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Zulu
Envido más. Quiero cuatro. Hablo usted de
chica. Paso. Paso. En vido llevo
dos ases y no te quiero.
Parece. Sí, sí, sí.
Paso. ¿Tú estás bien? Paso. Paso. Tócale
tres. Tranquilo. Mary.
Órdago. Llevo duplex
y no me gusta. A querer, a querer.
Reyes ases. Reyes sotas, señores. Saltín,
te los hemos mandado. Toma tus dos
talegos. Trae pa acá. Te lo he dicho,
coño.
Son unas mantas. Son unos membrellos,
hombre. Es una cosa que sobre todo este
Rocky María, había visto nada.
Joder, qué suerte tienen los tíos. Para
una vez que ligamos nos salen Mary con
duples de reyes sotas. Anda, vámonos, que
esto no es que lo aguante.
Pero estos nos dan la revancha. Por la
madre que me parió. Que esto nos da la
revancha.
Vamos. Venga. Vamos, hombre.
Venga, pasa.
¿Sabes una de las cosas que lo hice cuando
vivía en Nueva York y ahora bien que me
arrepiento? Comprarte un abrigo. Ya
empezamos. Recuerdo una noche en el bar de
Mickey Walter, la 50 con la octava
avenida. Estábamos allí Fleiser,
Bullsulber, el escritor, el de más duras
era la caída. Michael Jacobs, el zar de
los empresarios, yo y otros amigos.
¿Le dije a Oye, Nat, cuál ha sido la
mano más fuerte que has conocido? Y me la
de Dense. Lanzaba unos ganchos
terroríficos. Y derecha, la de Rocky
Marciano. Smelling. ¿Cómo que Nat?
Fleischer no dijo eso. Dijo que la mayor
potencia de pegada con la derecha la tenía
Max Smelling. Y se lo dijo a Vadillo, que
ese sí que le conoció. Pero buenas noches.
Ay, que joderse. ¿Qué pasa? ¿Es que además
de Vadillo no he podido conocer yo también
a Fleischer o qué? Gracias. Venga, va. Y
para que lo sepas, na, Fleischer y yo
éramos asiduos del Madison Sp.
Rocky tenía una derecha, bueno,
fenomenal. Y por su izquierda no le
entraba una mano ni pa Dios. Te lo digo
yo.
En ese joyero bien. ¿Tienes algo?
De acuerdo. Coge esas cuyas manos y
diríjase a un establecimiento donde se les
van a tasar, a valorar a pesar, donde le
van a informar del precio real de la joya
y donde le van a pagar la cantidad más
alta que puede encontrar en ningún otro
establecimiento en España. Esta joyería se
ha ganado la confianza unánime de miles y
miles de pes. Esa joyería por
algo será, señores. ¿Y saben por qué?
Porque sencillamente tienen el buen gusto
de pagar en orden a precio de oro. Mañana
misa. Puede usted con plena confianza
dirigirse a este establecimiento. Son sus
amigos. Cuente con ellos.
Este coche es mío.
Oye, que dice que es suyo.
Carna. Buenas noches. Buenas noches.
¿Cómo estás?
¿Oye, una cosa y qué más dice?
¿Oye, qué más dices?
Mira, mira qué cara tiene. ¿Oye,
Germán, que estos tipos oye,
dónde está? Que no me ve.
¿Oye, pero qué hace este tío?
¿Oye, qué hace? ¿Qué hace?
Para.
Oye, para.
De muchos años. Perturbada mental.
Afortunadamente, la historia tenemos
largo. Yo soy dijéramos
que vivo en Cancún.
Toda la basura van a ser un colegio.
Entonces dicen que dijéramos que es
especialmente para los empleados. Siendo
ciudadano y vecino no empieza nada.
Vamos a ver. Porque claro, como esta no es
la llanta y el departamento recogida de
basura que esto es un programa de radio.
Eso está bien.
Deja el batí fuera,
hijoputa.
¿Vamos, Rocky, qué esperas?
Madre mía.
Anda que Joder, joder. Qué personas
de la que nos hemos librado.
¿Oye, Germán, tú no pensabas,
verdad? No ibas a hacer esa barbaridad.
Agua. La gasolina está muy cara.
Rocky. ¿Entonces decías que Nat Fleischer
y tú erais muy amigos, no has
visto la nota? ¿Llamado el Ricardo? Ya,
ya lo he visto. Duérmete. Te da la
partida. Hemos perdido,
como siempre. ¿Pero lo has pasado bien?
Como siempre.
No tienes idea de la cantidad de bichos
que hay en el campo. Y hay que matarlo
para que no te coman la fruta. Yo, desde
que vivo aquí, cada día conozco un nuevo
tipo de insectos. Ayer, por ejemplo, vi un
bichito así de lado. Abuelo, la vida es
muy corta y yo estoy buscando un perro.
¿Es un chiste? No, es un setter.
Perdona, Germán. Se me ha ido el santo al
cielo. ¿Y es que sabes lo que
pasa? Que se está tan bien aquí qué,
chico. Pierdes la noción del tiempo porque
no me digas que todo esto no es una
maravilla. ¿Mira, ves aquellos
picos? Son el Guadarrama. Le entiendo
muy bien, abuelo. Esta paz, este silencio,
los pajaritos ahí, ahí el aire puro.
Cómo no va a estar usted ya de campo hasta
los cojones. Calla, que te voy. Mi mujer,
qué jodido piojo. Lo que sabe es el
cuerpo. Y todavía no llevo un año.
Lo que echo de menos. Ese ajetreo del
teléfono, los atascos, el olor
a gasoil, las reuniones hasta las tantas.
¿Sabes una cosa? Para tipos
como nosotros, la jubilación es la última
gran putada.
En fin, lo que quería decirte es que te
voy a mandar un cliente. Un amigo mío. El
hombre anda preocupado con un asunto. He
pensado que tú podrías echarle una mano.
Ya. Lo que pasa es que yo me marcho dentro
de 10 días. Me voy de vacaciones. Por el
tiempo no es problema. Es una cosa
rutinaria. Cuatro o cinco días.
Lo que sí me gustaría es que le tratarás
bien. Es una persona un
poco especial. ¿Qué quiere decir especial?
Pues que no es ni como tú ni como yo.
¿Entendido? Es alto y delgado.
Ya sé que en tu caso está de más hablar de
discreción, pero haselo sentir.
Mi amigo está pasando un mal momento.
La vida, además de ser
muy corta, como tú dices, está llena
de telarañas. La decadencia
muchas veces es esto que
ves. Un jardinero.
No sé quién lo dijo, pero tenía razón.
Adiós, abuelo. Adiós,
Germán. Ojalá encuentres al perro
y te muerda.
Abuelo. ¿Qué? El guadarrama.
Qué suerte.
He oído que te vas a Italia. Es cierto.
Me alegro, sobre todo por Carmen. Lo que
pasa es que en Italia está Roma.
Hombre, si tú lo dices. Y en Roma, un
lugar nefasto llamado Piazza Siena. Y
allí, el día 22 de octubre de 1933,
en presencia de Mussolini, Primo Carnera
le gana oscuro. Exacto. A nuestro gran
Paulino, el mútil de Regil.
¿Te das cuenta? Y estoy seguro de que hubo
manejo. ¿Como lo sabes? Pues ya me dirás
quién mandaba allí. El Duce. Si Escudo
no se deja ganar por el gigante de
Sequals, lo fusilan en el mismo ring.
Escrito está por Manolo Alcántara, que yo
no me invento nada. Perdona, tengo al
teléfono a los del equipo de fútbol. Es el
secretario que quiere saber si Dile que
sí, que pueden celebrar la junta directiva
en la fecha prevista. Que tres o cuatro
días antes legará nuestro informe. Vale.
Bueno. ¿Qué, Rocky, acabas o no? Ya va.
¿Qué me dice el secretario? Que muy bien,
pero que si le puedes adelantar algo del
sentido del informe para ir preparando la
moción de censura contra el presidente.
Dile que positivo, que todo positivo. Que
entre el presidente y el vocal, que él ya
sabe, llevan comisión en todas las compras
del material, en el alquiler de autobuses
y en los hoteles. Que le mandamos pruebas
documentales. Y tú, Roque, estate quieto,
que me tienes globby. Hay que
activar la circulación epidérmica,
caballero. Cuando la navaja pasa
sobre las células del epitelio, esas
células, que no son tontas, intuyen el
peligro, se acojonan y se les retira la
sangre. Y hay que reanimarlas con un buen
masaje facial, como en este caso.
Estupendo. Anda, vete retirando el
instrumental, que espero visita. Oye, si
Marquitos y el Mary nos dan la revancha
para el viernes, que les digo que sí, que
vengan. ¿Alguna vez tendremos que
ganarles, no? Digo yo.
Cristóbal, de la perrera municipal, que le
han entrado dos setters iguales y que cómo
se llama el nuestro. Pásamelo,
Cristóbal. Un momentito.
Germán, por la unión.
Vaya día.
Hola, buenas tardes. Buenas tardes. Soy
Miguel San Pedro. Estoy citado con el
señor Areta. Siéntese. El señor
Areta está terminando con un cliente. La
verdad es que ha sido usted muy puntual.
Sí, tengo muchos defectos. La puntualidad
es uno de ellos.
Hola, buenas tardes. Buenas. ¿Señor San
Pedro? Sí. Soy Germán Areta. Mucho gusto.
Encantado. Pase, por favor. Gracias. No me
pases llamadas. Vale.
Siéntese, por favor. Gracias.
¿Ocurre algo? Perdone, señora Areta, pero
es que el mundo de los olores siempre me
ha fascinado. Y yo diría que aquí huele
que huele a Sí, aquí huele como
a barbería. Pues tiene razón. El cliente
que acaba de salir es peluquero. Le han
robado una barbería y quiere que yo se la
encuentre. No, es una broma. Siéntese,
por favor. Gracias. Tiene usted un olfato
envidiable. ¿Un cigarrillo? No,
gracias. Bueno, pues usted dirá.
¿Señora Veta, usted cree en la felicidad?
Pues verá, yo solo sé que en la vida
hay buenos momentos. De ahí no pasó.
Yo he sido un hombre feliz durante gran
parte de mi vida. Ahora ya no lo soy.
La historia es vulgar. Un ser egoísta a
quien los celos no dejan vivir.
Durante 22 años he compartido mi vida con
una persona. Y a esa persona ahora alguien
o algo le ha alejado de mí.
Y quiero saber quién ha sido. ¿Qué ha
ocurrido? Nos conocimos un
3 de diciembre de 1960 por la tarde,
en una exposición de pintura. Luego me
confesó que entró allí únicamente porque
estaba lloviendo. Todavía puedo ver
aquellas gotas de lluvia sobre su rostro.
Perdón, pero es que uno recuerda ciertos
momentos y cómo pasa el tiempo.
Le voy a aceptar ahora ese cigarrillo.
Aquella persona fue muy valiente.
Estaba casada y rompió su matrimonio.
Alquilamos dos pisos en el mismo edificio,
puerta con puerta, algo muy frecuente
entonces. Aquellos tiempos eran muy
diferentes a los de ahora. Todo era
escándalo, todo era pecado, todo eran
inconvenientes. Nuestra unión duró
hasta hace tres meses. Al término
de una cena silenciosa, extraña, con la
mirada fija en el plato, me se
ha terminado. No quiero volver. Y por
favor, sin explicaciones.
Ni siquiera pude reaccionar. Me quedé
perplejo. El medio lenguado que aún había
en mi plato me pareció la imagen misma de
la muerte. Y ya sé que es una tontería,
pero no he vuelto a probar el lenguado.
No puedo. ¿Qué cosas, verdad?
Es terrible el mundo de las asociaciones
mentales. Siga.
Naturalmente, pedí explicaciones un día y
otro y otro inútil dejó
el piso y desapareció.
Ya sé que el espectáculo de la humillación
personal no es agradable. Pero aquí estoy,
pidiéndole a un detective que investigue a
la persona que amo. Porque el orgullo no
sirve para nada. Luego hay gente que puede
con la soledad. Yo no.
El día que recibí su nota, hará de esto un
par de semanas, pensé seriamente
en el suicidio. Llamé varias veces al
laboratorio, aunque había prometido no
hacerlo. Pero nunca quiso ponerse al
teléfono. Su respuesta la recibí
por correo.
No volveré a una rutina que odio.
Sí, odio tus cerámicas.
Odio tus libros de arte, que huelen a
moho. Y odio tu música,
sobre todo esa deprimente colección de
musicales de Broadway. Y odio
tus luces íntimas y tus maquetas y
teatritos multicolores con eterno logro
a pegamento. No vuelvas a llamarme al
despacho. Si lo haces,
dejaré mi trabajo, que ya aborrezco
también. Y no intentes buscarme,
porque me conozco de memoria esos
encuentros casuales tuyos. Por una
vez trata de ser digno.
Adiós.
¿Lo trae? ¿Firma? No, pero conozco su
letra. Señora Areta,
quiero saber dónde vive, qué hace y
si hay otro hombre. ¿Ha traído alguna
fotografía? Sí, sí, claro. Tenga,
aquí van unos datos que he pensado podrían
serle ú lugar de trabajo, profesión,
número del carné de identidad, matrícula y
marca del coche. ¿Cuánto cree usted que
tardará en saber algo? Una semana,
quizá menos. ¿Podría hacerle una pregunta?
¿Es que acaso Ricardo no le había?
Don Ricardo nunca dice nada. Ya sabe, es
una persona un poco especial.
¿Qué quiere decir una persona un poco
especial? Pues eso,
que no es como usted o como yo. Él solo
vive para su jardín.
Hola, Germán.
Necesito un tipo que quiera hacer un
trabajo sucio. ¿Conoces a alguien moro?
Sí, amo.
Lo que yo quiero decirte es que
necesitamos unos días para nosotros solos.
Ya. Y que Italia es el país adecuado.
Porque yo tengo tipo de organillero
napolitano. Pues sí. ¿Y porque además
Italia es el país del amor, capito? Que
sí, mujer, que ya te he dicho que sí.
También me dijiste que sí en julio.
Tuvimos que suspender el viaje por el
asunto aquel de las bajas fingidas de la
confianza. ¿Sabes que el asunto de la
confianza se complicó? Ya. ¿Y en octubre?
¿Qué pasó en octubre?
¿Eso, qué pasó en octubre? Yo qué sé.
Lo que sí recuerdo es que dijiste Carmen,
lo mejor sería que lo dejáramos ya para
diciembre y así pasábamos las navidades en
Italia. Nochevieja en Venecia, yo liquido
todos los líos y podremos estar hasta
después de reyes. Pues bien, esta vez nos
vamos porque si no me tomo ya las
vacaciones, las pierdo. ¿Entendido? Y
desde luego, lo que no estoy dispuesta es
a regalarle a la clínica los 15 días que
he guardado para irme con Aretha.
Investigación. Que conste que me he dado
cuenta de la rosa.
Salute.
Bueno, muy rico. ¿Qué ponen
hoy en la tele? Película un extraño en mi
vida. ¿Y en el otro? Ópera el
barbero de Sevilla. Estupendo.
¿Bueno, y de qué teníamos que hablar? De
ti. ¿Qué me pasa a mí? No lo sé.
¿Entonces? Pero tú sí lo sabes. Nunca ha
sido muy hablador, pero llevas una
temporada que no me digas que no está raro
o preocupado. Siempre que te hablo parece
que estás pensando en otra cosa. Y eso
sabe usted no resulta muy agradable.
Habrá que llamar a Aretha a ver qué
descubre. Nada. Aretha no va a descubrir
nada. Cuando alguien se pasa la vida
buscando cosas para los demás, a lo mejor
es porque no quiere saber nada de lo suyo.
¿Dónde has leído eso? Te lo digo en serio.
Estoy pensando en cerrar la agencia.
¿Cómo va eso? Perfecto. Americana Blasir
azul marino con botones dorados y
pantalones de tergal de lana gris perla.
Ahora verá al señor. Mire. Muy bien.
Oye, Germán, no me jodas. ¿De verdad
quiere que vaya así por la calle?
Maravilloso. Una línea cómoda y deportiva.
Lo que hay que llevar. Desentona. El pelo
esta temporada se lleva corto. Vas a tener
que ver a Rocky. Ni hablar. El pelo no.
Uno tiene derecho a su larbura de pelo.
Viene en la Constitución. En la mía no. Y
ahora atiende bien. De aquí coges un taxi
y te vas al hotel Emperador. Atiende,
te instalas y empiezas a actuar. Hay que
liquidar el asunto rápidamente porque me
voy de viaje, coño. ¿A dónde vas? Tienes
la habitación 625 reservada anoche desde
Valladolid. ¿Nuestro hombre ocupa las 626.
Oye, amoí, y si el tipo me pilla in
fraganti e intenta darme por culo, qué
hago? Pues te dejas una gentileza más de
arete. Investigación. Ya te dije que era
un trabajo sucio. Y ahora envuélvame
al chico en un abrigo. Que esté bien,
pero sin pasarse. Y otra corbata. ¿Esta la
has elegido tú, verdad? Sí. ¿Se nota?
Sí, señor. Ahora se lo traigo al señor
Moro. Te estamos convirtiendo en el
auténtico hombre 83. Práctico,
imaginativo y funcional.
¿Tú crees? No.
Bien, señorita. Pues lleve ya las pruebas
al despacho del señor Rojas. De acuerdo.
Por favor, señor Leiva, acuda al teléfono.
Soy Leyva. ¿Quién llama?
¿Está usted segura, señorita Bugs?
Bueno, páseme. Yo llamé a mi mujer por
teléfono. Dije que vienes a recogerme.
¿Quién es? Sí, soy Alfonso Leiva. ¿Con
quién hablo? Le hablo a William McGregor
Jr. De books a books. William McGregor Jr.
Do you speak English, Mr. ¿Leiva? Ah,
perfecto. Bueno, Mr. Leiva, que yo quería
decirle que dónde si no es en la
maravillosa enciclopedia de Books Books,
puede usted encontrar en menos de 1 min.
Que el vampiro murciélago vive 13 años
mientras que la cucaracha solo aguanta
cinco, por ejemplo.
Ha colgado. Se ha cabreado.
Y es normal que Coño,
amo, aquí en Egipto hace un frío de
cojones. Me estoy quedando tieso.
Y es que vaya abrigo, la virgen. Y
gracias. Oh, amo. Porque al fin y al cabo
tú eres de los que compran cosas. Otros ni
eso. Que está
bien el abrigo, joder, que está bien.
Coño, qué serio eres. Es la
hora. Faltan 2 min. A lo
mejor entendió mal a telefonista. A mí
desde luego me templo de Debod a las seis.
Tranquilo, Mauro, tranquilo. Es que yo
necesito acción, ritmo, swing. El estar
parado me mata. Desde luego. Hay que
joderse lo que hace la gente cuando no
tiene nada que hacer. ¿De qué hablas?
Del asunto del templo ese. O sea, que tú
dices que estaba en Egipto y se lo han
traído a Madrid. Meño a Meñor. ¿Y para
qué? Si ya tenemos la Almudena. ¿Es que
vamos a hacer colección? No es preciso que
te vuelvas ni mires a la izquierda. Ya he
mordido uno. ¿Nuestro hombre? No, el otro.
Un tipo con un abrigo beige, como de un
80. Anda, que se los busca. Chaparros. Y
córtate el pelo. Es la última vez que te
lo digo, joder.
Qué o qué o Germán, nuestro hombre viene
por la izquierda y viene derecho hacia
nosotros. ¿Qué hacemos? ¿Tú viste jugar a
Gainza? ¿El gamo de Colombes? El gamo
de Dublín. Bueno, joder, el que jugaba con
Escudero. Gonzarra,
si no se van los dos juntos, yo me encargo
de Leyva y tú sigues al nuevo. Y mañana a
primera hora al banco. Le das la llave a
tu amigo y a ver qué nos cuenta. Ok.
Mackay. Si tuviésemos un micro
transitorizado, que los hay y que yo
conozco a un tipo que los vende, que te lo
presento cuando quieras. Tiene virguerías.
Me enseñó unos que van montados en
bolígrafos que son la leche. El futuro de
nuestro oficio está en la electrónica,
Germán. Lo que pasa es que tú no quieres
evolucionar. Mira Villalba, que parece
James Bond. Con un micro de esos, ahora
sabríamos lo que les pasa. Es que yo sé lo
que les pasa. ¿Tú por qué lo sabes?
Porque lo están diciendo a gritos. Los dos
son muy expresivos. De entrada no se han
dado la mano y sin embargo se conocen.
Luego la cosa viene tensa. Joder, cómo
afinas. El tipo del abrigo beige está
proponiendo algo que Leiva no acepta. Eso
es que no, que no y que no.
Me parece que no es la primera vez que
hablan del problema. Espera, espera.
Esto ya es más interesante. Moro. ¿Sí?
La cosa va en serio. Sigue, sigue, sigue.
Ese tipo amenaza a nuestro hombre con
algo. Sí, está tratando
de presionar a Leiva. ¿Chantaje? No lo sé,
pero la coacción es fuerte.
Ahora Leyva parece tocado.
No sabe qué hacer. El otro tipo es muy
listo. Aprovecha la vacilación de Leyva
para alargarse y dejarle pensando en el
problema. Y aquí se acaba la
retransmisión. Cada oveja con su pareja.
Vamos, Moro, vamos. Sí. Bueno, don Moisés,
encantado. Y me pone usted a los pies de
su esposa. Muy buenas tardes.
No hay ningún otro hombre. ¿Está usted
completamente seguro? Ocupa la habitación
626 del hotel Emperador. Sobre su mesilla
hay una fotografía de ustedes dos con
fondo de sierra. Una foto con marco de
carey. Nos la hicimos junto al parador de
Gredos. 26 de mayo de 1962.
Una hermosa mañana de
primavera. Hay momentos de plenitud
que deberían ser eternos. Su vida es
ordenada. Del trabajo al hotel, del hotel
al trabajo. Siempre cena en su habitación.
No sale de noche, no hace llamadas
telefónicas. Sin embargo, martes y jueves,
de siete a ocho, que son las horas de
consulta, visita al doctor julio
Mendizábal. Es un psiquiatra. ¿Un
psiquiatra? Sí,
lleva acudiendo cinco meses. Su primera
visita fue el 9 de julio.
Extraño. Ayer, y este ha sido el único
gesto fuera de su programa de vida, se
entrevistó con un hombre que previamente
le había llamado el hotel. ¿Sabe quién es?
Sí, se llama Ignacio García Cuevas y
dirige una agencia de consulting.
Gabinete de orientación de mercados, gran
Vía, 32. La entrevista apenas duró 5 min.
Y no me pareció amistosa. Sé quién
es. La empresa de García Cueva se encarga
de la difusión comercial de los
laboratorios. Alfonso y él nunca se han
llevado bien. Siempre han tenido roces,
aunque lo normal es que discutieran sus
puntos de vista en la oficina y no en un
parque. Pero en fin en cuanto a
la situación financiera de su amigo, su
cuenta corriente arroja un saldo a su
favor de 812114 en
acciones eléctricas y bancarias. ¿Y a la
cotización actual, aproximadamente
5300000. Empieza a darme miedo,
Areta, lo sabe usted? Y también tiene en
el banco una caja de seguridad. ¿Cómo
dice? Una caja de seguridad,
Alfonso. Mucha gente las tiene.
¿Y qué suelen guardar? Por ejemplo,
sellos ejemplares muy cotizados
en series de cuatro colecciones de monedas
de oro muy peculiares, carpetas de
diamantes o dos esmeraldas sin apenas
jardín. Eso es mucho dinero.
Sí, más de 100 millones que
pueden llevarse en un bolsillo si por
cualquier razón hay que salir
precipitadamente del país.
¿Cómo puede saber lo que encierra una caja
de seguridad sin abrirla?
Mañana recibirá la factura y copia del
informe. Solo la factura, por favor. No
quiero ningún papel, ninguna huella de
esta investigación. Mentiría si le dijera
que estoy arrepentido de haber acudido a
usted. Pero por dentro no me siento bien.
Nadie tiene derecho a meterse en la
intimidad de nadie. Como quiera.
Qué trabajo tan especial el suyo, señora
Rita. Bueno, es un trabajo tan malo como
otro cualquiera. Duermo poco, ando mucho
y lo que veo no me gusta nada. ¿Seguro que
no quiere tomar algo? No, gracias.
Además, tengo prisa. Le acompaño,
señora Alita. De nuevo, muchas gracias.
De nada. Adiós. Buenas noches.
¿Es que pasa algo? No, pero me sorprende.
Como no habíamos quedado, no puedes llamar
para decirme eso de que se te ha
complicado la cosa y no puedes venir, que
es lo habitual. O sea, que ya no tengo
espera. Hola. Que ya no tengo que ir yo
luego a la una. Uy. ¿Te pasa algo?
¿Seguro que te encuentras bien? Oye, que
no estoy de guasa. Es solo la falta de
costumbre. ¿Y eso? Pues claro que
me hace ilusión. Ahora mismo dejo a mis
enfermos colgados de las pesas y me voy a
la peluquería. Vale.
¿Oye, eso ha sido una sonrisa?
Adiós.
Tienes un despacho muy bonito, frutos.
¿Le conocías?
Sí.
Y a ese también.
En su casa había una factura de tu
agencia.
Pues dime.
Este vino a verme Miguel San Pedro.
Quería encontrar a este Alfonso Leiva.
Hice el trabajo y punto. Y como siempre,
bien. Aretha nunca falla. Eso ya lo
sabemos. ¿Qué más?
Era un matrimonio encantador.
Tenían clase.
Tenían clase. Ya.
¿Y qué más?
Les gustaba el arte. Eran muy hogareños.
Apenas salían. Y cuando lo hacían era a
una exposición, a un concierto.
Coleccionaban cerámicas y hacían teatritos
de cartón. Muchas tardes se las pasaban
oyendo discos de comedias musicales
americanas. Broadway,
Frutos. La magia de Broadway.
Por la noche cenaban en bandejitas
individuales mientras veían películas
antiguas. En el vídeo. Se amaban
y eran felices. Hasta ayer por la tarde.
Ayer por la tarde ya no escucharon música
ni jugaron a los teatritos. Ayer por
la tarde este Alfonso Leiva le
rompió el cráneo a este Miguel San Pedro
con una figurita de bronce. Y este,
arrepentido, se tomó un tubo de
barbitúricos. El crimen,
piojo. La magia del crimen.
Más no hay más.
Seguro. Oye, Frutos,
mañana me voy a Italia. No me jodas
el viaje. Sí,
un momento.
¿Y por cuántos días?
15. Pues le diremos
al juez que no molesten al piojo de
momento.
Buenos días, don Germán. ¿Va a tomar
alguna cosa? Tráeme un café. ¿Un café solo
o con leche? ¿Cortado en vaso o en taza?
En taza. ¿Taza grande o en taza pequeña?
La que te salga de los cojones. ¿Te parece
bien? Vale, vale.
Es usted como el gitano de la copla.
Conozco muchas coplas de gitanos. Pues yo
sólo conozco una. Que cada vez que en mi
camino te cruzas, gitano, es para hacerme
llorar. Pues echa tus lágrimas en
mi pañuelo, niña bonita, que me las
llevaré a grana. ¿Qué les traigo? La
guitarra. ¿Cómo está el patio?
¿Pero qué te pasa, piojo? Pues pasa,
abuelo, que me ha metido usted en un lío
de cinco estrellas. Pasa que hay
que joderse con la clase de clientes que
me manda. Pasa que Frutos es el tipo que
peor me cae de la santa casa. Que yo ya he
hablado con él y me ha prometido que si no
venías en plan borde, te van a dar la
menor tabarra posible.
¿Te ha gustado el despacho de frutos?
Bonito.
Pues ese es el que tú tendrías ahora si no
te hubieras ido. Gilipollas.
¿Qué pasa con Miguel San Pedro? Fuimos
compañeros de bachillerato en Lugo y de
derecho en la Universidad de Santiago. Y
además hasta casi parientes, creo
recordar. Su padre era
algo así como primo carnal de una tía
política mía que vivía cerca de Orense,
de Sanardello. Vamos, abuelo, no me
cantinfle, que tengo prisa. Pero coño, tú
te vas a morir de un infarto. Siempre que
hablo contigo tienes prisa. Sí, porque la
mayoría de la gente se enrolla para decir
nada y me hace perder el tiempo. Y luego
viene eso de Aretha, corre, que si no, no
llegas. Yo lo
que quiero saber es qué relación tenía
usted con Miguel San Pedro ahora.
En realidad, ninguna. Desde los tiempos de
la universidad. Cada uno se fue por un
lado y adiós muy buenas. Hace un
año entré en una tienda de antigüedades a
curiosear y resultó que el dueño era
la bisbisi vanita, anita diminuta,
que así le llamábamos en la universidad al
pobre Miguel San Pedro. Anita era un
personaje de flechas. Déjese de tebeos. Y
al gran si es que no hay más piojo. Eso es
todo. Empezamos a charlar
del instituto, del Hugo,
de aquellos tiempos, de los compañeros,
la nostalgia, ya sabéis. Nos dimos los
teléfonos, las direcciones y nada más.
Por eso me ha llamado Frutos. Porque en
una agenda que tenía el bueno de Miguel
estaban mi nombre, señas, teléfono,
etc. Luego, hará cosa de
un mes, me llamó, nos vimos, me contó lo
de su amigo y me dijo que si podía
ayudarle. Y el resto ya lo sabes.
Y lo de la riña, el golpe
con la figurita de bronce, los
barbitúricos lo veo tan
poco claro como tú. ¿O no?
Es la hipótesis de Frutos y será la
conclusión del juez. Crimen pasional.
Pero qué gracioso eres.
Germán, soy yo.
Estás hablando conmigo.
¿Qué sabes tú que Frutos no se Ándate
con ojo, porque como Frutito se entere de
que te callas algo qué? ¿Qué va a hacer?
¿Cerrarme la agencia? Pues muy bien, a la
mierda. Areta investigación. Y qué piojo.
Tienes un nuevo cliente.
Vas a trabajar para mí.
No, ni lo sueñe.
Primero, es un caso de homicidio y se sale
de mi competencia. En segundo lugar,
ya no soy policía. Aquellos tiempos
pasaron y no volverán. Tango. Y por
último, ya estoy de vacaciones.
Frutos dispone de muchos medios para saber
qué pasó con su amigo y el amigo de su
amigo para matar una
mosca con un martillo. No basta con tener
el martillo en la mano.
Hace falta saber dónde está la mosca.
¿Y si uno sabe dónde está la mosca,
para qué coño quiere el martillo?
Arribederche, abuelo. Le enviaré una
postal desde Pompeya.
Bueno, vamos a estamos en Capri, a punto
de entrar en San Michel, el santuario del
sol. No, San Michele. No, San Michel
italiano. Michele. Esta eran a capital.
La construyó Axelmonte a lo largo de 30
años y cuando la terminó estaba ciego.
San Miquel es uno de esos sitios que no se
pueden describir porque es distinto a
todos. Sí, sí, sí. Aquí lo dice una casa
abierta al sol, al viento y al mar. Y es
verdad. Pero es algo más. Mira, cuando
paseas por los jardines llenos de columnas
blancas y esculturas, sientes algo muy
extraño. Es un lugar mágico. Puedes estar
horas y horas mirando al mar. El mar más
azul que yo he visto en mi vida. Y al
final de la casa, en una especie de
terraza sobre el acantilado, está la
esfinge. Una auténtica esfinge egipcia,
pero vuelta de espaldas, de tal forma que
no puedes ver su cara por mucho que te
asomes, por más que lo intentes, nada, no
puedes verla. Pero esa orientación permite
en cambio que el primer rayo de sol le dé
justo sobre su, dicen, enigmática sonrisa.
Ah. Y si pones la mano sobre ella y pides
un te, será concedido.
Y tú se lo pediste y
te lo concedió.
¿Bueno, y también subiremos a la torre de
Pisa, no? ¿Tú sabes lo que dicen en Pisa
de la torre? Que no está torcida, que lo
que está torcido es el mundo. Pues tienen
razón en Pisa. ¿Señor Arena? ¿Sí? Le
llaman por teléfono. Al fondo.
Guardarropa.
Vámonos. Queda cancelado el vuelo con
destino Roma. ¿Pero qué pasa? Ahora te
lo cuento. Vamos.
Dos tizbos de
nada más irte.
Uno no tenía media hostia, pero joder,
el otro me
preguntaron por ti y
luego me pidieron la llave de los
archivadores.
Les dije que siempre te la llevabas.
Entonces empezó el baile.
Yo no he dicho ni fío, te lo juro, ni fío.
Además, no sabía qué decir.
Desde que habéis cambiado de imagen,
habéis jodido.
¿No te ibas a Italia? Es que de pronto
se me ocurrió que no sería mala cosa hacer
unas reformas en la oficina. Y he decidido
quedarme para hacerlas. Voy a
empapelar de otro color mi despacho y a
cambiar algunos muebles. Pues eso me
parece muy bien. La tenía
muy fea. La impresión que yo tuve
cuando entré en tu oficina la primera vez
fue deplorable. Un sitio muy triste. Me
alegro de que te hayas dado cuenta. Nada
como renovar el ambiente.
¿Abuelo, vamos a trabajar
juntos otra vez? Eso te pedí ayer
y no quisiste.
Alguien muy torpe arrasó
anoche mi oficina y se llevó el expediente
de Miguel San Pedro.
Ya está. Si es que soy el mejor.
¿Cómo ha ido la correspondencia? La mano
amiga nunca falla. Maite y yo estamos
echando los garbanzos al cocido. Hasta
luego,
mis flanelan. Este asunto no me gusta
nada. Si dejara la
vida en él no permita que abran un agujero
en el sucio suelo y metan dentro mi
maldito cuerpo. A mí, como en las
películas, que me quemen y esparzan mis
cenizas por el Pacífico. Bueno, quien dice
por el Pacífico, dice por el Manzanader.
¿Bueno, qué pasa? Nada, bombilla, a ver
si nos echas una mano. Hombre,
ya. Areta un compañero.
Oye, Mary, yo puedo ser calvo, pero no soy
gilipollas. Este es Madero, el piojo.
¿Usted me ha metido dos veces en el
talego, no se acuerda?
La vida da muchas vueltas. El ratero se
vuelve honorable y el honorable deja de
serlo. Así está hecho el tinglao.
Cartero. Mire,
inspector, yo ahora soy un honrado
industrial. El carterista que usted
conoció ya no existe.
Y el inspector tampoco.
Enséñale la foto. Fíjate bien.
¿Le conoces?
Sí. ¿Qué pasa? Ayer, mientras le
seguíamos, te vimos hablando con él a la
puerta de una imprenta. Gráficas Estrella,
en Alcobendas. Es parte de mi registro.
Trabajo con algunas imprentas. Compro
papel de desperdicio y lo revendo a
fábricas de cartolaje.
Es un trabajo decente. Joder. ¿Quién es?
Se llama Ignacio García Cuevas. Le
conocíamos por Iñaki al bisturí.
Hacía un par de años que no le veía y
bueno, pues nada, coincidimos en Gráficas
la Estrella. Luego tomamos unas cervezas,
jiji, jaja y adiós.
¿Quiénes?
Su registro eran sociedades médicas,
la seguridad social y rollos de esos.
Compraba material de derribo en clínicas
privadas. Cuando yo tenía mi quiosco en el
Rastro, me traía instrumental médico,
luego quirófanos enteros y cosas así.
Pieza a pieza, claro.
Una vez me vino el tipo con un pulmón de
acero. Yo nunca quise saber de dónde
sacaba los cacharros. Reparábamos los
cromados y nos volvíamos a vender a
las mismas clínicas privadas o a la
Seguridad Social o a clientes particulares
que el mismo bisturí buscaba.
Le sacábamos una lana importante,
el más claro. Hasta que un día me dio
puerta. Me dijo el cabrón que aquello era
sucio y peligroso y que había cosas más
sucias, pero menos peligrosas.
¿Qué más? Pues hombre, no lo sé muy
bien. Pero en fin, ya se sabe,
si oyen cosas aquí y allá parece
ser que Liñaki montó con alguien una
red de médicos que tragaban tarugos.
El alguien proporciona los talones y los
coches de regalo para los médicos. Al
final del año. Y supongo que Liñaki
se preocupa de que los matasanos
recomienden los antibióticos y los
medicamentos pertinentes.
La tapadera es una empresa que Iñaki
ha montado por aquí cerca. En la gran vía,
me parece.
¿No hemos hablado contigo, verdad,
Bombilla? Y llámame de tú madero.
Mucho ojo. Lo de la colza,
una broma al lado de lo que pueden hacer
esos. Y gracias
por el tuteo, pero prefiero seguir
guardando las distancias.
Aquí hay un trifostio de cojones y estamos
en el momento justo de decidir si sigues o
lo dejas. Como los concursos.
¿Seguimos? Claro. Yo de momento ya le he
dicho a Maite que si me pasa algo, que no
me enterréis. Prefiero que mis Venga,
venga, vamos. ¿Te pasa? Joder, que no
perdamos más tiempo, coño. Pues te voy a
decir una cosa. Esto no es un asunto de
segunda división. ¿Que son los nuestros,
para qué nos vamos a engañar? ¿Y los
tuyos? Esto es Copa de Europa, alta
competición. Moro,
repite otra vez todo lo que me has contado
antes. Mi madre,
pero a mi aire, a mi aire. Es que si no,
Germán, no me apaño.
Pues Piluca Piluca es una cateta
que todavía huele a chorizo de pueblo. Es
pequeñita, pero tiene un par de pitones
del conde la corte. Total, que la tengo en
el bote. Venga, vamos. Piluca entró hace
cuatro meses. Trabaja en vaselinas, en la
línea de vaselinas, como ella dice. Y me
ha contado que nada más Palmar Leiva han
dejado de fabricar medicinas. Todo lo que
tenían hecho se lo han llevado al almacén
distribuidor. Una cosa una cosa que se me
ha pasado antes y a lo mejor es
importante. Allí nadie sabía que le iba la
niña. La primera noticia por los
periódicos. Piluca dice que era un tío
como hay que ser, fino, educado y muy
buena persona. Claro, que eso también
podría ser mi retrato robot. Muy gracioso.
Pues nada, que le iba se iba a ir de la
empresa el 31 de diciembre. Ya se lo había
anunciado al tío del personal. Y lo más
importante, en el envasado de
antibióticos, ni Piluca ni sus compañeras
metían la mano para nada. Siempre lo
hacían unos mendas que iban por la noche.
¿Los del turno de día sólo meten vaselina
industrial en tubos, que por cierto, la
sacan de unos bidones enormes que hay lo
otro qué otro? Lo otro, Moro,
lo otro. Pues eso, nada, que Peluca va
a enterarse de lo que hacen por la noche.
Mejor dicho, de lo que hacían, porque como
ya te he dicho, aquello está ahora como
muy parado. Hablan incluso de cerrar el
laboratorio. Y yo le he pedido a mi amor
que me traiga algunos epases de los viejos
y a cambio la voy a llevar al cine, a
cenar y a pachar. A propósito, amo, dos
cosas que se me han pasado antes.
Primera, la factura del motel ya la tiene
Maite. Segunda, puedo seguir con el coche
de alquiler unos días. Y es la que el tío
ha elegido mal, coño. El coche del año
para el hombre del año. ¿Quién le has
dicho que eras? Nada. Le ha metido un
rollo de que trabajo para un laboratorio
de Barcelona. Patentes y cosas así. Ni a
Robert Red Foreste le he prometido
comisión 1. Regalito, como tú me dijiste.
No hay problema. ¿No ves que la tengo
hasta las trancas?
Mañana me voy.
Mira, esto esto que hacemos es yo
que sé lo que es esto. Una mierda.
¿Quizá no se ahora el momento para
hablarlo, pero qué más da? Iba a salir
mañana o pasado. Y como tú y yo no
somos idiotas, lo sabíamos.
¿Verdad que lo sabíamos?
Lo peor no es que parezca que no
me haces ni caso. A mí también me gusta ir
a mi aire. Lo peor es que ya últimamente
ni me preocupo cuando me despierto a las
tres o las cuatro de la madrugada. ¿Le
habrá pasado algo? ¿Quién sabe?
Cada uno tiene derecho a vivir como
quiera. Pero yo también.
Germán.
Germán, yo te quiero mucho, pero no
me gustaría pasarme la segunda mitad de mi
vida tan mal como la primera. Ahora quiero
divertirme, quiero pasarlo muy bien,
quiero reírme muchísimo. Y necesito
apoyarme en alguien. Que alguien me quiera
y que me lo diga.
Verás,
verás, yo sé que
una vida sin trabajo, y lo digo por mí,
no tiene mucho sentido. Pero vivir solo
para el trabajo, como haces tú, pues
tampoco lo tiene. Nunca tienes tiempo, no
ya para nosotros, sino para ti, para hacer
lo que te dé la gana. Siempre hay cosas
más urgentes. Lo primero, resolver los
crucigramas.
Si no puedo entrar en tu vida, tampoco hay
ninguna razón para seguir en tu casa.
Nunca te interesa nada de lo mío,
de mis cosas, de mis amigos.
Tú sabes que tengo amigos y amigas.
Te dije que me iba a matricular en
medicina. Me has preguntado una sola vez
qué tal me va. Germán,
tu vida es solo eso.
Pero ahí no está mi nombre y
ojalá no esté nunca.
¿No te gusta mi trabajo, verdad? A mí
tampoco. Pero conozco una ciudad
y tengo una libreta de direcciones. ¿Con
ese capital, que otro oficio hay para mí?
Me has dicho que te marchas y debes
hacerlo, pero no me digas dónde estás.
Tú tenías una hija y la perdiste por mi
culpa.
Si ahora, y también por culpa mía,
a ti te pasa algo, lo único
que voy a hacer bien y a conciencia será
pegarme un tiro.
Yo no pedía tanto. Me bastaba
con ser feliz un poquito cada día.
Vamos a ver, abuelo, tome nota.
Ridesa es un holding que lleva en sus
tripas capital italiano, suizo, alemán y
español. Algo así como un pequeño mercado
común del trapicheo financiero. Porque en
el grupo tienen de todo. Empresas fuertes
y otras que parece que están allí para
justificar pérdidas. He consultado el
anuario, el libro sagrado de las 100
familias y en la presidencia Pásmes le
digo quién está. Escucha, piojo.
He tenido acceso al sumario y allí la
historia parece clara y contundente.
Leiva mató a mi amigo y luego se suicidó.
Todo concuerda. El informe del forense,
las autopsias, la declaración del
psiquiatra y hasta los chismes de un
vecino que oyó como esa misma tarde San
Pedro y Leiva discutieron a gritos.
Las conclusiones del sumario se apoyan en
evidencia. Las conclusiones del sumario
serán el final perfecto de un crimen
perfecto. Y el psiquiatra
miente. Trabaja para una sociedad médica
colaboradora del grupo. A Leiva lo
suicidaron. Puede que sí
y puede que no.
A veces las cosas parecen sencillas y
además lo son. Todo cuanto
me dices, todo cuanto crees saber podría
ser cierto. ¿Pero y qué? Está en función
de unos datos mínimos. Suposiciones,
conjeturas. Ni una sola prueba real.
No me jodas. Ese cuento no sirve para
nada.
Abuelo, que soy yo.
Sí, eres tú. ¿Y qué? Es que tú no puedes
estar equivocado. ¿Dónde están? ¿Cuáles
son esos medicamentos falsos que Leiva,
según tú, certificaba con su firma de
doctor en farmacia? Dame uno. Uno solo y
se podrá actuar. La ley no protege
sospechas. Mira, piojo,
atiende. Si estás armando una hipótesis
lógica con suposiciones, eres un
idiota. Pero si tu hipótesis coincide con
la realidad y sigues tirando del hilo,
entonces eres más idiota todavía.
¿Está claro?
¿Abuelo? ¿Se da cuenta?
Siempre hemos evitado hablar de cómo y por
qué me fui. Ha pasado mucho tiempo.
No merece la pena hablar de ello. Me fui
porque usted no me apoyó. Cuando se pierde
la confianza en quien manda, lo mejor para
no criar úlceras es largarse.
Mira, piojo, celebro que no tengas
úlceras. Pero a veces
lo difícil es seguir donde uno está,
evitando al menos que ocupe tu puesto
alguien peor que tú. Yo también tuve mis
razones para hacer lo que entonces hice.
Usted no hizo nada. Usted no se mojó el
culo porque tenía el ascenso pendiente de
un hilo. Usted, como yo, sabía que
aquellos depósitos estaban vacíos. Que
bastaba con entrar allí y romper los
precintos para demostrarlo.
Pero no debíamos entrar sin una orden
judicial. Es lo que ellos tenían previsto.
Y cuando usted consiguió la orden
judicial, los depósitos ya estaban llenos,
los falsos precintos intactos. Y el hombre
que se había jugado la vida dándome el
soplo ya
la había perdido. Conclusión del
sumario accidente por fallo mecánico.
Pero usted y yo conocíamos la verdad.
Ciudadano eliminado por confiar en la
policía. En un policía, perdón, en la
policía. La historia se
repite. Usted me mete en el lío y
luego se lava las manos.
Piojo.
Lo siento.
Ten cuidado.
Si das con la verdad, la vas a encontrar
envuelta en mierda.
I have the market send over some salt
mackerel for you. I know how you love it
for breakfast some sweet kid.
It's late. ¿Why don't you go to bed sound,
sweet kid?
No, no, no. Use the method called for in
each particular case and don't tell me
anything about it.
Oye, tú, nena, como te llames.
Vete un ratito al tocador a pintarte los
labios. No te muevas, Moro. Y dile
que salga.
¿Oye, Moro, por qué te llaman Moro?
¿Es que eres Moro, no? Mi padre vivió
en Sidivni, África occidental española.
Ularadi ya. ¿Te ha contado muchas cosas
bonitas la tetas gordas? Seguro que sí.
Cosas muy bonitas. Lo que pasa
es que a ti esas cosas no te interesan
nada. ¿Pero, coño, quiénes sois vosotros?
Parece que habéis salido de la pantalla.
¿Se cree muy gracioso el Moro, verdad?
Sí. Pues no tienes gracia.
No tienes nada de gracia. Oye,
Morgo, caras mejores que la tuya
las he visto yo en puños de paraguas.
Coño, pues eso sí tiene gracia. Ya ves.
Anda, Moro, levántate despacito
y sin hacer tonterías. ¿No me vais a dejar
ver el final? Es un final muy triste,
Moro. Al protagonista le dejan
con menos sangre que a un pollo de cría.
Vamos, arriba.
¿Well, how'd you like the whiskey made in
your home state? Oh, there's that, sir.
Kentucky Boone County, Kentucky. Best
water in the USA. The water makes
the whiskey fit to drink. Well.
¿Quién es? Señora Areta,
soy Cárdenas. ¿Qué pasa? No,
no pasa nada. Abra. Señora Areta,
tengo tengo algo muy importante que quiero
que vea. ¿Sucede algo? No,
señora Areta. Todo está bien.
Sube.
Eres un buen chico, Moro.
Oye, Germán, verás,
yo nunca me he metido para nada en tu
trabajo ni tú en el mío. Claro,
así tiene que ser.
Pero yo soy tu amigo y
sé que estás en un lío.
No quieres que nadie te ayude. Le has
dicho al Mary que te olvide por una
temporadita y
coño, pues eso, que no quiero que te pase
nada, joder.
Escucha, germán, deja lo
que sea que sea. A veces tirar
la toalla no es tan malo.
Rocky. Una vez leí una historia
de boxeo. Contaba la pelea de un viejo
boxeador con más de 100 combates a la
espalda. 1 Joven promesa,
el viejo boxeador había hecho buenos
combates en el pasado, pero ahora sus
nudillos estaban rotos, sus cejas eran de
papel de fumar y sus arterias ya no tenían
elasticidad.
El tipo había resistido más que nadie. No
quedaba ni uno solo de sus antiguos
compañeros. Su rival no solo era joven,
sino bueno. Un boxeador rápido,
inteligente, de pegada seca y los pies tan
ligeros que apenas tocaban la lona. La
pelea era desigual. El viejo boxeador
sabía que iba a perder, pero tenía que
luchar, tenía que aguantar. ¿Lo hacía por
él, entiendes? Por sobrevivir.
Tengo que hacerlo, Rocky. Tengo que
hacerlo. Y nada más. ¿Quién ganó el
combate? El joven.
Adiós, campeón.
¿No querías irte unos días fuera? Pues sí,
vete. ¿Y cuándo vuelvo? No te preocupes,
yo te avisaré.
En antena tres comienza en estos momentos
el gran programa especial Navidad.
No hace falta ser creyente para entender
que esta noche, la Nochebuena, es la noche
más importante del año. Son ahora las 6:03
minutos de la tarde. Dentro de tres o 4
h, hasta los más solitarios habrán
encontrado compañía. Eso que llaman el
calor de hogar se hará patente a partir de
este momento en el que la paz lanza sus
gritos más sonoros, en el que la familia
adquiere su dimensión más entrañable y en
el que la esperanza brilla en los neones
de los grandes almacenes y en la alegría
de las personas. En Antena tres estaremos
con ustedes para acompañarles en tan
felices momentos. Desde ahora hasta las
8:00 a.m. un equipo capitaneado por
Carlos Pumares se hace cargo de esta
programación festiva y especial. Yo,
Manuel Martín Ferrán, en nombre de todo el
equipo de esta casa, les deseo una feliz
Nochebuena. Feliz Navidad.
May the tree comes listen.
And children save
us in this morning.
¿I'm dreaming of
a wine is with
every Christmas part i may
be merry And quién
es usted? ¿Qué quiere?
Areta, Germán Areta. Le están esperando.
Pase.
Levante las manos. Regístrele.
Ya puede bajarlas. Don Gregorio le está
esperando. Un consejo trate de portarse
bien. Hoy es Nochebuena y no me gustaría
hacer daño a nadie. Ya. ¿Y tú quién
eres? Pues ya lo ves,
el jardinero. Vamos.
No, por ahí no, Areta. Por aquí, por la
puerta de servicio.
O sea que si papá no viene hoy pronto a
casa, no se acaba el belén. Es que dice
mamá que eres el que mejor coloca las
ovejitas y el río. Zalamera, que eres una
zalamera. ¿Y vosotras, es que no venís a
ver el belén? ¿Pero esto qué es? No hables
tanto por teléfono con tu novio a ver el
belén. Gregorio. Dice Rosario que la
persona que esperaba está allá, en la
biblioteca. Sí, amor, enseguida voy. Que
vaya tomando una copa. Muy bien. Estás
guapísimo. Gracias. Ir sacando todos los
coches que enseguida vengo. Y tú,
Antonio, deja jugar a tu hermana.
Anda, anda.
Campana sobre campana.
Hizo que campana asomase
a la ventana porque
canadien Buenas
noches, señora Areta. Siéntese.
Celebro mucho conocerle. Lamento que la
entrevista sea una fecha tan especial,
pero créame, no podía ser de otro modo.
Además, usted ha llamado demasiado tarde y
yo mañana salgo de viaje y urge que usted
y yo tomemos decisiones.
Pero siéntase, por favor. ¿Quién mató a
Cárdenas? ¿Cárdenas?
¿Quién es Cárdenas? Se sirvieron
de él para anunciarme esta entrevista. Le
metieron el recado entre los dientes.
Últimamente se han cometido algunos
errores. El de su amigo y el de una chica.
Sí, el de una chica que trabajaba en una
de nuestras empresas. La gente, ya se
sabe, se pone nerviosa. Pero siéntese,
señora Leta, por favor, y hablemos de lo
que verdaderamente importa.
Además, no tengo mucho tiempo. Hoy es
un día familiar y usted también querrá
estar con los suyos.
Tenga, echen un vistazo y
dígame si es correcto.
Areta, sabemos todo de usted.
Tiene usted sangre tipo cero, factor Rh
negativo. Estudió bachillerato en Madrid,
instituto Cardenal Cisneros. Con muy
buenas notas, por cierto. Comienza derecho
al mismo tiempo que ingresa en la policía.
Servicio militar en África, Tetuán,
regimiento de artillería número 30. Más
tarde, el inspector Aretha,
alias el Piojo, trabaja durante 10 años
en la Brigada de investigación Criminal.
No termina sus estudios de abogacía, pero
nadie discute que es el mejor policía de
España en su especialidad. Y cuando lo
tiene todo para dar el gran salto, dimite
y abandona el cuerpo. Creo que
dificultades con ciertos depósitos.
¿No es un buen negocio falsificar
medicamentos? No le diría
ni que sí ni que no. Pero los hay mejores.
Desde luego. Ahora,
y tras un meticuloso estudio de mercado
que han hecho los expertos, hemos decidido
suprimir nuestra actuación en
la línea de farmacia. No por usted, no se
haga ilusiones. Es que hay demasiada
competencia. ¿Sabe usted cuántos
medicamentos tenemos en España, Areta?
Más de 25001. Barbaridad. ¿Por qué mataron
a Leiva? Nunca llegué a conocerle
personalmente. Y me hubiera gustado, ya
que, según he sabido, teníamos una pasión
común la filatelia. Tengo entendido que
Leiva fue una persona muy querido y
respetado de sus empleados. Pero al
parecer, sentimentalmente las cosas no le
iban bien. Según el doctor Mendizábal,
su psiquiatra, un médico estupendo, me
dijo que Leiva padecía graves depresiones,
profundos estados de histeria, lo cual
hizo que su comportamiento en los últimos
tiempos fuera bastante extraño.
Abandonó su domicilio, se negó al diálogo
con sus compañeros y lo peor,
se volvió excesivamente escrupuloso en
todo aquello que se relacionaba con su
ética profesional. Y se suicidó tras
cometer un crimen terrible. Como usted ya
sabe. Yo el
cuento lo veo de otra manera. Un día
Leiva. Basta. No quiero colaborar más en
esta atrocidad. Busquen la firma de otro
doctor en farmacia y dele mi dinero. ¿Y
ustedes? Tranquilo, Leiva. Está usted
atravesando un mal momento. Eso son
nervios. Y le mandan a un psiquiatra. Un
médico estupendo. Pero marca de la casa,
naturalmente, que es el encargado de
convencerle de que debe seguir. Y Leiva,
conociéndoles a ustedes y temiendo por su
amigo, decide separarse de él para no
involucrarle nada. Y entonces aparezco
yo, un detective que investiga
el clásico asunto de celos. Pero ustedes
creen otra cosa. Y tras un minucioso
estudio del mercado, los expertos
aconsejan el crimen pasional.
Carambareta. Me encanta hablar con usted.
Cada vez estoy más satisfecho de haberle
salvado la vida. Un hombre que a cuerpo
limpio y sin medios consigue molestarnos y
obligarnos a actuar con diligencia. No es
un tipo corriente. No, señor. ¿Más coñac?
No. A mí me gusta reconocer el talento.
No se llega arriba siendo mezquino.
Créame. Hay que ser generoso con los
demás. Usted tiene cerebro, conoce su
oficio. Es la persona que necesito. Por
eso voy a ficharle para nuestro equipo.
Tenga. Es una compensación por los
desperfectos ocasionados en su despacho.
Esto no tiene nada que ver con lo que
estamos hablando. Naturalmente,
Aretha, usted usted es
un tipo honrado. Se ve enseguida. ¿Pero le
voy a decir una quién no ha sido honrado
una vez en la vida? Dicen que cada día
nace una persona honrada. Y a lo mejor es
así. Yo no digo que no. Pero de lo que
puede estar seguro es de que cada minuto
nace un tramposo. Ahora ya no es como
antes. Ahora cada vez es más difícil
ganarse ilegalmente una vida respetable.
Ya es hora de que convierta su cerebro en
una máquina de hacer dinero con
medicinas que matan. No,
no. Bueno, algunas veces los
sueros, como no llevan control de calidad,
al llegar caducados al medio hospitalario
o en condiciones deficientes, pues
producen algunas infecciones y en
fin, si algunos enfermos padecen ciertas
incompatibilidades riñón pero no,
no es habitual. Esto ocurre en
ocasiones, no sé, de vez
en cuando. Nuestros medicamentos no matan,
Aretha. Lo que sucede sencillamente es
que no curan. De todas maneras, y como le
decía, vamos a abandonar por una temporada
la línea de farmacia. Ya se habrá enterado
por la prensa que un incendio fortuito ha
destruido nuestro laboratorio. Gracias a
Dios que estaba asegurado en mucho más de
lo que valía. Claro. Papá,
han venido los primos. Diles que enseguida
voy, cariño, que estoy con una visita. Tú
tienes nacimiento con río y camellos
Perdón. No molestes a
papá, que está trabajando. Buenas noches.
Buenas noches.
Perdón. Es la pequeña Areta.
Quiero que trabaje para nosotros en un
campo que usted conoce muy bien. El suyo.
La investigación privada. Mire, yo no
tengo ningún interés en comprarle su
silencio sobre lo que sabe, que no es
nada, absolutamente nada.
Lo que quiero comprarle es lo que pudiera
llegar a saber para nuestro equipo. Vamos
a montarle una agencia de primera fila,
la mejor para conseguir nuestros
objetivos.
¿Y esos objetivos son a ver si lo
adivino, políticos, no?
Claro, los políticos hacen la política.
Pero alguien más fuerte y más inteligente
debe indicar a los políticos cuál es la
política que conviene hacer. Esto es algo
absolutamente necesario en nuestros días y
que, como usted no ignora, ocurre en todos
los grandes países. Y en todos los países
que, como el nuestro, queremos que sean
grandes. ¿Por qué?
Pues muy sencillo. Porque el queso aretha
está podrido en todas partes y ya no hay
forma de comérselo sin tragarse algún
gusano. ¿Por curiosidad,
y abusando un poco más de sus amenas
confidencias, quién allá
arriba, tirando de los hilos? Me parece
que no entiende usted las nuevas
estructuras. Ya no hay números uno.
Y si los hay, yo al menos no quiero saber
quiénes son. Arriba posiblemente
ya no hay nadie concreto.
¿Me van a matar hoy o lo deja para después
de Navidad?
Aretha, parece usted alguien sacado de un
dagarrotipo. Nadie va a matarlo.
Usted no puede hacernos ningún daño.
Pero es una pena. Ha dejado usted
pasar la gran ocasión de su vida.
Por favor, que venga Rosario.
Así que te llamas Rosario. Qué nombre más
bonito. Fue ocurrencia de mi madre.
Esperaba una niña. ¿Y dime, Rosario, tú
disfrutas pegando a la gente? Bueno, pues
disfrutar, lo que se dice disfrutar, sí.
Me relaja los nervios. Soy un tío muy
nervioso, aunque no lo aparento.
Te olvidas de algo, Rosario. Mi pistolita.
Quiero mi pistolita. Pero eso no puede
ser. Me la he comido.
Joder, Rosario, pues te has comido 10000
duros. Solo como cosas buenas.
¿Y dime, Rosario, te han dicho alguna vez
que eres un gilipollas? Cara cara,
nunca.
Gilipollas.
¿Sí? Soy yo. Areth acaba de salir.
Y tenía razón, no es utilizable.
Oiga, oiga. ¿Dónde va usted?
Alto. Quieto. No te muevas.
Atrás. Y ojo, que yo también soy
jardinero. Atrás. Vete para
atrás.
¿Y ese sombrero? Si no te gusta, me compro
otro. Y si no hubiera salido,
te habría sacado. ¿Y la orden judicial?
Está en la guantera. Calibre del nueve
largo. ¿Te gusta? Creí que era usted
policía. Estoy jubilado.
¿Van a por ti? No lo sé.
Te lo dije. Mucha mierda para un hombre
solo.
Si pudiera piojo,
escribiría uno de esos libritos de memoria
que también paga el Lara. Ese del planeta,
contando todo lo que sé y todo lo que he
visto. Y con las ganancias me iría a
vivir a Sausalito. ¿Sabes dónde está
Sausalito? California.
Bueno, me esperan para cenar
en casa de mi hija. ¿Quieres venir? Tengo
en el frigorífico un pedazo de queso con
gusano y quiero comérmelo a solas.
Eso me parece muy bien. Cada cual lo
celebra a su gusto. Felices Pascuas,
piojo. Felices Pascuas,
abuelo. Gracias por
haber venido.
Nada, andaba sola por ahí
y me si subes ahora,
Carmen, con un poco de suerte, aretaba te
pega un tiro y se acaban todos tus
problemas.
¿Sigue abierto San Michel?
¿San Miquel?
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