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Tenemos un problema.
Mi cuerpo.
España ha perdido el Quijote.
¿Qué pasa?
Cervantes no ha llevado el manuscrito del Quijote a la imprenta.
Por eso ahora ha montado su propia compañía.
¡Quiero la demás!
¡Sentimiento!
Cervantes debe abandonar su carrera de empresario teatral y volver a la novela.
Pretende que saboteemos las funciones, ¿no?
Las actrices tienen que estar casadas con un actor de la compañía.
Necesito un voluntario para seducir a la dama.
¡No, yo no, yo no!
¡Estáis despedidos!
¡Raviza!
¡Eunuco!
¡Apartados de mi vista!
¿Qué haces aquí?
¿Y a ti qué te aprecio?
¿Buscáis una actriz y un actor?
No encontraréis pareja de cómicos mejor avenidos.
¡Al oso en tres días!
Y puedo imaginar también que me han cercenado algún miembro, como las orejas o
la nariz o...
¡No!
El pendrive está repleto de información sobre López Vega.
¿Cree que también quieren hacerse con alguno de sus manuscritos?
¿Pretendéis utilizar a López como cebo?
Un pringao tiene que haber.
¿Y tiene que ser el dramaturgo más importante de la historia de España?
¡No!
¡No!
¡No!
¡No!
Soy Samilia Fonck.
I okay.
Rendíos o probaréis mi acero.
Quedan estrictamente prohibidas las representaciones teatrales.
Me hemos convertido en un hombre desesperado que ha fracasado en lo que más
amaba.
¿Qué pretendíais que hiciera?
Tú y yo tenemos mucho de qué hablar.
El mundo entero conocerá mi obra.
El mundo entero la admirará.
Es la obra más traducida después de la Biblia.
Necesito un piso en Madrid en esta época.
Oiga, esto no es el 1, 2, 3.
Aquí nos regalamos apartamentos.
Ahí me han dado uno.
Alonso, eres tú.
Eres mi ángel de la guarda.
Sí.
Lo soy y lo seré.
De vos.
Y de nuestro hijo.
Me gustaría abrazar.
Pero sois un espíritu.
Volveré a serlo en después de que me abracéis.
¡No!
¡No!
¡No!
¡No!
¡No!
Lo siento.
Oí gritos y pensé que estabais en peligro.
¿Algún problema?
¿Un mal sueño?
Sí.
Es siempre la misma pesadilla.
Mi padre.
Vos cambiasteis la historia.
Le salvasteis.
A veces lo dudo.
Nunca has pensado en que...
que pueda haber...
distintas líneas del tiempo.
Como mundos paralelos.
En uno mi padre sigue vivo.
Y en otro se suicida.
Yo es que prefiero no pensar tanto.
Con un solo pasado ya tengo suficiente.
Lo que sí que he entendido es que la historia se puede cambiar.
Lo que no hay manera de cambiar son los recuerdos.
No sabía que...
Tranquilo.
Ya había terminado.
¿Desaynamos o qué?
¡Ah!
Lo que dijo de sorprenderme es una...
Tostadora.
Tostadora se llama.
Es que siempre hay algo que me sorprende en estos tiempos nuevos.
Ya vi.
Tú no sabes lo que han cambiado las cosas desde los ochenta.
Vamos.
El internet.
Que todavía no sé muy bien lo que es.
Los teléfonos móviles.
El mando a distancia.
Es que me parecen inventos de Star Trek.
Era una nave espacial que iba investigando nuevos mundos.
Sí, sí, sí.
Alonso.
¿Qué te pasa?
Pues que yo no pinto nada en esta época.
Y en la mía no me queda nadie.
Soy un hombre de ningún sitio.
¿Por eso rezo?
No.
Rezo todos los días, pero porque he combatido en mil batallas y sigo vivo.
Doy gracias a Dios por ello.
Está muy bien eso, está muy bien.
¿Vos no rezáis?
Yo...
¿Y os confesáis?
Yo es que no le veo la gracia contarle mi vida a un señor con una falda larga.
El curro.
¿Vamos?
No, no, no.
Tú te quedas aquí.
Tú tienes dos días por mudanza.
¿Pero cómo me voy a quedar aquí?
Yo creo que no, que tú te quedas aquí, que si no luego me toca a mí y me los
quitan.
¿Sabes lo que vas a hacer?
Estudiate esto.
Son las instrucciones de la lavadora y del microondas.
Y luego me lo explicas a mí, porque no me entero de nada.
Venga.
Nos ha llegado un aviso desde Tordesillas.
¿Se trata de Juana la Loca?
No, por Dios, que no sabes el follón que tuvimos con ese tema.
No, no es Juana la Loca.
Tienen que viajar a un año que la señorita Folk conoce muy bien.
1808.
La Guerra de la Independencia.
¿Otra vez el empecinado?
No.
Se trata del mismísimo Napoleón Bonaparte.
¿Napoleón?
¿Pero no me dijo que no se puede viajar fuera de España?
Napoleón estuvo en España durante la guerra.
De hecho, estuvo en Tordesillas.
Me encanta esta chica.
Lo sabe todo.
A ver una cosa.
¿Sabes quiénes son los Peters?
No.
Eh...
Serrat.
Señor Spock.
Super López.
¿Quién?
¿Lo ves?
No lo sabes todo.
Cerebro su conocimiento de la cultura popular, pero si no le importa,
tenemos un asunto importante que resolver.
Claro.
Con permiso.
Sí.
Bien.
En las Navidades de 1808, el ejército francés del Mariscal Ney apresó a tres
españoles.
Acusados de espionaje.
Uno de ellos era el mismo cura de Tordesillas.
Los encerraron en el monasterio de Santa Clara.
¿Y qué les sucedió?
Al Marón, fijo.
No, no, no.
Una nevada hizo que Napoleón se quedara allí y se hospitase en el monasterio.
La vadesa, María Manuela Rascón, habló con él y consiguió salvar a sus
hombres.
Madame.
Dime qué dice la carta, hija.
En resumen, que hace un frío a que pela.
Sí, señora vadesa.
¿Y entonces qué problema hay?
Napoleón exige alojarse en este convento, madre.
Que la que ha palmado fijo es la vadesa.
¡Madre Manuela!
¡Madre Manuela, que esté bien!
¡Madre Manuela!
Escúcheme con atención.
Hay que salvar a esos tres hombres o la España que conocemos no existirá.
¿Tan importantes son?
Ni se lo imagina.
Uno de ellos es antepasado en sexta generación de Adolfo Suárez.
Presidente del gobierno de España desde 1976 hasta...
Hasta el 21 de enero de 1981.
El día que dimitió.
Esa fecha no se me olvida en la vida.
Exacto.
El día que entró usted por el maldito armario.
Bien.
Ese antepasado se llamaba Rodolfo Suárez.
Se casó con una tal Rosa del Amo, la que conoció en el mismo convento.
Si les pasa algo, Suárez no nacerá.
Y la reforma, la transición política se irá al carajo.
Espere un momento.
¿Conocen a todos los antepasados lejanos de los presidentes?
De presidentes y de todo el que ha marcado la historia de este país.
El ministerio vela por su seguridad y la de sus antepasados.
¿Y estas cosas pasan a menudo?
No mucho.
La última vez fue hace cinco años que tuvimos que salvar a un antepasado de
Iniesta.
¿Quién es ese?
Ni idea.
Por favor, señores, centrémonos que tenemos que resolver un asunto importante.
Por la fuerza no hay nada que hacer.
Napoleón vendrá con un ejército.
¿Podemos salvarle la vida a la abadesa?
No, eso no garantiza nada.
La abadesa murió de un infarto.
Si la salvamos, dudo que su corazón resista al verse ante Napoleón.
Solo nos queda una opción.
Sustituirla.
¿Pero cómo vamos a sustituir a la abadesa?
Tiene 60 años.
Es marxista que el hambre.
Tiene un desparpajo increíble.
Ya sé que hay que llamar y bla, bla, bla.
Pero solo tengo dos manos.
O llamo o traigo el café.
¿Pasa algo?
¿Quieres dejar de teclear y hacerme caso que soy su jefe?
He dicho que no y es que no.
Angustias.
Angustias.
No, que le subo el sueldo.
¿Le doy una paga extra de Navidad?
¿Y para qué me serviría el dinero?
Pero para Navidad voy a estar más muerta que el pavo.
Oiga, ¿me ha oído usted suplicarle algo a alguien alguna vez?
No.
Bueno, pues se lo suplico.
Si es que no va a funcionar.
Que yo la única relación que he tenido con monjas ha sido en el colegio y todavía
tengo la marca de algún pellizco.
Pero si va a tratar con ellas lo justo, lo importante de esta misión es la
conversación con Napoleón.
Ah, bueno.
Me deja más tranquila.
Que me pide que vaya a ver a Napoleón, no al padre Damián.
Pero no piense usted en él como un emperador, sino como un hombre normal.
Además, no va a estar usted sola.
Y habla francés, ¿no?
Bueno, lo del francés...
Quizás cuando puse en el currículum eso de medio-alto quería decir bajo, bajo,
tirando a mí para joler a ella.
Bueno, pues le ponemos un pinganillo, Leche.
No insista, por favor.
Angustias.
Angustias, voy a serse sincero.
Usted es mi secretaria, pero...
yo la considero mi amiga.
Por eso me atrevo a pedirle que...
que me ayude a...
a salvar a un enemigo que ya no está entre nosotros.
Verá...
El presidente Suárez siempre apostó por mí.
Y yo he apostado por usted.
Si a su antepasado le sucediera algo, usted y yo no nos habríamos conocido.
Ni usted ni yo estaríamos hablando aquí.
Todo nuestro pasado...
se disolvería en el olvido.
Gracias, José Carlos.
Si me veía Alonso con estas pintas...
se partía de risa.
¿Por qué?
¿Por el pelo?
¿Así estás más guapo?
No, no, por la sotana.
Nada, cosas nuestras.
¿Cómo lleva Alonso a vivir en este tiempo?
Pues regular.
Si es difícil para mí, imagínese para él.
La gente más cercana que he conocido la tiene pintada en el Museo del Prado.
Pobrecito.
Fría.
Caliente.
Qué maravilla.
Ahora iré a verle.
Quiero hablar con él, llevarle ropa y dinero actual.
Es un detalle precioso de su parte.
Bueno, sé por experiencia que la adaptación a una nueva época es un momento
muy delicado.
¿Usted no es de esta época?
No.
Y no me pregunte de qué época soy porque no pienso responder.
Mucho está tardando el jefe en convencer a Angustias.
Eso sí la convence.
Parece que sí.
Por ahí viene Sor Citroën.
No me digáis nada.
Ya sé que parezco un pingüino.
Creía que ya no venía.
Es que tenía que vestirme y documentarme un poco.
¿Sabíais que Napoleón tuvo tres hermanos?
Pobre madre.
Y que de pequeño le llamaban Nabulio.
Pobre niño.
Bien, ya es la hora.
¿Tú no querías ir a ver Alonso?
Sí.
Pues ya les acompaño yo.
Gracias.
Lo que seguro que no sabéis es cuál era el plato preferido de Napoleón.
Los Chocuitos.
Hombre, le encantaba a Le Pouillet, al vin, a Ben Pomès de Ter.
Lo que ya decía.
Ya hemos llegado.
No puedo.
Claro que puedes.
No puedo, de verdad.
Lo harás muy bien, Angustias.
No irías a esta misión si no fueras la persona idónea.
Más bien la única que hay.
La mejor, aunque hubiera más.
De verdad, te lo prometo.
Si tú lo dices...
¿Preparada?
Repasemos.
Nombres.
Amelia Ruiz.
Mi nombre es Carrasco.
Rufino Carrasco.
Madre abadresa, María Angustias de la Esperanza.
Y el antepasado Suárez se llama Rodolfo y su futura esposa Rosa.
Muy bien.
¿Vamos allá?
Qué remedio.
Bienvenidos.
Soy Rosa, la demandadera del convento.
La hermana María Angustias de la Esperanza, ¿verdad?
La misma.
Para servirle a Dios y a usted.
Yo soy el padre Carrasco.
La hermana Amelia y yo venimos desde Valladolid acompañando a la abadesa.
Yo mismo soy secretario del obispo.
Gracias.
Lástima que vengan en un momento tan triste.
Pero los franceses tienen encerrados aquí unos prisioneros.
¿Están bien?
Todo lo bien que se puede estar cuando sabes lo que te espera.
María Paula y María Antonia les mostrarán sus celdas.
Yo acompañaré al padre Carrasco en los pedería.
Es el lugar donde se aloja el obispo cuando nos visita.
¿Vamos?
Gracias a Dios que han llegado a salvo.
Nos han contado cosas horribles.
Los franceses entran en los pueblos saqueando todo.
Degollando cuántas personas ven.
Sin respetar siquiera a las religiosas.
No son hombres.
Son auténticas bestias.
Rezamos cada día para que Dios nos proteja.
Vengan por aquí.
Es una trampa, es una trampa.
Yo me encargo de los recados, de recibir a las visitas.
Pero no se monja.
No.
No sabe lo que me alegra.
No me malinterprete, pero es que...
No hace falta ser monja para servir a Dios, ya lo dijo el Señor.
Creced y multiplicaos.
Y siendo monja, pues...
se multiplica poco.
Pues no se crea, padre, que yo alguna vez he pensado en tomar los hábitos.
¿Ah, sí?
Es que tengo tantas dudas.
Sobre todo ahora.
¿Ahora?
Sí.
Uno de los hombres apresados por los franceses es mi...
¿Su novio?
¿Cómo lo ha adivinado?
Dios...
me guía.
Y me instruye.
Aún recuerdo la primera vez que le di.
Rosa.
Rosa.
Ay, padre, es que es tan guapo.
Ya lo veo, ya.
Y le quiero tanto que...
Ay, Dios mío, no sé qué voy a hacer si me lo mata.
Tranquila, hija.
No le va a pasar nada.
Te lo aseguro.
Muchas gracias, padre.
Buen día.
Buen día.
Buen día.
Buen día.
Ella es el padre Carrasco.
Se alojará con nosotros unos días.
Le presento al mariscal Ney.
Enchanté.
Enchanté, beaucoup.
Disculpe mi francés, pero no es muy bueno.
Ah, c'est beaucoup mieux que mi español.
No problema.
Su francés mejorará con la práctica.
Au revoir.
O como dicen ustedes, nos vemos.
Nos vemos.
Parece que le ha caído usted bien.
Sí, ya se me temo.
Sí, sí, pero cuídese.
Por aquí.
Vamos tirando.
Sí, sí, ahora mismo voy, hasta ahora.
Sí, ahora mismo, sí.
Perdone que haya entrado sin llamar.
Como no está angustias, pensaba que no...
Disculpe, me tengo un poco de prisa porque...
Me esperan para una reunión en presidencia del gobierno.
Solo vengo por la documentación sobre el asunto de Tordesillas.
Ya, pues debe estar por ahí.
Si no le importa, búsquela usted misma.
Claro.
¿Hay algún problema?
Con Susana Torres siempre hay problemas.
¿Salvador?
¿Quién vive?
Soy Ernesto.
¿Qué pasa?
¿Hay algún problema?
Tenemos una importante misión.
Están buenísimos.
Hermana Antonia es nuestra cocinera.
El dulce que has presentado es una mezcla de tradición, pero además tiene
personalidad.
La forma...
La forma puede ser mejorable.
Tal vez te has pasado en la cocción.
Un poquito.
Pero el sabor es exquisito.
La textura perfecta.
Felicidades.
Gracias.
Bueno.
Nosotras vamos a descansar, hijas.
Mañana nos vemos para los Maitines.
Mañana.
Será esta noche en la misa del gallo.
Ay, en la misa del gallo, claro.
Con el ajetreo del viaje ya no sé ni en qué día vivo.
Contraremos el ajetreo, Fidel.
Y es tradición que la madre abadesa haga él solo.
Banco.
Identificación.
Tarjeta sanitaria.
En mercado o supermercado.
Banco.
En lo de los autobuses y los trenes y...
Muy bien.
Ahora ya es usted un hombre de nuestro tiempo.
Procura no perderla, sobre todo esta.
Pero...
Esto...
Esto es dinero.
Sí.
Yo creo que me va a costar acostumbrarme, eh.
Quizá esto le ayude.
Bien, empezamos.
Madre del amor.
Bueno, guárdela para luego.
Ahora tenemos cosas más importantes que hacer.
A ver...
Déjenme ver.
Eh...
Demasiado juvenil.
A ver...
No.
Alonso.
He dicho que no.
No sea usted tan pudoroso, hombre.
Póngase este pantalón, que es más grueso.
Sí.
Sí.
No sé.
No sé.
Puede que lo que desentone sea su pelo.
Antes me cortaréis una mano que tocarme un solo cabello.
Ay...
Cuando se nos llevará el señor.
Espere.
¡Ale, ale!
Buenos días, marescal.
¿Dónde vas?
Je veux visitar les piscinaires.
Oh...
No confíes en nuestra hospitalité.
No hay nadie más caballeroso que un francés.
Estos hombres estarán bien, se lo aseguro.
No les falta comida ni agua.
No sólo de pan vive el hombre, sino también de amor de Dios.
Y yo soy su representante.
Oh, l'amour.
L'amour es toujours lo más importante.
Me alegra que me entienda.
Ah, yo entiendo ciertas cosas desde pequeñito.
¿Y usted?
Yo...
entiendo ciertas cosas...
pero lo justo.
¿Y ahora, si me disculpa?
Por supuesto, mon ami.
Au revoir.
¿Nos van a descubrir por mi culpa?
Si es que yo no valgo para esto.
Angustias, no sospechan nada.
Pues ya verán cuando cante.
Pero si no me sé la letra ni de la de este fideo...
A de este fideles.
¿Lo ves, leches?
Que si fuera un coro, podría mover los labios como en la tele.
Pero un solo...
Tú no te preocupes.
He estado buscando en la biblioteca y aquí lo tienes.
Si lo de la letra es lo de menos.
El problema es que tú no me has oído cantar.
Mujer, no se da para tanto.
Bien.
Bien.
Bien.
Bien.
A verlo.
Muy bien.
Así parece esto en la gente.
Eso está muy bien.
A ver, déjame.
Yo lo que no sé es quién inventó este artilugio del demonio.
Este ese quieto que le puedo ahorcar.
Es que es inútil.
¡Ah!
No, no, me aprieta todo.
Yo no...
No, no, no.
No he conocido a nadie tan exigente como usted.
No puedo perder más tiempo.
Mire...
Tengo algo que seguro que le va a gustar.
¿Dónde vas?
A llevar agua a los presos.
Te acompaño.
Déjame que te ayude.
Gracias.
La voz esa.
Que está calentando la voz.
Vamos.
Nos van a ejecutar, padre.
Esperanza es lo último que se pierde, hijo.
Con los franceses esperanza es justo lo que no se tiene.
Vamos a morir.
¡Vamos a morir!
Te quieres callar.
Quizá tengas razón.
El mañana todavía no está escrito.
¿Puedo pedirle un favor?
Por supuesto.
Esta noche será la misa del gallo y yo no podré oficiarla.
No se preocupe.
Hablaré con el mariscal Nate para que le deje salir.
Usted y yo sabemos que en cuanto salga por esa puerta no me van a llevar a misa
precisamente.
Quiero que lo oficie usted.
¿Yo?
Pero yo no he traído mis cosas.
Tranquilo.
Las hermanas le darán todo lo necesario.
Será algo muy íntimo para la congregación.
Y además a las monjas les hace tanta ilusión cantar.
De acuerdo, padre.
Para eso estamos.
Buenas tardes.
Buenas tardes.
Veo que ha llegado una nueva monja.
Sí.
Es hora, Amelia.
¿Quién es Suárez?
Creo que es Esi.
Ay, por favor.
No.
No llores.
Si he de morir lo haré con honor.
Señor, te puedo prometer y prometo que tu bello rostro será lo último en lo que
piense.
Vamos a morir.
Ese sí.
Vamos a morir.
Y además le gustas.
¿Pero cómo le voy a gustar si es la primera vez que me ve?
Además, no me acabas de decir que se ha prometido con Rosa.
Amelia, por favor, que es un tío, que los tíos somos así.
¿Cómo?
Tú no has estado con muchos hombres, ¿no?
¿Has estado con alguno?
No entiendo que tiene que ver eso con la misión.
Dirás las misiones, que ahora tenemos dos.
Tenemos que salvar a Suárez y que siga con Rosa.
Pero no lo entiendo.
¿Qué he hecho para que se fije en mí?
Lo mismo que he hecho yo para que se fije en mí el mariscal Ney.
Nada.
¿Te gusta el mariscal Ney?
Por lo visto conmigo el mariscal Ney es el mariscal gay.
¿Le gustan los hombres?
Los hombres no lo sé.
Pero yo desde luego que sí que le gusto, sí.
Tiene poquita voz, pero muy desagradable.
Esta noche vamos a montar una de mi típico.
Que Angustias y yo somos un nuevo dúo cómico.
Ella tendrá que cantar, pero yo tengo que dar misa.
...
¡Ven y te adoremos!
¡Ven y te adoremos!
En
el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del
Espíritu Santo, estén con todos ustedes.
Y con su Espíritu.
¿No está un poquito nervioso, madre?
Es muy joven, pero tiene una gracia divina.
Organiza la desaparición de un agente y luego nos encarga de buscarle.
Mañana mismo voy a hablar con él.
No, será mejor que esperes.
Mañana va a estar ocupado con lo de Angustias.
¿Qué pasa con Angustias?
Nada malo.
Es su primera misión, pero lo va a hacer muy bien.
Salvador va a enviar a una administrativa a una misión.
Buscábamos a un agente con su perfil y ella no cumple nada más.
¿Perfil?
Trabajar en el ministerio es peligroso y por eso se contratan agentes, no personas
que den el pego.
Lo siento.
No, es culpa tuya.
Tú no tomas las decisiones.
Pero es que me preocupa que justifiques ahora a Salvador.
Sabes que hay muchas cosas que no me gustan, pero Salvador ha hecho mucho por
este ministerio.
Sí, pero su hora ha pasado.
Es hora de desayunar.
Ya estoy muerto y estoy en el cielo.
Oh, es solo un sueño.
No, no, no es un sueño, son unas gachas.
Están estupendas.
Las ha cocinado Rosa, una mujer extraordinaria.
Quien se case con Rosa se lleva una joya.
No es una joya tan bonita como tú.
Adelante.
Oye, qué mala cara traes, hija.
¿Qué ocurre?
El mariscal Ney nos pide 20.000 reales para las tropas.
Eso es mucho, ¿no?
Es la ruina.
¿Qué vamos a hacer, madre?
Si juntamos algunas alhajas podemos reunir esa cantidad.
Los candeleros, vinagreras y cereales sumarían algunos reales.
Podemos entregar el incensario.
¿El que bendijo ayer el padre Carrasco?
Sí.
¿El incensario se queda donde está?
Ay, ¿qué nos va a quedar para los pobres?
¿Sabéis qué os digo?
No vamos a entregarles ni un real.
Ahora mismo voy a hablar con ellos.
¿Dónde está ese mariscal?
En la entrada, pero...
Está asustada, madre.
Cuando me ofrecieron el cargo de abadesa tuve miedo.
Pero si he llegado hasta aquí no pienso huir ahora.
Porque nos podrán robar la patria, pero no la dignidad.
Esta mujer los tiene bien puestos.
¿Lo ves como tenía razón?
Eso no importa ahora.
Sí que importa, Amelia.
Sí que importa que es saber leer las señales de la calle.
¿Qué quieres decir?
Pues que...
Por muchos libros que tú hayas leído, si tú no sabes que con el semáforo en rojo
no se puede pasar, y pasas, pues te atropellan y al carajo todo.
Ahora eres filósofo.
Yo no soy filósofo, pero tú eres una pardilla.
¿Que sé qué?
Una...
Una ingenua.
Una panfila.
A ver, que te lo estoy diciendo desde el cariño.
Pase.
Padre, ¿puedo hablar con usted?
Claro, hija.
¿Qué quieres?
Confesarme.
¿Es usted el mariscal Ney?
Oui.
Comment allez-vous.
Y otros bien.
Mire, escúcheme atentamente porque solo se lo diré una vez.
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.
¿Cuáles son tus pecados, hija?
He deseado la muerte de mi novio.
Pidió mi mano.
Venga, tu so.
Me hizo suya.
Y ahora coquetea con Sor Amelia.
¿Te hizo suya?
Sí.
Y ya tengo una falta.
Eh, tranquila, hija.
Eso es bueno.
Pues no sé qué tiene eso de bueno.
Tendréis un hijo y ese a su vez tendrá otro.
Y perpetuaréis la especie.
Miel sobre hojuelas.
Mire, padre, ojalá que Rodolfo salga vivo de esta.
Pero pase lo que pase, yo me meto a monja.
¿Cómo te vas a meter a monja?
¿Qué vas a hacer con la criatura?
¿Meterla en un hospicio?
Nada de eso.
Todo se arreglará.
¿Cómo va a dejar pasar una mujer como tú?
Rosa, eres preciosa.
Y una gran mujer.
Yo te absuelvo en el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo.
¿Y no me pone penitencia?
Sí.
Tres, Dios, te salve María y asunto resuelto.
Muchísimas gracias, padre.
La verdad que es una lástima que usted se acura.
Sería un marido estupendo.
Perdón.
¿Qué pasa?
La abadesa ha ido a enfrentarse a ese soldado francés tan importante.
¿Dónde está?
En la puerta del convento.
Le he dicho que no pagamos y no vamos a pagar.
Ustedes se creen muy diferentes con eso de la liberté, la égalité y la fraternité.
Pero a la hora de la verdad son todos iguales.
¡Unos tiranos!
Porque está a punto de arribar el emperador.
Si no, la manda va a fusilar junto a los tres prisioneros.
Esto se nos está yendo de las manos.
Mariscal.
Yo soy desolé.
Pararé lentamente.
Para que usted me entienda.
Yo a usted le entiendo lo que haga falta.
Puedo asegurarle que yo mismo hablaré con el obispo para pagar lo que ustedes piden.
De nosotras no va a conseguir ni un real, eso que te dé claro.
Tómeselo como un favor personal.
Hacia mí.
Parfait.
Bonjour.
He metido la pata, ¿verdad?
Hasta el corbejón.
Pero ¿para qué te metes en ese lío?
Si solo había que salvar a esas tres personas.
No podía dejar despalizadas a las monjitas.
Si te entendemos, angustias.
Pero tu misión era hablar con Napoleón.
Exacto.
¿Y qué tenemos ahora?
El antepasado del futuro presidente lo van a matar mañana por la mañana.
Y su futura esposa no quiere verle porque le tira los tejos a Amelia.
¿Sí?
Sí.
Y para colmo yo le he tenido que pedir un favor personal a un pedazo de mariscal
francés que me está tirando los tejos a mí.
¿Sí?
Sí.
Vaya bodevil.
Voy a hablar con Napoleón ahora mismo.
¡No!
No, no, no.
No puedes.
Mariscal Ney te ha prohibido que salgas de tu celda.
¿Y entonces qué hacemos?
Organizar una fuga.
Es lo único que nos queda.
¿Una fuga?
¿Pero si ahí fuera tenemos a medio ejército francés?
El monasterio tiene unos túneles subterráneos.
He estado investigando.
Siempre hay que ponerse en lo peor por si el semáforo está en rojo.
Muy bien.
Muy bien.
Bueno, vamos a organizarnos.
No, hay que llamar al ministerio.
¿Sabemos algo de la patrulla?
No.
Pero cuando usted dice eso es cuando llaman, como en las películas.
¿Lo veis?
Sí.
¡Oh, no!
Sí.
Ah, hola, Amelia.
Un momento.
Voy a poner el teléfono en modo altavoz para que lo escuche, Ernesto.
Hemos tenido un imprevisto.
Napoleón ha adelantado su encuentro con la padesa y no ha salido como habíamos
previsto.
Ya.
¿Y qué ha pasado?
Ha habido un conflicto con las monjas.
Y Napoleón se ha enfadado y han encerrado angustias en su celda.
O sea que la ha liado, angustias.
¿Y tienen algún plan?
Organizar la fuga de los presos.
Solo nos queda eso.
Ya.
Pero eso puede ser peligroso.
Nada es nunca fácil.
Es una frase suya.
El monasterio tiene unos túneles subterráneos.
Vamos a utilizarlos.
Estoy orgulloso de ustedes.
Pero no hagan nada hasta que les envíe refuerzos.
¿De acuerdo?
Es solo de que Alonso vuelva al trabajo.
Tenga cuidado.
Lo tenemos crudo, ¿eh?
Voy a buscar a Drosso.
¿Bien, Alonso?
Sí.
La orden es esperarle.
Mientras voy a hablar con los presos.
Venga, mujer, anímate.
Vamos a salir de esta.
Es culpa mía, lo siento.
Tenía que hablar con Napoleón y he fracasado.
Con todo lo que me había estudiado su vida en Internet.
Esta cuenta es mucho más de mi agrado.
¿Un enlace del ministerio le esperará su llegada?
Le entregará un carro con comida para los oficiales franceses.
Debe dejarlo en el monasterio.
Una vez dentro, contacte con sus compañeros.
Entendido.
Bien.
Aquí es.
Bueno.
Tome.
No, gracias.
Escúcheme.
Será usted quien acompaña a los presos hasta el punto de extracción.
Sus compañeros permanecerán en el monasterio para mantener su guardada.
Muy bien.
Alonso.
Buena suerte.
La buena suerte no existe.
Solo existe la mala suerte.
Procuraré esquivarla.
Vaya, vaya.
Comida para Napoleón.
Abajo.
Deberíais dejarme marchar.
Napoleón en persona está esperando este cargamento.
Napoleón.
A la merda de Napoleón.
Esta comida es nuestra.
Así que vais a robarme.
A mí.
En fin.
¿Qué le vamos a hacer?
Lo siento, jefe.
He fracasado.
Lo siento, jefe.
Ve como no era una buena idea que viniera a esta misión.
Lo siento, Salvador.
La he cagado del todo.
Allá voy.
Pase.
¿Puedo hablar con usted?
Siéntate.
¿Qué puedo hacer por ti?
Verá, madre.
Venía a agradecerle en nombre de las hermanas.
Lo que ha hecho por nosotras ante los franceses.
Su llegada ha sido un rayo de esperanza.
Gracias por animarme, pero nos lo van a quitar todo igual.
Van a fusilar a los presos.
He fracasado.
Tengo menos autoridad que usted.
Pero soy más vieja.
Y la vida me ha enseñado una cosa.
Solo fracasa el que no lo intenta.
¿Se puede, madre amadeza?
Adelante.
¿Qué te pasa, hija?
Es Napoleón.
Quiere que vaya a verle.
¿Sabéis ya cómo salir de aquí?
Sí, este que viene es Suárez.
¿Qué queréis, hijo?
Me gustaría confesarme con usted, padre.
Claro, me extraña que estando aquí el padre Víctor no te haya confesado él.
Me va a negar la confesión.
Rodolfo.
Por Valís.
Tranquilo.
Si él quiere que yo le confiese, yo le confesaré.
Ave María Purísima.
Sin pecado concebida.
¿Cuáles son tus pecados, hijo?
Quiero matar a un hombre.
Aunque estemos en tiempos de guerra, no hay que odiar al enemigo francés.
Es que no es francés, es español.
Y es un sacerdote.
Ah, sí.
Le han visto abrazar a Rosa en la capilla.
¿Me lo va a negar?
Porque todas las monjas lo andan diciendo por ahí.
Que aquí nos llega todo.
No te lo voy a negar.
Pero no es lo que tú piensas.
¿Ah, no?
No.
Usted se aprovecha de mujeres inocentes.
Me gustaría saber qué piensa Dios de eso.
Dios, no sé.
Pero de aprovecharse de mujeres creo que sabes tú más que yo.
De aquí a Cuenca, ida y vuelta.
Si no llevar a Sotana...
Si no llevar a Sotana, ¿qué?
Mira, Rodolfo, me parece que tú has venido aquí a confesarte.
Pero vas a salir comulgando de la hostia que te vas a llevar.
Además, no he venido a hablar de tonterías.
He venido a deciros que os vamos a sacar de aquí.
Como si a otro mentira...
No es mentira ni una cosa ni la otra.
Y si quieres, cuando estés libre, tú y yo nos damos una vueltecita.
¿De verdad vamos a huir de aquí?
Sí.
Y dile al padre, Víctor, que cuando Sol Amelia le haga un guiño...
Tiene que fingir un ataque al corazón.
Y el otro que se prepare también.
¿Entendido?
Gracias, padre.
Yo te perdono en el nombre del padre del hijo del Espíritu Santo.
Para no ser creyente, os dais muy buena maña.
Luego nos vemos.
No sé lo que ha dicho.
Pero dígale que no tenemos dinero para pagar lo que nos pide.
Él dice que...
Yo lo he compreso.
Lo sé.
Usted hablaba italiano de pequeño.
Italiano y castellano, primos hermanos.
¿Y qué me falla de saber que yo parlo italiano?
Uy, si solo supiera eso.
De niño le gustaban las matemáticas.
Tuvo trece hermanos.
Cinco murieron de pequeños.
Dios los tenga en su gloria.
¡Es un espía!
Déjese de tontunas.
Don Napoleón es un hombre conocido en todo el mundo.
No, no, no, no, no, no.
Mi piace molto sapere questo.
¿Qué ha dicho exactamente?
No sé, yo no compré el italiano.
Pues estamos cojonudos.
Tranquila.
También parlo un poquito de español.
Hablo español en la intimidad.
Quiero hacer un pacto avec vous, con usted.
¿Un pacto?
Oui.
Yo perdonar a usted el paro de los veinte mil reales.
Es verdad.
Ha cambiado una sola cosa.
¿Cuál?
Que me acompañe a cenar esta noche de Navidad.
De niño siempre era un día especial con mi familia en Córcega.
¿Acepta?
Yo le propongo otro pacto.
Cenamos esta noche y me perdona la deuda.
Y comemos mañana y perdona a los tres presos.
No, no, no, no.
Esos hombres son espías.
Un espía sabe lo que ocurre cuando es apresado.
Esos hombres morirán de un an.
Al amanecer.
¿Te han dejado salir de la celda?
Ya ves.
Y quiere cenar conmigo, como dice la historia.
¿Me ayudas con las cebollas?
Cortalas muy finas y pequeñita, pequeñita.
Pues a ver qué hacemos, porque el plan ya está en marcha.
Mejor, porque yo ya lo he intentado, pero cuando le he dicho de liberar a los
presos se ha puesto como un obelisco.
Me he tenido que poner a cocinar.
Y Ney me ha puesto un soldado en la puerta, por si me da por envenenar a
Napoleón.
Desde luego, hija, ¿cómo se nota que no has cortado una cebolla en tu vida?
¿Puedo ayudar en algo?
Traemos la cena.
Feliz Navidad, padre.
Feliz Navidad, hermana, Amelia.
Rosa os guiará por los pasadizos del convento.
No, de eso ni hablar.
Es muy peligroso, puede costarte la vida.
No me importa.
No sé si mi hijo tendrá padre.
Pero nacerán en España sin franceses.
¿Estás diciendo que estás?
¿Y por qué no dejamos las discusiones familiares para más adelante?
Vamos a buscar a Custias.
Bueno, ya lo hemos rellenado con el sofrito y frotado bien con aceite de
oliva.
Así que ahora viene el toque final.
El romero.
¿Romero?
Es mi secreto.
Le da un sabor y un aroma que ya verá.
Rico, rico.
¿Cocina usted un soubain?
Subán, no.
Pero hago unos souffles que tiembla el misterio.
No, no, no, no.
Quería decir si cocina usted a menudo.
Ah, sí, me gusta mucho, siempre que puedo.
Y el pollo con patatas no sé cuántas veces lo habré hecho.
Era el plato preferido de mi marido.
¿Su marido?
Perdón, mi novio, quería decir.
Uno que tuve cuando era joven, antes de vestir el hábito.
¿Qué ocurrió?
Me engañaba.
Sé que a su manera él me quería.
Pero yo no era feliz.
Yo necesitaba un hombre que me hiciera sentir especial.
Que sin mí la vida no tuviera sentido.
Cuando le dejé, traté de comprender si era culpa mía.
Quizás hice algo mal.
Y buscando respuestas, recibí la llamada de Dios.
Bastardo.
Por su culpa que usted está aquí.
Usted estaba para él, a su disposición.
Y él la traicionó.
Impardonable.
Pase.
¿Puedo hablar con usted?
Sí.
Mañana he de marchar.
Bueno, es lo que tiene querer conquistar el mundo.
No, que es un no parar.
Nunca vivas los momentos apasionantes de la historia.
Bonita frase.
La decía mi abuelo.
Los libros dirán que el ejército francés era el más poderoso.
Pero no hablarán de la soledad, de tantas noches sin compañía.
Bueno, tiene que ser duro no estar con la familia.
Y más en estas fechas.
Ni se lo imagina.
Ni se lo imagina.
No se crea.
Me...
Me hago una idea.
Me hago una idea.
Lo siento.
Lo siento.
Yo me quiero confesar.
¿Es usted católico?
Ah, sí, sí.
Siento que vivo en pecado.
Está bien.
Yo le confesaré.
Ave María Purísima.
San Peche.
¿Cuáles os supeses?
Os deseo.
Gracias.
Es un halago, pero...
Nadie lo sabe, pero os deseo a vos y a muchos hombres.
Mua.
Mua.
Toa queda perdonado.
No hay nada que perdonar.
Es más pecado matar a una persona que desear a un...
a un hombre o a una mujer o a un...
mariscal.
¿Fremont?
¡Fremont!
¿Quién soy yo para criticarle?
Yo le perdono el nombre del padre, del hijo, del Espíritu Santo a mí.
¿Puedo daros...
un abrazo?
Sí.
Pero a mí sí.
Sí.
Vamos, por aquí.
Mayadolid ya está en esa dirección.
Muy bien, pues vamos.
Esperad un momento.
Volveré a por ti, Rosa.
Por favor, no hay tiempo que perder.
Adiós.
Adiós.
Adiós.
Me enamoré de Josefina, nada más verla.
Me enamoré de la mujer más hermosa del mundo.
Yo aún era joven.
Qué bonito.
La próxima primavera hará doce años que nosotros maríe.
¿Que se casaron?
Lo hicimos el día antes de partir a la guerra, en Italí.
Así que ni viaje de novios ni nada.
No, no, no.
Apenas la veo ya.
¿Qué?
Tanto voyage, tanta guerra.
Ahora sé que me engaña con otros.
Claro.
Es que un matrimonio hay que cuidarlo día a día.
Y usted va de guerra en guerra y así no puede ser.
Hay que estar más en casa y batallar menos.
¿Su marido?
Mi novio.
Era mi novio.
¿Su novio?
Era un necio.
Es usted un catatua.
Ay, gracias.
Muy amable.
Pídame lo que quiera.
Lo que quiera, lo que quiera.
¿Que Napoleón va a liberar a los presos?
Sí.
Y me ha nombrado abadésa emperatriz.
Y ha donado al convento un baúl con mil monedas de oro.
Un fortunón.
¿Cómo lo conseguiste?
Todas las personas, por muy célebres que sean algunos, nos parecemos.
Tenemos recuerdos, penas, alegrías.
Y en Navidad ya se sabe.
Todos nos ponemos un poquito moñas.
Ay, he conseguido que la historia no cambie.
Y esta vez me alegro de ello.
Pero se puede saber qué os pasa.
Si la cago, me miráis mal.
Y ahora que lo he arreglado todo...
Angustias, has estado estupenda.
El problema es que nosotros sí hemos cambiado la historia.
Y hemos liberado a los presos.
Si no por León se entera de que se han fugado antes de irse mañana del
convento...
Tomarás represalias con las monjas, con el pueblo, con todos.
Ay, Dios mío.
Con la emoción se me había olvidado lo otro.
Tenemos que conseguir que vuelvan de inmediato.
¿Qué pasa?
¿Qué?
Está bien.
Está bien, hablaré con ellos.
Pero no haces yo que me hagáis un favor.
Si no, nunca me creerán.
Por Dios.
¿Cómo que volvemos al convento si nos acabamos de escapar?
Debes de estar de broma.
Ahora somos libres.
Si volvemos, nos matarán.
Sé que Napoleón ha ordenado liberarnos.
Y os ha perdonado la vida.
A ver, a ver.
Explícanos eso porque yo no lo entiendo.
Mientras nosotros preparábamos nuestra huida, la madre superior estaba negociando
con Napoleón para liberarnos.
Y lo ha conseguido.
¿Y tú cómo lo sabes si no te has separado de nosotros?
Porque le pedí al padre Carrasco que si ello ocurría nos enviara una señal.
Mirad.
Mirad.
Esa es la señal convenida.
No me fío.
¿Puede ser una trampa?
No lo es.
El padre Carrasco y yo éramos los únicos que conocíamos esta artimaña.
¿Qué hacemos?
¿Cómo que qué hacemos?
Esto no es una democracia.
¿Una democracia?
No tengo tiempo de explicarlo ahora.
Hay que volver y volveremos.
¿O preferís que saqueen el convento, que violen a las monjas y que arda a
Tordasillas?
Tienes razón.
Vosotros haced lo que queráis, pero yo vuelvo con Alonso.
Y si todo es mentira y mañana me fusilan, moriré con honor.
Porque sabré que he salvado la vida de la mujer que quiero y del hijo que esperamos.
Así se habla.
¿Volvemos?
Volvemos.
Volvemos.
Vamos.
Vamos a morir.
¿Vamos a morir?
Sí, pero del mandoble que os voy a dar.
¡Arrea!
Buen golpe.
¿Le disteis que aún no ha despertado?
Le he tenido que dar alguno más.
Huele a vino de mesa.
Sí.
Bueno, lo he rociado un poco para que no sospechen.
Sospecharán igual.
El mariscal ley no es tan fácil de engañar.
De eso me encargo yo.
¡Viene alguien!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Dentro!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Mariscal!
¿Qué está pasando aquí?
¡Mariscal!
¡Mariscal!
El prisionero es el PSP.
El prisionero es el suicidio.
Veo que atiende muy bien a estos hombres.
Es mi obligación darles consuelo.
Sobre todo cuando en unas horas van a morir.
No, no van a morir.
Napoleón les ha perdonado.
Bendito sea el emperador.
Salid.
Sois libres.
No tendréis tanta suerte.
Vamos a morir.
No, vamos a morir.
Hay una cosa que no entiendo.
Usted los podía haber liberado.
Yo solo me ocupo de las cosas del espíritu.
Respecto a la conversación que tuvimos...
Mariscal, eso es secreto.
No se preocupe.
Puede usted estar tranquilo.
Siempre nos quedará a París.
Mariscal, presiento que este es el comienzo...
...de una hermosa amistad.
Ha habido algunos cambios en el registro de toros de sillas.
Nada importante.
El propio padre Víctor escribió que al parecer nuestra vadesa...
...cocinó pollo con patatas con el emperador.
Y hubo un cuarto preso que se liberó.
Perfecto, todo arreglado.
No sabe lo feliz que me siento.
Aunque la felicidad siempre es efímera.
Tengo que hablar con usted.
A solas.
Por favor.
Usted dirá...
...aunque me temo que las noticias que trae no sean nada buenas para mí.
Desde este instante queda relevado de sus funciones al cargo de este ministerio.
¿Cómo?
Deduzco por su silencio que no tiene nada que decir.
¿Y ahora qué?
En recompensa por los servicios prestados se le ofrece un puesto...
...en el consejo asesor de una compañía energética.
¿Puede elegirlo usted mismo?
Gracias.
Prefiero jubilarme.
Piénselo.
Solo tendrá que ir a un par de reuniones al año.
Deje de preocuparse por mí.
Y permítame adivinar quién me va a sustituir.
Enhorabuena.
Ya ha conseguido usted lo que quería.
Fuera le espera un chofer con un coche oficial.
Gracias.
Prefiero ir en metro.
De verdad.
Todas rezaremos para que su tía mejore.
Madre.
Madre.
Le echaremos mucho de menos.
Gracias, hermanas.
Sor Flora será una magnífica valesa, estoy segura.
No quiero irme sin deciros que conoceros y estar con vosotras ha sido una experiencia
inolvidable.
Me llevo mucho más de lo que traía y os doy las gracias de corazón.
Como le gustaron tanto, le he preparado unas yemas.
Y también hay queso y pan, por si les entra hambre en el camino.
Sois un cielo.
Cuidaos mucho.
Y tened muchos hijos.
Se hará lo que se pueda.
Gracias por todo, padre.
Y siento lo de...
Nada, nada, nada.
Lo importante es que está todo solucionado.
Tenemos que irnos.
Para ser mi primera misión no ha estado nada mal.
Pero vamos, nada mal, ¿verdad, jefa?
Yo diría que has estado excelente, Angustias.
¿Sabéis de lo que más me alegro?
De que no le he fallado al jefe.
Salvador tiene sus cosas, pero...
es un gran hombre.
¿Qué?
¿Qué?
Sí, señor.
Yo voy a decir...
No, voy a decir una cosa.
Voy a decir una...
una tontería, ¿eh?
Yo así vestido siento cosas.
¿De verdad?
Felicidades por el éxito de su misión.
¿Qué hace usted aquí?
Usted es...
Susana Torres, la nueva subsecretaria.
Y tengo que decirles que a partir de ahora van a cambiar muchas cosas en este
ministerio.
¿Adivinan dónde les voy a mandar?
Pues, hombre, yo me hago una ligera idea.
Irene, ¿de verdad que estás bien?
Los síntomas apuntan que puede ser gripe española.
No vamos a dejar a Irene allí.
Se arrepentirá de haber tomado esta decisión.
Pero tú sabes el frío que hace en el Paleolítico Superior Chiquillá.
Se han suspendido todas las misiones.
Y queda prohibido salir o entrar del edificio.
¡Eh, matasano!
¡Se aclámbale aquí!
Esa gripe embató a 50 millones de personas en un año.
Nunca vi morir a tanta gente en tan poco tiempo.
¡Don Diego!
Angustias, es muy peligroso.
No voy a dejarles solos.
Ese tío esconde algo, no sé.
Don Diego Rodríguez de Silva y Velázquez.
Después de tantos luchos, ya no me voy a morir sin pintar las medrinas.
¿Cuánto tiempo ha pasado?
Toda una vida.
Tenemos una insuficiencia respiratoria aguda.
Ese virus puede estantarse por todo el planeta en menos de 24 horas y caen las
manos equivocadas.
Si quiere, le traigo un traje a ver qué maña se da.
No creo que haya que ir a Harvard para aprender a ponérselo.
¿Qué hacemos?
Encontrar el virus y destruirlo.
Se ha jodido mayor, ¿pero cómo?
Aquí morimos, tío.
¿Qué tendrá este país que cuanto más tonto eres, llegas más alto?
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