All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 01x08 La leyenda del tiempo

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Original subtitles

Si supieras todo lo que te ofrece el futuro, no saltarías.

Yo no tengo futuro.

No está la administración pública como para perder talentos como el tuyo.

Ha muerto Armando Leiva.

¿Quién es?

De la gente que la reclutó.

No se merece este final.

Enterrado fuera de su época, sin familia.

Las normas del ministerio son estrictas.

Los recuerdos son los que te matan.

Sí, pero tienes suerte de que no se pueda viajar al futuro.

Así nunca sabrás lo que será de tu vida.

El futuro no me importa, me preocupa más mi pasado.

Y a veces demasiado, sí.

Además, pasado, futuro, ¿qué más da?

¡Estoy hablando de mi hijo, coño!

¿Por qué tiene más derecho a salvarse el hijo de alguien de este ministerio que el

hijo de alguien que no trabaja aquí?

Pues salvemos las vidas de todos.

Y Salvador se negó a que los funcionarios viajasen por el tiempo por razones

médicas.

Y Leiva y los suyos fueron encarcelados y borrados del mapa.

Hace unos días pensaba que nada merecía la pena.

Y cuando me obligaron a trabajar en el ministerio, creí que era una locura.

No fue tan único.

Sin embargo, ahora se quema toda la vida.

¿Qué hacéis aquí?

No podéis volver aquí con ella.

Dejarme en paz, anda.

Es mejor que ella no se entere y lo sabe, ¿verdad?

¿Te espera alguien?

Sabéis que no.

¿Perdad de sí?

No.

Nuria tiene guardia.

¿Y esa chica que sale en todas las fotos?

Deja esa foto donde estaba, por favor.

¿Cuándo murió tu esposa?

Poco antes del mediodía.

Atropellada por un coche.

Fui el primero en llegar a socorrerla.

Te quiero, Maite.

Te quiero más que a nada en este mundo.

¡Sorpresa!

¿Qué haces aquí?

¿Pero qué mosca te ha picado, tío?

La mosca del amor.

¡Qué cursi!

Ha ocurrido algo muy grave.

Esta madrugada han robado el cadáver de Armando Leiva.

Pero eso no puede ser.

Vimos como le enterraban.

¡Qué poco sabéis de la vida!

Cuando fue al castillo del siglo XI a interrogar a Walcott, fuiste a ver a

Leiva.

Queda usted relevada de la misión.

¿Qué estás haciendo, Julián?

Anda.

Tienes una ruguita aquí.

No me había fijado.

Me gustaría que la vida fuera esto.

Siempre.

Acabo de recibir un fax.

Me lo he enviado yo misma en el 2005.

Leiva ha encontrado una puerta para viajar a febrero de 1844.

Vengo a avisarle de que la reina Isabel II visitará el ministerio.

Hemos venido a protegerla.

Van a atentar contra ella.

Ernesto, ¿estáis vos al mando?

Junto con Amelia.

Aquí, al final, el único que nunca la ordena soy yo.

¿Qué sabes de mí?

Todo.

El ministerio os tiene engañados, Amelia.

¿Qué está pasando aquí?

¿Cómo se las apañó Blanca tras la muerte de vuestro padre?

Se casó otra vez.

¿Y fue feliz?

Todo lo que se puede ser cuando el hombre al que amas ha muerto.

¿Qué haces aquí?

La pregunta es, ¿qué haces tú aquí?

¿Tienes a la familia real prisionera?

Sí.

Morirán en unas horas y nadie me lo podré impedir.

Bienvenidos.

Ahí va.

Quería decirme que estaba embarazada y se cayó.

Se cayó para que yo no muriera con la pena.

Saber que no iba a conocer a mi hijo.

Y ahora que le he conocido, mi hijo va a morir sin saber que ha conocido a su

padre.

Cada día que me despierto me pregunto por qué la vida es tan injusta.

Todavía lloro cuando la recuerdo.

Creo que eso es el amor.

¡Julian, aquí!

Leiva está allí seguro.

¿Quién me traicionó?

¿Vas a matarme?

No.

Está obsesionado con saber quién le traicionó.

¡Sigue buscando!

Solo hubo otro ascenso.

No puede ser.

¿Qué ha pasado con la reina Estabel?

Salvada.

Y el ministerio también.

¿Sabe que fuiste tú?

Ha buscado tu dirección y se ha llevado la copia de tu expediente.

Déjala bajar.

Y cógeme a mí en su lugar.

Antes vamos a contarle toda la verdad a tu esposa.

Tu esposa y yo viajamos por el tiempo, Nuria.

¿Por qué me traicionaste, Irene?

Porque te estabas volviendo loco y tu locura iba a costar muchas vidas.

Tú hundiste mi vida.

Y yo acabo de hundir la tuya.

¡No!

Estamos en paz.

Creo que no va a superar lo que ha pasado.

La he perdido.

Deja de hacer locuras con Maite, Julián.

O perderás lo único que te queda.

Este ministerio.

Es guapa esa muchacha.

Hay un montón de bancos vacíos en el parque.

¿Por qué?

¿Por qué tiene que sentarse en este?

Para que no esté usted solo.

Es evidente.

¿La conoce?

No.

No la conozco.

Pues por como la mira.

¿Nos hemos visto antes?

No creo.

Me acordaría.

Me llamo Federico.

Julián.

Caballeros.

Señorita.

Tienen una misión importante que cumplir.

¿A qué época debemos viajar esta vez?

Al año 1924.

Concretamente, a la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Buque insignia de la educación y la cultura españolas.

Sigue abierta, ¿no?

Afortunadamente.

Gracias a Dios, España conserva aún algunas de sus glorias.

Para que se den una idea de la importancia de esta residencia, de los siete premios

Nobel que tiene España, cuatro pasaron por allí.

Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Juan Ramón Jiménez y Vicente Alexandre.

Y no solo eso.

Grandes genios dieron allí conferencias como Marie Curie, Igor Stravinsky o Albert

Einstein.

Me gusta ese bigote.

Perdón.

Estaba recopilando la última documentación para la misión.

Tras varias semanas de descanso, Irene se incorpora con nosotros.

coordinará la misión.

Bien, en el año 1924, los estudiantes de la residencia interpretaron una obra de

teatro.

Sí, la profanación de Don Juan.

Una adaptación de la figura del Tenorio de Zorrilla.

A ese le conozco.

Parece ser que un tal Antonio Lancha quiso hacer una película sobre la obra y hemos

recibido el cartel que Salvador Dalí dibujó para ella.

Pero eso de ahí es una tablet.

Exacto.

Una tablet de 1924.

Y Dalí era un visionario, pero no tanto.

Por eso tienen que ir allí inmediatamente.

Porque ni ese era el estilo de Dalí, ni la tablet se había inventado en aquella

época.

¿Pero entonces qué estamos esperando?

Ah, que yo terminé de hablar, Leche.

¿Por dónde íbamos?

Ah, sí.

Ahí donde les ven, el propio Salvador Dalí interpretaba a Don Luis Mejía.

Luis Buñuel, gloria de nuestro cine, era Don Juan Tenorio.

Y Federico García Lorca interpretaba al escultor.

Junto a Picasso, estos nombres constituyeron un nuevo siglo de oro para

la cultura española.

Exacto.

Era una época en que España no era ni mucho moneso en la potencia, como ocurría

con Felipe II, lo cual tiene mucho mérito.

Como todos ustedes saben, la misión del ministerio es evitar que alguien reescriba

nuestro pasado y preservar nuestra memoria histórica.

En sus manos está protegerla.

¿Ya os encontráis bien?

Sí, ya estoy mejor, gracias.

Y tú, nos diste un buen susto.

Sí, pero parece que Dios ha decidido que todavía no ha llegado mi hora de dejar

este mundo.

¿Te pasa algo?

No, ¿por qué?

Te he cambiado la cara cuando has visto a ese tal García Lorca.

No te lo vas a creer.

Pero es que esta noche he soñado con él.

No veo claro que Irene dirija esta operación.

Explíquese.

Bueno, ha recibido un golpe muy duro.

Primero lo de Leiva, después su mujer abandona la casa.

Creo que necesita aún más tiempo para recuperarse.

Lo que necesita para recuperarse es trabajar.

Además, ella misma me pidió volver.

No sé, me dijo que se le caía la casa encima dándole vueltas a lo de Leiva.

También me gustaría hablar de ese tema.

Ella fue la última que le vio antes de su fuga.

Pero, pero, por Dios, se le imitó a darle unas simples pastillas para la tos.

Tuvo la piedad que yo debí tener hace tiempo.

El caso está cerrado.

Les traigo dos cafelitos recién hechos.

Gracias, Angustias.

Gracias.

Pero llego tarde a una reunión.

¿Le pasa algo?

No, ya conoce, Ernesto.

El trabajo por encima de todo.

Le dijo la sartén al cazo.

¿Cuándo se tomó el último día libre?

Hay demasiado trabajo, Angustias.

Hay días que mejor no trabajar.

Hoy es el aniversario de su boda, ¿verdad?

¿No se ha sentido nunca tentado de ir al pasado?

¿De volver a ver a su esposa?

¿Para qué?

¿Para volver y echarla de menos con más fuerza?

Los recuerdos te ayudan a continuar vivo.

Aunque duran.

Pero si te dejas arrastrar por la nostalgia...

estás muerto.

¿Vais a ver a Goya?

Sí, sí.

Voy a contemplar cómo pintó a los frescos de la Florida.

Dibujar no era muy bueno, pero tenía una fuerza enorme.

Hoy es el día de los pintores.

Nosotros vamos a ir a Dalí.

¿No os gusta su obra?

Dibujaba como Dios.

Era capaz de hacerte una anunciación perfecta en una uña.

Eso tiene su mérito, ¿no?

Lo tiene.

Ni yo sería capaz.

Pero el arte no es solo técnica.

Es pasión.

Es... es...

tener algo que contar.

Es alma.

Y de eso Dalí tenía poco.

Aunque he de reconocer que tenía una gran virtud.

¿Cuál?

Me admiraba.

De hecho me plagió el bigote.

Buen viaje, amigos.

Igualmente.

Nunca he visto a nadie más pagado de sí mismo.

Esta es la puerta, la 891.

La salida de exactamente a tres manzanas de la residencia.

Y este es el plano.

Sé dónde está.

Muy bien.

Allí os estará esperando un agente del ministerio, Ortigosa.

Os va a dar toda la documentación que necesitáis sobre la época.

Y lo más importante, los carnets de la residencia de estudiantes.

Suerte.

¿No te gusta el tenorio?

La primera vez que la vi me gustó.

Pero acabé harto de verla tantas veces.

La ponía en todos los años en la tele, la noche de difuntos.

¿La noche de difuntos?

¿Por qué razón?

A don Juan se le aparecen espíritus.

Mal asunto hacer chanzas con estos temas.

Pues ahora es peor que tenemos Halloween.

¿Qué es eso?

Una tradición, yankee.

La gente se disfraza de zombis, de muertos, de cosas así, y se van de

fiesta.

Qué vergüenza.

A los muertos se les debe un respeto.

Mirad, yo he matado a muchos hombres en el campo de batalla, pero después siempre

recé una oración por su alma.

Pues ten cuidado, no se te vayan a aparecer para darte las gracias.

No tentéis al diablo.

Señores, la residencia de estudiantes.

La fábrica de genios.

Soy yo, Ortigosa.

Amelia Folk.

Sí, soy yo.

Pues tenga.

Su documentación, sus carnes de estudiantes y todo eso.

Tienen que ir al teatro.

Digan que son los nuevos, con eso basta.

Era necesario disfrazarse de jardinero.

No es un disfraz.

Soy jardinero.

Lo del ministerio es para sacarse un sueldillo para final de mes.

Por cierto, tengan cuidado.

Aquí la gente está un poco para allá.

Hacen cosas muy raras.

Se lo digo yo.

Cosas raras.

¿Como qué?

¿Te parece normal correr en pelotas con el frío que hace?

¿Qué salud tiene este Buñuel?

Acaba de guiñar un ojo el director más grande que ha tenido del cine español.

Bueno, lo será.

Él todavía no lo sabe.

¿Cómo podemos ensayar si no tenemos a Don Juan?

¿Y Buñuel?

Creo que está corriendo por el parque en pelota viva.

De verdad, esto es una vergüenza.

Y yo esperaba una escenografía.

¿Y qué tengo, eh?

¿Qué tengo?

¡Una tela colgada de mierda!

Salvador.

¿Tú no eres un pintamonas?

¡Pues pinta!

Que por algo te da un papel en mi película.

Perdona.

Tu película.

En nuestra obra de teatro.

Que no se te olvide.

Tú cállate, Federico.

Que me prometiste cambiar el libreto y está igual que estaba.

¿Eso mismo con el que soñaste?

Lo mismo.

¡Sin giros dramáticos!

Hombre, es el Tenorio.

Seduce a una monja y se encuentra con un espíritu.

¿Te parece poco?

Sí.

Pero esto es cine.

Y no se oye como en el teatro.

Yo necesito expresar con gestos.

Y no veo por ninguna parte esa dramática sensación telúrica que yo necesito para

controlar mis imágenes.

Ay, qué desgracia ser engolado.

Pepín.

¿Tú por qué no llevas el traje de comentador?

No me gusta como me queda.

¡Pero es tu personaje!

¡No lo veis, tu personaje!

Mira, yo no puedo más, de verdad.

¿Sabéis cuál es vuestro problema?

Que os creéis que habéis nacido artistas.

Y no tenéis ni idea de lo que es el arte.

El verdadero arte es asumir la trascendencia de los tiempos cambiantes.

Yo no me he enterado de nada.

¿Por qué eres una ignorante, Rosita?

A ver, ¿quién fue el imbécil que te dijo que ibas para Estrella por cómo iluminas

la escena?

Si tú iluminas menos que una bombilla del árbol de Navidad.

Ha pasado un ángel.

¡Sí, ha pasado un ángel!

¡Se ha ciscado en tu puñetera madre!

Este tipo necesita que le peguen un par de mandobles.

¿Perdón?

¿Quién sois vosotros?

Los nuevos.

¿Podemos ayudar en algo?

Traeme un poco de agua, niña.

Y algo para el dolor de cabeza, que me va a estallar con tanta

mediocridad.

Apartese.

No, no, no.

Yo me va al estudio de medicina.

Sí aparte, por favor.

¿Dónde podemos llevarle para que descanse?

A mi habitación.

Estoy mareado, ¿eh?

¿Qué me ha pasado?

Es diabético.

Debería hacer dieta e inyectarse insulina.

¿Eso qué es?

Nada.

Usted descanse.

Perdone, ¿cómo... cómo ha sabido que era diabético?

Aliento dulzón, sed, ganas de orinar, náuseas, pulso agitado, debilidad y

sobrepeso.

Yo también estudio medicina.

Sí.

Y veo que está muy entreado de los avances científicos.

Porque la insulina se ha empezado a comercializar este año en Alemania,

pero aquí no ha llegado todo.

Bueno, es que intento estar al día.

Como tú.

¿Cómo están enfermos?

Pues muchísimo mejor y todo gracias a...

Julián.

Me llamo Julián.

Yo me llamo Silvia.

Encantado.

Igualmente.

Bueno, me voy a ir tirando porque es mejor que haya silencio.

Bueno, adiós.

¿Por qué me mira así?

Usted y yo no nos hemos visto antes.

No.

Debe confundirme con otra persona.

Me extraña.

Soy de los que cuando ven una cara, no se olvidan.

¿Encontráis algo?

No.

Amelia.

Tenemos que volver al ministerio.

Voy a avisar a Julián.

El asunto es más grave de lo que imaginaba.

Eso pienso yo.

Esta foto tiene el sello del ministerio.

¿Qué insinúa?

No insinúo nada.

Me gustaría saber si tiene nuestra vida entera en fotos.

No, el ministerio no tiene ningún archivo de este tipo.

El asunto es saber quién consiguió la foto.

Porque falsa no es.

Es de 1883.

Y parece de su boda.

No puede serlo.

¿Amelia?

No lo sé.

Es de un futuro que todavía no he vivido.

Tal vez sea el momento de contar algo, ¿no?

Estamos deseosos de escucharla.

Durante la misión del rabino, Amelia tenía problemas con su madre.

La vigilaba.

Y eso ponía en peligro la misión.

Esto es personal.

No tenía derecho a leerlo.

Mañana irás a casa de los Nadal a merendar.

Ya se lo he dicho a la madre.

No.

Así que...

decidimos prometernos.

Y tengo que decirles dos cosas muy importantes.

La primera es que Amelia y yo queremos casarnos.

Y espero que den su consentimiento.

¿Se prometieron?

Sí, pero poco.

Me lo puedo explicar.

Porque la otra cosa que no les dije anoche es que boda no se celebrará de inmediato.

¿Y eso?

¿Por qué?

Era todo una mentira para que la dejaran en paz.

Por eso lo de ir a la guerra de Cuba.

Pensamos que con el tiempo la cosa volvería a la normalidad.

Si yo mismo se lo propuse.

Vaya, parece que aquí los únicos que guardaban un secreto eran ustedes,

no los otros.

¿De verdad no lo sabían?

Mujer, ¿os habríamos regalado algo?

Y por algún motivo...

No sé.

Seguimos adelante con la mentira.

¿Estás seguro?

Segurísimo.

Tanto como que esta misión es una trampa.

¿Una trampa?

No lo entiendo.

A ver, aparece un cartel de la película con una tablet en 1924.

Vamos allí y de repente, sin venir a cuento, encontramos esta foto.

Mucha casualidad, ¿no?

Estoy de acuerdo.

La cuestión ahora es saber quién está detrás de ella.

¿Alguna idea?

Hablar con todos.

Especialmente Dalí.

Él pintó la tablet, él sabrá dónde la vio.

Amelia, por favor.

No creerás que es verdad.

Acuérdate que fue todo un montaje para que tu madre te dejase en paz.

Pero ser un montaje es muy creíble.

Esta foto es verdadera.

Mira, llevo la diacema de mi madre, algo prestado y la mantilla de mi abuela.

Algo viejo.

Pues yo que sé, igual tuvimos que seguir adelante con el engaño y nos hicimos esta

foto.

¿Quieres que viajemos ese año y lo comprobemos?

No, no, mejor no.

¿Pero por qué no?

Porque no quiero saber de mi futuro, Julián.

Mira, hay una cosa que tienes que tener muy clara.

Yo no soy tu marido ni el padre de tu hija.

¿Cómo sabes?

¿Me seguiste al cementerio?

Sí, te seguí.

No podía dejarte sola.

¿Y por qué no me lo dijiste?

Porque tú nunca me contaste que habías ido a ver tu propia tumba.

Amelia, eres mi amiga y mi compañera de patrulla.

Tengo que cuidar de ti igual que tú lo harías de mí.

Pero esta foto es una farsa para que tu madre te siguiera dejando en paz.

Amelia, yo te quiero un huevo.

Eso es mucho.

Lo más.

Pero como amiga,

yo solo querría una mujer en esta vida y esa mujer es Maite.

Es la única cosa de la que estoy seguro ya.

Es guapa esa muchacha.

Qué lástima.

Tan joven.

Es él.

Otra mala noche por lo que veo.

Sí.

Ya no distingo lo que es sueño de lo que es realidad.

Como ahora.

Irene.

¿Qué tal?

¿Cuánto tiempo?

Pues sí.

Desde que nos encerraron en la prisión de Argamasilla de Alba.

El horror, no me lo recuerdes.

Teníamos que pasarle material de escritura a Miguel de Cervantes.

O no terminaba el Quijote.

Disculpe.

¿Usted no es?

No se fíe de las apariencias.

A veces engañan.

Y otras veces no.

Bueno, os dejo.

Que llego tarde a la misión.

Suerte.

Hasta luego.

Hasta luego.

O sea que viaja en el tiempo.

No es el único personaje conocido que tenemos en nómina.

¿Y a qué misión va?

Pues a grabar el concurso.

¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y

se respira mejor?

Seguir.

Pasión.

Arte.

Sigue.

¿Pero por qué corta?

Se está quedando perfecto.

A mí no me toca a nadie si no es mi marido.

Cuando lo tenga.

Rosita.

El arte está por encima de la moral.

Soy una actriz.

No soy una cualquiera.

Venga, cinco minutos de descanso.

Y a esto le llamas trabajar nunca entender esto del cine, de verdad.

Qué manía con desnudarse.

Picasso tuvo su etapa azul y su etapa rosa.

Y Buñuel está ahora en su etapa naturista.

Señores, me alegro verles.

Muchas gracias por lo de ayer.

Por lo que veo, lo de la dieta no va con usted.

No, a mí no me hace falta dieta.

Me hace falta un apuntador, mira, tú mismo.

¿Yo?

¿Y alguien que vaya a buscar a Dalí?

¿Qué hace falta para la siguiente escena?

Voy yo.

Yo le acompaño.

No, mejor voy yo, que me conozco bien el camino.

Como verás, a Julián le salen admiradores en todas partes.

Habla tú con ella y yo voy a consolar a doña Inés.

¿Por qué le extraña que a Buñuel no le guste el cine?

No sé, creo que le pega eso de estar detrás de una cámara.

Luis quiere ser ingeniero agrónomo, no artista.

A él el surrealismo le parece una mariconada y yo un maricón, por supuesto.

Y no voy a negar que me gustan los hombres, pero odio las plumas,

los marabúes y los afeminamientos.

Bien, me parece bien.

Está muy lejos la habitación de Dalí.

Quiero hablar contigo, Julián.

Y tranquilo, que no quiero nada de ti.

Yo amo a Salvador.

¿Y qué me quieres decir?

Tú vienes del futuro.

No.

Yo vengo de Carabanchel.

¿Por qué me preguntas eso?

Porque parece que vienes de allí donde la gente corre con pijamas de colores.

Yo he soñado contigo, Julián.

Frente a nosotros corría una muchacha morena que después aparecía tumbada en el

suelo, sangrando.

¿Has soñado tú conmigo?

Pues hala, a hacer el ridículo.

¿Vamos?

Vamos, sí.

Yo ahora voy, que tengo que ir al baño.

El baño está arriba.

Vale, gracias.

Dicen que yo no valgo para ser actriz.

Pues yo me echo mis obritas y me he cantado mis cuples.

¿Tú sabes que de mí se ha dicho que yo ilumino la escena?

Es que la iluminas, Rosa.

¿De verdad?

Como al parque la luna llena.

Uy, ¿y ahora qué te pasa, tonta?

Que lo que me ha dicho es muy bonito.

¿Pero esto existe?

Pensaba que era todo imaginación de Salvador.

¿Y es de mucho valor?

¿Y es de mucho valor?

Bastante.

Pues nada, descuida que si se ve ya te informaré.

Julián y tú sois amigos, ¿no?

Sí.

¿Y nada más que eso?

No, nada más.

Vaya, debo de parecerte demasiado curiosa con tanta pregunta.

¿Por qué ibas a parecérmelo?

Pues porque Julián me encanta.

He metido la pata.

No, no la has metido, pero vamos a sentarnos un momento.

Por favor, dime que no está casado.

No, no lo está.

¿Y entonces?

Verás Silvia, deberías centrarte en tus estudios.

Vas a ser mujer y médico y no muchas pueden conseguirlo.

Ya, si mi madre siempre me dice lo mismo.

Ella también estudió.

Bueno.

Y mi abuela fue una de las primeras mujeres que fue a la universidad.

En Barcelona.

Y se llamaba igual que tú.

Amelia.

Amelia Folk.

Siempre acaba apareciendo Lola Mendieta.

Nunca debieron haber pactado con ella.

Quiero que todo esto se corte de raíz.

¿Algo más?

Sí.

He estado investigado con ayuda de Angustia en las últimas subastas para ver

si había obras de Dalí.

¿Y qué han sacado en claro?

Bien.

Se han vendido tres cuadros que los expertos dudan de su estilo, pero no de su

trazo.

Es como si el Dalí de los cuarenta hubiera estado pintando unos años antes.

¿Hace cuánto de eso?

La primera hace un mes, la última la semana pasada.

¿Un mes?

¿Y nos enteramos ahora?

¿Pero no era Irene la que se ocupaba de estos temas?

Hablaré con ella al respecto.

Por cierto.

Por cierto, ¿dónde está?

Se ha quedado en la residencia.

Cree que Rosa, la actriz que hace de doña Inés, puede tener pistas sobre la tablet.

Irene, yo no sé si esto está bien.

¿Bien?

Pero si va a estar fenomenal.

Mira, ¿sabes lo que te digo?

Que para una vez que alguien me trata con cariño, pues yo me lanzo y que salga el

sol por antequera.

Esperemos que saque algo en claro.

Hay algo que no me cuadra.

Lola siempre suele moverse por interés económico.

¿Por qué dejo la foto de la boda de Julián y Amelia?

Pues porque la mala gente suele hacer cosas malas.

Eso lo aprendí siendo muy pequeño.

Bueno, tal vez haya decidido dar un paso adelante y conseguir que Amelia y Julián

investiguen sobre su futuro para cambiar el destino.

No hay nada que investigar.

Eso espero.

Porque con el destino no se juega en este ministerio.

Cuando terminen esta misión voy a tener una reunión con ustedes y se van a acabar

las tonterías.

Ahora centrémonos en el tema.

Sí, será mejor.

Veamos el lado bueno del asunto.

Ah, pero lo hay.

Sí.

Si se ha subastado una obra de Dalí la semana pasada es que Lola sigue cerca.

Está usted muy callada, Amelia.

¿Le pasa algo?

No, nada.

Bien.

Entonces la clave está en Dalí.

Yo me encargo de eso.

Estoy temblando.

De emoción.

Y de miedo.

Tranquila, que yo no se lo voy a decir a nadie.

No, no.

Si no es por eso.

Bueno, que también.

Pero me fío de ti.

Yo estoy acostumbrada a guardar secretos.

¿Y a qué más tienes miedo?

Mi madre...

decía de un mariquita que había en el pueblo.

Que quien probaba con él, luego ya no quería conocer mujer.

Y que eso siempre pasa cuando te acuestas con quien no debes.

Antes me has dicho que querías pedirme un favor.

Dímelo.

Yo por ti hago lo que sea.

Me parece que se ha sentado usted muy rápidamente.

Y perdone que sea descortés.

¿Tiene prisa?

Mucha.

Tengo una reunión muy importante y no puedo llegar tarde.

Con su mecenas.

¿Y a usted qué le importa?

Me han dicho que hay una mujer que le compra todo lo que pinta.

¡Ja, ja!

Federico, ¿verdad?

¡Pero qué chismos!

No, no.

No ha sido él.

¿Y entonces cómo lo sabe?

Rumores.

Rumores.

No intente usted defenderlo.

Le ha embaucado usted también.

No le culpo, amigo.

Federico es capaz de venderle un bañador a un esquimal.

Es encantador.

Y yo le aprecio.

Pero es que él...

él busca algo que yo...

yo...

no busco.

¿Entiende?

Me hago una idea.

Y yo no sé qué hago hablando de estas cosas con usted.

Que tengo prisa, de verdad.

Hábleme de esa mujer, por favor.

¿Y por qué quiere conocerla?

Bueno, yo también pinto.

Ah...

Razón de más para no presentársela.

Pero yo creo, como usted, en...

en un nuevo arte.

Un nuevo arte.

Hay sólo un arte.

Y en pintura es el arte de Zurbarán y el de Velázquez.

Oh, grande Velázquez.

Estoy pensando en dejarme el bigote como él.

A ver si así se me pega algo de su talento.

Todo el mundo hablando de nuevo arte.

Para hacerse el interesante.

Y lo peor, es que nosotros tenemos que hacernos los excéntricos para que nos

consideren artistas modernos.

Qué harto estoy.

¿Pero no cree usted en...

en el cubismo?

No.

¿Y en el surrealismo?

Menos.

¿En qué cree entonces?

En lo que más dinero dé.

No ha habido manera.

Amelia, ¿puedes venir un momento?

Yo también voy a empezar a prepararme.

¿Me acercáis el libreto de apuntador?

¿Qué es esto?

Otra foto.

Es Blanca.

Mi mujer.

Puedes evitarlo, será miserable.

Y también lleva el sillo del ministerio.

Alguien va a pagar por esto.

¿Pero dónde se meten ustedes por las noches?

Conozco un sitio donde dan buen vino y podemos hablar de nuestras cosas

tranquilamente.

Y va a ser él.

¡Eh!

Alonso, que te pierdes.

Así no se trata a las damas.

Mancillad su honor y os las veréis conmigo.

¿Pero de qué siglo viene usted, amigo?

De un siglo en el que los hombres se comportan con las mujeres como si fueran

caballeros.

Y si no es así, lo pagan.

Alonso, por favor, no es para tanto.

¿Eso es una amenaza?

¿Se quiere batir en duelo?

No podríamos llegar a un acuerdo.

Tú pides excusas y tú las aceptas.

Jamás.

Me voy con Irene.

Si queréis un duelo, lo tendréis.

Elegid vos las armas.

Armas.

A puño vivo, amigo, que lo mío es el boxeo.

¿Qué es eso?

El boxeo es un deporte de caballeros donde solo se utilizan los puños.

¿Solo los puños?

Sí.

¿Y no se puede morder?

No.

¿Y arañar?

No, claro que no.

Tampoco se pueden dar cabezazos.

Tampoco, Alonso, tampoco.

Y a eso le llaman pelear.

Pues ya está.

¿Estás bien?

Sí.

Solo hay una cosa más estúpida que el ser humano en general.

¿El qué?

Cada hombre en particular.

¡Dormí!

¿Acaso les habéis pagado?

Decidme, ¿qué broma es esta?

Broma ninguna con los muertos.

¿Quién sois?

Bien lo sabéis, el fantasma del comendador.

Os advierto que si no sois el muerto, fiambre saldréis de aquí.

Decidme, ¿qué creéis?

Con vos quiero hablar, Don Juan, que de aquí vendréis conmigo para recibir

castigo.

¡Pues os reclama Satán!

¡Va de retro!

Eso es, Don Juan, que se va concluyendo vuestra existencia.

Y el plazo de la sentencia fatal ha llegado ya.

¿Qué creéis?

Os digo que hace poco perturbasteis a Minés que no hay mujer más santa.

Vuestra alma es condenada que vivió días malditos y por sus crímenes y delitos no

tendrá gloria ni perdón.

¡Oh!

Esto un sueño debe ser.

Vuestra hora va a expirar.

Y doblando las campanas por vos están.

Y cavando la fosa en que os han de echar.

¡Acompañadme, rufián!

¡No!

¡No!

¡No!

¡Cortamos!

No me digáis que no os ha gustado.

Es lo mejor que he visto en mi vida.

Muy bien.

Muy, muy, muy bien.

Silvia, sube, blanquea un poquito más a pepir.

Vamos a la siguiente escena, ¿vale?

Una cosa.

Julián.

Dime.

Me he encontrado este sobre a su nombre.

Los quiero mucho más expresivos.

Gracias.

Expresando más.

Más convulsión pelúrica.

Más que estáis viendo ahí.

Todo.

Don Juan.

¿Vale?

Don Juan.

Ha subido.

Ha bajado.

Ha vivido.

Lo ha hecho todo, Don Juan.

¿Vale?

Grande.

Tranquilo, tranquilo.

Me parece que Lola no va a venir.

Mejor volvemos a la residencia.

Vamos.

¿Y Lola?

No ha llegado a su cita.

Esa es la joven de los afeites.

Esperad un segundo.

Amelia, por favor.

Un segundo.

¿Qué haces aquí escondida?

Estoy en Julián, sentada ahí fuera.

Sí.

Bueno, pues lo pido salir hasta que se vaya.

Es que...

He sido tan tonta, Amelia.

Tenías todas las razones que no puedo ilusionarme con ningún hombre.

Lo que tengo que hacer es terminar mis estudios.

Me alegra oír eso.

No.

¿Por qué no me dijiste la verdad sobre Julián?

Al menos me hubieras evitado el disgusto, ¿no?

¿Que no te he dicho de Julián?

Que le gustan los hombres a Amelia.

Lo que oye es que esta tarde me lo he encontrado...

Abrazado a Federico como una lapa y...

Y te puedo asegurar que Federico no es ese tipo de hombres al que le gustan las

mujeres.

Es que...

Es que no entiendo como...

Los únicos hombres interesantes o están casados o...

O son homosexuales.

Es que eres justo, Amelia.

Es que...

Ese hombre lo tiene todo.

Es...

Educado, inteligente y...

Y bueno, va a ser un médico estupendo porque no sabes cómo será Sapañol otro día

con el director.

Además es tan guapo.

Sí.

Lástima que tenga el corazón en otros asuntos.

Vamos.

Anímate.

Esto es una tontería, se te pasará enseguida, te lo prometo.

Gracias.

¿Por qué?

Bueno, por preocuparte por mí.

Nunca pensé que iba a decir esto.

Estoy decepcionado y mucho.

No encuentran a Lola Mendieta.

Usted se pelea con Luis Buñuel para salvar el honor de su compañera.

Por Dios y por la Virgen, Alonso.

Estaba en 1924.

No en su época.

Usted es una máquina de matar.

Un soldado como no hay otro en el ministerio.

Lo siento, no me pude controlar.

Después de ver esto, tuve que sacar toda la rabia que tenía dentro de mí.

¿Otra foto?

Y con el sello del ministerio.

¿Qué pasa?

Que tienen un álbum de nuestras vidas.

Julián, ¿dónde vas?

Estoy harto de tanta mentira.

Y de jugarme la vida por este ministerio.

Me importa una mierda la tablet que pintó Dalí.

Hemos salvado la vida del empecinado.

Cuando luego el rey se lo iba a cargar igual.

Lorca es un tío de puta madre, sí.

Pero no puedo evitar que le asesinen.

Igual que no puedo evitar que mi esposa muera.

Julián, espera.

Creo que tenemos que hablar.

Y será mejor que lo hagamos fuera del ministerio.

Si el objetivo de Lola Mendieta era minar la moral del ministerio, lo está

consiguiendo.

Silvia es vuestra nieta.

Sí.

¿Y por qué no nos lo habéis contado antes?

Pensé que era casualidad, pero después de la foto de tu esposa...

No es la única foto.

Vos también.

Julián, no podemos dejarnos arrastrar por la rabia y por el dolor.

Eso es precisamente lo que Lola está buscando.

Primero ataca al ministerio, con el cartel de esa obra de teatro, y nos hace estar

allí.

Y luego nos ataca a nosotros, recordando nuestro pasado.

¿Para qué?

Para que nos revelemos.

No me faltan ganas de hacerlo.

¿Y vos qué decís, Amelia?

No tengo claro que sea Lola.

No es santo de mi devoción, pero nunca imaginé que llegaría tan lejos.

¿Y quién si no?

Aunque le agradezco una cosa.

Me ha abierto los ojos.

Quiere hablar conmigo mañana en la residencia.

A solas.

O se equivocáis de culpable y lo sabes, Amelia.

Si no, jamás habrías quedado conmigo a solas.

¿Y la tablet?

Mía.

Dejé el bolso en la habitación de Dalí.

Y el muy fisgón lo miró todo.

Cuando me di cuenta ya estaba dibujada.

Entonces eres culpable.

Tan culpable como de encargar a Dalí cuadros que está subastando en 2015.

Sí.

Reconozco que he pagado a Dalí por dibujos y cuadros.

Y que ha ganado mucho dinero.

Estados Unidos y Japón se vuelven locos con Dalí.

Pero de las fotografías que me has comentado que habéis recibido,

yo no sé nada.

Y eso te lo juro.

¿Y por qué habría de creerte una cosa y la otra no?

Amelia, piensa.

Yo me estaba forrando con los dibujos de Dalí.

El día que Irene y tú le seguiste, me iba a entregar media docena de dibujos.

Que ya no tendré nunca.

¿Nos viste?

Siempre doy un rodeo antes de llegar a mis citas.

Recuerda que fui espía.

Sí.

Tan buena espía como para organizar algo así.

Yo no he sido Amelia.

Sí odio al ministerio, pero no a los que lucháis en él.

Yo también lo hice.

Muchos años.

Lo siento, Lola.

Me has traicionado.

No.

Has traicionado tú al ministerio.

Siempre me dices que nos engañan.

Cuando la que me has engañado eres tú.

No he sido yo.

Pues por las veces que sí que habéis sido.

Vamos.

Muy bien.

Ahora me detenéis, pero no tardaréis mucho en traicionar al ministerio.

Vosotros también.

Tendrás noticias mías, Amelia.

Dejad de amenazar ya.

O el camino de vuelta al ministerio se os va a hacer más largo de lo que pensáis.

Felicidades por su trabajo.

Por fin tenemos a buen recaudo a Lola Mendieta.

¿Dónde la van a llevar?

Al penal del ministerio.

Es lo que toca.

¿Le da pena a Lola?

¿No recuerda al empecinado?

¿O aquel sujeto que se fugó al futuro para ser corregidor de Salamanca?

¿O que por su culpa los nazis estuvieron a punto de controlar este ministerio?

Además, muy bien no se ha tratado, ¿no?

A ti te envía la foto de tu boda, a Alonso le muestra a su mujer maltratada

en el pasado y a Julián le recuerda el día más triste de su vida.

Se lo merece.

Por dios, Amelia.

¿Aún queréis más razones?

Una mujer que ha luchado por la libertad no merece ese final.

Y tal vez no lo merezca.

¿También usted ha sucumbido a los encantos de Lola Mendieta?

No.

Pero ella no es la culpable.

¿Y quién es si no?

Tú.

¿Cómo sabías que yo también recibí una foto?

Aquí no lo he dicho.

Eso es cierto.

¿Y dónde encontramos a Alonso y yo las fotos?

En el teatro.

Exacto.

Y la última foto me la dio Rosita, la actriz que hace de doña Inés.

La encontró en su libreto.

Y quien más contacto ha tenido con ella, ha sido tú.

Irene.

Dígame que no es cierto.

Lo es.

¿Sabías que Lola estaba subastando dibujos de Dalí desde hace un mes?

Y en vez de intervenir, lo silenciaste.

Me equivoco.

Has trabajado como lo haría Lola para que todos creyéramos que era ella.

Pero todo el tiempo eras tú.

¿Por qué lo ha hecho?

Porque yo no soy la culpable de todo esto.

Es usted, Salvador.

Es por lo de Leiva, ¿no?

Usted permitió que el mejor agente del ministerio se pudiera en la cárcel.

Y todo gracias a mí, que me infiltré entre los rebeldes.

Era tu obligación.

Sí.

Pero no a costa de tanta injusticia.

Porque qué he ganado yo, dígamelo.

He perdido mi vida y a mi pareja.

Todo esto es una mierda.

Y usted lo sabe.

Yo solo sé que sois mi superior y que me habéis traicionado.

No me importa el castigo que os ponga el ministerio.

Por mi parte, no os pienso perdonar en la vida.

Esos rebeldes, Leiva, dieron la cara.

No urdieron un plan para que el culpable pareciera otro.

No tiraron la piedra y escondieron la mano.

A lo mejor se me está pegando el estilo del ministerio.

¿El resto?

Llévesela.

Cuidaos mucho, por favor.

El ministerio trata a sus agentes como si fueran Kleenex.

Los usa y los tira.

Por favor.

Nunca me ha dolido tanto decir a alguien que ha hecho un buen trabajo.

Excelente.

Y ahora déjenme, por favor.

Necesito estar solo.

¿Y ahora en quién podemos confiar?

En nadie.

¿Qué hacemos?

Hoy acaban la película en la residencia y luego se toman una copa.

Yo iré.

Y tú también deberías ir.

Así le puedes preguntar a tu nieta qué fue de tu vida.

Creo que prefiero no saberlo, gracias.

Pues yo pienso ir.

A despedirme de Federico.

Federico.

Cuidado porque os ha calado bien hondo ese poeta, ¿eh?

Y me da la sensación de que quiere algo más que una charla con vos.

No.

Él está enamorado de Dalí.

Y lo estará bastantes años.

Lo he leído.

Me lo he comentado mucho sobre él.

Escuchad este poema.

Me lo encuentro.

Aquí.

Cuando se hundieron las formas puras bajo el cri cri de las margaritas, comprendí

que me habían asesinado.

Recorrieron los cafés y los cementerios y las iglesias.

Abrieron los toneles y los armarios.

Destrozaron tres esqueletos para arrancar sus dientes de oro.

Ya no me encontraron.

Es estremecedor.

Y lo es más, si sabes que lo escribió en 1930 en su libro Poeta en Nueva York.

Seis años antes de que lo mataran.

Junto a otros dos hombres.

Dos banderilleros.

Tres esqueletos.

Y a día de hoy, todavía no se ha encontrado su cuerpo.

Lorca tenía sueños premonitorios.

Este no es el único.

Quiero darle un último abrazo.

De la buena gente hay que despedirse.

Voy contigo.

Quiero despedirme también de Silvia.

¿Y tú?

Lo mismo puedes pelearte otra vez con Buñuel.

Ya cometí un error.

No voy a volver a cometerlo, no.

Prefiero...

dormir.

Suerte, amigo.

Señores.

Quiero brindar un brindis por la obra de arte que hemos hecho juntos.

y por las que haremos.

Un brindis por el futuro.

Por el futuro.

Y por el talento.

Que sin él no hay futuro.

¿Estás mejor?

Bueno, todavía duele un poco.

Es que no puedo entender con lo guapo que es que le gusten los hombres, Amelia.

Por el futuro.

Y por el talento.

¿Y qué vas a hacer ahora?

No pareces muy alegre.

No lo estoy.

Buñuel se va a París y Salvador se va con él.

Julián, puedo hablar contigo a sola.

Claro.

Pero lo importante es que ahora...

Sí, no, no.

Ya habrá tiempo.

¿Tiene un momento, señorita?

Claro.

Es privado.

Madre mía, la de secreto es que hay en esta residencia.

¿Usted dirá?

Lola Mendieta me dio un sobre para usted.

Me dijo que se lo entregara en caso de no estar aquí ella.

Gracias.

Gran mujer está Lola.

Debería haber muchos como ella para que el arte de este país dejara de ser tan

pueblerino y miserable.

Tal vez así no tendríamos que irnos todos a París.

¿Aplico los procedimientos habituales?

¿Con Lola?

Por supuesto.

¿Y con Irene también, no?

No, con Irene no.

La enviaremos a un centro de re-adaptación para que se reponga.

No podemos perderla.

Sabe que soy el último al que le gustaría hacer esto.

Pero ha atentado contra el ministerio.

Y aunque se niegue a reconocer que ayudó a escapar en la IVA, fue ella la última que

le vio antes de su fuga.

Estoy convencido de que le administró alguna droga para que pareciera que había

muerto.

Pero no va a reconocerlo nunca porque no fue ella quien lo hizo.

Ah no?

¿Y por qué está usted tan seguro?

¿Por qué fue yo?

Así que si quiere aplicar el reglamento, es a mí a quien debe enviar al penal.

Así que fue usted.

Por eso Leiva me perdonó la vida cuando volvió al ministerio.

¿Vas a matarme?

No.

Voy a dejarte vivo por dos razones.

Porque te lo debo.

Y porque quiero que vivas para ver cómo se derrumba este ministerio.

Yo mismo le administré la droga.

Yo hablé con el director del penal.

Sí, ya sé que tenía que haberlo hecho hace tiempo.

Era nuestro mejor agente, ¿no?

Nuestro amigo.

Y no había derecho a que se pudriera en aquel infecto penal.

¿Qué tiene este ministerio que nos convierte a todos en hijos de puta?

¿Qué piensa hacer?

Sabe que le soy y le seré siempre real.

Usted y este ministerio.

No quiero ni pensar que sería de todo esto sin usted.

Gracias.

Bien.

¿Oficialmente qué hacemos?

Ya tenemos una culpable, ¿no?

Lola.

Sí, Lola.

¿Y qué le contamos a la patrulla?

La verdad.

Pero a su debido tiempo.

Tú también te vas, ¿verdad?

¿Por qué lo dices?

Porque tienes carita de adiós.

¿Tanto se me nota?

Pues sí.

Puede que no volvamos a vernos.

No estés tan seguro.

Aún nos quedan los sueños.

Anoche imaginé un poema.

El sueño va sobre el tiempo, flotando como un balero.

Nadie puede abrir semillas en el corazón del sueño.

Pero ¿cómo puedes saber un poema que imaginé anoche?

Tú vienes del futuro, ¿verdad?

Federico.

Adiós amigo.

Adiós amigo.

Despídeme de los demás.

Julián, tengo que hablar contigo.

Tengo algo importante que hacer.

No tenía que haber venido.

Total, ¿para qué?

Si no puedo salvarle.

Estoy harto de que me manipulen, de que me digan lo que debo o lo que no

debo hacer.

Vas a salvar a Maite, ¿verdad?

Sí.

Y te pido por favor que no intentes impedirme.

No te lo voy a impedir.

Te voy a ayudar.

¡Alto ahí!

No puede ser.

Estoy muerto.

Lo estoy.

Y en cuerpo presente os digo que hace poco perturbasteis a mi blanca.

Que no hay mujer más santa.

Si lo volvéis a hacer, habréis de venir conmigo.

Para recibir castigo, pues os reclama Satán.

No, madre retro.

Vuestra alma sin salvación, que vivió días malditos de crímenes y delitos,

no habrá gloria ni perdón.

Os juro que no lo volveré a hacer.

Alonso.

Alonso, ¿eres tú?

Soy la sombra del que fue.

¿Vienes del cielo?

¿O del infierno?

Del cielo, mujer.

En el infierno no dan licencias.

Y volveré cada vez que sepa que sufrís.

Eres mi ángel de la guarda.

Sí.

Lo soy y lo seré.

De vos.

Y de nuestro hijo.

Me gustaría abrazarnos.

Pero sois un espíritu.

Volveré a serlo en después de que me abracéis.

Ya has vivido este día más veces, ¿no?

No me lo quito de la cabeza.

No tenías que haber venido.

Quiero ayudarte.

Es la mujer de tu vida.

Sí.

Y quiero que sea algo más que un recuerdo.

¡Vámonos, Julián!

¡Estás a punto de llegar!

¡Vámonos!

¡No, por favor!

¡No,

por favor!

¿Cuánto le durará el efecto del mejunje que le habéis dado?

Un par de horas.

Voy a tomarme un rato al sofá.

Tranquila, yo me quedo haciendo guardia.

Yo lo he conseguido, Julián.

He conseguido cambiar el destino de mi esposa.

Y recé para que lo consiguieras vos también.

Yo solo querría una mujer en esta vida y esa mujer es Maite.

Alguien quiere reescribirnos la historia y eso no podemos consentirlo.

Las puertas del tiempo tendrían que ser como el tren, que te dejan en el centro de

la ciudad.

¿Sabe algún sitio donde podamos encontrar libros?

En la librería.

No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí.

Otros por menos han muerto.

Maneras de vivir.

¿Quién eres?

Soy tu padre.

¿Curioso retablo?

Tablet.

Es tablet.

Entonces, curioso retablet.

Pero alguien ha calculado lo que puede cambiar la historia si matamos a Hitler.

El ministerio os tiene engañados, Amelia.

¿Qué desperdicio de cianuro?

Oye.

Juraría que eres tú.

¿Qué les ocurre a mis padres?

¿Quién fue mi marido?

¿Dónde estará mi hija?

Y mi abuela fue una de las primeras mujeres que fue a la universidad.

Y se llamaba igual que tú.

Amelia Folk.

Silvia es vuestra nieta.

Sí.

¿Usted sabe lo que va a leer un dibujito con mi firma?

¿Me está sobornando?

Servicio de habitaciones.

¿Qué es eso de servicio de habitaciones?

Lo que me sale de los cojones.

El mundo no se para por tu dolor.

Todo sigue adelante.

Y tú también debes hacerlo.

¿De verdad tengo que ir así?

Los tiempos cambian.

Ya se irá acostumbrando.

¿Cómo se llamaba vuestro padre?

¿Cómo yo?

Alonso de Entre Ríos.

Yo a veces no tengo del todo el claro no estar trabajando para el mismísimo diablo.

¡Por Santiago y por España!

Los recuerdos te ayudan a continuar vivo.

Pero si te dejas arrastrada por la nostalgia...

Estás muerto.

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