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Original subtitles

¿Os dijo que el tiempo es un río, verdad?

Y que el río es circular.

Que la muerte de un hombre abre

la puerta al nacimiento de otro.

Así es.

Los hombres como nosotros podemos cambiar el curso del río.

¿Soy como vos entonces?

No sabéis quién soy, ¿verdad?

¡Mi hermano y yo! ¡Bandidos!

- ¡Intentaron deshonrarme! - ¿Dónde?

¡Ahí abajo, a la izquierda!

- ¡Corred! ¡Corred! - Por aquí, por aquí.

Entrad.

Ahí estaréis a salvo.

Vamos.

Los necios han cerrado la puerta.

Los necios son preocupantes.

¿La puerta?

No tanto.

No hay ayer, ¿sabéis?

Ni mañana.

El tiempo, es un solo continuo.

Nos conocemos, ¿verdad?

Claro.

Somos hermanos.

¿Quién sois?

Pisa con el talón y posa la punta. Tienes mucho que aprender.

Ya tengo un maestro.

No digo que abandones los consejos de Da Vinci, solo que los mejores.

Ahí.

¿Qué es eso?

No les gusta que profanen sus tumbas.

Las cubren de arena y graban letras

para saber si han hecho barrabasadas.

¿Qué pone?

Por risible que parezca, "tomado".

Soy un hijo de la Tierra y del Cielo Estrellado.

Tengo sed.

Por favor, dame de beber de la fuente de la Memoria.

Ved, como yo he visto en el infinito,

y seréis un dios.

Pero sabedlo: así sufriréis.

Un cadáver, recién recogido.

¿Teníais una pesadilla?

No, era algo distinto.

Toma notas, ¿quieres?

¿Qué es eso?

Le falta una uña del digitus primus derecho.

Leo, ¿qué haces?

El turco dijo que iniciase mi búsqueda por el ahorcado.

Concretamente, por la sede del alma.

Un eufemismo para el estómago.

La uña que le falta.

Qué raro que la ingiriese.

La muerte de un hombre abre la puerta para otro.

¿Qué te atribula?

Al parecer el conde Riario nos va a hacer una visita.

¿Con qué propósito?

Nada agradable, seguro.

Sean cuales sean las intenciones de la víbora,

debo agasajarle mientras recibo a la elite de Florencia.

¿Tú vendrás?

Podrías tener a Riario entretenido.

- ¿No estará Clarice? - Pues claro.

Podemos robarnos miradas, durante la velada.

Puedo invitar a ese bergante, si quieres.

Da Vinci.

El que debería estar pintando tu retrato

y construyéndome un arma.

Cerrad.

- Llegas tarde, hijo. - El contrato, firmado.

Y ahora, te compromete.

- ¿Lo has leído? - Ya acordamos los términos.

Pero no la administración de esos términos.

Te dije que te alejases. Te avisé de que habría consecuencias.

- ¿Qué te crees que he hecho? - Pintar a Lucrezia Donati.

Hacer creer a los Medici

que les entregarás armas de guerra descabelladas.

Te has extralimitado, y ahora lo he arreglado para que te vayas pronto.

No hay contrato que puedas redactar, que me contenga.

Eres el bastardo de una sirvienta en la que vertí mi semilla.

Tu herencia es lo que te contiene.

- ¿Qué ocurre? - ¿Qué ha cambiado?

Algo ha variado en ti desde la última vez que nos vimos.

Quizá sea que estamos tú y yo aquí en casa de Lorenzo.

- Te sientes culpable. - No es que no sienta afecto por él.

O quizá sea culpable por sentirme culpable.

No es que no sienta afecto por ti también.

¿Qué culpabilidad prefieres?

Conozco a Lorenzo desde niña, a ti desde hace una semana.

- Eso no es una respuesta. - Bueno...

El judío que ejecutaron.

¿Cuál era su delito?

Dijo que huía de unos asesinos. Y se refugió en una librería.

Las autoridades sospechan que robó algo.

Pero no faltaba nada.

Y la bolsa que tenía estaba vacía.

¿Colgaron a un hombre por robar algo que no había desaparecido?

El lugar del crimen requiere más investigación.

¿Ah, sí?

Quattrone, prepara los caballos. Quiero partir ya.

- ¿Has acabado de posar por hoy? - Sí, el señor Da Vinci tenía prisa.

Ah, sí. Va a probar su arma para nosotros.

Hoy da a Florencia su aguijón.

O le enseñaré el mío.

Qué considerado por dejarnos un momento a solas.

Lorenzo, podría entrar cualquiera.

- Quería un poco de ti. - Y lo tendrás.

Porque es solo tuyo.

Buena suerte hoy.

Quattrone. Vamos.

¿Tenéis salitre, maestro Andrea?

¿Para qué quieres nitrato de potasio?

Para pólvora.

El maestro diseña un arma "Mosquete de órgano de tubos".

El retroceso lo matará.

Yo no apostaría contra él.

Por Dios.

Ya te ha corrompido.

Está ahí.

Arriba, entre el cinabrio y el ultramarino.

Dile que espero que me pague con monedas,

y no con jactancia como la última vez.

Vamos.

¡Dios!

¿Qué hacemos aquí? Es el culo del mundo.

- ¿Dónde está? - Se habrá retrasado.

O se ha dado cuenta de que lo que propuso

es mucho más que un truco volador.

¡Rápido!

¡Los soldados marchan sobre Florencia!

¿Cómo, cómo osáis?

¡Estáis apuntando con un arma directamente a la casa Medici!

- Vamos. ¡Prendedlo! - No, alto.

El arma ha superado la primera prueba.

No ha hecho nada.

No, ha hecho mucho en realidad. Intimidación.

Bueno, si queréis pasar a la galería,

procederemos a probar su utilidad menos efímera.

- Habéis escogido un gran día. - Sí.

¿Os gusta? Yo lo encuentro muy verosímil.

Cuestiono las compañías que frecuenta el maestro.

Ese hombre es un conocido réprobo.

¿Esos soldados son suizos?

¿Y vos sois?

Comandante Quattrone.

Jefe de la milicia florentina.

Su Magnificencia pensó que sería sabio

traer a un estratega militar a la demostración.

A fin de evaluar mejor vuestra obra.

- Ojalá hubiera traído una barca. - El comandante tiene buen ojo.

Lo que veis ante vosotros

es una representación del regimiento de soldados mercenarios de Roma.

Es algo teatral, pero, a veces,

la presentación es la mitad de la función.

¿Por qué no continuáis Da Vinci?

Mientras os retrasáis, nos ahogamos.

¿Sigo?

- ¡Vamos! - ¡Sí, rápido!

¡Los soldados marchan sobre Florencia!

- Ya, ya, ya. - Está loco.

La casa Medici ha invertido cientos de florines en este proyecto.

Según vuestro contrato, el fracaso de este artilugio constituye un fraude.

Hombres. Lleváoslo.

Levantaos, maestro.

Esperad.

- Tenéis una semana, artista. - Lorenzo, no.

Solo en materiales gastaremos otros doscientos florines.

Una semana.

Me parece muy razonable.

Quiero hablar contigo.

Hallamos distintas huellas en el cementerio.

De un burro, de un hombre y de un niño.

De polainas de punta larga.

Como esas que llevas.

¿Me conoces?

Soy el señor Girolami Riario,

conde y capitán general de la Santa Iglesia Romana.

Sobrino de Su Santidad el papa Sixto IV.

Me han informado sobre tus actividades expoliando tumbas.

- No sé de qué me habláis. - No nos insultes, chico.

Sabemos quién es tu maestro.

Excelencia, estaba el asunto del pago.

Sí, desde luego, capitán Grunwald.

¡Jesús!

Ya que ha quedado clara mi propensión a ser directo,

confío en que la conversación transcurra fluidamente.

Nos interesa saber por qué Da Vinci pidió el cuerpo del judío.

Y, a menos, que te tiente fingir más ignorancia,

quería probar un dispositivo magnífico

que adquirí hace poco en Oriente.

Se llama "la lágrima de la viuda".

La causa de la incomodidad que sientes

es una aguja de diamante labrada.

La genuina lágrima de la viuda.

Y al girar la manivela, la aguja diamantina saja lentamente

un círculo de piel del dorso de la mano,

una capa de epidermis cada vez.

¡Parad! ¡Parad!

¿Por qué exhumó Da Vinci el cadáver del judío?

Unas sencillas palabras y pondré fin a esta incomodidad.

Estaba buscando...

El judío se tragó algo.

¿Qué, niño?

Una llave.

Empleaos a fondo. Encontrad la llave.

¡Alto!

¡Parad!

No la hallaréis.

Esto es lo que buscáis.

Ábrelo.

No puedo. Está cerrado.

Rompedlo.

¡Un momento!

¡Vámonos!

Chico, tú...

¡Has desafiado la voluntad del Señor!

¡Leonardo!

¡Vamos!

- ¡Vamos! - ¡Leonardo!

¿Estás bien?

¡Dios misericordioso! ¿Qué ha pasado?

Esos hombres son agentes del papado.

¡Leo, estamos hablando del Papa!

Podría sacarnos las entrañas con horcas oxidadas.

- ¿Quién te ha hecho esto? - El conde Riario.

El sobrino y perro del papa.

Me raptaron en el mercado.

Le dije, lo siento, que sacasteis la llave del cadáver del judío.

Quietos.

Esperábamos la visita.

Sabéis que no pueden verme con vos. Hay muchos espías en Florencia.

De haberme detenido en el camino...

No me sermoneéis sobre la discreción.

No pondría en peligro a una agente tan valiosa como vos

sin una buena razón.

Bueno, tomad esto.

Una lista de lugares seguros por toda Florencia.

Necesito información.

Detalles de las actividades de Lorenzo y Da Vinci.

Si tenéis algo pertinente que comunicar,

inscribid la letra Alfa sobre el lugar que sea conveniente.

Si tenemos algo que comunicaros, inscribiremos la letra Omega.

¿Os ha quedado claro?

Marcad vuestros mensajes con esto, el sello oficial del Papa.

Y una última cosa.

¿Qué es?

Ya os llegarán instrucciones.

Entretanto, tenedlo oculto.

Decidme, Da Vinci, ¿vuestro célebre artista ha mencionado una llave?

- ¿Qué hay del judío? - Me preguntó por su captura.

Quería regresar al lugar del crimen, así lo expresó.

Le preocupaba por qué el judío se ocultó en una librería.

Da Vinci tiene la llave.

¿Por qué una librería?

No lo sé. Quizá Da Vinci sea más listo que vos.

Pero eso sería herético, ¿verdad?

Vigilad esa librería.

Con suerte, Da Vinci completará la investigación por nosotros.

Y vos, señora Donati,

mantened atrapados a Lorenzo y a Da Vinci.

- Sois un bastardo. - Sí.

Y el arquitecto de mi pedigrí es el propio santo Padre.

Marchaos, no sea que los espías de Florencia nos vean juntos

y se cuestionen vuestra ya comprometida reputación.

Se vuelve más impertinente en cada encuentro.

Raptaron al mozo y registraron vuestro taller.

¿Qué buscaban?

- Mis diseños de armas, presumo. - Que se los quede Roma.

La semana que viene se habrán diezmado ellos solos.

¡La semana que viene podrían diezmarnos a nosotros!

- Lorenzo. - ¡Abre los ojos, hermano!

Ya no disfrutamos de la protección de Milán.

Que tus hombres rodeen el edificio.

Que nadie entre ni salga salvo Da Vinci y el chico.

Tú acompañarás a Da Vinci a donde quiera que vaya.

No creo que eso sea necesario.

Fuera.

Tenéis tres días para que vuestra arma dispare con éxito.

Y si falla, no habrá otra oportunidad.

No habrá juicio.

Juro que os colgaré.

Tendréis lo necesario para conseguirlo.

Dinero, materiales, hombres.

Haced real vuestra visión.

Por vuestra propia vida.

Cuando el verdugo accione la palanca, apretad el culo.

Esos guardias nos van a dificultar sumamente escaparnos a la taberna.

- ¿Es que no habéis oído a Lorenzo? - Sí.

Por eso necesito pensar y beber.

Este sitio es maravilloso.

Mucho mejor que el convento.

Te doy un millón de gracias, Leonardo.

¿Qué haces?

Imaginar con qué clase de cerradura pueden corresponderse

las muescas de esta llave.

Nico, la moneda que me dio el turco.

Ajá.

Exacto.

Dos llaves.

La cerradura de esta llave

parece solo la mitad del mecanismo preciso para abrirla.

Leo, en serio, ¿qué importa? Dásela a Riario.

Termina el mosquete.

No me fuerces.

Eso díselo al ahorcado. La inspiración del ahorca...

Que Riario se arriesgase a visitarnos

solo por conseguir esto es revelador.

Guarda relación con el Libro de las Hojas.

El turco lo confirmó.

Claro, el turco, tu hombre misterioso.

¡Sí! ¡Y como aquí tenemos un misterio,

- seguiré hasta que lo resuelva! - ¿Qué misterio?

El judío robó una llave

y se la tragó para que sus perseguidores no la obtuvieran.

¿Por qué se metió en la librería?

¿No se te ha ocurrido que ahí es

donde estaba la llave y por eso entró?

Eso no se sostiene. En la librería no faltaba nada.

No me jodas.

La bolsa iba vacía.

¿Por qué lo de la uña?

¿Por qué le perseguían... antes de entrar en la librería?

Según lo que cuentan el judío cruzó en la Piazza del Duomo

y luego entró en la Via dei librai aquí.

Quizá alguien lo presenciara.

Por favor, señor, ¿podéis darme una limosna?

Dime, buen hombre, ¿estabas aquí cuando cogieron al judío?

Estaba, porque esta es mi casa y no tengo otra.

¿Quién carece de visión ahora? Es ciego.

¿Un florín, signor?

¿Lo has identificado por su sonido?

Estoy versado en el peso y sonido de las monedas de nuestro Estado.

Amigo, ¿puedes describirme lo que oíste aquella noche?

Encantado.

Era una noche fría.

Cuando oí los gritos, creí que estaba soñando.

Provenían del Duomo.

Luego oí los pasos del judío. Y su resuello.

Estaba aterrado. Se notaba.

Tropezó.

Se le cayó algo. Pasaron páginas como alas de ave.

Luego le oí decir "uou, uou".

"Uou, uou".

Oí más gritos. Oí que lo llamaban.

No entendía las palabras que decían excepto: "Halt, halt".

"Halt".

Aún no veo que arroje luz sobre el misterio.

Los que perseguían al judío hablaban en otra lengua,

usaron la palabra "halt". Alemán o inglés.

- ¿Y? - Y...

Los mercenarios reclutados por Roma hablan alemán.

Suponían que el judío lo entendía,

pues los judíos suelen hablar yiddish, una forma de alemán.

La palabra "woe", en yiddish, significa "dónde".

El judío no tenía miedo. Buscaba algo.

Creo que el judío, tenía dos objetos en su poder:

el primero pudo tragárselo, la llave.

El segundo era más grande,

por lo que necesitaba un escondite.

Páginas como alas, un libro.

Precisamente.

¿Y dónde se oculta mejor un libro?

¿Te importa hacer que el propietario se ponga aprensivo?

¿Por qué yo?

Porque apestas a improbidad.

Como siempre.

Señor Bisticci, ¿qué tal?

¿Cuántas filas de estantes tenéis aquí?

Diez. ¿Por qué?

¡Oye!

¿Intentas guardarte algo entre la ropa?

Perdonadme, me ofendéis.

Solo estaba mirando este hermoso tomo.

La uña nos lleva hasta el segundo objeto.

- ¿Sí? - Diez estantes, diez dedos.

No, miras hacia el Oeste.

Sería más obvio, al contar, mirar en la dirección cardinal opuesta:

el Este y el sol naciente.

Además, el hebreo, es la lengua sagrada de los judíos

y se lee de derecha a izquierda Conque, contando desde la derecha.

Sería la quinta fila.

Sangre.

Y sabemos que se arrancó la uña.

Mira, mira. Arriba.

Mucho polvo. Nadie ha tocado esos libros en años.

Pero...

En este libro no hay polvo.

Y escrito en hebreo, nada menos.

Hemos encontrado el segundo objeto.

Artista.

Vendrás con nosotros.

Si te resistes,

pregunta a tu amiguito por la hospitalidad de Riario.

Por desgracia tendré que declinar la invitación del conde.

¿Qué es eso?

Creo que estáis acostumbrado a mis artefactos infernales.

¿Recordáis el cofre de mi taller?

Pues esto funciona de igual manera.

Es una granada.

Está llena de pólvora y se activa con un botón de la base.

Si retiro el pulgar, el artefacto explotará.

Miente. Es una caja de rapé.

No me pongáis a prueba.

Me da igual que muráis, este día, o cualquier otro.

¿Creéis que la mayor mente de toda Europa necesita mentir?

Probad.

En el mercado venden esos chismes.

Es Da Vinci a quien veis. Es una granada.

- Es una caja de rapé. - ¡Es una granada!

¡Separaos! ¡Vienen a por mí!

¡A por él!

Alto.

¡Vamos! ¡Id tras él!

Alto.

Alto.

Joder.

Buenas noches, caballeros.

¡Por favor, decid a Riario que lo lamento!

Señor de Medici,

señora Orsini,

mi más humilde agradecimiento por la hospitalidad que deparáis

a nuestra modesta delegación.

Nos alegramos mucho de recibir al hijo predilecto de Roma,

señor Girolamo.

Estamos extasiados.

¿Podemos retirarnos a mi gabinete?

Ahorraos la amabilidad, Riario.

Vuestros hombres irrumpieron en el taller de mi artista,

y quiero saber por qué.

El nombre de Da Vinci ha llegado a oídos del santo Padre.

Me ha encargado que busque artesanos para adornar

la gran capilla que está erigiendo.

Pensé, ¿sabéis?

Que una reunión exploratoria era lo indicado.

¿La muerte de vuestros hombres era parte de esa exploración?

No estaba previsto, pero me enseñó cosas sobre vuestro hombre

y ansío llegar a conocerlo.

Da Vinci es un mero diletante, un divertimento. Nada más.

Y, aun así dicen que le habéis adelantado un estipendio

de 50 florines.

Emolumentos muy cuantiosos para un mero diletante.

Roma, oye cada susurro, Lorenzo.

Hasta los estrambóticos concernientes a artesanos

capaces de construir máquinas bélicas.

La manufactura de armamentos podría considerarse un paso provocador.

Al igual que el asesinato del duque Sforza.

O la renuencia a pagar las deudas.

Ya que hablamos de provocaciones,

es hora de declarar el propósito de mi visita:

Su Santidad desea informaros sobre su elegido para ser arzobispo de Pisa.

Pisa está bajo la jurisdicción de Florencia.

No obstante, la elección, ya se ha hecho.

Su Santidad ha escogido a Francesco Salviati.

Vuestro primo.

Parece que se impone una enhorabuena.

Informad al santo Padre de que vos y Salviati deberías reunir

el mayor ejército que podáis,

pues el único modo de que piséis Pisa

- es si estoy, muerto y enterrado. - Entiendo.

¿Esa es la condición que proponéis?

Roma disparó la primera salva, no yo.

Y pensamos disparar la última.

Buenas noches.

En el nombre de Cristo, ¿cómo lo sabía?

Turbador.

Estás arrebatador con camisón.

¿Qué haces por aquí a estas horas? Podría haberte herido.

¿Con ese compás?

¿Qué haces aquí, Leonardo?

No puedo volver a mi casa.

Los matones del Vaticano patrullan las calles buscándome.

Los hombres de Lorenzo también llevan todo el día buscándote.

Me ha dado un plazo para fabricar el mosquete.

No estoy seguro de ser capaz.

No me extraña.

Tienes tres filas de cañones una sobre otra, ¿no?

Es obvio que va a haber contaminación por la pólvora entre las tres filas.

Le prometí un mosquete que pueda dispararse,

enfriarse y cargarse.

Juegas a un juego peligroso con él. ¿Seguro que no te excedes?

¡Por Cristo, Andrea, para que haya progreso hay que excederse!

¿Es que nadie lo comprende?

Bebe.

A ver, ¿de qué trata todo esto en realidad?

¿Has oído hablar del Libro de las Hojas?

Es un mito. Lo mismo que el unicornio.

Tengo razones para creer que existe.

¿Un libro que contiene la historia secreta del mundo?

El judío.

Esto era suyo.

Tu hebreo es mejor que el mío, quizá puedas decirme de qué trata.

Es un tratado sobre los orígenes del universo, astronomía.

Habla de la "Bóveda Celeste" de cómo puede abrirse.

Tal vez "La Bóveda" puede ser el cielo nocturno.

Quizá el Libro de las Hojas pueda encontrarse

- buscando una constelación. - ¡Leo!

Ceja, en ese empeño absurdo y céntrate en tu encargo.

¡Deja de buscarte problemas por una fábula!

Esa "fábula" está ligada al sino de mi madre.

Puedo dibujar cuanto he visto, Andrea, lo que sea.

Pero no su rostro.

Lo he intentado y no puedo.

Si puedo saber algo sobre ella,

relacionado con esta búsqueda,

necesito llegar al final.

Tu necesidad seguramente acabe matándote.

¡Me dijo que la lencería era de Nápoles!

¿A que sí, querida?

¡A un mercader de textiles!

Le sugerí que empezara a comprar el vino en Oriente,

ya que se atrevía a...

¿No deberías estar trabajando en el mosquete?

A diferencia de ti, padre, puedo hacer dos cosas al mismo tiempo.

Beber y cavar tu propia fosa.

Te veo muy incómodo, maestro.

No suelo asistir a eventos como este.

Pues yo sí.

Es todo una farsa de fingimiento y máscaras.

Sonríe Lorenzo nos observa.

Vuestro perdón e indulgencia. Perdón e indulgencia.

Bienvenidos a todos a un festín de Florencia,

tan lleno de vida y emoción.

Tanto como el Edén.

Lleno de frutas frescas.

Lleno de aves y caza.

¡Lleno de la gracia de la Naturaleza!

Tan como el Edén.

Pero, claro, el Edén tenía huéspedes.

Como nosotros.

Por supuesto, nuestro huésped es algo más agradable que la serpiente.

Por favor, recibamos al conde Girolamo Riario,

emisario de Roma en nuestro Edén, en nuestra, Florencia.

¡La cena está servida!

¿Qué veis?

Sé quién sois, sabéis quién soy, ambos sabemos de qué se trata.

Decidme, ¿qué veis?

He visto a alguien llamaros serpiente delante de toda esa gente.

Y yo veo, una llave que me entregaréis.

Junto con lo que cogisteis en la librería.

Tanto la llave como el libro que ocultó el judío son inútiles,

a no ser que se tenga el intelecto preciso

para hallar la Bóveda.

Os tendré a vos también.

¿Por qué iba yo a entregarme a Roma?

Quizá valoréis vuestra vida.

No como para traicionar a Florencia.

Quizá valoréis la vida de otro, un poco más.

Reconozco el deseo cuando lo veo.

Y estoy muy bien versado en múltiples formas de explotarlo.

Esto no tiene por qué ser un contencioso, Da Vinci.

Uníos a nosotros

y el Archivo Secreto del Vaticano estará a vuestra disposición.

¿Ahora me ofrecéis el fruto prohibido?

Es lo que hacen las serpientes, ¿verdad?

Nos veremos al alba,

y la llave y los secretos serán vuestros.

¿Y vos?

Si debo hallar el Libro,

los necesitaré también.

¿Qué está haciendo?

- Jugando con una botella. - Desde luego.

Ya nos eludió una vez, pero ahora no podrá.

¡Ahí están!

Ahora me cuadra. Ya trabajaba para la escoria romana.

¿Necesitamos más pruebas que esta? ¡Es cómplice de ellos!

Consideradlo un anticipo por vuestros servicios a Roma.

¿Por qué dudáis, Da Vinci?

- Este es el siguiente paso. - Perdón, no os sigo.

¿Por qué exhumasteis al judío?

¿Por qué os empeñáis en hallar la Bóveda?

No me empeño. La he hallado.

La Bóveda Celeste, que presumiblemente

contiene el Libro de las Hojas.

La he puesto sobre ruedas para poder guardarla a salvo.

Al parecer, requiere dos llaves para abrirse.

El judío, la Bóveda, el libro.

Habéis hecho todo esto porque queréis saber qué hay después.

Yo también.

No es lo que queréis. Queréis suprimir el conocimiento.

No, yo quiero administrarlo.

¿Qué mejor administrador que un agente de Dios?

Es vuestra última oportunidad para una sociedad amistosa.

Declino vuestra oferta.

¡Juro lealtad a Lorenzo el Magnífico,

al tonto de su hermano y a toda Florencia!

Vos queréis dominar Florencia.

Pero yo la prefiero, salvaje, con sus extravagancias y criminales.

Así que ¿por qué no salís corriendo para Roma y decís a vuestro papa

que ni Florencia, ni Da Vinci, podrán contenerse.

Dañasteis a mi amigo.

- Vámonos. - Corred locos.

Lo siento.

Os lo advertí.

Pero queríais que presenciara vuestra reunión de hoy con Riario.

Os gustará ver cómo funciona el arma

con oponentes de verdad.

¿Cómo arreglasteis el defecto?

Vi que los cañones necesitaban más separación

y eso hizo el tambor giratorio que diseñé.

¿Puede fabricarse a gran escala?

Si tengo recursos, desde luego.

Pues los tendréis.

Lo habéis hecho muy bien.

Hoy le hemos dado un gran golpe a Riario.

Pero no tardará en vengarse.

Lorenzo, no tenemos mucho...

- Creía que estábamos solos. - No, no importa, Lucrecia.

Solo es Da Vinci.

Y confío en poder contar con su discreción.

Por supuesto.

Buen hombre.

A trabajar, maestro.

Florencia cuenta con vos.

¿De qué os reís?

Algún día, Lupo, todo cuanto veis aquí caerá bajo el dominio de Roma.

Y si ese día resulta retrasarse un poquito más

por la intervención de Da Vinci, que así sea.

Pero tiene la llave.

Eso lo pone un paso más cerca de obtener el Libro de las Hojas.

Que la conserve por ahora. Al menos sabemos dónde está.

Y, además, la llave es inútil sin su compañera.

Pero ¿y si Da Vinci la obtiene?

No lo hará.

¿Cómo lo sabéis?

Porque la tengo yo.

¿Y esa cara tan larga?

El maestro nunca está satisfecho.

La posibilidad de la perfección, de un enigma más sobre el horizonte.

¿Cuántas letras tiene el alfabeto hebreo?

27.

- Hay 27 ilustraciones en el libro. - ¿Y?

¿Te has vuelto loco?

Volveré a encuadernarlo.

El hebreo, como ya hemos establecido, se escribe de derecha a izquierda,

así que sí, la primera ilustración se corresponde

con la primera letra del alfabeto hebreo.

Aleph.

Y la segunda página se corresponde con la segunda.

Bet.

Y la tercera página, sigue el mismo patrón.

Gimel.

El dorado se alinea de una página a otra.

¿Conocéis la esteganografía?

Es una criptografía ideada por los griegos.

Significa, "escritura oculta".

Básicamente, ocultar un mensaje codificado a plena vista.

"Hojas en un bosque".

Si hacemos una cuadrícula de tres filas,

- cada una de ellas con nueve hojas. - ¿Qué es eso?

Paciencia, Nico.

Como cualquier enigma hay que verlo desde una perspectiva diferente.

La Bóveda Celeste no es una metáfora.

Es una auténtica bóveda que contiene el Libro de las Hojas.

Y eso, caballeros, es un mapa que detalla la ubicación de la bóveda.

Pero la tierra que describe no existe.

Entonces, habrá que descubrirla, ¿verdad?

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