All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 01x06 Tiempo de pícaros

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Original subtitles

Aquí dentro hay una puerta del tiempo.

Una sola.

Yo puedo enseñarles cientos.

Traidora.

Joela Lola Mendieta.

No sabe lo contentos que estamos de conocerla.

Sin usted jamás habríamos llegado hasta aquí.

Es una alarma antiaérea.

Durante la guerra civil, la aviación alemana bombardeó el pueblo de Gernica en

el día del mercado.

El cuadro se lo encargó el gobierno republicano a Picasso en plena guerra

civil.

Si encontramos el recibo queda claro a quién pertenece el cuadro.

Disculpe.

¿Qué ha pasado?

Nada.

Un pequeño incendio, pero lo estamos controlando.

Qué casualidad.

Y yo que lo veía tan fácil.

No nos queda más remedio que ir a la segunda opción.

En 1981 el gobierno se gastó una fortuna en unos documentos que no lo valían.

Y pagó solo por el recibo.

Según nuestros datos, la valija llegará a Madrid mañana a la mañana.

Al Madrid de 1981, claro.

No sé quién le besa a Esteban, hijo.

Será la costumbre.

Oye, una cosita.

¿Cuándo nos vinimos al barrio?

En 1982.

Tú eras un enano.

Tenías seis años.

¿De verdad tengo que ir así?

No te quejes que te va muy bien el rollo heavy este.

¿Qué es el rollo heavy?

Novedades en torno a la vuelta del Garnic a España.

Fuentes del Ministerio de Cultura han informado de que la avenida España de la

documentación referente del cuadro prevista para mañana tendrá que esperar.

Venid a ver esto.

¿No reconocéis a nadie en esta foto?

¿Este tío?

¿Cómo valorará el apoyo de las muchas estrellas de Hollywood a la República?

Es el mismo.

Alguien está intentando reescribir la historia.

Y está igual.

Y han pasado 42 años.

La valija debería haber viajado en 1981 o mañana, no pasado mañana.

Y para colmo tenemos un americano que viaja por el tiempo y no trabaja con

nosotros.

Lo que no entiendo es por qué nos han encargado esta misión.

Esos muñecos mal pintados pueden ser el símbolo de algo.

Así que este es tu barrio.

Sí.

Qué fuerte.

La niña de rojo va a ser la tía buena del barrio.

Es como si estuviera viendo una película de mi vida.

¡Maite!

Ven.

No molestes al señor.

Era mi mujer con tres años.

Gracias, señor.

Gracias por estos alimentos.

Desde niño he escuchado a leño en casa.

Era el grupo favorito de mi padre.

¿De quién?

¡De mi padre!

No me lo puedo creer.

Julián, por favor, vámonos.

Ni de coña.

Es mi padre.

Y esa de ahí no es mi madre, que estará en casa con un niño.

O sea, yo.

Llegaremos al aeropuerto una hora antes.

Irene y yo iremos directos en busca del americano.

Un grupo de altos funcionarios del Ministerio de Cultura vendrán a recogerlo.

Amelia y Julián se encargarán de revisar la valija.

Tendrán un cuarto de hora antes de que se den cuenta de que Walcott ha desaparecido

y reclamen la valija.

¿Qué tal os ha ido?

La caja donde debería estar el documento tenía los precintos rotos y el recibo no

estaba.

Solo una pregunta más.

No, no trabajo para el gobierno americano.

¿En qué año estamos?

1981.

2015.

¿Cómo ve?

¿No es usted el único que viaja por el tiempo?

Raquel.

Me ha prometido que pronto nos iremos a vivir juntos.

Raquel, no eres la primera a la que se lo promete.

Hace dos semanas se lo prometió también a mi hermana.

Suponemos que el Museo de Nueva York contrató a la empresa de este hombre para

borrar cualquier prueba que acredite que el cuadro pertenece a España.

Y han hecho bien su trabajo.

No hay recibo.

¿Y si falsificamos el recibo del Guernica?

Mira, eso es muy español.

Lo primero sería conseguir la firma original de Picasso.

¿Esto es vino?

Me temo que sí.

Ahora necesitamos una máquina de escribir de la época y una puerta que nos lleve a

los años 30.

Esto es muy moderno para mí.

A ver, déjame.

¿Yo?

Sí.

Pablo Ruiz Picasso.

Le he enviado a tu nombre.

Años 80.

Allá voy.

Ya voy.

El Guernica es nuestro.

Buen trabajo.

Yo me imaginaba así de viejo.

Yo también.

Pero no con tu madre.

Se llamaba Raquel.

La vi y dije.

Ella es la mujer de mi vida.

Yo quiero mucho a tu madre.

Siempre la he querido.

Pero no hay día que no me acuerde de Raquel.

Es emocionante.

Aunque a ti te seguirán pareciendo unos muñecos mal pintados.

Ya no.

Cuéntame algo más de mí.

Te juro que lo haré.

Pero no ahora.

Cuidado.

Fíjate aquí.

Pero esto es increíble.

Sí parece de Fernando Gallego.

Fue uno de los máximos exponentes del estilo hispanoflamenco salamanca.

Murir mi cliente...

Cuidado.

¿Por qué me dices a mí que tenga cuidado?

Espera.

Hay algo.

Pásame las herramientas.

No

puede ser.

¿Ya había móviles en el siglo XVI?

¿Encontraron este móvil en un yacimiento del siglo XVI?

Los arqueólogos lo habrán flipado.

Como que uno de ellos está en tratamiento psiquiátrico, no le digo más.

¿Y no puede ser una broma que alguien lo dejase allí posteriormente?

Los análisis indican que no es ninguna broma.

Las obras de arte que han encontrado desaparecieron en esa misma fecha.

Al parecer los ladrones las escondían allí.

La cueva de Alibaba en el siglo XVI.

Solo que uno de los ladrones es del siglo XXI.

El dueño del móvil.

Sí.

Y sabemos quién es.

Señor Díaz Bueno, por favor, ¿quiere hacer alguna declaración?

Señor Díaz Bueno, ¿va a devolver usted el dinero que ha robado?

Señores, les presento a Alberto Díaz Bueno.

¿Este no es el caradura que se fugó el año pasado?

El mismo.

Fundó Aldip, una empresa especializada en asesoría y comunicación.

Después invirtió en el ladrillo y en agencias de viajes.

Creó un imperio porque recibió numerosos premios como empresario y como

emprendedor.

Si, mientras sacaba el dinero de España no pagaba a proveedores, despedía a sus

empleados.

Un estapador.

¿Y si es un ladrón, por qué no está en la cárcel?

Estaba.

Pero se fugó aprovechando un permiso de fin de semana.

¿Un permiso?

En esta época los presos disfrutan de tales licencias.

Solo los que roban mucho.

¿Robasen mucho o poco?

¿Cómo es posible que este individuo viaje por el tiempo?

Eso es lo que estamos investigando desde que conocimos la noticia.

Hemos recuperado la información de la tarjeta SIM del móvil encontrado.

Y en este otro móvil está la copia.

Con él hemos podido saber a quién llamó Díaz, bueno, una semana antes de

desaparecer.

Llamó a su abogado, a su madre, a su novia...

Y a un número no identificado 20 veces.

¿Cómo que no identificado?

Todos los teléfonos están a nombre de alguien, aunque sean de prepago.

Sí, de un tal Enrique Gil de la Riva que lleva muerto 20 años.

Y que nunca hace las recargas en el mismo sitio.

Tal vez llamando a ese número...

Ya lo hemos hecho.

Pero nunca contestan.

En resumen, tenemos que pillar a ese cabrón y traerlo aquí para que se le

juzgue.

Exacto.

La fecha más cercana a la puerta de nuestro hallazgo está en Salamanca,

en febrero de 1520.

Salamanca, año 1520.

Pero este es el momento de la revuelta de los comuneros contra Carlos I.

Ustedes no viajarán durante el conflicto.

La revuelta ocurrió dos meses después.

Todo iría bien si no toman partido por ningún bando y se centran en su misión.

Ah, otra cosa.

Este es el retrato robot que hizo Velázquez de Díaz Bueno.

Lo digo por si tienen que preguntar a la gente.

Partirán de inmediato.

Usted, Ernesto, supervisará personalmente la operación.

¿Y yo?

Tengo otra misión para usted.

Quiero que se encargue de un tema muy importante para el ministerio.

Interrogar a Walcott.

Ella debe estar en su punto.

Una semana en una mazmorra del siglo XI hace fracallar a cualquiera.

¡Hey!

¡Hey!

¡Llamad!

¡Llamad a la embajada norteamericana, por favor!

¡Llamad a la embajada norteamericana, por favor!

¿Algo problema?

No.

Sí.

Sí lo hay.

Leiva está encerrada allí y nada más.

Sé lo que Leiva ha significado para usted.

Y para este ministerio.

Pero hay que pasar página.

Mire, Irene, por primera vez desde que existe el ministerio, hemos localizado un

viajero del tiempo que viaja de una forma que... que nosotros no controlamos.

Y ese es un tema grave.

Muy grave.

Lo sé.

Iré a interrogar a Walcott ahora mismo.

Es que parezco de la tuna.

Solo me faltan las cintas y la pandereta.

Eso se trata.

De que parezca usted un tunante.

Pero no tengo que hacerme pasar por un estudiante que va a Salamanca.

No te ofendas, de ahí viene la palabra.

Un antiosopista.

Se llamaba así a los estudiantes pobres que ganaban para comer con su habilidad

musical.

¿Hay algo que esta mujer no sepa?

¿Y yo quién digo que soy, si me preguntan?

Usted irá a la guerra con el rey, en la Flandes.

Ese personaje no me costará interpretarlo.

Pero antes dejará a su mujer en un convento.

Concretamente a usted, Amelia.

Monja, fiel esposa, prostituta.

Qué poco repertorio tiene una mujer en el pasado.

La puerta es la 598.

Les dejará a las afueras de Salamanca.

Buena suerte.

Me gusta verte sonreír.

Últimamente no lo haces mucho.

Prefiero viajar a un siglo en el que todavía no he nacido.

Ni yo ni los míos.

Mejor eso que estar muerta y enterrada.

Esta es.

Venga.

Salid, que no quepo.

Sin empujar.

Ya voy, ya voy.

Estamos en una ermita.

Salid, por Dios.

Esto es más pequeño que un ataúd.

La puerta está en un confesionario.

Menos mal que no estaba el cura.

Habría muerto de un infarto.

No creo que haya pasado nadie a confesarse por aquí en mucho tiempo.

Parece abandonada.

Lo extraño es que no hayan enviado a nadie a recogernos.

Falta de personal, como siempre.

Cierto.

Apenas hace cuatro años de la coronación de Carlos I.

El ministerio no cobra esplendor hasta el final de su reinado.

Veamos a ver dónde estamos.

Según el mapa, la ermita está al norte de Salamanca.

a unas dos leguas.

¿Y eso solo?

Eso son dos horas de camino a bombazo.

Por fin vienen a soltarme.

No te hagas ilusiones.

No te gustan las gachas, ¿verdad?

Creo que esto te gustará más.

¿Qué tal por el siglo XI?

Esta cárcel es inhumana.

No te quejes que vosotros tenéis Guantálamo.

Aunque allí, si te escapas, estás en pleno siglo XXI.

Dime para quién trabajas.

Si quieres salir de aquí tendrás que darme algo a cambio.

He vivido guerras.

Me han torturado.

Y nunca han conseguido que yo hablara.

Porque iba a hacerlo contigo.

Porque la hamburguesa que te estás comiendo está envenenada.

Y este es el único antídoto.

Dolor de estómago es el primer síntoma.

Luego no podrás tenerte en pie.

Y en un par de horas estarás muerto.

Dos horas.

No tardaré en volver.

Mientras tanto, me gustaría interrogar a otro preso.

¿Su nombre?

Al mando Leiva.

¿Algún problema?

Las puertas del tiempo tendrían que ser como el tren que te deja en el centro de

la ciudad.

¿Sabéis cuál es el principal problema de vuestra época?

Sois vagos.

Demasiados inventos que os hacen la vida demasiado cómoda.

A eso se le llama progreso.

En lo esencial habéis progresado poco.

Los sinvergüenzas como el que buscamos siguen sin pagar sus penas.

Igual que en mi época.

Y en la mía.

Alguien está en apuros.

¡Alonso!

¡Alonso!

Se va a meter en un lío nada más llegar.

Justo lo que necesitamos.

¡Dos contra uno!

¡Siempre sois así de valientes!

¡Gracias a Dios!

Os he ordenado calar.

¿Quién os ha dado vela en este entierro?

Entierro será.

Pero el muerto no será el que teníais pensado.

Tranquilos.

Con estos ganapanes me basto yo solo.

Cuando sonríe así me da miedo.

¡Por Santiago y por España!

Nada.

Es un golpe.

Nada grave.

Menos mal.

¿Os duele mucho?

Un poco.

Estoy en deuda con vosas Mercedes.

Más bien estáis en deuda con Alonso.

Para tener solo un palo no os habéis defendido nada mal.

Son tiempos revueltos.

Y procuro llevarlo siempre a mano.

Pero...

Si no hubierais aparecido no lo cuento.

Esos ladrones no eran chusma.

Vestían como hidalgos.

Es que hidalgos eran.

En las buenas familias el hermano mayor lo hereda todo.

Y los segundones y tercerones prefieren robar en los caminos antes que trabajar.

Será mejor continuar viaje todos juntos.

Por mi, encantado.

Subir aquí.

Ya apenas queda nada hasta Salamanca pero el camino se hace pesado.

Aún no sé vuestro nombre.

Me llamo Amelia, ¿y vos?

Mi nombre es Lázaro.

Va.

¿Cuánto tiempo ha pasado?

Casi ocho años.

Supongo...

Supongo...

que no vendrás a lo verme.

No.

Tenía que interrogar a otro preso.

Has usado lo del veneno y el antídoto.

Tal como me enseñaste.

Aprendiste rápido.

Aprendí del mejor.

Por favor.

¿Recuerdas mi primer día en el Ministerio?

Bienvenido al Ministerio del Tiempo.

Pues esto no es nada.

Te tengo que presentar a los demás.

Les he contado que eres un gran fichaje.

Al principio contaba los días.

Pero dejó de tener sentido.

¿Para qué?

Si no me van a soltar.

¿Quieres que llame a un médico?

¿Un médico del siglo?

No, gracias.

¿Qué le contaron a mi mujer?

Que habías fallecido en una misión.

¿Y se lo creí yo?

Sí.

Mejor.

Recibe una pensión del Ministerio.

Salvador.

Salvador siempre ha sido un tipo elegante.

Un caprón, eso sí.

Pero elegante.

Solo pedí yo a lo que era justo.

¿Cuántas veces me habré jugado la vida por salvarla de gente ilustre?

La vida de gente que valía menos que la de cualquiera de nosotros.

Que la de mi hijo.

¿Cómo se puede dejar morir de leucemia un niño?

No.

El siglo XXI.

La mayoría de los niños se cura.

Un simple viaje habría bastado.

Tenías que haberlo hecho en secreto.

Nunca.

¿De qué sería salvar a mi hijo enfermo?

Si un compañero no puede salvar al suyo.

A su mujer.

A todos o ninguno.

Por eso me rebelé.

Será mejor que te vayas.

¿Recuerdas lo que nos repetías a los que empezábamos?

Ninguna gente se queda atrás.

Dime qué puedo hacer por ti.

Decirme el nombre de quien me traicionó.

Algún día tendré que pagar por lo que me hizo.

A mí y a mis compañeros.

¿Y os ganáis bien la vida de comediente?

Gano lo justo, pero soy libre.

Y vivo mucho mejor que de criado, que también lo fui, de niño.

¿En alguna casa noble?

Todos los nobles que puedan ser un ciego, un hidalgo sin fortuna o un clérigo

tacayo.

Eso sí, de todos aprendí algo, aunque a fuerza de hambre y de palos.

¡Sóbulo!

Mirad, Salamanca.

Gracias.

Qué hermosa vista.

Mucho.

Mi madre se puso de parto justo al cruzar el río.

Por eso a mí me llaman Lázaro de Tormes.

¿Y venís a Salamanca a visitar a la familia?

No.

No, de mi madre no sé nada hace tiempo.

Y mi padre murió en Gelbes, hace diez años.

¿En Gelbes?

En esa batalla murieron muchos valientes.

A lo mejor sois hijos de un héroe.

No.

No, mi padre cuidaba de las mulas.

Y fue a la guerra para no ir a la cárcel por ladrón.

No os avergoncéis.

Todo el que pelea en una batalla y muere en ella es un héroe.

Entonces prefiero no ser un héroe.

Yo, con ver el sol cada día y tener algo que comer, ya me conformo.

Esa es mi guerra.

Lo ha sido desde que era crío.

Muerto mi padre.

Mi madre me puso a servir a un ciego tan pobre como nosotros mismos.

Nunca olvidaré la mala vida que me dio.

No había día en el que no me moliera palos.

¿Pero cómo?

¿Le servíais y os pegaba?

Allí me dio el primer coscorrón.

Con el toro de piedra.

Aún tengo la cicatriz.

¿Qué hay de puta?

Lo era.

Pero os mentiría si nos dijera que me enseñó lo que es la vida.

Recuerdo que un día un vendimiador nos dio un racimo de uvas en limosna.

Hoy quiero que veas la confianza que tengo en ti.

Yo cogeré una uva.

Después tú otra.

Con tal de que me prometas que no cogeréis más de una.

De esta suerte no habrá engaño.

Os lo prometo, señor.

Así empezamos a hacerlo.

Pero al segundo lance, el ciego cogió dos uvas.

Y lo mismo hice yo.

Como él había quebrado el pacto, luego fui cogiendo tres o cuatro.

Mientras él cogía dos.

Y así acabamos el racimo.

Lázaro, me has engañado.

Juraría por Dios que hemos acabado el racimo demasiado rápido.

Y que has comido las uvas de tres en tres.

No, señor.

¿Por qué sospecháis eso?

Porque yo las comía de dos en dos y callabas, pequeño demonio.

No te quejes ni llores.

Que dineros no te puedo dar, pero sí enseñanzas para la vida.

Me curo de mi inocencia.

Me enseñó que si quería sobrevivir no me podía fiar de nadie en la vida.

Bueno, aquí se separan nuestros caminos.

¿No ibais a Salamanca?

Así es.

Esta noche montaré mi retablo en la fonda del callejón.

Pero hasta que no se vaya el sol, mejor no pisar la ciudad.

No sea que me tomen por un mendigo.

Una ordenanza real prohíbe que en las villas haya mendigos que no sean los

propios de la ciudad.

Y yo hace años que no piso Salamanca.

Qué viserables.

Como si la pobreza tuviera fronteras.

Así son estos tiempos.

Pero si esta noche queréis venir a ver mi función, os esperaré con gusto.

Me encantaría.

A mí también.

Pero tenemos cosas más importantes que hacer.

Antes de que os vayáis y ya que sois de por aquí...

¿Conocéis a este hombre?

No.

Pero si es de Salamanca mal testigo soy.

Ya os he dicho que hace tiempo que no vengo por aquí.

Adiós, amigos.

Ojalá viva para devolveros el favor.

Adiós.

¿Todo esto que he oído es verdad o lo estoy soñando?

No.

Es el lazarillo de Tornes en carne y huesa.

No sé de qué estáis hablando.

Pero recuerdo que tenemos una misión que cumplir.

Disculpe, señor.

¿Habéis visto a este hombre?

No.

Señor, algo de comer para mi hijo.

Sí.

Tomás.

Dios le bendiga.

¿Habéis visto alguna vez a este hombre?

No.

No.

Algo pasa aquí.

Es ver el retrato y salen espantados.

A ver, con esta.

Perdone, señora.

Maleducados hay en todas las épocas.

¡Me muero!

¡Me muero!

Me muero.

Vas a hablar ahora.

Disculpad, padre.

¿Puedo haceros una pregunta?

¿La conocéis?

Sí.

Es el mal hecho hombre.

Es el corregidor real.

Don Alfonso de Bueno.

De todos los salmantinos buscamos al hombre más protegido de la ciudad.

¿Unos forasteros preguntan por mí?

Sí, sí.

Pero no conocían su nombre ni su cargo.

Me pareció sospechoso.

¿Cuántos son?

Dos hombres y una mujer.

Vigiladlos.

Quiero que esta noche duerman en las mazmorras.

¿Me podéis contar que es un corregidor real?

Es el representante del rey y su hombre de confianza.

Recaude impuestos, imparte justicia y se dedica a mantener el orden público.

Ahora entiendo su popularidad.

Me sorprende que Díaz Bueno haya llegado tan alto en tan poco tiempo.

Descaro no le falta.

Mirad, Lázaro va a empezar.

Damas y caballeros, sed bienvenidos al retablo de Lázaro.

Si os reís de mi aguda prosa, hablará bien de vuestra inteligencia.

Si no os reís, recordad.

Quod natura non dat, salmantica non presta.

La universidad no te da lo que la naturaleza te negó.

A eso llego.

Pero cuidado.

Por experiencia os digo que cuando la naturaleza no te da, es que encima te

quieren quitar.

Así que, Walcott, viaja por el tiempo a través del túnel.

Eso me ha confesado.

Dice que lo pueden graduar temporal y espacialmente.

Y que funciona con energía nuclear.

Alguien debe estar metiendo mucho dinero en todo esto.

Concretamente la empresa que ha diseñado el aparato.

La Darrow Limits Company.

Aunque en principio solo pretendían organizar viajes turísticos a través del

tiempo.

Ya.

Pero una cosa es el turismo y otra, interferir en los asuntos de estado,

como en el tema del Guernica.

Y me temo lo peor.

Yo también.

Pero no podía seguir haciéndole preguntas.

Estaba muy débil y lo tuve que dejar.

Mañana volveré.

Un túnel del tiempo, ¿eh?

La realidad se parece demasiado a una serie de televisión.

Solo que en las series de televisión al final suelen ganar los buenos.

Y en la realidad no.

En la realidad suelen ganar los malos.

¡Fiervos!

Ahora voy a recaudar dinerito para viajes de cogonación en Aquisran.

¡El rey de Castilla se queda en Castilla!

¡Y aprende a hablar en cristiano!

¡Fuera a los extranjeros!

¡Haya paz, amigos!

¡Que dejen de robarnos!

¡Este humilde comediante se encargará de que el rey no se embolse ni un pobre

vellón!

Este chico en la tele haría carrera.

Un hombre hablando con un muñeco.

¿Estáis locos?

No sería el primero.

Te lo aseguro.

¡Gracias, amigo!

Pues a mí me ha parecido gracioso.

Era desleal al rey.

Sus motivos tendrá...

¡Gracias!

Señores.

Señora.

¿Me suena algo?

Otra cara para mis amigos.

¿Cómo estáis?

¿Os ha gustado el espectáculo?

Sí.

Alonso.

Esos tipos vienen por nosotros.

Ni se os ocurra luchar.

Podréis comer estos, pero fuera habrá una docena más.

Dejadme a mí.

Debes acompañarnos.

¿Nosotros?

No, tú no, infeliz.

Aunque bien podría detenerte por instigar contra el rey.

¿Os referís a este pelele?

Si te empeñas, también vendrás con nosotros.

¡Comunidad, comunidad!

¿Qué es eso de comunidad?

El lema de los comuneros.

Así es.

Venid conmigo.

No estabais en la fonda por casualidad.

Nos seguisteis.

Sabía que tendríais problemas.

¿Cómo os hais preguntar por Alfonso Bueno en plena calle?

¿Cómo no podíais saber que es el corregidor de Salamanca?

Venimos de muy lejos.

Hablando es del corregidor.

Parece que todo el mundo le teme.

Es un ladrón y un tirano.

Maldito sea él y el rey que le manda.

Vos también despreciáis al rey.

¿Y por qué no habría de hacerlo?

Dice que es el rey de España, pero no habla nuestra lengua.

Colocan los mejores puestos a extranjeros.

Y encima se lleva nuestro dinero a Flandes mientras el pueblo se muere de hambre

frío.

¿Cómo?

¿Cómo puedo yo decir a nadie que si peca irá al infierno?

Si muchos viven ya en él.

Permanecete aquí.

Padre, disculpad.

Una pregunta más.

Nos acompañaba un muchacho al que han detenido.

El comediante seguramente estará en las mazmorras del corregidor.

Con suerte irá a galeras o...

o servir en la guerra.

Y sin suerte...

Nunca saldrá con vida de las mazmorras.

¿Quiénes son los hombres y la mujer que os acompañaban?

No lo sé.

Ya os lo he dicho, solo sé que os buscaban porque tenían un dibujo con vuestro

retrato.

¿Dónde se esconden?

No lo sé.

¿Les ayudasteis a escapar?

Me ayudaron cuando unos maleantes me atacaron camino de Salamanca.

Les debía el favor.

¿Sabéis del castigo que podéis sufrir por ser cómplice de enemigos de la corona?

No sé de leyes.

Yo solo soy un cómico.

Un cómico que se burla del rey.

Si me perdonáis, dejo los oficios, lo juro.

De lo segundo podéis estar seguro.

De lo primero, no.

¡No, Dios mío!

¿No me la pongas en bandeja de aluminio?

El otro día metí una en el microondas y casi incendio la casa.

Uy, invento del diablo.

Diez años en el siglo XXI y todavía cometo errores de principiante.

Tranquila.

Ahora la tecnología va más deprisa que las personas.

Sí, demasiado deprisa.

Ponme un mixto, por favor, y un tercio.

Sin vaso.

Marchando.

¿Cenas aquí?

Sí, hija, sí.

El mundo del revés.

A ti te esperan en casa y cenas en el ministerio.

Y yo me llevo la cena a casa y nadie me espera.

Ironías de la vida.

Pues sí.

A veces la vida se pasa de irónica, por no decir otra cosa.

¿Un mal día?

Mal o no, peor.

Venga, va.

Cuenta.

¿Qué pasa?

Hoy he estado en el penal del ministerio en el siglo XI.

Para interrogar al americano.

No me digas que has hablado con Leiva.

Está prohibido.

Hay muchas cosas que están prohibidas.

Pero de vez en cuando hay que saltarse las normas.

¿Y cómo está?

Pues mal, muy mal.

Y lo peor de todo, olvidado.

Era el mejor agente del ministerio.

Salvó el culo a mucha gente en momentos terribles.

Y ahora está ahí pudriéndose entre los peores.

Joder, es injusto.

Cometí un error.

Todos los cometemos.

Pero ¿sabes lo que más me jode?

Estar aquí tranquilamente contigo tomándome una cerveza cuando sé que él

solo puede beber agua infecta.

Porque por muy mal que me sienta yo hoy, mañana me encargo de otra misión y me

olvido de él.

Como todos.

En el mundo hay mucha gente que sufre.

Pero hasta que no los tenemos cerca, no nos damos cuenta de que existen.

Es injusto.

No.

No te estoy hablando del mundo, Angustias.

Te estoy hablando de este sitio, de este ministerio.

Que se trata de cruzar la puerta 36.

Porque serán criminales muy peligrosos.

Pero te aseguro que las condiciones infrahumanas de ese penal también son

criminales.

Es una vergüenza, hombre.

Díselo a Salvador.

Aquí las reivindicaciones no sirven de nada, ya lo sabes.

Pobre Leiva.

Te pueden encargar el trabajo sucio de este ministerio durante más de media vida.

Y si se tuercen las cosas y te he visto, no me acuerdo.

Bueno, de esto ni una palabra, por favor.

Tranquila.

Secretaria es la que guarda secretos.

Bueno...

¿Y de Amelia y los chicos qué se sabe?

Todavía nada.

Siguen en 1520 buscando al tal Díaz Bueno.

Vinimos a detener a Díaz Bueno.

Lo que le ocurre a ese comediante no es de nuestra incumbencia.

Sí lo es.

Sin Lazaro.

Nosotros seríamos los presos.

Fuiste tú quien corrió a rescatarle a la primera de cambio desobedeciendo a la

jefa.

¿O ya no te acuerdas?

Tú provocaste que nuestros caminos se cruzasen.

Cierto.

Pero ahora estamos donde estamos.

Y tenemos que seguir con lo nuestro.

Qué poco sabéis de la vida.

A ver, explícanos eso.

¿Tú que eres tan listo?

La vida es como la guerra.

Vas perdiendo aliados, compañeros.

En toda batalla siempre hay muertos.

Puede que no sepa tanto de la vida como tú, Superman.

Pero hay una cosa que tengo muy clara.

Si puedo salvar una vida, la salvo.

Por Dios, es un simple titiritero.

No.

Es Lázaro de Tormes.

Si muere, nunca se escribirá una obra cumbre de nuestra literatura.

El mayor ejemplo de novela picaresca.

Cierto.

En mi época la leen todos los chavales en los colegios.

Los pícaros no son buen ejemplo.

Estafan.

Roban.

A lo mejor, si no se escribe esa novela, en los próximos siglos no hay tanto

ladrón.

Vaya, hombre.

Ahora el soldado se nos ha vuelto inquisidor.

Medid vuestras palabras.

¿O qué?

Puedes partirme la boca si quieres, Alonso, pero no por eso vas a tener razón.

Ya te lo digo.

¡Ya está bien!

Yo estoy al mando, ¿entendido?

Yo lo he entendido siempre.

Es a él al que parece que le cuesta.

El ministerio tiene como misión que no cambie el pasado, y eso es lo que vamos a

hacer.

Con Díaz Bueno y con Lazarillo.

¿Cuántas veces he dicho que hay que llamar antes...?

No levantes la voz.

Lola, ¿qué haces aquí?

Eso mismo quería preguntarte yo.

Me engañaste.

¿De verdad valen tanto?

Este Fernando Gallego mucho.

No te quejarás de tus comisiones.

Sabes que hay cosas que me importan mucho más que las comisiones.

¡Más de la casa!

Ahí están.

¿Habéis traído las mulas?

Sí, arriba están.

Bien.

Virgen Santa.

Tenéis aquí para llenar una iglesia.

¿A qué esperáis?

Cargad todo lo que veis.

Pero...

Esto es más caro que lo que nos pagáis.

¿Qué queréis decir?

Que mejor os vais.

Ya lo cargamos nosotros para nuestro beneficio.

Ya no seas necio.

Me ha llamado necio.

Ningún hombre ha vivido para contar que me insulto.

Asesino.

Mejor que os vayáis si no queréis acabar como él.

Venga, vámonos de aquí, de prisa.

¿Y qué hacemos con todo esto?

Tengo oro de sobra como para cargar con estos trastos.

¿Cómo has sabido que estaba vivo?

Han estado llamándome desde tu antiguo móvil.

¿Mi móvil?

Pero se lo perdí.

Alguien lo ha encontrado y ha venido a buscarte aquí.

Dos hombres y una mujer.

Ayúdame a encontrarlos, Lola.

Con eso estoy.

Para entregarte a ellos.

Puedo ofrecerte lo que quieras.

Cállate.

Quieres cambiar la historia para tu propio beneficio y no te lo voy a consentir.

Tú viajas por el tiempo para hacer un negocio con tus antigüedades.

Yo lo hago para seguir siendo libre.

No.

Tú lo haces para seguir robando a la gente.

Ah, si no la robo, yo la robaré a otro.

Siempre ha habido y habrá pobres y ricos y yo no pienso ser de los primeros.

Eso siempre me lo has dejado muy claro.

Y tú siempre me has dejado claro que no eres más que una revolucionaria de

pacotilla.

Ahora todos sueñan con que los comuneros les librarán de esto, pero tú y yo sabemos

que no es así.

Que dentro de un año, en Villalar, les cortarán la cabeza a Padilla Bravo y

Maldonado.

Vamos, Lola.

Andando.

Venga para adentro.

¡Ah!

¡Qué bruto!

Tratar así a una dama.

Una rabiza, queréis decir.

¡Cállate, imbécil!

¿Cómo puedes confundir una ramera con una dama?

Tienes razón.

¿Qué dama pasaría aquí en la noche?

No lo sé.

Pero vuestras manos suaves os delatan.

¡Oh!

¿Por qué injustas razones han encerrado?

Contadme vos primero.

Por burlarme del rey y del corregidor.

Entonces estamos aquí por lo mismo.

¿Sabéis qué van a hacer con nosotros?

Los...

Pensabas que no iba a volver.

La verdad es que no.

Mira.

Son para la tos.

Toma.

Y el jarabe también.

Bebe un poco.

Bebe.

Ninguna gente se queda atrás.

Ninguno.

¡Despertad!

¡Despertad!

¡Despertad!

¿Qué pasa?

¿Qué pasa?

Un carro parte para Sevilla media mañana.

Dicen que dentro van todos los apresados anoche.

Seguro que hay dentro Belázaro.

¿Y por qué van a Sevilla?

Los llevan a las Indias.

Hay que evitarlo.

Sí, pero ¿cómo?

Ay...

A ver...

Decidme el camino que va a llevar ese carro.

Hemos salvado la vida a Lope de Vega, a El Empecinado.

En fin.

Gente de la que se sabe su vida y obra.

¿Y?

Que ahora vamos a salvar a alguien que todo el mundo cree que es fruto de la

imaginación de un escritor.

Es como si me dicen que tengo que salvar a Mortadelo y Filemón.

¿Y esos quiénes son?

Ahí vienen.

¡Alto!

Se acabó vuestro viaje.

Matad a esos botarates.

¡Quieto!

Soy hombre muerto.

Bájate al carro.

Las llaves.

Al suelo.

Boca abajo.

Sois libres.

¿Dónde está Lázaro?

El corregidor lo tiene preso.

Mal asunto.

Salid, no tengáis miedo.

No somos salteadores de caminos.

Lo sé.

Éramos pocos y parió la abuela.

¿Cómo?

¿Otra vez Lola Mendieta?

Claro.

Ahora ya sabemos quién ayudó a Díaz Buena a escapar.

Y también a que fuera corregidor.

Ese tipo es un tarugo que no tiene ni la catequesis general básica.

Ella dice que ha venido para llevarlo a 2015.

No, ni caso.

Esa mujer es más mentirosa que Judas en Semana Santa.

Tráiganla al ministerio inmediatamente.

Tenemos otro problema.

Salvar la vida de Lázaro de Tormes.

¿Que el Lazarillo de Tormes existió?

Pero...

Pero eso es imposible.

Eso creía yo también.

Pero le juro que es él.

Nos ha contado lo que le sucedió con el ciego en el puente romano de Salamanca.

Y que su padre murió en la batalla de Gelbes.

Nuestra literatura no sería lo mismo sin el Lazarillo.

No, no...

Eso sin duda, pero...

Le juro que me lo creo porque...

Porque usted me lo está contando.

¿Cuáles son las órdenes?

Vayan inmediatamente a la puerta de la ermita.

Allí estará Ernesto que traerá a Lola Mendieta.

Luego ustedes continúan con la misión.

Así se da.

Será mejor que parta de inmediato.

Estoy rodeado de inútiles.

¿Pero quién os ha humillado de esta manera?

Eran dos hombres y una mujer.

Y uno de ellos tenía un pequeño...

Capuz que nunca había visto.

Además de cobardes, mentirosos.

Esperad.

¿Sabéis hacia dónde se dirigían?

No.

Pero allá donde fueran, se llevaron a la mujer que estaba en el carro.

Parece que la conocían.

También buscaban a alguien entre los presos.

Un tal Lazar.

Recibeos.

¿Qué ordenáis que hagamos?

Que vengan ahora mismo los escribanos.

Quieren encontrar a su amigo el comediante.

Pues lo encontrarán.

Y nosotros a ellos.

Os estáis equivocando.

Os iba a entregar a Díaz Bueno.

Os lo juro.

Siempre decís lo mismo.

Que ayudáis a gente inocente.

Que el ministerio no hace nada para arreglar los errores del pasado.

Porque esa es la verdad.

Tan cierto como que trajiste aquí a ese cabrón de Díaz Bueno.

Era tu teléfono al que llamábamos y no contestabas ¿verdad?

Sí.

Y traer aquí a ese hombre es un error del que siempre me arrepentiré.

Os lo aconsejo.

Es mejor no hablar con los prisioneros.

Y menos con esta arpilla.

Es un oportunista que solo busca enredaros.

Soy una oportunista, ¿sí?

Si fuera oportunista, podría deciros cosas de vuestro futuro y conseguir lo que

quisiera.

Ni futuro ni pasado.

Solo sabe de la mesa a la media.

Y quiere hacernos creer que puede cantarla entera.

¿Eso piensas?

¿Y tú también piensas eso, Amelia?

Ni respondáis.

La ermita ya está cerca, vamos.

¿Dónde está el confesionario?

Parece que al final me vais a necesitar.

Conocí a Díaz Bueno a la puerta.

No, le traje por otra.

Una puerta no oficial.

¿Pero quién se lo ha llevado?

¡Para, para, para!

¡Para, para!

Estoy reventado.

Ni yo.

Pero si no llevamos este confesionario a la hospedería, los veteranos nos empluman.

Robar un confesionario nunca ha hecho algo tan necio.

Odio las novatadas.

Bueno, por lo menos la ermita no estaba encantada, como decían.

Los encantamientos no existen.

Solo son supercherías para engañar a necios.

Voy a mear.

Ya decía yo que pesaba el confesionario.

Tranquilo.

Tranquilo, ¿eh?

Lo puedo explicar.

No te...

¿Seguéis sin creer en encantamientos ni brujerías?

Todo tiene una explicación en la ciencia y en el estudio.

¿Estáis locos?

¿Vais a entrar?

Buenos días.

¿Hablas con él o no hablas con él?

Coño, díselo.

Utiliza la cabeza.

O los cuernos.

Mira yo.

Dos días de permiso y en pleno carnaval.

El recopón.

¿Qué habéis visto?

El mismísimo infierno.

Hay que quemarlo.

Y destrozar el confesionario.

Vamos.

Vamos.

¡Aquí!

Debieron dejarlo en el suelo para descansar.

¿Diga?

¿Qué es ese ruido?

Una alarma.

La puerta 598 ha desaparecido de nuestro mapa.

¿Qué ocurre?

Que...

¿Que la han robado?

No.

Me temo que es algo mucho peor.

Y que Ernesto está en peligro de muerte.

Búsquenle.

Prioridad absoluta.

Lo que faltaba.

Estamos solos.

La puerta ha desaparecido del ministerio.

Pero si Ernesto venía a través de ella.

No se sabe nada de él.

¿Qué?

Oye...

¿No lees a Homo?

Tenéis razón.

Y viene de allí.

Es un honor tenerla aquí, señora Torres.

No sea hipócrita.

Le alegra verme aquí lo mismo que tener una almorrana.

Por favor, no se equivoquen.

Le tengo mucho más cariño a mis almorranas.

¿Y cuál es el motivo de su visita?

Como enlace entre presidencia de gobierno y este ministerio, vengo a pedir que

liberen inmediatamente a ese hombre.

El embajador de Estados Unidos exige su inmediata repatriación.

¿Y cómo sabe que le tenemos?

Internet.

Ustedes pusieron Paul Wolcott en el buscador y en algún despacho de Washington

se encendieron todas las alarmas.

No les costó mucho localizar su IP.

Ellos saben todos nuestros secretos y nosotros no podemos saber los suyos.

Y pensar que un día fuimos un imperio...

Los tiempos cambian y casi nunca mejor.

Usted sabe de eso más que nadie.

Pero ese hombre estuvo a punto de conseguir que el Garnica no esté ahora en

el reino de Sofía.

Pero ahí sigue.

Buen trabajo, me felicito.

Pero no sabía...

Los cientos son órdenes de arriba.

Me encanta esa frase.

Ahorra tantas explicaciones.

¿Y qué hacemos si Wolcott u otro como él intenta interferir en la historia?

Haga lo que tenga que hacer.

Pero no dije pistas.

Así me ahorrará tener que hacerle otra visita.

¡Alejaos de ese hombre!

No es un hombre, es un diablo que ha salido de ahí.

Ahora ya sabemos por qué la puerta está desaparecida del ministerio.

¿Vosotros sois también demonios?

Sí.

¡Y de la peor calaña!

Tiene usted cierta propensión a las hogueras, Ernesto.

Sí.

Me debe venir de familia.

Córtate.

¿Cómo vamos a volver ahora?

¿Por mi puerta?

¿A cambio de qué?

De mi libertad.

No me fío.

¿Tenemos otra alternativa?

No.

¿Por qué tiene que ser todo tan complicado?

Severo y ejemplar castigo a Lázaro de Tornes.

Es un eufemismo.

Le cortarán la cabeza.

Tenemos que evitarlo.

No sé cómo.

No es tonto el corregidor, no.

Ha elegido como día de la ejecución el 12 de febrero.

¿Qué pasa con esa fecha?

Es el día en el que los frailes de San Esteban, Agustinos y Franciscanos íbamos a

la plaza a leer nuestras quergas al rey.

Ahora ya no podemos hacerlo.

Cuando leo la Biblia echo de menos al Dios que intervenía en la vida de los hombres.

Que no había comida en una boda, multiplicaba los panes y los peces.

Cuando el faraón persiguió a Moisés y a los suyos abrió un camino en mitad del mar

para que pasasen.

Que Saulo y Badamás con matar cristianos, un rayito en el cielo, se cade el caballo

y se convierte en apóstol.

Eso os pasa por confundir la ficción con la realidad.

Como con Lázaro.

¿Me queréis decir de qué estáis hablando?

¿Y por qué no?

Mañana a los frailes de Salamanca iréis a contar vuestras quejas al corregidor.

Eso será de gran ayuda.

Ahora dejadnos descansar.

Ha sido un día muy largo.

Bien, os lo merecéis.

Ese cabrón no ha preparado la ejecución de Lázaro para evitar la charla de los

frailes.

El Lázaro es un señuelo.

Es una trampa para apresarnos a todos.

No solo eso.

Es un espectáculo para mostrar su poder.

Pues si quiere espectáculo, lo tendrá.

¿Qué está tramando, Julián?

Un milagro.

Pero para conseguirlo necesito tu puerta.

Y la necesito ya.

¿Cómo ha llegado hasta aquí?

Por la puerta de Lola Mendita.

¿Y sus compañeros?

Están todos bien, pero no hay tiempo que perder.

Necesito su ayuda.

La ley está para cumplirse.

Por eso hoy el pueblo de Salamanca va a ser testigo de lo que le espera a quien

atente contra el rey o contra mí.

De palabra o de obra.

¿Queréis decir unas últimas palabras para morir con honor?

No moriré con honor, porque nunca lo he tenido.

Cuando me matéis solo me quitaréis la vida.

Eso es lo único que tengo.

Es la hora.

¡Esperad!

¿Quién sois?

Alguien que representa a todos los frailes de Salamanca.

Pues rezad por el alma de este infeliz.

Venimos a que oigáis nuestras peticiones.

Y eso haremos.

¿Y no tenéis mejor momento para hacerlo?

No.

Pedimos que el rey no saque el dinero de Castilla fuera de Castilla.

Eso es.

Que no se otorguen cargos a extranjeros.

Mucho pedís, safe mía.

No tanto como vos.

Que triplicáis los impuestos a la fuerza.

Los triplico por la gracia de Dios.

Prended a ese fray Bocazar.

Un fraile digno de ser lo sabe que el poder del rey viene de Dios.

Y yo represento al rey.

Eso nadie puede discutirlo.

Si hay alguien que lo puede discutir.

El mismo Dios.

Vaya, otro iluminado.

Es uno de ellos.

Pues ese ya no se nos escapa.

Pero vigilad que aún quedan otros dos.

Y Lola.

Subid aquí.

Y enseñadnos a todos cómo puede Dios discutir de este tema con nosotros.

Vos decís que Lázaro es el culpable.

Y hay gente aquí que dice que el culpable sois vos.

La solución para saber la verdad es muy fácil.

Que Dios decida.

¿Cómo?

Como ocurrió con San Pablo.

Que un rayo invisible caiga del cielo y fulmina con su poder divino al verdadero

culpable.

¡Santeces!

¿Creéis que Dios no tiene cosas más importantes de las que preocupo?

¡Milagro!

¡Milagro!

¡Milagro!

¡Dios ha hablado!

¡Dios ha hablado!

¡Dios ha hablado!

¡Dios ha hablado!

Vamos.

No hay tiempo que perder.

¿Ya podéis tener cuidado a partir de ahora?

Vaya si lo tendré.

Dejaré el retablo y volveré a mi antigua vida.

Lo juro.

Que no he visto nada más peligroso que ser comediante.

¿Sabéis juntar las letras?

No, no sé.

¿Podríais contarle vuestra vida a alguien que supiera?

Seguro que sería una novela apasionante.

¿Y a quién le van a interesar mis andanzas?

¿A mí?

Sin duda.

¿Dónde vais a ir ahora?

A Toledo con Fray Juan.

Ahí estaremos los dos más seguros.

Mucha suerte.

Lo mismo digo.

¿Y Díaz bueno?

Dormido como un bendito.

Ese dardo debía de tener un anestésico muy potente.

Para dormir a un oso, exactamente.

¿Y conmigo qué vais a hacer?

Yo ya sé dónde está la puerta, así que...

¿Podemos esperar aquí media hora?

Media hora.

Ni un minuto más.

Suficiente.

¿Vais a dejarla marchar?

El ministerio siempre cumple sus pactos.

No lo entiendo.

En la guerra no se libera al enemigo si no te dan algo a cambio.

¿Nos dan algo a cambio?

¿Quiere algo más de mí?

Sí.

Que no se torture por lo que ha ocurrido.

No lo hago.

¿Y usted?

Yo me torturo por muchas cosas desde hace mucho tiempo, Irene.

Míralo, ahí está.

Pujaría por el pozo, escaleras abajo.

Joder, es injusto.

Son órdenes de arriba.

No entiendo cómo ese hombre está libre y Leiva sigue encerrado en esa infamia de

castillo medieval.

No digo que no se le castigue.

Pero merece un trato digno.

Mañana mismo me encargaré de que lo trasladen a un lugar más saludable.

Se lo juro.

Después de esto, creo que ha llegado el momento de saltarse las reglas alguna vez.

Me traigo la comida, Leiva.

Podrías levantarte al menos.

Leiva.

Leiva.

Buen trabajo.

No han resuelto un problema, sino dos.

Es lo que tienen los milagros.

Por cierto, gran idea la de los dardos anestesiantes, señor Martínez.

Siempre veo los documentales de la 2.

Y Díaz Bueno.

Encerrado en un psiquiátrico.

Se empeña en seguir perdonando a los cuatro vientos, que es el corregidor de

Salamanca.

Dicen que los locos y los niños nunca mienten.

Hay una cosa que no entiendo.

Si el lazarillo dictó su vida, ¿por qué nosotros no aparecemos?

Bueno, aparecían, pero...

No podíamos permitir que la gente supiera lo que ocurrió realmente, así que...

Lo censuraron.

No nos quedaba otra.

Lástima que no hubieran censurado el libro entero.

No, por favor, otra vez no.

Pero he conseguido para usted el capítulo en el que Lázaro se habla de ustedes.

Eso sí, no podrá salir del ministerio.

Pero lo gustará, estoy seguro.

En un viaje a Salamanca, tuve la fortuna de encontrarme con tres amigos.

Sus nombres eran Alonso, Julián y la bella Amelia.

Una mujer que iluminaba la noche con su mirada.

Por Dios, cuánta blandenguería.

Dicen que la excepción confirma la regla.

Y este fue el caso.

Pues en una castilla sin honor ni hidalguía, a ellos les sobraban ambas

cosas.

Eso me gusta.

Hay una cosa que no entiendo.

Si el lazarillo existió realmente, ¿por qué nunca se supo quién lo escribió?

Ese es un misterio que nunca sabremos.

Pues hay un misterio aún más grande que no se me va de la cabeza.

¿Cuál?

Se hubiera escrito el libro, si tú no le dices a Lázaro, que su vida daba para una

novela.

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

He pensado lo que me dijo la bella Amelia.

Lo de escribir una novela de mi vida.

Lástima que no sepa escribir.

Si queréis podéis dictarme vuestra vida.

¿Lo haréis por mí?

Pues claro.

Y tranquilo que no hará falta que me paguéis por mis labores de esquivar,

¿no?

Ah, pero si vos lo escribís, vos lo firmáis.

Luego ya nos repartimos las ganancias.

¿Ganancias?

Todavía no conozco a ningún escritor que viva de lo que escribe.

Además, yo estoy más cómodo con el anonimato.

¿Qué?

Si el libro lo leyera mucha gente, podría ser vuestro momento de gloria,

¿no?

Si ese libro cuenta vuestras andanzas, no será precisamente la madiza,

amigo mío.

Será más bien el retrato de esta España de miseria.

Que necesita cambiar cuanto antes.

Y eso no será del gusto del rey, ni de la Santa Inquisición.

Entonces no se hable más.

De autor anónimo.

Será el libro de mis andanzas.

Sea.

¿Qué haces aquí?

Te echaba de menos.

No deberías verla.

Tienes que dejar el pasado donde está.

¿No os habéis enterado?

Ha muerto Armando Leiva.

De la gente que la reclutó.

Por aquellas fechas, la reina Isabel II reinaba con apenas 13 años.

El 14 de febrero hizo su primera visita oficial a este ministerio.

Leiva dedicó su vida al ministerio.

No se merece este final.

Me gustaría que la vida fuera esto.

Siempre.

Ya sabe que no soy nada partidaria de este ministerio.

Se bloquearon algunas puertas en aquellos años para evitar males mayores.

¿Me puede decir qué significa eso?

No le den más vueltas.

¿Qué está pasando aquí?

Nunca me había sonado tanto el artefacto este del infierno.

Debe ser muy urgente.

¿Quieres a la familia real prisionera?

Queda usted relevada de la misión.

Pero morirán todos.

Son mis compañeros, no voy a dejarles solos.

Ojalá Julián estuviera aquí y opinara lo mismo.

Han atrapado a los nuestros.

¿Qué haces aquí?

La pregunta es qué haces tú aquí.

¡Alonso!

Hay cosas más importantes que el ministerio.

Tenemos un problema grave, Julián.

Esto no es muy de 1844, ¿no?

No, ni esto tampoco.

¿Estás segura de lo que estamos haciendo?

No tenemos otra opción.

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