All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 01x07 Tiempo de venganza

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Original subtitles

No puede ser.

Encontraron este móvil en un yacimiento del siglo XVI.

Los arqueólogos lo habrán flipado.

Como que uno de ellos está en tratamiento psiquiátrico, no le digo más.

Les presento a Alberto Díaz Bueno.

Este no es el caradura que se fugó el año pasado.

La fecha más cercana a la puerta de nuestro hallazgo está en Salamanca,

en febrero de 1520.

Pero este es el momento de la revuelta de los comuneros contra Carlos I.

¿Hay alguna lista de las puertas y a dónde lleva cada una?

El listín va cambiando cada semana.

Quiero que se encargue de un tema muy importante para el ministerio.

Interrogar a Walter.

¿Algo problema?

Leiva está encerrado allí y nada más.

Sé lo que leiva el significado para usted, pero hay que pasar página.

Bienvenida al ministerio del tiempo.

No te gustan las gachas, ¿verdad?

Creo que esto te gustará más.

Dime para quién trabajas.

Estoy loco.

¿Y si os hubierais encontrado con vos mismo?

Mientras tanto, me gustaría interrogar a otro preso.

¿Su nombre?

Armando Leiva.

Las puertas del tiempo tendrían que ser como el tren que te deja en el centro de

la ciudad.

¡Dos contra uno!

¡Siempre sois así de valientes!

Te quiero, Maite.

Te quiero más que nada en este mundo.

Quiero que no se te olvide, Maite.

Dime, ¿qué puedo hacer por ti?

Decirme el nombre de quien me traicionó.

Mi madre se puso de parto justo al cruzar el río.

Por eso a mí me llaman Lázaro de Tormes.

¿Todo esto que he oído es verdad o lo estoy soñando?

No.

Es el Lazarillo de Tormes en carne y huesa.

¿Que el Lazarillo de Tormes existió?

¡Me muero!

Disculpad, padre.

¿Le conocéis?

Es el corregidor real.

Don Alfonso de Bueno.

De todos los salmantinos buscamos al hombre más protegido de la ciudad.

Vigiladlos.

Viaja por el tiempo a través del túnel.

Dice que lo pueden graduar temporal y espacialmente.

Y que funciona con energía nuclear.

Me engañaste.

Lola.

¿Otra vez Lola Mendieta?

Ahora ya sabemos quién ayudó a Díaz Buena a escapar.

Y también a que fuera corregidor.

Sus tipos vienen por nosotros.

¡Comunidad!

¡Comunidad!

¿Qué es eso de comunidad?

El lema de los comuneros.

No me digas que has hablado con Leyva.

Está prohibido.

Hay muchas cosas que están prohibidas.

Pero de vez en cuando hay que saltarse las normas.

¿Sabéis del castigo que podéis sufrir por ser cómplice de enemigos de la corona?

No sé de leyes.

Yo solo soy un cómico.

Lo que le ocurre a ese comediante no es de nuestra incumbencia.

Sí, lo es.

Es Lázaro de Tormes.

Si muere nunca se escribirá una obra cumbre de nuestra literatura.

El mayor ejemplo de novela picaresca.

A lo mejor, si no se escribe esa novela, en los próximos siglos no hay tanto

ladrón.

Vaya hombre.

Ahora el soldado se nos ha vuelto inquisidor.

Era el mejor agente del ministerio.

Solo el culo a mucha gente en momentos terribles.

Y ahora está ahí pudriéndose entre los peores.

La vida es como la guerra.

Vas perdiendo aliados, compañeros, en toda batalla.

Siempre hay muertos.

Si fuera oportunista, podría deciros cosas de vuestro futuro y conseguir lo que

quisiera.

La puerta 598 ha desaparecido de nuestro mapa.

¿Qué ocurre?

¿Ya te hacía yo que pesaba el confesionario?

Tranquilo, ¿eh?

Lo puedo explicar.

No te faltes.

Estamos solos.

La puerta ha desaparecido del ministerio.

Pero si Ernesto venía a través de ella.

No se sabe nada de él.

Lo que faltaba... ¡Alejaos de ese hombre!

No es un hombre.

Es un diablo que ha salido de ahí.

¿Vosotros sois también demonios?

Sí.

Como enlace entre presidencia de gobierno y este ministerio, vengo a pedir que

liberen inmediatamente a Searle.

El embajador de Estados Unidos exige su inmediata repatriación.

¿Cómo vamos a volver ahora?

¿Por mi puerta?

¿A cambio de qué?

De mi libertad.

Mira.

Son para la tos.

Y el jarabe también.

Bebe un poco.

El Lázaro es un señuelo.

Es una trampa para apresarnos a todos.

¿Cómo ha llegado hasta aquí?

Por la puerta de Lola Mendieta.

¿Y sus compañeros?

Están todos bien, pero no hay tiempo que perder.

Necesito su ayuda.

Que un rayo invisible caiga del cielo y fulmine con su poder divino al verdadero

culpable.

¿Cómo?

¡Milagro!

¡Milagro!

¿Quiere algo más de mí?

Sí.

Que no se torture por lo que ha ocurrido.

¡Leiva!

¡Leiva!

¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?

No se acerque.

Si supieras todo lo que te ofrece el futuro, no saltarías.

Yo no tengo futuro.

La vida se porta bien con unos pocos.

Los demás tenemos que aguantar que nos echen mierda encima, ¿verdad?

Deje de decir tonterías.

Usted no me conoce de nada.

Te llamas Irene Larragirón.

Tu padre es general del ejército.

Trabajas en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Coordinas todo el aparato administrativo.

Eres la primera mujer que consigue llegar tan alto.

Pero te hacen la vida imposible desde que desvedaste al ministro que el gobernador

de la Guinea española se está forrando apoyando empresas británicas.

No debiste hacerlo.

El ministro se lleva el 50% de los negocios del gobernador.

¿Cómo sabe todo eso?

Como sé que vives una vida infeliz con tu marido.

Pero que infeliz lo hacía.

Él dice que estás mal de la cabeza.

Y tus padres le dan la razón.

Quieren un nieto.

Pero no se lo vas a dar.

No son buenos tiempos para una mujer como tú.

Íntegra e independiente.

Diferente.

No saltes, Sireni.

Si saltas, les vas a dar una alegría a tus jefes, a tu marido.

No les des ese gusto.

¿Y por qué hace esto por mí?

No está la administración pública como para perder talentos como el tuyo.

Bienvenida al Ministerio del Tiempo.

Pues esto no es nada.

Ven.

Te tengo que presentar a los demás.

Les he contado que eres un gran fichaje.

Buenos días.

¿Otra pasadilla?

El examen del MIR.

Llegaba dos horas tarde y dejaba cien preguntas sin contestar.

Pues me alegro de verte despertado.

Pero qué obsesión con el MIR, ¿no?

Si eso lo aprobaste hace...

Ocho años.

Ocho años.

Pues ya es hora de ir superándolo, ¿eh?

¿Qué pasa?

¿Estás bien?

Que llevo unas semanas sin pegar ojo.

Últimamente siempre tengo pesadillas.

El otro día soñé que entraba en quirófano y cuando veía a quien tenía que operar era

yo.

Uf.

Eso es mucho peor que lo dormir.

Creo que necesitamos unas vacaciones las dos.

Pero pronto.

A mí me deben unos días, así que si quieres, podemos ir a...

A París.

A París.

Me has leído el pensamiento.

¿Qué hora es?

¿Puedes dormir un rato?

No.

No, me levanto y desayunamos juntas.

Que luego no nos vemos en todo el día.

Es que tengo prisa.

Ya me tomo un café en el ministerio, no te preocupes.

Tan urgente es lo que tienes que hacer.

Tengo un entierro fuera de Madrid.

De un antiguo compañero.

Llevaba un tiempo jubilado.

¿Alguien importante para ti?

Sí, mucho.

¿Y por qué nunca me has hablado de él?

No conozco a ninguno de tus compañeros, nunca me hablas de ellos.

Al final voy a tener que ir a visitarte para conocerlos.

No merece la pena.

Tu hospital es mucho más interesante, te lo aseguro.

Mi trabajo es muy aburrido.

¿Qué se puede esperar de un ministerio?

No sé qué le habéis demorado a Felipe V, la verdad.

Hombre, yo hubiera preferido a Carlos de Habsburgo.

¿Qué más da uno que otro?

Al final todos mandan porque nacieron en un palacio en lugar de en una choza.

Ya te digo yo que a los catalanes no nos hubiera dado igual uno que otro.

Bueno, vamos a dejar el tema que bastante me duele la cabeza ya con esta peluca.

Hola, Irene.

¿Qué le pasa?

Creo que sé quién nos lo puede contar.

¿No os habéis enterado?

Ha muerto Armando Leiva.

¿Y si quién es?

Es la gente que la reclutó.

Eran uña y carne.

Hasta se rumoreó que estaban liados.

Cosa que conociendo los gustos de Irene era mentira, evidentemente.

¿Cómo puede ser que nunca hayamos oído hablar de Leiva?

Nadie se atreve a hablar de él.

Fue terrible.

Leiva era un héroe en la guerra contra los carlistas.

¿Era un militar?

Sí, era capitán y hombre de confianza de Don Salvador.

Era su jefe de operaciones.

¿Ese no es el cargo que ostenta ahora Ernesto?

Sí.

Ernesto ocupó el puesto de Leiva cuando...

Pasó lo que pasó.

¿Angustias por Dios al grano?

Es que si no paráis de hacerme preguntas, no puedo ir al grano.

Todo empezó hace diez años, en el 2005.

El hijo de Leiva enfermó de leucemia y la medicina del siglo XIX no le podía curar.

Leiva pidió a Salvador traer a su hijo al presente.

En el hospital del niño Jesús tienen un gran servicio de oncología infantil.

Es la última oportunidad que tengo de salvar a mi hijo.

Lo siento en el alma, pero no puedo concederte ese permiso.

Ni yo mismo me lo concedería.

Tú no lo necesitas.

Tú vives en el siglo XXI.

Son las normas.

Putas normas.

Pero tú eres militar, Leiva.

Sabes mejor que nadie que las normas están por algo.

¡Os estoy hablando de mi hijo, coño!

¿Por qué tiene más derecho a salvarse el hijo de alguien de este ministerio que el

hijo de alguien que no trabaja aquí?

Pues salvemos las vidas de todos.

¡Podemos hacerlo!

Leiva, ¿sabe lo que pasaría si aplicáramos la medicina actual a todo el mundo que la

necesita en el pasado?

Sí.

Que salvaríamos muchas vidas.

Sí, claro.

Y tendríamos una superpoblación.

No habría cosecha para todos.

Morirían igual.

Además, es la historia.

No podemos cambiarla.

No me contéis más la monserga esa de cambiar la historia.

He arriesgado mi vida mil veces para que la historia no cambie.

He salvado la vida de mucha gente, tanto ilustre como miserable.

Y como yo, muchos de mis compañeros.

Si el ministerio no ayuda a nuestras familias, algo hay que cambiar en el

ministerio.

¡Armando!

Salvador...

Salvador...

¿No cree que podríamos estudiar su caso?

No hay nada que quisiera más en este mundo.

Pero si hacemos una sección con él, todos pedirían lo mismo.

¿Y dónde pondríamos el límite?

Y Salvador se negó a que los funcionarios viajasen por el tiempo por razones

médicas.

¡Liberta!

Pero los compañeros de Leiva se solidarizaron con él y eso acabó en una

huelga.

Al poco, Leiva y sus seguidores se radicalizaron.

Y la huelga se convirtió en revuelta.

Organizaron un plan secreto para tomar el ministerio, pero alguien le traicionó.

Y Leiva y los suyos fueron encarcelados y borrados del mapa.

Pasamos Página y aquí Paz y después Gloria.

La vida siguió su curso normal.

¡Qué barbaridad!

A ver, un momento.

¿Se montó un follón así en el ministerio y nadie de fuera se enteró?

Era diciembre.

Ese año el puente de la Constitución era de seis días y claro.

Este país no cambiará nunca.

¿Y qué pasó con el hijo de Leiva?

Murió, pobrecito.

Leiva dedicó su vida al ministerio.

Imaginé que vendría.

Leiva dedicó su vida al ministerio.

No se merece este final.

Enterrado fuera de su época, sin familia.

Y entre proscritos.

¿Las normas del ministerio son estrictas?

Estrictas son las personas.

Las normas son palabras en un papel.

Leiva llegó donde llegó por desesperación.

Pero antes hizo mucho con usted.

Por el ministerio y por el reino de Asturias.

Y por nosotros.

Qué rica.

Es la mejor sidra que he probado en mi vida.

Es que es del siglo VIII, sin conservantes ni colorantes.

El regalo de don Pelayo.

Que menos.

Le hemos salvado la vida.

Pues sí que está rica.

Bueno, esto merece una fotografía.

Angustes, si tiene la bondad.

A mandar, jefe.

Vamos.

A ver cómo nos ponemos.

Eh, la rubia en medio.

Ah, la mamás.

Una sonrisa para la posteridad.

Buenas noches.

Hola.

¿No vas para casa?

No, en un ratito.

Siento lo de tu amigo.

Es él.

¿Te apetece una copa?

No estoy con mucho ánimo, la verdad.

Gracias.

Una vez me dijiste que siempre que necesitara ayuda podía contar contigo.

Quiero que sepas que tú también puedes contar conmigo.

Para lo que sea.

Algo me dice que me hubiera entendido bien con Leiva.

Pues sí, porque tú también tienes un puntito rebelde como él.

¿Te espera alguien?

Sabes que no.

¿De falta y sí?

No.

Nuria tiene guardia.

El apasionante mundo de las guardias.

Hace mucho que estáis juntas.

Cuatro años.

Pensaba que hacía menos.

No eres tan...

¿Aventurera?

Exacto.

Pues no te confundas, porque seré aventurera, pero nunca soy desleal a mi

pareja.

Ya, ya, ya.

Si te acuestas con alguien del siglo XIX, tu pareja todavía no ha nacido y por lo

tanto no la estás engañando.

Efectivamente.

Era eso, ¿no?

Era eso, así es.

Tu juego, tus reglas.

Y que no te gusta nada por lo que veo.

Las respeto, pero yo tengo otras.

Pues mira, tú tienes otras porque las has elegido.

Y yo tengo las mías porque me he pasado más de media vida viviendo con las reglas

que me imponían los demás.

Pasé mi juventud casada con un hombre que detestaba.

Mis padres me obligaron a casarme con él con 17 años.

Joder.

Lo siento.

Pues podría haber sido peor.

Casi me meten a monja porque me encontraron con una amiga en el cuarto de

baño.

Debes ser duro que no te acepten como eres.

Ni te lo imaginas.

Por eso cuando Leiva me ofreció cambiar de vida, me juré a mí misma que jamás me

arrepentiría de no vivir lo suficiente.

Sigues viendo a Maite, ¿no?

¿Qué pasa?

¿Que se lo vas a contar a Salvador?

No, sabes que no haría eso.

Te lo digo como amiga.

No deberías verla.

Tienes que dejar el pasado donde está.

O te vas a volver loco.

Bueno.

Eso es asunto mío.

Vale.

Si no te voy a hacer una terapia.

Si es que además hoy eras tú el psicólogo y yo la paciente.

Uy.

Me parece que me voy a casa.

Porque si no la tentación va a ser demasiado fuerte.

Oye, que me están mirando a mí, guapa.

Sí.

Tú dame cinco minutos con ellas y ya veremos a quién sonríen.

Sí.

Diviértete un poco, anda.

Pero un poquito de aliria no viene mal.

¿Pagas tú?

Pago yo.

Chao.

Mírale tú también.

¿Estás

mirando?

Sí.

Madre mía.

Buenos días.

Hola.

¿Cuántas fotos?

No serás fotógrafo, ¿verdad?

Mi ex lo era.

¿Y esta chica que sale en todas las fotos?

Deja esa foto donde estaba, por favor.

Vale, vale.

¿Estás casado, verdad?

No.

Será mejor que te marches.

Oye, si te ha molestado algo...

Quiero estar solo.

Nada más.

¿Te espera alguien?

Sabes que no.

Pero antes sí.

No.

Nuria tiene guardia.

El apasionante mundo de las guardias.

Adiós.

Nunca me había sonado tanto el artefacto este del infierno.

Ya va a ser muy urgente.

Vamos, que Julián ya está en arriba.

¡Sorpresa!

¿Qué haces aquí?

Te echaba de menos.

Venga, ¿en serio?

¿En serio?

Le he pedido a Ramón que me cubra para poder pasar el día contigo.

Ay, qué mono.

Solo tengo un problema.

¿Cuál?

Tengo que ir a trabajar.

O no.

Imagina que de repente te pones enferma.

Que puede ser, ¿verdad?

Debo volverme.

Cualquiera puede ponerse enfermo.

Te voy a llegar tarde.

Va.

Hola.

Hola, buenos días.

¿Me puedes pasar con Leonor de secretaría, por favor?

Gracias.

Estás loco.

Leonor, soy Julián, el marido de Maite.

¿Qué tal?

¿Cómo estás?

Oye, que se ha levantado totalmente afónica.

No va a poder dar clase.

Totalmente.

¿Sí?

Así de repente.

Habrá cogido frío o algo, no sé.

Vale.

Yo se lo digo.

Venga, muchas gracias.

Un beso.

Un beso.

Chao.

Que te mejores.

Que te ponen una sustituta.

No me lo puedo creer.

Pero qué mosca te ha picado, tío.

La mosca del amor.

Por Dios, qué cursi.

Estás fatal.

¿Dónde está Julián?

¿Le han avisado?

Sí.

Algunos llamaban a la sífilis el mal español, pero se equivocaban.

El mal español ha sido siempre la impuntualidad.

Yo, si queréis, puedo ir a buscarle.

No, no.

No será necesario.

Ya hablaré yo con él cuando aparezca.

Ahora tienen una misión importante que cumplir.

Ha ocurrido algo muy grave.

Esta madrugada han robado el cadáver de Armando Leiva.

Pero eso no puede ser.

Vimos como le enterraban.

Así es.

Ahora nosotros tenemos que averiguar quién lo hizo y por qué razón.

Alonso, usted acompañará a Ernesto, irá al lugar de los hechos y recabarán

todas las pruebas posibles.

Interrogan a quien haga falta.

Usted localice inmediatamente a Julián.

Vaya a su casa a ver si está.

¿Y si no está?

Entre como sea.

No te preocupes.

Yo te dejo mis llaves mágicas.

Lo abren todo.

¿Y yo qué hago?

Usted se queda.

Que todo el mundo haga lo que tiene que hacer.

Dígame una cosa.

Cuando fue al castillo del siglo XI a interrogar a Walcott, ¿fue usted a ver a

Leiva?

Hasta que no se sustancie el caso, queda usted relevada de la misión.

Solo quería saber cómo se encontraba.

Le llevé unos medicamentos.

Estaba muy mal.

Debe creerme.

Que yo lo creo no es lo de menos.

Son las reglas del ministerio.

Ahora puede marcharse.

Usted me puso a prueba.

Cuando me ordenó que fuera a interrogar al americano, lo que quería saber es si iba a

ser capaz de no ver a Leiva.

Puede marcharse.

Sí.

¿Qué estás haciendo, Julián?

¿Sabes qué es lo que más me gusta hacer contigo?

Aparte de lo que acabamos de hacer.

Aparte de eso, claro.

Darme un masaje.

Echar una siesta contigo.

O a cualquier hora.

Mía, mía.

Anda.

¿Tienes una ruguita aquí?

No me había fijado.

Es nueva.

¿Será que me hago mayor?

No.

Es de sonreír.

Te queda bien.

¿Postura siesta?

Postura siesta en tres, dos, uno...

Cero.

Me gustaría que la vida fuera esto.

Siempre.

¿Enterraron a Leiva con algún objeto de valor?

No.

Ya.

Es la primera vez que roban un cuerpo.

Pasa a veces.

En otros cementerios.

Aquí nunca.

Los huesos machacados son buenos para curar el mal de ojo.

Si usted lo dice...

¿Ha encontrado algo de interés?

Hay huellas, pero las han borrado.

Se pierden al poco de seguirlas.

¿Por qué os preocupáis tanto por un muerto?

El ministerio sobrevivió a duras penas a la rebelión de Leiva.

No podemos permitirnos otra.

Los muertos no ganan batallas.

Se equivoca.

Acuerda ese del CICampeador.

¿Y quién es ese?

Hola, Armando.

Hola.

Hola.

Armando.

¿Te encuentras bien?

¿No estabas con lo de la patente de la fregona?

He vuelto unas horas antes de la misión.

Tengo mal cuerpo.

Pues ve ahora mismo a enfermería.

¿Dónde está el jefe?

De reunión en presidencia de gobierno.

Los presupuestos, ya sabes.

Tengo que acabar el proyecto.

¿Tú mismo?

No será la primera vez que usas su despacho.

Te traigo un paracetamol.

Gracias.

Me voy para casa.

¿No será mejor que te vea un médico?

No.

He acabado el informe.

Me voy a descansar.

Buenos días, Gavis.

Hola, Angustias.

¿Pasa algo?

Que no sabía que el paracetamol tuviera un efecto tan rápido.

Bueno...

Le daré esto a Salvador cuando venga.

Dentro va la copia compulsada del registro mercantil del prototipo de la fregón

inventada por Manuel Jalón en el año 1964.

Ya no nos roban el invento a los americanos.

¿Por qué me miras así, Angustias?

Ni que vieras un fantasma.

Acabo de recibir un fax.

Me lo he enviado yo misma en el 2005.

Creo que jamás me acostumbraré a trabajar en este ministerio.

¿Y qué se cuenta a sí misma?

Aún no lo he leído.

No me atrevo.

Es un aviso general.

Ha aparecido un doble de la gente.

Le iba en 2005.

Angustias...

Bueno, la angustia de 2005, claro.

Me dice que está mucho más envejecido y muy desmejorado.

Ha resucitado como Cristo.

No creo que se trate de un milagro.

Ni yo.

¿A quién llama, jefe?

Al ministerio de 2005.

Mejor salgo.

No me vaya a coger un patatus al oírme a mí misma.

¿Se sabe dónde está Julián?

No he podido localizarle.

¿Habéis ido a su casa?

Sí, pero no estaba.

Entré con las llaves de Irene, pero no encontré nada que indique dónde

pueda estar.

Sí, dígame.

Hola, soy Salvador Martí.

La llamo del ministerio de 2015.

Acabamos de recibir su fax.

¿2015?

¿Todavía no se ha jubilado?

No, hija, no.

No me dejan.

Una preguntita.

¿Cómo estoy de salvo en el futuro?

Perfecta.

Menos mal, es que me acaba de salir un vuelto en el pecho y estoy asustadísima.

Tranquila, diagnosticaron que no era maligno.

Yo mismo la acompañé al médico.

Ahora hábleme de Leiva.

¿Estás segura de que eran dos Leivas diferentes?

Completamente.

Además, el más viejo se comportaba raro.

Se metió en su despacho para ver el ordenador.

Ya, y no puede darme más información al respecto.

No sé qué documentos estaba buscando.

Bien, gracias, Angustia.

Seguiremos en contacto.

Bueno, quiero decir que seguiré en contacto con Angustia.

Bueno, nada, que un saludo.

Le iba a encontrar una puerta para viajar a febrero de 1844.

La época que mejor conocí.

La suya.

No fue una buena época para el ministerio.

¿Por qué?

Fueron años convulsos.

En solo una década España pasó por un rey, dos regentes, una reina y una guerra

civil.

Si hubiera sido solo una, luego vinieron dos más.

Mi abuelo me habló de aquellos tiempos, fueron años terribles.

Lo más seguro es que Leiva se escapó para salvar a su hijo.

Si la misión consiste en impedirlo, no contéis conmigo.

Ni conmigo.

No ha ido a salvar a su hijo.

Leiva ha viajado a 1844 y su hijo murió el 12 de enero de 1842.

Nunca se me olvidará esa fecha.

No lo entiendo.

Hay más puertas.

¿Por qué Leiva no ha entrado por una anterior a esa fecha?

Se bloquearon algunas puertas en aquellos años para evitar males mayores.

¿Me puede decir qué significa eso?

No le dé más vueltas.

Leiva ha viajado a febrero de 1844.

Por aquellas fechas, la reina Isabel II reinaba con apenas 13 años.

Su madre acababa de volver de su exilio en París.

El 14 de febrero hizo su primera visita oficial a este ministerio.

Callenita ciega, ¿qué se te ha perdido?

Una aguja en un pajar.

Cuérdate de vueltas y la encontrarás.

Papa, no me pillas.

No me pillas.

¡Bájeme!

Isabel, Luisa Fernanda, ha llegado vuestra madre de París.

¡Izas mías!

¡Madre!

¿No?

Ahora soy reina Isabel.

¡Ahora sí!

¡Vamos!

¿Los demás hombres?

Preparados.

¿Los individuos?

Activados.

Este ministerio ni puede hacer ni recibir llamadas.

Pero solo tenemos 24 horas.

No sobra tiempo.

Esperen aquí.

Señor subsecretario Emilio Radón.

Servidor.

Para servirle.

¿Quién es usted y a qué debo el honor de su visita?

Soy Armando Leiva, jefe de un comando intertemporal del ministerio.

Ah, eso suena muy importante.

Pero no tengo ni idea de lo que es porque aquí no tenemos de eso.

Me envía Salvador Martí, jefe del ministerio en 2015.

¡Ah!

Le conocí en una comida de Navidad, sí.

Un tipo cabal, un tipo cabal.

Como usted comprenderá, tengo que llamarle para comprobar si lo que usted dice es

cierto.

Normas de seguridad.

Por supuesto.

Qué raro, no hay señal.

Espere.

Tampoco funciona.

Estamos incomunicados.

Eso confirma nuestras sospechas.

¿Qué quiere usted decir?

Vengo a avisarle de que la reina Isabel II visitará el ministerio.

Hemos venido a protegerla.

Van a atentar contra ella.

¿Quién va a atentar contra la reina en el ministerio?

¿Quién?

Carlistas infiltrados.

Pero, ¿tan lejos han llegado?

Mmm...

Lo sabemos de buena tinta.

Bueno, vamos a tranquilizarlos.

Quizá no le han informado bien.

La reina no está ni se la espera en el ministerio.

Señor, señor.

Acaba de llegar la reina Isabel II.

La infanta Luisa Fernanda y la reina madre María Cristina.

Nada.

No hay señal.

Y llevamos más de media hora de mando.

Habrá puesto inhibidores.

Conozco bien cómo trabaja Leiva.

No durará mucho.

La luz eléctrica se inventó en 1839.

Con baterías potentes lo máximo 24 horas.

Entonces hay que ir cuanto antes.

Alonso, usted acompañará a Ernesto.

Recluten un par de hombres armados.

Y que vistan como soldados de la época.

Quiero acompañarles.

¿Puede costarle la vida?

Son mis compañeros.

No voy a dejarles solos.

Ojalá Julián estuviera aquí y opinara lo mismo.

Irene, puede sernos de gran ayuda.

No.

Irene se quedará aquí a coordinar la misión.

Tienen 24 horas para salvar este ministerio y la historia de España.

Ahora salgan cuanto antes.

¿Qué te pasa con Salvador?

Nada.

Tú sabes dónde está Julián, ¿verdad?

Es su decisión.

Tengo que respetarla.

Te juro que vais a necesitar ayuda.

La mía y la de Julián.

Irene, por favor.

Es por su bien, te lo aseguro.

Vamos, Emilia.

Puerta 367 en el 2012.

Gracias.

Ernesto, ¿estáis vos al mando?

Junto con Emilia.

Aquí, al final, el único que nunca la ordena soy yo.

De haber sabido de su llegada, habríamos organizado un recibimiento a la

altura de una reina.

Ha sido un capricho de su majestad.

Desde que leyó lo del ministerio del tiempo, solo quería venir aquí.

En cualquier caso, es un verdadero honor.

Métase sus zalamerillas donde le quepan.

Ya sabe que no soy nada partidaria de este ministerio.

¿Podemos hablar en privado?

Isabel, quédate aquí con tu hermana y con estos señores.

Emilio Redón.

Y con el capitán también.

Así podríamos jugar a la gallinita ciega.

Mami, es que la gallinita ciega...

Soy la reina.

Y será lo que yo diga.

Claro, claro.

Vamos.

Vamos, vamos.

Ha llegado a nuestro conocimiento que van a atentar contra la reina.

Pirín, santa.

Pero si es una niña.

¿Conoce la fecha de ese infame plan?

Hoy.

Tendremos que volver a Palacio inmediatamente.

No, las calles son peligrosas.

Aquí están protegidas.

Esto es una fortaleza.

Como usted diga.

¿Don Emilio?

Hasta que abortemos el plan de esos canallas, tomo el mando de la seguridad de

este ministerio con mis hombres.

Por supuesto.

Capitán.

Obedezcale en todo.

Sí, señor.

Quiero vigilancia en todos los pasillos cuyas puertas vengan del año 2015.

Yo mismo me encargaré de ellos, señor.

Y ahora usted dirá a mis hombres cuál es la estancia más segura de este ministerio.

Síganme.

Era el antiguo probador de vestuario.

Aquí escondemos el libro de las puertas en caso de peligro.

Los espejos crean mucha confusión.

Sí, usted lo dice.

¿Se queda con ellas?

Sí, por supuesto.

¿Y ustedes?

Haremos guardia en el corredor.

¿Qué está pasando aquí?

Sí.

Me voy a ir a...

Pesas.

Voy.

¿Qué haces aquí?

La pregunta es ¿qué haces tú aquí?

¿Cómo me has encontrado?

¿Has entrado a mi viso?

Eso no importa, tienes que volver al ministerio.

Hay cosas más importantes que el ministerio.

Tenemos un problema grave, Julián.

No puedes dejar a tu patrulla en la estacada.

¿Quién es?

Una vendedora.

Ya se iba.

Hola.

Hola.

Aquí tiene un catálogo.

Enciclopedias.

Pensaba que ya no se vendía en el abecilio.

Es algo del pasado.

Pero bueno, hay que ganarse la vida.

Gracias, pero no nos interesa.

Quédeselo.

Y les dejo mi tarjeta.

Por si se arrepienten.

Gracias.

Hasta la próxima.

Qué insistente.

¿Sí?

¿Qué tal, amigo?

Armando.

Vaya.

Parece que vuelven a funcionar las comunicaciones.

Sí, pero solo un ratito.

De paso ahorro en baterías.

¿Qué quieres?

Lo primero, darte las gracias por todo.

Sobre todo, por asistir a mi entierro.

Me han contado que fue un servicio muy emotivo.

Ya.

¿Y lo segundo?

Mira en tu ordenador.

¿Qué?

¿Tienes a la familia real prisionera?

Sí.

Morirán en unas horas y nadie me lo podrá impedir.

Espartero está en Londres y cuando quiera reaccionar será tarde.

El carlismo ganará la guerra que la historia dice te perdió.

Pero tú siempre odiaste a los carlistas.

¿Ya no recuerdas que querían reimplantar la Inquisición?

¿Y quién es Isabel II?

La hija de Fernando VII.

Un rey que traicionó a España con Napoleón.

Tampoco es la monda, ¿verdad?

La de cosas que se puede hacer en el pasado con aparejos del futuro.

¿Sabes qué estoy viendo ahora?

No.

Dímelo tú.

A la patrulla que has mandado salir.

Bueno.

Te tengo que dejar.

Tengo que darles la bienvenida.

Armando.

Armando.

Armando.

Armando.

¿Alguna novedad?

Han atrapado a los nuestros.

Voy a enviar al ejército.

Pero morirán todos.

Eso es algo que ya no podemos evitar.

Soy Salvador Martín.

Envíen tropas.

¿Preparamos algo de comer y vemos una peli?

¿O prefieres salir a comer fuera?

Es que me ha puesto un mensaje Ramón.

Ha surgido un problema.

Espero que no sea grave.

No, no creo.

Pero como me he caqueado no quiero que me pille el supervisor.

Joder, lo siento.

¿Y yo?

Vale.

Vemos la peli el sábado.

Venga, vale.

Pero vamos a hacer un pacto.

Hagamos ver que esto no ha pasado.

¿Por qué?

Es un juego.

Si me prometes que no vas a hablar de lo que hemos hecho hoy, otro día te doy otra

sorpresa.

¿Con nadie?

Ni siquiera conmigo.

Cada día es tan más raro.

Pero me encanta.

¿Sois del ministerio?

Arriba las manos carlistas de mierda.

Nosotros no somos carlistas.

Un momento.

Un momento.

Os están engañando.

Somos compañeros vuestros.

Cállate.

Así sino de niñas.

Los carlistas.

Bienvenidos.

¿Cuánto tiempo, Ernesto?

De ahí va.

¿Dónde está Irene?

No está en esta misión.

Vaya.

El ministerio siempre aparta a los mejores.

Pero son del ministerio, no son carlistas.

Encerrados.

Necesito un médico.

Mi hijo también lo necesitaba.

¿Verdad, Ernesto?

¿Dónde quieres ir a parar, Leiva?

Donde tenía que haber llegado hace mucho tiempo.

¿Queréis salvar a vuestro compañero?

Dime el nombre de Quimetricio o no.

No lo hagáis, Ernesto.

No lo hagáis.

Llevaros.

Llevaros.

Si cambian de opinión, avísadme.

Alonso.

Alonso, no cierres los ojos.

Alonso, no cierres los ojos.

No te vayas, por favor.

Escúchame, Alonso.

Escúchame.

Fuerza y honor serán el lema de la patrulla.

Como tú querías.

Te lo bordaré en una cinta.

Aprenderé a bordarte, lo prometo.

Pero no te vayas.

Y tú estarás al mando.

Escúchame.

Tú estarás al mando.

Julián y yo seremos tus soldados.

Hablaré con Salvador.

¿Qué tal estás?

¿Qué tal estás?

Dice un confesor.

Hay que irse.

Pronto enviarán el ejército.

Salvador sabe que no negociaré y no pienso morir aquí.

¿Dónde vas?

Tengo un tema pendiente.

¿Quieres que te acompañe?

Iré solo.

Tenéis que terminar la faena.

¿Las niñas?

También.

También.

Y la madre.

No van a ser diferentes al resto.

Cuando terminéis, salid de aquí para la sierra.

Una brigada carlista nos espera allí camuflada.

¿Pasa algo?

Mira, Leiva.

Sabes que iría hasta el infierno por ti.

Pero la idea era cambiar el ministerio.

Y tengo dudas de que todo esto no sea más que una venganza personal.

Sí.

Es tiempo de venganza.

¿Algún problema?

¿Dónde el tuyo?

Esto no es muy de 1844, ¿no?

No, ni esto tampoco.

Pero para lo que vamos, mejor ir protegidos.

Es necesario.

Te aseguro que donde vamos nos reparten caramelos.

¿Se sabe algo de la patrulla?

Están presos y si no nos damos prisa están muertos.

¿Pero Salvador sabe esto?

No, Salvador ha enviado al ejército.

Pero nosotros llegaremos antes.

Con el ejército seguro que no se salva ni el apuntador.

¿Con nosotros?

Con nosotros hay una posibilidad de que el apuntador se salve.

La cuestión es dar con Leiva.

A mí me escuchará.

¿Estás segura de lo que estamos haciendo?

No tenemos otra opción.

Todavía estás a tiempo de quedarte aquí.

Ni de coña.

Son mis compañeros.

Ya les he dejado solo demasiado tiempo.

Vamos.

Dios santo.

Qué carnicería.

Es la guardia del ministerio.

No es ninguno de la patrulla.

No.

Son disparos de arma automática y en esta época no había.

Deben ser los hombres de Leiva.

Cojonudo.

Vamos.

Por ahí.

¿Qué ha sido eso?

Tranquila.

Aquí estamos seguros.

Por encima de mi cadáver.

Como quiera.

¡Haga algo!

Sí, señora.

Gracias, Dios mío.

Sí, gracias a Dios y a este señor tan guapo.

Que si tenemos que depender de usted.

Se encuentran bien.

¿Dónde están mis compañeros?

¿Qué compañeros?

Ha venido otro grupo antes que nosotros.

¿Les detuvieron?

Pues si no están muertos estarán en los calabozos.

Se los va.

Y es muy posible que nosotros también.

¡Amerika, ruso!

Son ellos.

¡Julian, aquí!

¡Aquí!

¡Estamos aquí!

Julián.

He perdido mucha sangre.

Levántate la falda.

¿Qué?

Que te levantes la falda, rápido.

¿Has venido solo?

Con Irene.

¿Dónde está?

Buscándola ahí va.

No he podido pararla.

¿Podrás salvarle?

Necesito una transfusión de sangre.

¿Eso funciona?

Con un donante compatible, sí.

¡Sí!

¡Sí!

Quiero su nombre.

Ni te muevas, angustias.

Déjalo ya.

Piensa en los viejos tiempos.

Los viejos tiempos.

Los viejos tiempos.

¡Esta ha sido por los viejos tiempos!

Angustias, le agradecería que se callase.

Porque tengo bastante con lo que tengo, ¿eh?

¿Quién me traicionó?

¿Vas a matarme?

No.

Voy a dejarte vivo por dos razones.

Porque te lo debo.

Y porque quiero que vivas para ver cómo se derrumba este ministerio.

Vigilad.

Uno al norte, otro al este.

General, a partir de ahora la seguridad de la reina queda en sus manos.

¿Y el tal Leiva?

No sabemos, pero ordena a su gente que peine el ministerio.

Puede que queden algunos de sus hombres ocultos.

No me ha oído.

Sí, pero no acostumbro a...

Pues acostúmbrese a recibir órdenes de una mujer.

Empezando por las de esa chiquilla que viene por ahí.

Voy a informar a Salvador.

Bien.

Encuentren a quien ha hecho todo esto.

Y luego cierren este lugar.

¿Por qué?

¿Por qué?

Esto es una locura endemoniada.

Así se hará.

La reina soy yo.

No mi madre.

Será mejor que las escuelte a palacio.

Si fueran tan amables.

¿Has hablado con Salvador?

No contesta, ni angustias tampoco.

Ya.

Leiva está allí seguro.

Está obsesionado con saber quién le traicionó.

¡Levántese!

Y busca el expediente de mi detención.

Es que para acceder a él necesito teclear la clave secreta.

Mira, Agustias.

Seré claro.

O me encuentras el expediente.

O te mato.

¿No pone el nombre de vuestro informador?

Yo solo soy secretaria.

Hay otra forma de saberlo.

¿Cómo?

Los traidores siempre tienen recompensa.

Busca los ascensos inmediatos a la fecha de mi detención.

Ascendieron a Ernesto en tu puesto.

Ernesto ya era mi enemigo por entonces.

Y solo te traicionan los amigos.

¡Sigue buscando!

Solo hubo otro ascenso.

No puede ser.

Gracias, Agustias.

¿Qué ha pasado con la reina Isabel?

Salvada.

Y el ministerio también.

Gracias a Irene y a Julián.

Ha sido Leiva, ¿verdad?

Sí.

Sabe que fuiste tú.

Ha buscado tu dirección y se ha llevado la copia de tu expediente.

Sí, pero ya ha mandado gente a su casa y no hay nadie.

Así que tranquila.

Nuria.

Ni se te ocurra tocarla, Leiva.

No.

Ya sé dónde estás.

Dígame dónde está.

Voy a enviar a la policía.

Es un asunto personal.

¡Irene!

Nuria, tranquila.

Tranquila, no va a pasar nada.

Qué rápido has venido.

La debes de querer mucho.

No lo dudes.

Entonces tu esposa debe de tener cuidado porque a mí también me querías mucho.

¿Recuerdas?

¡Leiva, por favor!

¿Por favor qué, Irene?

¡No tienes derecho a pedirme favores!

Yo evité que te suicidaras cuando eras una esposa infeliz y te querían despedir del

ministerio de exteriores.

¿Estabas casada?

Y fíjate cómo me lo has pagado.

¿Cómo puedes decir que la quieres si no le has dicho quién eres?

¡Dime si te ocurre sacarle pistola o la mato!

¿Tienes pistola?

Déjala bajar.

Y cógeme a mí en su lugar.

Es una posibilidad, sí.

Pero antes...

Antes vamos a contarle toda la verdad a tu esposa.

Por ejemplo, el año de tu nacimiento.

Venga, díselo.

¡Díselo, la mato!

1930.

¡Ay, me salto!

¡1930!

¡Qué tontería es esa!

Se conserva bien, ¿eh?

Eso es imposible.

Sí.

Tan imposible como que tu esposa lleva pistola.

Tu esposa y yo viajamos por el tiempo, Nuria.

Me... me estoy mareando.

Por favor.

¿Por qué me traicionaste, Irene?

Porque te estabas volviendo loco y tu locura iba a costar muchas vidas.

Como las está costando ahora.

¡Yo sólo quería salvar la vida de mi hijo!

¡Ya lo sé!

¡Y yo te apoyé!

¡O es que no te acuerdas!

Pero perdiste el control.

Tú no eres el Leiva que yo conocí.

Aquel Leiva me salvó la vida y me lo dio todo.

Me enseñó que lo más importante era defender el ministerio.

Yo no te traicioné, Leiva.

Yo hice lo que tú me enseñaste que tenía que hacer.

He pasado estos últimos años soñando con descubrir quién me traicionó y vengarme de

él.

Leiva, por favor.

Por favor.

Está bien.

Ya es hora de que se acabe esta historia.

Baja.

Tú hundiste mi vida.

Y yo acabo de hundir la tuya.

Estamos en paz.

No.

No.

¡No!

Irene y Julián.

Podría suspender desde sus funciones por haber roto la cadena de mando.

Solo que esta vez la cadena de mando no ha estado a la altura.

Gracias.

¿Y usted, Alonso, qué hace que no está en un hospital?

No me gustan los hospitales, señor.

¿Puedo hacer una pregunta?

Claro.

Sé que estoy vivo porque alguien dio su sangre para que corriera por mis venas.

Me gustaría saber quién es para agradecérselo.

No tienes que ir muy lejos para hacerlo.

¿Amélia?

Sí.

Esto es una burla.

Corre por mis venas sangre.

Sangre de mujer.

Y encima te quejas.

Bueno, bueno, bueno.

Dejo esos debates para ustedes.

Lo importante es que han salvado el ministerio.

No creo que lo hayamos salvado todavía.

Nos queda un tema muy importante por resolver.

Verán.

María Cristina de Borbón y los Sicilias está muy afectada por lo sucedido.

y presiona a su hija para que cierre el ministerio de forma inmediata.

O en otras palabras, como dice la canción, María Cristina nos quiere gobernar.

Bueno, pues nosotros no vamos a seguirle la corriente, ¿eh?

Es necesario inculcar a esa niña la importancia del ministerio.

Mire, lo dejo en sus manos, Ernesto.

No.

No, no, Salvador, no, un momento.

Vamos a ver, yo no tengo ni idea de tratar con niños.

Pero todos lo hemos sido alguna vez.

Haga memoria.

Hay que pensar algo que le pueda gustar a una niña del siglo XIX si viniese a

nuestros días.

No me tome el pelo, recluta.

Le puedo dar alguna idea, si quiere.

Cuando estás listo, cerraba tus ojos.

Vamos a empezar.

Ahora.

¿Esa es tu cena?

Tengo la nevera vacía.

Pues yo compraré sushi.

Muría se ha ido a casa de sus padres.

Paso de cocinar.

Sabes, de pequeño mi madre siempre decía que no se podía sobrevivir comiendo solo

una cosa.

Tenías razón.

Pues es mentira.

Yo he estado tres años alimentándome a pizzas congeladas.

¿Todo bien con tu chica?

Creo que no va a superar lo que he pasado.

Me he perdido.

Lo siento.

Lo superaré.

Esta es mi vida.

El trabajo nos salva siempre, ¿sabes?

Y deberías aplicarte el cuento.

Deja de hacer locuras con Maite, Julián.

O perderás lo único que te queda.

Este ministerio.

Como a mí.

Bueno.

Me voy.

Antes de que me cierren el japonés.

Hasta mañana.

Hasta mañana.

Hola.

¿Ya estás en casa?

Claro.

Estoy enferma.

¿Te acuerdas?

Ah.

¿Y te ha dado por limpiar cristales?

Es que...

Me encuentro mucho mejor.

Me he perdido algo.

Qué pillo eres.

¿Yo por qué?

Tío.

Podrías ser actor.

Eres muy bueno.

Estás como una cabra.

Estás como una cabra.

No, no, no.

¿A qué época debemos viajar esta vez?

Al año 1924.

Concretamente, a la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Te ha cambiado la cara cuando has visto a ese tal García Lorca.

Ya no distingo lo que es sueño de lo que es realidad.

Tengan cuidado.

Aquí la gente está un poco para allá.

Ibuñuel.

Acaba de guiñar un ojo el director más grande que ha tenido el cine español.

No veo claro que Irene dirija esta operación.

Creo que necesita aún más tiempo para recuperarse.

Mira, yo no puedo más, de verdad.

Amelia.

Qué lástima.

¿Toma Ove?

Lorca tenía sueños premonitorios.

Este no es el único.

Es él.

Irene.

¿Qué tal?

Usted no es...

No se fíe de las apariencias.

Amelia, yo te quiero un huevo.

Qué manía con desnudarse.

Entonces la clave es Stanley.

Yo me encargo de eso.

Tú vienes del futuro.

¿Qué es esto?

Es Blanca.

Alguien va a pagar por esto.

¿Qué pasa?

Que tienen un álbum de nuestras vidas.

Siempre acaba apareciendo Lola Mendieta.

Nunca debieron haber pactado con ella.

Elegid vos las armas.

A puño vivo, amigo, que lo mío es el boxeo.

¡Por Dios y por la Virgen, Alonso!

Estoy harto de tanta mentira.

Y de jugarme la vida por este ministerio.

Me importa una mierda la tablet que pintó Dalí.

Julián, no podemos dejarnos arrastrar por la rabia y por el dolor.

Alonso, eres tú.

Julián, espera.

Creo que tenemos que hablar.

Y será mejor que lo hagamos fuera del ministerio.

¿Y qué le contamos a la patrulla?

La verdad.

Pero a su debido tiempo.

¿Y vos qué decís, Amelia?

No tengo claro que sea Lola.

¿Y quién sino?

Ahora se trata de este yenschaft a hacer másgate.

Como te reflective o, tal, tal.

¿Y eso resulta queCon Doña Corr列, Pero, ¿No?

Unguardo.

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