All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 02x12 Hasta que el tiempo nos separe

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Original subtitles

No fue suficiente con quitarme el programa y hacer creer a toda España de que no

estuve ahí.

También tuvo que convencer a toda mi familia de que yo era un tarado.

Otra vez Lombardi.

Nadie le creerá.

Pero el vídeo lleva más de medio millón de visitas en una mañana.

¿Cómo va a haber gente yendo y viniendo del pasado?

He llamado a Lombardi y le he invitado a que nos visite.

Hay que hacerle creer que está equivocado.

Buenos días, señor Martí.

Sonia, saca la cámara y grabalo todo.

Ernesto, tenemos un problema.

Amenazar a un funcionario del Estado es un delito muy grave.

¿Y esas escaleras a dónde van?

Concha de la lora.

Papá, no me digas que estamos viajando en el tiempo, de verdad.

Sí, estamos viajando en el tiempo.

Hay que encontrar a Lombardi.

No podemos dejar a ese hombre suelto con una cámara en la mano.

¡Se puede llegar a Oriente siguiendo una ruta hacia el oeste!

Estos estúpidos no saben con quién están tratando.

Yo soy Colón.

Cristóbal Colón.

Hemos desplegado el dispositivo de emergencia, pero no va a ser fácil dar con

él.

Es como buscar una aguja en un pajar.

Bueno, esa...

No puede ser, pero ¿desde cuándo es Lombardi el descubridor de América?

Lombardi ha cambiado la historia.

Tienes que contar a todo el mundo lo que descubrimos.

Lo colgás en internet y que todo el mundo sepa la verdad.

¡Mamá!

¡No quiero volver a nuestro tiempo!

¡Quiero ir a América!

A América vais a ir del mandoble que os voy a soltar.

¡Por favor, voy a ser todo lo que ustedes quieran, pero salven a mi hija!

Lo que quiero es estar... estar contigo.

Constanza, vais a ser la esposa de uno de los caballeros más poderosos del reino.

Vuestro padre desea lo mejor para vos.

Don Fadrique es bien querido de los Lara, que es lo mismo que decir del rey Alfonso.

Cualquier mujer estaría orgullosa de estar en vuestro lugar.

Dejad de llorar, Constanza.

Hoy es el día de vuestra boda.

Debéis estar feliz.

¿Me oís?

Feliz.

Constanza ha oído.

Lo siento, mi señora.

Tranquila.

No irá muy lejos.

Esto es comida para gatos.

Acabas de fregar y coges el solomillo con las manos.

Eres más guarro que el Alfonso.

Mírame, que te estoy hablando a ti.

¿Y esta?

¿De dónde ha salido?

¿Dónde?

¿Dónde estoy?

Madre mía, vaya pirada.

Tenéis razón, iré con vos.

Deteneos en nombre del señor de estas tierras.

Deteneos en nombre del señor de esta tierra.

Si no vivos, ¿quién le matará a ser a la peña?

Tenéis razón, iré con vos.

Deteneos en nombre del señor de esta tierra.

Julián,

bailas.

Sí.

Han pasado tantas cosas...

¿Qué pasó?

¿Somos suicidados?

¡Eh!

¡Espera!

¡Lo logras!

Barbaría.

Vaya morlaco.

Por Dios, San Macho.

Que si no me pongo delante del Miura, mañana no hay boda.

La próxima vez que diga quiero correr delante de un toro, impedidmelo,

por favor.

Pero si no he saltado la valla en cuanto habéis visto los sastados.

¡Zascandil!

¿Dónde está Velázquez?

¿Eh?

¿Pero si venía detrás?

Se habrá quedado en la última tasca.

Menuda turca llevaba.

No me digáis que ha congeniado con una infiel.

¿Qué es eso?

¿Y vos dónde estabais?

No os he visto correr.

En el balcón de Ernesto.

No, Ernesto no ha venido.

El otro Ernesto, el guiri.

No vea las charlas que se echan dolero a la madre mía.

¿Dónde está mi habitación?

No aquí, mi amigo.

Deja, yo me encargo así busco a Velázquez.

¡Vamos, Mr. Hemingway!

¡Es hora de dormir!

¡Of course!

¡Ey!

¡Ey!

¡Golfiño!

Venga, vamos a tomar la última en el rocola del 81.

Hoy toca, Nachapop.

¡Shh!

¡Que paga Hortigosa!

No, no, no.

Me tengo que casar.

Con la mujer más bonita del mundo.

Eso ya me lo dirás en unos años.

No sabéis cómo os envidio.

¡Anda, vamos a tomar un cafetito!

No me apetece.

Bueno, a ver, a mí sí.

Acompáñame.

¡Opa!

¡Amigos!

¿Qué pasa?

¡Ago, tronco!

¿Qué pasa?

Estoy bien.

¿Qué te pasa con Helena?

Bueno, pues cualquiera lo diría.

No iban mejor las cosas.

Sí, iban mejor las cosas.

Pero parece que se han estropeado.

¿Pero eso por qué?

¿Le habías invitado a la boda y todo?

¿Le pediste permiso a Salvador?

Mala hora.

Ayer me dijo que se lo había pensado mejor y que prefería no venir.

No entiendo tanto va y ven.

Ni que el amor duela como que te atraviese una daga.

Yo la amo, Julián.

Quiero estar con ella.

Quiero pasar con ella el tiempo que me quede por vivir.

Quiero tener hijos con ella.

Pero creo que no me acostumbraré nunca a las mujeres de esta época.

Es que en la mía.

Le decías a una mujer lo que tenía que hacer y lo hacías.

Sí, claro.

No te jode porque antes eran esclavas y criadas.

O se casaban con alguien porque les obligaba el padre.

No me digas que prefieres eso a que una mujer esté contigo porque te quiere.

Pero Elena no me quiere.

Que no seas agonías, Alonso.

Que claro que te quiere, hombre.

Tú piensas, macho, que irá a la boda contigo y conocer a tus amigos...

Es un paso importante.

No os entiendo un pijo.

Que tiene miedo a comprometerse, Alonso.

O yo qué sé.

No lo sé porque no la conozco.

Igual me equivoco.

No, seguro que no.

Vos conocéis mejor a las mujeres de ahora.

Sí.

Julián, necesito pediros un gran favor.

Dime, lo que sea.

Me tenéis que enseñar a hacer la lazada de la corbata.

Por supuesto.

Don Alonso de Entre Ríos.

¿Dónde está José?

José, me te paga.

Sí, por favor.

Déjalo en la corbata.

Le vamos a enseñar a Alonso a hacer el nudo.

Sí.

¿Por qué estáis aquí todavía?

Os dije que oyerais.

No.

No sin vos.

Yo no puedo.

Mi padre me obliga a casarme.

¿Con quién no amáis?

Marchad, os lo ruego.

Si os quedáis aquí, Fadrique os matará.

Si me voy sin vos, quien me matará será la pena.

Tenéis razón.

Iré con vos.

¡Deteneos!

En nombre del señor de esta tierra.

Llegamos a tiempo, mi señor.

Prendedle.

Ay.

Qué poco glamour tiene este traje.

Aunque algo bueno tiene.

Que no te tira a la sisa.

Exacto.

Así cuando vuelva con dos kilos de más no se notará.

Todavía no he llegado a Tordesillas y ya estoy salivando.

Esas yemas son mi perdición.

Dale, recuerdas a Sor Flora de mi parte.

Por supuesto.

¿De verdad que no tienes otro sitio donde gastar los moscosos que ese convento?

Les prometí que volvería y son tan majas.

Ya chica, pero te pierdes la boda, qué rollo.

No sabes lo que me alegro.

¿No fuiste feliz a la tuya?

Sí.

Mucho.

Pero luego el matrimonio fue un infierno.

Y eso es lo que cuenta.

Así que tened cuidado, que de las bodas siempre surgen nuevos noviazgos.

Eso sí, me lo tenéis que contar todo, ¿eh?

Que las bodas no me gustan, pero los cotilleos sí.

Sobre todo los vuestros.

Ay, que con lo guapas que estáis vais a romper más de un corazón.

Mírala ahí, ya que escutazo.

A mí me vendría muy bien echarle una carita al aire, la verdad.

Qué prenda más inútil, por Dios.

¿Qué hacéis aquí?

Vaya.

Esperaba un...

Estás preciosa, cariño.

¿Qué?

¿Problemas con la corbata?

No, no.

No, David.

¿No me vas a preguntar por qué he cambiado de opinión?

Pues te responderé igualmente.

He venido porque quiero estar contigo.

Me gustas.

Y por eso dudo.

Porque me gustas demasiado.

Apenas te conozco, Alonso.

Tengo miedo de que luego la cosa no funcione.

De hacernos daño.

Ya está.

Guapísimo.

A mi lado jamás tendréis miedo.

Os lo juro.

¿Algún problema?

No, no.

Cosas mías.

Ernesto, ¿usted sabe por qué nos alegramos en las bodas y lloramos en los funerales?

Porque no somos la persona involucrada.

Buena frase.

No, no es mía.

Es de Mc Twain.

Aunque conmigo esa primera aseveración falla.

Para mí las bodas traen recuerdos que duelen.

Si quiere puedo ir yo por usted.

No, no.

Será mejor que se quede aquí de guardia.

No me parece usted muy amigo de ir de boda.

Oh, no, no.

Desde luego.

Esas bodas acaban siempre con un beso como en las películas de antes.

Pero el amor no es eterno.

Estoy seguro de que si se rodan las segundas partes de esas películas,

la mayor parte de los protagonistas estaban divorciados.

Buena frase también.

¿De quién es?

Mía.

Yo debo ser la excepción que confirma la regla.

Ah, por cierto, ¿están preparados los fuegos artificiales de la boda?

Sí.

Solo esperan que los encendamos.

Los han salido muy baratos.

Los ha traído de 1962 su maestro artificiero valenciano, amigo del

ministerio.

Salvador, va usted de hecho un pincel.

Se hace lo que se puede.

Por cierto, Ernesto, ¿qué tal con su hijo?

Bien, bien, bien, muy bien.

Mañana precisamente he quedado para cenar con él.

Me alegro.

Inteligencia emocional.

Y empatía.

Con eso se consigue todo.

Bueno, señores, organización, que ya está aquí el minibus.

Qué suerte tienen algunos.

No te quejes que lo de la despedida de soltero fue lo mejor.

¿Qué?

Preparado para un día muy especial.

Qué remedio.

¿Localizaste a Velázquez?

Sí, irá por sus propios medios.

Hola.

Estás preciosa.

A ver, compañeros, por favor, un momentito de atención.

Escuchadme todos, que es importante.

Os recuerdo que en la boda habrá civiles, como la familia de la novia, que es de

esta época.

Alonso irá con acompañante, ¿eh?

Se llama Elena y es abogada.

Os lo digo para que no largues demasiado, que nos conocemos con la barra libre.

¿Barra libre?

Luego te explico.

Damas y caballeros, vamos subiendo, que la que tiene que llegar tarde es la

novia.

Por favor.

Por

favor, déjadle ir.

Os repito, ¿qué me daréis?

¿Me amaréis?

Os parecen poco mis lágrimas.

No lloréis por mí.

No gastéis una sola de vuestras lágrimas delante de ese cobarde.

Nadie osa llamarme cobarde.

Sois un cobarde, señor de todas estas tierras.

Si no lo fuerais, os bateríais en duelo conmigo por el amor de Constanza.

Soltadle.

Si él lo quiere, ¿por qué no?

Eso habla bien de su gallardía.

Entregadle una espada.

No.

No, por Dios.

Apartaos, Constanza.

Todo hombre, incluso el más vil, merece una oportunidad.

Que Dios empuja la mano y la espada del justo hasta la victoria.

Si lo es él, Dios lo ayudará.

La espada que gana la mueve el brazo más fuerte.

Sí.

Si como a ti, soy hombre muerto.

Yo soy hombre muerto.

Ya que voy a morir, quiero morir con dignidad.

No como un ladrón.

Apartaos, por favor.

Que el altísimo decida quién desposa a esta dama.

Parece que el altísimo estaba de mi parte.

Mi señor, no le matéis.

Déjadle vivir, por Dios.

Los duelos entre caballeros.

No a muerte.

¡No!

¿Por qué?

¿Por qué me has dicho?

Para mirar vuestros ojos.

Hasta el final te he vistido.

Es hora de volver a casa.

Disculpe.

Salvador.

Enhorabuena, muchacho.

Ya iba a ser hora de que sentara la cabeza, ¿eh?

¿Qué tal?

Irene.

Joder, hortigosa.

Rola, a ti se te ocurre casarte en un castillo.

Sí, y menos mal que no era el de Huesca.

Natalia quería una boda de cuento de hadas igual.

Pues ojalá sea un castillo sin fantasmas.

No, no se preocupe.

Ahora los fantasmas están en el Senado en vez de los castillos.

Por ti, por ti gozar.

Venle' por el pal.

Ven a mi cuñao.

Ya, amigo.

Vaya pedazo de rubia.

Anda, que presentas, ¿eh?

Elena, vamos.

Oye, qué tal, acabas tú con el pal.

¿Estoy en la chica, ojalá?

Está impresentable.

En todas las bodas hay un gilipollas.

Qué barbaridad.

Qué pedazo de señora.

No cabe duda de que Alonso tiene buen gusto.

Ninguna duda.

Buenas.

Elena, Salvador Martí, mi jefe.

Irene Larra, mi superior también.

Encantada.

Es un placer.

Igualmente.

Permítame.

Tienes una jefa muy guapa.

No tanto como su novia.

No, pues espabila o te vuelves a curar de teleoperador.

Hola, buenas.

Soy Claudia, la Guadín Planner.

Bienvenidos.

Pueden tomar asiento, por favor.

¿La Guadín qué?

Estamos hoy aquí reunidos para unir en matrimonio a Natalia y Alberto.

Ante todo, muchas felicidades por haberos decidido a dar el gran paso que supone

unir vuestras vidas.

En el camino encontraréis, desde momentos de gran felicidad, a situaciones que

pondrán a prueba vuestras fuerzas.

Hay goco yungo vos in matrimonium.

In nomine patria, et filis, et espíritu santi.

Amén.

Yo Alberto te goza, te tomo a ti Natalia como esposa.

Prometo serte fiel y cuidarte en la pobreza y en la riqueza, en la salud y en

la enfermedad, todos los días de mi vida.

Deuteronomio 7, 13.

Deuteronomio 7, 13.

Y te amará, te bendecirá y te multiplicará.

Y bendecirá el fruto de tu vientre y el fruto de tu tierra, tu grano, tu mosto,

tu aceite, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas, en la tierra que él

juró a tus padres que te daría.

Y prometo serte fiel y cuidar de ti, en la riqueza y en la pobreza,

en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida.

Os declaro marido y mujer.

Podéis besaros.

¡No te pases, Jordi, que es mi hermana!

Pétalos.

Tírenlos cuando los novios lleguen aquí.

Nunca encima de la alfombra.

Pétalos.

Gracias.

Hay que tirarlos en esa dirección.

Si no, la alfombra se queda perdida.

Qué interesante.

En la antigua Roma tiraban granos de trigo.

¿En serio?

Sí.

Yo cuando me casé me tiraron arroz, que casi me dejan ciego a mis compañeros

de desamor.

¿Estás bien?

Si te dijera que sí me quererías.

No.

Pues eso.

¿Vamos con los demás?

Vamos.

Oye, si necesitas hablar, sabes que se me da mejor escuchar las penas de los demás

que contar las mías, ¿no?

Bueno, pues ya ha pasado lo peor.

Nunca se sabe.

Sí.

Lo mejor de las bodas es el banquete.

No me lo va a negar.

No, a mí de todas maneras me gustan más las bodas de antes.

Son más solemnes.

Qué antiguo.

Y que lo digas.

Bueno, ¿qué tal?

¿Qué os ha parecido el vestido de la novia?

Un poco escotado.

¿Tiene usted una cerilla o un encendedor?

No sabía que fumara.

Bueno, en la intimidad y de vez en cuando un cigarrillo.

No, es que el regalo del ministerio para los novios es un castillo de juegos

artificiales.

¿Y quiere que los entienda?

Después, cuando pase el pastel y todo eso.

Muy bien.

Hola.

Isaac.

Isaac Vila.

El hermano de Natalia.

¿Te acuerdas?

Nos conocimos en el cumpleaños de mi hermana, que te enseñó unas aplicaciones.

Nos echamos unas risas.

Sí, no te había reconocido.

Ya, bueno.

Es que estoy un poquito más gordo del divorcio.

Que no como nada, ¿sabes?

Pero a mí me engorda una pera.

Bueno, está bien.

Si me puedo centrar más en la fotografía.

Yo soy arquitecto.

Tengo una...

Una farmacia.

Mis padres.

Bueno, lo siento.

Por lo del divorcio, digo.

No pasa nada.

Tú, sin embargo, estás estupenda, ¿sabes?

Dos besos, ¿no?

¿Ya salen?

Sí.

Las flores pa' la avispa, como decía aquel.

¡Ja, ja, ja!

¡Ja, ja, ja!

¿Qué pasa, chavales?

Esta mañana me he levantado, he meado...

¿Qué pasa,

chavales?

Esta mañana me he levantado, he meado...

¿Qué pasa, chavales?

Marisa.

Ernesto.

¿Qué haces aquí?

Tranquilo, no vengo por temas laborales.

¿Ah, no?

No.

Es algo personal.

Bueno, también hay algo de profesional.

Sigue siendo más contradictoria que un amuno.

Venía a celebrar algo.

Soy la nueva enlace de presidencia con este ministerio.

¿La sustituta de Susana Torres?

Exacto.

Bueno, pues entonces...

Disculpa.

¿Sí?

No llevarás un imperdible, por casualidad.

¿Se te ha roto algo?

Se me ha descosido el pantalón un poco, pero bueno, no se nota mucho.

¿Podemos preguntar si alguien lleva?

No, no te preocupes.

Me llamo Irene.

Rocío.

Encantada.

Encantada.

¿Eres amiga de Natalia?

Sí.

Y compañera de promoción.

¿Enfermera?

Qué bien.

Así me puedes socorrer si hace falta.

Bueno, si hace falta, lo que sea.

Vaya, vaya, vaya.

Dos bellas damas solas.

Qué suerte la mía.

Mira, esto es para vosotras.

Gracias.

Yo ya tengo cava.

Anda, mujer, no me hagas esto.

Me cuesta una pasta.

¿Eh?

¿Tú?

Yo prefiero no mezclar.

No, queso esa.

Perdón.

¿Qué le has dicho?

Lo justo para que nos deje en paz.

Pues me tienes que decir la fórmula porque funciona.

Cuando quieras.

Pero mejor en un sitio donde no nos oiga nadie, ¿no?

Perdón.

Irene, acaba de llamar Velázquez.

Y se ha perdido.

¿Hortigosa nos mandó algún plano para llegar hasta aquí?

Sí, claro, se lo reenvíe al chofer.

Eh...

Os dejo que luego solucionéis.

Y luego me cuentas lo que le has dicho al pesado ese.

Cuando quieras.

¿Un poquito de champán?

No, no, no, gracias.

Gracias.

Se lo reenvío a Velázquez.

Ah, ya está.

No sé si será bueno o no.

No entiendo de estas cosas.

Pero...

Es lo único que he encontrado en la cafetería.

Tranquilo, servirá.

Muy bien.

Entonces...

Por mi nueva jefa.

Porque tengamos más cosas que celebrar trabajando juntos.

Sí.

¿Qué te pasa?

Espero que...

Ah, nada.

Cosas mías.

Ya sé lo que estás pensando.

¿Crees que es otra maniobra política contra Salvador?

Puedes estar tranquilo.

No soy una revista como lo era Susana Torres.

Sencillamente os ayudaré a mantener todo esto en orden.

Bien.

Entonces eso se merece otro brindis.

Vamos allá.

Por el ministerio.

Por el ministerio.

Bueno, es que él no me cuenta nada de su trabajo.

Normal.

Es que es muy aburrido, ¿verdad?

Pura burocracia.

Un coñazo.

Papeleo, más papeleo.

Es tan reservado que pensaba que era gente del CNI.

Qué desilusión.

¿Y no habéis pensado buscar un trabajo más estimulante?

Lo digo con todo el cariño, ¿eh?

Pues sí, igual deberíamos, ¿no?

Algo más emocionante.

Sí.

Si de todas formas surgiera alguna relación sentimental, ¿no?

Para romper la monotonía.

Bueno, eso deberías preguntárselo a Ortigosa y Natalia.

No, se lo decía por vosotros.

¿Nosotros?

¿Nosotros?

Nosotros, no.

No, no, no.

No, no, no.

Julián y ya no.

No tendrá igual.

Los actores tenéis que entrar por la puerta del servicio.

Lo digo todo el rato, ¿eh?

Venga, hombre.

Lo estábamos pasando bien.

Bien, muy bien, muy bien.

¿Va a ver función?

Sí, la representación de la leyenda del castillo.

¿La leyenda?

¿Qué leyenda?

La leyenda de la joven Constanza.

Que casó con don Fadrique allá por 1200.

¿Don Fadrique de Villa Espesa?

Sí.

¿La conoce?

Bueno, fue uno de los héroes de la batalla de las Navas de Tolosa.

Luchó con los Lara y con Alfonso VIII.

Entonces fue un gran hombre, ¿no?

Bueno, la leyenda no le deja muy bien parado.

¿Qué dice la leyenda?

Si nos lo cuenta, nos va a hacer un spoiler de la función.

¿Con qué?

Cuente, cuente.

Vale, les hago un resumen.

El señor de este castillo se enamoró de una joven llamada Constanza.

El padre de la doncella la prometió a este señor para sacar a su familia de la

pobreza.

Pero ella estaba enamorada de un joven pastor.

Lo típico.

¿Y qué pasó con los enamorados?

¿Huyeron?

Bueno, lo intentaron, pero sin suerte.

Marchaos, os lo ruego.

Si os quedáis aquí, Fadrique os matará.

Si me voy sin vos, quien me matará será la pena.

A lo que Constanza replicó.

Tenéis razón.

Me iré con vos.

¡Deteneos!

En nombre del señor de estas tierras.

Amenazó a don Fadrique.

El joven, Sancho, no había cogido una espada en su vida.

Pero retó a don Fadrique por el amor de Constanza.

¡Qué incensato!

Si ese tal Fadrique era de verdad un héroe, no tenía nada que hacer.

Exacto.

Parece que el Altísimo ha estado a mi vera.

Mi señor, no le matéis.

Dejadle vivir, por Dios.

Un duelo entre caballeros siempre es a muerte.

Cogió su espada.

Y la apretó muy fuerte contra el pecho de Sancho.

Fin.

Y Constanza se casó con ese cabrón.

Eso dice la leyenda.

Pero la misma noche de la boda, huyó.

¿Huyó?

¿A dónde?

Hacia su final.

¡Uy!

Es la hora del banquete.

¿Pero qué ocurrió con la dama?

Se suicidó...

tirándose por la almena.

Pero no se lo tomé muy en serio, es solo una leyenda.

Sí, sí, sí, te escucho.

Tenemos que ir entrando, ¿eh?

Bueno, queríamos agradecer que estéis aquí con nosotros en un día tan importante,

¿vale?

Es... muy importante para nosotros.

Muchas gracias.

Y, bueno, nada.

Ahora... a darle a la manduca.

¡Venga!

¡Viva!

Buscad vuestro asiento.

Los nombres están en las mesas.

¡Viva!

Por fin me he encontrado.

¿Lo sentamos?

Sí, por favor.

Buenas noches.

¿Qué tal?

Aún recuerdo la pelotera que tuve con mi esposa el día de nuestra boda para colocar

a los invitados.

Fue nuestra primera crisis matrimonial.

Es que no es fácil.

No.

¿Qué?

Soy el hermano de la afortunada.

Yo ya he probado el menú.

Vamos a poner como el tenazas.

¿O mola el castillo o qué?

Es de mi criado.

No, pero bueno, hombre, que está bien y eso, ¿no?

Hombre, por fin ha llegado.

Qué bien nos han puesto juntos.

Oh, qué ilusión.

Gracias.

Ay, me he levantado con una jaqueca horrible.

Sin duda una de mis habituales migraña.

¿O la resaca por lo de ayer?

Sí, yo pensaba lo mismo, pero dicen que la cerveza quita la resaca y esta mañana

llevo dos y sigo igual.

Entonces seguro que es migraña.

Seguro.

¡Chico!

Un tercio.

¿Qué dote aporta la novia?

Velázquez, por favor, que estamos en el siglo XXI.

La dote de mi esposa fue una casa de 1.200 ducados, más 500 en la juar.

No me vino nada mal.

¿Y la de su esposa?

Mi esposa.

Me aportó algo mucho más valioso que una dote matrimonial.

¿El qué?

40 años de felicidad.

Creo que se han olvidado de mí.

No, que va, mira, te han puesto aquí.

Rocío.

Qué raro.

¿Si quieres hablar con la wedding planner para que te ponga con tus compañeros?

No.

He venido sola.

Aquí estaré bien.

Además, con tal de no hablar con esa petarda...

Claro.

¡Vivan los novios!

¡Viva!

Ay...

Qué triste historia, acabar conociendo a tu hijo y que te diga que encantado,

pero que no tiene necesidad de ti.

Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

Serrat.

Sí.

Marisa, gracias por haber pensado en mí.

No tiene mucho mérito.

No tenía a nadie más.

Después de lo nuestro, nunca has tenido otra relación.

Sí.

Con otro agente.

Ramón se llamaba.

Se fue a una misión con Hernán Cortés y nunca regresó.

Después de ti y de él, decidí que nunca más tendría nada con alguien del

ministerio.

Me casé con mi trabajo y solo con mi trabajo.

Sí.

A mí también me ha pasado lo mismo.

Lo que pasa es que, de vez en cuando, me gusta recordar a la gente que he

querido.

Al final solo quedan los buenos recuerdos.

No eso me gustaría ser como tú.

Yo solo me acuerdo de los malos.

¿Va a haber que ir por otra botella?

A la orden, jefa.

No, Salvador, de verdad.

Yo considero que...

Permíteme que le dute.

Que estás equivocado, estás equivocado.

Porque Venus...

A ver, Dios...

No.

El amor es hijo de la belleza con mayúsculas.

Como Cupido lo es de la diosa Venus.

Y estoy diciendo que los mitos hay que humanizarlos.

Hablemos de humanizar los mitos.

Porque Venus está en cual...

No es más bella que cualquier matrona italiana.

Venus está en todas las mujeres.

En todas.

Diego, Diego, Diego.

Diego quiere calmarse un poco, por favor.

Es que no se le puede sacar de casa.

Trabajas con gente muy rara.

Ni te lo imaginas.

¿Qué?

No se acerque, no se acerque.

Deje...

Deje...

Yo de niño bailaba, bailaba súper bien.

Me quería fichar la fila...

Cuidado.

Me quería fichar la filarmónica de Viena.

En la sección de... de lanza.

Pero claro, justo en ese momento...

Me jodí la rodilla.

Rotura de ligamento cruzado.

O sea, que tuve que dejar la lanza y tuve que dejar también el Real Madrid porque

estaban los alevines.

Los alevines del Real Madrid y el Real Madrid me entrenaba Camacho.

Pero bueno, así por lo menos estudié.

¿Te pasa algo?

No.

No estaba pensando en la chica de la leyenda.

Ella no tuvo una boda tan feliz.

Por

favor.

Por favor.

Mírame, que te estoy hablando a ti.

¿Y esta de dónde ha salido?

Será un placer.

Aquí callado y quieto.

No

estáis aquí todavía.

Os dije que huyerais.

No sin vos.

¿Yo?

Yo no puedo.

Mi padre me obliga a casarme.

Con quien no amáis.

Marchad.

Os lo ruego.

Si os quedáis aquí, Padrique os matará.

Si me voy sin vos, quien me matará será la pena.

Tenéis razón.

Iré con vos.

Deteneos en nombre del señor de estas tierras.

¿Julian?

Sí.

Quería hablar contigo.

Yo llevo intentándolo desde que volví.

Pero no me has dado opción.

Lo siento.

Han pasado tantas cosas que...

¿Qué pasa?

¡Eh!

¡Espera!

¡No lo hagas!

Ahí está.

Pero esta chica no es...

Constanza.

No, no os acerquéis a mí, demonios.

No somos demonios.

Somos gente normal.

Solo queremos ayudarte.

¿De acuerdo?

No podéis ayudarme.

Nadie puede ayudarme.

Es de carne y hueso.

¿De qué va a ser?

¿De curcho pan?

Quiero decir que no es un fantasma.

Lo que quiere decir esto es que la leyenda se ha hecho realidad.

¿Quiénes sois?

¿De qué leyenda habláis?

Os persigue don Fadrique, ¿verdad?

¿Cómo lo sabéis?

¿Dónde... dónde estoy?

Lejos de vuestro hogar.

¿Cómo has llegado hasta aquí?

Por una puerta escondida.

Una puerta del demonio.

Si ella ha encontrado la puerta, los que la siguen también pueden

encontrarla.

Hay que avisar a Salvador y Alonso cuanto antes.

¡Mierda!

Me dejó el móvil en la mesa.

Me cago en la puta.

No hay rastro de ella.

Es cosa del diablo.

Dejarlo de estupideces.

Tiene que haber alguna explicación.

Hay una corriente de aire.

Y viene...

de por aquí.

O venís conmigo, o juro que no tendréis que temer al diablo sino a mí.

¡Cobardes!

Vamos.

Vamos.

No podemos seguir allí.

No, no, no.

No, si me ve, me matará.

A ti y a todos.

Venid con nosotros.

Estaréis a salvo.

Mira.

Esta es mi cara y está en el cuerpo de Bertino Borne.

Es una aplicación que ha salido ahora.

Llevo toda la tarde con esto.

Te partes el culo.

Hay mil combinaciones posibles, claro.

Bueno, las que tú quieras.

Atención.

Atención, por favor.

A continuación van a asistir a una representación de la leyenda de Constanza

y don Fadilke.

Me apagan los teléfonos móviles.

Buah, qué coñazo.

Que comience la función.

Entran actores.

¡Constanza!

¿Dónde está mi Constanza?

Estos no estaban contratados.

¿Dónde está mi esposa?

Y que luego digan que los actores españoles son malos.

Un poco sobreactuado, ¿no lo creen?

Desde el siglo de oro no ha habido nada bueno en la cartelera.

Si alguno está intentando ocultarla...

¿Se puede saber qué clase de pantomima es esta?

Nosotros hemos contratado...

¡Finalario!

Buscad una estancia.

Debajo de las mesas.

Al que abra la boca, decoyadle.

Ay, guay, chaval, como lleva la piñata este.

Esos ropajes, esas espadas...

¿Pensáis lo mismo que yo?

Sí.

Que no es una representación teatral.

¿Qué artefacto es este?

Lo que yo he soñado por ver a un actor hacer eso cuando suena muy bien en el

teatro.

¿Queréis que intervenga?

No.

Mejor quedarse quieto.

¿Dónde está mi esposa?

Por cierto, ¿dónde está Irene?

Parece que en el banquete se lo están pasando pipa con el teatrillo.

Pues yo tengo una idea para pasárnoslo bien también nosotras.

¿Te pasa algo?

Es que...

Es la primera vez que lo hago.

¿Con una mujer?

No.

En unos lavabos.

Pues siempre tiene que haber una primera vez para todo.

No.

Están vivos.

¿Dónde está mi esposa?

Es él.

Está aquí.

Ha encontrado la puerta.

Seguramente está asustado y deseando volver.

Quizás si hablamos con ellos conseguimos que entren en razón.

No creo que sirva de mucho hablar con ellos.

¿Qué estás buscando?

Un móvil.

Aquí hay uno.

Vale.

Hay que llamar al ministerio.

¿Tú te sabes el número?

Sí.

Venga.

¿De qué estáis hablando?

¿Qué es esa cosa?

No, no entiendo nada.

Ahora te lo explico todo.

Lo que llamemos no van a llegar a tiempo.

Sí, sí consigo ganar tiempo.

¿Qué vas a hacer?

Hablar con el tal Fadrique.

Os matará.

Es un asesino sin alma.

Tranquila, no volverás con él.

Emilia.

Toma, toma este mechero.

Y haced lo que os voy a decir.

¿De acuerdo?

¿Dónde se habrás comido?

Aquí no está mi señora.

¿En qué estás pensando?

¿En cuántas botellas nos tenemos que beber antes de que nos atrevamos?

A besarlos.

Ay, yo ya que no ibas a dar el paso nunca.

Caray, pues podrías haberlo dado tú.

No, no, no, no.

No lo cojas.

No, no, no, no.

Si no sé quién es.

Ay, ya.

Caray, caray, espera.

A ver.

¿Sí?

Necesitamos ayuda.

¿Qué pasa?

En el castillo hay una puerta del tiempo.

No será una broma, ¿verdad?

No, no es ninguna broma, no.

¿Qué tipo de ayuda?

Ayuda armada.

Es un señor feudal del siglo XIII.

Llamé a Espínola.

Espere.

Espere un momento.

Mucho de temo que está llegando a Ostende.

Y veré lo que puedo hacer.

¿Problemas?

Y de los gordos.

Decidnos dónde se esconde Constanza.

Os sufriréis las consecuencias.

¿Nadie va a decir dónde está mi esposa?

Muy bien.

Entonces veréis que soy un hombre de palabra.

Ella.

¡Basta ya!

No sé por Dios que es una obra de teatro.

No deis un paso más o moriréis.

Dicen de vos que sois un caballero.

Pero un caballero no atacaría a personas indefensas.

Matadle.

¡Fadrique!

Voila, Ramón García, chaval.

Tocad a ese hombre y andenéis en el infierno.

¿Qué sabe vuestro nombre?

Yo lo sé todo.

Esto no es una obra de teatro.

No, no lo es.

Vos, Padrique, habéis matado a un pobre pastor llamado Sancho sólo para desposaros

con su amante, Constanza.

Y ahora amenazáis con matar a más inocentes.

¿Os parece ese un comportamiento digno de un hombre devoto de Dios?

No puede ser.

No podéis saber todo eso.

Y sin embargo lo sé.

Y sé que tal y como Dios envió una lluvia de azufre y llamas sobre Sodoma y Gomorra

para condenar su maldad.

Lo mismo hará con este impío lugar.

El cielo se abrirá para dar paso a una tormenta de fuego de mil colores.

Quedaréis reducidos a cenizas por lo que habéis hecho.

No, no os creo.

No es necesario.

Basta con que miréis al cielo.

¡Que se encienda el cielo!

¡Que se encienda el cielo!

¡Que se encienda el cielo!

Madre, que me corrió.

¡Que se encienda el cielo, cojones!

Es el diablo en persona.

El Señor nos está castigando.

Pero no nos iremos solos.

He perdido una esposa, pero acabo de ganar otra.

¡Que acabo de fregar!

¡Salir!

¡Rápido!

Tenemos que sellar la puerta a este infierno.

Falta Nuño.

¡Nuño!

¡Nuño!

¡Nuño no vendrá!

Quiero hablar con vos.

Alonso.

Tranquila.

Pronto volveremos a casa.

Marchaos por donde habéis venido ahora que estáis a tiempo.

Si tan bravos sois, ¿por qué no os batís en duelo conmigo?

Por ella.

A muerte.

¿Vos sabéis cuántos duelos he tenido en mi vida?

Sean los que sean, está claro que habéis salido vencedor.

Si tan ducho sois con la espada, que no os importe un duelo más.

¿Estás loco?

Tranquila, esto acabará enseguida.

En eso estamos de acuerdo.

Estáis tan falto de honor que no respetáis ni las reglas básicas de un duelo.

Las únicas reglas de un duelo es que el perdedor muere.

Tengo unos reflejos prodigiosos.

Acabad de una vez.

Así vais a matar a un hombre defenso.

Los duelos a muerte entre caballeros...

muertes son.

Pero vos no merecéis ser tratado como un caballero.

Espero que cumpláis en la batalla de las Navas de Tolosa, como dice la historia.

Y espero que los hombres del rey Alfonso sean mejor que vos.

¿Las Navas de Tolosa?

Allí no ha habido ninguna batalla.

Pero la habrá.

Ahora marchaos.

Fuera.

Fuera.

¿Quién eres, Alfonso?

Os lo contaré todo.

Pero ahora tenemos que salir de aquí.

Vamos.

Mejor te espero fuera.

Perdoné la vida a ese indeseable.

Aunque hubiese querido aplastarle.

Ha hecho bien.

¡Que no se mueva nadie!

Tengo mis hombres fuera esperando órdenes.

¿Dónde hay que acudir?

Espino la llega tarde.

Está todo resuelto.

¿Y por qué no me han avisado?

¿Para qué tiene esos malditos teléfonos?

Pues he dejado ostende con un lío.

¿Cómo ese buco consiga levantar el maldito dique?

Lo vamos a lamentar todos.

Bueno, bueno, bueno.

Otros torcillos.

Esto es uno para dar, ¿eh?

¿Dónde sacaste el traje, macho?

¿De caramelos Paco?

Sí, ¿eh?

¿Y este Meketrefe quién es?

Alguien tenía que hacerlo.

En fin, si no me necesitan, me vuelvo a ostende.

Caballeros.

¿Ha pasado algo?

Parece que ha terminado el espectáculo.

Y no sabe lo que se ha perdido.

Ha resultado ser una boda...

A ver, ¿cómo lo digo?

Un tanto... medieval.

Sí, sí.

Ah, muy bien.

Y... y siento mucho lo ocurrido.

De acuerdo.

Aquí les espero.

Cuenta, ¿cómo ha ido todo?

Mal.

Muy mal.

Pero podría haber ido peor.

Así que no nos quejaremos.

¿Me pasarás informe de todo lo ocurrido?

Por supuesto.

Nos vemos.

Sí.

¡Marisa!

¿Sí?

Que...

Si no hubiera sonado el teléfono.

Pienso como tú.

Pero ha sonado.

Y tal vez sea lo mejor que ha podido pasar.

¿Tú crees?

No lo sé.

Pero el destino es el que es.

Sí.

Y es una mierda.

Anda.

Cuídate.

¿Quién iba a pensar que en el castillo había una puerta del tiempo?

Desde luego sí que ha sido mala suerte.

Sí.

Y no podemos quejarnos.

Todos los invitados que no eran funcionarios, sí, se creyeron que aquello

era una representación teatral.

La verdad es que ayudó bastante en la cogorza que tenía la mayoría.

Ah, efectivamente.

Porque hay que tener cojones para tragarse que eso era una interpretación.

Ni los actores de la BBC tenían esos registros, ni esa veracidad.

La que me preocupa es Constanza.

Devolverla a su época no es una opción.

Fadrick la estará esperando.

Y acabará tirándose por la almera del castillo.

Terrible ser mujer en aquella época.

En esa y en otras muchas.

No hace falta viajar muy lejos para comprobarlo.

Perdón.

Me acabo de enterar de lo de la boda de Ortigosa.

¿Cómo están todos?

Bien.

Dentro de lo que cabe.

Ay, gracias a Dios.

Pues voy a cambiarme y echo una mano en lo que haga falta.

Un momento, Angustias.

Angustias, no se cambie.

Puede que haya una novicia más para el convento.

¿Algo urgente?

No, no, no.

Temas personales.

¿Hola?

Te llamo luego.

Estará rodeada de unas mujeres fantásticas.

Y comerás de miedo, te lo digo yo.

Pasáis por aquí.

Cuidado que queme un poco.

Maldito microondas del demonio.

No me aclaro con él.

Le doy al botón de...

Alonso, lo que menos me importa en este momento es el microondas.

Hay dos frases que odio en esta vida.

Una es esto no es lo que parece y otra tenemos que hablar.

Pero las dos me vienen al pelo.

Creo que tenemos que hablar y quiero saber si lo que parecía en la boda era lo que

parecía.

Vamos a sentarnos.

Esto nos va a llevar un rato.

Y mi cuñado se quejaba de su boda porque les llovió.

Hay que joderse.

Amélia, Constanza va a estar bien.

Ya has oído a Salvador.

Tranquilo, estoy bien.

Pues si estás bien me encantaría que me dijeras lo que me ibas a decir en la boda.

Ahora soy como los demás.

¿De qué hablas?

Mi futuro vuelve a ser una hoja en blanco.

No te entiendo nada.

En esta foto entre tú y yo había un bebé.

Se ha borrado como por arte de magia.

Entre tú y yo había un bebé.

Pero si nuestra boda era una pantomima.

Pero fíjate tú con la pantomima.

¿Y qué ha pasado para que haya cambiado todo?

Me acosté con Pachino.

Hemos perdido.

Nuestra grande y felicísima armada ha sido derrotada por los ingleses.

Así es, majestad.

Adiós, Alonso.

Un día me dijiste que a tu lado nunca tendría miedo.

Te equivocaste.

Amelia, tú no tienes culpa de nada.

Soy yo que soy...

como el rey Midas pero en chungo.

Todo lo que toco lo convierto en mierda.

Las primeras cuentas hablan de setenta naves hundidas y más de diez mil hombres

muertos.

He fracasado.

Llamada de las cuevas.

¿Queréis ver al secretario del Ministerio del Tiempo?

Sí.

La armada volverá a zarpar.

Y esta vez será para vencer.

Pensaba que yo era el lobo y tú el corderito y ha resultado ser al revés.

Con respecto a lo de la otra noche...

¿Qué noche?

La experiencia me dice que después de la calma...

viene una tempestad...

y de las gordas.

¿Cómo que no puedo viajar al pasado?

Son las reglas que impuso la reina Isabel la Católica cuando fundó el Ministerio.

Hemos recibido una alerta de 1588.

El secretario del Ministerio desaparecido.

¿Desaparecido?

El origen de la democracia en España.

Está en peligro.

¿Quién me iba a decir que iba a tardar menos en viajar cuatro siglos al futuro

que en ir a cazar a la casa de campo?

Aunque debo confesar que esperaba algo un poco más espectacular.

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