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Original subtitles

CONSTANTINOPLA HACE 13 AÑOS

¿Qué depara el futuro a los Hijos de Mitra, Al-Rahim?

Los augurios son asuntos delicados.

Veo sombrías mareas, obscuridad, desesperación...

La jerigonza habitual pues.

¿Podríais arrojar luz sobre nuestras circunstancias, Cosimo de Medici?

La luz es lo único que me sustenta, amigo mío.

¿No hay aún puntos brillantes en el horizonte?

Sí hay uno: un rapaz de Vinci.

Que promete.

Aun ahora, los sucesos conspiran para llevarlo a Florencia.

- ¿Debo no quitarle ojo? - Solo a distancia.

Debe ascender o caer por sus propios medios.

Y hablando de medios, os dimos esto para salvaguardarlo.

Alguien vendrá a por él cuando llegue el momento de emprender viaje.

Quizá el joven que ha mencionado Al-Rahim.

Suponiendo que sobreviva a sus ordalías.

Tengo fe en que sí.

Si debo mantener las velas prendidas,

precisaré más certezas que la fe y vagas profecías.

Me temo que no puedo brindaros más certezas.

Si el futuro que auguran estos signos se cumple,

solo uno de nosotros vivirá para verlo.

¿Y cuál será el afortunado que sobreviva?

No lo comprendéis.

Los muertos serán los afortunados.

El que viva para ver este futuro...

...sufrirá enormemente.

Voy a añorar este lugar.

Y a vosotros os añoraré también, amigos míos.

Te hemos seguido en innumerables correrías.

¿Por qué no en otra más?

No puedo pediros que me sigáis más allá del océano.

Queremos hacerlo, maestro.

La Bóveda,

el Libro.

Queremos estar presentes cuando los halléis.

El mozo es un tuercebotas que se rebozaría

los huevos de bosta de buey.

Y, en cuanto a mí, he acumulado deudas de juego

que tornan problemática mi estancia en Florencia,

conque ¿ahora qué?

Necesitamos un barco, ¿no?

Los portugueses tienen rutas comerciales en África,

conque embarcaremos hasta las Canarias.

Después, habrá que improvisar.

¿Nos vemos en El Perro Ladrador esta noche?

¿Por qué no?

Qué extraño. Es un halcón lanario.

Son raros a este lado. En Turquía, en África, sí.

- Pero ¿aquí? - Se habrá perdido.

No con frecuencia.

La última vez que vi un lanario fue el día que mi madre desapareció.

¿Y dices que vienen de Turquía?

Pues apostaría a que es un mal augurio para ti.

- Debería seguirlo. - Leo,

es de mal agüero.

Ve en dirección opuesta.

Nos vemos en El Perro.

¡Leo!

Deduzco que ahora ya creéis en visiones

y demonios.

¿Dónde puede andar Giuliano?

¿Se te dio muy mal discutir con él el asunto del casamiento?

Sabía que debe casarse con la moza.

Coincidió en que no había otro medio

de acabar con la disputa con los Pazzi.

Y aun así hace días que no da signos de vida.

¿Le oíste pronunciar la palabra "coincido"

o solo oíste lo que querías oír?

Coincidió.

Giuliano podría no llegar.

Hay que atacar:

Matar a Lorenzo y a Clarisa, ya que están aquí.

¿Tan ciego estáis al éxito de vuestros rivales?

Los hermanos son queridos.

Matar solo a uno permitirá al superviviente azuzar

a la ciudad contra nosotros.

Solo con el pasmo de perder a ambos a la vez,

se postrarán ante nuevos gobernantes.

Podéis mandar a vuestros hombres a por Giuliano.

Yo mismo puedo ocuparme de Lorenzo.

Hacedlo y desafiaréis la voluntad de Roma, Francesco.

Os lo advierto.

Muy notable.

Conforme a la tradición, abrirán la Bóveda Celestial.

¿Salomón Ogbai, el Abisinio, os dijo su localización?

Me dijo que está en un viejo pico, en una ciudad pétrea.

Bajo algo denominado "el poste que amarra el sol".

Con las llaves y el mapa de la propia Bóveda,

parece que el Libro de las Hojas al fin está a nuestro alcance.

Capitán, seguir las idas y venidas de los florentinos

es vuestra especialidad. ¿Dónde está mi hermano?

No sé deciros.

Hace una semana,

Bertino solicitó permiso

para acompañar a Giuliano a Siena. No los veo desde entonces.

¿Por qué a Siena?

Giuliano, anhelaba un último amorío antes de sus nupcias.

¡Jesús!

Bertino evitaría que se buscase problemas.

¿Y si Bertino fracasó? ¿Y si Giuliano cayó en una emboscada?

Será su única razón para insultarnos hoy con su ausencia.

Llevaos unos hombres

y recorred las rutas

entre Florencia y Siena.

Todos deseamos saber qué se ha hecho de Giuliano.

Solucionadnos el problema, por favor.

Una nave zarpa rumbo a Cabo Verde, el Basilisco,

capitaneada por Antonio de Noli.

En estos momentos, De Noli está en Florencia

llenando una chalupa de provisiones para la travesía.

Al alba, zarpa con el esquife hacia Pisa,

donde fondea el Basilisco.

Vos, Leonardo, debéis embarcaros en ese buque.

Con vuestra destreza para navegar, el barco sobrevivirá a las galernas

y arribaréis a unas tierras incógnitas,

donde el Libro de las Hojas aguarda.

Hará unos años, un mago me prometió ocultar algo para vos.

Un mago.

¿Cosimo de Medici?

Oculto en la tumba de Cosimo hay un astrolabio de marino.

Con él, conduciréis el Basilisco a salvo

hasta las tierras indicadas en la carta.

Cosimo lo ocultó de tal manera,

que solo vos seríais capaz de resolver su enigma.

Ya.

Como siempre,

sabéis cómo para encandilarme.

Debéis llevar el astrolabio a la barcaza

o el Libro de las Hojas, el sino de vuestra madre

seguirán siendo misterios.

¿Ahora es cuando giráis una moneda y entro en trance?

Ni monedas, ni trances.

U os embarcáis hacia Poniente o no.

Triunfáis o fracasáis.

La elección y las consecuencias son vuestras.

- ¿Dónde estoy? - En el Val d'Elsa, signor.

Os hallamos en el río, más muerto que vivo.

Curé vuestras heridas.

Te lo agradezco.

En cuanto vi vuestros ropajes supe que erais noble.

- Pero no me robaste. - No sería cristiano.

¿Qué día es? ¿Cuánto llevo desmayado?

Sábado Santo, signor.

Cuando depositaron el cuerpo de Cristo en la tumba.

Tengo que volver a Florencia. Debo prevenir a Lorenzo.

- Debéis descansar, hijo. - No puedo, no hay tiempo.

El muerto aún camina.

Suponía que habías muerto.

Unos dicen que viajaste a Valaquia. Otros, a Roma...

- ¿Adónde fuiste? - A ambas.

Ambas. Ya.

Bueno, ¿por qué nos vemos aquí?

¿En qué intriga me involucras esta vez?

Esta tumba.

La proyectaste para Cosimo. Hasta cierto punto.

¿Es posible que, como el retrato de Cosimo,

la tumba albergue misterios secretos?

Este mosaico...

Mira cómo los círculos se imbrican con el dibujo.

Retrocede y céntrate solo en eso.

El nudo del rey Salomón.

El antiguo símbolo que representa la sabiduría de la eternidad.

Sí.

Otros hombres viven en las trampas de este mundo.

El rostro de Cosimo se enderezaba más allá

de las distracciones mundanales, hacia el universo superior.

Tenía la mente más despierta que había visto jamás

hasta que te conocí.

Me honras.

Eres lo más parecido a un padre que he conocido jamás

y estoy a punto de dejarte de nuevo.

Esta vez en una busca de la que quizá no regrese.

Toda pregunta que respondes te dirige a otra pregunta.

Y esas búsquedas han conducido a muchos tan solo al dolor.

El auténtico dolor sería que toda pregunta estuviese resuelta,

que no quedara más que preguntar.

- ¿Adónde viajarás ahora? - Depende de lo que descubra aquí.

No diseñé ningún compartimento secreto, Leo.

Pero... un mago pudo instalarlo sin tú saberlo.

Un defecto.

Cosimo nunca lo habría permitido.

Y aun así...

Mira, mira.

¿Lo ves?

Es exactamente lo mismo.

Como los semicírculos del nudo del rey Salomón.

Ante la vista de Cosimo. Veamos...

Libra. Es el símbolo del equilibrio.

Tal vez haya una discrepancia pareja.

Aquí. ¿Lo ves? Ahí.

Mira.

¿Forman un eje?

En ese caso, habrá otro eje que lo cruce empezando aquí.

Exacto...

Empezaría ahí.

Y su pareja estaría...

Aquí. Mira.

Y el centro del nudo estará

directamente sobre el corazón.

¡Signor!

¡Signor di Medici!

¿Dónde estabais?

- ¿Qué os ha acontecido? - Una traición.

¿Un momento a solas, capitán?

Bertino y yo descubrimos que Lucrezia Donati es una espía.

No hablaréis en serio.

La fuimos a buscar a Siena y vimos que la atacaban bandidos.

Los despachamos, pero nos costó la vida de Bertino.

Lucrezia me apuñaló.

Me dejó por muerto.

Es agente de Riario y del papa Sixto.

Capaldi. Parte con Vencejo Negro. Di a Lorenzo que Giuliano vive.

Yo lo escoltaré a casa.

Vamos, vamos.

Gracias, capitán, por vuestra consideración.

No es nada.

Alguien debe atenderos.

Teníamos un contrato.

Quebrantadlo y me justificaríais privaros de vuestra libertad.

¿Y qué fue del último hombre que intentó acorralarme en Florencia?

Seré mejor rival para vos que un infeliz magistrado, a mi juicio.

Así es.

¿Qué tal un pequeño ducado para vos?

Eso os daría libertad para atesorar todo el conocimiento que deseéis.

¿Y tenéis ducados para regalar como favores a los partidarios?

El duque de Urbino y yo nos hemos aliado para enfrentarnos al Papado.

Tendremos la capacidad de daros la legitimidad que nunca tuvisteis.

Sospecho que vuestra alianza está muerta.

En el Vaticano vi al mismísimo Duque de Urbino.

Era inconfundible, parecía encontrarse en casa.

¿Conque me abandonáis y me decís

que mi otra única fuente de defensa militar... es falsa?

Fuisteis a verlo porque sabíais que tenía un precio.

- Alguien pujó más. - Que os sodomicen.

Vienen a verme artistas continuamente.

Están llenos de vagas y gloriosas ideas que raramente llegan a plasmar.

Véase el ejemplo.

Os advirtieron.

Os advirtieron en esta misma sala:

acepto muchos encargos

y finalizo pocos.

Os di la ocasión de ser el mayor artista de vuestro tiempo.

Os di a la mujer más deseable

de Florencia como modelo...

Nunca fue mi modelo.

Vos y yo amamos esta ciudad, ¿no es así?

- Sí, así es. - Pues ayudadme a salvarla.

¿Qué más puedo daros?

¿Qué tal ella?

Su marido, claramente, no es obstáculo.

¿Creéis que os la entregaría así como así?

Tenéis una esposa.

Que tiene sus encantos, que necesita atención.

¿Cuánto significa Lucrezia para vos, Lorenzo?

¿Estáis dispuesto a renunciar a vuestro juguete

para conservarme en Florencia?

¡Magnífico, vuestro hermano! ¡Lo hemos hallado!

Giuliano está vivo.

Herido aunque vivo.

- ¿Quién lo hirió? - Lucrezia Donati.

- ¿Y también está viva? - Eso parece.

¿Por qué atacaría a Giuliano?

¿Conocía vuestros planes?

Giuliano va desarmado y al cuidado de Dragonetti.

No volverá a ver Florencia.

Si el pueblo sabe

que han asesinado a Giuliano,

Lorenzo lo tendrá de su parte. Debemos acometer a Lorenzo antes.

Misa de Pascua.

Mañana al alba envenenamos a Lorenzo cuando tome la santa comunión,

y al diablo con las dudas del pío cardenal Orsini.

Parecerá que el mismo Dios ha acabado con el tirano.

- ¿Cómo te llamas? - Capaldi.

Busca a los padres Bagnone y Maffei.

Que preparen las hostias para Lorenzo

y su mujer

y todas sus hijas,

luego volved con Dragonetti y procurad que Giuliano sea muerto.

Consideradlo hecho, mi señor.

Dentro de unas horas, poseeremos Florencia.

¿Por qué accedería Lucrezia a ser títere de Roma?

Sixto solo recompensa a su propia sangre.

¿Sabéis que ha creado cardenales a seis sobrinos?

- Es leal. - Hasta el punto del incesto.

La virtud de una república como Florencia es

que los cargos son para los más capaces, se otorgan solo por méritos.

Me atrevo a decir que os ganasteis vuestro rango por vuestros logros.

Así es.

Y lo demostráis repetidamente.

Los registros del toque de queda...

Sin ellos, Bertino y yo no habríamos descubierto

el nombre de quien traicionó a Lorenzo.

Solo se precisaba tiempo para estudiar los archivos.

Y vos teníais tiempo, desde luego.

Me tomo mi trabajo muy en serio.

Así logró evitar ser detectada tras el toque de queda.

Tenía la coartada perfecta: fornicar con mi hermano.

El primero que preguntaría

sobre sus actividades

ya estaba aliado con la propia Roma.

Podría tratar de huir.

Pero no estáis herido, vuestra montura está más descansada.

Acabad lo que vuestra espía empezó pues.

Quizá os recompense entre sus piernas.

- Eso no es lo que me espolea. - ¿Qué es?

El deseo de una Florencia que tema a Dios, no a sus amos.

Vamos con vuestro hermano.

¿La barcaza de De Noli que parte para Pisa?

Sí, señor.

- ¿Cuánto cuestan tres pasajes? - Solo llevamos carga y equipaje.

Digo que solo carga y equipaje.

Debo embarcar en el Basilisco.

Aunque sí que parecéis equipaje.

Mañana al alba. No os retraséis.

Cada una de mis brigadas aguarda junto a cada puerta.

Ya podemos considerar Florencia conquistada.

- ¿Vuestros hombres os son leales? - Desde luego.

Porque si tienen hambre de combate e invaden prematuramente,

los florentinos se alzarán contra ellos.

Los florentinos son tenderos y escribanos.

Tenemos nuevas armas para la lucha callejera.

Acataréis nuestras órdenes.

Mientras que vuestro papel es solo aparecer si se os convoca

para cimentar el poder que se instaurará.

Si decido asediar Florencia yo mismo,

- ¿quién sois para detenerme? - ¿Quién paga a vuestros hombres?

Vos estáis en medio,

transmitiendo las órdenes que se dictan en la sede romana.

Actuad contra mí y esa misma ciudad os tachará de herético,

os privará de vuestros títulos y os excomulgará.

Resistíos más y Su Santidad hará hervir ese parche de cuero

y os lo pondrá sobre los testículos en medio de la Piazza Navona.

He visto de lo que es capaz con mis dos ojos.

Vuestro hombre regresa. Quizá con nuevas de mi hermano.

No viene de ver al Magnifico, sino al Conde Riario,

para confirmar que os he matado.

Y aun así no se aleja con la noticia de que aún vivo.

Creo que tiene otro plan.

Alto.

- ¿Qué hacéis? - Lo mejor para Florencia.

Coged su espada.

Necesitaréis un arma para salvar a vuestro hermano.

Hacedlo, Giuliano, antes de que cambie de idea de nuevo.

Tú...

Soy yo.

¿Crees que no reconozco tus pasos?

Dame una razón para no hendirte el cuello en este instante.

Hoy no.

Envenenaste a Vanessa y me arriesgué a la demencia por sanarla,

revelaste los secretos de mi maquinaria bélica a Riario

y pusiste a la ciudad en peligro.

Esta denuncia me acusa

de delincuente sexual.

Me valió la cárcel y la hoguera.

¡Todo es obra tuya!

¡Te envié a Nico al convento para mantener viva a tu amiga!

¡Supliqué misericordia para ti en el juicio!

¡Me busqué enemigos para salvarte!

Jamás podrás entender las amenazas que he arrostrado...

Por mantener vivo a tu padre.

- ¿Qué? - Lo sé.

Lo sé.

Me place decirte cuánto te ama.

Hablé con él en el Castel Sant'Angelo.

Entonces comprendes el motivo por el que me captaron.

Un motivo tan importante como para envenenar

a un inocente.

¿Y los riesgos que has corrido buscando a tu madre?

Si tuvieras que conservar su vida,

¿dirías "no, porque debo preservar la vida de otro"?

- Habría hallado otro medio. - ¿Tan fácil te resulta creértelo?

Quizá entendería tus actos,

si tu padre no hubiera rechazado mi ofrecimiento de liberarlo.

Mientes.

Has cometido pecados para nada.

Tu obra arguye que el hombre es capaz de todo.

Entre ambos, lo probamos.

Tú muestras las cumbres que podemos alcanzar, y yo las simas.

Últimamente,

he conocido a un hombre que habita en las sombras,

que habla de otros tiempos y vidas.

Quizá, si lleva razón,

- exista una vida donde nosotros... - ¡Sí!

¡Sí! ¡Sí!

No puedo hacerlo. No puedo.

- No puedo. - ¡Por favor!

No puedo. Tengo que partir.

Un barco aguarda en Pisa para conducirme al Libro de las Hojas.

Debo embarcar en el Basilisco.

Riario y los Pazzi marchan sobre Florencia.

- Planean matar a Lorenzo. - ¡Me importa un comino lo que hagan!

¡Que los políticos se maten entre sí! ¡Es su fuerte!

¡Leonardo, por favor!

¡Eres el único que puede evitarlo ahora!

¡Si no lo haces por mí o por Lorenzo, hazlo por Florencia!

¿Por Florencia?

¿Por Florencia?

¿La ciudad que me volvió la espalda? ¿Al bastardo?

¿Al sodomita?

De ser más joven me habría tragado tus argumentos, Lucrecia,

pero he sufrido mucho en estos meses para que me dominen los sentimientos.

Es Pascua.

Si Florencia exige otro sacrificio,

te sugiero que te prestes.

Veo que aún os empeñáis en viciar el aire con ese hedor mefítico.

Un vicio que Girolamo ve apropiado consentirme.

No es el único.

Nunca he entendido vuestra obsesión por este juego.

Imagino que habéis jugado... millares de veces.

- ¿Y qué os ha aportado? - Conócete, conoce a tu enemigo.

Es una mera recreación.

La auténtica maestría estratégica debe forjarse en la arena de la vida.

- Feliz Pascua. - En efecto.

Porque el día trae no solo la resurrección de Cristo,

sino la resurrección de Florencia bajo el dominio romano.

Pronto, todos los estados italianos irán cayendo.

Y entonces tornaré mi atención al auténtico enemigo de Dios:

el Imperio Otomano.

Una última cruzada.

Una gloriosa victoria por la que seré...

...santo.

Cuidaos de practicar vuestra rectitud ante las gentes a fin de ser visto,

porque entonces no tendréis recompensa de vuestro Padre,

que está en los Cielos.

Debo... agradecéroslo.

Porque sin vos,

jamás habría logrado el triunfo de hoy.

Y por eso, quizá deberíais ofrecerme algo a cambio.

Creo que es hora de que vos y yo

juguemos otra partida.

¿No estáis de acuerdo, hermano?

¿Todo está listo?

Los padres Bagnone y Maffei están preparando el veneno.

¿Y el cardenal?

Demasiado pío para contarle este cambio de planes.

Mientras ora, los curas darán la eucaristía envenenada a Lorenzo.

Quattrone.

Leal a los Medici.

Si nos acomete, se reunirá con Lorenzo en el más allá.

- ¿Hay noticias de Da Vinci? - Lo último es que estaba en Roma.

Nos ha derrotado una y otra vez.

¿Podemos actuar sin conocer su paradero?

Cálmate, Francesco. Está bien preparado.

Todo está listo.

Signorina, haces que un viejo crea en la perfección del género humano.

Gracias, maestro.

¿Qué te atribula, Vanessa?

¿Habéis visto a Giuliano de Medici? Debo hablar con él.

Debe oír esto.

Rápido, antes de que el cardenal nos vea.

Procurad que estas hostias sean para los Medici, y solo los Medici.

Y entonces celebraremos esta misa de verdad.

Feliz Pascua, Lorenzo.

Igualmente, Francesco.

¿Dónde anda Giuliano?

Seguro que Dragonetti lo trae derecho aquí.

Hoy no estoy seguro de nada.

Leo, ¿dónde has pasado la noche?

¿Has cambiado de idea?

Embrujado por un último adiós.

La chalupa está cargada y el capitán está ansioso por zarpar.

El impaciente amenaza con doblar el pasaje si espera más.

Ahorrémonos unos dineros.

Y partamos.

¿Qué haces?

Consultar al Tarot dónde coño has estado toda la noche.

El carro.

¿Boca abajo?

Pasión incontrolada que lleva a la derrota.

Hora de irse, diría yo. Vamos.

Qué silencio.

Las campanas han cesado.

La misa ha empezado.

- Debo hacer algo antes de partir. - ¡No hay tiempo!

La barcaza no espera. He tomado una decisión.

El Libro de las Hojas o lo otro.

No puedes tener ambas cosas.

Puedo si tú, si encuentras un modo de retenerla hasta que regrese.

¿De acuerdo? No me demoraré. ¡Tú entretenlos, Zo, por favor!

Ese arcano tiene otro significado: un viaje frustrado.

¿Teméis a Dios, signora?

Los sabios temen y aman a Dios.

- ¿Qué os ha pasado? - Dios no permite la violencia aquí.

Habéis profanado la Santa Misa.

- ¡Envainad la espada! - ¡No puedo!

¡Cesad vuestra intrusión! ¡Esta es la casa de Dios!

¡Y Dios ama la verdad! ¡Dejad que hable!

Los Pazzi conspiran contra nosotros. ¡Mi familia!

¡Se han aliado con Roma y traicionan a toda Florencia!

¡Pueblo y libertad! ¡Muerte a los Medici!

Vete. Pon a salvo a nuestras hijas.

Tienen hombres en las puertas, busca otra salida.

¡Vete!

- ¡Giuliano! - ¡Lorenzo!

¡Lorenzo!

¡Hacia la puerta!

¿Traicionáis a nuestra causa?

Vuestra causa traiciona a Florencia.

¡Huid, mi señora! ¡Esto es un caos de espadas!

¡Matadlos!

¡Hermano! ¡Hermano! ¡Ayuda a tu familia!

Roma es mi familia. ¡Perdóname!

¡Giuliano!

¡Muere, inmundicia Medici!

¡La esposa y las niñas, vamos!

¡Giuliano!

¡No!

¡No!

¡Vamos!

Por favor...

Clarisa...

¡Por favor!

¡Vamos, vamos!

- Me muero, Vanessa. - Pero tu linaje vivirá.

En mí.

Gesto a tu hijo, Giuliano.

¡Vanessa, ya es tarde! ¡Vanessa, déjalo!

¡Déjalo!

¡Vanessa!

¡Sí! ¡Vamos!

¡Venid conmigo!

Suéltalo, querida prima.

¿Imagináis que no puedo mataros a todas?

Riario...

Si vuestra auténtica lealtad es para los Medici, capitán,

os sugiero que os las llevéis. Dejadme esta a mí.

- La signora Donati... - Os ha traicionado por Roma.

Deje que se maten, signora.

Niñas...

¡Vamos!

¡Corred!

He rogado por este día, Lorenzo. Hoy Florencia se regocija.

Antes de morir, Lorenzo,

mataré hasta al último Medici.

Borraré toda traza de la existencia de vuestra familia en este mundo.

El acero se oxida con el desuso.

Déjanos acabar con los Medici,

pintamonas, y quizá os permitamos vivir.

¿En una Florencia gobernada por los Pazzi?

- Creo que prefiero perecer luchando. - Como te plazca.

¡Vamos! ¡Vamos!

¡Vamos, vamos!

¡Vamos, vamos!

Vamos.

No nos queda mucho.

Las puertas aguantarán.

El Verrocchio diseñó los cerrojos.

Giuliano...

¿He perdido a mi hermano?

¡Vamos!

¡Vamos, vamos!

¡Da Vinci!

Al llegar solo os vi a vos.

¡Derribadlas!

- Sabía que no nos abandonaríais. - Callad.

Ahorrad fuerzas.

¡Da Vinci!

Pronto acabará, Lucrezia.

Perdonad, Leonardo.

Me habéis salvado la vida y sé lo que os ha costado.

Guardad las loas para quienes las merezcan.

No sé con cuál de los dos hombres con que fornicas te enterrarán.

Preferís Florencia a vuestros sueños.

Aceptaréis mi amor.

Es lo mínimo que puedo ofreceros.

Ese anillo...

Conozco este anillo.

Es de Lucrezia.

¿Fornicáis con ella o es algo más?

Acabad el trabajo que han empezado

u os juro que si sobrevivo,

os mataré a ambos.

¡La venganza de Dios os aguarda!

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