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Es verdad...,
he robado.
Siempre he robado mi parte de alegría...
a todo... y a todos.
Hay demasiada luz a esta hora.
¿Cierro un poco?
¿Cuántas veces me he enamorado?
Todas las que han sido necesarias.
¿Más oscuro?
Eh, chiquilla...
Eh.
En la casa estaban solo los cuerpos de la madre y de la hermana.
Alguien las había encerrado en una habitación
y pobrecillas, no consiguieron escapar.
Madre de Dios, ¡qué crueldad!
El doctor Milazzo que la ha visitado,
dice que ha sufrido violencia carnal.
- ¡Virgen santa! - Basta. Cállese.
La está oyendo.
Se puede comparar con 1909. Pasaron cosas horribles.
Cosas que no pasaron ni en el medievo.
Porque la gente temerosa de Dios se ha ido de este lugar.
Esas personas sin Dios... ¿Sabe cuántas he visto?
- A cientos, joder! - ¡Agente!
Perdóneme, excelencia.
No hace falta recordarle nada, tiene que olvidar...
En nombre de Santa Ágata, que sufrió el martirio
como esta niñita, no la atormente más.
¿Cómo se llama la niña?
Se llama Modesta.
Modesta... Vamos, sigamos esta conversación fuera de aquí.
Han encontrado ropa de hombre carbonizada,
pero del cuerpo... ni rastro.
La niña puede quedarse hoy aquí.
Luego ya decidiremos dónde llevarla.
- Por cierto, agente... - Me disculpo de nuevo.
- Escúcheme. Mañana debe volver. - Sí.
Por favor, aquí no nos la podemos quedar.
Muy bien.
Probablemente acabará en un orfanato.
¡Modesta!
¿Has cogido hielo de la montaña?
- ¿Y los huevos? - ¡Calla! ¡No digas nada!
- ¡Tráeme los huevos! - Hay dos.
¿Solo dos? ¿Y el otro qué? ¿Te lo has comido?
¡Me aprietan mucho!
Ven aquí.
¡Me hacen daño! ¡Mamá, aprietan!
Todo para Tina. Le has comprado zapatos para la comunión.
Basta, deja el vestido.
¡Venga, vete! ¡Sal a dar una vuelta!
¡Y llévate a la cabra!
¡Me duele! ¡Me aprietan! No los quiero.
- Llueve. - ¡Modesta!
¡La cabra!
¡Llueve! ¡Llueve!
¡Llueve!
Dicen que se la llevan al orfanato de las hijas de María.
¿Con todos esos bichos? ¡Pobrecilla!
Comen mejor los perros que las huérfanas encerradas allí.
Voy a buscar la toalla.
¿No está la grande?
Ya la cojo yo.
¿Qué haces? Ven aquí... ¿Adónde vas?
¡Ven! Tapa esas vergüenzas.
Vamos, Ilaria. Sigue tocando.
Perdone, madre Leonora, no queríamos molestar,
pero esta niña nos está volviendo locas.
Ah, ¿tú también estás aquí?
¡Déjame en paz! Coge tus cosas.
¡Estrella gorda!
¡Y la estrellita!
¡Estrella Tuzzu!
Modesta, ¡baja! ¡Baja de ahí! ¡La diablilla ha cogido el vestido!
Cómo come...
Habrá pasado mucha hambre.
Pobrecilla...
Qué voraz es esa niña.
Exactamente.
Perdóneme, madre.
Ven conmigo... Vamos.
¡Rosalia! ¡Incoronata!
Esta niña no puede comer en el refectorio.
¡Es un espectáculo indecente!
- Por suerte, se marcha mañana. - No se preocupe, hermana Costanza.
¡Cuchillo! ¡Tenedor!
Enseñadle a comer como un ser humano.
- Por supuesto. - No sé qué es eso. Tengo mucha hambre.
¡Aquí dentro... se habla como Dios manda!
Aquí tienes. Venga, come.
No, con esto.
Así.
Antes tienes que rezar.
Madre de Dios, rézale a mi ángel de la guarda,
díselo al Espíritu Santo, cocina muchas cosas ricas para mí.
Virgen santa, ayúdanos.
¡Eh, pequeña!
Vamos, entremos,... daos prisa.
Solo un animal de cuadra haría algo así.
Qué desfachatez.
Madre Leonora...
Hermana Incoronata, pida que laven estas cosas...
y lleve a la niña a su celda.
Vamos, Ilaria.
Qué vergüenza, madre.
- Vamos. - ¿Quién es esa hermana?
Es la madre Leonora, nuestra abadesa. Lo decide todo.
¡Modesta! ¡Modesta! ¡Modesta!
Ay, madre mía...
Pero ¿qué estás haciendo? ¡Déjala! ¡Déjala! ¡Suéltala!
- ¡Que la sueltes! - Ilaria, para.
Está bien.
Lo comprendo.
Ven conmigo.
¿Esta es tu casa?
Bueno, aquí estudio.
Siéntate.
Recuérdame tu nombre.
¿Cómo te llamas?
Modesta.
Modesta.
Bonito nombre.
La hermana Costanza me ha contado lo que te ha pasado.
¿Qué miras?
¿A santa Ágata?
¿Conoces su historia?
Ágata... era una muchacha de 15 años
con el cabello dorado.
Se había consagrado a Dios... con un voto de perfecta castidad...
pero el gobernador de Sicilia la deseaba... y ella lo rechazó.
Y entonces él hizo que la torturaran.
Le quemaron las carnes.
¿La quemaron?
Golpearon todo su cuerpo.
Y en el colmo del furor,...
le arrancaron los senos con unas tenazas enormes.
¿Y entonces se murió?
Su cuerpo está muerto, pero su alma está en el cielo.
Se convirtió en santa.
¿Te has asustado?
¿No?
Mejor así, pobrecilla.
Con todo lo que has vivido...
¿Me puedes decir con quién estabas en casa...
cuando la quemaron?
Con mi madre y mi hermana.
¿Has comprendido que tu madre y tu hermana
ahora están en la casa del Señor?
¿Sí?
¿Había también un hombre?
¿Te hizo daño?
Me lo puedes contar.
¿Fue él el que inició el fuego?
Se enfadó porque siempre hablaban mucho.
No se callaban nunca.
Basta.
Ahora estás aquí con nosotras.
Estás a salvo.
Siéntate.
Qué ojazos.
Este es el ojo bonito y este es su hermano.
Esta es la iglesia...
y estos son los fieles.
Y la naricilla... es la campana que llama.
"Ding dong, ding dong".
"Ding dong".
Eres estúpida. Asquerosa, hija de un perro bastardo.
Le has robado el vestido a tu hermana.
Te voy a mandar al orfanato. Que te tengan a pan y agua.
No tienes Dios... No tienes Dios. No tienes respeto por nada.
Mira, Tina, qué bonito.
Buenos días. Buenos días.
- Hola. - Buenos días.
Un pie... Dale la mano.
Cógela, que se le ensucia el vestido.
El vestido, el vestido, por favor.
Ah, sentadita. Muy bien, preciosa.
Es un demonio, ya lo sabéis.
Tuzzu...
Siempre dando problemas...
- ¿Grecia? - ¡Atenas!
¿El Imperio Otomano?
- Constantinopla. - ¿Egipto?
¡"Cairón"!
Cairo. ¿Perú?
¡Lima!
- ¡Muy bien! - ¡Muy bien!
Parece un monito amaestrado.
Hace tres meses que Dios nos mandó a esta niña
y nosotras la alimentamos, la lavamos... y la educamos.
Y seguiremos haciéndolo.
Modesta se quedará con nosotros hasta que cumpla la mayoría de edad.
Y, si Dios quiere,... será su esposa.
- Como nosotras. - Qué generosidad...
¡Mimmo!
¡Me puedo quedar aquí, para siempre!
¿Te llevo a caballito?
¡Vamos!
Madre Leonora, sabe que a las familias de nuestras novicias
no les va a gustar esta decisión.
Desde hace 200 años, este convento
solo alberga a las hijas de las mejores familias sicilianas.
Única y exclusivamente nobles.
Desde hace 200 años, nuestra misión es la caridad.
Nuestro deber es ayudar a los pobres, a los humildes,...
no es culpa suya ser ignorantes.
Cristo nos ha indicado el camino.
"Sinite parvulos venire ad me, talium enim est regnum Dei".
Leonora, te estás equivocando.
Nos arrepentiremos.
¿Tú eres Dios?
Dios es el bien.
Todo lo que es bueno.
Dios está en todo lo que nos rodea.
Entonces, ¿también está en las cosas feas?
Ilaria, ¿has oído a esta pequeña?
Las cosas feas...
suceden porque los hombres caen en la tentación.
¿Es que los hombres son más fuertes que Dios?
No.
Dios es omnipotente y está por encima de todo y de todos.
Cuando seas mayor, estudiarás teología...
y todos estos misterios te serán revelados.
¿Por qué cuando sea mayor? Yo lo quiero saber ahora.
Porque acabas de aprender a leer y a escribir. No entenderías nada.
En el conocimiento se avanza paso a paso...
- Dios santo, un terremoto... - ¡Modesta!
¡Madre!
Es ella,...es la montaña.
¿Notas cómo te late el corazón, pequeña?
Crecí y cambié.
La voz suave de la madre Leonora,...
su mirada azul, el crepitar de su ropa,
me hacía volar por esos pasillos en penumbra para ir a buscarla.
Para estar siempre con ella.
De su boca robaba palabras, notas musicales,
conceptos que nadie me podría quitar.
Esposa de Cristo.
En el convento bordaba, estudiaba, aprendía, tocaba,
comía todos los días como si fuese domingo y las sábanas olían a caramelo.
Pero ¿toda la vida allí?
Tienes que doblar más el dedito.
Ilaria, por favor.
Se ha cumplido tu deseo.
Pero ahora estaré sola.
Ya no tendré el consuelo de su presencia.
¿Qué tonterías dices?
Tú nunca estarás sola.
Ahora eres una esposa de Dios.
De hecho, como ya no eres una novicia,
puedes estar más cerca de las demás hermanas.
Perdone, madre, ¿puedo?
Adelante, Modesta. Eres bienvenida.
Hermana.
Madre,... gracias por haberme acogido y permitido vivir junto a ustedes.
Venga, lleva esto dentro...
Modesta.
Rápido o cogerá frío.
Te los aprieto un poco.
Déjame a mí.
Ya está.
- ¿Es demasiado? - No.
Ay, mamá, me quiero casar.
Ay, mamá, me quiero casar.
Ay, mamá, me quiero casar.
Hija mía, ¿a quién tienes en mente? Mamá, eso piénsalo tú.
Si te doy al carretero,
él va y viene
siempre con látigo en mano.
Si es su fantasía
soltará la rienda y te atará a ti.
¿Qué te han hecho?
¿Te han atado como a un perro sarnoso?
¿Tan mala eres, hija mía?
No. Fue ella la que me pegó.
Te ha dejado para que te seques como un tomate al sol.
Virgen santa. Voy a liberarte.
Ay, mamá, me quiero casar.
Ay, mamá, me quiero casar.
Ay, mamá, me quiero casar.
Hija mía, ¿a quién tienes en mente? Mamá, eso piénsalo tú.
Qué hija tan guapa tengo.
¿Quieres ver mi casa?
Sí.
San Agustín se convirtió cuando ya era adulto.
Pero nadie nunca ha rezado
con el mismo remordimiento que él mismo...
definió como..."infamias antiguas".
Me gustaría leeros unas líneas de Pierre de Labriolle
en "Del verdadero amor". ¿Puedo, madre?
"En él aún está presente
el recuerdo de haber amado, la gracia efímera de los cuerpos,...
el esplendor de la luz, la dulce melodía de los cantos
y el delicioso aroma de las flores.
Los miembros hechos para los encuentros de la carne...".
Gracias, Modesta. Ya está bien.
Bueno, ¿quién quiere continuar?
- Yo, pero querría decir... - "Los encuentros".
Que Dios nos proteja.
"La gracia efímera de los cuerpos".
Que Dios nos salve y nos libere.
"El deseo".
Que Dios nos fulmine.
Ellas tenían a Dios.
Yo quería la vida.
Y a la vida..., ellas le ponían palabras como "mal",...
"infierno", "obediencia", pecado".
Yo también las repetía con ellas,...
pero solo para ser aceptada,...
para ser la elegida y la favorita de Leonora.
No se puede amar a nadie más que a Dios.
Es así, hermana Ilaria.
En su boca, esas palabras
eran redondas como manzanas.
Tienes que ser... más cauta, Modesta.
La inteligencia puede ser peligrosa.
Pero cuando las probabas, enseguida notabas que estaban podridas.
Y nos pueden hacer caer en la trampa...
En la trampa del pecado, ya lo sé.
Pecado.
Pero quiero aprender. Quiero ser culta.
Esa hambre tuya de saber me da miedo.
Además, ¿para qué te serviría?
Una mujer no puede llegar nunca a la sabiduría de los hombres.
Sin embargo, madre, usted es una mujer y es culta.
Quiero ser como usted.
Estás loca.
Mira arriba.
He arreglado el telescopio que me regaló mi padre.
Él me enseñó los nombres de las estrellas que te mostraré esta noche.
Y, con ese telescopio, ¿las podremos ver muy grandes?
¿Se verán también los cráteres de la luna?
Pobrecillas, se han empapado.
Ven, entremos nosotras también.
Ven, ven a calentarte.
Sí, gracias.
Modesta, yo quiero que tú te sientas segura siempre,...
pese a tus orígenes.
Yo, con usted, me siento a salvo.
Y así es como debe ser.
He decidido asignarte... una renta para ti.
Vitalicia, para cuando yo ya no esté.
Madre, no diga eso.
Me da miedo, usted aún es joven...
No quiero esa renta vitalicia.
No debes de tener miedo.
Cuando ocurra, dentro de muchos, muchos años,...
te miraré desde el cielo... y estaré cerca de ti.
Vete a cambiar, estás empapada.
¿Qué pasa?
¿Te da miedo la tormenta?
¿Sabes qué haremos?
Por esta noche, dormirás aquí conmigo... y nos haremos compañía...
¿Eh?
Toma, pruébate esto.
¿Es que te da vergüenza?
No tienes que preocuparte..., me doy la vuelta.
Date la vuelta tú también.
Te queda grande.
Un poco.
¿Volveremos a hacerlo?
¿Volveremos a ver las estrellas?
Claro.
De hecho, me alegra mucho que te apasionen tanto.
De niña...
me inventaba el nombre de las estrellas.
Subía hasta el tejado...,
me tumbaba... y miraba al cielo...
Estrella Gorda.
Gorda...
La Estrellita.
Estrella Tuzzu.
¿Tuzzu?
¡Tuzzu!
¡Tuzzu!
Tuzzu.
¿Qué haces ahí como una idiota?
¿Papando moscas?
¿Ahora fumas?
Desde hace dos días.
Ya era hora, ¿no?
¿Dónde has dejado a tu hermana?
Tina no sirve para nada.
Come y hace ruido. Y siempre grita.
No seas desgraciada.
Tina es tu hermana.
Será tonta, pero es tu hermana.
Fea, gorda y llena de mierda.
¿Qué haces, atontada?
¿Es que te has dormido?
Quiero mirar tus ojos.
Para poder saber cómo es el mar.
Adelante. ¿Te he dicho algo?
Si tantas ganas tienes de saber cómo es el mar,... pues tú misma.
Tienes unos ojos muy bonitos, ahora que me fijo.
No me había dado cuenta.
Parecen miel...
- Espera, espera. - Eh, ¿qué haces? Me voy a trabajar.
¿Por qué, cuando te pones tan cerca,
me apetece acariciarme aquí, por dónde hago pipí?
Pero ¿qué estás diciendo? Tú eres la peste.
¿Me has tomado por idiota?
Mira que yo soy un hombre
y, si no me dejas, se me van a ir las manos.
Y se va a liar gorda.
A mi me da igual que se líe. Yo no tengo miedo.
Eres tú el que lo tienes.
Mira, estás temblando.
Ahora tenemos que parar, eres muy fresca.
Me has hecho perder la cabeza, pero no te quiero arruinar.
Vamos, vete. Vete... ¡Venga!
Madre,
es la hora de los laudes.
Con los pies desnudos,...
tu seno en la oscuridad. Mi boca huele tu aliento...
Noto en mi cuello tu sudor.
Amén.
La madre Leonora no ha ni desayunado.
¿Se lo has llevado a su celda?
No, ya estaba en el claustro para marcharse.
- ¿A Catania? - No lo sé.
¡Madre! ¡Madre!
Pondré las maletas en el carro.
- Buenos días, Modesta. - Buenos días.
¿Adónde se marcha? No me había dicho nada.
Sí, esta mañana me ha llegado una carta.
Me reclaman en Catania... para un asunto familiar.
¿En Catania? ¿Tan lejos?
Es un día de viaje.
Bien, pues... déjeme acompañarla.
- No. - Pero le puedo hacer compañía.
No es posible. Tienes que quedarte aquí, a salvo.
Tú no lo sabes, pero hay una guerra.
Ocurren cosas horribles, alma mía.
Madre... Me han dicho que se marcha.
Espero que vuelva pronto.
¿Puedo hacer algo por usted?
No, gracias, Ilaria, puedes irte.
Este es el ojo bonito...
y este es su hermano.
Esta es la iglesia...
y estos, los fieles.
Y esta es la campana...
que hace... "dingdong, dingdong".
"Dingdong".
- La ayudo, madre. - Buenos días, Mimmo.
- Que tenga buen viaje. - Gracias.
Hasta pronto.
Hija mía, ¿a quién tienes en mente?
Aquí tenemos los conejos.
Y también teníamos una cabra.
- Pero, ahora... - ¿Qué pasó con ella?
También metemos a Tina ahí cuando llora.
Sí, ella llora y llora. Siempre está llorando.
Esta es la mesa para comer.
Y tenemos pan, huevos..., olivas...
¿Coméis mucho?
Yo siempre tengo hambre.
Esta es la cama de mamá, donde duerme Tina.
Y en los pies, duermo yo.
Pues, escucha... Todo esto es mío.
¿Sabes qué voy a hacer ahora?
Lo cojo todo... y me lo llevo a Catania.
- ¿A Catania? - Sí, a Catania.
Anda, ven aquí...
Eres un capullo de rosa.
Catania... es una ciudad preciosa.
¿Y Catania tiene mar?
Claro que tiene mar. Tiene un puerto lleno de barcos.
Y los barcos son grandes.
Y hay unos edificios preciosos.
Altos, muy altos... y llenos de luces.
¿Y vas a llevarme?
Si te portas bien... te llevaré lejos de esta "chiana... do Bove".
A ver el mundo.
¿El mundo?
No me puedo creer que estés aquí.
Dime, ¿estás... o no estás?
¿Estás... o no estás?
¿Estás?
Qué boca tan dulce.
¿Qué estás haciendo aquí?
- Deja en paz a la niña. - Estaba a pleno sol,... atada.
¿Tratas así a mi hija? Te voy a cortar la mano.
Déjala en paz..., coge tus cosas y vete.
Si no, avisaré a la policía.
Así que vas a avisar a la policía. ¿Dónde encontrarás a la policía?
¿Detrás de la puerta? Atraviesa la "chiana".
Vamos, ve a buscarlos.
Modesta, ven aquí.
- Ven aquí. - Te había traído dinero, mira.
¿Qué pasa? ¿No llegas? ¿Eh?
Acércate más. ¿Quieres el dinero?
Cógelo, vamos.
- ¡Basta! - ¡Vete! ¡No me toques!
Asquerosa, vete de aquí.
¡Déjala en paz o te mato!
Modesta, ¡ven aquí!
- No, quiero estar con él. - ¡Te fastidias!
- ¡Quiere estar con su padre! - ¡Te voy a matar!
¡Te mato!
¿Qué haces, desgraciada?
- ¡Déjala en paz! - ¡Te voy a partir el cuello!
- ¡Quédate ahí! - ¡Déjala!
- ¡Mucho mejor! - Mamá, mamá. ¡Basta, basta!
- Tranquila..., estamos jugando. - ¡Mamá! ¡Basta, basta!
Has hecho bien, se lo merece.
¿Lo ves? Tenemos la misma sangre.
Ven aquí.
Tú eres... mi... gatita.
Una niñita gatita...
¿Qué pasa?
Te has puesto roja como una granada.
Bella mía.
A ver, dime, ¿cómo quieres ir a Catania?
¿A pie... o a caballo?
A caballo,... pero no sé montar.
No te preocupes,... que yo te enseño.
Pero... no te hagas la fuerte.
¡Modesta!
¿Por qué te vas para atrás?
¿Tienes miedo?
No, son ellas, que me hacen hervir la sangre.
Intenta no escucharlas.
Qué placer... Qué placer mirarte.
No tengas miedo.
Tumbémonos juntos.
¿Te parece bien?
Debes estar tranquila.
Ven aquí.
- ¡Déjala! - ¡Basta!
- ¡Déjala! ¡Déjala! - ¡Basta!
Eres un regalo.
Eres un regalo.
¿Estás a gusto con nosotras?
Es verdad que, al principio,
nosotras también echamos de menos a nuestros padres.
Me tengo que acostumbrar... a estar... sin mi madre,...
- y mis hermanas... - ¿De dónde vienes?
¿Cuál es el nombre de tu familia?
Somos los Chiaromonte de Ragusa, pero yo me crié en el palacio de Catania.
- ¿Y vosotras? - Yo soy la marquesa de Altavilla.
¿En Catania ha habido baile de debutantes este año?
No, desde que empezó la guerra no ha habido ni bodas,
- ni bailes, ni noviazgos. - Qué lástima.
Los jóvenes se han alistado todos. Es tan triste...
Sí.
¿Y tú de dónde eres?
Ella es una privilegiada.
La marquesita de Chiana del Bove.
No conozco esa casa. ¿Dónde se encuentra?
¿Cómo que no la conoces? Es en Chiana dell'Etna.
Está rodeada de montones de lava y barro.
Es un sitio bonito. También hay cabras, vacas y gallinas.
¿Qué hace?
¿No conoce Chiana del Bove?
El gran reino de Chiana de Bove. ¿No lo conoce?
"Merci".
"No he hecho nada más que pensar en ti, alma mía.
En tus ojos, en tu boca...
Espero estar a solas contigo
para hacerte sentir lo mucho que te aprecio.
Un abrazo".
Buenos días, Modesta.
- Te veo muy contenta esta mañana. - Pues sí.
La madre Leonora ha vuelto.
me llevará a ver las estrellas esta noche.
Nunca la he visto tan cariñosa con ninguna de nosotras.
Pero, ¿qué dices? La madre Leonora tiene un gran corazón...
y nos quiere a todas por igual.
Tienes razón. No, soy yo, que he pecado de celos.
Pero, desde que llegaste, ha vuelto a florecer.
Ninguna de nosotras ha estado en la torre con la madre Leonora.
¡Mimmo!
¿Qué haces? ¡Baja!
Que te has hecho mayor y yo me estoy haciendo viejo.
Te he dicho que tengas cuidado. ¡Ten cuidado!
Siempre tienes que estar lejos del pozo,
que las aguas oscuras atraen a las almas en pena.
Pero yo no soy un alma en pena, solo quería ver cómo soy.
Ya sé que no tenéis espejos.
Yo no sé cómo es mi boca, ni cómo son mis ojos.
No sé si soy guapa o fea. Por eso miraba, Mimmo.
¿Fea tú?
Pero si pareces una princesa.
No te imaginas lo mucho que les gustaría a las que te critican tener...
tu porte regio, tu piel de luna, tu cuello de cisne.
Quiero que recuerdes que aunque naciste en la chiana,
la más noble de todas las que hay ahí dentro... eres tú.
Si yo fuera una abeja...
estoy seguro de que volaría sobre esos labios que parecen una rosa.
¿Y qué hace la abeja?
Pósate sobre mí.
Pero, ¿qué dices, chiquilla?
¿Es que te parezco una abeja?
Vete, vamos.
Pobre Mimmo, era muy bueno.
Y yo, impune, lo atormentaba.
Porque era feliz, quizá demasiado feliz.
Leonora había vuelto.
"Alma mía", me había escrito.
Y yo estaba en un estado de exaltación increíble,
de pura alegría.
Esa es la Osa Mayor...
y un poco más arriba está Sirio,
la estrella más brillante de todo el firmamento.
Firmamento... Qué bonita palabra.
¡Cuidado!
Es peligroso.
Perdóneme.
¿Y usted, madre?
¿Cómo era su vida antes de tomar los votos?
Era otra persona.
Venía de un mundo...
adonde la palabra de Dios no llegaba.
Usaba vestidos de organza,
con encajes y cintas ridículas.
Me hacía arreglar el pelo todos los días.
Me habría gustado conocerla entonces.
No. No digas eso, pequeña mía.
Es pecado dejarse tentar por las cosas mundanas.
Me habían prometido a un oficial de caballería,
un noble alemán...
que ya había matado a tres personas...
al parecer, por motivos de honor.
Que Dios lo perdone.
Solo lo había visto de pasada una vez, bajo mi balcón,
con su escuadrón.
¿Y cómo era?
Alto, moreno.
Un día nos encontramos en un baile.
Me sacó a bailar.
Y mientras bailábamos,
me apretaba y aquello me dio mucho miedo.
Los hombres siempre me han repugnado.
La idea... de que sus manos...
pudieran mancharme la piel o tocarme...
bajo el vestido...
En cambio, entre nosotras es diferente...,
¿no es cierto?
La oí la otra noche...,
antes de que se fuera.
¿Qué oíste?
Que te acariciabas.
Quería acariciarte yo también...
¿Cómo te atreves?
- ¡Vete! ¡Vete! - Madre, madre...
¡Que Dios te perdone!
Mea culpa.
Mea culpa,... mea maxima culpa.
Mea culpa.
Mea culpa...
¿Mamá?
¿Mamá?
Traducido por: Paula Mariani
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