All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 03x05 Tiempo de esplendor

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Original subtitles

El famoso cuadro de Goya, la maja desnuda, ha sido destruido.

Nos han informado de que Francisco de Goya fue atacado en su propio estudio en 1799.

Y el cuadro apareció así, de repente, en el Museo del Prado.

Déjeme ir con ello.

No.

Necesito conocer al maestro.

¿Sabe cuánto tiempo llevo esperando algo así?

Mirad, la pradera de San Isidro, tal como Goya la pintó.

¿Don Francisco de Goya?

Para servirle, dígame.

Es Manuel Godoy.

El marido del rey.

El rey hablaba por su boca.

Como Mari Carmen y son muñecos.

¿Quiero mi cual?

Pues entonces encárguéselo a otro.

Jamás volveré a pintarlo.

Hable con Goya.

Si él hace lo que le pido, usted tendrá su inclusa.

Tenemos dos misiones.

Conseguir que Goya vuelva a pintar el cuadro y que Godoy le devuelva la inclusa

a las demás.

¿Pretendéis que Goya pinte ese espanto de nuevo?

Pero eso no es posible.

Por el sello que vio a Emelia cuando la atacaron, se confirman nuestros temores.

Pretendían acabar con todos los avances ilustrados y restaurar la Inquisición.

¿Y el ángel es terminador?

No estamos para bromas.

Y menos si se confirma que esos tipos viajan por el tiempo.

¿Qué podemos hacer?

Solo se puede pintar a una mujer que te obsesione.

No puedes colarte en una visión, ¿verdad?

¡No puedes!

Tenía que hablar con Goya.

Si yo tuviera 20 años menos, estaría perdidamente enamorado de usted.

¿Qué hace usted aquí?

No necesitaba una modelo a la que pintar.

¡No te haces esto!

¿Se encontraste bien?

No sé qué ha pasado.

Se han abalanzado sobre mí.

Están muertos.

Llevan los anillos.

Este es el collar que le regalé a Marta.

¿Están muy seguro?

Sí.

Nos mostraremos por qué al castellano se le conoce como la lengua de Cervantes en

todo.

Vuestra novela es la más importante de la historia de la humanidad.

¿El mundo entero la admirará?

Es la obra más traducida después de la Biblia.

¿Qué?

¿Qué sucede?

Os habréis dormido en los laureles.

Si yo os contase...

¿Qué?

Si vos me contaseis, ¿qué?

Si mis sueños se convirtiesen en realidad...

moriríais de envidia.

Seguro, sí.

Vaya, vaya, vaya.

Veo que el rey os ha asignado el mejor despacho de palacio.

Qué suerte.

Bueno, supongo que os recordará vuestro tiempo en prisión.

Su majestad me ha encomendado una tarea de suma importancia.

Ah, sí.

La crónica.

Ya.

¿Qué hacéis aquí?

Estoy preparando la función en honor a los ingleses.

Venía a invitaros personalmente.

¿Vais...

a representar para los ingleses?

Por supuesto.

¿Sabéis quién forma parte de la comitiva anglosajona?

El gran Guillermo Saquespeare.

Supongo que os sonará, ¿no?

Ay, qué gran momento será nuestro encuentro cara a cara.

¿Vendréis?

Quiero que seáis testigo de mi encumbramiento más allá de las fronteras.

Será un placer.

Gracias, don Miguel.

Buenos días, madre.

Hoy ha madrugado más que yo.

Sí, no podía dormir más.

¿Se encuentra bien?

Solo un poquito congestionada, nada más.

Me leíais estos cuentos de pequeña.

¿Te acuerdas del cuento de la hormiguita?

Que buscaba un pretendiente.

Quería casarse cuanto antes.

Guardaba estos libros para leérselos a tus hijos.

Los nietos son la alegría de la vejez.

Pero se lo daré a la Nuria Vidal.

Porque ella...

Ella pronto va a ser abuela.

Madre.

Nunca soy muy joven.

En tres años habré terminado mis estudios y podré pensar en el matrimonio.

Pero ¿quién te va a querer con 27 años?

Algún viudo, quizás.

Estás obsesionada con los libros.

Es que no ves más allá.

Que si Lope, que si Cervantes.

Las mujeres no podemos obsesionarnos con una sola cosa.

Pero los hombres sí.

Sí.

Los hombres pueden permitírselo.

Por eso todos los escritores son hombres.

¿Tres?

Madre.

Fernán Caballero era una mujer.

¿Lo ve?

¿Y cuántos hijos tuvo?

Ninguna.

Cada mañana es lo mismo.

Ahora saldrá de la habitación y me dará los buenos días.

Buenos días.

Vaya, ¿has hecho café?

Vaya, ¿has hecho café?

Sí, cariño.

Ahora dirá, ¿qué tal tienes el día?

¿Y si lo dejamos, Alonso?

¿Cómo?

Que a lo mejor deberíamos darnos un tiempo.

Te pasas el día enfurruñado, pero no te atreves a decirme por qué.

Estás molesto porque no me quedo embarazada, ¿verdad?

¿Y eso por qué lo...?

¿Cómo, cómo...?

Es muy fácil, Alonso.

Te pillo cada dos por tres mirándome a la tripa.

Es que no lo entiendo.

Llevamos ya mucho tiempo como para estar preñada y no lo entiendo, la verdad.

¿Por qué hay medios para evitarlo?

Ah, o sea que son esas malditas pastillas.

¿Y yo por qué no lo sé, eh?

Porque es mi cuerpo y yo decido.

Ya, pero sois mi mujer.

Mira, Alonso.

Te quiero mucho, pero yo no soy de nadie.

Y no quiero tener hijos.

Bastantes niños hay sin padres y mal cuidados.

Prefiero mil veces velar por ellos antes que traer un crío a este mundo que cada

vez me gusta menos.

Piénsate lo que te he dicho.

Por cierto, ¿no te han dicho nunca que estás un poco chapado a la antigua?

Bueno,

nací en el siglo XVI, radiez.

¿Para qué me recluto a Salvador si no me asigna ninguna patrulla?

Le he dicho a mi madre que me iba a vivir a México con mi tía.

¿Y para qué?

Para nada.

Todo llegará a su tiempo.

Necesito una misión.

Ya.

Lo que necesitas es un poco de paciencia, Lora.

Tenemos que irnos ya.

Sí.

Lo siento.

Me tengo que ir.

¿Qué puerta era?

¿No te acuerdas?

Yo tampoco.

A ver...

Joder, qué mala letra tiene Angustia.

Mira, la nave 73 a 1982 se iba a Torre Lodones.

Bueno, así nos damos un paseo.

Hoy no estás muy hablador.

Nunca estoy muy hablador.

No, eso es verdad.

Aquí es.

¿Te preocupas que no le asigne misiones a Lola?

No.

Quien me preocupa es Pachino.

No entiendo cómo pudo dejar escapar a Marta.

Vamos.

Baja la guardia.

¿Cuántas veces se le toque?

Las que haga falta hasta que lo entienda.

¿No le atacó?

Ella me golpeó la mano.

El arma se me cayó.

Yo la agarré.

Fui a recoger el arma y justo ahí se escapó.

Y ya está.

Déjeme ir a mí a 1982.

Yo le he cagado.

Yo lo tengo que arreglar.

No.

He dado a orden a Ernesto y a Irene para que vayan al ministerio del 82 a ver si

encuentran algo que nos sirva de ayuda.

Pero Ernesto, Irene...

Ni pero ni leches.

Y de gracias a que no le suspendo de empleo y sueldo, ¿eh?

Porque...

Perdón.

Sí.

Ah.

Carrasco, espero que no me llame para quejarse de su nuevo destino, ¿eh?

Podría, pero no es el caso.

Necesito que mande una patrulla al 1605 a Valladolid.

¿Ocurre algo?

No se sabe la historia.

Es el año de la firma del Tratado de Paz entre España e Inglaterra.

Y han intentado envenenar al enviado inglés.

Ayer el cocinero real le guisó unos platos algo especiales.

¡Alto ahí!

Insensato.

¿No veis que falta la decoración?

Debería echaros de una patada en el trasero.

Dejad la fuente cerca del almirante inglés.

Y anunciad el plato como pastelillos saboyanos de higadillos hojaldrados.

¿Entendido?

El aroma de los higadillos tiene que embriagar a los comensales.

Venga.

Los platos volvieron al rato sin ser ni siquiera aprobados.

¡Malditos ingleses!

Mis perros tienen mejor paladar que ellos.

Y esto es lo que me he encontrado esta mañana.

Le envío una foto.

¿Hay testigos?

Por favor, jefe.

Claro que no, que somos profesionales.

Sí, sí, claro.

Entiendo, entiendo.

Bien, le envío a la patrulla de inmediato.

De acuerdo.

Localízame a la patrulla.

Pachino.

Y no la cae otra vez, ¿eh?

Por supuesto, jefe.

Vaya cara, parece que vamos a un entierro.

A ver, Amelia, ¿a que no sabes quién vivía en Valladolid en esta época?

Por supuesto que lo sabe.

López, Cervantes, Quevedo, Góngora...

Bueno, y otros muchos.

¿Ah, sí?

Yo creía que esos vivieran en el barrio de las letras de Madrid.

A la gente le gusta cambiar de aires.

Más bien le gustaba el duque de Lerma.

¿Y ese qué tiene que ver?

Era el válido del rey.

Convenció a Felipe III para que trasladase a la corte de Valladolid, donde tenía

muchos terrenos, y los vendió a precio de oro.

O sea, le pegó un pelotazo inmobiliario, ¿no?

Luego repitió la operación.

Compró terrenos en Madrid a precio de saldo y se enriqueció vendiéndolos cuando

regresó la corte cinco años más tarde.

Entre eso, la venta de cargos y el tráfico de influencias se convirtió en el hombre

más rico de todo el imperio.

No, si nos creemos muy modernos, sí que lo sabemos todos, pero vamos,

en este país ha habido chorizos desde hace siglos.

No hay pan para tanto chorizo.

Esa era la frase de Elena.

¿Cómo va vuestra crónica, don Miguel?

Bien.

Bien.

Pero ha llegado a mis oídos que se va a representar una comedia en honor de los

ingleses.

Hay que celebrar el Tratado de Paz.

De Lope de Vega, ¿verdad?

Es deseo expreso de la reina.

Me mudé a Valladolid siguiendo la realeza y solo he hallado un río pestilente y un

frío de pelotas.

¿Qué más tengo que hacer para que se estrenen mis obras?

¿Convertirme en unas altacunas como Lope?

Siempre se representan a los mismos.

Mejor dicho, al mismo.

No ha habido concurso alguno para escoger la obra.

Vos estáis por encima de cualquier concurso.

Sois el autor del magnífico don Quijote de la Mancha.

¿Sabéis?

Han bastado tres meses para agotar la primera edición.

Enhorabuena.

Estoy convencido de que vuestra crónica no tendrá parangón.

No estoy seguro de eso.

Creo que Lope la escribiría más al gusto de la reina.

Y yo podría representar mi obra a los ingleses.

¡Y dale perico al torno!

Vuestro cometido es escribir esa crónica y punto.

Está bien.

Escribiré la crónica.

Pero...

Tengo que pediros algo.

¿Vos queréis pedirme a mí un favor?

Entre los ingleses que asistirán a la función se encuentra un escritor.

¿Qué?

Reiros vos, del Fénix de los Ingenios.

El más grande de Inglaterra.

Guillermo Saquespearé.

Necesito conocerlo.

Está bien.

Si ese inglés de apellido impronunciable acompaña al almirante, os lo presentaré.

Excelente.

¿Y vos no estabais en 1808?

Eso.

Guerra de la Independencia.

Por antigüedad pedí el traslado a una época más tranquila.

Y ya ve usted qué éxito.

Bueno, así que alguien quiere romper el Tratado de Paz entre España y Inglaterra,

¿no?

Sí, si lo consigues, será el hundimiento de nuestro país.

Ya.

¿Y eso?

Vaya, parece que ya no son obligatorias las pruebas de historia para los agentes

del Ministerio.

¿Qué prueba?

A ver, seré breve para que cuaje.

Ese tratado puso fin a una guerra de 20 años y permitió que España fuese una

potencia marina durante un siglo más en su historia.

Porque Inglaterra se compromete a atajar las incursiones piratas.

Y a cambio España se compromete a no matar protestantes por el mero hecho de serlo.

Bueno, a eso y a abrir el comercio inglés a las indias españolas.

Mal.

Eso es bajarse los calzones.

Puestos a competir con Inglaterra, mejor con sus comerciantes que con sus

piratas.

¿Y no son lo mismo?

Bueno, nosotros son lo nuestro.

¿Quién puede preferir la guerra antes que la paz?

Pues cualquiera que fabrique armas.

O los holandeses.

En el tratado, Inglaterra renuncia a ayudar a Flanders en su lucha contra

España.

O muchos nobles españoles, como Lerma, que no podían olvidar las afrentas

inglesas sobre el mar.

Como no las olvido yo.

He traído la crónica de los hechos para poder adelantarnos a lo que suceda.

Los ingleses desembarcaron en La Coruña hace una semana, ¿verdad?

Sí.

Y llevan en la capital cuatro días.

El que los quiere matar no sé quién es ni desde cuándo está aquí.

Bueno, si lo ha intentado una vez, lo volverá a hacer.

¿Y Espínala?

¿No debía estar aquí?

Vuestro tío se marchó al norte a guerrear y me ha dejado a mí con todo el marrón

este.

¿Cómo que mi tío?

A ver, os haréis pasar por su sobrina.

Ya está todo arreglado.

Seréis la nueva dama de la reina.

¿Y nosotros?

Vosotros acompañaréis a la comitiva inglesa.

Pero, bueno, mi inglés es muy básico, ¿eh?

Beer, more beer, cocktail, kiss me, the toilet please, nice bath.

Válgame Dios.

Tenéis que enseñarme, Pacino.

A ver, a ver, a ver.

No os hará mucha falta, ¿eh?

El almirante Howard se defiende en castellano.

De tanto atacar a españoles lo aprendió.

Él comandó la flota que hundió nuestra armada invencible.

Y después tomó y saqueó la ciudad de Cádiz.

Pero de verdad tenemos que proteger a este hija de puta.

Sí.

Y que no se percate el peligro.

Vaya, por fin se han despertado.

Os los presentaré.

Llevadlos a la taberna.

Acompañadles hasta las letrinas.

Y mañana poneos ropa de abrigo.

Salís de caza con ellos.

En esta tierra hace un frío que se te hiela el alma.

Estimado don Juan de la Cuesta, estos días me encuentro muy ocupado como

cronista de la corte en Valladolid.

Y os escribo para que traigáis sin falta un ejemplar nuevo de la segunda edición de

mi Quijote.

Sin los errores tipográficos de la primera.

La ocasión lo merece.

Os compensaré generosamente.

Así que sois la sobrina del general Ambrosio Spínola.

Así es.

Beatriz Spínola.

Es curioso.

Nunca había oído hablar de vos.

Es natural.

Acabo de llegar de Génova.

Vuestro castellano es excelente.

Me quedo santo el vostro italiano, Lucia.

Lo he.

Aunque sea obviamente un fuerte ochento ginovese.

Habete un filho bellísimo, vuestro maestra.

Y sospecho que quiere mamar.

Llévaoslo.

Disculpad que os haya puesto a prueba.

Debo estar ojo a vizor.

Pues el duque de Lerma aprovecha cualquier ocasión para traerme damas que me vigilan.

Pero vos sois la reina.

A veces pienso que el rey es el de Lerma y nosotros sus servidores.

El duque me tiene apartada.

Y hace creer a todos que soy una celosa enajenada.

Y mientras el rey, te cacería.

Pero un día, demostraré sus abusos.

Cuánto lamento oír eso, majestad.

Puedo ayudaros en algo.

Me conformaría con que me trajerais una manzanilla.

¡Sí!

Un momento, un momento, un momento.

Esto le gusta mucho, lo que diría, verás.

Arriba.

Arriba.

Ahí, ahí, ahí.

Abajo.

Abajo.

Al centro.

Al centro.

Que lo diga él, que lo diga él.

Al centro.

Al centro.

Ahí.

Y pa dentro.

Ah, eh.

Malditos seáis.

Pero es que no tenéis ojos en la cara.

¡Es desgastin!

¡Es desgastin!

Mis hombres no tienen mundo.

You aprendí a amar cerveza fría en Cádiz.

Hombre, es que ni punto de comparación.

Vamos, igual que el pescadito frito con el fish and cheese.

¡You're so funny!

¡Eh, eh, eh, eh!

¡Volví, volví!

Perdón.

Aquí no podéis entrar.

Soy la nueva dama de la reina y deseo una manzanilla.

Disculpad.

Acabo esta receta y os irro.

¿Qué escribís?

Un libro de recetas.

Ahora está de moda el teatro, la novela, la poesía, esas tonterías.

Pero tengo una visión.

En el futuro lo que estará de moda serán los libros de cocineros.

Vamos por la manzanilla.

Estos días no gano para disgustos.

¿Qué sucede?

Con los ingleses en la corte no damos abasto.

Son más de doscientos.

Y los sirvientes de refuerzo son una calamidad.

¿Habéis tenido problema con alguno?

¿Sabéis cómo se llama?

Apuesto que el herdo de nombre hizo penco de apellido.

Vaya.

¿Qué semblante tenía?

Tenía el pelo castaño ralo y la frente despejada, las ojeras marcadas,

los mofletes caídos y la comisura triste.

¿Os suena?

No.

¿Alguna noticia de Amélio?

Me acaba de enviar los rasgos de un sospechoso.

Páseselos a Velázquez y que haga un retrato robado.

¿Sabemos algo de Ernesto y Irene?

De momento no, jefe.

Bien.

Reclutamos a Marta Sañudo hace tres...

tres años, sí.

¿Puedo?

Sí, claro.

Gracias.

Nació en el 45, luego tiene 37 años en el 82.

Continúe, por favor.

Bueno, necesitábamos a alguien experto en Andalus y ella era la primera de su

promoción de geografía e historia y doctora Kuhn Laude en ese periodo.

¿Nunca detectaron nada sospechoso?

No.

Si quiere que le diga la verdad, el único que me ponía de los nervios era

Pacino.

Si se lo pueden quedar en el 2017, mucho mejor para nosotros.

¿Algo más?

Sí.

Necesitamos los expedientes de los casos asignados a Marta, sus informes médicos y

todas sus pertenencias.

Por favor, encarna, pase al despacho.

¿Puedes acompañar a estos señores al vestuario y abrirles la taquilla de Marta

Sañudo?

Están autorizados a llevarse el material que encuentren.

Claro.

¿Me acompañan, por favor?

Con mucho gusto.

Hemos venido a los 80 o al Pleistoceno.

Toda suya.

Gracias.

¿Reconoce a alguien en esta foto?

Sí.

Esta es Marta, Ramiro Cruz, un encanto, San Segundo y Pacino.

Ay, Pacino.

Qué pena que se haya ido.

Porque es tan guapo.

Aunque bueno, ahora os toca a vosotras disfrutarle un poquito, ¿no?

Ahora que por fin se ha quedado solo.

El soltero de oro, ¿eh?

Perdón.

¿Quién está otra?

¿Reconoce a alguien?

Bueno, solo a Marta.

Deben ser fotos personales.

Gracias.

Ahí, señor.

En el 82 nadie sabe gran cosa de Marta.

Parece mentira.

Bueno, si pregunta por aquí, tampoco sabe gran cosa de usted.

Sí, claro.

Por suerte tenemos bastante material.

Y poco tiempo.

Para ganar la ineficacia podríamos contar con Lola.

Así se sentirá útil.

No, aún no.

Cuando llegue el momento, yo mismo le asignaré una misión.

Por ahora, solo les quiero a usted y a Irene en el caso.

¿Qué tal?

Eso debería preguntarlo yo.

Nada relevante.

¿Y tú?

¿Tienes algo?

Sí.

La partida de nacimiento de Marta es falsa.

No nació en 1945.

Y fíjate en estas dos fotografías cuando las amplió.

Es la misma cara las dos.

Es un fotomontaje.

No es una experta en Photoshop, pero no está mal para la época.

Me parece que nos espera una noche muy larga.

Sí.

Ahora, eso es lo que estoy hablando, señor.

Eso es lo que estoy hablando.

¡Adiós!

¡Adiós!

¡Adiós!

¡Bienvenido, mis parientes!

¡Adiós!

¡Adiós!

¡Vamos!

¡Eso es el chico!

¡Eso es el espíritu!

¡Delicante!

No cumplen sus promesas.

¿Puedo pediros un favor?

Será una orden para mí.

Dicen que la reina Isabel la Católica ordenaba a sus damas dormir con ella.

Sí, eso he oído.

Al parecer lo hacía para que no pudieran acusarla de infidelidad para con el rey

Fernando.

¿Podéis pasar la noche conmigo?

No penséis ninguna maldad.

Tampoco os lo pido para demostrar que soy fiel a mi marido.

Dios sabe que lo soy.

Con eso me basta.

Solo quiero dormir sabiendo que me acompaña alguien.

Solo quiero que me contéis historias, que me contéis un cuento.

Como si fuese una niña.

Pasó un toro y le dijo...

Hormiguita, hormiguita, ¿te quieres casar conmigo?

¿Y cómo me enamorarás?

Respondió la hormiguita.

El toro se puso a mugir.

La hormiga se tapó los oídos con ambas patas.

Sigue tu camino, le dijo al toro, que me asustas, me asombras...

Me espantas.

Al final, los guiris vienen a España, lo mismo.

Da igual el siglo que sea.

A beber, a ponerse ciegos...

De verdad.

Un cómodo en siglo de oro, coño.

Madre mía.

Mañana ya verás, mañana tenemos que seguir protegiendo al Warhol este.

Warhol...

Warhol...

¿A ti te pasa algo?

No.

¿A ti te pasa algo?

A mí me lo puedes contar, eh, Alonso.

Pachino, por Dios, que acabáis de orinar.

A ver, ¿qué es?

¿La época?

No.

¿Es la época?

Claro, te traes recuerdillos.

No, que yo soy de hace un siglo.

Bueno, cien años más, cien años menos.

Tampoco nos vamos a poner exquisitos.

Tú sabes que tú, a mí me puedes contar lo que sea.

Que da igual, o sea, que conmigo...

Escúchame, conmigo tienes que tener una escafandra en una vez.

Que yo no tengo escafandra.

Que yo sí tu colega.

Que sí, Pachino.

Que sí, Pachino.

Pachino, vamos a dormir, Pachino.

Que sí, Pachino.

Vamos a dormir, Pachino.

Vamos a dormir, Pachino.

La penúltima.

No, que esto es un lupanar.

Venga, vamos a dormir.

Mirad.

Ese es Lope de Vega.

Tengo un asunto que hablar con él.

Entonces mejor os dejaré a solas.

Vayamos a saludarle.

Avisadle.

Majestad.

Permitidme que os presente...

No es necesario, Majestad.

No.

No os conocimos.

Tiempo ha.

Qué pequeño es el mundo.

¿De qué conocéis a Beatrice?

A Beatrice.

Tan honesta parece y tan hermosa mi casta Beatriz cuando saluda.

Que la lengua temblando queda muda y la vista mirarla apenas osa.

Qué oportunos los versos de Dante.

Sí.

Los traduje yo mismo.

Beatrice.

Venid.

Tenemos que hablar.

¿Cómo lleváis mi encargo?

Eh...

Ultimando la escena final.

¿Y los ensayos?

Bien.

Estamos trabajando en ello, Majestad.

¿Sabéis, Beatrice?

Mañana en el patio de armas habrá una representación ante el rey, los ingleses y

el pueblo.

Que mostrará la cara más vil y podrida de nuestro duque de Lerma.

Sí.

Bueno.

Más o menos.

Buena estrategia dejarlo en evidencia.

Fijaos bien en la reacción del duque cuando se vea como el válido corrompido.

Majestad...

Tendríamos que hablar de ese título.

¿Nos gusta?

Yo...

le daría una vuelta.

Si vais a cazar una rata como Lerma, podíais llamarlo...

la ratonera.

Alegórico.

Me gusta.

Toda su vida personal es una mentira.

Absolutamente.

Ay...

Pero nosotros no tenemos más remedio que encontrar la verdad entre las miles de

mentiras que tenemos aquí.

No tenemos tiempo.

Es como la lotería.

Que juegas un número entre miles con la absurda esperanza de que te toque el

gorro.

¿Dónde está la agenda?

¿La agenda?

Papá...

Si el tío de la foto no es su padre, ¿quién coño está detrás de este teléfono?

Las tres primeras cifras pertenecen a una puerta.

La 456.

¿Y el 1821?

Es el año 1821, el año al que da la puerta 456 en el ministerio de 1982.

Puede que 1821 esté relacionado con su padre o puede que tenga su escondite allí.

Nuestro magnánimo rey Felipe III honró a la comitiva inglesa con una cacería a la

manera castellana, para estrechar los lazos de afecto y simpatía entre ambas

coronas.

Algo que los ingleses celebraron alabando nuestras costumbres ancestrales.

¿Cazando pájaros?

Ridiculous.

¿Dónde están los zorros?

This is boating.

I have an idea.

Should make things a little more interesting.

¡Españoles!

¿Quieren apostar?

¿Quién caza más gana?

Última batalla.

Antes de la paz.

Nada me placería más.

Si vuestra majestad lo aprueba, mientras no os apostéis el oro de la

corona, podéis hacer lo que os plaza.

¿Qué os apostáis, inglés?

Me gusta vuestra espada.

A mí me gusta vuestro arcabuz.

Mi arcabuz.

Mató mucho de los tuyos.

En plena.

¿Se puede saber qué cojones estás haciendo?

Lo que estos necios llevan siglos pidiendo.

Que alguien les dé una lección.

Se trata de protegerlos.

¡No de cabrearlos!

Perdone que interrumpa.

Velázquez ha terminado el retrato robot.

Pero este tipo es...

es el que mató al ruso que perseguía a Hitchcock.

¿El del cual man?

Mándeselo inmediatamente a Melian.

¡Sí!

¡Galia!

¡Llevo tres aves!

¡Tres!

¡Yo llevo cinco!

¡Maldición!

Rápido, cargad.

¡Cuatro!

¡Cinco!

¡Eis!

¡Vamos!

¡Vamos!

¿Lo reconoces?

Se te intentó envenenar a Howard.

Joder, eres el escudero.

¡Él!

¡Hip, hip!

¡Horé!

¡Hip, hip!

¡Horé!

Y así fue como transcurrió una felicísima jornada de montería, entre arcabuces,

paisanes y camaradería, junto a la ribera del Pisuerga, que pasa por Valladolid.

Una fecha recordada por ambas naciones que sellaron su amistad, antes de la

ratificación del juramento de las paces establecidas con la corona inglesa.

No sé la razón de la sin razón, que a mi razón aqueja.

Quizás sea Nuestra Majestad el causante de vuestros desvelos.

¡Ese es el rufiante!

Este último verso va a ser mucho mejor si lo decís con la mano así, en el pecho.

Sí.

Gracias, don López.

Vos muy bien.

Gracias, don López.

Sí, sí.

Continúad.

Quizás sea Nuestra Majestad el causante de vuestros desvelos.

¡Es ese rufiante de Valdemar que le tiene sorbido el seso al rey!

¿Lo reconocéis?

Es el anillo del ángel exterminador.

También llevaba esto, el kit del buen agente del ministerio, su teléfono móvil y

unas hojas con información sobre puertas del tiempo.

Hay que enviar todo el material al ministerio.

Vamos.

Es contradictorio.

Primero, el tal Pulido colabora con una facción progresista del ministerio para

hundir la reputación internacional de Franco secuestrando a Hisco.

Y salvando a Goya.

Y a la vez pertenece a una secta secreta, ultraconservadora y clerical, que pretende

que católicos y protestantes sigan en guerra.

Quizás el anillo sea un botín de guerra.

Quizás era un agente doble.

Bien, lo importante es que Hogwarts sigue vivo y los ingleses no se han enterado de

nada.

El tratado de paz con Inglaterra sigue en pie.

Si no, hay más asesinos en 1605.

Por si acaso, he ordenado a la patrulla que siga en Mayadolid hasta que se firme

el tratado.

Tal vez Lola pueda echarnos una mano.

Sabe de espionaje y de agentes dobles.

Aún no, Ernesto.

Primero tenemos que confirmar que Lola puede cambiar o es la misma que conocemos.

Mmm, deliciosos.

Haré que impriman vuestro libro de recetas.

¿Cómo pensáis titularlo?

Tenía pensado que Magister Kikero, maestro cocinero en latín.

No, ese título no tiene futuro.

¿Por qué no lo llamáis, no sé, arte de la cocina, pastelería,

bizcochería y conservería?

No es un poco largo y explicativo.

La gente no entiende nada si no se lo explicáis mil veces, ni menos en latín.

¿Me habéis llamado, Excelenci?

Sí.

Don Félix Lope de Vega.

¿Queréis probar mis perdices?

Pronto publicaré la receta.

Ahora no.

Dejadnos solos.

Sí, señor.

¿Me podéis explicar qué mierda de obra estáis ensayando?

Fue un mandato real.

Decidme qué podía hacer.

Queréis decir un mandato de la reina, que no es lo mismo.

Conocéis mi devoción por vos.

El año pasado glorifiqué vuestros orígenes y vuestras hazañas en los autos

sacramentales del peregrino en su patria.

Vuestra comparación de mi humilde persona con San Juan Bautista me agradó.

No os voy a engañar.

Por eso debéis confiar en mi buen juicio.

Ganaréis popularidad demostrando que sabéis encajar las burlas.

Así se hace en Francia e Inglaterra.

Mi querido Lope, estos son las Españas.

El pueblo no está preparado para según qué obras.

Bueno...

La sátira alivia al pueblo para que pueda seguir digiriendo el pesado ágape de su

existencia.

Que no quiero que nadie se ría de mí.

Excelencia...

Reírse del poderoso es el desquite del pobre.

Y así permanece el orden.

Muy bien.

Me habéis convencido, mi buen Lope.

Seguid así.

Mañana, tras la representación, vendréis a mi despacho.

Para revocaros sin edíe vuestra licencia teatral.

¿Cómo decís?

Aquí en la corte sobran escritores.

Le dais una patada a una piedra y salen veinte.

Pero, señor...

El mismo Cervantes, por ejemplo.

Le haré un doble favor.

Le presentaré al tipo inglés este y...

y le ofreceré que represente algo para sus majestades.

Acordamos que solamente yo conocería a ese que es peare.

Claro.

El problema de los escritores es que os creéis más importantes que los que os

pagan.

Os pido mil disculpas.

No acepto disculpas.

Representad como quedamos el caballero de Illescas.

Y yo cumpliré mi palabra.

Entretened al público.

Divertidle.

Que no piense en lo que no tiene que pensar.

Así se hará excelencia.

Ay, mi querida esposa.

Clara y divina.

Luz de mis sentidos.

Ya estamos en España.

Si ya estamos, ¿de qué teméis?

A vuestra casa vamos.

Hay un gran mal.

Qué mal teniendo vida.

No lo puedo decir.

Decidlo, os ruego.

No existáis.

Dejadlo.

Mi señor, insisto.

Descansad.

Seguiremos el ensayo tras el almuerzo.

Beatrice.

Amelia.

Como llaméis por Dios, esperad.

Tenéis que entenderme.

La espada de Damocles pendía sobre mi cabeza.

Decidme, ¿qué?

¿Qué podía hacer?

Ser fiel a vuestra reina y al pueblo.

Ese que os ha hecho rico y famoso.

Teníais una deuda con ellos que habéis roto.

Como habéis roto mi admiración por vos.

Hombre, dichos son los ojos.

¿Dónde estabas?

Cumpliendo la misión.

¿Y vosotros no tendríais que estar con los ingleses?

Precisamente allí nos dirigíamos.

El rey ha invitado a una timba, a los guiris y a Cervantes.

Mejor estar presente.

No sé que la cosa pase a mayores, ¿verdad, Alonso?

Estad atentos.

El rey y Cervantes eran ludópatas.

Se puede complicar.

Hasta luego.

¿Y esta qué le pasa?

¡Vamos!

¡A la calle!

¡Largo!

¡Fuera!

¡Vamos!

Creía que jugábamos a naipes en...

...palacio.

Aquí los autos de fe se hacen en la Plaza Mayor.

Y a las cartas se juegan las tabernas.

Y el fumo solo en los bares.

Yo os conozco de algo.

¿A mí?

No creo.

Yo por lo menos no os conozco de nada.

De nada.

Perdonad.

Estoy peor que el guijano.

Vivo en un infierno en que confundo los rostros y mezclo la realidad y la ficción.

Majestad, ya nadie le molestará.

Gracias.

Caballeros, bienvenidos a esta partida de naipes en honor del almirante.

Considérenlo...

...la revancha española.

Mi querido Duque...

...a los amores.

Jugaremos a la veintiuna.

Twenty-one.

Twenty-one.

Sí, Blackjack.

Blackjack.

Blackjack de toda la vida, Blackjack.

No entendemos.

Twenty-one.

O sea que nosotros lo inventamos y ellos lo copiaron.

Como decimos en Castilla, el movimiento se demuestra andando.

El juego es bien sencillo.

Vence el que alcanza las veintiuna sin pasarse.

El juego es muy simple.

Los que llegan los veintiuna son el ganador.

Cada carta tiene su valor numérico, exceptuando la sota.

El caballo y el rey, que cuentan diez.

Y luego está el as, que es el que más juego da.

Ya que tiene el valor de uno u once, según convenga.

Perdóname, señor.

¿Estás William Shakespeare?

Sí.

¿Y ahora?

¡Hurry!

Parece que nuestros invitados han tenido fortuna.

La suerte del principiante.

Me gusta veintiuna, majestad.

Creo que lo importaremos a Inglaterra.

Te lo dije.

No es normal que estos ganen todo el tiempo.

Aquí hay gato encerrado.

Sí, pero tengamos la fiesta en paz.

¡Levantaos, inglés!

¡Estáis haciendo trampas, tunante!

Al oso, por favor.

¿Estás hablando conmigo?

¿Eh?

He thinks you're cheating.

Los españoles no sabéis perder.

Sí, lo que queráis.

Pero vuestro amigo no se levanta.

Guarda algo en la manga.

¡Lo venimos aquí para que nos insulten!

¡Lo sabía!

¡Lo sabía!

¡Lo sabía!

¡Bloves, españoles!

You, sir, have embarrassed me, sir.

Let us retire.

Buenas noches.

Lo sabía.

Fui una ilusa.

Pensar que podría con Lerma.

El duque ha ganado esta batalla, pero vos ganaréis la guerra.

Solo tenéis que encontrar un cómplice mejor que Lope.

No le culpo.

Tiene tantas bocas que alimentar.

Gracias por permanecer a mi lado.

Poder confiar en alguien dentro de esta jaula dorada consuela mi alma.

Majestad, me he tomado la libertad de hablar con ese autor inglés, William

Shakespeare.

He oído que apunta maneras.

¿Con qué propósito hablasteis con él?

El de contarle vuestra historia.

¿Y qué os ha dicho?

La ambición política de Lerma y su deseo de mandar más que el rey le pareció tan

turbador que escribiera una tragedia.

¿De verdad?

Bueno, puede que el tema ya le rondase por la cabeza.

Denunciará a Lerma.

Le llamará Macbeth.

Al menos que los ingleses aprendan de nuestros errores.

Creo que podemos fastidiar a Lerma en algo más.

Y de paso a Lope.

Ha llegado a mis oídos que Lope quiere conocer al tal Shakespeare.

Y Cervantes también.

Y que Lerma va a hacer que solo hable con Lope.

Que anulemos la firma del tratado.

Vos no estáis en vuestros cabales.

Siempre os aconsejé que la paz con Inglaterra no era lo más adecuado para

nuestros intereses.

Pero si solamente ha sido un juego de cartas.

Se hacen trampas a los naipes que no harán con los tratados.

Bien sabéis que los ingleses siempre fueron nuestros enemigos.

Pero esta guerra debe acabar.

Ya son 20 años.

Y el pueblo se merece vivir en paz.

Recordad a vuestro padre.

Que en gloria esté.

Acordaos de cuanto luchó contra ellos.

Todo lo que padeció cuando tuvo que vivir en aquellas infames islas.

Todo lo que os contó sobre María Tudor.

Recordáis aquella coplilla que os cantaba.

Claro que me acuerdo.

Que yo no quiero amores en Inglaterra.

Pues otros mejores tengo en mi tierra.

Hay Dios de mi tierra, saquésme de aquí.

Hay que Inglaterra no es para mí.

¿Qué hacéis aquí?

No toquéis eso.

Ya sé de que conocí al espigado.

Estaba con vos.

Intentasteis arruinarme en los baños de Argel.

Pero luego me animasteis a reescribir el Quijote.

Dejad que os explique.

Creía que era un sueño, pero ahora sé que es la realidad.

¿Qué queréis ahora?

¿Sois duendes que podéis estar en todas partes?

¿Y este quién es?

William Shakespeare.

Es... es él.

Y es...

Es él de verdad.

Lo es.

Y quiere hablar con vos.

Por fin algo sale bien en Valladolid.

¿Qué queréis decir?

Por fin sale algo bien.

¿No os habéis enterado?

Ya no se firma el Tratado de Paz con los ingleses.

Y no me extraña después del follón que se monta anoche jugando a las cartas.

¡Ja, ja, ja, ja!

Shakespeare.

Shakespeare.

Shakespeare.

Shakespeare.

Shakespeare.

¿Cómo que España no firma el Tratado?

Eso va a cambiar la historia.

No se firma el Tratado.

¿No os habéis enterado?

No.

Y los ingleses tampoco.

Pues no se tienen que enterar.

¿Y vos cómo lo sabéis?

Por Cervantes, se lo ha dicho Lerma.

¿Se puede saber qué pasó en la partida?

¿Pero cómo sabéis que los naipes tienen que ver con todo esto?

Porque tenéis nosotros la palabra culpable grabada en la frente.

A ver, hubo un pequeño rifirrafe con el tal Howard este, pero vamos que tampoco la

sangre llegó al río, ¿eh?

Pues menos mal.

Porque si no, nos hubieran invadido por tierra, mar y aire.

La crónica está desapareciendo.

Y fue entonces en aquel glorioso día de Corpus de 1605.

Eso es hoy.

Cuando el perfil almirante Howard insultó a nuestro rey, el dadivoso Felipe III y al

glorioso duque de Lerma, anulándose así la firma del tratado.

Las Españas no podían permitir semejante afrenta del enemigo protestante.

Si guerra quieren, esos infames ingleses, guerra tendrán.

Joder.

Y me quejaba yo del nodo cuando era chaval.

¿Y ahora qué podemos hacer?

Muy buena pregunta, Alonso.

Si no hubieras metido la pata.

A ver, eh, que Lerma estuvo ahí pinchando y los ingleses se las traen.

No fue todo culpada, Alonso.

Ahí estoy de acuerdo.

Si tú no hubieras dejado escapar a Marta, nada de esto habría pasado.

En eso tienes razón.

Hablaron los dos iluminados que casi me queman vivo en trasmaz.

Yo insisto.

¿Qué podemos hacer?

Porque la leche derramada no se puede recoger.

Pachino.

¿Qué?

Tú distrae a los ingleses.

Llévatelos a la taberna y que no se enteren de nada.

¿Y yo?

Tú ni te acerques a los ingleses.

Espérame en palacio, que te voy a necesitar.

¿Qué estás pensando?

¡Oye!

Os mueve.

¿Estáis seguras de lo que decís?

Completamente, Majestad.

El rey se niega a firmar el tratado.

Ha sido Lerma, ¿verdad?

Majestad.

Sois la única que puede hacer cambiar de opinión al rey.

Si lo intento, el malnacido de Lerma nunca me lo perdonará.

Y necesitáis mejor motivo que ese para intentarlo.

Majestad.

Estamos jugando una partida de ejedrez.

Y solo la reina puede salvarnos.

Gracias por la invitación, pero debemos irnos.

No es bueno hacer esperar a un rey.

Hay tiempo, almirante.

En España estas ceremonias siempre se retrasan.

La puntualidad no es precisamente nuestro fuerte.

I'm thirsty, my lord.

¿Qué dice?

Nos quedamos un momento más.

¡Pues a deno!

¡Más vino!

No, que estabas tardando.

¡Let's play darts!

Margarita, si son asuntos del servicio, hablad con el mayordomo mayor.

Tengo demasiadas cosas en la cabeza.

¿Cómo revocar el tratado con los ingleses?

Creía que ansiabais la paz para vuestro imperio, para vuestro pueblo.

Margarita, sabéis que os respeto.

Pero vos no entendéis de asuntos de Estado.

Os equivocáis, mi señor.

Mejor os iría si alguna vez me escuchaseis a mí, en lugar de a Lerma.

¡Estáis obsesionada!

Lerma es un buen hombre.

Y un gran patriota.

Guardaos de los que presumen de patriotismo.

Lerma ha sido muy bueno conmigo.

De hecho, cuando mi padre demostró que no confiaba en mí, él sí lo hizo.

Yo también confío en vos.

No lo necesitáis a vuestro lado.

Me pedís un imposible.

Todo lo que soy es gracias a él.

He de irme, que me espera al almirante Howard, y he de darle la mala nueva.

Expedíos antes de vuestro hijo.

Seré un gran rey.

El mejor rey de todos.

Y heredará un imperio en ruinas.

Una sombra de lo que es ahora.

¿De verdad queréis eso para vuestro sucesor?

Mi señor...

España ya tiene suficientes frentes abiertos.

Va siendo hora de cerrar alguno.

El que pierde, paga las bebidas.

No podéis evitar apostar, ¿eh?

¿Por qué pensáis esto?

Sí, sí, sí, sí.

¡Para tu cara!

¡Ja, ja, ja, ja!

Siempre tenéis que demostrar vuestra superioridad.

Yo pienso lo mismo de los españoles.

El rey, lema, vuestro amigo Alonso, son locos por ganar.

Su espada.

¿Puede tenerla?

No es malo ser superior.

Además, amigo, competir en el juego ahorra.

Competir en la guerra.

¡Apartaos!

No podéis pasar.

Está cerrada.

¿Y vos quién sois para darme órdenes?

¡Exijo ver al rey!

¡Soy el duque de Alerma!

Su majestad, la reina, ha dado orden de que nadie la interrumpa.

Y una reina manda más que un duque.

¿O debería?

¡A mí la guardia!

¿A qué se debe este alboroto?

Majestad, necesito hablar con vos.

Si es en relación a la firma del tratado, informad a nuestros invitados que en breve

estarán allí para la rúbrica definitiva.

¡Pero majestad, mi consejo!

¡Mi decisión es firme!

Y tras una semana en la que supimos de la trágica muerte del Papa León undécimo y la

llegada del nuevo pontífice Pablo V, el pueblo recibió con júbilo el bautismo

del príncipe heredero en un Valladolid que se engalanó para recibir a los ingleses.

Llegó el momento de la rúbrica del tratado de paz.

Una paz duradera, próspera y necesaria.

Parece que todo ha salido bien.

Creo que aún tengo un problema que resolver.

¡Cervantes!

Vais a pagar caro vuestro atrevimiento.

¡Habéis hablado con Saquespeare!

¡Saquespeare!

¡Chespier!

Y vuestro enfado solo por eso, yo creía que mi gran atrevimiento era

compartir con vos el aire que respiro.

Solamente sois el cronista de este evento.

No tenéis ningún derecho a utilizarlo en vuestro beneficio.

Y vos sí.

Yo soy el Fénix de las letras.

El elegido por la corona para homenajear a nuestros invitados.

¡Ave Fénix!

Más bien pollo refrito con ajo de tanto como repetís.

Mal nos habrá el pollo cuando lleno todos los teatros.

Escribís lo que la gente quiere oír, no lo que deben saber.

¡Ja, ja, ja!

Cuando pasen los siglos, yo seré el símbolo de este tiempo.

Y a vos ni os recordarán.

¡Ja, ja, ja!

Me río de eso.

Y de paso, me río de vos.

¡Ja, ja, ja!

Vais a tragaros esa risotada.

Os lo dice alguien que luchó en la grande y felicísima armada.

Defendemos.

Pues aquí tenéis a alguien que luchó en Lepanto.

La más memorable y alta ocasión que vieron los siglos pasados.

Y esperan verlos, venideros.

Y quedasteis manco.

¡Tu huyido!

¡A saltacunas!

¡Alto!

¿Qué hacéis aquí?

Será mejor que os vayáis.

No antes de que bajéis vuestras...

armas.

Él empezó primero.

No, no, no.

Empezó él.

Lo juro.

Parecéis niños malcriados.

Menos mal que pervivirán vuestras obras y no vuestros actos.

Porque de lo contrario...

¡Qué vergüenza!

Los dos genios más importantes de nuestra literatura peleándose por ver quién entra

en la gloria.

Como si en la gloria no hubiera espacio para los dos.

La cima es un lugar estrecho.

Lo dice alguien que nunca la pisó.

Si yo pudiese vivir con la misma libertad que un hombre y tuviese vuestro talento,

no perdería mi tiempo en riñas y en envidias ridículas.

Pero ya se las compongan vuestras mercedes.

Sin novedad, señor.

Misión cumplida.

¿Sin novedad?

Pachino mató al asesino que estuvo a punto de acabar con el Tratado de Paz que yo

casi fastidio.

Hemos tenido cuitas con Lerma, con Lope, con Cervantes, con el inglés ese

de apellido impronunciable.

¿Os parece poco?

Pero vamos, que por lo demás perfecto, jefe.

Cómo se agradece la sinceridad, ¿verdad?

Sí, porque como suele decirse, lo que pasa en Pucela se queda en Pucela.

¿Y alguien puede contarme qué pasó con Lerma?

Continuará con sus corruptelas unos años más y evitará el presidio al ordenarse

cardenal.

Efectivamente, los cardenales estaban aforados.

La reina Margarita, con ayuda del confesor real, consiguió abrir una investigación.

Pero la pobre murió al poco tiempo sin ver la caída de su enemigo.

Dicen que fue el propio Lerma quien ordenó envenenarla.

Siempre muere antes la buena gente que los cabrones.

¿Se sabe algo del tipo que maté?

¿O de Marta?

Les aseguro que cuando lo sepamos, serán los primeros en enterarse.

Una emergencia, jefe.

Lola ha huido del ministerio.

¿Está usted segura?

Sí.

Y al parecer han desaparecido del almacén algunos de los cuadros que se recuperaron

del Alcazar.

Mira, parece que ha empezado su carrera de traficante de arte antes de tiempo.

Supongo que no tiene muchas ganas de hablar.

Me pasaré por el piso a las 9 para recoger mis cosas y devolverte las llaves.

Si estás genial.

Si no, no pasa nada, lo entiendo.

Besos.

¿Qué será de mí?

Ahora solo quedo yo.

Dígale al general Martínez Campos que impida toda comunicación y que declare el

estado de emergencia.

Salvador ha roto una regla sagrada de este ministerio.

No reclutar dos veces a la misma persona.

Viajar por el tiempo genera demasiadas paradojas como para provocar otra más.

¿Qué ocurre?

Un atentado.

Alfonso XII está en coma, al borde de la muerte.

¿Está usted seguro de poder participar en la misión?

Por supuesto.

Nadie conoce la época mejor que yo.

Es la mía.

Quiero presentarle a mi tío, Vera Folk.

¿Su tío?

Encantado de conocerle.

Igualmente.

¿Me reciben?

Ya veo que tu tío es muy importante para ti.

Ni te lo imaginas.

Pero eso cambiaría la historia.

A veces hay que cambiar algo para que todo sea igual.

Hombre, igual, igual...

¡Tragala, perro!

Tienes suerte de que sean cables.

Suerte sería no estar aquí, caballero.

Ninguno de los de aquí es tan importante como tú.

Todos ellos existen porque te has salvado la historia mil veces antes.

Creo que nos debe una explicación.

Y como subsecretario que soy de este ministerio, se la voy a dar.

El salvador de toda la vida habría tomado otras decisiones.

Tenía...

Tenía otra intuición.

Otro olfato.

¿Qué es esto?

Me temo que la señorita Ford no se puede poner en este momento.

¿Pero qué es esto?

Dios mío.

Disparad de una vez.

¡Disparad y de putas!

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