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¿Dónde está el patrón? -En la fragua.
¡Patrón!
Qué ocurre?
Malas noticias, ha vuelto el hijo de Macaslim.
Cómo lo sabes? Quién te lo ha dicho?
Lo he visto yo mismo.
Buck. Qué?
Sabes que Flem está en el pueblo?
Crees que ha sido casual su llegada?
Demasiada casualidad llegar justo en este momento,
después de tantos años de ausencia. Quién ha podido avisarle?
No lo sé
Macaslim tenía muchos amigos.
Crees que vendrá a investigar lo de la muerte de su padre?
No lo creo.
Aquello quedó bien claro que fue un accidente.
Y estoy seguro que habrá venido para hacerse cargo del rancho.
Que ya es suficiente para quitárnoslo de en medio.
Por qué no nos olvidamos de ese rancho?
No podemos.
Lo necesitamos.
Es el único lugar por donde podemos pasar el ganado robado.
Las cosas hay que hacerlas bien aunque se tarde un poco más.
Lo que está claro es que si hay un heredero,
ya no se celebrará la subasta.
El heredero tiene que desaparecer, pero no por nuestras manos.
Tengo que confesarte, que hay veces que no te entiendo.
Está claro.
Flem tiene que morir, pero nosotros no podemos matarle.
Otro accidente ya sería demasiado, ¿no crees?
Entonces, como no podemos esperar a que se muera,
tendremos que encargárselo a alguien.
Después de tantos años a mi lado, acabarás pensando.
Eso es lo que vamos a hacer, encargárselo a alguien.
¿Y puedo saber a quién?
A la justicia.
Escúchame bien, Buck.
El plan es el siguiente.
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
¡Quieto!
Levanta las manos.
Si no haces tonterías, no tienes nada que temer.
Abre la caja.
¡Deprisa!
-Ya lo has oído.
Si no haces tonterías.
Ábrela.
Tenemos prisa.
-No lo haré.
Tienes dos segundos.
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
Date prisa.
Antes de un minuto, tendremos aquí a todo el pueblo.
-Ha sido en el banco, sheriff.
Ya están aquí. Date prisa.
(Relinchos)
¡Ah!
Hay que salir. Dame eso.
Todos a los caballos. ¡Deprisa!
No hay ninguna duda.
Flem Macaslim participó en el asalto al banco.
Fueron muchos los que le vieron.
A dos millas de aquí,
lo encontré tirado al borde del camino.
Estaba herido y no pudo seguir huyendo.
En el asalto, murieron cinco personas.
Cinco convecinos fueron asesinados.
Y no podemos dejar esos crímenes impunes.
Flem Macaslim es el responsable de ellos y debe pagar.
Y por eso pido para él la horca.
-Un momento, sheriff,
el único que puede dictar una sentencia soy yo.
Y lo haré a su debido tiempo. -Pues hágalo.
Los hechos son claros.
-Efectivamente, los hechos parecen estar claros
pero no pienso tolerar ninguna precipitación.
Quiero que este juicio se celebre
en la más estricta legalidad.
Flem Macaslim, se le acusa de asalto al banco
y responsabilidad directa en la muerte de cinco personas.
¿Tiene algo que decir?
-Soy inocente.
-Póngase de pie para responder.
-Soy inocente.
Ya he dicho todo lo que ocurrió. Lo he repetido mil veces.
-Esa historia es absurda.
No se puede pretender que nos la creamos.
-Lo siento, pero es la verdad.
-Está bien.
Que pase a declarar Hoover Pyson.
-(BORRACHO) Ese soy yo.
(Risas)
Buenos días, señor juez. -Venga aquí.
-Con permiso.
-Ponga la mano sobre la Biblia. -Sí, señor.
-¿Jura decir la verdad? -Sí, sí, claro.
-Responda "juro". -Juro.
-Siéntese.
-¿Conoce usted al acusado?
-¿A quién?
Ah, sí, claro que le conozco.
Es el hijo de Roger, de Roger Macaslim.
No puede negar que es igual que su padre.
(RÍE) El viejo Roger...
-¿Le vio usted el día del asalto al banco?
-Sí, señor, le vi, llevaba puesto eso.
-Describa los hechos
con todo detalle,
pero procure ser breve.
-Sí, señor juez.
Cuando Flem y los bandidos llegaron,
yo estaba oculto tras unos toneles.
Tiré fuera mi revólver...
(RÍEN) -¡Silencio!
¡Silencio!
-Gracias, señor juez. -Puede continuar.
-¿Qué estaba diciendo?
Ah, sí, tiré fuera mi revólver
y disparé.
"Ah, sí.
Yo estaba oculto tras los toneles,
y de repente, me di cuenta
de lo que pretendían aquellos hombres.
Robar el dinero del banco de nuestra ciudad.
Entonces, me dispuse a luchar.
Tiré de revólver,
y arriesgando mi propia vida,
logré herir, precisamente,
al hijo de Roger. (RÍE)
Fue un tiro magnífico".
-¡Eso es mentira!
¡Todo el mundo sabe
que tú no acertarías a una vaca a dos pasos!
¡Fui yo el que disparó sobre él!
-¿Tú? Ni siquiera te vi. ¿Dónde estabas?
¿Debajo de la cama?
(Risas)
-¡Silencio! -¡Lo juro, fui yo el que disparó!
-¡Tú eres otro embustero! -¡Yo disparé!
-¡Silencio! ¡Silencio!
-¡Lo juro! -¡Silencio!
-¡Lo juro!
-Sheriff.
Desaloje la sala.
Que salga todo el mundo inmediatamente.
Bueno, todos menos los testigos, claro.
-Está bien, ya lo habéis oído.
Todos fuera. -Eso es.
-¡Deprisa, deprisa!
Todos fuera menos los testigos, ya lo habéis oído. Fuera.
Fuera, tenemos que seguir. Fuera.
(Toses)
-¡Pyson!
¿Qué hace usted ahí?
Por favor, salga.
-Yo soy un testigo.
-Que ya prestó declaración.
-Soy el testigo.
-Este tribunal ya no le necesita.
Lárguese.
¡Fuera! -Sí, sí, señor juez.
Es una injusticia.
Si no hubiera sido por mí, no habrían arrestado a ese hombre.
Una injusticia.
-Dan, ocupa esa silla.
-Ponga la mano... -No, no, no, no. Deja eso. Deja eso.
-Bueno, ¿qué tienes que decir?
Tú no estabas ese día en el pueblo.
-No. He visto a ese hombre en otra ocasión,
y precisamente, llevaba ese poncho.
(Relinchos)
¡Jía!
(Relinchos)
¡Jía, jía!
(Relinchos)
¡Jía! ¡Jía!
Y eso es todo.
Lamento que el hijo de Roger se haya convertido en un asesino.
Su padre no se merecía eso.
-Está bien, Dan, puedes retirarte.
Señorita Simpson,
¿tiene la bondad de ocupar esa silla?
Repita a este tribunal lo que le contó al sheriff hoy.
-Sí. Encantada, señor juez.
Bueno, no es que me gusten estas cosas.
Odio los chismes,
pero me siento en la obligación
de prestar este servicio para el bienestar de nuestro pueblo.
-Señorita Simpson,
limítese a relatar los hechos.
-Solo quería evitar falsas interpretaciones
sobre mi forma de proceder. -Claro.
Y una vez aclarada su conducta,
¿podría contarnos lo que vio?
-Naturalmente, señor juez, a eso he venido.
Y, además,
le prometo que no pienso olvidar ningún detalle.
-Estoy seguro de ello.
-Yo me dirigía a Jacksonville dos días antes.
Mi hermana había dado a luz y quería estar con ella,
como es lógico, en una situación así,
imagínese, señor juez. -Por favor, señorita Simpson,
al grano.
-¿Cómo?
Ah, sí.
Bueno, es que si no lo cuento desde el principio, no me acuerdo.
Yo me dirigía a Jacksonville. Entonces, mi hermana...
Mi hermana está casada con el señor Brown.
El señor Brown es una persona muy importante.
Mi hermana, Ellen, me pidió que fuera a verla.
Entonces, yo tomé la diligencia y en el momento...
-¡La asaltaron!
-No, bueno, sí, pero más tarde.
-Bueno, pero al final de todo,
¿vio a este hombre entre los asaltantes?
-Sí, al final, sí. Llevaba puesto ese poncho.
Asunto concluido.
Dentro de dos días,
se hará pública la sentencia y adiós, Flem.
Ese adiós se lo hemos podido decir antes.
Habiéndole matado, ¿no?
¿Qué más daba destrozarle un hombro
que volarle la cabeza?
¿Tú crees? (RÍE)
Sí, ¿quién habría sospechado?
Sírveme un güisqui y ponte tú otro.
Para haberle matado antes de que lo recogiera el sheriff,
le tendrías que haber disparado al corazón o a la cabeza.
¿Y no crees que se habrían preguntado
cómo un muerto pudo cabalgar dos millas?
Porque se supone
que le hirieron en el pueblo, ¿no?
Sí. Creo que tienes razón.
La tengo.
Además, es mejor que sea la ley la que acabe con él.
¡Sheriff!
-¿Qué quieres?
-No ha hecho nada, ¿verdad?
-¿Nada de qué?
-Le di unas direcciones para que se informase.
¿No lo recuerda?
-Perfectamente.
-¿Lo hizo?
-¿Para qué?
Te han reconocido muchas personas,
llevas fuera de la ley más años que yo de sheriff
y quieres que gaste el dinero de los contribuyentes
haciendo gestiones solo porque quieres alargar
unos días tu vida.
-Está equivocado, sheriff.
Además,
tengo derecho a ello.
-Tú tienes derecho a la horca.
Si por mí hubiese sido, ya estarías colgado.
-Sí.
Me temo que sí.
De todas formas, le pido que cumpla con su deber.
Si vuelves a decirme cuál es mi deber,
tendré que demostrarte que lo conozco,
¿entiendes?
-Sí, creo que le entiendo perfectamente.
¡Sheriff! ¿Investigó la muerte de mi padre?
-No.
¿Por qué iba a hacerlo?
Fue un accidente.
-¿Está seguro?
Pero, señor, son tantos los que le han visto...
A él no, Pedro.
Han visto a un hombre vestido con ese poncho.
Y el rencor y el deseo de venganza les hace asegurar
que fue él. ¿Qué cree que hará el juez?
Condenarle, son muchos testigos.
Y ningún defensor.
Bueno, quiero decir en el juicio.
Señor, ¿ha pensado ya lo que va a hacer?
De momento, sacarle de la cárcel.
Las pruebas no llegarán antes de que le ahorquen.
¿Quién puede haberle metido en este lío?
El mismo que asesinó a su padre.
Entonces, ¿el señor cree que...? Sí, Pedro.
Si en un principio tuve dudas sobre el accidente,
ahora estoy seguro de que fue un crimen.
Pobre señor Macaslim.
Y yo me pregunto por qué.
Nunca hizo mal a nadie.
Si quieren quitar de en medio a Flem,
la justificación solo puede ser una.
el rancho.
Pero si van a subastarlo.
Así es.
Ese día tendremos una pista,
la del más interesado.
Señor, prometió a su padre que nunca lo haría.
Si no era necesario.
Y yo, a su vez,
le juré que le haría respetar su promesa.
Si no era necesario.
Y ahora lo es.
Sí, señor.
Dentro de una hora estaré aquí.
Entretén a los invitados si llegan antes.
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
Levanta las manos.
Pasa.
¡Ah!
Deprisa.
-¿Es usted quien me avisó?
Sí.
¿Por qué hace esto por mí?
No hay tiempo de explicaciones. Coge tus armas.
Irás al rancho de Domínguez. ¿Sabes dónde está?
No. Cerca de tu rancho.
¿Conoces Rocas Negras? Sí.
Una milla hacia el este, encontrarás la casa.
Diles que vas de mi parte.
Te quedarás hasta tener noticias mías.
Espera.
Me van a permitir que les ofrezca un coñac.
Más que permitírselo, se lo ruego.
Ya verán, un coñac de 62 años.
-Sí.
62 años tenía la primera vez que lo probó.
Ahora tiene 64.
(RÍEN)
Juez, quiero felicitarle
por cómo ha sabido llevar el juicio.
-Gracias. No es un caso difícil.
Todo acusa a Flem Macaslim.
Me he limitado a corroborar las pruebas. Nada más.
-Es un asunto muy claro.
(RÍE) Sí, sí.
Clarísimo. Demasiado claro.
¿No le parece?
¿Qué quiere decir?
(RÍE)
Eso, que no hay ninguna duda.
-El viejo Macaslim era un buen amigo mío,
y siento lo de ese pobre muchacho al que yo no conocía.
Lo que él se ha buscado.
Yo no puedo lamentarlo.
Un hombre así es un peligro para la sociedad.
Y merece un castigo.
(RÍE) ¿Verdad, sheriff?
-Estoy de acuerdo con don Diego.
En un par de días, le colgaremos.
-La sentencia aún no está dictada.
No creo que pueda ser otra.
Efectivamente.
Todo el mundo sabe que es culpable.
-Pero ¿y los demás? ¿Quiénes?
Los demás, los que asaltaron el banco.
Quizás el sheriff pueda decirnos algo.
Seguimos sus huellas hasta Tump.
Allí fue imposible continuar.
El terreno es muy pedregoso.
Seguro que cruzaron la frontera.
Bien. ¿Y qué pasará ahora?
-¿A qué se refiere?
A Flem... ¿Lo colgarán pasado mañana?
Le he dicho que aún no...
Usted no podrá hacer nada, señor juez.
La ley lo juzga y le condena.
Pero no me refería a eso,
me refería a sus propiedades.
¿Al rancho?
Exacto.
-Se celebrará la subasta que se tenía proyectada
antes de la llegada de Flem. ¿O no?
-Sí. No veo que pueda existir ningún inconveniente.
(RÍE) ¿A quién puede interesar ese rancho?
-A mí sí me interesa. ¿Sí?
Limita con el mío y es muy buena tierra.
Tiene unos pastos magníficos.
Nunca pensé en el rancho Macaslim,
está tan alejado de mis tierras,
pero visto que es una cosa tan interesante...
-Perdón, sheriff, Macaslim se ha escapado.
-Disculpe, don Diego.
-Será posible...
(MURMURAN)
(RELINCHA)
(Ladridos)
Perla, ven acá.
¿Quién es?
No lo sé.
¿Está malherido?
Tampoco lo sé.
Ayúdame, hay que meterle dentro.
Papá, tienes que llamar al médico.
Así no nos meteremos en más líos.
Solo tiene la pérdida de sangre por habérsele abierto la herida.
Si ha venido a este rancho, debo esperar a saber qué ocurre.
Si se muere aquí, será una complicación.
Ya veremos cómo lo explicas luego.
Es joven y fuerte, no le pasará nada.
Estate tranquila.
No temas nada, muchacho, descansa.
Has perdido mucha sangre.
¿Domínguez? Sí, soy yo.
¿Te ha mandado alguien aquí?
¿El Zorro?
No hables más.
Ya lo haremos mañana.
Ahora descansa tranquilo.
Quédate con él hasta que yo suba.
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
Muchacho.
Ya es hora de que tomes algo.
(RÍE)
Tienes que comer. Estás muy débil. Sí.
Les estoy muy agradecido. Bueno, bueno...
Deja eso ahora.
¿Cómo te encuentras?
Bien, estoy bien.
Un poco aturdido.
Han sido tantas cosas en tan pocos días...
Pero ¿ustedes no saben nada?
Ni nos interesa.
De todas formas,
debo advertirles que les estoy comprometiendo.
Todo el pueblo me busca para ahorcarme.
Si me encuentran aquí, en esta casa...
No te preocupes.
Estás entre amigos.
Mi nombre es Pedro.
Esta es Perla,
mi hija.
Flem Macaslim.
Enhorabuena, señor Domínguez,
tiene usted una hija preciosa.
Lo siento.
No he pretendido molestarla.
No, no lo has hecho.
Perla es así con los...
Bueno, ya lo sabrás.
Es una vieja historia.
Ahora hablemos de ti.
¿El Zorro te dijo algo más, aparte de que vinieras a esta casa?
Sí. Que esperase sus noticias.
Si el Zorro lo ha dicho, así lo haremos.
¿Quién es el Zorro?
¿Conoce alguien su verdadera personalidad?
No.
Para unos es un libertador,
para otros, un justiciero,
y para todos los que le necesitan, un hombre bueno.
Me llama al morir mi padre,
me saca de la cárcel,
me ofrece su ayuda...
¿Y todo esto por qué?
Esa misma pregunta me la hice yo durante mucho tiempo.
Pero ¿qué clase de hombre es? Ya te lo he dicho.
Un hombre bueno. Anda, come.
(Silbato de tren)
(Disparos)
(Silbato de tren)
(Disparos)
¡Deprisa, rápido!
¡Manos en alto!
Buenos días. (TODOS) Buenos días.
-Creo que podemos empezar.
Pero antes, quiero hacerles una aclaración.
Según las leyes de este estado,
esta subasta no podría celebrarse
hasta los tres meses de la desaparición de Flem Macaslim
como único heredero.
Los señores Vanderman y Warner
aducen una serie de razones en contra.
Quiero que las expongan ellos mismos públicamente
para darle valor real de declaración.
Cuando quieras, Dan.
No, puedes hablar desde ahí, esto no es un juicio.
-Yo, señores, personalmente opino
que esta demora de tres meses significaría una gran pérdida
para los pastos, para el ganado,
y en general, para el rancho en sí.
Eso es todo.
Además, en este caso concreto,
el heredero es un condenado a muerte que,
de no haberse escapado, ya estaría ahorcado.
Teóricamente, no existe. Está muerto.
(RÍE)
Estoy de acuerdo.
Pero, señores, nosotros no debemos olvidar
que más importante que la ley es su propio espíritu.
-Por pensar como ustedes
es por lo que no me he negado a celebrar la subasta.
Comienza la sesión.
Como todos conocemos el rancho Macaslim,
me ahorraré la especificación de sus características:
extensión, situación, etc.
Partiremos de una cifra que considero honrada y normal,
10 000 dólares.
-15 000.
-Ofrecen 15 000 dólares.
15 000 a la una... -17.
-17 000 dólares.
¡Eh! ¿Has visto al señor Vanderman?
-En la sala de juicios. -¡Jía!
25 000.
Don Diego ofrece 25 000 dólares.
25 000 dólares a la una...
-27 000.
40 000.
-45.
-Perdón, señor juez, ¿puedo hablar con mi patrón?
-Eso lo puede hacer cuando terminemos.
Siéntese y cállese.
-Vengo a denunciar un robo
y es importante que Vanderman lo sepa.
-¿Qué ha ocurrido, Bob?
-Me han robado el dinero de la venta del ganado.
Asaltaron el tren.
-Siento mucho lo ocurrido, Dan,
pero eso debes tratarlo luego con el sheriff.
-Le espero. Ya veremos qué se puede hacer.
-Yo me retiro de la subasta.
En ese tren venía todo mi dinero.
Pasaré a verle, sheriff.
-Bien, señores,
como la última cifra dada por don Diego fue de...
40 000 dólares.
-...40 000,
iniciaremos la subasta a partir de esa cifra.
50 000.
-Bien.
50 000 dólares a la una...
65 000.
100 000.
-¿100 000 dólares?
100 000 a la una...
100 000 a las dos...
100 000 a las tres...
Adjudicado al señor Warner en 100 000 dólares.
Enhorabuena, señor Warner.
Enhorabuena. Gracias.
Ha sido usted muy amable abandonando la puja.
He visto que tenía un interés muy grande por ese rancho y yo no.
-Adiós, señores. (TODOS) Adiós. Buenos días.
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
¿Qué ha pasado?
Era el Zorro. Venía de la galería.
El Zorro...
¡Maldito!
(Banda sonora)
(Continúa la banda sonora)
¡Jía, jía!
(Relinchos)
¡Jía, jía!
¡Jía!
(Silencio)
No te comprendo.
Me has cuidado, me has dado de comer
y me has atendido como a un hermano,
y, sin embargo, me odias.
¿Me equivoco?
-No.
-Entonces, ¿por qué lo has hecho?
-Porque mi padre me lo ordenó.
-Si no hubiera sido por tu padre, ¿me habrías dejado morir?
-Sí.
-Me gustaría saber la razón.
-Eres un gringo.
-¿Y ese es el motivo? No todos son iguales.
-Los gringos sí, déspotas y asesinos.
-¿Qué te han hecho, Perla?
-Nada.
-No se odia por nada.
-Ellos mataron a mi hermano.
Le colgaron de un árbol.
Y eso le costó la vida a mi madre.
Lo siento, Perla.
También mataron a mi padre y lo intentaron conmigo.
Hay hombres que no son buenos y no importa que sean gringos o no.
Como hay mujeres buenas
que son mexicanas.
¿Qué haces levantado?
¿Por qué le has dejado, Perla?
Ya me encuentro bien. Pues tu cara no dice lo mismo.
Anda, acuéstate.
-Estaba esperando que vinieras para no dejarlo solo.
Tengo que bajar al pueblo a por provisiones.
Está bien, hija, procura no venir tarde.
¿Necesitas algo?
-Sí.
Lo mismo que tu padre.
Que no vuelvas tarde.
Son excelentes.
Se lo agradezco mucho, don Diego.
Estos cigarros son mi debilidad.
(RÍE) No tiene importancia, sheriff.
Recibí ayer unas cajas
y me acordé de su... debilidad.
Buenos días, sheriff.
Buenos días. Vengo a denunciar un robo.
¿Un robo?
Buenos días, señor Warner.
Buenos días.
Si ha hablado de un robo, yo me retiro.
Mi presencia aquí no es oportuna.
No hace falta que se marche.
Por mí puede quedarse. Gracias.
Anoche el Zorro entró en mi casa, abrió la caja fuerte
y se llevó todo lo que había. ¿El Zorro?
Sí.
Aparte de que dejó su tarjeta,
uno de mis hombres le vio de cerca. ¿El Zorro un ladrón?
No, no... No puedo creerlo.
Es imposible.
Siempre he creído que se trataba de una leyenda.
Escuche, señor Warner,
me cuesta mucho creer que haya sido el Zorro.
¿Duda de mi palabra?
En absoluto, pero en todo lo que se cuenta sobre el Zorro,
nunca ha figurado un robo. Sí. Todo eso lo sé, lo sé.
Ayuda al hombre pobre,
es honrado, justo,
valiente... (RÍE)
Esto no concuerda mucho con...
Con un vulgar robo, ¿no creen?
No tan vulgar.
Se ha llevado una suma importante.
Muy importante.
Y me ha dejado en una situación muy incómoda.
Comprendo.
Se ha llevado todo el dinero que tenía destinado
para pagar el rancho Macaslim. ¿100 000 dólares?
Poco más o menos. Eso es mucho dinero.
Hasta... para un rancho.
Le dije antes que podía quedarse,
pero no para indicarme cómo debo manejar mi negocio.
Discúlpeme.
Era un simple comentario.
Que ha podido ahorrarse.
Discúlpeme de nuevo.
Lamento lo de ese robo.
Y si en algo puedo ayudarle...
Buenos días.
Me exaspera ese petimetre.
Ese medio hombre... Don Diego es amigo mío.
Lo siento.
Estoy excitado.
No es fácil ni siquiera para mí
aceptar una pérdida de 100 000 dólares.
Lo comprendo.
Bien, sheriff, dígame.
¿Qué piensa hacer?
Si he decirle la verdad, no lo sé.
Hacer una denuncia contra el Zorro es como acusar a un fantasma.
Si usted mismo ha dicho que el Zorro nunca robó,
piense que se trata de alguien que utilizó ese disfraz.
Eso es más verosímil.
Haré lo que pueda.
Ahí está el patrón.
Esperadme aquí.
Gracias, sheriff.
Espere a dármelas cuando recupere el dinero.
Y lo de aplazar el pago de la subasta no se preocupe,
hablaré con el juez y se lo explicaré.
Aún no sé si hará falta.
Estoy pendiente de unos ingresos. Ya me dirá lo que sea.
Así lo haré. Adiós, sheriff.
Hasta pronto, señor Warner.
¿Todo bien?
Sí, fue sencillo.
Entre oro y billetes, un buen pellizco.
Ahora tenemos que solucionar otro asunto.
¿De qué se trata?
El Zorro.
Eso puede que no sea tan sencillo.
¿Tienes ya algún plan?
El Zorro no sabemos quién es,
pero sí alguno de sus amigos.
¿A quién te refieres?
Esa es la hija de Domínguez.
Uno de los que más favores deben al Zorro.
Pregúntale.
Tú tienes argumentos persuasivos para hacerla hablar.
Si se niega,
te la llevas a Rocas.
Entonces será el padre quien hable.
Puede que dé resultado.
Tiene que darlo.
El Zorro ya sabe demasiado.
Echará a perder todo lo que hemos hecho en estos años.
¿Has venido solo? No.
En el bar están Jack, Dalton y Louis.
Ocupaos de ella.
¿Vas a hablar de una vez? No.
¡Ah!
No. ¡Ya te he dicho que no lo sé!
¡No lo sé!
No tengo demasiada paciencia.
¡Habla! ¡No!
Habla de una vez.
¡Déjame! ¡Vas a responderme!
¡Déjame!
Dime quién es el Zorro. Gringo asqueroso.
(ESCUPE)
Tú lo has querido.
Hablarás.
Aunque tenga que arrancarte la piel a tiras.
No, no.
No lo sé.
Dilo de una vez.
¿Quién es el Zorro?
Llevadla a la cabaña.
Espero tener más suerte con el padre.
Bill Warner.
Pero Warner es una de las personas
más importantes y respetables del pueblo.
Efectivamente.
Por eso no se le puede acusar
con simples sospechas. ¿Tiene alguna prueba?
Sí, estas sacas que fueron robadas del banco.
Estaban en su caja fuerte.
¿Y qué relación tengo yo...? Aprovechó la circunstancia
para deshacerse de ti.
Quería tu rancho, y contigo vivo,
no había subasta.
Entonces, ¿piensa que lo de mi padre...?
Sí.
¿Por qué el interés de ese rancho?
Por su situación.
Desde allí,el ganado robado pasa la frontera impunemente.
Le agradezco mucho todo lo que ha hecho por mí.
Ahora necesito hacer una visita al señor Warner.
Nada de eso, ya tendrás tiempo. Esta noche, haréis lo que he dicho.
(Disparos)
¡No deis un paso más!
Son los hombres de Warner.
Domínguez.
Solo queremos hablar contigo.
Tendréis que hacerlo desde ahí. Os escucho.
Sabemos que eres amigo del Zorro.
Dinos quién es o dónde podemos encontrarle.
Lo siento, Buck, pero no diré nada.
¡Mira esto!
Es el bolso de Perla.
¿Lo conoces?
Dinos lo que sabes del Zorro
o acabamos con ella.
¡Ah!
Voy a por tu hija.
Sé dónde encontrarla.
Como es a mí a quien buscan, cuando me sigan, salid.
Y no olvidad lo de esta noche.
¡Es el Zorro!
No debe escapar.
¡Al caballo!
Ya se van.
¡Rápido!
(Banda sonora)
(Disparos)
(Continúa la banda sonora)
Nos ocultaremos
hasta que sea la hora de ir a ver al sheriff.
(Banda sonora)
(Silencio)
¡Ahí está!
¡Ah!
(PERLA GRITA)
(Disparos)
(PERLA GRITA)
¡Sígueme!
Están los dos solos.
Macaslim.
-El mismo.
No se alarme, sheriff, vengo a hablar con usted.
-¿Empuñando un revólver?
-Dadas las circunstancias, no he tenido más remedio.
Dejen caer las armas.
-¿Y tú, Domínguez?
Yo vengo con él.
-La puerta.
Este es el dinero que robaron del banco.
-¿Puedes explicarme todo esto?
-Yo solo parte,
el Zorro lo hará con todo detalle.
-¿El Zorro?
-Sí, él fue el que me dio este dinero para usted.
-¿El que robó de la caja...? -El que robó de la caja de Warner.
-¿Insinúas que el señor Warner está implicado en el robo del banco?
-En eso
y en otras muchas cosas. Entre ellas, el rapto de mi hija.
-¿Qué estás diciendo?
Buck ha prometido matar a mi hija
si no le doy información sobre el Zorro.
Así que, según vosotros, Warner es un ladrón y un asesino.
-El Zorro se lo demostrará.
Esto es solo un anticipo.
-¿Y por qué no ha venido él?
-Él vendrá.
Nos espera dentro de una hora en el reservado del salón.
Allí se convencerá.
-Será mejor para ti... que no falte.
Sabía que el Zorro nos traería complicaciones.
Habrá que estar preparados por si hay que cambiar de aires.
¿Qué haces tú aquí? Te dije que no vinieras.
Lo sé, patrón, pero era necesario.
¿Qué ha pasado?
Flem apareció en la oficina.
¿Flem Macaslim?
El mismo.
Venía de parte del Zorro a devolver los 100 000 dólares
de lo del banco.
Y le acusó a usted.
Supongo que el sheriff no le creería.
Al principio no,
pero ahora...
Explícate.
-Usted dijo que el Zorro le había robado.
En el banco han reconocido las sacas.
Por otro lado,
Domínguez, que iba con él,
ha denunciado a Buck por lo de su hija.
Ahora están reunidos en el salón. ¿Quiénes?
El sheriff, Vanderman, el juez, Domínguez y Flem.
Ha llegado el momento de ese cambio de aires.
Sí.
Pero no puedo dejar cosas pendientes.
Ve a avisar a los de la frontera, yo os espero en el pueblo.
De acuerdo, patrón.
¿Para qué? ¿Qué vas a hacer?
Acabar con todos.
Arrasar el pueblo.
Tú si quieres, puedes marcharte.
A mí tampoco me gusta dejar algo sin terminar.
Vendrá, no se preocupe.
-Eso espero.
(Gritos)
¿Qué es eso, sheriff? -Ahora lo sabremos.
(Disparos)
¡Péguense a las paredes!
-¿Sabe ya lo que ocurre, sheriff?
-Sí.
Si no me equivoco,
Warner quiere acabar con todos nosotros.
¡Sheriff!
¡Será mejor que se entreguen!
¡Sabemos que están implicados con Macaslim en el robo del banco!
(Disparos)
A las ventanas, rápido.
(Disparos)
Buck.
De este modo no acabaremos nunca.
Que prendan fuego al salón.
Cubridme.
Traed cubos de agua.
Hay que impedir que se extienda el fuego. ¡Rápido!
(Relinchos)
Spencer, no hagas preguntas. Lleva a tus hombres al arroyo.
(Ladridos)
Se acabó, sheriff.
Es el final.
Perro asqueroso.
-¡Quieto, muchacho! ¿Te has vuelto loco?
¿No ves que es lo que quiere?
-Sí, pero ¿no cree que ha llegado el momento?
-Comprendo tu deseo de vengarte,
pero nos quedaremos aquí mientras podamos.
Para dejarnos matar siempre estamos a tiempo.
-Puede que tenga razón.
¡Robert!
Reúne a tus hombres y ve al cruce del arroyo.
(RELINCHAN)
¡Ah!
(Relinchos)
-¡Ah!
-He visto al Zorro. Habrá sido él quien los avisó.
-Sabía que vendría.
(Disparos)
Buck.
¡Ah!
No dispares.
Yo no hice nada.
No, Flem.
No lo hagas.
Mereces que te mate como a un perro rabioso.
Fue Buck quien mató a tu padre.
Tranquilízate, Warner.
Morirás, pero poco a poco.
Primero estarás entre rejas.
No quiero privarte de contar los minutos que te faltan
para tener la soga alrededor del cuello.
No, no.
No. Sí, Warner.
Y yo estaré allí ese día. No.
Morirás minuto a minuto. No, Flem, no.
Ya verás qué corto y qué rápido es el tiempo.
¡Levántate!
¡Eh, sheriff!
Enhorabuena, sheriff.
Por lo que veo, ha habido limpieza en este pueblo.
Lo celebro. Gracias.
Ah...
El Zorro me encargó que le trajera esto.
Creo que es lo que esos hombres robaron del tren.
No sabía que fuera su amigo.
Y no lo soy.
Pero él mío sí lo es.
Gracias, don Diego.
¿A mí? ¿Por qué?
Son para su amigo.
Adiós, sheriff.
(Banda sonora)
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