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Crecí en el lugar más seco de la Tierra.
Nuestro pueblo se construyó en el desierto donde encontraron el salitre.
Mi papá trabajaba para la compañía minera.
Todos los hombres lo hacían.
Nosotros, los niños, esperábamos con ansias que pasara algo.
Pero cuando ocurría, algunos se asustaban.
Yo no.
¿Quién se atreve?
- ¡Un cigarrillo al que se meta! - ¿Nadie?
- Nadie. Son unos cobardes. No se atreven. - Yo tampoco.
- Yo menos. - No.
Ni loco.
- No. Ella para para allá. - No.
- No creo que se meta. - ¿Se meterá?
- No. - No, no creo.
Qué valiente.
¡No, no, no, no! ¡No vayas!
Por favor, don Nolasco. Déjeme pagarle la mitad ahora
- y la próxima semana le pago el resto. - No puedo, señora.
La leche, por favor.
- A la izquierda, ahí está. - Gracias.
Me callo para ahorrarte el sufrimiento que esa verdad te va a causar.
- ¿Es que se trata de algo tan horrible? - Sí.
Lo es.
Lo es.
Yo te quiero, Esmeralda.
Lo que sea, dímelo.
Lo soportaré.
Le buscaremos una solución.
¿Una colita del diablo?
Cuando lo sepas...
- Qué bonito. - ...tú mismo...
- Gracias. - Tu mismo me...
- Se ve sucio. Ya. - Lo sé.
Aun sufriendo por mí, me dejarás.
No querrás verme más.
Pero ¿por qué dices eso?
Sé que no será así.
Estoy seguro de mi gran amor por ti, Esmeralda.
Juan Pablo pidió el divorcio a Esmeralda.
- Mierda. - Soy su padre.
No lo sé, Juan Pablo.
- ¡No lo sé! - ¿Cebollas?
Sí.
Las flores que me diste
cuando me amabas,
se secaron al soplo
de tu inconstancia.
Y todavía...
Y todavía
eres tú la esperanza
del alma mía.
La promesa que hiciste
de amarme siempre
se disipó en el aire
cual humo leve.
Y todavía...
Y todavía
eres tú la esperanza
del alma mía.
¡Medardo!
¡Medardo!
¡No hay agua! ¡Vámonos a casa!
- Vamos. - ¿Por qué sigues? ¿Quieres rompes más?
¡Vámonos!
Medardo, vamos.
Oye, cojo.
¿Qué vas a exhibir el domingo?
Vamos a pasar una película de John Wayne.
¡El mejor western de la historia!
¡Por fin una buena!
- Sí, va a estar muy buena. - Qué hijos de puta.
- ¿Vienes a tomar algo con nosotros? - No.
Me voy a casa mejor. No...
- Claro. - Será mejor.
Si tuviese una mujer así esperando en casa, jamás me quedaría aquí.
¡Con suerte iría a trabajar!
- Tres días para el domingo. - Sí.
Y empiezan a salir juntos de nuevo.
Comidas de lujo, salones de baile...
Pero ella es mucho más joven que él.
- Como tú y mi papá. - No, más todavía.
Gary Cooper tenía cincuenta y tantos y ella, ni veinticinco.
Salí.
Está desocupado el baño.
Buenas noches, papá.
Buenas noches, mi bebé.
Entonces, se vuelven a encontrar en la ópera,
pero él desconfía de ella
porque ella tiene fama de haber tenido muchos amantes.
¿Por qué te casaste con mi papá?
¿No te gustaban los de tu edad?
En esos años, él no se veía tan mayor que yo.
El trabajo en la mina lo puso así.
A mí tampoco me gustan los niños de mi edad.
Todos los días eran exactamente iguales,
salvo los domingos.
A mi papá le venía muy bien el nombre "Medardo".
Tenía una fijación con los nombres que empezaban con "M".
Desde que descubrió que su mamá se llamaba Martina
y su papá, Magno.
María Magnolia, te estoy esperando.
Mariano, el mayor, tartamudeaba.
Amaba los westerns.
- Dame eso. - Mirto, el del medio,
prefería las comedias,
el fútbol y las mujeres.
- ¡Mirto! - ¡Ya voy!
A Marcelino, el tercero de mis hermanos,
le encantaba todo en blanco y negro.
Marcelino.
Ya, apúrate.
A mí, casi me bautizaron como "Marilyna",
en homenaje a Marilyn Monroe,
que no era conocida cuando se llamaba "Norma Jeane", según mi papá".
Mi mamá lo amenazó con separarse.
¡Apúrense, niños! ¡Vamos a llegar tarde!
Así que, al final, me nombraron María Margarita.
¿Te volviste a cambiar el peinado?
¿Por qué conformarse con ser luciérnaga
pudiendo ser estrella?
Y se llamaba María Magnolia.
Dos emes.
Si no hubiera sido así,
mi papá se hubiera casado con ella igual,
porque era misteriosa y amaba las películas, como él,
aunque siempre la ponían triste.
Nunca nadie supo muy bien de dónde venía.
Permiso.
Algunos decían que del otro lado de la cordillera.
¿Cómo está?
"Y Dios abrió el mar con su soplo poderoso".
Resulta que mi papá no era muy beato.
Estaba recitando una escena de Los Diez Mandamientos.
Los domingos eran el momento más feliz de mi papá,
como cuando Moisés abría el mar Rojo.
Ten, hija.
Tienes polvo en la cara.
Gracias.
Está roto.
Es el único que tengo.
- Hola. - Hola, buenas.
Unas pastillas "Pololeo"
- y malvaviscos para los niños. - Sí, ¿cómo no?
Y unas chocolatinas para mí, por favor.
Enseguida, señor.
Permítame invitarla, señora Castillo.
- No, no. - Insisto.
El azul le queda muy bien.
Uno para ti y uno para ti.
- Ten. - Gracias.
Los compró el señor Hauser.
- Estamos en la fila cuatro. - Vamos.
Vamos, apúrense.
- Muévete para allá. - Seguramente, viene solo.
Muévete para allá.
- Buenas. - No quiero sentarme en otro lugar.
Aquí está perfecto.
Disculpe. Perdóneme.
Perdón.
UN TIRO EN LA NOCHE
Marion Michael Morrison.
Tres emes.
Cómo no iba a ser una estrella John Wayne.
- ¿Cómo? Obvio. - Obvio.
John Wayne es el...
Mejor. Nadie desenfunda más... rápido que él.
No sé si es tan bueno como Kirk Douglas.
Yo supe desde el principio que ese tipo era tan idiota
que no pudo matar a Liberty Valance. Era un cagón.
No imaginan cuánto me alegra tener hijos tan listos.
Pero ¿sería posible que, de cada cinco palabras que dijeras,
al menos dos, no fueran groserías?
¿Y qué es lo que le dice el periodista al protagonista
cuando está a punto de contar la verdad?
Le dice:
"Cuando la leyenda se convierta en hecho..."
como sucede, "...entonces se escribe sobre la leyenda".
- ¿Qué carajos quiere decir eso? - Quiere decir...
que, si bien a veces
la realidad no es tan interesante como la mentira,
como bien dice la película,
la mentira siempre tiene un precio.
- Arriba. - No puedo, no.
Vamos a casa.
El salitre fue descubierto en 1860
por el minero José Santos Sosa.
El salitre es de las principales riquezas de nuestro país.
¿Siempre fue así?
- Sí. - No.
Después de la guerra del Pacífico, Bolivia fue derrotada
y el desierto de Atacama pasó a ser de Chile.
¿Alguien sabe para qué se utiliza el salitre?
Para fertilizantes.
Exacto. ¿Algo más?
- Salchichas. - Correcto.
¿Algo más?
Pólvora.
Alguien dijo que estamos hechos del mismo material que los sueños.
Yo creo que estamos hechos del mismo material que las películas.
Y, a veces, las películas tienen ese poder mágico,
igual que los sueños,
de predecir el futuro.
Medardo. ¿Qué estás haciendo?
¡Medardo!
La rueda, Luis.
- Ya. Ya está bien. - ¿Ya?
Aquí la ruedita.
Ponle... Afirma ahí abajo.
Y... No, Mirto, por favor.
Me temo que solo hay indemnizaciones en caso de fatalidades.
Pero mi marido trabajó como chino.
En todos estos años, no faltó ni un día al trabajo.
De lunes a sábado y hasta dos turnos seguidos si era necesario.
Y la empresa reconoce el empeño de Medardo.
Pero no asume nada de lo que pasó.
¿Sabe qué? Usted solo piensa en números.
Al contrario, señora.
Mi padre, después de la guerra, tuvo que...
...limpiar campos de minas en los países ocupados.
Y, en tu mente, vas imaginando el día cuando alguien aparece
en la puerta de tu casa para darte las malas noticias.
Y, como era de prever,
ese día vino.
Siento lo de su padre,
pero mi marido está aquí con nosotros, señor Hauser.
- Hola. - Hola.
Esta también es mi casa, señor Hauser.
Bueno,
no exactamente.
Es de la empresa.
Es suya de manera provisional.
Si le parece bien,
¿por qué no pasa por la oficina mañana por la mañana?
No.
No me parece. No.
Quiero que me asegure aquí y ahora
que mi familia va a estar en esta casa
y que le van a mantener el sueldo íntegro a mi marido.
- Tiene cuatro hijos que alimentar. - Sí, lo sé.
Y créanme que quiero ayudarles,
pero esta solo era una visita de cortesía.
No he venido en función de administrador de la planta.
"El Señor de las Huestes combatirá por nosotros.
Contemplen su poderosa mano".
- Pasen. - Toma esto.
Eso, sostenlo.
¡Eso es! ¡Quedó increíble!
- Yo me sentaré aquí. - Bien.
¡Estamos listos, compadre!
- Tu papá se enamorará de la silla. - No, no nos ayude. No...
Ya está, échenme una manito. A la cuenta de tres.
- Yo abajo. - Uno, dos, tres.
Tómenlo. Eso.
- Cuidado con su manita. - ¿Ya está?
Encontré mi nuevo don.
¿Está cómodo?
¿Necesita un cojín?
El pie.
¿Ves, compadre, lo que hicimos con tus hijos?
- Qué bien. Está increíble. - Hasta mañana.
Yo también me quiero subir.
Bueno, a ver. Ayúdenme.
"Y Dios abrió el mar,
con su soplo poderoso".
La cinco.
Está claro que para los patrones no tenemos categoría de seres humanos.
Somos simplemente instrumentos para incrementar la riqueza
de estos gringos burgueses y chupasangres.
- ¡Sinvergüenzas! - Eso son.
- Esta es una lucha de clases. - No puede pasar.
Es una lucha anticapitalista,
antimperialista.
Se llenaron la boca de promesas, pero ¿qué pasó finalmente?
- Lo mismo. - Nada de nada.
Y el resultado de este conflicto dependerá de la solidaridad nacional
que logremos despertar en el seno de la clase trabajadora chilena
y de la presión política que tenemos que ejercer.
No son tiempos de vacilaciones.
Debemos articularnos con los compañeros de Vergara,
de María Elena, de Victoria.
Tú eres compañero de mi hermano Marcelino, ¿no?
- ...la fuerza del poder popular. - Sí.
Que los capitalistas hagan sus cálculos y reestructuraciones, pero que sepan bien:
Si los trabajadores del salitre nos unimos,
¡podemos paralizar el país entero, compañeros!
Tranquila, mi papá siempre arregla estas cosas.
- ¡Viva la revolución! - ¡Viva!
- ¡Viva la revolución! - ¡Viva!
- ¡Viva Chile! - ¡Viva!
- Vámonos. - ¡Viva!
- ¡Viva el Partido Socialista! - ¡Viva!
¡Vivan los trabajadores del salitre!
¡Vivan!
- ¡Vivan los compañeros de Recabarren! - ¡Viva!
¿Por qué nos vamos?
El papá de Mauricio dijo que puede arreglarlo todo.
Sí, pero antes quieren cambiar el mundo y no tenemos tanto tiempo.
¿Vas a ir a la oficina del señor Hauser?
Es posible,
pero más tarde. Ven.
Mi papá dice que es alemán
y que en los alemanes no se puede confiar.
¿Por qué?
Porque siempre son los malos de la película.
Se puede confiar en él.
Espérame aquí.
Sí.
Buenas tardes, señora. Por favor, adelante.
Pero qué bonito.
Por favor, por acá.
No alcanza ni para frijoles,
y Nolasco ya no nos va a prestar más plata.
Pero ¿no le diste tus aretes?
Con eso nos cobró las compras de antes.
Mierda, en esta casa la plata anda a caballo y nosotros a pie.
¿Es lo único que se te ocurre? ¿Un chiste?
Si quieres, me muero.
Así tienes una boca menos que alimentar.
¿Y qué les vamos a decir a los críos?
¿Sobre qué?
Sobre el cine.
Es lo único que les hace ilusión.
Ya se me va a ocurrir algo.
Hola, Charlie.
Tanto tiempo.
¿Qué pasa, Botines? ¿Qué haces aquí?
Sólo vine a rendir honores.
- Tú no me debes nada. - No opino igual.
Le recomendaste mi funeraria a algunos de tus amigos.
- No sé de qué estás hablando. - Ahora tengo todos estos ataúdes.
Botines, no tuve nada que ver con eso.
Adiós, Charlie.
¡Espera, Botines!
¡No lo hagas, por favor!
"Adiós, Charlie".
Y los gánsteres...
En esta escena, Jack Lemmon vomita.
...dispararon.
Lo... Se...
Cayó el teléfono...
y los gánsteres se distrajeron.
Ahí Joe y Jerry int...
Intentaron escapar.
Y después...
Quizás... no es buena idea que sea yo el que lo... haga.
Pero el "ratatatatá" te salió increíble.
Sí, no... No sé.
Mejor que lo haga uno de mis hermanos.
¿Mirto?
¿El próximo domingo?
¡Holly!
¡Holly!
¡Déjame!
- ¡Holly! - ¡No!
Entonces el tipo entra en el departamento
y la mujer está como loca,
destruyendo todo lo que se encuentra en el camino.
La puta lámpara.
Al puto gato, lo agarra y hace...
¡Cállate, mierda!
Ten.
¡No, déjame!
¡Fred!
Todas las plumas quedan volando como...
Carajo. ¿Cómo se llama eso cuando te tiras un pedo en el agua?
¡Basta, Mirto!
¿Por qué estaba enojada ella?
¿Cómo mierda voy a saber yo eso?
Lo único que sé es que está completamente loca.
Solo eso.
Pero, en todo caso...
¿Quién entiende a las mujeres?
Yo no.
¿Marcelino?
Okey.
Amor mío.
Te amo.
El tren comienza a moverse.
Es un tren a vapor, recio y robusto, de un color gris acero.
Tiene unas ventanas estilo guillotina
y un revestimiento interior de madera.
Puertas batientes que se abren hacia fuera
y unas manillas verticales metálicas
de las cuales la gente se agarra para poder subir al tren en marcha.
Las ruedas del tren comienzan a chirriar.
- Y él... - Marcelino.
La película es un poco larga.
Termina nomás.
Y el tren
desaparece en una nube de humo "hollinoso".
Mi abuelita dice que es una película cochina.
Para mayores de 21.
Seguro no es tanto.
Yo veo el pene todos los días de mis hermanos, no pongo ninguna cara
y tampoco me pasa nada.
¿Es broma?
Burt Lancaster, Montgomery Clift, Frank Sinatra...
Pero ¿cómo entramos?
- Voy enseguida. - Ahí nos vemos.
- Pensé que... - ¡Cállate!
No sabía que podía sentirme así.
Nunca nadie me ha besado como tú.
¿Nadie?
¿Ni siquiera uno de todos los que has besado?
- ¿Cuántos crees que fueron? - No sabría.
- ¿Puedes darme un número aproximado? - No sin una máquina de sumar.
¿Tienes una máquina de sumar?
¿Tanto escándalo por un romance en la playa?
Sí, son exagerados.
¿Y tu papá?
¿Cómo está?
Bien.
Más callado de lo habitual.
No imaginas cuánto cuesta trasladarlo
de la silla a la cama
o llevarlo al baño.
Debe de ser difícil.
En especial, para tu mamá.
Sí, especialmente.
¿Y la tuya? ¿No te acompaña al cine?
No sé.
Nunca la conocí.
Bueno, pero tienes una abuela
que no te deja ver películas cochinas.
Sí.
Ya empieza.
Fumar es un placer
genial,
sensual.
Fumando espero al hombre a quien yo quiero
tras los cristales de alegres ventanales.
Y, mientras fumo, mi vida no consumo
porque flotando el humo
me suele adormecer.
Vamos, hermosa.
Tendida en la chaise longue...
Fumar
y amar.
Ver a mi amante solícito y galante.
Sentir sus labios besar con besos sabios.
Y el devaneo sentir con más deseo
porque sus ojos veo sedientos de placer.
Por eso es tanto mi bien.
Corre, que quiero enloquecer de placer.
Sintiendo ese calor
del humo embriagador
que acaba por prender la llama ardiente del amor.
- ¡Bien! - ¡Eso!
¡Mocosos malcriados!
¡Váyanse de aquí!
¡Corre!
¡Otra!
¿Qué andan haciendo aquí?
¡Otra!
Fue idea mía.
Solo queríamos ver un poco.
Eres el hijo del del sindicato, ¿no?
Sí.
¿Es verdad lo que dijo él?
¿Y qué vieron?
Nada.
No alcanzamos a ver nada.
Solamente una mujer con brillos
y que cantaba sobre fumar.
Se veía preciosa.
Con esas plumas.
Se vestía de brillos.
Con esos tacones altos.
Pero el público no parecía escuchar cómo cantaba.
A ella no la miraban como la gente mira el cine.
Bueno, lo que pasa es que a algunos hombres,
cuando se le sube el trago a la cabeza,
se vuelven locos viendo a una mujer linda bailar.
No me gustaría que me miraran así.
Pero no todos los escenarios pueden ser el Municipal
o el Teatro Caupolicán.
En un lugar hay que empezar.
Escúchame bien, florcita.
No se trata de cómo la gente te vea en el escenario,
pero como tú te ves a ti misma.
Si tú te sientes y actúas como una artista,
eres una artista.
sin importar si estás actuando para miles de personas
o para un grupo de borrachos.
Los artistas son como luciérnagas.
Tienen una luz que los hace brillar.
Pero esa luz también es una maldición.
Es que no la puedes apagar.
Está dentro de ti.
Tiene que salir y si no lo haces así,
tu corazón se marchita.
Si uno deja de pagar, no paga nadie después.
¿Queda claro?
Viejo hijo de puta.
Adivina.
Te toca a ti.
- Yo soy... - Yo soy Espartaco.
Yo soy Espartaco.
- Yo soy Espartaco. - Yo soy Espartaco.
- Yo soy Espartaco. - Yo soy Espartaco.
Cientos de cientos habrían dado su vida
a cambio de que él no muriera.
¿Qué era? ¿Era un dios?
No era un dios.
Solamente era un hombre.
"Un esclavo.
Yo lo amaba.
Era un forajido,
un asesino, un enemigo de Roma.
Dime.
¿Por qué lo amabas?
Es inútil que te lo diga.
No lo entenderías.
Entonces, Craso va donde Espartaco.
Está encadenado junto a su amigo Antonino.
Craso manda a sus guardias romanos
a que obliguen a luchar a Espartaco y a Antonino,
uno contra el otro, a muerte.
Y el que viva
será crucificado.
Antonino está a su merced.
"Perdóname, Antonino".
"Te quiero, Espartaco,
como a mi propio padre".
"Yo también, Antonino,
como a un hijo al que nunca veré".
Varinia se acerca donde Espartaco está crucificado.
"Este es tu hijo, Espartaco.
Es libre.
Te prometo que siempre te va a recordar".
Y así, mi familia me convirtió oficialmente
en la contadora de películas.
Yo soy Espartaco.
Yo soy Espartaco.
¿Segura que no fue contigo al cine?
Yo soy Espartaco.
¿Ves que no tartamudea cuando sueña?
Yo soy Espartaco.
Yo soy Espartaco.
A ver cómo te queda mi piyama.
Es que el tiempo aquí nos tiene a todos engañados.
Hace como que no avanza, pero pasa volando.
Gracias, mamá.
Y, como un soplo,
ya vas a tener la edad en que yo tuve al Marianito.
Pero me tienes que prometer que no te va a pasar lo mismo que a mí.
Que vas a tener una vida. Una vida propia.
¿Y la tuya no es la tuya propia?
Es que, a veces,
uno siente que no ha llevado las riendas de su vida.
Entonces, ¿me lo prometes?
No.
No me gusta hacer promesas.
¿Y eso?
No sé, es como llevar una piedra muy grande en un bolsillo.
Entiendo.
Pero esta promesa no es una piedra.
Al contrario, es como...
Como un hoyito para ir botando todo el peso que no quieras cargar.
Ya, mamá.
Una vida propia.
Te lo prometo.
- Hola, María Margarita. - Hola.
Llegué.
¿Mamá?
¿Y mi mamá?
- ¿Adónde se fue mi mamá? - No sé, mi niña.
¡Mamá!
¡Por favor, no te vayas!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Mamá!
¡Por favor, no me dejes!
¡Mamá!
Papá.
Sí.
Yo voy.
Mira, dejó algo de ropa, así que,
a lo mejor se fue a buscar un trabajo
para ahorrar algo de plata
- y volver en un tiempito. - Cállense.
"Saltpeter".
Sulfuro de plomo.
"Lead sulfide".
- Azurita. - "Azurite".
- Cobre. - "Copper".
Gracias.
Hola.
- ¿Qué se le ofrece a la señorita? - Malvaviscos.
Enseguida.
- Cóbremelos a mí. - Sí, señor.
Gracias.
Mira,
vas a escuchar cosas que se dicen en el campamento,
pero yo no tengo nada que ver.
De hecho,
estoy tan sorprendido como tú.
- Una bolsita de pastillas "Pololeo". - Sí, señor.
Ten.
A ella le gustaban mucho.
Departamento de Pólizas Ordinarias.
División de grandes cuentas, sección W, escritorio 861.
Me llamo C. C. Baxter. C de Calvin...
Hablémoslo durante las fiestas.
Podría llamarla, recogerla, contarle muchas cosas.
¿Qué ocurre?
- El espejo está roto. - Sí, lo sé.
Su teléfono.
Si no le importa, es personal.
¿Quieres entrar?
¿Puedo ir con ella?
Sí.
Deja la bici ahí si quieres.
Ya.
Baxter es uno de los 32 000 empleados
de una empresa gigantesca en Nueva York.
Él trabaja muchas horas extra.
La amo, señorita Kubelik.
Tres.
Reina.
¿Ha oído, señorita Kubelik?
Cállate y juega.
¿Cómo no se te había ocurrido antes, Medardo?
Hasta las películas en blanco y negro,
esta niña las cuenta en "Technicolor" y "Cinemascope".
Era como si estuviésemos con Lemmon Jack en su piso de soltero.
Está más que claro
que este es un espectáculo artístico con todas sus letras.
Y el arte, amigo mío, se paga.
No, por Dios.
Sería muy raro que los amigos pagaran para entrar a mi casa.
Estoy de acuerdo con el Lucho.
Si tu hija tiene un talento, es una mina de oro.
En tu condición, debes aprovechar eso.
- Ni hablar. - Cambio.
No se puede pagar por ver actuar a mi hija.
Oye, pero ¿y si no fuera adentro?
¿Fuera?
- Y bien... - Abotóname, papá.
- ¿Qué nombre quieres que te ponga? - En esta cocina no hay nada.
No sé. Pensándolo bien, en el mundo de la música,
todos se cambiaron de nombre.
Como "Danny Chilean". ¿Saben cómo se llamaba?
No. ¿Cómo?
Javier Astudillo Zapata.
- Es verdad. - Listo.
Gracias. También como Sussy Vecky.
- ¿Saben cómo se llamaba? - Gladys Lucavecchi.
- Eres bueno. - Sí.
Sale todo en la revista "Ecran".
¿Y bien?
¿Qué decidiste? Tengo que terminar el cartel.
- No. - ¿Y "Florcita", como te decía mamá?
Puta madre.
¿Cuántas veces te he dicho que no menciones a esa mujer?
¿Cuántas veces?
Esa mujer no es nada para ustedes.
¡Se fue! ¡Los dejó!
¡Los dejó!
¡No vuelvan a mencionar a esa tal por cual!
¿Me entendieron?
¡No la mencionen delante mío!
¡Mierda!
Hola.
Pase.
Buenas.
- Hola. - Hola.
Pase.
Pase.
- Pase. - Ahí hay espacio.
Hola.
Pase en silencio por acá.
El "recicicicicibo".
Papá.
¿Qué?
- Hola, Rita Valentina. - Hola.
Rita Valentina.
- Hola. - Hola.
- Mauricio. - María Margarita.
Estás bonita.
- Voy al cine. ¿Quieres venir? - Sí, claro.
El presidente Frei anuncia la compra
del 51 % de las participaciones de Chuquicamata...
Ya va siendo hora de nacionalizar la salitrera.
No se lo voy a discutir, don Primitivo.
Mientras no pierda mi trabajo...
María Margarita.
Mira, mi mamita está enferma.
¿No pasarías a verla a contarle una película?
"Besos brujos". ¿Te la sabes?
Sí, claro. Una película lindísima.
- Muchas gracias. - Nos vemos.
No tienes ni idea de qué película está hablando.
¿Y qué le piensas contar?
- No sé, algo se me va a ocurrir. - "Algo se me va a ocurrir".
- ¿Qué? - No, nada.
A mí también se me ocurrió algo.
- A ver, ¿qué se te ocurrió? - No, no, no. Aquí no.
Después.
Voy a ir a pagar.
- Sí, tienes que ir a pagar. - Sí.
"La recuerdo como el desierto recuerda la lluvia.
La recuerdo como el silencio recuerda la música.
La recuerdo bien nítida, aunque nunca llegué a verla.
Su silueta infinita se dibuja en mi memoria
como el horizonte se dibuja en la carretera".
¿Es sobre tu mamá?
A partir de ahora, te vamos a llamar...
...el Poeta.
Si no me das un beso ahora, no va a pasar nunca.
Mi mamá quedó muy conmovida.
- Muchas gracias. - A usted.
Gracias.
A ti. Gracias, Mirto.
Vamos a la tienda ahora.
Ven.
- Hola, Mariano. - Hola... vigilante.
¿Qué poemas te escribe él?
¿Cómo te voy a decir las cosas que me escribe?
Si quieres, te cuento lo que me hace.
Como que me entere yo que se está sobrepasando
con mi hermanita,
Va a saber quién soy.
Me da miedo ese tipo. Con esos ojos de búho que tiene.
Co- Comedia no te va a pedir, eso es seguro,
pero paga bien.
- Hola. - Hola.
Adelante.
¿Y eso para qué es?
Cosas para la escenografía.
No, pero no te van a hacer falta. Aquí tengo todo lo necesario, pues.
- Bueno. - Sí.
Entonces ¿me... voy a jugar fútbol con el Mirto?
Cuando termines, me buscas en la cancha.
No me necesitan, ¿cierto?
Nos vemos.
Ven, sígueme.
Acordamos 20 pesos, ¿no?
- Sí, 20. - Allá.
Dicen que puedes hacer todo tipo de películas.
Toma, ponte esto.
Gracias.
Te traje una bebida para después.
¿Qué película quiere que le cuente?
La que tú quieras.
¿Le parece bien "Duelo en el aire"?
Sí, perfecto.
Pero acércate un poco, que no escucho bien de un oído.
Un espectáculo de acrobacias de avionetas
- está a punto de comenzar... - Más cerca.
Un poco más cerca.
Está a punto de comenzar
en la mitad de una feria en el desierto.
- Docenas de avionetas... - Acércate un poco más.
Ven.
Ven.
Más cerca.
Siéntate.
Por ahí, por... Por favor.
- Acá. - Hola, compañero.
- Hola. - Un cigarrillo.
Todos aquí.
El turno de la noche está durmiendo.
Pasen por ahí, por favor.
Por acá.
¿Qué hacemos?
A ver. ¿Alguien sabe dónde está?
Hermanita, está todo el mundo esperándote afuera.
Vamos.
Él le enseña el lenguaje de señas y a leer los labios.
Y la gente se da cuenta que de tontita,
como le decían, no tiene nada.
Sino todo lo contrario.
- Esto no es "Duelo en el aire", ¿no? - Pero, un día...
que ella está sola en su casa, aparece el pescador
y le dice:
"Hola, tontita. Mira lo que te traje".
Le muestra el violín y comienza a tocarlo alocadamente.
Una cacofonía sin sentido y espantosa.
Entonces, él la rodea con los brazos
y la besa bruscamente.
"Es la primera vez que alguien te besa, ¿verdad?".
No te asustes, tontita.
Una vez, cacé una gaviota
que tenía la misma mirada asustada que tú".
Entonces, Belinda,
dándose cuenta del peligro,
intenta escapar.
Pero él, aunque huesudo y delgado, es mucho más fuerte que ella.
Y la rodea y la aprisiona
y se tira sobre ella
con su asqueroso aliento y sus ojos de búho
y comienza a rasgarle las ropas.
Señora, retírese.
Señora, por favor.
Por favor.
Mantengan la calma.
- Mira, mira, mira. - Por favor.
Todo hijo de puta encuentra su castigo, ¿no?
¡Se lo merece! ¡Que se pudra en el infierno!
¡Llévenselo! ¡Por fin nos libramos de él!
Parece que a don Nolasco lo mataron con el mango de una pala.
La policía está interrogando a todos los que debían plata.
O sea,
a la mitad del pueblo.
Se interrogaron ellos mismos.
Todos los policías tenían deudas con él.
Hasta el capitán Álvarez le debía unos seis meses de sueldo.
Por eso andaban todos los cabrones muertos de la risa.
Obvio que se van a anular las deudas de todo el mundo.
Yo no sé un carajo,
pero el responsable tiene 103 años de perdón o incluso más.
Entonces,
la policía no se va a preocupar de encontrar al culpable.
Oye, mi niña.
¿Qué película vas a contar hoy?
"El bueno, el malo y el feo".
Muy bien.
Atención. A tu espalda, a tu espalda.
Acá se quedó uno.
¿Quieres alguna en especial, papito?
No, no. Es que...
Me hiciste recordar una película. Una escena en particular.
¿Quieres que te la cuente?
Es...
...de un joven minero que trabaja con el cobre.
Un día,
estaba jodidamente cansado.
Tomó un atajo por el desierto
y se encontró una casa que estaba sola,
allá en el fin del mundo.
Y, junto a la casa,
una camioneta descompuesta.
Arriba, encima,
vio una bailarina.
Una joven muy linda y más delgada que una escoba
que bailaba
una melodía que solo sonaba en su cabeza.
El joven, para no interrumpirla, se escondió tras un árbol
y ella siguió bailando.
Él estaba hechizado.
Así que,
cuando terminó de bailar,
la bailarina hizo una reverencia
a un público imaginario.
Y ahí, el joven no se pudo aguantar
y empezó a aplaudir.
Ella se quedó helada.
Él salió despacio, pero ella
saltó de la camioneta muerta de miedo y se fue a su casa.
Él le dijo que parara. Que quería un poquito de agua nomás.
Y, milagrosamente, ella paró.
Y se dio cuenta de que era buena persona
y lo llevó al pozo.
Él no sabía qué decir y le contó un chiste aburrido,
pero ella se rió.
Era un ángel que venía del otro lado de la cordillera.
El caso es que el joven ya nunca más volvió por el mismo camino.
Y, después de un mes, se casaron
y tuvieron a una niña que amaba el cine.
Pero él nunca pudo reemplazar a su público imaginario.
"¡Cerdo! ¡Casi haces que me maten!
¿Cuándo me la descargaste?
Ya sabes, en este mundo, hay dos tipos de gente:
los que tienen un revólver cargado
y los que cavan.
Tú cavas".
¡Bravo!
- ¡Bravo! - ¿Papá?
No.
¿Creen que mamá se ha enterado?
No creo,
aunque las noticias en la Pampa vuelan.
¿Cuándo ha volado algo aquí? No sean imbéciles.
¿Por qué lo dices?
Porque puede que vuelva.
Me dicen que murió escuchándote contar una película.
Sí.
- ¿Cuál era? - "El bueno, el malo y el feo".
Seguro que se murió feliz.
¿Quieres tomar algo?
No, gracias.
Si viniste a hablar de la casa,
ojalá pudiera darte mejores noticias,
pero me temo que tú y tus hermanos tendrán que entregarla.
¿También es provisional?
No hay nada que pueda hacer.
Pero quizás sí puede.
Mariano ya es grande para trabajar.
Entiendo.
¿Es el que tartamudea y al que le gustan los cowboys ?
Es muy bueno con las manos y ya no tartamudea.
Bueno, dile que me venga a ver.
Gracias.
¿Hay algo más?
Usted sabe dónde está, ¿verdad?
Cuando tu padre tuvo el accidente,
empecé a darle dinero cada tanto para ayudar a la familia,
pero ella tuvo que haber ahorrado
una parte del dinero para el viaje que tenía planeado.
¿Ella le escribe a usted?
Sí, de vez en cuando.
Me temo que sí sabe lo de tu padre,
si eso es lo que te daba esperanza.
Ten.
Quizás tenga más efecto si se lo dices tú.
Teatro Ideal.
Antofagasta.
Que lo disfrute. Pase.
- ¡Qué guapa es! - Increíble.
¡Qué hermosa!
¡Belleza!
Qué belleza.
Perdón.
¿Aquí está María Magnolia?
Sí.
Ese es su camarín.
Te los dejó una chica.
Se ven caros.
Me pareció una muchacha muy refinada.
Sí.
¿Cómo te fue?
¿Está acá?
El teatro estaba agotado.
Y no era un cabaret muy grande, pero era moderno y lleno de luces.
Ella salió con un vestido de lunares español,
con una rosa en el pelo y con una boa de plumas.
Y, cuando salió al escenario,
todo el mundo empezó a aplaudir y a gritar su nombre.
Entonces, se puso a bailar y a cantar.
Las flores que me diste
cuando me amabas,
se secaron al soplo
de tu inconstancia.
Y todavía...
Y todavía
eres tú la esperanza del alma mía.
Fue la más difícil,
pero tal vez fue la mejor película que conté,
porque con ella pude enterrar a mi mamá.
¿Y al público le gustó?
Algunos le tiraban flores.
Pero ¿la viste?
¿Hablaste con ella?
Sí, pero poquito rato, porque...
...había mucha gente que quería saludarla.
Pero me dio muchos besos
y les mandó muchos besos a todos ustedes.
¿Y no te dijo
si algún día iba a venir acá?
Me dijo que era difícil.
Que tenía muchas funciones, que tenía una gira
por todo Chile y hasta Argentina.
Pero quizás podamos verla por la tele.
- Sí, ¿verdad? - Sí.
¿La qué?
Dale un segundo, ¿sí?
Prefiero el cine.
¡Atrás!
- ¿Qué hago? - Todos, atrás.
Atrás.
No pasen.
Hasta ahí nomás.
Señora, lo siento. Atrás.
María, este domingo vamos a exhibir el mejor western de la historia.
Qué cantidad de balazos.
Las radios con dibujitos,
como les decía el cojo peliculero, invadieron el campamento.
El pueblo dejó de ir al cine.
Como para mí, que, de vez en cuando,
una viuda sola y enferma, que no tenía televisor,
me llamaba para que le contara alguna película vieja.
Afortunadamente, nos pudimos quedar en la casa.
Sin decírselo a nadie, el Sr. Hauser nos ayudó.
Él hizo que Mariano se convirtiera en nuestro nuevo vigilante.
No te preocupes por la plata.
Toda su vida soñó con ser un cowboy,
pero, justo cuando le dieron el trabajo,
decidieron sustituir el caballo por una bicicleta.
Oye, si no viene nadie, ¿me devuelves los pantalones?
No, me los regalaste.
¿Cómo vas con eso?
Comencé a sentirme sola.
Extrañaba profundamente el cine.
Su intimidad,
un lugar donde podía soñar.
Mi escape.
Necesitaba algo que hacer con mis domingos.
Mi hermano Mirto se hizo famoso con una joven viuda
que perdió a su marido en un accidente.
La mina le dio su compensación y ella se compró un auto grandioso
para empezar una nueva vida en un lugar más florido.
Gracias.
Él cayó en trance y no dudó en seguirla a Coyhaique,
a 4000 kilómetros al sur del país.
Mirto.
Te los devuelvo.
Nada mal para alguien que dijo no entender a las mujeres:
terminar persiguiéndolas hasta el fin del mundo.
- Te voy a extrañar. - Yo igual.
Ya.
¡Mirto!
Mira, mira, mira el amor.
Que vive en todas partes,
que crece como flor.
Mira, mira a tu alrededor, y, si lo haces sonriendo,
será mucho mejor.
Hay un lugar muy cerca donde van
chicos y chicas a bailar.
Ya en el aire, ecos de su música...
Juanito. Otra ronda.
- ¿Jugamos otra de una vez? - De una vez.
No tengo plata.
José, ¿me prestas unos pesitos?
Ya te he prestado suficiente, mocoso.
A mí ni me mires.
No, amigo.
Juanito.
¿Me anotas unos pesitos más?
Te los pago cuando cobre mi sueldo.
Vete a tu casa, Mariano. Ya tuviste suficiente por hoy.
Eres mal agradecido, Juan.
¿No le debías ocho meses de sueldo al Nolasco?
Gracias a mí, no le debes nada.
¡Gracias a mí, nadie le debe nada al Nolasco!
¡Grupo de inútiles!
¡Son todos unos ingratos y unos hijos de puta!
¿Mariano Castillo?
Soy yo.
A los dos días, llegaron los policías.
¡Quédate ahí, por favor!
Mariano confesó que mató a Nolasco para que dejara de estrujar a la familia.
Pero nunca dijo que lo había hecho para vengarse
de lo que ese prestamista hijo de puta me había hecho.
Mi hermano Marcelino empezó a trabajar en la salitrera
y eso le hizo abrir bien grandes los ojos.
¿Cómo te fue?
Bien.
Tengo hambre.
Ellos quieren que bajemos la cabeza.
Convencernos de que las cosas no pueden cambiar.
- Está listo. - Ya.
Y punto.
Pero la gente se está movilizando.
Los trabajadores en María Elena,
en Victoria y en las oficinas de Tal Tal
se están dando cuenta del poder que tenemos si nos unimos todos.
Algún día, los obreros del salitre vamos a ser dueños de todo esto.
Esperemos.
Tradicionalmente, todos los años después de las elecciones,
los partidarios del...
¡Vamos ganando!
...no tienen otro festejo mejor
que lanzarse a las aguas de la fuente de la plaza.
Aquí, algunos consiguieron su propósito,
pero de inmediato llegó Carabineros y rodearon...
Venceremos.
Venceremos.
Mil cadenas habrá que romper.
Venceremos, venceremos.
Al fascismo sabremos vencer.
Tres, cuatro, cinco.
Seis, siete, ocho.
¡Mauricio!
¿Por qué vives solo?
Mi mujer era muy reacia a irse de Europa,
pero conseguí engatusarla escribiéndole cartas
sobre las maravillas del paisaje de Atacama.
Como si fuese el mismísimo Far West .
Le gustaba viajar, no podía tener hijos,
así que necesitábamos una nueva aventura.
Pero, cuando vino
y vio lo desolado que está esto, quiso volver.
"Aquí las mujeres se vuelven estatuas de sal", dijo.
¿Tú crees que yo me voy a convertir en una estatua de sal?
Eres demasiado joven para pensar en eso.
Y yo, demasiado viejo para ti.
Tienes razón.
Tuve que haber dicho algo de lo que me hizo ese hijo de puta.
No, no.
Está bien lo que hiciste. No tenías por qué vivirlo de nuevo.
Además, te iban a echar la culpa a ti.
Yo nunca te tuve que haber dejado sola con él.
Me merezco estar aquí.
- ¿Qué es ese ruido? - Algo pasa en Santiago.
- ¿Cómo sabes? - Lo escuché en la radio.
¿Y qué pasó con...
...con Mauricio, el poeta?
- Era buen muchacho. - Y lo sigue siendo.
Ustedes eran buena pareja. Andaban para todos lados juntos.
Estaban destinados a casarse.
Pero ahora sale con Delfina
y con ella sí está destinado a casarse.
No lo va a dejar escapar.
Y él ya se cansó de esperarme.
¿Y a mamá
la vieron en la tele?
No.
No hablaste con ella cuando fuiste a verla, ¿cierto?
No quise.
Ella sabe dónde estamos.
No voy a hablar nunca más de esa tal por cual.
¡Se acabó el tiempo!
¡Todos los presos de vuelta a la celda!
¿Qué está pasando?
- Nos vamos. - Mejor ándate, hermanita.
Cuida a Marcelino.
Las fuerzas armadas y de orden
han actuado el día de hoy
solo bajo la inspiración patriótica
de sacar al país del caos.
No nos demos por vencidos, compañeros.
Tengan fe en que tenemos tiempo todavía para cambiar las cosas.
No abandonemos la lucha. Es la única manera de vencer.
¡Desembarquen! ¡Rápido, carajo!
...de forma aguda, lo estaba precipitando
el Gobierno marxista de Salvador Allende.
- ¡Alto ahí! - ¡Paren!
- ¡No! - ¡Paren!
¡Quieta!
¡Quieto ahí!
¡Quieto!
- ¿Adónde vas? - ¡Al suelo!
- ¡Quieto ahí! - ¡Quieto!
¡Rápido, carajo!
¡Avancen!
- ¡Quieto ahí! - Las cámaras...
¡Quieto!
...quedarán en receso hasta nueva orden.
Eso es todo.
Marcelino.
El 11 de septiembre de 1973,
Pinochet tomó el control de nuestro país.
El presidente Allende falleció.
Miles más fueron asesinados.
Otros, encarcelados y torturados.
La gente simplemente desaparecía.
Otros se quitaron sus propias vidas.
Unos días después del golpe, encontraron en el desierto
un cadáver descompuesto y desfigurado por los buitres.
Dicen que pudo haber sido el de Marcelino.
Pero ¿quién puede decir con seguridad que era él?
¿Y que no se fue en una colita del diablo a un mundo mejor que este?
Pusieron toque de queda.
Cerraron el cine.
Es como si el miedo le hubiera sacado el color a la película
y todo se pusiera en blanco y negro.
Radio Chilena termina su programación diurna con...
María.
- ¿Estás sola? - Sí.
He venido a despedirme.
¿Por qué?
- ¿Te echaron? - No.
Pero está claro que el barco se está hundiendo
y yo nunca fui el capitán,
así que no debería ser el último en irme.
Se me hace triste ver que todo se va al carajo.
¿Te refieres a la salitrera o al país?
A la salitrera.
No creo que dure mucho más.
Y, en cuanto al nuevo Gobierno, ya me conoces.
Por poder, yo podría hablar con el mismísimo diablo,
pero no significa que quiera hacerlo.
¿Y adónde te vas?
Al lugar de donde vine.
Espero que tú también te puedas ir de aquí.
La oficina ya no era un buen negocio y tuvo una muerte lenta.
Los gringos se fueron.
Mucha gente perdió su trabajo y su casa.
A Hauser le tocó hacer el trabajo sucio antes de irse.
Una cosa, eso sí, hubiera sorprendido a Hauser,
pero nunca le conté.
María.
Hola.
¿Qué haces acá?
Te estaba buscando.
Me voy.
¿Tú también?
¿Es por lo de tu papá?
¿Vas a intentar buscarlo?
Mira.
No hay mucho que pueda hacer por él en este momento,
pero sí quiero escribir acerca de lo que pasa.
Quiero ser escritor
y, para eso, necesito salir de aquí.
Voy a partir por la capital y, después...
No sé. ¿Quién sabe?
¿Y Delfina?
Delfina no sabe que me voy.
¿Y por qué me lo dices a mí?
Porque quiero que vengas conmigo.
No puedo.
¿Por qué?
Porque...
...yo sigo teniendo cosas muy importantes aquí.
Además,
tú y yo ya nos fuimos hace mucho tiempo.
Nos fuimos como Charles Chaplin
y Paulette Godard en Tiempos modernos .
Como Belmondo y Anna Karina en Pierrot, el loco .
Como Henry Fonda y Sylvia Sidney en Solo se vive una vez .
Escríbeme.
El pueblo, no yo, se había convertido en una estatua de sal.
El polvo estaba por todas partes.
Los últimos días antes de irme ya no había nadie más allí.
No era mucho mayor que mi mamá
cuando quedó embarazada la primera vez.
Así que supongo que había roto la promesa que le hice:
una vida propia.
Pero ella estaba equivocada,
porque era la primera vez que sentía
que llevaba las riendas de mi vida.
"Y Dios abrió el mar con su soplo poderoso".
¡Contemplen su poderosa mano!
¡Milagro!
¡María Martina!
Ten cuidado. Puede haber cosas en el suelo.
¿Y dónde te sentabas tú?
Ven, mira.
Aquí, en la tercera o en la cuarta.
Todos juntos.
Ya, nos vamos a casa.
- ¡Corre como Flash! - Vamos, por favor. Se acabó el tour .
Hora de volver a la ciudad.
- Vamos, por favor. Se acabó el tour . - Ya.
Subamos por acá.
Somos las últimas.
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