Mencione que es posible que seamos más de dos.

¿Tiene parientes?

¡Tendremos hijos!

¡Srta. Tripp!

Me llaman. Buenas noches, Oliver.

¿Hijos?

¿Qué se espera de un anciano de 77 años?

No sabía que me había afeitado mal...

durante 55 años.

Ahorro 10 minutos al día.

En 55 años, son 163 días...

8 horas y 10 minutos.

Sin contar los años bisiestos.

¿Cómo puede pensar en todo?

¡Imaginación! ¡Hay que usar la imaginación!

Mire...

helado.

Todo es posible con imaginación.

Si le interesa África...

¿por qué no va?

Organice un safari.

Con portadores de armas, de equipaje, etc.

sobre la arena del desierto...

con la pistola y la cámara.

¡Remontando el Zambeze! ¡Ese sería su lema!

Ha llegado una nota para usted.

Gracias.

¿Pasa algo?

Nada que no pueda solucionar.

Pero no estaré para desayunar.

Tengo que ir al pueblo.

¿Se disculpará de mi parte?

- Sí, Sr. Erwenter. - Gracias.

Buenos días, Sr. Beebe.

- ¿Tiene hipo? - Es yogui.

El Sr. Erwenter me ha enseñado.

No entiendo de qué va.

Me estoy contemplando el ombligo.

- ¿Por qué? - Va bien para el dolor.

En India lo hacen.

No sé por qué.

Sus ombligos serán distintos.

¿Cómo se siente?

Me siento joven. Como si tuviera 60 años.

Trato de bajar a 50.

¡Yo me siento como si tuviera 50!

El Sr. Erwenter dice que me sentiré así un par de años.

Ha salido temprano. Tenía cosas que hacer.

He hablado con él mientras se afeitaba.

«Vaya a África», me ha dicho.

«Si quiere conocer África, hágalo».

Y lo haré.

¿Cuántos portadores de armas necesitaré?

Unos cuantos.

Lo he estado planeando.

Llegaré a Ciudad del Cabo en marzo y me adentraré en el país...

Con mi pistola y mi cámara.

¡Remontando el Zambeze!

Es bueno tener algún interés en la vida.

Usted debería buscarse uno.

¿La Sra. Sampler estará despierta?

¡Mire!

¡Mire!

Es asombroso, ¡asombroso!

¡Miren, miren!

¡Miren todos!

¡Miren!

¡Miren todos!

¡El jardín está cambiado!

¡Sra. Petit!

Tengo una sorpresa para usted.

¡Martha, salga un momento!

No me lo puedo creer.

- Lo veo y no lo creo. - ¿Qué ha pasado?

Será cosa del loco de Erwenter.

¡Sr. Kroeger!

¡Qué sorpresa tan maravillosa!

¡Todo ha rejuvenecido!

¡Me siento vivo!

- Van a trasladarnos. - No, es para nosotros.

Aquí hay un equipo de croquet.

Una partida antes del desayuno...

nos irá bien.

Me siento salvaje como un tigre.

Parece más joven.

Es tal cual lo dijo.

- ¡25 años más joven! - Usted también.

Esta mañana voy a cortejar a la Sra. Sampler.

Usted también puede cortejarla.

Haremos un triángulo.

Si tuviera dientes, la mordería.

¿Ve lo que la decencia puede hacer?

Lo limpia todo.

¡Es como un país de hadas! Lo encuentro encantador.

¡Me apetece cantar y bailar!

¡Hoy está radiante!

Le toca.

¡Venga a mirar las flores!

Quizá me atreva.

No está bien mirarlas.

¿Va a seguir jugando?

- ¿Puedo acercarme? - No es muy valiente.

¡Venga aquí, pilla!

¡No se escapará!

¿No va a jugar?

Ya está jugando, sólo que a otro juego.

¡Espere!

¡Ahora la atraparé!

¡Espere, espere!

¿Qué están haciendo?

Nada, reverendo.

¿Qué ha pasado?

¿De dónde han salido estos muebles?

¿Quién ha plantado esas flores?

No lo sabemos.

Ya estaban cuando salimos esta mañana.

- ¿No es precioso? - Sí, lo es.

Alguien ha trabajado mucho.

Pero preferiría saber de dónde ha salido todo.

Hoy están distintos.

Estamos rejuveneciendo.

Debo admitir que parecen mucho más jóvenes.

Nos encontramos de maravilla.

Gracias al Sr. Erwenter.

- ¿Y estos toldos? - Son para la feria.

La Sra. Gross se confunde, ¿verdad?

No exactamente.

El Sr. Erwenter colgó carteles...

anunciando dónde será la feria.

- ¿Y dónde será? - Aquí, mañana.

¡No podemos hacerlo sin el permiso del obispo!

¿Qué susurra?

¡No podemos hacer la feria!

- ¡He hecho un pastel! - De ron.

Y yo he hecho mermelada...

y la Sra. Hammer galletas.

Y la Sra. Petit va a rifar su colcha.

Y los hombres construirán casetas. Y la Srta. Tripp está

comprando toda la comida. Hemos trabajado mucho.

Estamos agotados.

Entiendo.

El obispo está en contra de las ferias.

¿No podemos hacerla?

Ojalá hubiera alguna solución...

pero no la hay.

Ojalá, de veras.

Está bien, reverendo. No nos importa.

Ya nos lo imaginábamos.

Si pudiera convencer al obispo...

se lo pediría.

No necesitamos una feria, reverendo.

Creo que sí.

No sé cómo voy a convencerlo...

pero lo intentaré.

- ¿Sí? - Le convenceré.

- ¿Qué ha dicho? - Que nos ayudará.

¡Bien! ¡Le invitaré a una copa!

¿Dónde está el Sr. Erwenter...

para darle las gracias?

No está aquí. Ha ido al pueblo.

¿Cómo está su apéndice?

Bien, sólo eran gases.

¡Srta. Hoadley, está sobria!

Pasan demasiadas cosas...

no quiero perdérmelas.

Todos parecen tan felices...

que me siento feliz sólo de verlos.

Me alegro mucho.

Esto no funciona.

Me ha parecido que decía algo agradable.

- ¡Qué diferente! - ¡Todo tiene un aspecto tan joven...!

¡Hay dos de verdad!

¿Alguna novedad en los tribunales?

Un tipo ha robado una planta de plástico...

¿Algo especial?

No, el tipo está loco.

Dice que la ha robado... para un amigo: Belvedere...

para hacer felices a unos viejos.

¡Excusas!

¿Cómo se llama el amigo?

Lynn Belvedere, Flynn Belvedere... algo así.

LYNN BELVEDERE DESAPARECIDO

En horticultura, esto es un «ficus elastica».

Además, la ha tomado prestada del Sr. Holmes.

¿Dónde está?

Del Sr. Holmes, aquí.

Y después la he comprado yo, ¿cierto?

Gracias, puede retirarse.

Así pues, no tiene motivos sólidos...

para retener a mi colega.

Admita que su arresto sería bochornoso.

De acuerdo.

Llévese a su colega y ese árbol.

Gracias.

Coge la planta, Emmett.

¡Toda la noche en una celda con esto!

¿Alguna vez ha dormido con una planta de plástico?

No paraba de rozarme.

Tus penas están a punto de acabar. Me queda poco.

Pues vámonos ya.

Lo prometiste, ¿recuerdas?

No hasta que sean felices y jóvenes.

¿Y yo qué? ¿Cuándo irá a Minneapolis?

Ya te lo diré, te llamaré.

Esa chica se lo ha metido en el bolsillo.

Tiene unos bolsillos encantadores.

Me sorprende que esté enamorado.

¡Usted es tan autosuficiente...!

Sigue, me encanta.

Lo salvaré.

Lo sacaré de este lío.

Quédese quieto.

Me gusta tenerte a mi lado, Emmett.

Tienes una mentalidad tan primitiva...

Los psicólogos estudian a los monos.

Yo te tengo a ti.

Queremos hablar con usted.

¿Qué ha pasado?

Aquí está todo para la feria...

Pan, queso...

perritos calientes, hamburguesas... y todo tipo de sorpresas

durante todo el día.

- Lo llevaremos a la cocina. - ¿No les parece precioso?

¡Qué felices se les ve!

El reverendo ha sonreído.

Incluso después de saber lo de la feria.

¿Le han contado lo de la feria?

Iré a hablar con él.

Recuerden esto...

con o sin sonrisa, no habrá feria.

Quería contarte lo de la feria...

No pretendíamos hacerlo sin tu aprobación.

Lo apruebo.

¡Ojalá se me hubiera ocurrido a mí!

Sólo quería explicártelo.

Por favor, no te vayas.

Me alegra que hayas venido.

Quiero decirte varias cosas.

Me he equivocado con Erwenter.

Cuando llegó...

creí que sería una mala influencia.

Pero cuando veo lo que ha hecho por esta gente en tan pocos días...

me doy cuenta de que yo he fracasado.

Pero tú tienes mucho que hacer, demasiadas responsabilidades.

Y lo has intentado de veras.

Sí, pero he fracasado.

Sólo tengo una alternativa.

Esta carta es para el obispo.

Es mi dimisión. He pedido que me sustituyan.

- ¡No puedes hacer eso! - Debo hacerlo.

Por mi propia conciencia.

Sólo he sabido cubrir sus necesidades básicas.

No es suficiente.

- Ahora me doy cuenta. - Pero dimitir sin previo aviso...

sin hablarlo...

No hay nada de qué hablar.

¡Sr. Lynn Belvedere! ¡Queremos hacerle unas preguntas!

¡Hola!

¿Qué pasa?

Somos periodistas, queremos entrevistarles.

¡Están contando mentiras del Sr. Erwenter!

- Una sarta de mentiras. - ¡Sólo queremos saber la verdad!

Queremos saber qué está pasando.

El hombre que ha estado aquí no es el Sr. Erwenter.

¡Déjenme hablar!

Este Sr. Erwenter es un impostor.

He visto su certificado de nacimiento y está en regla.

- Es Oliver Erwenter. - Nosotros lo comprobamos.

El auténtico murió hace un mes.

Cierto. Este hombre no tiene 77 años.

¡El sombrero! Y no se llama Erwenter.

Es Lynn Belvedere, el escritor.

Miren esto.

Es Erwenter, Oliver T. Erwenter.

CÓMO SER JOVEN A LOS OCHENTA

«El autor de “La colina del colibrí”».

¡Es el libro que tiene en...!

Da conferencias por todo el país...

- sobre cómo mantenerse joven. - Este es su representante.

Pregúntele si no es verdad.

Hable.

Lo ha hecho con buenas intenciones. Sólo quería que se sintieran mejor.

¿Y la pócima de la juventud?

No se preocupe por eso. No le hará daño.

Yo vi cómo la hacía. Tan solo es bicarbonato. ¡Nada!

¿No es nada?

¿Y el paquete? ¡Vi el sello!

El sello era suyo.

Lo cogimos de la biblioteca.

¿Y no tiene 77 años?

Tiene 46. Y ni siquiera lo admite.

El otro día...

¿Qué pasa?

Lo sabía.

Sabía que era un impostor desde el principio.

Era demasiado agradable para ser verdad.

Me tiemblan las piernas.

Iré a sentarme.

Aún no me lo creo, nunca me lo creeré.

¿Por qué lo ha hecho?

Un momento. No se vayan, por favor.

Por favor, quédense.

Sra. Hammer, ¿recuerda sus palabras?

Srta. Hoadley...

recuerde lo contenta que estaba.

¡Por favor!

Espero que no le hayamos molestado.

A los niños no les gusta descubrir quién es Papá Noel.

- ¿Alguna declaración? - No.

El Sr. Belvedere...

es el responsable de todo esto.

En cierto modo. Fue idea suya.

Pero la planta de plástico está pagada.

¿Y el resto?

El equipo de croquet es del St. Vincent.

- ¿Un hospital católico? - Exacto.

La fuente es del College Club...

- Las flores... - ¿Cómo han adquirido todo esto?

- Lo hemos tomado prestado. - Lo han cogido.

¡Cosas robadas en una iglesia!

No nos chivaremos.

Seguro que es aquí.

¡Mi toldo!

Es una iglesia...

¡Esto es un insulto!

Buenos días.

Reverendo, soy el padre Shea del Hospital de St. Vincent.

A sus órdenes.

Tiene un equipo de croquet muy bonito.

Cójalo.

Gracias.

- Aquí está. - Desmontad estas dos juntas.

Levantadlo por detrás.

¡Cuidado!

Es un toldo muy caro.

Subid todo a la camioneta.

Hay unas seis... 1, 2, 3, 4, 5....

Y otras dos aquí.

¡Charles!

Tú sabías quien era Erwenter, lo has sabido siempre.

Estoy orgullosa de ti.

¿Qué le ha pasado al jardín?

¿Dónde está el equipo de croquet?

¿La fuente? ¿Y el ciervo?

¡Con lo difícil que ha sido conseguirlos!

¿Dónde están?

¿Por qué se lo han llevado?

¿Qué pasa? ¡Creí que estarían contentos!

Y usted, Sr. Cherry... ¡estaba tan bien esta mañana...!

¿Qué pasa? No me hablan.

Entiendo...

- ¡Bocazas! - Él no ha dicho nada.

Han venido unos periodistas...

Sr. Belvedere.

Les he contado algunas falsedades.

Pero sólo quería ayudarles.

Les he enseñado a vivir. No pueden quitarles eso.

Estamos cansados.

Han vuelto a abandonar. Por eso están cansados.

Han decidido que no hay por qué vivir.

Usted es joven.

Le parecerá divertido reírse de los viejos.

Pero no lo es.

Era nuestro amigo...

lo mejor que nos había pasado en mucho tiempo.

Pero ya no lo es.

No se estaba riendo de ustedes. Intentaba ayudarles.

Es un excéntrico.

Ya no nos gusta.

Un charlatán, eso es lo que es.

¡Y pensar...

que me recordaba a Jefferson Davis!

Sr. Beebe...

¿ha olvidado cómo se sentía?

Fue maravilloso mientras duró...

pero ya no me siento así.

Nos ha engañado.

Se ha reído a costa nuestra.

¡Se equivoca!

Por un tiempo, le creímos.

Creímos que podíamos volver a ser jóvenes.

Todo el lugar rejuveneció.

Ahora mírelo.

Este es nuestro mundo.

Viejo y cansado.

Somos viejos.

Sólo esperando a morir.

Esta es la verdad.

Nadie nos quiere.

No le importamos a nadie.

Ya no le creemos, ¡niñera!

Hay un tren hacia Minneapolis.

- Ya tengo los billetes. - Saldremos mañana.

Enviaré un taxi.

Gracias.

Me alegro de ser tan duro. Si no, algo así me habría afectado.

Pero no lo ha hecho.

Hasta mañana.

Están siendo muy crueles.

No está bien tratarlo así.

Llegó a ser un lugar bonito, ¿verdad?

El más bonito del mundo.

¿Cómo está hoy, Romeo?

Sra. Hammer, ese no es modo de hablar.

Déjela, da igual, todo me da igual.

- ¿Han visto al Sr. Erwenter? - Belvedere.

Está haciendo las maletas. ¡Qué descanso!

Ha llegado muy tarde, esta noche.

El reverendo y él han estado ocupados.

¿Robando un banco?

Parecía tan agradable...

¡Y resulta que es escritor!

Estamos muy enfadados con él.

Sobre todo el Sr. Beebe.

Le odio. Si estuviera bien, le odiaría más.

¡Buenos a días!

Buenos días a todos.

¿Nadie va a responder?

Creo que alguien me llama.

Será mejor que vaya a contar los cubiertos.

Disculpen.

Parece que ya no soy muy popular.

Son como niños decepcionados.

Les cuesta superar las cosas.

De verdad lo aprecian. Y yo también.

Es un gran hombre.

Tiene razón.

¡Pasen!

Gracias por su ayuda, padre Shea.

Los clérigos debemos unir fuerzas...

¡con tanta televisión...!

- ¿Qué hago con esto? - Póngalo junto al árbol.

Encima del banco.

Exacto. Destápenlo.

- ¿Qué...? - Es para la feria.

Puede resultarle útil.

- ¿Le parece correcto? - Desde luego.

Siempre irá a favor del Señor.

Está trucada.

¿Ven, amigos? Estaban equivocados.

El mundo no los ha olvidado.

- Sólo pensaba en otras cosas. - Estoy asombrado.

- Es sólo el principio. - Gracias.

A mí, no.

A él.

Me enseñó a organizarla. Él ha comprado todo esto.

- Las flores encima de los escalones. - ¡Belvedere!

¿Sí?

Quiero darle las gracias, nos ha ayudado mucho.

He sido un poco brusco, pero el tiempo apremiaba.

¡El teléfono!

- ¿Me perdona? - ¡Por supuesto!

- ¿Me perdona? - Claro que sí.

- ¡Ha sonreído! - ¿Y por qué no?

¡No está enfadado!

¡Gracias, Sr. Belvedere!

Sr. Cherry...

díganles dónde deben poner las flores, ¿quieren?

Otra cosa, reverendo, tengo algo para usted.

Es la pócima de Twingstai.

Una antigua fórmula china.

¿Funciona?

¡Hay 450 millones de chinos!

Harriet, levántate.

Harriet, te quiero.

- ¿Qué? - Levántate.

- ¿Has dicho...? - Ya me has oído.

- Y lo repetiré: te quiero. - Más.

- Te quiero. - Más.

Te quiero más que a nadie en el mundo.

¡Sigue! Mucho más.

Si quieres mirar la luna, la miraré contigo.

Si quieres mirar los peces, también.

- Si quieres casarte, me casaré... - Ya vale.

¡10 centavos!

Déjeme echarle un vistazo. Dése la vuelta.

- ¿Cuánto peso? - Yo diría que unos...

92 kilos.

Siéntese y lo veremos.

- ¡Exacto! - Sí, es verdad.

¡La oportunidad de vencer al gran Kroeger!

Ahora lo ve, ahora no.

¡Hola, Sr. Belvedere!

¡10 centavos la partida! ¡Sólo 10 centavos!

Excelente.

Sra. Hammer...

Es mi nieto.

¿Cómo estás, grandullón?

Tranquilo, Belvedere.

Bonito nombre.

Un momento.

¿Ya se ha lanzado?

La Sra. Sampler ha aceptado convertirse en mi beneficiaria.

Bien.

¡Ven aquí!

Sr. Belvedere...

¿se va?

Sí, ya he cumplido con mi misión.

Estas personas creían ser viejas.

No apreciaban la belleza...

no oían la música.

No olían ni tocaban...

ni disfrutaban de las maravillas del mundo.

Mírelos ahora.

¡Poesía, eso es!

¿Por eso ha hecho todo esto?

¿Dónde has estado, en la luna?

¡Se va!

Vine a descubrir si valía la pena...

llegar a la vejez.

Ahora que he visto que sí, puedo irme.

- ¿Se va, Sr. Belvedere? - Sí, amigo mío.

- Adiós. Sr. Belvedere. - Gracias, Sra. Sampler.

- Adiós. - Encantado, señor.

No olvide la poción.

Siga sonriendo, Sr. Cherry.

Adiós, Sr. Belvedere.

Que oiga bien, Srta. Hoadley.

Gracias, Sr. Belvedere.

Adiós.

William, Ludwig...

o viceversa.

Belvedere, tu abuela es todo un personaje.

Le echaremos de menos.

Estarán demasiado ocupados.

- Srta. Tripp. - Adiós, Sr. Belvedere.

Reverendo.

Pórtese bien.

- ¿Adónde va? - A Minneapolis.

¿Qué va hacer allí?

Alguien debe ayudar a los de mediana edad.

Adiós.

Duele un poco, ¿verdad?

Si lo piensas... duele un poco aquí.

Incluso a usted.

Se está volviendo sensible.

Tonterías, amigo.

Y deja de respirarme encima.

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