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Original subtitles

¡Venga, lárgate!

¡Vete de aquí!

¡Vamos, fuera!

¡Cicco!

¿Qué día es hoy?

- Domingo de Ramos. - Demonios.

La duquesa y vuestros hijos os esperan en la iglesia.

¿Puedes traerme unos huevos cocidos?

Tengo una resaca descomunal y las tripas revueltas.

Me visto en un minuto.

¡Tranquilos, ya he llegado!

Marchaos, imbécil desmañado. Es mi momento.

Y gracias al Archivo Secreto es el último del que gozaréis.

Cuéntame un secreto, Leonardo.

¿Cuál es tu primer recuerdo?

O mejor aún, tu mayor temor.

Tenía unos seis meses...

- Nadie recuerda nada de esa edad. - Quizá sea único entonces.

Mi madre

me metió en una cuna.

En el campo, y descendió un halcón.

Aún puedo verlo.

Ahí posado, mirándome.

Casi como si tratara de revelarme algún tipo de misterio.

Mi madre lo espantó.

Pero, aunque el recuerdo es muy claro,

lo único que no recuerdo bien es el rostro de mi madre.

Puedo dibujar todo cuanto he visto, aun de pasada.

Pero en lo tocante a mi madre, no veo sino un vacío.

Desapareció aquella noche. No puedo recordar su rostro.

Todos los hombres buscan a sus madres.

Eso es lo que os guía entre nuestros muslos.

Te pago por posar, Vanessa,

no por ahondar en mi carácter.

Si tú esperas que desnude mi cuerpo para ti,

entonces, yo espero que desnudes tu alma a cambio.

Conque dime. ¿No hay nada más que temas?

Solo la imperfección.

¡Maestro! ¡Maestro!

Llegas tarde, Nico.

Sois vos quien llega tarde. Verrocchio os busca.

¡Puede esperar!

Hay que realizar un experimento y tu papel es fundamental.

¡Vamos!

Hola.

¡Nico! Es Vanessa, recién liberada del convento de San Antonio.

Descubre eso.

Ponte ese arnés.

¡Hoy intentaremos averiguar si esta cometa,

proporciona la resistencia al viento necesaria para soportar tu peso!

- Pero, maestro, ¿y si no puede? - ¡Vanessa!

¿Te importa bailotear momento? ¿Lo ves?

Esas cintas me permiten calcular la fuerza y la dirección del viento.

En este caso,

diría que unos 20 nudos y en dirección oeste.

¡Esperad! ¡Maestro! ¿Y si sus cálculos son erróneos?

¡Esperad! ¡Esperad, maestro! ¡Por favor, alto!

¡Esperad, maestro! ¡No!

¡Dios mío, por favor!

¡Bien!

¡Estás volando, Nico!

¡Maestro!

¡Es perfecto!

¡Funciona, maestro!

¡A mí no me cabía duda!

- Dios, odio este sitio. - ¿Qué?

¿Dónde practicar los vuelos si no en Florencia?

En otro sitio, iríamos a la hoguera,

pero aquí solo soy un libre pensador herético más.

El caos, la cultura.

Todo eso se reconoce entre estos muros.

Florencia solo exige una cosa a su pueblo:

Ver todo lo que te ofrece.

Como esa visión angelical.

Tened cuidado, maestro, es Lucrezia Donati.

La amante de Lorenzo de Medici, sé muy bien quién es.

Os torturará si os pilla mirándola.

¿Y si la pilla a ella mirándome a mí?

- Malas nuevas de Milán, Nico. - ¿Cómo lo sabéis?

La serpiente de la capa del jinete es el Biscione,

el emblema de la familia Sforza.

Si trajera buenas noticias,

vestiría el tradicional escudo rojo y blanco de Milán.

¡Fuera!

¡Fuera! ¡Fuera todos!

Lorenzo. Lorenzo.

El Duque de Milán ha muerto.

Asesinado.

- ¿Por la mano de quién? - Visconti y otros dos.

Un asesinato por honor.

Se rumorea que el Duque desfloró a su sobrina Sforza.

Era un cerdo de desmesurados apetitos.

¡Sí, pero era nuestro cerdo!

Intuyo que la mano del Vaticano está tras esto.

La ocasión es demasiado perfecta.

Trastocará el equilibrio de poder en Italia si es verdad.

Por Dios, Becchi, mucho más que trastocar,

esto decapita el concepto y se caga en el.

¿Tienes miedo?

No, Santo Padre.

Mentir es pecado, chico. Nos aparta de la gracia de Dios.

Sí, tengo miedo.

Pero eso también es mentira.

Al menos, en parte.

Un pecado venial quizá.

Conque...

¿qué afirmación es la correcta?

Habla, chico.

Si quieres ir al cielo,

la respuesta correcta sería...

¡Su Santidad ha prohibido que entre nadie!

¡Nuestros hombres han tenido éxito, Santidad!

¡Sforza está muerto!

Florencia está lista para nosotros.

Confiad en mí.

¿Cómo lo sabéis?

Tenemos un espía entre las filas de Lorenzo.

Los Medici celebrarán un Carnaval

en un patético intento de ganarse el favor del pueblo.

Son débiles, Santidad.

- Es vuestra ocasión de atacar. - No la mía, sobrino.

La del Señor.

Hay otra razón para la premura.

El turco ha llegado a Florencia.

Va tras el "Libro de las Hojas".

Lo siento mucho.

¿Por qué?

Porque no podías oír eso.

¿Tenéis los planos para la columbina o no?

Los tenemos. Y son pasmosos.

Pues sacad esos milagrosos bocetos para evaluarlos.

- Por desgracia, no puedo. - ¡Porque no existen!

¡Si creéis que podéis defraudar a la casa de los Medici!

¡No, no, no, no! ¡Sí existen, lo prometo!

Están en este cofre.

Abridlo.

- Está cerrado. - Pues lo abriré con la espada.

¡Esperad, esperad, esperad!

Está preparado para explotar si alguien lo manipula.

¿Estáis loco?

¿Por qué iba a concebir alguien una argucia tan infernal?

Para proteger mis ideas, obviamente.

Caballeros, Leonardo da Vinci.

Dicen que sois un libre pensador.

- Llegas tarde. - Tómate una uva.

¡Bueno! El primer ciudadano de Florencia está desesperado

- porque fabriquemos una columbina. - "Desesperado" es una palabra fuerte.

Y aun así es la que he usado.

Pero repasemos.

Por Pascua una gran procesión pasa por las calles de Florencia

y termina en la catedral donde la misa...

¿Por qué insistís en decir lo que ya saben hasta los niños de tres años?

¿Y vos en interrumpirme?

Tengo una metodología. Podemos seguirla o desbarrar.

Vuestro silencio aboga por lo primero.

Coronando la misa, una paloma mecánica,

la Columbina se elevará por un cable hasta la plaza pública,

se prenderá un carro de fuegos de artificio.

La República lo celebra con máscaras, entregándose a la borrachera.

Durante años la casa de los Medici ha contratado

a talleres inferiores para fabricar la paloma ceremonial.

Pero este año, si no he entendido mal su política,

el lamentable boato no servirá.

Nadie se ha quejado nunca de nuestra paloma.

Llamar a vuestros intentos "paloma" es un insulto al reino de las aves.

¡Basta!

- ¡Mostradnos el maldito chisme! - De acuerdo.

Es una maqueta a escala de un cuarto.

Es una maravilla, eso os lo reconozco.

Sí. Es vuestra por 30 florines.

- ¿30? - Sí.

El contrato decía 12.

Para una que necesitara un cable como guía.

Esta maravilla no requiere tal desventaja.

Vuestra obra es impresionante.

- Pero el precio es muy alto. - Yo creo que es una ganga.

Treinta florines es sodomía.

Entonces, negociaré con vuestro hermano mayor.

Por el amor de Dios, Becchi, pagad al degenerado y acabemos con esto.

"Dime."

"¿No hay nada más que temas?"

¿Estás bien, Leonardo?

- Solo fue una pesadilla, Andrea. - Las tienes con frecuencia.

Estoy teniendo problemas con los cálculos.

Nada más.

¿Problemas?

No estoy seguro

de que la columbina vuele para la Pascua.

- Pero la maqueta... - Era una maqueta.

Al aumentar las dimensiones, los cálculos no cuadran.

¡Es irritante!

- Fumar opio no te ayuda. - Aclara la mente.

- La nubla. - ¿Qué eres, mi niñera?

Pienso demasiado, ¿vale?

¡U ordeno mis pensamientos o me sacarán las entrañas!

¡Creía que tú, a estas alturas, ya lo entenderías!

Las lágrimas de la amapola tienen propiedades medicinales.

- Los sacerdotes egipcios... - No estamos en Egipto.

Y no eres sacerdote.

Eres un genio, tienes un don que no he visto en nadie.

Por eso la gente siempre querrá destruirte.

Por favor, no los ayudes con su propósito.

- ¿Cuánto pides por ellos? - Seis denarios por cada uno.

Te doy dos sueldos por todos.

¿Es que quieres ofenderme?

No, si quisiera ofenderte,

haría comentarios sobre el olor a materia fecal que sale de tu trasero.

¿Quieres los sueldos o no? Son mis últimos y me aburro.

No. Solo quiero los pájaros.

Abre la jaula cuando yo diga.

Está obsesionado con el vuelo. Busca inspiración.

¡Ya!

¿Y bien? ¿Has visto lo que esperabas ver?

Si me devuelves un sueldo, te lo digo.

Muy bien. Dímelo.

He visto a un idiota que no sabe vender.

Mira, Nico.

Ahí está otra vez.

Mírala con Lorenzo.

Todo el mundo finge que esos dos no fornican.

¿Están con vuestro padre?

El príncipe coronado de los parásitos.

Hace de notario a Lorenzo.

Venga, Nico, vamos a provocar una escena.

¡Su Magnificencia!

Me llamo Leonardo da Vinci. Os sonará mi nombre.

Estoy diseñando vuestra columbina.

Ah, sí.

Sois el excéntrico, empleado del "Verrocchio".

Soy artista, sí. Y anatomista. E ingeniero de cierta fama.

"Extorsionador" es lo que le define.

Soy un negociador duro, cierto.

Pero he diseñado una ambiciosa serie de dispositivos

que sé que interesará a vuestra perspicaz mente.

Largo, sabandija.

En otro momento, quizá.

Estoy herido, Nico. Necesito vino.

¿Cómo va el negocio, Zoroastro?

Por desgracia, desde el óbito del Duque

son tiempos sombríos.

Esos mercenarios, serán los únicos con empleo.

Y hablando de empleo,

ha nacido muerto un ternero con dos cabezas.

Te lo traeré.

El último cadáver que me trajiste ya estaba descompuesto.

Robar cadáveres es como pescar. Estás a merced de lo que pica.

A la mierda. Echa un vistazo a esto.

Mi última empresa.

Se llaman "cartas del tarot". Se usan para adivinar la fortuna.

Nico, escoge una. A ver si cuadra con tu temperamento.

- El Loco. Es un truco. - ¿Ah, sí?

¿O canalizo los poderes de los Antiguos?

¿Con cuántas mujeres te ha servido esa frase?

Con una cantidad respetable.

Y con un buen número de caballeros.

Un naipe no solo adivina el temperamento, también el futuro.

¿Te atreves a ver el tuyo?

Dime.

No te lo calles.

El Ahorcado representa el sacrificio.

La suspensión entre la vida y la muerte.

Y luego, quizá, un gran despertar.

Soy idiota.

Los mercenarios.

Vienen a venderse porque Florencia no tiene ejército.

¿Y si hubiera un modo más lucrativo de traficar

- con la inquietud de la República? - ¿Cuál?

Debería promocionarme,

como ingeniero militar, no como pintor.

La guerra siempre ha sido la sirvienta del progreso.

Si quiero explorar mis ideas,

debo disfrazarlas como la defensa de Florencia.

¿Por qué la guardia molestará a ese hombre?

Es turco. Pagano. ¿No es suficiente?

No. No, esta no es tu lucha.

¿Cuándo me ha detenido eso?

¿Hay problemas por aquí?

Vuelve a tus dibujos, pintamonas. No es asunto tuyo.

Veréis, desgraciadamente, tengo un defecto en mi carácter

que me impele a intervenir cuando la estupidez asoma la cabeza.

¿Lo veis?

Eso era una estupidez, no tenía bien agarrada la espada

y ahora está ante este hermoso "spada filo".

Más estupidez.

De haber preguntado por ahí, sabrías que soy ambidiestro

y perfectamente capaz de luchar con dos.

O incluso con tres simultáneamente.

Molestad a otro, Dragonetti.

Esta noche has cometido un grave error de cálculo, artista.

No es la primera vez.

- ¿Estáis bien, señor? - Estoy más que bien.

"Soy un hijo de la Tierra y del Cielo Estrellado".

Regreso a Constantinopla pasado mañana.

Pero me hospedo en la Posada del Cisne Negro.

Venid a verme antes de que parta,

maestro.

Qué raro.

¿Qué te ha dado?

Una propina, creo.

Y va y resulta que era su madre.

Las mismas posaderas, rostros muy diferentes.

Cuando quise darme cuenta le lamí una teta.

Llévatelo, Nico.

¡Dios! No llegaría solo a casa.

Pero ha sonado el toque de queda. Habrá rufianes por ahí.

Me integraré bien. Vete.

- Oye, Leo. - ¿Qué?

No te hice sacar el Ahorcado.

Fuiste tú.

Era un augurio. Como el ternero de dos cabezas.

Yo no creo en los augurios. Y tú, tampoco deberías. Vete.

- Bueno... - Venga.

Vale.

Sé que sois vos, Dragonetti.

¿No habéis aprendido la lección antes?

Quizá algo, sí.

Ya basta.

Debí imaginarlo.

La gente habla de ti.

Y no de modo halagüeño.

- Poco me importa lo que digan de mí. - ¡A mí sí!

No mancharás el nombre de la familia

con tu tono irrespetuoso y tus vulgares intentos de promocionarte.

- Deberías desheredarme entonces. - Eres mi primogénito.

Y por más que desearía repudiarte,

nuestras reputaciones están entrelazadas.

¿Primogénito?

Lo dices como si...

Mi esposa, Margarita, me dio un hijo.

La semana pasada.

Un legítimo heredero.

Lo acompaño en el sentimiento.

No sé cuánto tardará el pobre imbécil en maldecir su linaje.

Tu rango dentro del orden social está definido.

Deberías empeñarte en conservarlo.

Apártate de los Medici, Leonardo.

- No volveré a advertírtelo. - Seguro que sí.

- ¿Por qué me lo pones tan difícil? - ¡Es mi naturaleza!

¡Veo las cosas como son y no como deberían ser!

¡Habla pues!

Eres... un pobre hombre.

Nunca alcanzarás la grandeza.

Mientras que yo... ya lo he hecho.

Te encuentras en una mazmorra,

a punto de ser golpeado una y otra vez

por hombres que saben golpear a conciencia.

Eso es lo que has logrado, Leonardo.

Te veo mucho más maltrecho que yo.

Curioso.

- Debería verte un médico. - Estoy bien.

Hoy van a ejecutar a un judío.

Al parecer lo pillaron robando en una librería.

Será un buen espectáculo.

La muerte de un hombre no debería llamarse espectáculo.

Aquí da mucho el sol, ¿podemos ir a la sombra?

- No. - ¿Por qué?

Porque cada mañana, a esta misma hora,

Lucrezia Donati viene a este preciso lugar a comprar flores.

Ahí está.

Nico, entrégale esto.

Que sepa de quién viene.

¿Qué diablos te propones?

- Quiere hablar con vos. - Ajá. Dile que no puedo.

- ¿De verdad la vas a rechazar? - Díselo, Nico.

La ocasión lo es todo.

Ahora no puede.

¡Observad! ¡Un criminal entre nosotros!

¡Un judío nada menos!

¡Ved cómo baila! ¡Ved cómo cuelga!

¡Traed fruta y traed piedras!

¡Que Dios proteja a la República de Florencia!

Soy un hijo de la Tierra y del Cielo Estrellado.

Tengo sed.

Por favor, dame de beber de la fuente de la Memoria.

¿Estáis bien, maestro?

Tengo que irme

¿Se hospeda aquí un extranjero?

Un turco.

Dijo que lo encontraríais en las ruinas romanas. Al norte.

- ¿Fumáis conmigo, Da Vinci? - Depende de lo que haya en la pipa.

La Historia es una mentira

alimentada con veneno por gente que oculta la verdad.

Dentro de unos siglos,

vuestra historia también será ocultada.

¿Cómo es posible que sepáis eso?

¿Habéis oído la frase "el tiempo es un río"?

Lo que no comprende la mayoría es que el río es circular.

La muerte de un hombre abre la puerta al nacimiento de otro.

Hoy he visto ejecutar a un hombre. Me dijo una cosa.

"Soy un hijo

de la Tierra y del Cielo Estrellado.

Tengo sed.

Por favor, dame de beber de la fuente de la Memoria".

Es una invocación.

Para que los miembros de nuestra fraternidad se reconozcan.

No soy un miembro.

¿Estáis seguro?

Este templo fue un lugar de adoración

para una religión que se originó mucho antes de Cristo.

Se nos conoce como "Los Hijos de Mitra".

Mucho de lo que llamáis "progreso",

ha sido solo cuestión de recordar lo que se había olvidado.

Esa sabiduría se recopiló en un compendio llamado

"El Libro de las Hojas".

Hace poco surgieron pistas sobre la localización del libro.

Abraham ben Yosef seguía esas pistas

cuando fue detenido y ejecutado.

Quizá sepáis algo del Archivo Secreto

que el Vaticano ha recopilado.

Nosotros preservamos y difundimos el conocimiento.

Ellos quieren alterarlo y suprimirlo.

Todavía no comprendo qué tiene que ver eso conmigo.

¿Qué sabéis sobre vuestra madre?

Casi nada.

Ella desapareció. Era una sirvienta, creo.

Era una esclava.

Raptada en Constantinopla contra su voluntad.

¿Recordáis un incidente que ocurrió en vuestra niñez?

¿Lo habéis borrado?

Era un niño, en Vinci.

Me mandaron a buscar una oveja que se había descarriado.

Hallé una cueva.

Me daba miedo entrar, pero... sentía curiosidad.

Así que me aventuré y entré.

Las horas siguientes están en blanco.

Recuerdo que salí trastabillando.

Mis manos y mi rostro

estaban cubiertos de sangre.

Y de algún modo sabía que no era mía.

Algún día, beberéis de la Fuente de la Memoria.

Y sabréis más sobre lo que ocurrió en aquella cueva.

Cuando llegue el día, volveremos a vernos.

¿Qué haré hasta entonces mientras?

Buscad el "Libro de las Hojas".

El sino os ha escogido, Leonardo.

- No creo en el sino. - ¡Pues creed en vos!

- ¿Y dónde inicio la búsqueda? - Con el Ahorcado.

La sede del alma.

Él ya os ha abierto la puerta.

¿Y mi madre?

Os estará aguardando al otro lado.

Lo único que debéis hacer es entrar.

Maestro. Maestro, ¿me oís?

¡Maestro!

Te buscamos desde anoche. ¿Qué ha pasado?

El turco estuvo aquí.

Había... un altar.

Una estatua.

Debían de pesar una tonelada.

Este sitio lleva siglos vacío, Leo.

Maestro, la guardia nocturna os ha buscado también.

Lorenzo Medici os manda llamar.

Leonardo di ser Piero... da Vinci.

Mi amante, Lucrezia, parece que piensa

que tenéis un singular talento para el retrato.

Insiste en que vos y nadie más, sea quien capte su belleza.

- Diría que tiene buen gusto entonces. - Un aviso, señor.

Este hombre tiene la reputación de aceptar muchos encargos

pero acabar pocos.

Lidio con los detalles. Me aburro enseguida.

Consideradlo un defecto.

Pues con este encargo, más os valdría terminarlo.

En lo tocante a la Srta. Donati,

el aburrimiento es lo último que temo.

Haré que vuestro padre redacte el contrato.

Señor, si me permitís, tengo otros diseños.

Tengo unos diseños que seguro pueden interesaros.

Esto puede incrementar la capacidad de fuego de vuestros artilleros.

Mientras se dispara la batería superior,

la batería inferior puede cargarse y puede enfriarse también.

Los cañones están dispuestos en abanico

para distribuir mejor los proyectiles.

- ¡Ya está bien! - Esto es un carro acorazado.

La propulsión la consiguen dos hombres alojados

en el interior que manejan palancas que hacen rotar las ruedas.

Una máquina voladora.

Inspirada en las alas del murciélago.

Locuras.

- Si el hombre debiera volar... - Habría nacido con alas.

Lo mismo podría haberse afirmado

antes de la pólvora o la rueda.

O cualquier otra invención desde el fuego.

Creo que el hombre volará.

Y baso esa idea, en el hecho de que Dios

nos ha bendecido con mentes capaces de imaginarlo.

Cualquier cosa que pueda imaginarse podrá acabar construyéndose.

Quien diga lo contrario, es un iluso.

¿Qué proponéis exactamente?

Deseo ser empleado

como ingeniero militar.

Soy humanista, Da Vinci.

No estoy interesado en hacer la guerra.

Y vuestro humanismo es precisamente por lo que habrá guerra.

Florencia no tiene ejército regular. Ni Roma.

Por necesidad ambas se han aliado con estados que sí tienen.

Florencia con Milán y Roma con Nápoles.

La muerte de los Sforza ha trastocado el tablero de juego.

Necesitáis armas propias, magnificencia.

Os pagaré un modesto estipendio

para ver si vuestros artefactos pueden fabricarse.

- ¿Digamos cien florines? - Cincuenta.

Y si seguís regateando, os rebanaré la lengua.

Como digáis, señor. Gracias.

Habéis usado a Lucrezia para tener acceso a mí, ¿cierto?

Uso todo recurso a mi disposición a fin de conseguir mis metas.

Listo.

Pero os aconsejaría no ser demasiado listo conmigo.

Un reloj pierde su esplendor

cuando se ven los engranajes que oculta su esfera.

Entendido.

¿Hay algún problema?

En absoluto.

Buen día.

Ahí está el clan Pazzi.

El intrigante Francesco y el viejo Jacopo.

Seguramente la familia más antigua de Florencia y la más irascible.

La familia Pazzi os confía, Lorenzo de Medici,

este nuevo fuego

prendido con piedras de la Iglesia del Santo Sepulcro.

Como es nuestro derecho.

Concedido a nuestro antepasado por sus actos en la primera Cruzada.

La Columbina va a volar.

Bienvenidos todos a la casa de Dios.

Las llamas del ave fénix te favorecen.

¿Siempre estás tan melancólico con las putas con las que te acuestas?

No eres una puta, señora.

No tenemos que continuar fingiendo, señora Donati.

Sabía que eras tú desde que te vi.

¿Cómo lo supiste?

Te dibujé.

Tus rasgos, tu figura, tu porte...

La pregunta más pertinente es:

"¿Por qué arriesgaría una noble su reputación por un humilde artesano?".

¿No trata de eso el Carnaval?

¿De fingir por una noche que somos lo que no somos?

- No, creo que hay algo más. - Sí.

Dime qué.

Te intrigó mi dibujo. Así es.

Y sentiste que yo captaba un aspecto de ti

que permanece oculto a tu marido, incluso a tu amante, Lorenzo.

Únicamente ves ese aspecto

cuando observas tu reflejo en un espejo

y encuentras a una extraña que te devuelve la mirada.

Sabías que te buscaría.

Bueno...

Intento descubrir qué motiva a la gente y actúo en consecuencia.

La manipulas.

Digamos que redirijo sutilmente su trayectoria.

Lorenzo se quedó cautivado por tus diseños.

¿Puedo ver una de esas maravillas?

¿Qué es eso?

Sirve para frenar la velocidad de descenso.

Sí.

¿Y en qué circunstancias podría encontrar uso para eso?

Pongamos que estás atrapada en una fortaleza.

- ¿Una fortaleza? - Una fortaleza

que acaba de invadirse.

Podrías amarrarte a esto y flotar con absoluta seguridad.

Gracias a Dios.

Creo que el interés de Lorenzo por ti está justificado.

Pero dime.

He arriesgado mi reputación acostándome contigo.

Tú te has expuesto más.

Quizá incluso a morir.

¿A qué atribuyes mi imprudente conducta entonces?

- Al amor. - No seas absurda.

Me viste, me dibujaste y te enamoraste. Sin más.

Añade el hecho de que soy el fruto prohibido.

Y tu sino estaba sellado.

Eres la tercera persona que me habla sobre el sino esta semana.

Quizá debas empezar a escuchar.

El Archivo Secreto solo está abierto

para los consejeros más próximos a Su Santidad.

Por razones obvias,

no podemos dejaros entrar por la puerta principal.

Qué grosería.

Os prometí pagaros antes.

Supongo que os satisface.

Su Santidad.

- Traigo noticias de Florencia. - Adelante entonces.

Un nuevo actor ha subido al escenario.

Un artista conocido como Leonardo da Vinci.

Los Medici lo han empleado para diseñar armas de sitio.

Los artistas son tan comunes como los bufones.

No veo razón para que la noticia nos inquiete.

Este artista es diferente.

Sus ideas son inusuales y revolucionarias.

Mi agente en Florencia.

¿Confiáis vuestra información a una mujer?

Si busco transmitir un mensaje,

uso medios que otros rechazarían de inmediato.

Si no me equivoco, sois Lupo Mercuri,

- archivero del Archivo Secreto. - ¿Y qué pasa?

Que tal vez os interese saber

que Da Vinci ha contactado con el turco.

Busca algo llamado el "Libro de las Hojas".

Parece que el turco ha hallado un nuevo paladín.

Continuad vigilándolo. Por si puede ser reclutado.

¿Y si no puede ser?

Entonces, Da Vinci se consumirá en las llamas del Infierno

con el resto de los enemigos de Dios.

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