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Original subtitles

¡Hola!

Hueles alcohol desde aquí.

Ha sido una copa. Tengo derecho, ¿no?

¿Con quién estabas?

¡Contesta!

¿Lo has pasado bien?

Julien, por favor, no sigas.

Contéstame.

Sí, muy bien. Lo he pasado bien.

Mejor que contigo.

Señora Engolt, acabaremos encontrando el cadáver de su marido.

Así que le sugiero que tenga una actitud diferente

o lo pagará en el juicio.

Le queda un minuto.

Sepa que mi cliente está afligida por la desaparición de su marido.

Sí, tal vez, pero tenía motivos para deshacerse de él.

Eso no es ninguna prueba.

Al casarse, le cayó el gordo de la lotería.

Encontró una familia, una fortuna...

Él pide el divorcio, usted lo elimina y se lo queda todo.

Son conjeturas.

20 segundos.

Usted no lo conocía.

¡Ah ¿Ha oído? "¡Conocía!"

15. 12. En pasado.

¿Habla de él en pasado por una desaparición?

Es un poco raro.

Mire, creo que después de 23 horas y 59 minutos detenida,

podrá permitirse un error de conjugación.

Ah, perdón. 24.

Se acabó.

Señora Engolt, sígame.

Adiós.

Gracias, señor Baranès.

¿Ya puedo irme a mi casa entonces?

Se lo pasa bien en las detenciones, ¿no?

La llamada al médico, el derecho al silencio...

Sí. Como sabe, son derechos fundamentales.

¿De verdad disfruta tanto defendiendo a gentuza?

Verá usted, me temo que hoy no es el mejor día para zanjar

la guerra entre abogados y policías.

Pero, a la próxima, estaré encantado de hacerlo.

Buenos días.

¿Qué pasa?

Nada. Todo va genial.

Vale.

¿Te interesa un homicidio con un cadáver tangible?

Por supuesto que me interesa. ¡Guau!

Ten.

Grégory ya está allí. Esa es la dirección.

¡Gracias, jefe!

"Las consultas.

La correspondencia intercambiada entre abogado y cliente

y todos los documentos del expediente están protegidos

por el secreto profesional que prohíbe su comunicación."

Vamos a ver...

El señor Baranès nos ha hecho llegar este documento.

Gracias.

Natacha Engolt renuncia a la herencia de su marido.

Además, le han asignado otro caso nuevo.

Stéphanie Leroy, 35 años, muerta en su domicilio.

Bien...

¿Qué tenemos?

Hemos encontrado marcas de estrangulación

y tenemos aquí a Julien Leroy, 42 años.

Casado desde hace 12 con la víctima.

Buenos días.

Señor Leroy, ¿puede relatarnos lo sucedido?

No sé qué ha pasado.

No lo sé.

Solo necesito que repita lo que me ha dicho antes.

No sé. Aún no lo entiendo.

No sé... No sé lo que me pudo poner así.

Apreté.

Apreté con fuerza y forcejeó.

Yo no quería hacerle eso, se lo aseguro.

¿Matarla? No, claro, eso dicen todos los feminicidas.

Lo llevamos a los juzgados.

Stéphanie volvió tarde a casa, como siempre.

Habría quedado con algún tío.

¿Estaban separados?

Claro que no.

Pero ella quería saciar sus necesidades.

¿Necesidades que ya no quería saciar con usted?

No, no era cosa de ella, sino mía.

Yo no podía.

Stéphanie perdió la movilidad de las piernas en un accidente

hace dos años y dejó... Dejó de ser la misma.

No era por la discapacidad.

Era solo que se volvió muy fogosa.

¿Tenía citas a menudo?

Bastantes. Mediante aplicaciones.

¿Y la gota que colmó el vaso fue anoche?

Sí.

Perdonen un segundo.

¿Qué ocurre?

"Tengo el informe preliminar de la Científica."

¿Qué dice?

"Stéphanie Leroy murió por envenenamiento."

Gracias.

¿Sabe dónde estuvo su mujer ayer por la noche?

No.

Pero iba a un bar a menudo. El Último Bar de Irlanda.

Pero no sé si fue ayer, ¿por qué?

Ya ha llegado el informe preliminar de la Científica.

Y su mujer no...

No murió estrangulada, sino por envenenamiento.

¿Significa que yo no la maté?

Significa que usted lo intentó y que lo logró otro.

¡Ah!

Señor Duval, no es que pretenda aguarle la fiesta a su cliente.

Sin embargo, quizá le vendría bien que le explicara

el concepto de intencionalidad en derecho.

Claro.

Verá, según la ley, la pena es la misma

por tentativa de homicidio que por asesinato.

Sigue arriesgándose a cadena perpetua.

Buenos días. Buenos días.

Agentes Kieffer y Tancelin.

Buenos días. Oiga, ¿conoce a esta mujer?

Sí, es Steph. Viene mucho por aquí.

De hecho, vino ayer.

¿Con quién estuvo? ¿Se acuerda?

Como siempre, con un tío.

De 10:30 a 12:30 o por ahí.

Él, un spritz; ella, un margarita.

Vale, ¿y cómo era el tío?

Pues guapo. Menos que tú, pero estaba bueno.

- ¿Pagó con tarjeta? - Sí.

De hecho, me pidió factura para su negocio.

Tenga.

Tome, mi tarjeta. Por si duda.

Ya estoy dudando.

No puede ser.

¿El tipo que iba con Stéphanie se parecía a este?

Sí, ese era.

Es Baranès.

Vale. Gracias.

Gracias.

¿Sí?

Engolt y Baranès han llegado. Bien.

Quiero hablar con el señor Baranès un momento en privado, por favor.

Gracias.

Siéntese, por favor, letrado.

¿Conocía usted a una tal Stéphanie Leroy?

Sí. ¿Por qué?

Resulta que falleció anoche.

Lo siento mucho.

Pero si anoche estuve con ella y la acompañé hasta su casa.

El marido, ¿verdad?

No, el caso es complicado.

Al parecer, ha sido envenenada

mientras se tomaba una copa con usted, para más señas.

¿Conmigo? Sí.

¿Qué está insinuando? ¿Que fui yo quien la mató?

No, no insinúo nada, letrado.

Pero está implicado en una investigación penal.

Si la conocía desde que éramos niños.

Vivíamos al lado, en el mismo edificio.

Tras el accidente, fui corriendo al hospital.

Siempre estuvimos muy unidos.

Lo siento mucho. Le acompaño en el sentimiento.

La investigación no tendrá problema en reconocer su inocencia.

¿La investigación?

¡Ah, entiendo! Están deseando investigarme.

Así tendrán acceso a mis casos y al de Natacha Engolt.

Oiga, ¿no estará hablando en serio?

Le pido que retire eso, por favor.

Y yo que averigüe quién le ha hecho eso a Stéphanie.

Mire usted, por suerte, ese es mi trabajo.

¡Que nadie toque mis expedientes!

Pase.

Gracias.

Señora Engolt, siéntese, por favor.

Señor Baranès, ¿empezamos?

Empecemos.

Vamos a ver si... ¿Nos vamos?

Sí, espera.

Cruz, te toca interrogar a Baranès.

¿Qué dices? Tenemos que ir los dos.

Pero, como vaya, le parto la cara.

Cruz.

Vale.

¿Era una trampa? Sí.

El señor Baranès está en los juzgados.

Pierde su tiempo.

Yo nunca pierdo el tiempo. Descuide.

Además, está usted.

Yo no tengo nada que decir.

Ya, vale.

¡No toque eso!

Stéphanie Leroy, ¿le suena de algo?

No.

Es la mujer que estuvo anoche con su jefe.

Y yo qué sé con quién queda él de noche.

El informe final de la Científica ha llegado.

¿Y qué tal?

Muy original.

El veneno era atropina.

Es un colirio que usan los veterinarios.

Difícil de rastrear porque como ellos no necesitan receta...

Estaba camuflado en el spritz que había en su estómago.

- Era un margarita, ¿no? - Spritz.

Envenenaron el spritz.

Él un spritz y ella un margarita, nos dijo.

No toque nada.

Nunca lo haría.

¿Se cambiaron las copas?

¡El objetivo era Baranès!

¿Qué?

Greg, ¿aún estás ahí?

Sí, pero él no está. Solo su asistente.

Vale, cuidado. Querían matar a Baranès.

¿A Baranès?

¡Mierda!

¿Greg?

¡Greg!

"Greg, contesta."

¡Abran paso!

Tiene que esperar aquí. No puede pasar.

Voy preparando todo. ¡Daos prisa!

- Hola. - Hola.

¿Se encuentra bien?

Habrá sido horrible.

¿Me podría decir si ha llegado a verle la cara a su agresor?

Bueno, es que llevaba capucha.

- ¿Sí? - Y era...

Era... No sé, la verdad es que no me acuerdo bien.

¿Sabe?

Entiendo. No se preocupe.

Hablamos luego. ¿De acuerdo?

¿Sabe si le han robado alguna cosa?

No estoy seguro aún.

¿A qué vendrá todo esto?

¿Ayer intentan envenenarlo y hoy entran a robar?

Fue a Stéphanie a quien envenenaron.

¿Ya no se acuerda de que se intercambiaron la copa?

¿Iban a por mí entonces?

¿Usted qué cree?

O sea, que ha muerto por mi culpa.

Bueno... ¿Sabe quién podría haber sido?

Pues entre los clientes descontentos con sus juicios,

la parte contraria cuando gano, los abogados celosos,

la lista es eterna.

Pues habrá que requisar sus expedientes

para ver si hubiera alguna pista por aquí.

No, de eso nada. ¿Le suena el secreto profesional?

¿Puedo serle sincero?

Tengo un compañero entre la vida y la muerte.

Así que su secreto profesional me lo paso por ahí.

Siento mucho lo que le ha pasado al subinspector Kieffer, comisario,

pero no se llevará mis expedientes.

Ya.

Si es verdad que tanto lo siente, no nos complique más las cosas.

Tendré en cuenta su propuesta.

Sí, sí, hágalo.

Con azúcar, como te gusta.

Gracias.

Lo están operando, pero... no son demasiado optimistas.

Se va a poner bien. Es fuerte.

Soy idiota, Justine.

Debí ir con él.

No es culpa tuya.

El responsable es quien ha disparado.

Gracias por venir.

Es un detalle.

Sé lo que es.

Alain perdió a un hombre en una operación

y se culpó durante meses.

No te eches tanto azúcar en el café. ¿No te da asco?

Es malísimo para la salud.

Te escucho.

Baranès, el brillante abogado, el mejor de su promoción.

Trabajó en varios bufetes antes de abrir el suyo.

Sí, lo conocemos.

Es de los mejores abogados de la zona.

Háblame de los casos más delicados de los que se ha ocupado.

Caso Andreani.

Violador reincidente.

Baranès logró absolverlo, lo cual indignó a las familias.

Caso Senka.

¿El del futbolista acusado de matar a su mujer?

Sí. ¿Se ocupó él de su defensa?

No, de la de la víctima.

Le cayó la perpetua y se puso furioso.

Caso Malvoisine.

A su defendido le cayeron diez años y le amenazó de muerte.

Vale, ¿y Engolt?

Sí.

Su hijastra le acusó de matar a su marido.

Y, de momento, se niega a proporcionarnos información

de los expedientes.

No queda otra opción.

Me voy a ver a la jueza.

Claire, ya sé que estás muy unida a Grégory.

Es buen tipo y duro de pelar.

Saldrá de esta.

Hasta luego.

¿Por qué has venido?

Por Beranés, que no quiere colaborar dándonos acceso

a expedientes sensibles.

¿Cómo estás tú?

¿Cómo lo estás llevando?

Pues bueno...

Perdona.

Estaré mejor cuando pille al hijo de puta que ha disparado a Grégory.

¿Ya está en planta? Todavía no.

He hablado con su mujer. Bueno, con su ex.

La madre de su hija.

Y no sabe cómo decírselo a la niña.

¡Cómo la entiendo a la pobre!

Creía que, al retirarme de la acción y hacerme comisario,

ya no te angustiabas.

¿Te arrepientes?

No.

Me gusta la acción, no te voy a engañar, pero no.

Eso me dio tiempo.

Tiempo de estar más con Margaux.

Y contigo.

Voy... Voy a hablar con Baranès.

Le diré que os dé esos expedientes.

Muy bien. Gracias.

A ti. Pues tenme al tanto.

Y tú. Sí.

¡Señor Baranès!

Señoría... ¿Por qué no coopera con la Policía?

Me niego a que fisgoneen mis expedientes.

Su amiga ha muerto. Hay un policía herido.

¿De verdad no quiere ayudarnos?

Denme algunas horas. Conseguiré pistas.

No, esto no va así y lo sabe de sobra.

Somos nosotros los que investigamos.

Si Stéphanie fuera tan amiga como dice,

nos ayudaría a dar con el culpable.

¿Ve esta toga? Stéphanie me la regaló al prestar juramento.

Sin ella, no lo habría logrado. No sería abogado.

Entonces ayúdenos.

Nadie quiere dar con su asesino más que yo.

Pero, si acceden a esos expedientes,

quebrando el secreto profesional, deshonro esta toga y a Stéphanie.

Cierra la puerta.

¿Por qué no fuiste con Grégory a casa de Baranès?

Tenías que ir.

Es el protocolo.

Un policía no se expone solo al peligro.

¿Crees que no sé que la cagué?

Llama a inspección y denúnciame.

¿Cómo me dices eso?

¡No!

Yo asumo mis responsabilidades, ¿vale?

Por eso les he dicho que fui yo quien tuvo la iniciativa de enviar

a Grégory a casa de Baranès solo.

Y, de paso, he aprovechado para comentarles

la falta de efectivos que hay.

Eh... Gracias.

Joder, Vanessa, tienes todo para ser buena policía.

Lo único que te falta es aceptar el principio de jerarquía,

porque la jerarquía te permite repartir

y diluir las responsabilidades.

No es tan complicado.

Esto no es el cine, joder.

Como no cambies de método, te irás a la mierda.

Escúchame.

Tienes dos prioridades.

Primero, trabajar bien en los casos

y después cubrir a tus compañeros ante el peligro.

¡Tus compañeros!

¿Queda claro?

Creo que lo he entendido.

Consultar los expedientes de mi colega conllevaría

el incumplimiento del principio de confidencialidad

con nuestros clientes.

Si ellos no confían en su abogado, entonces la justicia perderá

el frágil equilibrio del que depende.

Tiene razón, señor presidente, pero no busco causar un perjuicio.

Ni en usted ni en su oficio ni en el señor Baranès.

Aunque la idea tampoco le disgusta del todo, sospecho.

Perdone, ¿qué está insinuando?

Sé que los métodos de mi colega pueden no gustar

y mucho menos a una jueza como usted.

Pues se equivoca.

Creo que Baranès es alguien con talento que vela

por el interés de sus clientes.

Pero me permitiré señalarle un error que comete.

El no ayudarme envía un feo mensaje:

que los abogados entorpecen la labor de la justicia

y que no les importa la vida de un agente de policía.

¿Seguro que ahora mismo es oportuno dar esa imagen a la prensa?

Ha heredado el carácter de su padre.

- Hola. - ¿Se puede saber qué hace aquí?

Naturalmente. Verá, se llama orden de registro.

Tenemos permiso del presidente del tribunal.

El señor presidente está ahí para garantizar que actuamos

conforme a la ley. No pueden hacer esto.

Sí podemos. La ley lo permite.

Pero los casos Andreani, Malvoisine y Senka no están en las cajas.

- François. ¿Dónde los has dejado? - Pues...

- No lo sé. - ¡Vaya!

Me los habrán robado en el allanamiento.

¿Sí? Qué casualidad. Es perfectamente posible.

Muy bien, pues como todo es posible...

Señor Baranès, son las 17:15. Queda usted detenido desde ahora.

¿Cómo?

Por favor, subinspectora Sorel, póngale las esposas.

- ¿Puedo saber por qué motivo? - Por obstrucción a la justicia.

No es solo al señor Baranès a quien están deteniendo,

- sino a la profesión al completo. - En marcha.

No.

Qué bien estás.

No es mal hospital.

Y es casi más animado que el curro.

Te echamos en falta.

Yo te echo en falta.

Y tengo que darme cuenta ahora de cuánto te echo en falta.

No sé por qué no te lo había dicho antes.

¿Qué tal?

Ha salido de quirófano.

Le han inducido el coma. Sabremos algo en 48 horas.

Han encontrado restos de ADN del agresor, pero no está fichado.

Soy ridícula.

Díselo. ¿El qué?

Que le quieres.

En esta vida hay que decirlo todo.

Si no lo haces y muere, te arrepentirás.

Abogado busca abogado. Buen titular.

¿Pensabas que no habría una campaña mediática?

He seguido el protocolo.

Pues ahora tengo al sindicato encima y van a por ti.

Y yo a una mujer envenenada y a un agente en coma.

Así que tu sindicato de abogados... Procura apaciguar los ánimos.

Por supuesto. Por eso no temas.

Lo último que quiero es darte problemas.

Vale, esto aquí.

Se pondrá histérico cuando salga del calabozo.

¿Cree usted que volverá hoy?

Seguro que llegarán a un acuerdo con la jueza.

¡Mire por dónde! Es el señor Baranès.

Es verdad. Han llegado a un entendimiento.

¿Qué dice? Ya hay acuerdo con la policía.

Dale el expediente al agente Sorel. Pues venga.

¿Te ha ido bien en el calabozo? De maravilla.

Nos habríamos ahorrado perfectamente ese mal trago.

Solo debía darnos sus expedientes.

Sobre todo, los que le hemos pedido varias veces.

Pues me los han robado. ¿Dónde los tiene escondidos?

Han registrado el despacho del señor Baranès.

Han registrado su domicilio, pero no han encontrado nada.

¿Verdad? Porque los esconde en otro lado.

Levántese, letrado. ¿Qué hace?

No tiene la menor prueba que demuestre

que no han robado los expedientes.

Por lo tanto, o imputa a mi cliente, que no puede; o acaba de una vez

con esta farsa.

¿Y qué quiere? ¿Que lo suelte Por las buenas?

¿Es consciente de que hay alguien que quiere matarlo?

¿Eso quiere? Pues bien, puede irse.

Le deseo mucha suerte.

Que tenga un buen día, señoría.

Oh, Dios.

Por cierto, una duda.

¿Cómo lograste averiguar el pin de Baranès?

Ah... Todo el mundo hace igual.

El de fábrica es 0000.

Si lo cambian, 1234 o la fecha de nacimiento.

¿Cuál es el tuyo?

Bueno, creo que lo voy a cambiar.

No toques. Órdenes de la jueza.

Un vistacito. Quieta.

¿No la has liado ya bastante?

Una página.

De verdad...

En resumen, señoría, que aún no se ha dicho la última palabra.

Pero por lo menos no seguiremos dando palos...

Me gustaría saber cómo pude escribirle este mensaje

a mi asistente estando detenido y con el móvil bajo custodia.

Algún tejemaneje de Rameau y Tancelin.

Perdone usted, pero yo no sé nada. Ahora me acabo de enterar.

- Sí. Deme mis expedientes. - Letrado,

sus expedientes han sido requisados de forma muy poco ortodoxa.

Pero respecto al caso del asesinato de Stéphanie Leroy, ha mentido.

Les mintió a ellos y a mí fingiendo que se los habían robado.

Lo siento. No puedo seguir defendiéndolo.

Ni yo ni el Colegio de Abogados.

La jueza Rameau no tiene los expedientes. Es la policía.

Les he pedido que no los consultaran antes de enviármelos.

La jueza no podrá consultar los casos que usted lleva.

Yo me aseguraré de ello.

No lo dudo. Que tengan un buen día.

Muchas gracias por su ayuda, señora Dore.

Estos son los expedientes que la jueza Rameau

no puede consultar sin quebrantar el secreto profesional.

¿Qué es lo que busco exactamente?

Amenazas contra el señor Baranès y algún perfil que concuerde

con envenenamiento por atropina.

Médicos, farmacéuticos, veterinarios...

Cualquiera que pueda obtener esa sustancia con cierta facilidad.

Veamos...

¿Va a estar ahí todo el rato?

En teoría, sí.

Y sobre todo, en la práctica.

¿Conoces al inspector Marty? Es un encanto.

Guapo, gracioso...

Seguro que os llevaríais de maravilla.

¿Qué estás diciendo? No me estarás arreglando una cita.

¿Por qué no?

Eres tú quien grita a los cuatro vientos que se terminó con Alain.

Pues demuéstralo. Tienes que volver al ruedo, chica.

¡Vaya risa! Me muero de ganas. Gracias.

A menos que sigas queriendo a Alain, en cuyo caso deberías espabilar.

A ver si va a volver al ruedo él antes que tú.

No. ¡Eh, eh!

Anda, mira, el caso en Engolt.

¿Un veterinario, habías dicho?

¿Es un buen perfil?

Sí, tal vez. Pues ya lo tienes.

El primo de la señora Engolt es veterinario.

¿Dónde estaba ayer a 14:00?

En el Botánico, comiendo un bocadillo.

¡Miente! En el despacho de Baranès para robar el dossier de su prima,

- la señora Engolt. - No es cierto.

- Oiga, no son formas. - Y tuvo una pelea con un policía.

- Grégory Kieffer. - No, no es cierto.

¡Sigue mintiendo!

¿Por qué no lo habré dicho? Grégory Kieffer es muy amigo mío.

Hablamos de un policía que está en coma.

Mire, cómo estamos entre amigos, vamos a sincerarnos.

Esto es el informe de la científica.

Y como puede ver, había piel bajo las uñas del subinspector.

Que le arrancaría mientras discutían.

- ¡Suélteme! - Deje a mi cliente, inspectora.

Solo quería el dossier de mi prima.

Natasha había oído que la jueza iba a hacerse con ellos y...

Claro, como figura su nombre, temió que la jueza dedujera

que mató usted a su marido. Ese tío era un cretino.

Le hizo la vida imposible.

Lo pasó fatal. Y como no quería dejarlo...

Yo arreglé el problema.

¿Qué? ¿Con atropina?

Lo envenenó y escondió el cadáver en algún lugar.

Sí.

Vale.

E intentó repetir con el señor Baranès.

No, no, no. Yo no he intentado matar a Baranès.

Mire, yo quiero arreglar este entuerto también.

Así que, ayúdenos a entender por qué lo encubre el señor Baranès.

Él no sabe lo de la atropina.

¿A quién ha dicho lo del uso de la atropina como veneno?

Abogado. Pasante.

- Inspectora. - Buenos días.

¿Qué? ¿Ya sabe quién mató a Stéphanie

o viene a robarme el teléfono?

No, espere. Por favor.

Teniendo en cuenta lo mal que nos llevamos,

mejor que haya testigos. Sí, François.

¿Qué le ocurre?

Emmanuel Arneau.

Sí. Uno de mis primeros casos.

Era un constructor al que defendí en 2012.

Un albañil tuvo un accidente en una obra y lo denunció.

Exacto. Eso es. El albañil era Demi Coen.

Se rompió una pierna y no podía trabajar.

Y con el pretexto de que la noche anterior

había discutido con su mujer, logró usted hacerlo responsable

del accidente.

Bien jugado. No hubo indemnización.

Como usted siempre quiere ir un poco más allá,

lo demandó por daños y perjuicios.

Y con sus circunstancias, lo dejó usted en la mierda.

Se suicidó en dos meses.

No lo sabía. Pues ya lo sabe.

Ese hombre tenía un hijo. Tenía 16 años.

Su familia se desmoronó y él... En fin.

El chaval adoptó el apellido de la madre, de Lara.

François de Lara.

Señores. Dime, Claire.

Ha despertado.

No me lo puedo creer.

Qué bien.

¿Vienes?

Seguro que se alegra de verte.

Sí, sí. En cuanto pueda.

Niego haber intentado matar al señor Baranès.

Pero sí he querido perjudicarle.

Especifique.

Tengo copia digital de sus dosieres.

En unas horas estarán en Internet.

A mucha gente le darán paz.

Su vida corre peligro, Alexandra. Es importante.

Hallando al cómplice de François de Lara

localizaremos sus expedientes antes de que alguien se vengue.

Pero necesito que haga memoria de todo lo que pueda.

Por ejemplo, ¿dónde estaban sentados?

Estábamos en ese rincón.

¿Quién fue a pedir? ¿Usted? Sí.

Sí, fui allí, pedí la bebida, esperé y volví a la mesa.

¿Llevó usted la bebida?

Sí. ¿Se acuerda de quién los atendió?

No, no lo recuerdo.

Y cuando volvió a sentarse a la mesa, ¿ya no se movió?

¿Ninguno se alejó?

Stéphanie se fue al baño y yo me quedé.

Siempre hubo alguien en la mesa.

Si François hubiera estado, lo habría visto. Claro.

Sí. Además, Stéphanie lo conocía del despacho.

Se habría dado cuenta.

Perdona, voy un segundo a hacer una llamada.

¿Alan? No, De Lara no envenenó la copa.

Es totalmente imposible.

François de Lara.

Según los extractos de su tarjeta, se mueve poco, pero va semanalmente

al club de ajedrez. Suele ganar.

¿Por qué no has ido a ver a Greg?

Tenemos trabajo. Hay que avanzar.

Qué complicada eres.

¿Juega al ajedrez, dices?

Sí. Mierda.

Bien. Gracias.

¿Estás tú sola? Eso parece.

También parece que François de Lara tenía un cómplice.

Pues si, Vanessa opina lo mismo.

Y tenía una idea en mente cuando ha salido.

¿Qué? ¿A dónde ha ido? Eso no lo sé.

¿Qué entiende esta por la palabra equipo?

¿Tan complicado es?

Joder, estoy harto de que se haga la heroína.

¡Anda, si eres tú! ¿Cómo te va?

¿Está loca?

Vamos de visita a la comisaría a hablar de tatuajes.

Sobre todo de ese. El del tablero.

Venga.

Yo también tengo un tatuaje.

Mola un montón, pero lo llevo en un sitio

que no puedo enseñar ahora.

Qué pena.

A ver si adivino: cada gran acontecimiento de tu vida

te tatúas algo, y el más reciente es por tu novio actual,

un apasionado del ajedrez.

François de Lara.

¿Correcto?

¿Sabes cuánto puede caerte por cómplice de asesinato?

Entre 10 y 15 años, creo.

Tus próximos tatuajes serán un poco tristes.

Porque no te he dicho esto:

mi compañero, el guapetón, está en coma por este caso.

Así que quiero que esto te quede claro.

Hasta que no sepa lo que ha pasado exactamente, no pienso soltarte.

Lo sucedido a su amigo es culpa de François.

No, solo él. Stéphanie, su amiga, también está muerta.

Fue envenenada por culpa tuya.

No, no, no, no. Esperen.

Me trajo un bote, pero yo no sabía lo que llevaba.

Me dijo que era un laxante para ponerla en la copa

a modo de broma pesada.

¿Qué era?

¿Dónde está el disco con los dosieres de Baranès?

Será mejor que hables.

Justine. Ya está.

La cómplice de François acaba de confesar

que ella intentó envenenar a Baranès.

¿Ha dicho dónde está el disco duro?

¿Está todo aquí?

Sus dosieres. ¿Y no los ha mirado?

No. Por supuesto que no. Sigue sin mostrar confianza.

Le estoy muy agradecido, señoría.

Por el rigor y el cuidado con el que ha tratado este caso.

Gracias.

Le confesaré que me ha sorprendido su ética.

Su amiga Stéphanie habría estado orgullosa.

Gracias.

Así no voy a ligar con las enfermeras.

No, esa es la idea.

Por suerte me queda la camarera.

No, la he detenido.

He tomado mis precauciones. Ah, ¿sí?

Ajá. Vale.

Sin compromiso.

Nada serio. Algo casual.

Yo nunca he dicho eso.

No. No.

¿Qué te pasa?

¿Qué intentas decirme?

Nada.

¿Nada?

He estado pensando que...

Bueno, estaría bien que... No sé... Lo nuestro...

¿Sí, lo nuestro? ¿Qué?

Pues que fuera...

En serio.

En serio. ¿En serio?

Quiero estar contigo, Greg. ¡Ah!

¿Y Vanessa está bien? Sí, muy bien.

Está algo afectada, pero se le pasará.

En fin, espero no haber sido excesivamente duro con ella.

No, yo no me preocuparía.

Eres buen comisario. Ah, ¿sí?

Pues sí. ¡Anda!

Qué amable. Bueno, no es nada.

Perdón... Así.

¿Sabes? Echo de menos esto.

Sí, yo también.

Aún llevas la alianza.

Sí...

Oye...

¿Y si voy a buscar dos cervezas? Buena idea.

¿Te parece? Venga.

Venga.

¡Voy! A ver...

Si mal no recuerdo, era girando a la izquierda.

¡Sí!

Y... ¡Bam!

Oh, estupendísimo.

¡Fresquitas!

Divorcio Rameau.

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