All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 02x07 Tiempo de valientes I

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Original subtitles

Es hora de presentarles al increíble hombre con rayos X en los ojos.

Mi apreciado hijo Joaquín María Fárca Masilla.

¿Pero desde cuándo le interesa este ministerio a los magos?

Desde que ese mago es agente del ministerio.

¿De verdad crees que el Mendel Enda S tiene poderes?

Su misión consiste en evitar que el ministerio del tiempo pase a ser propiedad

de Estados Unidos y del FBI.

Apenas conoció la noticia, el gran Houdini lo ha retado para que le demuestre sus

poderes.

¡América!

Hay tanto que descubrir en esta ciudad.

No, no, no.

Yo español.

Mucho español.

Ernesto, tengo que hablar contigo.

Susana Torres colabora con Darro.

Ella dio la orden a Irene de liberarme y ella me puso en contacto con ellos.

¿Por qué sospechaste de ella?

Su nivel de vida.

El sueldo de subsecretaría no da para eso.

Debe ser muy duro para ti.

No entiendo nada.

A Houdini me ha felicitado y quieren seguir contando conmigo.

No tenemos escapatoria.

Tenemos una.

Houdini.

¿Y cómo piensa convencerle?

Ofreciéndole lo que más desea en este mundo.

De modo que ahora necesita usted mi ayuda.

No me lo ponga más difícil, por favor.

Si cree que no voy a disfrutar de este momento, es que no me conoce.

Eres una traidora.

¿Cómo has podido aliarte con Darro?

No lo entiendes, Irene.

Si no me llevo yo la comisión, ¿se la va a llevar otro?

¿Sabes cuál es la diferencia?

Que a los otros no les hemos pillado.

Y a ti sí.

Enhorabuena.

¿Ya ha conseguido usted lo que quería?

Fuera le espera un chofer con un coche oficial.

Gracias.

Prefiero ir en metro.

Sí.

Soy otra vez.

Escúcheme con atención porque no tenemos mucho tiempo.

Saben dónde está.

Así que tienen que salir de ahí inmediatamente.

Yo ya no puedo hacer más por usted.

Me obligan a irme.

Organicen los pelotones para la retirada.

¡Hay que salir de aquí antes de que vengan estos puñeteros yanquis!

¿Se te duermen los pies?

Apenas puedo caminar 100 metros.

¿Vomitos?

Tranquilo, que cambiando la dieta te recuperarás.

Oye, a medida que el restaurante me va a llevar por aquí...

...que yo no he visto ninguno.

En un rato vuelvo, ¿acorda?

¿Tienes un buen día, eh, Julián?

¿Y quién puede tenerlo aquí?

Que si Cuba, que si Filipinas.

Se llenan la boca con el Imperio Español.

Pero ya podrían, por lo menos, alimentar dignamente a sus soldados.

He visto morir a más hombres por fieber ciberiberi que por balas del enemigo.

Me voy a repartir el correo.

Muy bien.

En casa, nadie quiere saber nada de la apariencia, pero aquí...

Aquí todo el mundo se muere por recibir carta.

¡Un médico!

¡Un médico!

¡Rápido!

Otro que se nos va.

Luego te veo.

He

provocado múltiples heridas y un traumatismo severo en el tórax.

No puedes respirar.

Hay que intubarle.

Una bujía.

Rápido.

Bujía.

Mierda.

¿Qué hacemos?

Otra bujía.

Rápido.

¿Pero qué haces?

Tiene los pulmones colapsados.

Hay que secar el aire por otro sitio.

Bujía.

Copón.

¿Eres enfermero o mecánico?

¿Qué ha pasado?

Traumatismo múltiple y laceraciones y cortes en el tórax.

He practicado una intubación, pero la respiración no mejoraba.

Así que...

Nada.

Le he abierto una pequeña incisión en la pleura.

¿De dónde has sacado semejante idea?

Se lo voy a hacer a un médico americano una vez en Madrid.

El doctor House.

Pensé que podría funcionar.

Pues parece que lo ha hecho.

Buen trabajo.

Gracias.

Señores, busquemosle una cama a este hombre.

No está fuera de peligro.

Si esto no es una tomadura de pelo, se le parece mucho.

Perdóname, pero no lo entiendo, ¿no?

Le he pedido un dossier con el último año de actividades del Ministerio.

Y usted me ha entregado 18 folios llenos de presupuestos sin desglosar,

informes de misión incompletos.

Se lo voy a decir otra vez, a ver si esta vez me entiende, Martí.

Tiene 48 horas para intentar poner en orden este desastre.

Marisa.

¿Qué haces aquí?

Pregúntale a tu jefe.

Por favor.

Gracias.

Malas noticias, ¿no?

Así es.

Presidencia nos quiere hacer una auditoría de cuentas y una inspección.

Al parecer tanto va y vende subsecretarios les ha llamado la atención.

Le traigo un café, jefe.

Mejor una tila.

Ernesto, dígame, esa mujer y usted...

No, no, es una larga historia.

¿Y esto no podría hacer nada para que se relaje un poco?

Más bien todo lo contrario.

Pues entonces no nos queda más remedio que ordenar todo esto.

Así es.

Si esa mujer quiere las cuentas claras, le vamos a dar las del gran capitán,

que se prepare.

Recuerde la que se montó en 1506 con todo aquello.

Hubo que pedir funcionarios extra de todas las épocas para revisar las cuentas de

Gonzalo Fernández de Córdoba.

El cabreo que se cogió Rey Fernando.

Más o menos como el mío.

Pero, en fin, hay que avisar a la administración y a las patrullas.

Asignarles tareas, informes, presupuestos, catálogo de puertas, que se pongan a

trabajar, pero ya.

Si arriba quieren saber del volumen de trabajo de este ministerio, se van a

enterar.

Bueno, y de paso también nos vamos a enterar nosotros.

Ay, ya lo decía mi santa esposa.

Salva, tienes talento, pero ha desordenado.

Es que no te gana nadie.

Tan mal estoy.

Esto es solo la opinión de un médico.

Pues es la opinión, cuéntemela.

Que si me muero no va a ser de oírla.

Todavía no estás fuera de peligro.

El impacto ha desplazado el esternón y la presión sobre los pulmones es muy fuerte.

La bujía que te puse ayudó, pero no basta.

¿Esto lo hizo usted?

Sí.

El médico me dijo que...

que si no hubiera sido por ese chisme, me habría quedado en el sitio.

Así que gracias.

¿Le puedo pedir otro favor?

Si me hablas de tú.

Soy Julián.

Yo Rafael.

Pues tú dirás, Rafael.

En mi saco...

En mi saco hay una joya.

Un... un camafeo.

Que fue de mi abuela.

Que en paz descanse.

Me gustaría que...

Bueno...

que lo tuviera alguien.

Pero no voy a poder dárselo en persona, me temo.

Ella.

Perdón por la intromisión, pero...

la vi al recoger tus cosas.

Se llama María.

Era guapa, ¿verdad?

Mucho.

Es la única razón...

que ha hecho que este infierno haya merecido la pena.

Cuando conoces una persona así que...

bueno...

que hace que cada cosa que te pase...

sea mejor...

tu vida deja de ser solo tuya.

Y también le pertenece un poquito a ella.

No sé si me entiendes.

Perfectamente.

Entonces tienes que prometerme...

que le harás llegar esa joya.

¿Cuándo?

Lo haría encantado, pero estoy seguro...

que vas a poder hacerlo tú mismo.

Por si acaso.

Prometido.

Ayudamos a la resistencia en Numanza.

Conseguimos que Napoleón perdiera en baile.

¿Y ahora nos expedientan por un informe mal redactado?

En España, si no eres futbolista, da igual lo que hagas por tu país.

¡Ni eso!

Pregúntale a Tardeñosa.

Adelante.

Buenos días.

Buenos días.

Escúchenme ahí con atención.

Van a enfrentarse a la misión más difícil a la que se han enfrentado jamás.

Una inspección de trabajo.

¿Una inspección?

¿Y eso qué es?

Presidencia quiere supervisar el ministerio y comprobar que todo funciona

como es debido.

¿Acaso ahora no lo hace?

Sí.

Pero digamos que los últimos tiempos han sido lo suficientemente convulsos como

para comprobarlo.

Así que hay que dejar todo esto limpio y reluciente.

Si pensáis que voy a coger un mocho y me voy a poner a limpiar, estáis muy

equivocados.

Ay, amigo.

Alonso, hijo, veo que su problema con los eufemismos no mejora.

Se trata de revisar todo lo hecho hasta ahora y subsanar los posibles errores.

O sea, papeleo, papeleo, papeleo...

Pura emoción y aventura.

No, no, no se me venga abajo tan rápido.

De supervisar los informes se encargará Amelia como jefa de patrulla.

Ustedes dos anotarán las puertas de nueva aparición, catalogándolas, cruzándolas y

anotando lugar y época.

No es justo que ellos viajen mientras yo hago papeleo.

Sí, pero usted es la idónea para esa tarea.

¿Cómo vamos a mantener en orden la historia de España si somos incapaces de

encontrar una factura?

No supóngate seguir angustias.

Son cicos hilos de informes.

No estaría sencilla.

Y menos si a cada rato te encuentras con un dibujito de Velázquez.

Sí.

¿Algún problema?

Creo que esto es para usted.

Entonces será mejor que lo vea yo.

Querido Ernesto, ¿cómo estás?

Espero que todo vaya lo mejor posible.

Te sorprenderá que te escriba después de tanto tiempo, pero hay algo que tengo que

contarte.

De hecho, es algo que debería haberte contado hace mucho.

Espero que alguna vez puedas perdonarme, aunque dudo que lo hagas cuando sepas

que...

que tienes un hijo y que no has sido capaz de decírtelo en todo este tiempo.

¿Hasta dónde le ha ido a usted angustias?

Bueno, solo hasta lo de que tiene usted un hijo secreto.

Ya.

Bueno, no.

No tiene firma ni fecha.

Hay que seguir buscando.

Tiene que haber algo, no sé, un sobre, un registro de entrada.

Ayúdeme, por favor.

¿Cuándo has ido?

Hace un par de horas.

¿Te importa si me encargo yo de sus cosas?

No, claro.

Como quieras.

Me marcho, Julián.

A ver si para la próxima te toca carta.

Miguel.

¿Tú sabes llegar a valer?

Claro.

No pasó tan cual por ahí, pero muy cerquita.

Nada.

No sé quién me ha escrito de cuándo.

No sé absolutamente nada.

Bueno, ahora saben que tiene un hijo.

De hecho, lo sabemos los dos.

Angustias, espero su máxima discreción.

No diré nada ni aunque me torture.

Bien.

Oye, Miguel.

¿Esto es todo el camino así?

Pues más o menos.

Pero si vamos a buen ritmo y no nos pasa nada, en un par de días, como mucho,

estamos ahí.

¿Qué nos iba a pasar?

Pues a saber.

Que nos crucemos con una patrulla enemiga o que nos muerda una bicha y haya que

volver.

¿Una bicha?

¿Qué es eso?

Una serpiente, vamos.

Porque nos pilla una tormenta.

La lluvia en Sevilla será una maravilla, pero aquí empieza a caer y a lo mejor no

para en tres días.

Pero estate tranquilo.

No tiene por qué pasar nada.

Vamos.

A buenas horas, no te jodes.

¿Esto es de vuestra primera misión?

No.

La segunda.

Cuando salvamos al López de Vega.

Ya.

Y no tiene nada de malo que eches de menos el pasado y a la gente que estuvo en él.

Pero tienes que mirar hacia adelante.

Porque si no te amargas el presente, te lo digo por experiencia.

Me encantaría estar viajando por las puertas y que ellos se encargasen del

papeleo.

¿Quieres hundir definitivamente este ministerio?

Buenas.

Buenas.

¿Qué tal?

¿Dónde habéis ido?

Pues...

1930, una clase de la Universidad de Salamanca.

¿No os ha extrañado que los alumnos se carcajearan cuando el maestro empezó la

clase diciendo...

Decíamos ayer.

¿Habéis estado en la primera clase de Unamuno después de su destierro?

Miguel de Unamuno.

Uno de los escritores más importantes de España.

Primo de Rivera le desterró seis años después de criticar a su gobierno y al

rey.

Si fue un mal patriota, se lo tenía merecido.

Unamuno sólo quería una España más justa y más libre para todos.

¿Eso es ser mal patriota?

Seis años después, cuando regresó a España y volvió a dar clase, empezó por esa

frase.

Homenajeando a Fray Luis de León, que hizo lo mismo exactamente 400 años

antes.

Por eso se reían los alumnos.

¡Ah, vale!

Venga, por eso.

Es increíble.

Vivís un momento histórico y ni lo apreciáis.

Voy a ver si hay algo de comer.

¿Quieres algo?

Mejor voy contigo.

¿Tienes una navaja por ahí que corte?

Ahí en la bolsa.

¡Joder!

Yo buscándote novia, resulta que estás casado.

Truán.

¿Qué coño haces con eso?

Oye, lo he visto sin querer.

Tampoco hace falta ponerse así.

¿Y cómo se llama?

Amelia.

Se llama Amelia.

Es muy guapa.

Bueno, si no te molesta que te lo diga.

No me molesta, lo es.

Y la persona más inteligente que he conocido.

Echas de menos.

Se te nota.

Mira, yo también te voy a enseñar a mi princesa.

A ver...

¿Qué?

Qué mujer, qué mujer.

Enhorabuena.

Somos hombres afortunados, Julián.

No hay nada peor en este mundo que no tener a nadie para compartir las penas y

las alegrías.

Sí.

Supongo que sí.

Un cabrón es un cabrón en el siglo XXI y en el XVI.

Y una ingenua, lo mismo.

¿Me estás llamando ingenua?

¿A mí?

Sí, a ti, Amelia.

Te estoy llamando ingenua a ti.

Quédate preñada, anda.

Quédate preñada y a ver cómo lo explicas.

No, que el padre es Lope de Vega.

Venga, hombre.

Si dices eso en tu época, te meten en un convento.

Y si lo dices en la mía, en un psiquiátrico.

Sí.

Bueno, digamos que al remover tantos papeles me ha traído recuerdos del pasado.

La nostalgia es muy tramposa.

No sirve de nada.

Deberías saberlo después de tanto tiempo.

No, no es nostalgia.

Asuntos por resolver.

¿Quieres un café?

Gracias.

Luego más tarde.

Todos los empleados del ministerio han trabajado sin parar desde que estuvo usted

aquí.

Estoy seguro de que quedará satisfecha con el resultado.

No es a mí a quien debe convencer.

Ellos son los auditores encargados del proceso.

Señores, les presento a Salvador Martí, subsecretario del ministerio.

Encantado.

Les buscaré un lugar donde puedan trabajar cómodamente.

Adelante.

Yo había pensado que se instalaran en este mismo despacho.

¿En mi despacho?

Ah, claro, por supuesto, sí.

Permiso.

Mientras buscamos un lugar donde acomodarles, Ernesto les acompañará por el

ministerio y aclarará cualquier duda que pueda surgirles, ¿eh?

Lo dejo todo en sus manos, entonces.

Ya nos veremos.

Marisa, ¿te importa que hablemos un minuto antes de que te vayas?

Tengo mucho que hacer, Ernesto.

Sí, claro, pero será cuestión de un segundo mientras nos tomamos un café.

¿Un café?

Sí.

No son ni las nueve y ya quieren un café.

Así tenemos luego los funcionarios, la fama que tenemos, que no...

¿Y tú qué tal?

¿Cómo te ha tratado la vida?

Al grano, por favor, Ernesto.

Vaya.

Creo que el tiempo no te ha suavizado el carácter.

Antes de conocerte era menos seca.

Eso decía mi madre.

¿Qué quieres de mí?

Verás...

He encontrado una carta dirigida a mí que alguien envió al ministerio hace tiempo.

En ella...

venían a decir que...

bueno, que...

que tengo un hijo.

Y yo quería saber si...

Si soy yo la madre de algún pequeño Ernesto.

Pues no.

No lo soy.

No te tenía por un garán que tuviese que ir de novia en novia preguntando algo así.

Ya, por favor, sabes que yo no soy así.

Yo nunca supe mucho de ti.

Pues nada.

Ahí lo tienes, pa' leer.

Pero si son cuatro chozas.

Y una iglesia.

Mira, tú sigue recto esa trocha y llegas a un puente.

No lo cruzas y en cinco minutos estás, no tienes pérdida.

Muchas gracias, Miguel.

A ti, por la compañía.

Buen viaje.

Igualmente.

Venga.

Cuidado con las bichas.

Vive Dios.

En esta época o pasa el tiempo muy deprisa o yo camino muy despacio.

¡José Fina es nuestra vecina!

¡Desalta a los banqueros!

¡Desalta a los obreros!

¡Desalta a los obreros!

¡Desalta a los obreros!

¡José Fina es nuestra vecina!

¡José Fina es nuestra vecina!

¡José Fina es nuestra vecina!

¡José Fina!

¿Quieren impedirlo?

¿Tú en qué mundo vives?

En varios.

Y todos injustos por lo que veo.

¡Cosecina!

¡Es nuestra vecina!

¡Cosecina!

¡Es nuestra vecina!

¡Desauta a los obreros!

¡Descata a los banqueros!

¡Desauta a los obreros!

¡Descata a los banqueros!

¡No vamos a dejar sola a Cosecina!

¡Vamos a parar este desahucio!

¡Detente a desahucio!

¡Obvermos a total a Cosecina!

¡Desauta a los abod tileos!

¡торituto a los abicones!

¡Socó hombre soy!

¡Miré, comisaria!

¿Cómo te llamas?

¡Herrosorm Victoria!

¡Yo me llamo!

¡Blanca!

¡no!

¡Yo soy Elena!

¡Elena Castillo!

¡Y yo, Josefina Pérez, joven!

¡ Geschena!

¡Es nuestra vecina!

¡No puedo corregirlo!

¡Queréis más!

¿Queréis más?

Como intentes alguna tontería, te afeito con esto.

Levanta las manos.

Tranquilo, no voy armado.

Peor para ti.

Y ahora me vas a decir quién cojones eres.

¿Ya has visto Alonso?

Hace horas que no veo más que negro sobre blanco.

¿Pero vosotros no vivíais juntos?

Sí, pero es que no he dormido en casa hoy.

Anoche conocí una churri, nos fuimos a tomar unos cacharros...

Y bueno, una cosa lleva a la otra, a la otra...

No me interesa.

Pues como no venga Alonso, me voy a tener que hacer las puertas yo solo.

¿Te podías venir conmigo?

¿Yo?

Sí.

No debería, tengo mucho trabajo que hacer.

Bueno, a lo mejor si no hicieras siempre lo que hay que hacer, pues no te tendrían

aquí muerta de asco rellenando informes.

¿Total?

¿Qué es lo peor que podría pasar?

La peste negra de 1348, la guerra de los comuneros, las guerras carlistas...

El bombardeo de Gornica...

Tienes mala cara.

¿Te pasa algo?

Sí.

Que se vive muy bien la ignorancia.

La ignorancia es la semilla de la estupidez humana.

Y el conocimiento la semilla del sufrimiento.

Quiero decir que los listos sufren más que los tontos.

Te lo digo yo que no soy muy inteligente, ¿sabes?

Ahí llevas razón.

¿En que no soy muy inteligente?

No.

En lo otro.

Siempre me acabas liando.

Pues esta es.

Pues esto, así.

¿Cómo quieres que lo sepa?

¿Te imaginas que hemos viajado al principio de los tiempos?

No existe ni la Tierra, va a ser y alucinante.

Anda, no digas pupadas y dame eso.

¿Esto qué es?

El procedimiento.

Primero grabamos con eso sin que nos vean.

Nos aseguramos de dónde y cuándo estamos.

Y nos vestimos para la ocasión.

¿Esto qué es?

Un pasillo con puertas del tiempo.

¿Hay puertas que dan al ministerio?

Pues menuda decepción.

Al contrario.

Son muy útiles, ojalá hubiera más.

Lo que tenemos que averiguar es en qué época estamos.

Pues entramos y preguntamos.

¿Así vestidos?

Claro, vamos.

Tenemos que ser sutiles o nos tomarán por intrusos.

Sí.

¡Achino!

Soy un hombre con mi propio pelo.

No necesito pelucas.

Estás estupendo.

Para que te sienta bien esta época es a ti.

Gracias.

¿Qué?

¿De vuelta de la misión?

Sí.

Qué elegante, ¿no?

Vamos a ver al conde de Aranda.

Coño, como la calle.

Eso es.

Venga.

Parece majete, Julián Leste.

Con su permiso, mi capitán.

Yo digo que le encerremos.

Y le tengamos dos días a base de agua.

Ya verá cómo habla.

No sea animal, teniente.

No podemos tratar así a un compatriota.

Un compatriota que podría ser un traidor y tener tratos con los tagalos.

Y si les trae planos o instrucciones...

¿Han encontrado algo de eso entre sus cosas?

No, mi capitán.

Hemos encontrado esto.

¿Y esto qué se supone que es?

Es un tensiómetro.

Sirve para medir la presión arterial.

Ya les he dicho que soy enfermero.

Esto no me gusta nada, capitán.

Buenas.

Doctor Vigil, me viene usted de Perlas.

¿Este hombre de aquí es un enfermero, recién llegado de Manila?

Ha aparecido de la nada y se niega a decirnos qué hace aquí.

Ya le he dicho que es un asunto privado.

Pero si lo quiere saber...

Permiso.

He venido a entregar este camafeo a una tagala que vive en el pueblo.

El otro día falleció un soldado llamado Rafael Ríos y en su lecho de muerte...

Le prometí que lo haría.

No me joda.

No esperará que nos creamos esa patraña.

¿En qué hospital trabaja?

En el hospital militar de arroceros, pero pronto me trasladarán al de Cañecao.

En la bahía.

Lo que dice tiene sentido.

Eso no significa nada.

Tendrá preparado el discurso que sea un espiano quiere decir que sea un imbécil.

Oigan, yo no quiero causar ningún problema.

Haré lo que he venido a hacer y mañana a primera hora me iré.

No sería muy útil un enfermero, aunque solo sean unas horas.

A sus hombres les vendría muy bien una revisión.

¿Y por qué no se la hace usted, doctor?

Desde que llegamos solo le he visto pasear.

Hay demasiados soldados y un solo médico.

Tengo que pasear mucho entre paciente y paciente.

Usted decide, capitán.

No hace falta que me lo recuerde, teniente.

Puede quedarse esta mañana.

Toca, acompáñele en barracón.

Gracias.

Le faltan las dos tildes a Julián Martínez.

Pero las mayúsculas no se acentúan.

Ahora sí.

Los ordenadores vienen con corrector ortográfico, por cierto.

Tampoco es para que sigas enfadada.

La orden era de comprobar la puerta, no de intervenir.

Bueno, yo solo quería saludar.

Supongo que ver así a Julián, así como de golpe...

Bueno, que parecís buenos amigos.

Lo éramos.

Ya.

Hombre, yo no quiero que te quedes así, con mal rollito.

Mira lo que he comprado.

Mira.

¿Historias para no dormir?

Vechicho Ibañez Herrador, un genio.

¿Sabes lo mejor de vivir en 2016?

Que puedes comprar series de mi época.

Y eso sí eran series.

No lo de ahora.

¿Te vienes a casa a verla?

Me ha dicho Irene que ahora se lleva a ver varios capítulos de una sentada.

Venga, vente.

Ya hacemos algo moderno.

Y hago palomitas.

¿Qué es eso?

Tendrás que venir para descubrirlo.

A las nueve.

Venga, a las nueve.

¿Está buscando a la Tagala?

Sí.

El sitio no es muy grande.

Si necesita ayuda, puedo ejercer de guía.

Va a ser verdad que le gusta pasear.

Tanto como el teniente Martín Cerezo menospreciará a los demás.

Ese es el que quería encerrarme.

Por suerte para usted y para todos, el capitán Las Morenas está al bando.

Es un hombre más razonable.

Soy Julián.

Doctor Rogelio Vigil.

Encantado.

¿Ha trabajado en Vanila?

Sí.

Hace un año.

Es el tiempo que llevo aquí.

¿Tanto?

Solo yo.

Las tropas llegaron hace unas semanas para controlar el lugar.

Y espero que no tarde mucho en irse.

Apenas nos quedan víveres ni suministros.

Buenos días, doctor.

El pie sí que duele.

¿Has vuelto a beber alcohol?

Solo una copita.

Julián.

Alejo es el maestro de Valer.

Hola.

Alejo tiene gota, pero no hace caso de mis indicaciones.

¿Y así no podemos mejorar, Alejo?

Solo una copita.

Y nos conocemos, Alejo.

Por cierto, si está buscando a alguien, él es su hombre.

Conoce a todo el mundo.

Le busco a ella.

¿Sabe quién es?

María.

Vengo de parte de Rafael.

Le dijo que si había alguien en el mundo que debía tenerlo, eras tú.

Es precioso.

Muchísimas gracias.

No hay de qué.

Tienes hasta Manila aquí para esto.

Hice una promesa.

Todos esos hombres de seis, pero pocos cumplís.

Supongo que soy de esos pocos.

Rafael también era.

El mejor hombre que he conocido.

Y era un castila.

Bueno, María, me marcho.

Espero que te vaya muy bien.

¿Vuelves ya a España?

No, no.

Aún no.

Si tienes a tu mujer esperándote ahí, no tardes.

No la hagas sufrir.

Jefe.

Por su cara prevé problemas, angustias.

Y no quiero ni uno más hasta terminar con todo esto.

Me temo que no puede esperar.

Alonso acaba de llamar desde una comisaría.

Le han detenido en una manifestación antidesahucios.

¿Qué?

¿Pero se puede saber qué coño hacía Alonso en una manifestación?

¿Quiere que utilicemos los trámites habituales para sacarle?

No, no, ni hablar.

Esto no puede salir de aquí.

Si llega oídos de Marisa, podemos darnos por expedientados.

Entonces, ¿qué vamos a hacer?

Me ocuparé personalmente.

Buenas.

Traigo el informe de la puerta...

Pachino, necesito que me haga un favor.

Sin problemas.

¿De qué se trata?

Ir a buscar a Alonso.

Angustias, póngame con el Ministerio del Interior.

Me debe de un favor y me lo van a pagar ahora.

¿Vamos?

¿Estás bien?

Estoy como soñando.

Si queréis que os sea sincero.

Bueno, eso debe ser por los golpes que te han dado.

¿Te ha visto un médico?

No es por eso, os lo aseguro.

Bueno, a ver...

Vas a tener que pasar aquí la noche.

Pero no podrán retenerte por más tiempo.

Te van a hacer pagar una sanción administrativa, pero no te preocupes de

nada porque yo me encargo, soy abogada.

¿Una sanción administrativa?

¿Qué tormento es ese?

¿Una multa?

Una multa.

En otros tiempos, por agredir a un alguacil, podían enviarte a galeras a

remar.

Hablas un poco raro, ¿no?

Alonso de Entre Ríos.

Estás libre.

¿Libre?

Y sin cargos.

Muchas gracias por todo.

De todas formas, puedes llamarme si me necesitas.

¿Me das tu número?

Yo es que no tengo esto.

Bueno, pues apuntamelo aquí.

Sí.

Solo a ti se te ocurre meterte en medio de una manifestación a repartirle ella con la

policía, hombre.

Es que... es que... es que...

Tienes al jefe contento, hombre.

Lo siento, me poseyó una furia desconocida, no sé.

Mal lo puedes haber sentido.

Si es en mi época, los grises te muelen a palos.

Por lo visto, vuestra época no es tan diferente a la actual.

Y encima llamas a una abogada.

No, no.

Yo no llamé a nadie.

Vino ella sola.

Es que si os lo cuento, no me vais a creer.

Yo a estas alturas me creo lo que sea.

Es abogada.

Elena es exactamente igual a mi mujer.

A Blanca.

O sea que se parece mucho.

No, no se parece.

Es ella.

Solo que no puede ser.

Han pasado más de 400 años.

¿Puede que viaje también en el tiempo?

No, me habría reconocido.

Pues también es casualidad, ¿eh?

O brujería.

¿Esperáis a alguien?

Otro de vuestros amoridos.

Pues va a ser que no.

Y gracias a ti, querido amigo.

¿Dónde estabas?

Pues estaba en la cama.

Porque, bueno, la debió sentar algo mal, de la cena...

De hecho, se iba a acostar otra vez, ¿verdad?

¿No te quedas a ver la serie?

¿Qué serie?

Si por mí fuera, no comerías ni un grano de arroz.

Así que te puedes dar con un canto en los dientes.

¿Así que sabes leer?

¿Me vas a apuntar por eso también?

Perdona, pero cuando aparece alguien nuevo por aquí...

No suele ser para nada bueno.

Soy Vicente González Toca.

Julia Martínez.

Si quieres, cuando acabe, te lo presto.

No, no me ha llevado a mi Dios por el camino de la lectura.

Pero imagino que si sabes leer, sabrás escribir.

Sí, claro.

Y me vendría bien escribirle una carta a mi novio en España.

Si no te parece mal.

Tienes papel y lápiz.

Y cuidado con lo que comen los niños.

Que nos conocemos.

Es que soy cocinero, ¿sabes?

Y si yo no estoy encima, pues...

Bueno, que mi mujer es muy buena madre, ¿eh?

Pero...

En la cocina como que no...

No me gusta que entre.

¿Y qué hace un cocinero del Prado de llevar al ataque aquí?

En el culo del mundo.

Pues nada.

Que los fogones no me daban para pagar un sustituto y...

Cuando las cosas van mal dadas, pues...

Es lo que toca.

¿Y tú?

No me lo entretengas, la Farga, que tiene mucha tarea.

Pero aquí nadie más sabe escribir, ¿o qué?

Busquets, el otro catalán.

Pero ese nació cansado, el cabrón.

Toma, para que reponga fuerzas.

Tiene una pinta asquerosa, pero está buenísimo, ¿eh?

Que te puedes fiar, quiero decir.

Que lo he cocinado yo.

Coño, perdona.

No sabía que lo habías cocinado tú.

Ah, pasa nada.

Si me tuviera que enfadar cada vez que estos se ríen de mi comida...

Bueno, ¿qué?

¿Ya está esto?

Ya está, ya está.

Toma.

Muchas gracias, que decimos ahí mi tierra.

Y que te sea libre.

Vale.

¿Qué me lo oyes?

¿Qué estás diciendo?

Quedarnos sin nada, teniendo...

teniendo todo un mundo ahí dentro.

Qué barbaridad.

¿Y eso te puede pasar de ver tanto la televisión?

No.

Es una fábula que alerta de los peligros de confundir realidad y ficción.

Sí, de cómo un aparato te puede comer el coco.

Es... esta serie es la bomba, es...

¿Qué hace pensar?

Demasiado, diría yo.

¿Pasa algo?

¿Queréis algo?

Yo...

Yo tomaría más de estas palomitas.

¿Quién?

Ah, palomitas, yo también.

Pachino, ve a la cocina a prepararlas, que yo no me aclaro con el microondas.

Esta es la habitación de los chicos.

¿Pasos de quién?

Ni has visto una sombra.

Llevaba...

Llevaba un sombrero con el a la barra.

Pues hala.

Esto ya está.

Muchas gracias, compadre.

Que Dios te lo pague.

No la firmas.

A tu Loli le va a hacer ilusión.

Anda, ¿verdad?

¿Sabéis que yo no he firmado nunca nada en mi vida?

Por una cruz.

Eso sí sabes, ¿no?

Y otra cosa no, pero de cruz.

Esto sí que le va a hacer ilusión a la Loli.

Ha quedado bien, ¿verdad?

Está perfecta.

Hay que aprender a escribir un paso, vamos.

Muchas gracias.

¿A ti?

Angelito.

Se ha quedado dormido.

Es un hombre de acción.

No está acostumbrado a pasar tanto tiempo sentado.

Es un poco tarde.

Debería irme a casa.

Mujer, ¿te vas a ir ahora?

¿Vas a viajar ciento y pico años a estas horas de la noche tú sola?

Te puedes quedar, ¿eh?

Ahí si tienes sobra.

No.

Mis padres...

¿Tu padre?

¿No crees que ya tienes una edad para que te dé igual lo que puedan pensar tus

padres?

Somos de épocas distintas, Pachino.

Y en todas tienes que ser la seria, la ordenada, la obediente.

Es mejor que me vaya.

No te preocupes.

Me cojo un taxi.

Mañana te veo.

Gracias por la serie y las palomitas.

Me ha encantado.

Qué bien.

De verdad.

Perdón, perdón.

Irene, ¿tienes un momento?

Sí, claro.

Siéntate.

¿Qué pasa?

Esta mañana he encontrado una llamada perdida en el móvil del ministerio.

De un número desconocido.

Has intentado devolver la llamada, ¿no?

Sí, antes de venir, pero no me han cogido.

Inténtalo otra vez, por favor.

Han matado.

¿Qué ha pasado?

Le han matado por ser amigo de Castilas.

En cambio, tú estás viñita y coleando.

¿Qué coño haces, Toca?

Es inofensiva.

Eso ya lo veremos.

Levanta las manos.

Es de fiar.

Te lo digo yo.

¿Y por qué tendría que fiarme de ti?

No tienes por qué hacerlo.

Tú decides.

Tenéis que iros de aquí ya.

Muy peligroso.

El resto de pueblos se ha unido, guerrilla.

Y han marchado.

No digas bobadas.

¿Cómo se van a ver marchado?

Tú oyes algo, Castila.

Esto está más claro que el agua.

Debemos prepararnos para un ataque inminente.

Con su permiso, capitán, creo que deberíamos organizar patrullas.

¿Están seguros de que no queda nadie?

Eso ha dicho María.

La tagala, señor.

Si damos el primer golpe, ahora no lo verán venir.

Creo que deberíamos esperar.

¿A qué?

El capitán a que nos maten en nuestra propia cama como al maestro.

¿Y si ha sido un hecho aislado?

No seremos nosotros quienes rompamos primero a la baraja.

Ahora...

Toquemela, si hagan un reconocimiento rápido de la zona.

Y asegúrense de que no queda nadie.

Teniente, que los hombres lleven todas las provisiones y la munición disponible a la

iglesia.

Si las cosas van a peores, donde mejor podremos defendernos.

Con su permiso, mi capitán, no es momento ahora de defendernos, sino de atacar.

¡Haga lo que le he dicho!

Sí, señor.

Ustedes conmigo.

Se ve vigilo.

Desde que llegué aquí todos los días me hago la misma pregunta.

Se está olvidando España de nosotros.

Esto es caldo de enfermedades, capitán.

No han podido coger nada del pueblo.

Los tagalos se lo han llevado todo.

Le digo que lo tenían todo planeado, capitán.

Yo le digo que ya lo veremos, teniente.

Venga.

Comencemos con el recuento.

Arroz.

Mejor tirarlo.

No, no.

Quite, quite.

Que para tirarlo siempre hay tiempo.

Garbanzos.

Pues a los gusanos que viven en ellos, dan gloria a verlos.

Vigila, ahorrese ese tipo de comentarios entre los soldados.

Tenemos que mantener la moral alta.

Eso lo lograríamos de otra forma.

Estoy empezando a hartarme de sus comentarios, teniente.

Con su permiso, mi capitán.

Está todo abandonado.

¿No hay nadie?

Ni nadie, ni nada.

No hay animales, no hay nada en las despensas, no hay ropas.

Es un polo fantasma.

¿Pero cómo es posible que se hayan ido todos en una sola noche?

Teniéndolo bien planeado.

Ya lo ha visto, mi capitán.

Se convence ahora de que esto no es una casualidad.

Teniente, organice una descubierta por el pueblo y alrededor, y compruebe qué

demonios está pasando aquí.

Y llévese a Julián.

Les vendrá bien un enfermero.

No está la cosa para ir pediendo móviles.

Así que cada vez que entra o sale uno se registra.

Ya sabes, cuando hay perras de por medio, todos nos ponemos muy profesionales.

Entonces no debería haber ningún problema en saber de quién es el número.

Aquí lo tenemos.

Este teléfono lo sacó Don Salvador hace unos meses, y no lo ha devuelto.

Ya.

Así que al final, los agentes han arrimado el hombro y han estado a la altura.

¿Va?

Para que luego digan que los funcionarios nos sacamos adelante en nuestro trabajo.

Un informe muy positivo.

¿Le pasa algo?

No, nada.

Ah, Irene.

Enhorabuena por la parte que le toca.

El informe del auditor...

Esto es lo que yo creo que es.

Sí.

¿Ocurre algo?

Ha intentado contactar con Amelia.

Si puede saber qué está pasando.

Salvador sacó un teléfono ministerial del almacén hace unos meses.

Quizá es mejor que se lo explique usted.

He estado ayudando a Julián desde que salió del ministerio.

¿Qué?

El muchacho no podía seguir aquí, pero buscaba un lugar donde seguir siendo

útil.

Yo no quería perderle y...

Bueno, le busqué un destino.

El mismo me lo pidió.

¿A dónde le he enviado?

A la guerra de Cuba.

Pero Susana Torres me descubrió.

Gracias a mí.

Si queremos seguir unidos se acabaron las mentiras.

Ese es el pacto, ¿no?

Uh-huh.

El problema es que esté donde esté ahora Julián.

Ya no es territorio español.

O sea que tenemos un agente no oficial perdido en el pasado.

Eso parece.

Aquí tiene la lista de llamadas.

Gracias.

No me lo puedo creer.

¿Qué pasa, jefe?

La última llamada que realizó Julián fue el 11 de junio de 1898.

¿Y eso qué significa?

Que Julián tiene problemas.

El día siguiente, el 12 de junio de 1898, fue el día en que Filipinas se independizó

de España.

Claro, por eso cuando llamaron aparecía ese mensaje.

O sea que Julián está en Filipinas.

Exacto.

En una Filipina sin guerra.

¡Quietos!

¿He oído algo?

Señor.

Señor.

¿Qué coño pasa, soldado?

Creo que hay alguien cerca.

Deberíamos prenderle a fuga a este pueblo ahora mismo.

Mi teniente es población civil.

Son tagalos.

Pero no estamos en...

¡No me joda, toca!

Esto es una emboscada de peli de Manuel.

¡Al puente!

¡Vamos!

¡En marcha!

¡Ah!

Señor.

Señor, escúcheme.

Deberíamos volver a la iglesia.

¡Es teniente, soldado!

Y si el teniente dice vamos, ¡ustedes van!

A su sitio.

¡Vamos!

No quieres verle enfadado, créeme.

¿Qué haces, imbécil?

¡Es el madreleño que me ha puesto de los nervios!

¡Heredia, cojones!

¡Emoción!

¡Fuego inscripción!

¿Cómo

está?

Jodido.

¡Eredia!

¡Eredia!

Ven, ven aquí.

Aprieta aquí.

Y no sueltes.

Fuerte, fuerte ahí.

Vamos, ahora que tú puedes.

Pero es puñalada la vida.

¡Señores!

¡Hasta aquí hemos llegado!

¡A partir de ahora, esta va a ser nuestra casa!

Esta es la nota de despedida de Julián Martínez.

Y esta es la carta que el soldado Lafarga envió a sus familiares de Filipinas.

¿Qué le parece?

¿Qué es la misma letra?

Julián escribe la correspondencia de los soldados analfabetos.

¿Y ha podido averiguar el origen exacto de las cartas?

Valer, Filipinas.

Tenemos que exigir a esos tagalos que respeten la legalidad y le pongan las

armas.

Hace tres meses que no tenemos noticias de Manila.

O sea, que después de 400 años, ha saltado la chispita del amor,

¿eh?

No digáis barbaridades.

Va a matar a unos hombres que han dado su vida por su patria.

¡Cambio de nada!

¡La patria da honor y gloria!

A quienes luchan por su bandera.

En este ministerio solo se exige una cosa.

¡Discreción!

Y a usted solo se le ocurre pegarse con la policía en una manifestación.

Estaban agrediendo a una mujer.

¡Un brindis por el jubilado, claro!

¡Qué coño!

Por el mejor policía que ha pisado las calles de Madrid.

Mi padre.

Quiero divorciarme de tu padre.

¿Sí?

Hola, bonito.

¿Está tu madre?

Has pedido dos días libres.

Sí.

Mi padre se jubila y...

Va a ser un golpe duro para él.

Quiero estar a su lado.

Está usted completamente loco.

Doctor, está empezando a hartarme con sus tonterías.

Tenemos para usted una misión importante.

Tan importante como que no pueden saber de ella mis compañeros.

Es una misión para un hombre solo.

Usted.

Julio está con los últimos de Filipinas.

...

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