All language subtitles for El Ministerio del Tiempo 01x04 Una negociación a tiempo2

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Original subtitles

El origen del ministerio se remonta a los reyes católicos.

Un rabino judío, a cambio de no ser expulsado, le reveló ese ejército de una

red de puertas que conectaban con el pasado de los reyes españoles.

El rabino no fue expulsado, pero la Inquisición le quemó por lujo.

En 1940, Hilder se entrevistó con Franco en Endaya para negociar la entrada de

España en la Segunda Guerra Mundial.

Guerra en la que nuestro país al final no participó.

¿Cuál es el problema?

Willkommen in España.

Alemania ha enviado 5.000 toneladas de trigo a España.

¿Pero qué le podía ofrecer Franco a Hitler?

Estas son las últimas peticiones del generalísimo Franco.

¡No!

¡Desinformación secreto Gimler!

¿Qué le ser información?

¡Ya sé cómo voy a llegar por letón!

Madre del amor hermoso, qué belleza es.

La de veces que nos hemos jugado la vida juntos y todavía no sé...

de qué época soy.

Wir müssen den Führer warnen.

Durch die Zeit reisen.

¿Dónde estabais?

Hemos salido fuera por si venían nuestros compañeros.

Si no han vuelto de Francia es que están muertos.

Como vosotros y no salís ya.

Lola nos prohibió traer nada del pasado.

Llamada urgente desde Madrid, año 1940.

Hace una hora han ingresado a un tipo en un hospital.

Estaba delirando y hablaba de una puerta del tiempo.

Esta es su foto en el hospital, hecha esta misma mañana.

Y esta, una foto que llevaba encima.

Es de 1940.

Todo nos conduce al mismo año.

Parece un fantoche.

No nos quejemos que no me quiere imaginar cuando viajemos a conocer al viento.

Sabía que tenía que llegar algún día.

Pero viajar a mi propio futuro me aterroriza.

Oye, juraría que eres tú.

Cuando yo salí de casa estaba a medio pinta.

Viajar por el tiempo sin saber que es alérgico a las gambas.

Eso sí que es una temeridad.

No sabemos si Montserrat está a Santo Grial, pero lo que sí hay es una puerta

del tiempo.

¿Y por qué los nazis tienen información de una puerta que nosotros desconocíamos?

Por Lola Mendieta.

Tienen que destruir esa puerta antes de que la encuentren los nazis.

Ustedes viajarán a la andalla.

Si ellos no consiguen destruir la puerta, tienen que impedir que España entre en la

Segunda Guerra Mundial.

Como sea.

Nuevo mensaje para Espínola.

Llamada urgente del ministerio.

Repito, llamada urgente del ministerio.

¿Por qué nunca me toca seducir a una mujer hermosa en vez de a salir dos asientos?

Por la misma razón que vamos a ver Hitler en vez de a ver Hitler.

Cuando acabemos la misión, volvemos y nos enteramos de qué ha pasado con su familia.

Hay dos preguntas en el ministerio para las cuales nadie tiene respuesta.

Una es el origen de Ernest.

Pues en sus manos estoy.

Puede estar tranquilo, su extenencia.

¿Tranquilo?

¿Con Hitler?

¡Llegan las armas!

¡Eh!

Hay que hacer algo.

¿Sí?

Pero a su debido tiempo.

No sabe lo contentos que estamos de conocerla.

Sin usted jamás habríamos llegado hasta aquí.

Pues estarán mucho más contentos cuando sepan del ministerio del tiempo.

Allí hay cientos de puertas que conducen a todos los momentos del pasado.

El ministerio del tiempo.

¡Earlich!

¿Habéis dicho que el latín?

¡Fantástico!

¡Ah!

¡Afrí el falamero!

¡Snel!

¡Mánschaft!

¡Snel!

¡Snel!

¡Orden de evacuación!

¡Que los funcionarios vuelvan a su época y a sus casas!

Solo servicios básicos y seguridad.

¡Fierzakén zu allem!

¡Ya!

Sí, ya todo.

Los nazis han tomado el ministerio.

¿Dónde está la espírula?

¿Qué vamos a hacer ahora?

Pasar el plan B.

Pero alguien ha calculado lo que puede cambiar la historia.

Si matamos a Hitler.

¿Estás segura de lo que vamos a hacer?

Son buenos soldados.

Nosotros tampoco somos mancos.

Tranquilos.

¡Que no se mueva nadie!

¡Sontad las armas!

¡Al suelo!

¡Tirad las armas!

El ministerio ha caído y ha sido por culpa vuestra.

El ministerio tiene sus mecanismos, sus propias fuerzas.

Y yo he enviado a los nazis a una trampa de la que no podrán escapar.

¡A buenas horas, Espínola!

Tranquilo.

Lo de fuera está solucionado.

Y esto lo arreglo en un pispás.

¿No te conviene matarme, Amelia Folk?

¿Qué sabes de mí?

Todo.

En la tienda me dijeron que mi casa estaba abandonada y que no se sabía nada de mi

familia.

Así que solo me quedaba una manera de saber algo.

Nunca debí hacerlo.

Hemos salvado el ministerio, la puerta y la puta historia.

¡Patata!

¡Qué barbaridad!

El interventor nos pide la factura del IVA por la compra de jugones y gorgueras.

Este hombre no sabía que en el siglo XVI no existía el IVA.

Es nuevo, ya se acostumbrará.

¡Ay, Dios!

Sí.

¿Estás seguro?

Hágale pasar a mi despacho.

¿Qué pasa?

¿Pasa algo, jefe?

Hay un tipo en la puerta con una citación judicial a mi nombre.

Como responsable máximo del ministerio.

Eso no es posible.

Este ministerio es secreto de Estado.

Ya.

Eso creía yo también.

Eso

creía yo también.

Así que es usted, Mr. Aaron Stein.

¿Y qué le trae por aquí?

Vengo a defender los intereses de los descendientes directos de Rabino Abraham

Levy, autor del Libro de las Puertas.

Le suena, ¿verdad?

Me suena.

No juega conmigo, por favor.

El Libro de las Puertas es el origen de este ministerio.

¿Y cómo sabe usted tanto de este...

ministerio?

Tengo muy buenos contactos.

En mi país y en el suyo.

¿Puedo continuar?

Abraham Levy entregó el libro a la Reina Isabel, la Católica, a cambio de

protección.

Supongo que se sabe la historia.

Sí.

Me la sé.

¿Qué queréis de mí, Abraham?

Protección para mi familia.

A cambio, os ofrezco el trabajo al que he dedicado toda mi vida.

El Libro de las Puertas.

Parte de él se ha quemado.

Lo salvé del incendio de la sinagoga.

Solo veo garabatos y números.

Son las claves de las Puertas del Tiempo.

Gracias a ellas, podréis viajar en el tiempo.

Eso es imposible.

No lo es.

En vuestra mano derecha.

Tenéis una leve cicatriz.

Os la hicisteis la primera vez que tirasteis con arco.

Fue en Aranda.

Y vos apenas teníais nueve años.

Eso no lo sabe nadie.

Llorasteis.

Cuando visteis vuestra mano herida.

Alguien pasaba por allí.

Y os curó vuestra mano con un cuento de raíz del traidor.

Lo haráis vos.

Pero teníais la misma edad que tenéis ahora.

Y han pasado treinta años.

Eso es magia.

A la ciencia que se anticipa a su tiempo siempre se le llama magia.

Os ofrezco ser la reina del tiempo.

Y solo os pido una migaja.

Protegeréis a mi familia.

La reina prometió que le protegería a él y a su familia.

Sin embargo, no cumplió su compromiso.

Y la santa inquisición le condenó a morir en la hoguera.

Le veo muy documentado.

Pero permítame hacerle una pregunta.

¿Por qué esta denuncia ahora?

Se han hallado documentos hasta ahora desconocidos.

Como la carta de protección firmada por la misma reina.

Y la sentencia de tribunal de la Inquisición.

Comprenderá que mis clientes quieren que se haga justicia.

Pero han pasado cinco siglos.

Hasta un estudiante de primeros de derechos sabría que esta es una causa

prescrita.

Cinco siglos es también demasiado tiempo para seguir guardando un secreto tan

grande como este ministerio.

¿No cree?

Usted no...

No busca justicia.

Busca dinero.

¿Verdad?

Cien millones de dólares y la inmediata devolución del libro a los herederos del

señor Levy.

Cien millones por daños irreversibles a una persona.

¿No es mucho dinero?

No estamos hablando de una persona.

Estamos hablando de un secreto.

¿Cuánto habría pagado el gobierno americano para que Wikileaks no saliera a

la luz?

Según puede ver en la citación, nos quedan cinco días para vernos en los

juzgados.

Ese es el tiempo que tiene para darme una respuesta.

¿Y si no se la doy?

Al día siguiente este ministerio dejará de ser un secreto.

Cinco días.

Ni uno más.

Y hoy es el primero de los cinco.

Angustias, llame a Amelia y su patrulla.

Inmediatamente.

Pero si les dio vacaciones hace dos días...

Pues que vuelvan.

¡Ya!

¿Qué les ocurrió a mis padres?

¿Quién fue mi marido?

¿Dónde estará mi hija?

¿Cuántas veces le he dicho que llame antes de entrar?

Bueno, solo venía a traerte estas flores.

Las ha enviado el hijo de los Nadal.

Su madre no se ha invitado a comer mañana.

No puedo.

Estoy ocupada.

Deje las flores donde quiera.

¿Dónde vas?

A la biblioteca.

Hija, la vida es más que leer libros.

Ya no soy madre.

La aprendí leyendo.

Dos días de vacaciones, qué miseria.

En mi época duraban más las licencias.

¿Y tú qué tal?

Bien.

Vacaciones en familia, solo eso.

Ya me gustaría a mí pasar las vacaciones en familia.

Pero los muertos no tenemos familia.

¿Y qué haces cuando vuelves a tu época?

Esta vez no he vuelto.

Pero os lo ruego, no os lo digáis a nadie, por favor.

Pero esto está prohibido.

Todos debemos volver a nuestro tiempo cuando no estamos en una misión.

Mujer, para una vez que se salta las normas.

¿Y qué has hecho estos días?

Estudiar estos tiempos...

Son apasionantes.

¿Y tú?

¿Qué has hecho tú?

Pues he vuelto a hacer fotografías, que lo tenía abandonado.

Me alegro.

Eso significa que estás superando lo de Maite.

Cien millones de dólares.

Pero sí, con los recortes no tenemos ni para comprar bombillas.

Da igual lo que pidas.

No lo vamos a pagar.

Gracias.

¿Y qué vamos a hacer?

Deben viajar a 1491 para salvar a los rabinos de la hoguera.

Así no tendrán nada que reclamarnos.

¿Eso no es ir contra las normas del Ministerio?

Esta es una situación límite.

Le aseguro que no pienso pasar a la historia como el que dirigía el Ministerio

del Tiempo el día que lo cerraron.

Pues entonces, ¿a qué esperamos?

No es tan fácil.

El resto, por favor.

Sí.

Bien.

En esta misión tenemos tres problemas a tener en cuenta.

Problema número uno.

La única puerta para llegar a Toledo en 1491 es la puerta 148.

Y da al mismo día de la ejecución.

Es decir, al 12 de mayo.

¿Y no hay otra puerta ese año?

La puerta más cercana da al 1486.

Eso quiere decir que deberíamos permanecer allí más o menos unos cinco años hasta

llegar el momento.

Lo cual nos lleva al segundo problema.

La puerta 148 está en un permanente bucle temporal.

Quiere decir que cada vez que se cruza se está en el mismo día.

O sea, como el día de la marmota, pero en medieval.

¿Ha entendido perfectamente el concepto?

Pues yo no.

Eso significa que tenéis que volver ese mismo día.

Pasadas 24 horas, la puerta se cierra y quedaríais atrapados en el pasado.

Hasta poder encontrar una puerta temporal cercana.

Y eso supondría tener que esperar al año 1500.

Eso significa...

Que deberán viajar al amanecer para aprovechar la luz del día.

Porque otro de los problemas que tienen es que la puerta de salida está en Yescas,

a 40 kilómetros de Toledo.

Pues esa distancia a caballo supone dos horas de ida y dos horas de vuelta.

Y eso llevando buenos caballos.

Necesitaremos refuerzos.

Ya he pensado en ello.

¿Angustias?

¿Ha llegado don Manuel?

Sí, señor.

Con retraso, como siempre.

Háganle pasar.

Don Manuel, don Manuel.

Tiene nombre de gran soldado.

¿Dónde combatió?

Damas y caballeros, les presento a don Manuel López Castillejo.

Especialista en Derecho Medieval.

Perdonen, pero es que...

Últimamente me hago un lío con las puertas de padre y mucheño al mío.

Con el debido respeto.

El rabino estará fuertemente custodiado.

Necesitamos soldados.

No leguleyos.

No quiero peleas, Alonso.

Quiero ganar el juicio.

Bien, el plan es el siguiente.

Aquel día amaneció a las 7.43.

A esa hora fueron a buscar al rabino para llevarle al juicio.

¡Levanta, Marrano!

Lo primero será neutralizar a Ventral de Montilla, abogado defensor del rabino.

A ese es al que sustituyo yo, ¿no?

Exacto.

A ese.

Buenos días.

¿Es usted Monseñor Beltrán de Montilla?

El mismo.

Le conozco de algo.

Sí.

De ahora mismo.

Baja del burro, si es tan amable.

No llevo nada de valor encima.

¿No me haga daño?

Solo el necesario.

¡Hala!

Ya puede ponerse sus ropajes.

¡Qué bárbaro!

Perdona, supongo que a usted no le gusta la violencia.

No se crea.

Muchas veces en los juicios me dan ganas de hacer lo mismo.

¡Qué ambientazo!

Esa señora debe ser la esposa del rabino.

No entiendo como la gente puede disfrutar con estas cosas.

El ser humano siempre ha disfrutado de las miserias de los demás.

Si no, nunca hubieran existido los circos romanos, los autos de fe, los programas

del corazón.

¿Los qué?

Nada.

Hecho.

Ahora estamos en manos del viejo.

El viejo es el mayor experto en historia medieval que ha existido en España.

Doy fe de ello, da clases a mi facultad.

¡Perro sardoso!

En pie, entra a su excelencia el inquisidor general don Tomás de

Torquemada.

Torquemada, palabras mayores.

Pues lo parece.

Recibe la señal de la cruz de la que te alejaste y que has negado.

¿Y bien?

¿Qué te parece?

Pues que nuestra hija tiene una imaginación admirable.

Y muy buen estilo escribiendo.

Y lo dices tan tranquilo.

La niña está trastornada.

Ah.

Viajar por el tiempo.

No he visto nunca mayor estupidez.

Mujer, solo es literatura.

No contestará más.

Amelia novelista.

Ay, por Dios, ¿pero qué hemos hecho mal?

A este hereje se le acusa de judaizar en secreto y de blasfemia.

Le oyeron decir, el gran inquisidor es el más perro de los hombres.

¿Y quién le acusa de ello?

Que venga aquí.

Que comparezca y declare.

El nombre del acusador siempre se mantiene en secreto.

Vos lo sabéis bien.

¿O acaso dudáis de este santo tribunal?

No hay poder en la tierra que se compare al de este santo tribunal.

Pero tampoco hay poder en el cielo que se compare con el poder del perdón.

¿Y quién ha dicho eso?

La Biblia, monseñor.

Perdonad las ofensas a vuestro prójimo, y Dios perdonará vuestros pecados.

Monseñor, os recuerdo que vuestra función es aconsejar al hereje que confiese y

aliviar su alma.

No entréis en temas que no conducen a nada.

Y yo os recuerdo que está en juego la vida de un hombre.

Si condenamos a muerte a malhechores, razón de más para condenar a muerte

hereje, santo Tomás de Aquino.

No condenéis y no seréis condenados.

Lucas, capítulo sexto, versículo treinta y seis.

Usen contra los herejes la espada de la excomunión, y si no basta, usen la espada

de hierro, dijo el Papa Inocencio III.

Si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os

perdonará las vuestras.

Mateo, capítulo sexto, versículo catorce.

El Padre de los judíos no es Dios, sino el diablo.

San Cipriano.

Este juicio no lo gana ni Dios, y eso lo digo yo.

¿Tenéis algo más que decir en defensa de este judío?

Sí.

Recuso a este tribunal porque uno de sus miembros ha declarado ser enemigo mortal

del acusado.

En esta carta de hace un año, Monseñor Torquemada ya describe al reo como un

infame enemigo del cristianismo.

Y no recuso a vos, y a doble recusación lo que vale es la mía, que para eso soy quien

soy.

Y callaosos seréis el siguiente.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia, yo, Tomás de Torquemada,

condeno a este hombre a la muerte en la hoguera.

Hemos aprendido algo.

No se puede ganar un juicio a la Inquisición con sus mismos medios.

No se desanimen.

Han hecho lo que han podido.

¿Estás seguro?

Si tienen algo que decirme, dígamelo.

¿Dónde está Ernesto?

En una misión en los años 70.

Poca cosa pa' peleo, ¿por qué?

Dejémonos de tonterías, por favor.

¿No sabe que Ernesto se parece mucho al cabrón de Torquemada?

No es que se parezca.

Es idéntico.

Es eso por lo que hay tanto misterio sobre su procedencia.

En este ministerio nadie está obligado a decir quién es ni de dónde viene.

Además, hay gente parecida en todas las épocas.

Ahora recuerdo que en una misión del 19 encontramos a un organillero que era

clavadito a Bertín Osborne.

¿Verdad?

¿Sabe qué es lo que más me molesta en esta vida?

Que me tomen por tonto.

Julián.

No, déjelo.

Ya se le pasará.

Bien.

Mañana volverán allí con nuevos planes y nadie se atreverá a atacarles.

Llevaremos refuerzos.

No será necesario.

Serán emisarios del mismísimo Papa de Roma.

Hola, madre.

Padre.

Hola, Melida.

¿Qué horas?

Sí, voy a cambiarme.

No, espera.

Ven.

Ven aquí.

¿Qué tal tu día?

Bien, bien.

Estudiando en la biblioteca.

He hablado con Ana María Nadal.

Como no podíamos ir a comer, le he dicho que iremos a merendar el jueves.

Estará Joan, su hijo mayor, que es un encanto.

Madre, no insista.

Tengo cosas más importantes que hacer.

Claro.

Como ir a la biblioteca, ¿verdad?

Mira, Amelia, a tu madre no la engañas.

¿Qué quiere decir?

Que tú no vas a la biblioteca.

¿Me está vigilando?

Que he estado esta tarde y no estabas.

Oye, no sigas.

Si no se lo dices tú, se lo tendré que decir yo.

¿Decir el qué?

¿Por qué pierdes el tiempo escribiendo estas locuras?

Esto es personal.

No tenía derecho a leerlo.

Mañana irás a casa de los Nadal a merendar.

Ya se lo he dicho a la madre.

No.

Hija, a ver.

El mayor de los Nadal es un hombre culto y educado.

No pierdes nada por conocerle.

Y así tu madre nos dejará en paz por un tiempo.

Pero es que...

No puedo.

¿Por qué?

Porque...

Porque tengo un admirador.

Por eso no estaba en la biblioteca.

Tienes un pretendiente.

Y no se lo habías dicho a tu madre.

Será universitario, imagino.

¿Por qué no le invitas mañana a cenar?

Así le conocemos.

Sí, claro.

¿Habéis mentido a vuestros padres?

Pues os habéis metido en un buen lío, ¿eh?

Me salieron las palabras sin pensar.

No sé qué hacer.

Decirles la verdad.

Es lo mejor.

Si hago eso, no me dejarán en paz.

Mi madre me vigila.

Y no sabes lo tenaz que es.

Puede averiguar hasta la puerta por la que vengo aquí.

Pues entonces lo que podéis hacer es llevar a casa a un novio falso.

Anda, que tú también.

Vaya ideas tienes.

Una gran mentira.

Solo se tapa con una mentira todavía más grande.

Es una gran idea.

¿Pero dónde encuentro yo un novio falso?

Ni de coña.

Que no insistáis más, hombre.

Que no voy a hacer de novio falso.

Además, la idea es tuya, ¿no?

¿Por qué no vas tú?

Pues porque habláis mejor que yo.

A mí se me puede escapar un voz o un voto a tal y no sería cuestión, hombre.

No os preocupéis, que ya me arreglo yo.

Como siempre.

¿Todo bien?

Bien, muy bien.

Vamos a la Edad Media a saludar a Torquemada, la juerga padre.

Toma, a ver si con la ayuda del Papa conseguimos el indulto.

Parece real.

Esperemos que Torquemada opine lo mismo.

Suerte.

¡Vanta Marrano!

Fijaos, todo se repite como ayer.

Ahora levantarán al niño en volandas.

¡Marrano!

¿Y ellos no notan la repetición?

No.

Solo nos damos cuenta nosotros porque venimos de fuera del tiempo.

Menos mal que el rabino no se da cuenta de nada.

Debe ser terrible que se repita eternamente el día de tu muerte.

Me cago en mis muelas, perros hermoso.

¿No dirás que no estabas avisado?

¡Fuera!

¡Fuera!

¡Fuera!

A este hereje...

...se le acusa de judaizar en secreto y de blasfemia.

Le oyeron decir, el gran inquisidor...

...es el más perro de los hombres.

¿Reconocéis esas palabras?

El que calla...

...otorga.

Y como dijo Inocencio III...

...usad con los herejes la espada de la excomunión.

Y si no basta...

...usadla de hierro.

¿Tiene algo que decir el defensor del acusado?

Que perdonando al culpable...

...seríamos injustos con los inocentes.

Como bien dijo Santo Tomás de Aquino...

...si condenamos a muerte a malhechores...

...razón de más...

...para condenar a muerte a herejes.

¿Quién se atreve a interrumpir este oficio?

Señorías, monseñor...

...llevamos varias jornadas cabalgando sin descanso.

Exhaustos y sucios por el polvo del camino...

...venimos de la Santa Sede con una alta misión.

Al grano.

Traemos una bula papal de absolución del reo.

El sello parece auténtico.

¿Acaso dudáis de nosotros?

Porque eso sería dudar del mismísimo Papa.

Oh, no.

Líbreme Dios, no.

Pero...

...me extraña un poco este asunto.

Su santidad hace semanas que está postrado en el lecho...

...esperando que llegue su hora.

Una bula es una bula.

No, si alguien le ha forzado a firmarla.

El santo oficio deberá confirmar la voluntad del Papa.

Hasta entonces, retiraos, tenemos que acabar el juicio.

Si no acatan esta bula...

...arderán en el infierno.

No sois vos quien decide el que arde en el infierno.

¿Y acaso sois vos quien lo decide?

No.

Yo solo decido quién arde aquí.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia...

...yo, Tomás de Torquemada...

...condeno a este hombre a la muerte en la hoguera.

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

¡Ah!

Seraide puta.

Pues no se cree más que el Papa de Roma.

No, se cree más que Dios.

Hay una cosa que no entiendo.

Si la reina Isabel prometió protección al rabino, ¿por qué Torquemada se atrevió a

desobedecer a la reina?

En esos días, Isabel solo tenía en la cabeza la conquista de Granada.

Todo lo demás quedó paralizado.

Las negociaciones con Colón, el estudio del libro de las puertas.

Quizá no sepa lo que está pasando.

Pues habrá que decírselo, porque solo nos quedan dos días.

Pero la reina está en Toledo.

La corte era itinerante.

Exacto.

¿Angustias?

Sí, jefe.

Necesitamos saber dónde estaba Isabel la Católica el 12 de mayo de 1491.

Oído cocina.

Lo tengo, jefe.

La reina Isabel estaba en Toledo.

Gracias.

Bien.

Ya saben lo que tenemos que hacer.

Mañana no irán de procesión.

Irán a ver a la reina antes de que salga de viaje.

Ahora vayan a descansar.

Una pregunta que me...

¿Dónde está Ernesto?

Vayan a descansar.

Me jaden esto de mi cuenta.

¿Puedo hablar con vos?

No sé quién sois ni de dónde venís, pero vuestro parecido con Torquemada es

insolente, asombroso.

Que Dios me perdone lo que voy a decir, pero...

los judíos nunca han sido santos de mi devoción.

Y aquí estoy, arriesgando mi vida por salvarla del rabino.

¿Y sabéis por qué?

Porque soy un soldado dispuesto a morir por su causa.

Yo he arriesgado mi vida muchas más veces que tú por este ministerio.

Estoy convencido de ello.

Lo que no entiendo es por qué no la arriesgáis ahora.

Voy bien vestido para vacación.

¿Vas a venir a la cena?

Sí.

Supongo que será más agradable cenar con tus padres que ir a ver a Torquemada.

Y al menos esta puerta no está en bucle.

No.

La que está en bucle es mi madre.

He pensado la historia de cómo nos conocimos, por si nos preguntan tus

padres.

Cuéntame.

A ver, nos conocimos en la universidad.

Yo iba con un ratón en una caja para diseccionarlo.

Se me escapó el ratón, tú lo viste y casi te desmayas.

Para que te crean mis padres tienes que cambiar el final.

Yo no me desmayé.

Lo cacé.

Esa es la copa de vino.

Mujer, déjale.

Son los nervios.

Lo siento.

Los nervios o la falta de hábito.

Madre, por favor.

¿Y cómo ve el pacto de alternancia del poder entre cánovas si se ha gastado?

Eh... Estupendo.

Lo veo estupendo.

¿Y qué me dice de la situación en Cuba?

Eso ya no lo veo tan estupendo.

Creo que es hora de dejar de hacer teatro.

Soy de familia humilde y lo soy a mucha honra.

Nadie me ha regalado nada.

Pero sé tratar a un enfermo mucho mejor que algunos que saben distinguir la copa

de vino de la de agua.

Se lo aseguro.

¿Usted quiere a mi hija Amelia?

Claro que la quiero.

Estoy aquí, cenando con ustedes.

¿Y qué es lo que más le gusta de ella?

Amelia es inteligente y divertida.

Y guapa.

Muy guapa.

Pero lo que más me gusta de ella es que haya decidido ir a la universidad cuando

la mayoría de las mujeres son solo la sombra de sus maridos.

Son tal para cual.

No cabe duda.

Bueno, no vayamos tan deprisa.

Mi hija es casi una niña.

Y usted un hombre hecho y derecho.

Y bien parecido.

Estoy segura que no es la primera de sus conquistas.

No, no lo es.

Soy viudo.

¿Y de qué murió su mujer?

Ya está bien.

Murió en un accidente.

Atropellada por... por un carruaje.

Cada día que me despierto me pregunto por qué la vida es tan injusta.

Todavía lloro cuando la recuerdo.

Creo que eso es el amor.

Saber que sin la persona a la que quieres...

te mueres más rápido.

y...

esperas que suceda un milagro, aunque no creas en ellos.

Hasta que de repente ocurre y encuentras a alguien con quien cada día es una

aventura.

Cullons.

Será mejor que me marche, pero antes déjeme darle un consejo.

Usted ya ha vivido su vida.

Deje que su hija viva la suya.

Juan Tamarrano.

¿Qué tal fue la cena?

Bien.

Vive Dios que uno de los dos miente.

La reina os espera.

Su Majestad...

es un emisario de Santo Padre.

Sed bienvenidos a la corte.

Os presento al Cardenal Cisneros, que es de mi plena confianza.

Más en asuntos religiosos.

Juraría que la conozco de algo.

¿Traéis nuevas de Roma?

Así es, excelencia.

¿Cómo se encuentra el sumo pontífice?

Débil de cuerpo, aunque despierto de mente.

Esperemos que el Señor tarde en llamarlo a su lado.

Rezamos por ello.

Y bien, ¿cuál es el motivo de vuestra visita?

La Santa Sede pide la absolución...

de don Andrés de Luis.

Vos lo conocisteis como el rabino Abraham Levi.

¿La absolución?

¿Acaso la necesita?

¿Pero esto qué es?

Abraham Levi está bajo mi protección.

¿Vos sabíais algo?

No, Alteza.

¿Y mi esposo?

Llevadla a Monseñor Torquemada.

No nos recibe, señora.

Tal vez si fuera su Alteza quien se la entregara en mano.

Eso es imposible.

La reina marcha de inmediato para Granada.

Escribiré una carta de mi puño y letra antes de partir.

Se la llevará alguien de mi plena confianza.

Podéis retirarlos, yo me hago cargo de todo.

¿Cuántas veces he dicho que no se haga nada sin mi consentimiento?

Vaya carácter.

Una mujer necesita su imás para llegar al trono.

Mientras escriba la carta a tiempo...

¡La reina de Castilla soy yo!

¡No a mi esposo!

¡Marrano!

¡Marrano!

¡Marrano!

¡Marrano!

¡Marrano!

¡Marrano!

¡Perrosa!

¡No sé!

¡Pero si me he cambiado de sitio!

¡Marrano!

¡Marrano!

Es el destino.

Hay cosas que no se pueden cambiar.

¡Con sus manos puras!

Jesús tumbó la mesa de los susuleros.

Y con un látigo, espantó a los bueyes que con sus heces profanaban el templo.

Jesús gritó a los mercaderes, ¡Fuera de aquí, judíos!

¡No convirtáis la casa de mi padre en una cueva de ladrones!

No es costumbre del inquisidor general tomar la palabra en los actos de fe.

Pero me puede el anhelo por defender a nuestro Señor y a la Santa Iglesia.

Nada.

Queda por añadir a la crueldad de la herejía de judaizar el secreto.

Y a la blasfemia contra mi persona.

Pero no quiero alargar en demasía mis palabras.

Pues la verdad...

¿Dónde se habrá metido el emisario de la reina?

Llegará.

Isabel siempre fue mujer de palabra.

Pero si alguien más en esta sala tiene algo que decir...

Puede hablar.

¿Quién se atreve a interrumpir este oficio?

Una emisaria de la reina.

Ha escrito esta carta para su eminencia.

Y me ha ordenado que os muestre esta bula papal.

¿Una bula?

¿Cómo va a escribir el Papa una bula si se está muriendo?

Desde luego este hombre no es de los que dice un día una cosa y otro día otra.

Decidle a la reina que luego lo contestaré.

Os informo que la reina se encuentra camino a Granada.

Pues allí enviaré mi respuesta.

Y ahora dejadme, que tengo que continuar con el juicio.

Por la autoridad que me otorga la Santa Iglesia.

Yo, Tomás de Torquemada.

Condeno a este hombre a la muerte en la hoguera.

No hay manera.

Ni con la reina ni con el Papa.

Jamás he conocido a nadie que utilice de esa manera la religión para sus intereses

políticos.

Eso es porque eres muy joven, cariño.

Porque de iluminados está la historia llena.

Como no arreglemos esto mañana van a saber de nosotros hasta en la prensa del

corazón.

Sí, lo sé.

Yo sigo pensando que la única posibilidad es una intervención armada.

Permítame que le diga una cosa, Alonso.

Yo la admiro.

Y mucho.

Y estoy seguro de que en poco tiempo será uno de los mejores agentes del ministerio.

Gracias, señor.

Pero me tiene usted hasta las mollejas con tanta intervención armada y tanto

refuerzo.

Una intervención de ese calibre significa muertos.

¿Y quién le dice a usted que entre ellos no está el propio Rabino?

O que matamos a un campesino que pasaba por allí y es un antepasado lejano de

Ramón y Cajal y éste no nace?

Bien, ahora pueden retirarse.

Mañana antes de partir recibirán instrucciones.

Creo que solo nos queda una posibilidad.

Y usted sabe a lo que me refiero.

Nunca entenderé esta costumbre de encerrar los alimentos en este invento del diablo.

No sé cómo puedes tener hambre con la situación en la que estamos.

No tengo hambre.

Pero un buen soldado debe alimentarse aunque no tenga hambre y vosotros también

deberíais comer algo.

No puedo.

Pensar en el Rabino, su esposa, el ministerio...

Y saber que esta noche tengo que ir a cenar para seguir aguantando a mi madre.

Me dais envidia.

Sin tener que llevar una doble vida.

Sin nadie que os pida cuentas, nadie que os espere en casa.

Lo siento, no debí haber dicho eso.

Soy una imbécil y un egoísta.

No, no lo sois.

Lo que pasa es que este asunto del Rabino nos está volviendo locos.

A mí porque no entiendo lo de Ernesto.

A vos porque siempre os preocupáis en cualquier época en la que viváis.

Y vos porque no podéis dejar de pensar en una única cosa.

¿Ah, sí?

¿Y en qué pienso, si puede saberse?

Que por qué tenéis que salvar la vida del Rabino cuando el ministerio no os hubiera

dejado de hacer lo mismo con vuestra esposa.

Yo soy un soldado.

Y un antiguo.

Pero no soy gilipollas, como decís en esta época.

Y pienso en vos.

Y en vos.

Ahora sois mis compañeros, mi nueva familia.

Y pase lo que pase tenemos que estar unidos.

Así que ya podéis acompañar a Amelia y desfacer el entuerto con su madre.

Pero...

Ni pero ni nada.

Mañana os necesito centrados para la misión.

Y pase lo que pase en este ministerio tenemos que seguir con vida.

Al menos para poder seguir echando de menos a los nuestros.

Me gustaría pedirles disculpas.

Anoche me fui dejando a medias la conversación.

Y tengo que decirles dos cosas muy importantes.

La primera es que Amelia y yo queremos casarnos y espero que den su

consentimiento.

Lo tiene.

Eso está por discutir.

Tiempo tendrán de ello.

Porque la otra cosa que no les dije anoche es que boda no se celebrará de inmediato.

¿Y eso?

¿Por qué?

La semana que viene parto a Cuba.

Como oficial médico.

¿Hay guerra otra vez con Cuba?

Sí.

Se declarará en unos días.

Un periodista amigo mío lo sabe de buena tinta.

Así que...

si consideran inaceptable el compromiso...

lo entenderé.

De ninguna manera.

Será un honor llamarte hijo cuando regreses.

Pero...

Luego hablamos de ello a solas.

Yo también tengo una noticia importante.

¿Qué noticia, padre?

He hablado con un editor de tu novela.

De ese diario que escribe sobre los viajes en el tiempo.

Y le ha encantado la idea.

Dice que puede ser la julio verde española.

¿Vas a publicar un libro de viajes por el tiempo?

Yo no aguanto más.

Esto es una casa de locos.

Mi hija quiere ser novelista.

Usted...

Usted es un farsante que lo único que quiere es aprovecharse de nuestra fortuna.

Madre.

Estoy segura que ni siquiera es médico.

Pero lo averiguaré.

Porque he pedido que investiguen en la universidad.

¡Padre!

¡Levántese!

¡Padre!

Enrique, ¿estás bien?

Siéntate.

Agua, toma.

Está bien.

Sí.

Gracias.

Esta misma noche.

Hoy tampoco ha conseguido liberar al rabino.

Supongo que por eso me ha hecho llamar.

Así es.

¿Se imagina lo que será de este ministerio el día que deje de ser un secreto?

Prefiero no pensarlo.

Saldremos hasta en los dominicales.

Nuestro archivo de fotos se venderá.

El día que Colón piso América, la coronación de Isabel la Católica,

la batalla de Bailén, la toma de Granada...

Todo el mundo sabrá cómo realmente fue.

Todo el mundo sabrá cómo realmente fue.

Y las pinturas de nuestros museos valdrán menos que un viejo TVO.

Se mezclará el presente con el pasado, inventando guerras absurdas para cambiar

una historia que ya está escrita.

Y todo por intereses políticos o de dinero.

¿Es que no han sido las dos cosas siempre lo mismo?

Ernesto...

Tengo que enviarle una misión a la que jamás quisiera tener que haberle enviado.

Pero solo nos queda una oportunidad.

Solo voy a pedirle el favor.

El que sea.

Que nadie venga por mí, pase lo que pase.

Hija, ¿puedo pasar?

Un segundo, padre.

Ya.

¿Te encuentras bien, hija?

No es nada.

Se me pasará.

Mira, a mí no me engañas.

Estás triste porque Julián se evacúa, ¿no?

Pero volverá.

Ya lo verás.

Siento haberme enterado de esta manera, ¿de qué época eras?

De alguna forma tenías que enterarte.

Estás a tiempo de negarte.

Tengo que ir.

Es mi obligación.

Y como bien dice Aronso, los soldados tenemos que entregar nuestra vida por una

causa.

Y no encuentro mejor causa que esta.

¡Vanta, marrano!

En pie.

Entra a su excelencia el inquisidor general don Tomás de Torquemada.

Recibe la señal de la cruz que le gaste y a la que has abandonado.

No hagamos esperar a Dios.

¿De qué se acusa el peor?

Se le acusa de judaizar en secreto y de blasfemia.

Le oyeron decir.

El gran inquisidor es el más perro de los hombres.

¿Reconocéis esas palabras?

El que calla, otorga.

Y como dijo Inocencio III, usad con los herejes la espada de la excomunión.

Y si no basta, usadla de hierro.

¿Tiene algo que decir el defensor del acusado?

Que perdonando al culpable seríamos injustos con los inocentes.

Como bien dijo Santo Tomás de Aquino, si condenamos a muerte a malhechores,

razón de más para condenar a muerte a herejes.

¿Quién se atreve a interrumpir este oficio?

Señorías, monseñor, traemos una bula papal de absolución del reo.

¡Ya me ha dado guardia!

El sello parece auténtico.

¿Acaso dudáis de nosotros?

Porque eso sería dudar del mismísimo papa.

No, no, libre medios.

Dejadme ver.

Si el papa lo manda, no hay nada más que juzgar.

Monseñor, no podemos...

Olvidéis que os llamaron el más perro de los hombres.

Gracias por recordármelo, pero me han llamado cosas peores.

Acabemos ya.

Monseñor, este converso apesta judío.

Desde aquí se huele que no ha probado el tocino.

Guarda los sábados y muda su ropa al mismo día.

¿También no lees eso?

Sus vecinos así lo dicen.

Dejad que murmuren.

El papa ha hablado.

Por la autoridad que me otroga la Santa Iglesia, yo, Tomás de Torquemada,

absolvo al reo de todas las acusaciones.

Señora, hemos venido a ayudarles.

Venga con nosotros, por favor.

¿Estáis seguros de lo que habéis hecho?

Debajo de Dios, solo el papa.

Tendríamos que irnos cuanto antes.

Vamos.

¡Gracias!

¿Qué está pasando aquí?

¡Uy!

¡Guardias!

Obedece.

¡Préndete a este impostor!

¡Gracias!

¡Gracias!

¡Gracias!

Rabino Levy.

Señora.

Bienvenidos.

Soy Salvador Martí, responsable del ministerio del tiempo.

Qué extraño es todo esto.

Y qué hermoso a la vez.

¿Y, Ernesto?

Este lugar...

Decidme, caballero, lo que hay en los pasillos son todas puertas del tiempo.

Sí, y hay muchas más gracias a su libro.

Les enseñaré todo esto palmo a palmo.

Pero antes, Irene les acompañará en nuestro servicio médico.

Pueden acompañarme.

Vénganlo a mi despacho.

Cuénteme, ¿qué ha pasado con Ernesto?

La atraparon entre varios guardias.

Se ha comportado como un héroe.

Sin él no hubiéramos podido cumplir nuestra misión.

Hay que volver.

Ni hablar.

Aún faltan cuatro horas para la medianoche.

Jamás llegarían a tiempo a la puerta.

Yo asumiré ese riesgo.

Pero yo no.

No quiero perder más agentes.

En los tercios teníamos un lema.

Ningún hombre se queda atrás.

¿Pero qué se cree?

Que no me gustaría que estuviera aquí en lugar de estar a punto de ser quemado en

la hoguera.

Yo sabía lo que le pasaría si atravesaba la puerta.

Y él también.

¿Sabes lo que me pidió anoche cuando supo que tenía que intervenir en la misión?

Que no permitiese que nadie fuese a rescatarle.

Y eso es lo que pienso hacer.

Me gustaría hacerle una pregunta.

¿Qué relación tenían Ernesto y Torquemada?

¿Quién eres?

Soy tu padre.

No puede ser.

Soy Pedro Fernández de Torquemada.

Te guste o no.

¿Verdad?

Leí sin hombre.

Hace años que descansa en paz.

Tu padre no descansa, hijo.

Y mucho menos en paz.

Mírame.

Me tienes aquí delante.

Porque eres tan ciego que no eres capaz de reconocer nuestro parecido.

Sí, lo veo.

Y es obra del maligno.

Os he enviado para torturarme.

Para que reniegue de mi fe en Cristo.

No uses el nombre de Jesús en mano.

Eres el sacrifico por los hombres.

Tú los matas.

Hijo.

Tú no eres Cristo.

Tú eres Pilatos.

Puedes pegarme, si quieres.

Puedes matarme.

Pero no por eso dejaré de ser tu padre.

¡Tú no eres mi madre!

Ojalá no lo fuese, te lo juro.

Escúchame, hijo.

Escúchame.

Mi madre, tu abuela Ana era judía.

Por sus venas corría sangre judía.

¡Era cristiana!

Se convirtió a la fe en Cristo porque no le quedaba más remedio.

Pero su sangre era judía.

Y ahora tú persigues a los de tu misma sangre.

Cumplo con mi deber.

Son nerejes.

No, son hombres y mujeres, hijo.

Y no son menos que tú por tener una fe distinta.

Nadie es menos que nadie por ser cristiano, judío, musulmán.

Hijo.

Y si cometieran pecado.

¡Es Dios quien debe juzgarles!

No, tú.

Antes os juzgarán a vos.

A medianoche moriréis en la hoguera.

Es tu libro.

Sí.

Y por suerte, veo que ha caído en buenas manos.

Ya puedo morir tranquilo.

Por favor, no diga eso.

Le hemos salvado de la hoguera.

Era lo que me tenía reservado el destino.

Yo ya solo soy un viejo.

Estoy enfermo.

Sangra.

Tiene tumores.

La medicina ha avanzado muchísimo.

Le buscaremos un más médico.

Vosotros ya habéis hecho lo suficiente permitiendo que pueda despedirme de los

míos.

Aunque supongo que no me habéis salvado solo por eso.

No.

No.

No lo hemos salvado solo por eso.

¿Para qué se me necesita?

No van a pagar.

No.

Ni tampoco les vamos a dar el libro de las puertas.

Bromea.

En absoluto.

Angustias, por favor.

Le presento al mismísimo Abraham Levy.

Curioso retablo.

Tablet.

Es tablet.

Ah.

Entonces, curioso retablet.

A fe mía que este hombre es uno de mis tirpe.

En una semana le adjuntaremos una analítica completa del señor Levy.

Así como muestra de su ADN, incluso análisis de su ropa.

Ya que vamos a ser famosos, que por lo menos sepan que trabajamos bien.

Usted es judío, ¿verdad?

No sé, Kaj.

Le volveré a llamar pronto.

No se preocupe.

Resolveremos este asunto.

¿Qué le ha dicho?

Que ni él ni mis herederos avergonzasen a Yahvé con su comportamiento.

¿De veras?

Porque le mentiría.

Solo soy un viejo que está a punto de morir.

Falta poco para que se cierre la puerta, ¿no?

Apenas una hora.

Ernesto no podrá volver.

¿Qué tal te sienta tener a tu prometido en Cuba?

Ojalá todas las desgracias verán esa.

Pues sí.

Vas a tener que escribirme cartas de amor para que las vean mis padres.

Te escribiré.

Aunque te aviso que no se me da tan bien como a ti.

¿Te has deshecho de tu diario?

Debió costarte mucho, ¿no?

Sí.

Para mí era como una manera de saber quién soy.

De escribir mi propia historia entre tanto viaje.

¿Y descubriste lo que pasó?

Poca cosa.

Los archivos habían desaparecido de la guerra, ya sabes.

¿En qué piensas?

En nada.

Sabes que puedes contarme lo que sea, ¿no?

Lo sé.

¿Y tú en qué piensas?

En Alonso, que hace rato que no le veo.

¿Dónde se habrá metido?

¡Levanta!

¡Llegó tu hora!

Alonso.

¿Qué hace usted aquí?

¿Creíais que iba a dejar que os mataran?

Usted está loco.

La puerta está muy lejos.

Nunca llegaremos.

Sabe Dios que lo haremos.

Usted está como una cabra.

¡Me encanta el futuro!

¡Me encanta el futuro!

Es una alarma antiaérea.

Durante la guerra civil, la aviación alemana bombardeó el pueblo de Garnica en

el Día del Mercado.

El cuadro se lo encargó el gobierno republicano a Picasso en plena guerra

civil.

Si encontramos el recibo, queda claro a quién pertenece el cuadro.

Pero ha desaparecido.

Ya sé que quiere conocer a Picasso, pero no es posible.

No está en España, está en Francia, no tenemos cobertura.

¡Es usted obsesivo!

Nada es fácil.

Nunca.

Yo a veces no tengo de todo claro no estar trabajando para el mismísimo diablo.

¿Qué pasa, que para ti toda la ropa del siglo XX es igual?

¿Sí?

Pues si conocieras a Tino Casal, lo ibas a flipar.

Estamos seguros de que no hay un equivalente al Ministerio del Tiempo en

Estados Unidos.

¿Están diciendo el tiempo que va a hacer mañana?

Parece cosa de brujería.

¿De verdad cree que el servicio de inteligencia español va a descubrir algo

que los Estados Unidos quieren ocultar?

¿Me acompañas a un concierto esta noche?

¡Salita ahora mismo!

¿Usted sabe lo que vale un dibujito con mi firma?

¿Me está sobornando?

¡Pondré una quija con mi embajada!

¡Ya veréis vosotros!

Muy bien, de momento cuéntate.

Sabía que ibas a meteros en un link.

¿Me quieres dejar en paz?

Lo primero sería conseguir la firma original de Picasso.

Tengo inmunidad.

Uh, mal asunto.

Quítate de en medio, Alonso, o te juro que al final...

¿O te juro que qué?

Años ochenta.

Allá voy.

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