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¿Por qué no me llamaste anoche?
- ¿Y? Gracias. ¿Cómo está? - Bien, se durmió.
Estaba muy cansada.
¿Estás mejor?
Perdón.
No, Sabri, no empieces con eso. No me pidas perdón.
Necesito que hables, que me digas qué está pasando.
¿Qué está pasando con este tipo?
Nada.
¿Es por lo de la hija?
¿Le hizo algo?
A ella no.
¿Es él?
¿Salvador es el tipo de cuando vos eras chica?
Sabri.
Pero no me dijiste nada.
Mi amor.
Tu mamá lo adora.
No quiero que este tipo se meta en nuestra vida ahora, por favor.
Pero es que es demasiado tarde. Ya se metió, mirá cómo estás.
Estoy bien. Lo estoy manejando.
No lo estás manejando, mi amor.
Mirá cómo estás. No.
- ¿Quién es? ¿Cómo mi mamá? - Ay, tu mamá. Perdón.
Sí, yo la invité a cenar.
- Pensé que ibas a llegar tarde. - ¡Hola!
¿Qué pasó?
No vuelvas a traer algo a mi casa sin consultarme.
¿Vos hiciste esto?
¿Vos te volviste loca?
¿Vos sabés lo valiosos que son estos cuadros?
Pero ¿qué valiosos? Son una mierda esos cuadros.
¿Una mierda? Son mis obras de arte. ¿Estás loca?
- Papá, vení. - ¿Por qué sos tan destructiva?
No vuelvas a decirme eso, mamá.
Me rompés lo más importante de mi vida, ¿y yo me tengo que callar?
¿Lo más importante de tu vida? ¿Esos cuadros de mierda?
¿Por qué? ¿Porque estás vos pintada o porque te pintó Salvador?
- ¿Por qué me tenés tantos celos? - ¡Ay, mamá!
¿Mamá qué? Siempre estuviste celosa de mi relación con él.
- Estás diciendo cualquier cosa. - Sí, cualquier cosa.
Cuando venía a casa, te la pasabas tirada encima de él.
Cuando llamaba por teléfono, horas hablando con él.
- Te molestaba que colgara sus cuadros. - ¡Basta, mamá!
Te la pasabas buscándolo.
Él me buscaba a mí, en todo caso.
Tenía 16 años. Era una nena.
Por favor. Era un hombre grande él.
¡Justamente!
Él era un hombre grande y yo era la nena.
No te hagas la inocente.
No te hagas... Eras incontrolable, Sabrina.
Nunca te tuve confianza con los hombres.
Es que no tenías que confiar en mí.
Me tenías que cuidar, carajo.
Y, como no sabías qué mierda hacer conmigo, me mandabas con él.
Pero vos estás... ¡Vos eras imposible!
¿Sabés lo que era convivir con vos? Eras imposible.
Gritabas, me rogabas. Todo el tiempo. ¿Qué querías que hiciera?
¡Pará, Sabrina!
¿Qué pasa con ese tipo, Celina?
Odiás a Salvador Carvallo y, de pronto, está sentado en nuestro sillón.
¿De cuándo es esto?
Antes de conocerte.
Éramos muy amigos.
Un día vino a verme
y a preguntarme si podía atender a la hija de una amiga que estaba...
deprimida y agresiva.
Ahí la conocí a Sabrina. Ella tenía 16 años.
Apenas se sentó en el consultorio,
me dijo que se había enamorado de un hombre
más grande que ella...
que él también la amaba,
pero que la había abandonado.
¿Un hombre? ¿Más grande?
Mucho más grande.
Yo... Yo lo confronté a él.
Me dijo que ella lo estaba volviendo loco, que lo perseguía,
pero que la veía muy sola, que no quería rechazarla.
Y que al final se enganchó y tuvo un desliz.
¿Y vos le creíste?
Pero si era mi mejor amigo.
Yo ponía las manos en el fuego por él.
Tendrías que haberla derivado.
No, no pude.
No pude, me sentí comprometida.
¿Y ella sabe que ustedes eran amigos?
No.
Nunca le dije nada.
- Está tan feliz. - Están contentas.
- Gracias por llevarla. - No, por favor. Es un placer.
- Chau, bombonita. - Chau, ma.
- Cuídense, ¿eh? Cuídense. - Chau, Iris.
- ¡Chau, ma! - La puerta, pa.
Vamos, vamos.
Ya llegamos, ya llegamos. Ya estamos, corazón, ya estamos.
Ahí está, bonita. Vaya, vamos, vaya.
¿Perdón?
Me toca un ratito a mí adelante.
- Ah, ¿sí? - Son mis reglas.
- ¡Ey! - Mis reglas.
Ahí nomás.
- Detrás de un árbol. - Atrás.
- ¿Qué hacés? - Un ratito yo.
- Sabía. - Dale, Diana. Vamos.
- ¿Estás mejor? - Sí. No aguantaba más.
- Bien. Nos fuimos. - ¡Ay, Dios!
¡Pelotuda! Sos idiota.
- ¡Qué carácter! - Salí.
Dale, boluda. ¿Qué te pasa?
No podés encularte así de la nada siempre.
¿No fumaste mucho ya? ¿Vas a seguir tomando?
¿Vos no vas a tomar más?
- No. - Diana. Dejá eso.
No puedo creer cómo dejás esta copa así.
Diana, dejá eso ahí.
- Pero en serio. Ay. - Basta, basta.
Basta, basta.
- Basta, ya está. - ¿Te sentís bien?
- Sí, obvio que me siento bien. - ¿Vamos a dormir?
¿Una buena siesta para recuperarse?
No. ¿Qué? Está muy de día el día.
- Vamos. - ¿Tengo mala cara?
A dormir.
Mirame, boluda. No me podés mirar.
Muy bien. Ahí está, mi amor. Muy bien.
Vamos arriba, vamos.
Bueno, bueno, ¿adónde vas?
Guau.
- ¿Y? - Desmayada.
¿Qué vas a pintar?
Todavía no sé. No lo tengo claro.
Sentate ahí.
¿Qué pasa? ¿Extrañás a mi mamá?
¿Querés que te dibuje o no?
Bueno.
¿Y ya sabés dónde te vas a hacer el tatuaje?
- No sé, como... como por acá. - Ah.
¿Y qué te vas a tatuar?
¿Un corazoncito?
¿Un tribal? ¿Un hipocampo?
¿El nombre de algún novio?
- No. - ¿Alguna frase de autoayuda?
Tampoco. No sé.
- Hola. - Hola, Sabrina.
Disculpá que te llame a esta hora.
¿Te puedo hacer una pregunta?
Me quedé pensando en lo que le dijo a Salvador.
¿Sabés por qué lo hizo?
- Él sabe. - Y vos también.
No te escucho bien. ¿Dónde estás?
En casa. Disculpame un segundito.
¡Delfi! ¿Podés bajar la música, por favor? No vivís sola en esta casa.
Disculpame. Me vivo peleando con mi hija últimamente.
- ¿Por qué? - No sé.
No sé, porque no me habla. No, no... No lo sé.
Ayer a la noche estaba llorando a mares,
quise hablar con ella y me cerró la puerta en la cara.
Siempre tuvimos buena comunicación.
Bueno.
Hacéselo sentir entonces.
Que vas a estar ahí cuando ella te quiera contar.
Y que no la vas a juzgar ni te vas a enojar.
¿Por qué me decís una cosa así? Yo no la voy a juzgar.
Nada. Perdoname, pero tengo que cortar.
Ey. Papá.
- Ey. - Hola.
Hola, preciosa.
Perdoname.
Perdoname por lo que pasó.
Quedate tranquila.
Lo importante es que estás bien.
En serio, papá. Perdoname.
Tenés que descansar.
¿Me odiás?
Dale, decime que me perdonás. En serio.
Te perdono. Claro que te perdono, hija.
¿Cómo no te voy a perdonar?
Yo también.
¿Cómo la encontró a Diana?
Angustiada pero bien, por suerte.
Me alegro, me alegro.
Estamos esperando las pruebas del último laboratorio.
Y, si todo sale bien, ya podría recibir el alta.
Doctor, ¿no le parece un poco pronto para eso?
No. Ella ya no necesita estar hospitalizada.
Mire, doctor.
Mi hija es una chica sensible, inestable.
Usted sabe que se tiró de un entrepiso en mi muestra
simplemente para llamar mi atención.
No, no. Perdón, no sabía.
Tenía entendido que fue un accidente.
No.
Y no es el primer episodio que tiene.
Doctor, ¿no cree que sería posible
someter a Diana a algún tipo
de evaluación psicológica?
Simplemente se lo digo porque...
quisiera tener la certeza de que no se va a volver a lastimar.
Bueno, déjeme ver qué podemos hacer.
Cualquier cosa, lo mantengo informado.
- Gracias. - Permiso.
Agarrá la mochila, dale. Dale.
- ¡Mami! - Hola, mi amor.
- ¿Cómo estás? - Bien. ¿Me llevás al cole?
- Sí. Voy al baño y te llevo. - No. No, no.
Te llevo yo, Sofi. Mamá está muy cansada, trabajó toda la noche.
Andá a buscar la mochi, que está en la cocina. Dale, por favor.
Te llamé 70 veces. No me contestaste ni un mensaje.
No me devolviste una llamada. Tu vieja estuvo hasta las cuatro de la mañana.
Perdón.
No sé nada de vos, no sé si estás viva, si estás muerta...
- Perdón, perdón. - ¿Qué pasa?
¿Perdón?
¿Perdón? No pegué un ojo en toda la noche.
Ya lo sé. Necesito resolver esto, por favor.
No me podés hacer esto a mí. Y mucho menos a Sofi, ¿sí?
No la metas en el medio. Te banqué un montón de veces, bancame vos en esta.
- Te... - Una vez. Por favor.
- ¡Sofi! - ¡Voy!
Vamos, dale, que es tarde. Vamos.
Un regalo para vos.
- ¿Le habrá pasado algo? - No creo, no.
Debe ser por cómo la eché yo el otro día.
Sí.
¿Por qué no te sentás?
No. Estoy bien, estoy bien.
- Ay, atendeme. - Dame.
- Dame, que intento yo. - No.
Si se va a enterar, tiene que ser por mí.
¡Celina, no! ¡No, no! Celina, ¿qué te pasa?
No, mi amor. No, no, mi amor. Tranquila.
- Pero, hija... - Ey, papá.
¿Qué hacés levantada? Acostate, por favor.
No, necesitaba estar parada un rato.
Dijeron que estaba bien, podía.
- Hola. - Holis.
¿Me trajiste la ropa?
No.
¿Por? ¿Me voy a ir en camisón, papá?
Diana, hoy no te vas de acá.
¿Por qué? ¿Cómo? Pero si dijeron que me daban el alta.
Pero no.
Necesitás un tratamiento real, gente que te pueda ayudar.
- ¿Cómo? - Profesionales.
Nosotros no tenemos las herramientas. Es la realidad.
Tu papá está haciendo todo lo posible para que estés bien.
¿Y a vos quién te pidió consejo? ¿Qué hablás?
¿Qué sabés lo que necesito para estar bien?
¿De qué me estás hablando? ¿Qué se mete esta mina en todo?
Ah, es por ella que no me querés llevar a tu casa.
- ¡Diana! - ¿Es por ella?
- Basta. Esto así no va. - ¿O es por vos?
Es por vos, me querés sacar de encima.
- No podés cuidarme. - Sos una desagradecida.
¡Y vos sos un garca!
- ¡Sos un garca! - Dejala. Yo me encargo.
¿Qué? ¿Te vas?
¡Vení para acá, papá!
- Tranquilizate, por favor. - Papá, vení. Vos no me hables.
- Por favor. - No me toque. No se preocupe.
Es una discusión familiar. Va a estar todo bien.
- Delfina. - Dejame en paz.
Es un minuto, por favor. Yo sé que lo estás pasando mal.
Dejame que te ayude.
Cuando me dejó, creí que...
Creí que me moría.
Y me costó años recuperarme.
Yo sé que vos estás ahí ahora.
Yo me había vuelto adicta a él, a cómo me trataba,
a cómo me miraba, a cómo me hablaba. Era como...
Era como si fuera la única persona en el mundo que realmente me conocía.
Y me di cuenta...
de cuánto dependía de él cuando me dejó de contestar.
Cuando desapareció.
No me atendió más el teléfono. No me contestó más los mensajes.
Ay, por favor.
Empecé a tomar, empecé a fumar y...
Y empecé a meterme cualquier cosa
con tal de no sentir tanto dolor.
Lo buscaba por todos lados.
Hasta que un día lo encontré.
Lo encontré y...
Y me dejó.
- Delfina. - ¿Qué?
Ya hablamos nosotros. Es imposible.
- Escuchame una cosa. - Delfina.
Me dijo que me amaba, que...
yo era distinta a las demás, que nunca había sentido algo así,
pero se fue.
Hay que frenarlo, Delfina.
- ¿Cómo? - Denunciándolo.
Vos podés. Yo no porque ya prescribió.
No. Yo tampoco puedo.
- Se llega a enterar mi papá y me mata. - No.
A lo mejor te ayuda.
No.
¿Sabés lo que pasa? Que... Salvador es un cazador.
Y no suelta a una presa hasta que ya tiene otra.
Conociéndolo, debe ser alguien cercano.
¿Estás cómoda? ¿Eh?
Sí.
¿Querés tomar algo?
- ¿Querés descansar? - No, no.
♪ Observo mi mundo y el presente me abraza, ♪
♪ mi niña y mi esposo bailan en la terraza. ♪
♪ Brindo por la vida, por lo conseguido. ♪
♪ Celebro con los míos este sueño cumplido. ♪
♪ Pero siempre quiero más, nunca me es suficiente. ♪
♪ Sigo en la carrera, la meta es diferente. ♪
♪ Se va la luz en el ambiente y se tiñe de oscuro. ♪
♪ Una sombra me persigue y siento que me anulo. ♪
♪ Vuelve la ansiedad, el estrés, el hedor, ♪
♪ el dolor por errar, por no hacer lo mejor. ♪
♪ Otra vez ese olor, el color de esa tez, ♪
♪ es la sombra del monstruo viniéndome a ver. ♪
♪ Caigo en el desdén, me oculto en el tesón, ♪
♪ escapo del amor por si vienen cuando cambia. ♪
♪ Te cito a conversar, la oscuridad me atrapa. ♪
♪ Tengo que luchar, ser la luz que le delata. ♪
♪ Pero escapa y se camufla, cambia de forma, ♪
♪ mata y nos ensucia, veneno si te roza. ♪
♪ Rozo la locura y no quiero caer al pozo. ♪
♪ Culpable de la herida que convirtió en un esbozo. ♪
♪ El odio me atraviesa y pinto de venganza ♪
♪ cada lienzo que rompo, cada falsa esperanza. ♪
♪ Mi furia no alcanza, no me sirven las lanzas. ♪
♪ Y esta soledad me busca y se abalanza. ♪
♪ Nada que perder, ya vas por ganar, ♪
♪ ser la voz de una y de todas las demás. ♪
♪ Que la Justicia sea quien coloque en su lugar ♪
♪ a quien dibuja cuerpos haciéndolos sangrar. ♪
♪ Y ahora soy libertad y, con la cicatriz, ♪
♪ me enfrenté a la herida para ser feliz. ♪
♪ Me voy a levantar como una emperatriz, ♪
♪ haciéndote caer y cuidando mi raíz. ♪
♪ Y ahora soy libertad y, con la cicatriz, ♪
♪ me enfrenté a la herida para ser feliz. ♪
♪ Me voy a levantar como una emperatriz, ♪
♪ haciéndote caer y cuidando mi raíz. ♪
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