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¡A vuestra espalda!
Este tipo es un fenómeno.
¿Dónde vas?
¡Gosa!
¡Gosa!
¡Algo a un copo!
¿Qué cojones?
¡Tuño!
¡No!
¡Este!
¡No!
Coño, coño, coño!
¡Corta!
¡Corta!
¿Qué viene?
¿Qué viene?
¿Qué hacemos?
No tengo ni puta idea.
Hombre, no, hombre, no.
No puede ser.
No puede ser.
No puede ser.
¿Quieres dejar de rodar?
¿Le tomo el pulso?
¿El qué?
El pulso, que sí.
¿Qué pulso?
Ni qué pulso, si la han saltado como un pincho moruno.
Tú eres muy tonto, Ortigosa, eres muy tonto, ¿eh?
No me lo puedo creer.
Tenemos rodada la muerte del Cid.
Sí.
El problema es que ha muerto 20 años antes de lo que dice la historia.
Y por nuestra culpa.
Vaya tela.
¿Y decís que estas patatas se llaman bravas?
Sí.
Me gusta su nombre, suena muy español.
Ya viene.
¿El regalo?
¿Qué pasa, familia?
Julián.
¿Todo bien?
Bien.
Hola.
Ven aquí, hombre, ven aquí.
Un abrazo, joder.
A ver.
¿Cómo estás?
Ahora mismo de lujo.
Bueno, ¿y vosotros qué tal?
¿Todo bien?
Ya se ha vuelto a pasar vuelticante.
Ya no hay hombres tan duros como antes.
¿Como antes?
Soy del siglo XVI.
¿Os parece poco?
Julián...
Es...
¿Es para mí?
Sí.
Es una pequeña bagatela.
Espero que os guste.
Es cojonudo, muchas gracias.
Muy bonito.
Fue idea de vuestros compañeros, por terminator.
Tanto nombrar la película, al final tuvimos que verla.
No está mal.
Un poco fantástica, eso sí.
De la mejor helado.
Sí.
Salvador, ¿dónde está?
Está reunido con la jefa.
Con Susana Torres.
Es el enlace del ministerio con la presidencia de gobierno.
Creo que será mejor que vaya para allá.
No llegue la sangre al río.
Julián, bienvenido.
Muchas gracias.
Mire, le voy a resumir su gestión.
Van a buscar un empresario corrupto al siglo XVI y por poco nos quedamos sin
Lazarillo.
Pero le detuvimos y salvamos a Lázaro.
Casi se les muere el empecinado.
Sí, pero sobrevivió y Napoleón no ganó la guerra.
Seguro le parecerá un éxito también que los nazis invadieran el ministerio.
¿Y lo ha ocurrido con Leiva?
Veo que está muy bien informada.
Sí.
Y no precisamente por usted, que es quien debería hacerlo.
¿Qué me dice de Julián Martínez?
¿Y de ir en el arra?
Los dos llevan meses en tratamiento psicológico.
El ministerio se le está yendo de las manos, señor Martín.
No le voy a consentir ni un fallo más.
¿Entendido?
Ahora me voy.
Que seguro está deseando acordarse de mi madre.
O llamarme zorra, que es lo que más le apetece en este momento.
Ese no es mi estilo.
Me alegro.
No me parece justo que Lola siga encerrada por algo que no hizo.
Pensad que lo está por todo lo que hizo antes y no tuvo castigo.
¿Qué es de Irene?
El tratamiento.
La traición no tiene cura.
Por lo que veo, sigue todo igual.
Y que no cambie.
No sé a que vaya peor.
Se acabó el recreo.
Sí, yo también marcho.
En el Prado dan una conferencia estupenda.
¿De qué tema?
Sobre mí.
Velázquez y la da de oro del ejército español.
La segunda parte del tema me interesa.
Voy con vos.
Aunque supongo que tendremos que cambiarnos, ¿no?
Sí, o nos confundirán con las figuras de los cuadros.
Sayonara, baby.
Así que tenemos un topo en el ministerio.
Si no lo hay, ¿cómo cree que la señora Torres sabría tantas cosas sobre nosotros?
Yo pensé que usted le informaba de todo.
¿Informarla?
¿A ella?
Antes soy capaz de circuncidarme con un cortaúñas en plena Puerta del Sol y sin
anestesia.
Mire, Ernesto.
En todos los años que llevo trabajando en este ministerio, he aprendido algo muy
importante.
Nunca le cuentes un secreto a un político.
Ni a un periodista.
Si hubiera contado todo lo que realmente pasa en este ministerio, a estas alturas
harían preguntas sobre nosotros hasta el saber y ganar.
O en televisión se les hubiera ocurrido hacer alguna serie absurda sobre este
ministerio.
Es que solo de pensarlo se me revolve el estómago.
¿Quiere que habrá una investigación para encontrar al topo?
Piense, Ernesto.
Si la señora Torres me ha contado todo lo que sabe de nosotros...
Es lo primero que calcula que haríamos.
Abrir una investigación.
Exacto.
Bien.
Ahora tenemos un problema importante que resolver.
Y no es ninguna tontería.
No deberías haber venido conmigo a salvar a Maite.
Nadie me obligó a ir.
Gracias por acompañarme, de todas formas.
¿Volviste a ver a tu nieta?
No.
Mejor no saber nada del futuro.
O del pasado.
En este ministerio no sé nunca qué es una cosa y qué es otra.
Sí.
Este ministerio te acaba volviendo loco.
Pero es lo único que tengo.
Es como el chiste ese de Woody Allen que hay dos abuelas comiendo en un asilo.
Y dice una, vaya mierda de comida.
Y la otra dice, y qué poca nos dan.
Es la mejor definición que he oído de lo que es la vida.
¿Te pasa algo?
Perdona.
Nos llaman.
Hablamos luego.
El mío no ha sonado.
¿Qué tal?
Lo siento, señor Martínez, pero usted no está convocado a esta reunión.
En cuanto termine, me reúno con usted.
Bien, les pido la máxima atención.
Una de las figuras más importantes de nuestra historia puede estar en tela de
juicio.
¿De quién se trata?
De alguien que no creo necesite presentación.
El Cid Campeador.
El mismo.
El impacto de su figura tanto en España como en el mundo entero es inigualable.
Se han escrito obras de teatro, óperas, se han hecho películas.
Ah, y también una serie de dibujos animados.
Impresionante.
¿Y cuál es el problema?
Han aparecido en Valencia unos huesos que al parecer son suyos.
¿Pero los huesos del Cid no estaban en la Catedral de Burgos?
Sí, parte de ellos, sí.
Y son auténticos, porque el ADN así lo demuestra.
¿ADN?
Sí.
Perdón, el ADN...
A ver cómo se lo explico.
El ADN...
Bueno, es algo que tenemos todos.
¿Yo tengo de eso también?
Sí, sí.
Alonso, usted también lo tiene.
Pues nunca había notado nada raro.
¿Por qué va por dentro?
El ADN es una información que se encuentra en todas las células del cuerpo.
En los huesos, en la sangre...
Lo importante es que con una pequeña muestra se puede identificar a una
persona.
¿Y cómo consiguieron la del Cid?
Viajando a 1053.
Cuando todavía era un niño.
Se me ha caído un diente.
¡Qué bien, Rodrigo!
¿Y dónde lo has dejado?
¿De verdad queréis saberlo?
Claro.
Lo vamos a llevar al ratoncito Pérez.
¿A quién?
Entonces, si los huesos que están en Burgos son verdaderos, los de Valencia
serán falsos.
Eso no... no está tan claro.
Junto a los huesos se encontraron un anillo.
Y, según nuestra documentación, pertenece al mismísimo Cid.
Como también la espada que apareció junto a sus restos.
¿La tizona?
¿Pero no estaba también en Burgos?
Esa es de Atrezo.
La compramos en Toledo.
Pero vamos a ver.
Si ese niño es el Cid y ahora parece que hay otro Cid, ¿qué pasa?
¿Que hay dos Cid?
Eso...
Es lo que tienen que averiguar.
Viajarán a Valencia, 1099.
Y entrarán en contacto con él.
Por aquella época tendría unos 50 años.
También...
También lo tendrán en la muestra para analizar su ADN.
¿Le pasa algo, Alonso?
Que voy a conocer al guerrero más importante de nuestra historia y resulta
que le tengo que arrancar un diente.
Porque me imagino que no se lo dejará sacar así por las buenas.
Tranquilo.
Aparte de la sangre, el ADN también se puede encontrar en la saliva.
Pues sí que lo está arreglando, sí.
Porque yo admiro al Cid más que a nadie.
Pero vamos a ir hasta allí para recoger sus esputos, me parece que no...
Vamos a ver, Alonso.
No le tiene por qué escupir.
El ADN también se puede encontrar en un vaso, en una copa, en un pañuelo...
Alonso.
Antes de ir, Ernesto le explicará con más detalle cómo obtener la muestra.
¿Y Julián?
No se incorporará a las misiones de campo hasta Nueva Orden.
¿Entonces iremos nosotros solos?
No.
Tendrán un refuerzo especial.
Buenas.
Venía por la entrevista de trabajo.
Un agente les espera en una puerta móvil a la entrada de Valencia.
Y recuerden, no deben combatir.
Solo deben hacerlo en defensa propia.
En lo demás, atiendan las órdenes de Amelia.
¿Ella es la jefa?
Sí.
¿Desde cuándo una mujer manda a dos soldados?
Desde que le ha tocado un ADN más privilegiado que el suyo.
¿O qué?
Pero si se lo acabo de explicar mientras se vestían para la visión.
No se preocupe.
Yo se lo aclaro de camino.
Entonces ya me quedo más tranquilo.
Vayan.
Me estás pisando.
Perdonad.
Es que me he enganchado.
Amigo, trabajo para el ministerio.
¡Cállate, el aceno!
Alonso, por Dios, suéltalo.
No, antes de que confiese que ha hecho con la gente que nos esperaba.
Él es el agente.
No todos los musulmanes son enemigos.
Los que están en guerra son los almorávides, una tribu del norte de
África.
Son muy feroces.
Lo peor se lo digo yo.
Pero el resto de la España musulmana convive en paz con los cristianos en
reinos de taifas.
Llevan siglos aquí, no son conquistadores.
No entiendo nada.
Pero si vos lo decís...
Amelia Folk.
Yusuf ibn Hebrun.
Os debo la vida, señorita.
Tengo algo para vos.
Nos encontramos aquí.
A la altura del Hemsi.
A unas seis leguas de balancía.
Gracias.
Vamos.
Yusuf, ¿no?
Os pido disculpas, hombre.
Desde tiempos inmemoriales, la gente de vuestra raza ha sido enemigos de mi
familia.
Fueron enemigos de mis abuelos, de mis padres, de mí mismo.
Como veis, me viene de familia.
Vamos, que lo llevo en el ADN.
¿ADN?
Luego a la vuelta os lo explico.
¿Por qué no me ha dejado ir con mis compañeros?
Porque es pronto.
Eso es injusto y lo sabe.
Lo que es injusto es la vida.
Pero es lo que hay.
Son las reglas.
Ah.
En este ministerio las reglas no son iguales para todos.
Usted se las salta cuando le dé la gana.
Se equivoca.
Si alguna vez me he saltado las reglas, me he sido para ayudar.
¿Ah, sí?
¿A quién?
¿A sus amigos?
No.
A esos agentes que se dejan la vida por el ministerio.
Ustedes sin ir más lejos.
¿Por qué se cree?
¿Que no sé de las veces que ha ido a ver a su esposa?
Cuando lo supe, decidí mirar para otro lado.
Como lo hice cuando se ha parado la vida del hijo de Alonso.
O con esa manía de Amélie de ir a visitar su propia tumba.
O con Irene.
Cuando se va a ligar a otras épocas.
Creo que el único que no he pillado ningún renuncio ha sido Ernesto.
¿Sabía todo eso?
Hace tiempo que decidí que era la única compensación a cambio de tanto sacrificio.
Ustedes tienen que salvar la vida de gente ilustre.
Pero no pueden hacer nada por salvar la vida de sus hijos.
O...
O de sus padres.
O de sus esposas.
Y eso sí que es injusto.
Entonces, ¿por qué me aparto del servicio ahora?
Porque hay una frontera que no estoy dispuesto a permitir que se cruce.
Ponen en peligro la vida de sus compañeros.
Y usted la ha cruzado varias veces.
Muy bien.
¿Qué piensa hacer conmigo?
Acompáñeme, por favor.
¿A quién espera esta gente?
A usted.
No sé si hemos hecho bien en acampar.
Estamos muy cerca.
Sé que tienes muchas ganas de conocer al Cid.
Pero si seguimos, será de noche y los caminos serán más peligrosos.
Tener razón.
Gracias.
Echo de menos a Julián.
Espero que se recupere pronto.
¿Crees que no lo está?
No.
Sigue teniendo la misma rabia.
Sigue sufriendo por su esposa.
Yo lo entiendo.
A mí me pasaría lo mismo.
¿Qué?
¿Aún con el mapa?
Sí.
Estamos discutiendo a ver cuál es el mejor camino para llegar mañana a Valencia.
Mientras haya una mujer leyendo el mapa, ni mañana, ni pasado mañana.
¿Sabe una cosa, Espínola?
Está empezando a cansarme.
Mucho.
Ambrosio.
Ambrosio.
Así me llaman mis amigas.
Sobre todo si son hermosas como vos.
No sé si soy hermosa.
Pero sí sé dos cosas.
Una, no soy su amiga.
Y dos, soy su superior en esta misión.
Creo que tendré que recordaros con quién estáis hablando.
Soy Ambrosio Espínola.
Capitán en general por la gracia del rey Felipe III.
Soy el hombre que rindió Breda.
¿Quién sois vos para darme órdenes, jovencita?
¿Y si vamos asando a los conejos?
No interrumpáis.
Decidme.
¿Estáis en algún libro de historia?
¿Aparecéis en algún museo?
No tiene que recordarme quién es.
Estudia su vida en la universidad.
¿Y qué sabéis de mí?
Que pocas veces un héroe tan grande fue tan humillado por su propio rey.
El conde duque de Olivares le desautorizó en Mantua tras rendir la plaza.
Le dejó en ridículo.
¿Y el rey qué hizo?
Nada.
Sí, rindió Breda.
¿Pero para qué?
El rey abandonó Flandes a su suerte.
El mismo rey que le dejó en la ruina porque usted mismo pagaba a sus soldados.
¿Es eso cierto?
Solo le recordaré dos palabras.
Honor y reputación.
Será mejor que prepare la cena.
Yo os ayudo a desallar los bichos.
Los conejos bien hechos, por favor.
Bien que se sabe mi vida, la condenada.
Se sabe toda la historia como si lo hubiera escrito ella.
Pero yo no se lo digo para que no se le suban los humos.
Pues llegáis tarde.
Porque es más orgullosa que Isabel la Católica.
¿Qué quiso decir antes Amelia con lo de honor y reputación?
Porque os mudó el gesto.
Preferiría no hablar del tema.
Ese cabrón de olivares.
No.
Prended fuego con esto.
¿Eso qué es?
Una pequeña máquina de hacer fuego del siglo XXI.
A ver.
Déjame.
Es increíble.
El que miento este cachivache es un genio.
Espínola.
Estaba de guardia.
Eran muchos.
Y nuestra misión es no combatir contra caballeros cristianos.
Estas son las órdenes.
¿Estáis bien señora?
Estaría mejor si no nos trataseis de enemigos.
Estos caballeros me acompañan a mi destino.
Vuestros modales son delicados.
Vuestros ropajes de rango y vuestros caballos de raza.
¿Quién sois?
Acompañamos a la dama Ateruel por encargo de su padre.
Don Antón Muñoz.
Señor de Uclés.
Mi buen padre quiere alejarme de estas tierras revueltas.
Mi nombre es Inés.
¿Quién sois vos?
Rodrigo Díaz de Vivar me llaman.
¿Vos sois el TIR?
¿Sabéis de mí?
Necio sería quien nos conociera.
Tan grandes son vuestras hazañas.
Perdonad el asalto.
Estos caminos son peligrosos y más para una dama.
Hasta ahora no hemos sufrido percance alguno.
¡A cubierto!
¡Carencia la dama!
Gracias.
¡Yipi-cayé y de putas!
¿Qué ha dicho?
Que ahora nos toca a nosotros.
¡A sangre y fuego!
¡A sangre y fuego!
¡A sangre y fuego!
¡A sangre y fuego!
Me extraña que mi buen Minaya no os recordara de la toma de Aledo.
Si luchasteis con la misma bravura que hoy...
para bravura la vuestra, señor.
Hacen falta más hombres como vos en Castilla, valientes.
Gracias.
Es un honor.
Bueno, basta de hablar.
Sabias palabras.
Vamos a celebrar la victoria.
¿No podemos lavarnos antes?
Os lavaréis.
Amina, traed los aguamaniles.
Ella es Jimena, mi esposa.
Y el mejor regalo que Dios me dio.
Disculpad los modales de mi esposo.
Ya sabéis cómo son los hombres.
En cuanto hayan saciado su hombre, estaremos otra vez entre caballeros.
Pero continuad, don Rodrigo.
Atacasteis después de que os quitaran el agua.
Llegados a ese punto, era luchar o morir.
Y, sinceramente, prefiero morir de un espadazo que de sed.
Si hubierais visto los pendones blancos teñidos de rojo sangre.
Unos gritaban Mahoma, otros Santiago.
1.300 enemigos cayeron.
Doscientos hombres perdí.
Así es la guerra.
Matar desconocidos y perder amigos.
Oh, Alonso.
La guerra es conquista.
Dignidad y honor.
Seguid contándoles vuestras hazañas, os lo ruego.
¿De verdad queréis que siga?
Me siento como un abuelo contando batallas a sus hijos.
No temáis.
Doy fe de que es la conversación favorita de mis caballeros.
¿Y vos?
¿Estáis casada?
No.
Bueno, todavía, sois muy joven.
Tenéis tiempo.
Rogad a Dios para tener la fortuna que he tenido.
Muchas damas secas son obligadas, pocas por amor.
Yo soy una de ellas.
Escuché que ganasteis la tizona arrebatándosela al mismísimo rey de
Marruecos.
Yo mismo le hundí la colada desde el yelmo hasta la cintura.
Y así gané la tizona.
Hay señores que no se manchan las manos.
Dejan que sus tropas luchen por ellos.
Vos no sois de esa calaña.
Por las victorias con honra.
Sea.
Mi padre me contó que antes de ser desterrado, vos mismo tomasteis juramento
al rey Alfonso.
Así fue.
En Santa Gadea de Burgos, donde jura los hijos de algo, le tomé la jura a Alfonso.
Por la muerte de su hermano.
Antes de que esos mestureros hablaran mal de mi marido.
No quiero aburrirles con mis historias.
Me voy a dormir.
Les ruego, por favor, que se queden un rato.
Iré en buena cuenta de ese vino.
Así se hará.
Amina está preparando vuestros aposentos.
Cuando estén prestos, ella os llevará hasta ellos.
Descansad.
Vos también.
No, pero que ese es la copa del Cid.
Lo siento, no me he dado cuenta.
¿Qué problema hay?
El ADN.
Eso también está aquí.
No sé si os estáis haciendo el necio o es que lo sois, Espínola.
Ese hombre es un impostor y tenemos que probarlo.
Un impostor.
Habla como el Cid.
Lucha como el Cid.
Está casado con la mujer del Cid.
Yo no soy tan leído como vos, pero...
No os dais cuenta de que su vida es exacta la que aparece en el cantar.
Se lo sabe de memoria.
No, es su historia como lo se lo va a saber.
El cantar es la leyenda, no la historia.
Tanto estudios nubla el entendimiento.
Deberíais relajaros.
Es bueno para el cutis.
Sus aposentos están listos.
¿A qué os referíais con eso de la leyenda?
El cantar recoge la leyenda, no la historia.
Cuando lo he preguntado por la jura de Santa Gadea me ha dicho que estuvo allí.
Pero Espínola ha dicho que también había oído hablar de ello.
Y el caso es que a mí me suena.
Porque es un poema del romancero viejo, no porque haya sucedido.
Si esto lo ha recitado en verso.
Pero porque es un hombre culto.
Alonso, por favor.
Algo bueno tendrá, ¿no?
Esta es vuestra tienda.
La siguiente es la del caballero.
Muchas gracias, Amina.
En fin, mañana será otro día.
Con Dios.
Buenas noches.
Vigilar que no pase nadie.
Sí, señor.
¿Nombre?
Blas.
¿Apellido?
De Lezo y Olavarrieta.
Si seguís escribiendo tanto voy a empezar a preocuparme.
No hay por qué.
Solo tiene que cuidarse la atención.
Si solo es eso.
La vista del ojo izquierdo bien, ¿no?
Por lo que veo no ha empeorado desde el último informe.
Bueno, pues esto ya está.
Puede irse.
Buena suerte.
No hay buena suerte.
Solo existe la mala suerte.
Si es tan amable, dígale al siguiente que pase.
Señorita, su turno.
Hola, Julián.
¿Cuánto tiempo sin vernos?
No, no, aún no tenemos la muestra.
Confío en conseguirla hoy.
¿Cómo ha llegado a esta conclusión?
Habla como si se supiera el romance del mío cit en memoria.
Le llamo desde 1099.
El original no se empezó a copiar hasta el siglo XIV.
¡Qué barbaridad!
Eso es una enciclopedia, señorita Fork.
Habría que traer a ese hombre aquí.
No va a ser fácil.
No sé decir, pero lucha como él.
Y sus hombres le idolatran.
Tengo que colgar.
Hay movimiento fuera.
Buenos días.
¿Me buscabais?
Iba a entrar en vuestros aposentos.
Pero oí que hablabais.
Pensé que estabais con alguien.
Estaba rezando, en voz alta.
¿Habéis visto mis guardas?
Han salido con mi esposo a combatir.
Un vigía ha visto tropas enemigas cerca, cortando el camino de Valencia.
Estamos en peligro.
Tranquila.
Con mi marido estamos seguras.
Y con vuestros hombres más.
Rodrigo me dijo anoche que valen por diez hombres, cada uno de ellos.
Si me permitís, me gustaría seguir rezando para pedirle a Dios que no les pase nada.
Siento no acompañaros.
Tengo que preparar la partida hacia nuestro hogar.
No sabéis las ganas que tengo de llegar al castillo de Valencia.
Ernesto, déjenos solos.
Bienvenida.
Gracias.
No todo el mundo piensa lo mismo que usted.
Tiene su lógica.
¿No creo?
Bien.
Hablemos de su futuro.
Creía que íbamos a hablar del pasado.
El pasado es leche derramada.
No se puede recoger.
Siempre hay que aprender de lo ocurrido.
Siento lo que hice.
¿Pero?
Hay muchas cosas que no comparto.
Lo sé.
Y agradezco su sinceridad.
Acepto cualquier decisión que tome.
Entendería que me degradara gente de campo o administración.
Quiero que vuelva al puesto que tenía.
Pero depende de usted.
Será en suplicio, pero en sus manos está el querer sufrirlo.
Sabe que esta decisión le va a traer problemas.
¿Por qué lo hace?
Cosas mías.
¿Acepta?
Acepto.
Bien.
¿Sabéis?
Creo que me voy a mudar a esta época.
Me siento rejuvenecido.
No sabéis cómo os entiendo.
Lástima que tengamos que volver al ministerio.
¿Volver?
¿Por qué?
Es la sangre del Cid.
Limpió una herida que le hizo un serraceno.
Ya tenemos su ADN.
No, esperad.
Espínola, por Dios.
Espínola.
¿Qué parte de no combatir?
¿No entendéis?
¿Y a vos?
¿Qué tipo de ocasión os dieron que no sabéis cómo tratar a dos caballeros?
¡Basta ya de discutir, por favor!
Ya tengo el ADN del Cid.
Por eso salí a batallar con él.
Muchas gracias.
Pero ya no es necesario.
Mirad.
¿Eso es el claustro del ministerio?
Sí.
En 1960.
Es un impostor.
Encerradlos.
¿Cómo avanzar la tecnología?
Está de puta madre, ¿eh?
¿De qué año decís que venís?
Del 2016.
El último y principal ministerio.
¿Y vos?
De 1960.
Pero no me hables de vos, ¿eh?
No me hables de vos.
Qué martirio estar todo el día hablando así.
Sí.
Llevo 20 años aquí.
Todavía no me he acostumbrado.
¿Trabajáis para el ministerio?
¿No sois el verdadero Cid?
No.
No soy el verdadero Cid.
Pues mereceríais serlo.
Gracias.
He visto a pocos combatir como vos.
Ambrosio Espínola.
En efecto.
¡Joder!
Pero ¿cómo no me he dado cuenta antes?
Yo soy un admirador tuyo.
Es un honor.
Es un honor conocerte.
El honor es mío, amigo.
No es un amigo.
Es un traidor, por mucho que nos pese.
Llevo 20 años alejado de mi familia.
Le he entregado mi vida al ministerio.
No consiento que nadie me llame traidor, ¿estamos?
¿Por qué habéis venido?
Se encontraron unos huesos al lado de la tizona y un anillo.
Un anillo exactamente igual al que vos lleváis.
Procuraré corregir ese error antes de morir.
¿Quién es usted?
Soy Rogelio Buendía Ortiz.
Agente 185, patrulla 23.
Del ministerio de 1960.
¿Y qué hacéis aquí?
Cometí un error.
Y lo estoy pagando con mi propia vida.
En 1960, Charlton Heston y Sofía Loren vinieron a España a rodar una película
sobre el Cid.
El señor Heston quería documentarse sobre el Cid y se entrevistó con Menéndez Pidal,
que además de ser el presidente de la Real Academia, era un experto sobre el Cid
campeador.
¿Qué dice?
Pregunta que si está usted seguro que en los tiempos del Cid no tenían rifles.
¿Pero cómo iban a tener rifles en aquella época, por Dios?
Es que los Estados Unidos no estudian ni el bachillerato.
No, no tienen rifles.
Oh.
Otra pregunta.
¿Cuál es la relación entre el Cid y Cristóbal Colón?
Dice...
¿Qué dice, Recorcholis?
Pregunta que cuál era la relación entre el Cid campeador y Cristóbal Colón.
Madre del amor bendito, este hombre si nace más siempre nace bontijo.
¿Bontijo?
Dígale que la única relación que tienen es la letra C.
Decid, de Cristóbal de Colón y de los cojones que hay que tener para hacer estas
preguntas.
Menéndez Pidal mandó a Heston a plantar pepinos.
Este se enfadó y dijo que no rodaba la película, que no tenía suficiente material
para poder interiorizar su personaje.
¿Interiorizar?
¿Eso qué es?
Seguro que tiene que ver con el ADN.
¿Seguro?
¿El ADN?
¿Qué es el ADN?
Dejadla continuar, por favor.
Cuando a Menéndez Pidal se le pasó el cabreo y se enteró de que Heston no rodaba
la película, nos pidió un favor.
¿Pero cómo?
¿Conocía la existencia del ministerio?
Sí, claro que la conocía.
Fue agente del ministerio.
Creo que incluso llegó a ser consejero honorario.
¿Y cuál era el favor?
Nos pidió que rodáramos una película documental sobre el verdadero Sid.
Así, Heston tendría material suficiente como para poder encarnar el personaje.
Por eso viajamos al año 1079.
Coño, coño, coño.
Corta.
Corta, corta, corta, corta.
Hostia.
El auténtico Sid murió por vuestra culpa.
Sí.
Veinte años antes de lo previsto.
Inmediatamente volví al ministerio.
Hostia puta, ¿sabe lo que ha hecho?
Se ha cargado a Sid, símbolo de España.
Valguarte de nuestra historia.
Por ciento, señor.
Aunque también le digo que por lo que vi del Sid, se trataba más de un mercenario
que de otra cosa.
Ve, hombre.
Encima que se muere por su culpa, ahora le pone verde.
Con el debido respeto, señor.
Una cosa es la leyenda y otra muy distinta a la historia.
¿Aceptó dar su vida por este simulacro?
Pero ha de ser un secreto entre nosotros.
Nadie debe saber nada de su nueva misión.
Ni ahora, ni nunca.
¿Entendido?
Soy un soldado.
Obedezco órdenes.
Además, si alguien tenía que cargar con esa responsabilidad, ese era yo.
Lo dejasteis todo por el ministerio.
Como yo.
Llevo veinte años sin ver a mi familia.
Lo único que conservo de ellos son unas fotos.
Nada más.
¿Qué va a hacer con nosotros?
Tranquila, no os voy a hacer ningún daño.
La fecha de mi muerte es justo dentro de treinta días.
Para entonces le diré a Jimena que os libere.
Le ordeno que pare esta locura.
No es necesario que muera.
Lo siento.
Juré cumplir esta misión y es lo que pienso hacer.
La madre que me parió.
Es inútil.
Me está vigilando.
Es el protocolo en situaciones como la suya.
¿Qué han hecho con la puerta?
Está bloqueada como la 58.
Nuestros ingenieros la han comunicado con otra puerta que le devuelve
automáticamente al ministerio, como ha podido comprobar.
Son unos virgueros.
¿Sí?
Unos virgueros, ¿eh?
Sé lo mucho que ha sufrido.
No dudo.
Ese es su problema.
Que se cree el campeón del sufrimiento.
¿Sabe, Julián?
Yo también perdí a mi esposa.
No era tan joven como usted.
Pero su marcha me dejó hundido.
Como usted, empecé a ir a verla al pasado.
Y como usted pensé en salvarla.
Con el tiempo aparecieron medicamentos nuevos que podían curar su enfermedad.
Lo mismo que quería hacerle iba con su hijo y usted se lo prohibió.
Por eso precisamente no le envié las medicinas a mi esposa.
No cometa usted un error que...
que puede ser su pesadilla durante toda su vida.
Yo ya tengo una que me va a acompañar siempre, no se preocupe.
Sí, lo sé.
Por eso quiere salvarla.
¿Pero sabe las consecuencias que podría acarrear si lo consigue?
Es que me da igual, Salvador.
Me da igual.
¿Seguro?
Si usted vuelve al pasado y la salva, jamás habría entrado en el ministerio.
Lope de Vega y el empecinado harían muerto.
Quizá Alonso o Ernesto también lo estarían por culpa de Leibold.
Va usted a cambiar la vida de su esposa por la de tanta gente.
No vayáis.
Os lo ruego.
Es mi obligación.
Siempre pienso que algún día no volveréis.
Aún no ha llegado mi hora, no os preocupéis.
Además, os lo voy a vigilar, no a combatir.
¿Quiénes son nuestros invitados?
Decid mejor nuestros presos.
Todo está en orden, Jimena.
Yo no quiero discutir con vos, pero...
pero reconocedme que ese hombre es un héroe.
Sí.
Pero por una causa equivocada.
No estoy de acuerdo.
Este compañero ha dado su vida para que la historia siga siendo tal cual es.
Aunque sea falsa.
Falsa o no falsa, ¿qué más da?
Yo no he estudiado tanto como vos, pero en mi época también se escuchaban
cantares que hablaban de grandes victorias y de reyes invencibles.
Nadie le canta al rey que pierde o a los hombres que murieron en la batalla.
La historia la escriben siempre los que ganan, no los que poseen la verdad.
Quiero hablar con vos.
¿Sabéis que vuestro marido es mi impostor?
Desde el primer día no soy necia.
¿Y cómo permitís que un hombre que no es vuestro esposo duerma con vos?
Porque es mil veces mejor.
Es leal, noble, cariñoso.
Combate por causas justas, no por quien más le paga.
Hasta le dio su merecido a los infantes de Carrión, no le puedo pedir más.
Quiero que me expliquéis lo que no entiendo.
¿No habéis hablado con él de lo que guarda el baúl?
Temo que me dejes y le hablo de ello.
Nunca vi dibujos igual.
No son dibujos.
¿Es magia?
Casi.
De donde vengo hay unos artefactos que fijan así la imagen.
Es como si ese artefacto le robara el alma a la gente.
No.
Es solo el reflejo.
Entonces son personas reales.
Parece un milagro.
¿Aurora es real?
Sí.
Fue su esposa en otro lugar y en otro tiempo.
Tenéis que convencer a vuestro marido de que vuelva con nosotros.
Si no lo hace, morirá.
Mentis.
Mi marido no puede morir.
Es un ángel que viaja por el tiempo.
Los ángeles como él.
O como vos.
Sois inmortales.
Señora.
Vuestro marido.
Te traigo el cafetito.
Gracias, angustias.
Lo necesitaba.
Espera.
A ver si tengo suelto.
Regalo de la casa.
Por las pastillitas para dormir del otro día.
Hasta luego.
Gracias, hasta luego.
Mala noche, ¿eh?
La tuya no ha sido mejor.
Te va a doler.
Dale ahí, sin miedo.
Perfecto.
¿De dónde vienes?
Del 142 a.C.
De salvarle el culo a Viriato.
Que no sepa qué, si va a morirse tres años después.
Así que...
Pues te han dado una buena paliza.
Los romanos.
Que son unos cabrones.
Siéntate.
Nos han reventado, a ver.
Pero bueno, hay sitios peores.
Ah, ¿sí?
Cualquiera lo diría.
Tío, he visto cosas que no creería.
He visto dos soldados españoles pelearse apuñalados por ocupar el último sitio en
un carro de rescate.
¿Eso dónde?
En el Rif, en 1926.
Muy chungo, tío.
Pero lo peor que he visto ha sido la guerra de Cuba.
La de 1895.
De esa ya sé algo más.
¿Sí?
Pues yo lo sé todo.
Estuve allí dos años.
Ahí habían chavales que no habían cogido un fusil en su puta vida.
Carne de cañón.
No duraban ni un combate.
Y si sobrevivían, morían enfermos.
Sin médicos, sin medicina...
Una mierda.
¿De qué época eres?
De 1982.
Como naranjito.
Desde luego no has tenido suerte con tus destinos en este ministerio.
Soy un soldado.
Y ahí voy, de guerra en guerra.
Malviviendo.
Bueno.
Voy a ver a Viriato.
A pasar el rato.
¿Eso qué?
¿Es un chiste?
Eso es flow, hermano.
Deberías descansar.
Ya descansaré cuando me muera.
Tengo que volver.
He dejado a dos colegas de patrulla allí colgados y...
Los colegas son lo más sagrado, compadre.
Había bayas pluni.
Amor mío.
Resistir.
Creo que...
Creo que esta vez va a ser un poco difícil.
Jimena.
¿Has avisado a nuestros invitados?
Esperan en la puerta.
Quiero verlos.
Quiero verlos.
No.
No.
No.
No.
Pero... no... no me queda demasiado tiempo.
Compañeros... y la misión sin cumplir... por un mes, maldita sea.
Tranquilitaos, debéis reposar.
Ahora... ahora atacará a Benchusuf.
¿No escucháis... no escucháis sus tambores?
¿No escucháis los tambores?
Me creen muerto.
Yo... yo... en la historia se me ha ido de las manos.
Me... debí... debí morir por una... por una flecha perdida.
Y no de un espadazo.
Nadie... me subirá al caballo.
Y no ganaré la batalla después de muerto.
Yo...
Yo la ganaré por vos.
Montaré vuestro caballo y llevaré vuestras armas.
Os lo juro.
Siento...
Siento todo este lío, compañeros.
Tomad mi anillo.
Nuestra...?
No elegí como vete el apoyo.
Los huesos del verdadero Sid.
É verdadeiro Sid.
Servide.
En un arcón... a cien metros del castillo, al oeste.
Que todo se haga... como dice la historia, ¿no?
Gracias.
Gracias.
Os prohíbo que salgáis a combatir.
He jurado.
Y lo que juro lo cumplo.
Y yo lucharé a vuestro lado.
Será un honor.
Pero estamos cambiando la historia.
Tú nunca fuiste al Cid.
Ni el compañero que se está muriendo ahí tampoco.
Pero la historia dice que fue así.
No la vamos a cambiar.
Aunque yo no voy a combatir por la historia.
¿Y entonces por qué vas a arriesgar tu vida?
Por un compañero que se ha pasado aquí 20 años.
Porque su sacrificio no puede quedar en balde.
Y si muero en la batalla, tampoco cambiaremos la historia.
Yo ya estoy muerto.
Me gustaría que me dierais vuestro permiso.
Lucharía más tranquilo.
Lo tienes.
Volvédsemos y salvos, por favor.
El mundo me recordará por el cuadro de Velázquez.
Pero...
La realidad fue más triste.
Sí.
Cometí el error de leer en los libros como acabó mi vida.
Arruinado y vilipendiado.
Así trata España a sus héroes.
Eso es lo que he aprendido desde que trabajo en el ministerio.
¿Sabéis cuáles fueron las últimas palabras que le dije a mi hijo en mi lecho de
muerte?
Honor y reputación.
Yo dejé este mundo sin ambas cosas.
Así que si ahora muero en esta batalla, no me importa.
Porque será por salvar el honor y la reputación de ese hombre.
que ha dado 20 años de su vida por cumplir una orden.
Que así sea.
Solo por tenerte entre las manos ya merece la pena haber nacido.
Un impostor.
Vos sois mi verdadera María.
Lo seréis siempre.
Cuando muera...
Haced...
Todo lo que os diga, Amelia.
No podéis morir.
¿Estás ahí?
No te veo.
¿Estás ahí?
Aurora.
¿Estás ahí, Aurora?
Sí, mi amor.
Aquí estoy.
Soy vuestra Aurora.
Gracias a Dios.
Gracias.
¿Sí?
Angustias.
Hola, Julián.
Dime.
¿Me puedes traer un café?
Estoy muy liado.
Pues claro.
¿Cómo lo quieres?
Solo y con azúcar.
Perfecto.
En cinco minutos estoy allí.
Vale, gracias.
Oye, una cosita.
Amelia y Alonso, ¿han llegado ya?
¿Están bien?
Perfectamente.
Aquí les tengo dando el parte al jefe.
Ok.
Venga, gracias.
Hasta luego.
¿Es necesario que ella esté aquí?
Lo es.
Vuelve a su puesto.
No os voy a pedir perdón porque sé muy bien que el perdón no se regala.
Pero os demostraré que podéis volver a confiar en mí.
Nací hace cinco siglos.
Otros tantos vais a necesitar para que vuelva a confiar en vos.
Yo no sé lo que está pasando, pero he visto arder brujas en la hoguera que eran
menos asociadas que vos.
Señores, ya está bien.
Les exijo que guarden la disciplina adecuada para este ministerio.
Sé que es difícil porque todos hemos cometido errores.
Yo el primero.
Pero el ministerio está atravesando un momento delicado y les necesito a todos.
¿Me han oído decir alguna vez esto?
No, señor.
Pues sí, les... les necesito.
A ustedes y al señor Martínez cuando vuelva a incorporarse.
Son mi mejor equipo y no pienso perderlo, ¿entendido?
Bien.
Y ahora, señorita Forks, si es tan amable, cuéntenos cómo ha ido todo con el Cid.
¿Julian?
Por último, le dimos los huesos del verdadero Cid a Jimena.
Ella hará lo que está escrito en la historia.
Bien, pues les felicito.
Han hecho un buen trabajo.
Bueno, si es verdad lo que me cuentan, porque...
porque les veo un poco magullados.
Nos atacaron al regresar hacia la puerta.
Los que lo hicieron quedaron peor parados.
¿Y usted, Espinola?
No tiene nada que decir.
No.
Simplemente que ha sido un honor servir con la patrulla y que...
pueden volver a llamarme.
Siempre y cuando la señorita Forks lo tenga inconveniente.
El honor ha sido mío.
Y...
¿Qué le ocurre, Agustias?
Julián.
Se ha ido por una de las puertas.
¿Por cuál?
No lo dice.
Deme la carta para que la lea.
Siento haberme ido sin despedirme.
Mejor así.
Las despedidas son siempre tristes.
No me busquéis.
Solo necesitáis saber que voy donde pueda ayudar a los demás.
Voy donde nadie sepa de mi pasado ni de mis problemas.
Amelia.
Eres la mejor jefa que he tenido y una de las dos mujeres más maravillosas que he
conocido.
Alonso.
Nunca había apreciado tanto a nadie tan diferente a mí.
Me hubiera encantado que fueras amigo mío de pequeño.
En mi barrio me habrías hecho mucha falta.
Angustias.
No te rindas.
Nunca.
Pero procura dormir, por favor.
Y sin pastillas.
Ernesto...
Ha sido un honor trabajar con alguien con esa ética y con ese traje de James Bond de
los 70.
Solo un consejo.
Sonría.
Aunque sea de vez en cuando.
Por último...
Irene.
No te diré nada.
Se lo diré a los demás.
Apoyadla.
Sé que os será difícil, pero conmigo lo habéis hecho cuando os he fallado.
Que no han sido pocas veces.
Ayer alguien me dijo que los compañeros son sagrados.
Es lo que sois vosotros para mí.
Un abrazo a todos.
Ha llegado nuestro conocimiento.
La existencia de una puerta de tiempo no registrada por el ministerio.
No es la primera.
Ni será la última.
Pero esta trae sorpresa.
Por ella ha viajado un asesino hasta nuestros días.
Quien ha hecho esto no es un ser humano.
Es una bestia.
Carmen Salgado.
También madre soltera.
29 años.
Año 1946.
Como la mujer que mató en 1981.
Entonces hay más muertes, estoy segura.
Son donaciones a un mismo orfanato.
Mucho dinero a lo largo de varias décadas.
Todas con el mismo nombre.
Francisco Morán.
Exacto.
Va para allá.
¿Cómo supieron lo del armario?
Perdón, pero aquí somos nosotros quienes hacemos las preguntas.
Ya hemos encontrado ocho cadáveres en el sótano de su casa.
Pero tenéis una criatura.
No.
¿Y si es falsa?
¿Desde cuando viaja por el tiempo?
No me acuerdo.
¿Por qué me miras así?
Quería deciros que nunca había conocido a una mujer como vos.
Jesús Méndez, detective de la policía en la brigada de estupefacientes del distrito
de Usera en el Madrid de 1981.
Apodado por sus compañeros como Pachino.
¿Qué hacéis?
¿Para qué corréis?
Quieren un madero, tío.
¿Chapino?
No, Pachino.
¿Cómo llegó hasta aquí?
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