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BASADA EN LA NOVELA DE PIERRE DRIEU LA ROCHELLE
Es precioso.
DELFOS, GRECIA, 20 DE AGOSTO DE 1936
En otras circunstancias,
¿habría apreciado el templo de Apolo?
La cosa es…
que siempre estoy más o menos en estas circunstancias.
En el fondo, esta belleza lo deja indiferente.
No es eso.
No quiero amar lo que ya no está,
lo que está irremediablemente perdido para mí.
¿No sería una aberración amar a una mujer muerta?
Pues bien,
el templo de Apolo,
el Partenón,
las iglesias de Occidente
son momias embalsamadas por el tiempo.
Sin embargo, cuando estoy en la Acrópolis siento una vida extraordinaria.
Como aquí.
Ahora.
Seguro que es uno de los sitios donde yace el secreto de la antigua Grecia.
Donde podríamos comprender
sus razones de ser.
Yo también creo que la vida pasó por aquí.
Pero se fue.
Aquí me siento como un hombre que vuelve a un lugar amado.
Pero la vida no son los recuerdos,
es el mañana.
No sé lo que hacen en Rusia, señor Boutros,
pero dudo que nunca construyan algo tan bello como el Partenón.
Antes del Partenón, o en la misma época,
los hombres construyeron templos para albergar lo más valioso que tenían:
sus dioses y sus tesoros.
Después del Partenón,
otros hombres construyeron catedrales.
Lo que hacemos hoy no es comparable,
pero no es porque ya no haya arquitectos, señor Malfosse,
- es porque ya no hay dioses. - ¿Y entonces?
Entonces,
habrá que inventar casas para los hombres.
Somos muy torpes en ese arte.
Edipo rey de Sófocles se representó aquí.
Al final de la tarde.
La obra se desarrolló con tal precisión,
que en el momento justo en que Edipo
se arranca los ojos tras descubrir el incesto
y el parricidio del que es culpable,
la luz roja del sol
desapareció tras las Fedríades
y la luz se volvió de un gris oscuro.
Mi tragedia de Sófocles favorita es Antígona.
Me sorprende.
Me imaginaba que sería más de Creonte
y de la razón de Estado.
En fin.
Ayer por la tarde se abrió en Moscú
el proceso que inició Stalin contra Kaménev, Zinóviev
y otros jefes comunistas de primer rango.
Esos hombres se acusan de crímenes inverosímiles. ¿Por qué?
Porque los sacrifican por el Estado.
- ¿Y si fueran culpables? - Imposible.
No de esa forma, al menos.
Si fuera así, Zinóviev y Kaménev serían bestias de las novelas de folletín.
Desde su famoso 1789,
la Revolución rebosa ejemplos de traición.
¡De eso nada!
Lo que quiere Stalin es el poder absoluto.
Es muy fácil.
Esta historia ya la contó Sófocles.
Y Shakespeare.
Una vez más, el hombre es pisoteado por la razón de Estado,
señor Boutros.
Habla como le interesa, Malfosse.
Le viene bien apelar a los derechos humanos.
¿De dónde sale usted?
¿De dónde viene el poder de los suyos?
Su cultura burguesa, tan civilizada, tan tolerante.
Viene del terror de Robespierre,
de la dictadura sangrienta de Bonaparte.
Puede que la Revolución tenga que tragarse a sus hijos
antes de llegar a la serenidad.
Le amo.
Te amo.
Te amo.
Te amo.
Una sombra porosa atravesada de rayos bañaba la habitación.
Sobre el pueblo, solo el sol estaba despierto a esa hora.
El inmenso herrero martilleaba el horizonte de hierro incandescente.
Más cerca de ellos,
el silencio de la siesta
que amortizaba las vidas humanas era su cómplice.
Antes de irnos de Atenas, Rico me dijo que me fuera contigo.
No quiero recibirte como si fueras un regalo.
Quiero que lo decidas tú.
Lo he decidido yo.
Y Rico lo sabía,
pero siempre ha pretendido ordenar lo inevitable.
Conmigo no tendrás la misma vida que con Rico.
Eso espero.
¿Margot?
¿Está ahí?
¿En qué país viviremos?
Si tienes que irte a Moscú…
¿podré acompañarte?
¿Y tú qué? ¡Mierda!
¿Dónde está la habitación de mi chófer?
La escalera pequeña, en el pasillo a la derecha.
La puerta de enfrente. Si quiere, puedo…
¿Quién es?
Soy yo.
Sé que la señora Santorini está con usted.
Abra la puerta, tengo que hablar con ella.
Deme cinco minutos, Malfosse.
¡No, Margot, ahora!
Tendré que vestirme, si no le importa.
La espero en mi habitación.
Está interpretando un vodevil nefasto, querido Raoul.
La escena del pillado in fraganti.
¿Sabe cómo se demuestra un adulterio según la ley italiana?
El comisario desliza un bastón
entre los cuerpos de los amantes.
Si encuentra un obstáculo que interrumpe al bastón,
hay adulterio.
¡Margot, por favor!
Se olvida de un detalle.
En este vodevil, usted no tiene el papel de marido.
No es mi marido.
Si Rico no puede cuidarla,
hace falta alguien que la proteja.
Exacto.
Le he pedido su ayuda,
y me ayudará a salir de Grecia con Boutros.
Adelante.
¡Adelante!
Ahí.
Que preparen mi factura en recepción.
Nos vamos en 15 minutos.
Es la mejor solución.
Si llegamos juntos a Patras en su coche,
la policía podría sospechar.
Hay un barco en cinco días. Me embarcaré con Michel.
Iremos a Corfú y luego a Ragusa,
- como una pareja de turistas. - Toda una luna de miel.
Margot,
nos vamos en 15 minutos.
Usted y yo.
Volvemos a Atenas.
Boutros se las arreglará solito.
Ya hemos corrido suficientes riesgos.
¿A Atenas por qué?
Sabe bien que ha terminado todo con Rico.
Puede ser que se haya terminado todo entre su marido y usted,
es un impulso que él lamentará toda su vida,
¡pero lo que usted haga después es otro cantar!
¿Sabe qué voy a hacer después?
Irme.
Eso es lo que voy a hacer.
Me voy con Boutros y eso solo me incumbe a mí.
Margot,
si no está lista para volver a Atenas conmigo en 15 minutos,
denunciaré a Boutros a la policía griega.
Tiene asuntos que arreglar.
Una fortuna como la suya no se abandona sin más.
No va a arruinar su vida por un capricho.
Por una hora de placer sórdido que ese canalla le ha arrancado.
Cállese.
¿Qué sabrá usted del placer?
¡En 15 minutos, Margot!
Avíselo.
No hay peligro.
Soy el chófer del señor Malfosse, nada más.
Hola.
Hola, señora.
Hola, soy la marquesa de Santorini.
Mi marido es secretario de la Embajada de Italia.
Por favor, señora.
- No es necesario. - Gracias.
Les dejo aquí.
Iré andando hasta el golfo de Corinto.
¿Saben dónde estamos?
Según la leyenda
y las descripciones de Sófocles que la confirman,
aquí fue donde Edipo, cuando volvía a pie de Delfos,
se encontró a Layo, rey de Tebas.
Aquí es donde Edipo
mató a Layo,
sin saber que era su padre.
No creo en los presagios, señor Malfosse.
Además, el general Metaxás acaba de prohibir el teatro de Sófocles.
Seré sincero con usted, señor Boutros.
Espero que la policía griega le atrape
y que no vuelva a comprometer la vida de la señora Santorini.
Te esperaré cinco días a partir de mañana.
No más.
¿Cómo te encontraré en Patras?
Te dejaré un mensaje en Cook's.
Por aquí, señora marquesa.
La señora Santorini ha llegado, señor Primoukis.
Le he dicho que la estaba esperando.
Creo que ha estado en Delfos.
Con mi buen amigo el señor Malfosse.
¿Quería consultar el oráculo?
La verdad es que quería ver a su marido,
pero se ha ido.
Él también.
¿Charlie?
- ¿Sí, señora? - Un bronx, por favor.
Ya había venido a verlo
hace 15 días.
La noche del cuatro al cinco de agosto.
¿Nos vimos esa noche? No tengo ningún recuerdo.
Dormía, mi señora.
Dormía como una inocente.
Gracias, Charlie.
¿Le interesa la política, señora Santorini?
¿Sabía que ese día el general Metaxás proclamó la ley marcial,
suspendió la Constitución y asumió plenos poderes
en nombre de nuestro rey Jorge II?
Los comunistas habían organizado una huelga general para el día siguiente,
el cinco de agosto.
Una excusa para movilizar a sus tropas de cara a un golpe de Estado,
como en España.
Allí la Guerra Civil lleva un mes causando estragos
por culpa de los comunistas.
Pero nosotros nos hemos adelantado.
Los hemos cogido en la cama.
Un día duro, mi señora, muy duro.
Deme su palabra de que no hará nada por retenerme en Atenas.
No telegrafiará a Rico,
no hablará con mis amigos, no me dará ningún discurso.
Solo le pido una cosa:
decirle una vez más lo que pienso, por el camino.
No puedo impedirle que hable,
pero estaré sorda.
¡Sorda!
Un día duro, mi señora, muy duro.
Pero un comunista se me escapó.
Uno de los más peligrosos.
Se formó en Moscú, con Zachariades.
Fue uno de los organizadores de la huelga general de Salónica,
en mayo.
Tres veces, en el mismo día,
se me escurrió entre los dedos.
ATENAS, 4 DE AGOSTO DE 1936
Por fin encontré al hombre al que Boutros iba a ver esa tarde.
Un oficial de enlace del Comité Central Comunista
arrestado en la primera redada de la mañana.
Hicimos hablar al oficial de enlace.
Debía verse con Boutros en un pequeño cine de las afueras.
¿Es aquí?
Enfrentándose a las fuerzas comunistas provenientes de todo el país
y pese a las estrictas normas de neutralidad,
el general Franco se ha personado en el frente
para animar a sus falanges y supervisar el combate.
Durante el horror de las luchas fratricidas,
¿cuántas vidas inocentes
tendrá que perder España
antes de que el orden y la legalidad se restablezcan?
Por desgracia, había desaparecido otra vez.
Es una historia fascinante, señor Primoukis,
pero debo abandonarle. Tengo una cita y debo cambiarme.
Por supuesto, mi señora.
Siento haberla retenido con mi cháchara.
Por cierto, ¿quería ver a mi marido?
No cuente con ello este verano. Está en Roma con su embajador.
Ciano los ha llamado para una consulta.
El conde Ciano se interesa mucho por Grecia.
¿Volverá?
Me refiero al marqués de Santorini, su marido.
No, luego nos vamos de vacaciones.
- Me reuniré con él en Ragusa. - ¿Se va pronto?
En unos días. Cogeré el barco en Patras.
No dudo que el cuatro de agosto fuera un día importante
para la historia de Grecia.
Pero para mí, señor Primoukis, ese día en particular
es del torneo de tenis del cuerpo diplomático.
Ese día mi marido ganó el dobles masculino
con el señor Von Pahlen,
el primer consejero de la Embajada de Alemania.
DE NUEVO, 4 DE AGOSTO 1936
Cuarenta a quince.
Juego. Sirve el comandante Albrecht.
Parece que Rico se ha propuesto ganar esta final.
Rico siempre quiere ganar.
Si no está seguro de ganar, no juega.
Quince iguales.
¡Estupendo!
Va a hacer una buena jugada:
ganar la copa
y a Dora Cooper.
Treinta a quince.
¿Me consolará, Staalbaum?
Le dijo a Farid Pacha que nunca me sacio de los hombres
porque en realidad nunca tengo hambre.
Usted me abrirá el apetito.
Es broma.
No cambiemos las convenciones. Usted está a mi lado
para defenderme y protegerme contras las tentaciones.
- Treinta iguales. - ¿Y quién la tienta, Malfosse?
Es muy asiduo.
Lo visita mucho en su villa de Cefisia.
Todos son muy asiduos,
todos tienen villas en Cefisia,
y siempre me ven en todas las villas de Cefisia.
Malfosse sería seguridad, por supuesto,
pero me burlo de la seguridad.
¡Bravo!
El señor Von Pahlen
y el marqués de Santorini ganan el partido en cuatro sets,
7-5, 3-6, 6-4, 6-2.
Hola, señor Malfosse. La conferencia de prensa está terminando.
¡Aquí, en Atenas!
¿Cuáles son los objetivos de nuestro movimiento?
¡El rey,
el país,
la religión,
la familia!
La renovación de Grecia
mediante la abolición del sistema de partidos:
ese es el objetivo del régimen proclamado hoy,
el cuatro de agosto de 1936.
Es el inicio de la tercera civilización griega,
¡bajo los auspicios del rey Jorge y del general Metaxás, primer ministro!
¿Lleva mucho tiempo hablando así?
Ya ha terminado.
Solo es una perorata.
¿Cuál es su programa exactamente?
La ley marcial,
la disolución del Parlamento,
ilegalizar el comunismo.
En resumen, una dictadura militar patrocinada por la Corona.
Queremos una sociedad de trabajo.
Ningún griego
está autorizado a no trabajar.
El trabajo puede ser espiritual,
pero seguirá siendo trabajo.
Solo estarán exentos los parados,
los ancianos y los enfermos.
Gracias.
Bravo por los parados.
Es el fin de la Pequeña Entente.
La puerta abierta para la penetración económica alemana en los Balcanes.
Un golpe duro para Francia.
¿Qué Francia, señor Malfosse?
¿La de Léon Blum?
…cuarenta.
Treinta a cuarenta.
¿Abandonas a Rico ante Dora Cooper sin oponer resistencia?
Lo abandono ante sí mismo, Avghi.
Cuarenta iguales.
No podemos hacer nada ante la pasión de un hombre
por su leyenda de seductor.
Según Staalbaum, no te gustan los hombres.
Y según él, a ti te gustan demasiado.
Ventaja para el señor Milano.
Lo que quiere Staalbaum es que lo amemos a él
y seamos insensibles a los demás.
No quiere que lo amen,
quiere que sucumbamos ante él,
perdamos el aliento en sus brazos y lloremos de alegría.
Dime, Avghi.
¿Pierdes al aliento en sus brazos?
Es un danés infatigable, de una brutalidad deliciosa.
Ventaja para el señor Barlow.
Pero demasiado sistemático.
No me gusta la rutina.
Juego, set y partido.
El señor Barlow gana el torneo diplomático de Atenas,
en la categoría individual.
No me importaría que me acompañase en una siesta lujuriosa.
7-5, 6-2…
Debo defender mis posibilidades, querida Avghi.
Cómo eres…
Me da la sensación de que confundes la siesta
con el amor eterno.
Malfosse ha vuelto del golpe de Estado, vamos a ver lo que dice.
- ¿Te interesa la política? - Para nada,
pero odio las masacres.
Rico dice que Metaxás es un asesino.
Bueno, Margot, las matanzas son una tradición nacional griega.
- Hola, Margot. - Hola.
- Hola. - Hola, Avghi.
Muy bien.
Tengo sed.
Vale, ya.
¡Eh!
- Por el ganador y su chica. - Por nosotros.
¡Es ridículo!
Muchas gracias, Charlie.
No hay de qué, señor.
¡Christina!
Ulises vuelve a Ítaca.
Vuelve tarde, sin duda. Ha vivido muchas aventuras,
pero vuelve.
¿Dónde están los pretendientes de Penélope?
La prueba del arco es mañana. Pero Ulises debería preocuparse:
hay más de un pretendiente que tiene el arco bien tenso.
Pues vamos a coger fuerzas para esa prueba.
Dejad de gritar.
Lo estoy intentando.
¡Lo intento!
¿En qué piensas?
¿En qué pienso, Ulises?
Me pregunto con qué señal te reconoceré.
Hace mucho que te has ido de mi lado.
Ulises era el único que sabía el secreto del lecho conyugal,
directamente tallado en el tocón de un gran árbol
en torno al que se erigió la casa.
En mi historia, Ulises nunca supo el secreto del lecho conyugal.
Nunca.
En mi historia…
tú no eres Penélope.
¡Ah!
En mi historia, estoy perdida.
Sueño que corro tras un hombre…
que se aleja.
Sigo teniendo siete años.
Y sigo estando con mi madre en Viena, cada vez que sueño.
Mi madre dice que mi padre se fue porque amaba a otras mujeres.
Otras mujeres.
Tú entras en mi sueño,
sonriendo,
muy guapo.
Pero yo sigo teniendo siete años.
Esperen,
voy a probar.
Tú tienes 40.
O yo tengo el pelo blanco,
y tú eres joven.
Joven.
Como el día que te conocí.
Nunca tenemos la misma edad en mis sueños.
En la vida tampoco.
¿A que puedo hacerlo con un jarrón en la cabeza?
Sería un sombrero muy bonito.
Le queda estupendamente.
¿Dónde la conocimos, a Dora Cooper?
El año pasado en la Costa Azul, con Drieu la Rochelle.
Ah, sí.
Sigue creyendo que me espera un gran destino.
Todas lo piensan,
durante unas semanas.
Yo misma lo creí durante unos años.
Vamos a dormir.
Es tarde para las grandes decisiones.
¡Vamos, Avghi, vamos!
Lo vas a conseguir.
¡Lo ha conseguido!
¡Por favor, Charlie!
Espérenme fuera.
- ¿Llevamos mi coche, Avghi? - Sí, si quieres.
SERVICIO
A esto lo llamo yo un desayuno, señor Malfosse.
A la inglesa.
Pero volvamos al tema.
Este tal Boutros…
se presentó ante usted el cinco de agosto
por la mañana, ¿no es así?
¿Y no recuerda usted quién se lo recomendó?
Sé que alguien lo mencionó en el torneo de tenis del cuerpo diplomático,
pero ¿quién?
Puede que el señor Staalbaum, el ministro danés,
o Farid Pacha, el encargado de negocios de Albania…
O la marquesa de Santorini.
Puede ser, sí.
Tendría que preguntarles a todos ellos.
El hecho es que acababa de recibir mi nuevo Packard,
necesitaba un buen mecánico y puse a este hombre a prueba.
Y era muy buen mecánico.
¿Y se fue sin más? ¿Caprichosamente?
Sí.
Cuando volvíamos de Delfos,
en la carretera hacia Lebadea,
hice un comentario sobre su conducción…
¿Sobre su conducción o su conducta, señor Malfosse?
Reaccionó con insolencia,
lo puse en su sitio
y se fue como un loco por el campo.
¿Y no le dijo por qué se iba a Patras?
¡Ni para atrás lo encontramos, señor Malfosse!
Le contaré el final de esta historia en unos días.
Le sorprenderá descubrir la verdadera identidad de su chófer.
Vamos.
Sí, he corrido.
¡Lo sabe todo, Margot!
¿Cómo? No lo sé.
Tendrá informadores por todas partes.
Alguien en la Acrópolis,
o de mi personal de servicio. ¿Qué sé yo?
Pero sabe que su amigo está en Patras,
aunque no sabe su nombre real.
¿No le habrá hablado de él?
¿Sí?
Lo sabía.
Escúcheme, Margot.
¡No, Margot, escuche bien, por favor!
Dios sabe lo que me cuesta decir esto, pero váyase inmediatamente.
Sí.
No lleve equipaje.
Tenga cuidado, la seguirán.
Vaya en autobús y cambie con frecuencia.
¡No! No coja el barco en Patras.
Coja un barco hacia las islas y desvíese.
Eso es.
Adiós, niña.
Buena suerte, Margot.
Y mientras los historiadores estudian las consecuencias
de la reciente conferencia de Yalta,
el lazo de las fuerzas aliadas se cierra sobre las defensas alemanas.
Ayer, 13 de febrero de 1945,
las fuerzas rusas liberaron Budapest,
mientras que al oeste, los aliados cruzaron la línea Sigfrido
y el río Mosa hacia territorio enemigo.
Inevitablemente, los últimos bastiones del Tercer Reich
se desmoronan bajo el asalto de las tropas de liberación.
En Washington, el presidente Roosevelt declaró ante el Congreso…
- ¿A la cárcel, por favor? - Por aquí, comandante.
Gracias.
REGISTRO
¿Santorini?
Coja sus cosas, se va.
Ven aquí.
¡Ya te tengo!
Señor Rico, ¿le dijeron quién le había denunciado?
No.
Fue anónimo.
Venganza personal, seguramente.
La intervención del señor Malfosse lo ha solucionado.
¡Sí!
Tuve que demostrar que rompió con Mussolini en 1938.
Y que eligió el exilio.
¿Conocía la zona, señor Malfosse?
No, para nada.
Mis tierras están en la región del Loira. La dulzura de Anjou.
Hace 15 años que no lo puedo disfrutar.
Cuando…
Cuando Margot me propuso que me instalara
en su casa, justo antes de la guerra,
estaba agotado, no sabía adónde ir.
Pero le he cogido el gusto,
soy todo un campesino.
Volver a la tierra le ha sentado bien.
¿Verdad?
¡Señor Malfosse, mire lo que he encontrado en el baño!
¡Qué cosa tan bonita, señor!
¿Cómo se llama, señor?
Me llamo Margot Santorini.
Y él es Rico Santorini.
Es el hermano de mi papá.
Y tú eres Malfosse Santorini, ¿a que sí?
Con ella es como si rejuveneciera,
me siento más joven cada día.
Porque cada día se parece más a su madre.
Margot volvió hace dos años.
Me confió a la niña, se quedó unos días
con nosotros, en su casa.
Y luego se volvió a ir.
Tres meses más tarde, recibí una carta de Drieu la Rochelle.
Los alemanes la habían arrestado.
Intentó intervenir, sin éxito.
Había desaparecido.
¿Por qué la dejaste irse, Rico?
No la dejé irse, Raoul.
La insté a que lo hiciera.
Tenía que ir hasta el fondo de sí misma,
aunque fuera con otro.
O gracias a otro.
Por supuesto, una pareja como ella y Boutros era una locura.
Me pareció que esa locura era necesaria.
De hecho, usted también facilitó su huida con Boutros.
Sí, podría haberla retenido,
sin duda.
Entregando a Boutros a la policía.
Lo pensé por un momento,
me avergüenza decirlo.
Hay algo que nunca le he preguntado.
¿Conocía a Boutros antes de la fatídica noche?
En las buenas historias
siempre hay un personaje que representa al destino.
Boutros era el destino.
Se precipitó sobre nosotros.
Esa noche, Margot y yo habíamos decidido separarnos.
ATENAS, AGOSTO DE 1936
Ya no teníamos la fuerza
ni la imaginación para vivir juntos.
Pero no teníamos el valor de separarnos.
Buenas noches.
"Y nos marchamos, siguiendo el ritmo de la onda,
meciendo nuestro infinito sobre el confín de los mares.
Algunos, dichosos al huir de una patria infame.
Otros, del horror de sus orígenes,
y unos contados,
astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer,
la Circe tiránica de los peligrosos perfumes".
"Astrólogos sumergidos en los ojos de una mujer".
GRAN HOTEL ACROPOLIS
¡Oh!
Déjeme quedarme en su habitación.
Solo un momento.
Se lo explicaré.
No soy un ladrón.
Me persiguen por motivos políticos.
Ya me cuesta entender el inglés en tono normal,
pero a las cuatro de la mañana con una pistola en mi espalda…
Hable más despacio.
¿Qué es lo que me ha dicho?
No soy un ladrón.
Me persiguen por motivos políticos.
Soy sindicalista.
La policía de Metaxás va detrás de mí.
¿Puedo moverme?
¿No es usted francesa?
Mi padre era francés.
Yo nací en Austria,
pero viví en Francia.
Vaya, le estoy contando mi vida.
Si me apuntan con una pistola, lo suelto todo.
Mi marido es un diplomático italiano.
- ¿Italiano? - Sí.
Mierda.
Ya es de día, no puede irse.
Voy a despertar a mi marido.
¡No!
Pero ¿qué se cree?
¿Que le entregará a la policía porque es italiano?
¿Qué idea tiene de los hombres?
De todas formas, en su situación,
está obligado a confiar en mí.
Despierte a todos los huéspedes de la planta baja.
Registraré todas las habitaciones. El primer piso también.
Rico.
¿Qué?
Rico,
creerás que estás soñando o que estoy loca.
- Hay un hombre en mi habitación. - ¿Ya?
No, Rico, en serio.
La policía de Metaxás va tras él.
Me vio en la ventana y saltó a la habitación.
Claro, una mujer respetable no debería vivir en la planta baja.
Cuando te conocí en París, vivías en una planta baja en Henri-Martin.
No tenías buena reputación.
No se trata de mi reputación, Rico,
sino de la vida de un hombre.
¿Señor marqués? Por favor.
La policía quiere verle.
Vuelve a tu habitación, yo me encargo.
Lo siento, pero es el señor Primoukis en persona.
Venga.
Lo siento mucho.
Es peligroso, siempre va armado.
Es agente del Komintern. Se hace llamar Nikola.
Verá, podría llamarse Nikola o Stalin
que no es asunto mío.
Tiene mi palabra de que no está aquí.
Con eso debería de bastar.
- Señor Santorini… - Marqués de Santorini,
o excelencia, como prefiera.
Marqués de Santorini, es usted italiano. Somos aliados
en la lucha contra el comunismo.
Por eso mismo, señor Primoukis,
encuentro inapropiada su insistencia.
¿Desde cuándo se registra el apartamento de un aliado?
De un diplomático aliado, para colmo.
Marqués de Santorini, en ese caso le pido simplemente
revisar la habitación de su mujer.
Primoukis, ¿sugiere que podría haber,
en mi ignorancia, un hombre en la habitación de mi mujer?
¿Mi mujer tendría un amante?
- Pero… - Podemos comprobarlo, Primoukis.
Pero ¿se da cuenta de las complicaciones?
Un momento, señor marqués.
Un momento.
Mucho más distinguido, sin duda.
¿Sabe conducir? ¿Tiene permiso?
Tengo permiso internacional.
¿Tiene nociones de mecánica?
Soy experto, he trabajado en un taller.
- Entre otras cosas. - Entonces, perfecto.
Raoul Malfosse necesita un chófer y mecánico.
Y no le niega nada a mi mujer. La ama en silencio desde hace un año.
¿Tiene ideas políticas, ese tal Malfosse?
Tiene grandes negocios de obras públicas
en Grecia, Siria y Egipto.
En Francia, sería un acérrimo adversario del Frente Popular.
Pero aquí sus competidores directos son los alemanes e italianos,
así que es más bien antifascista.
Y usted, que es italiano,
¿por qué me ayuda?
Yo no soy italiano,
Mussolini lo es.
Yo no soy nada, soy cosmopolita.
Un aristócrata venido a menos esposo de una mujer rica y guapa.
Demasiado rica y guapa para mí, de hecho.
¿Conoce a Valery Larbaud?
Es un escritor francés, mi autor favorito.
Aunque ser conocedor de Larbaud no es indispensable para su oficio.
La política es seca o no es política.
Para triunfar se necesita ambición,
perseverancia,
gusto por la autoridad
y la facultad de traicionarlo todo salvo la idea que nos hacemos
de nuestro propio destino.
La política burguesa, sí, claro.
Los burgueses no necesitan meterse en política.
No directamente, al menos.
Hacen circular el dinero y los bienes, con eso les basta.
Y buscan pequeños burgueses frustrados para que hagan la política por ellos.
Mussolinis, por ejemplo.
Para nosotros…
Para vosotros, la política también es cosa de la pequeña burguesía.
Al fin y al cabo, Stalin no es más que un seminarista.
¿No?
Para mí, la política no es solo Stalin.
Es la violencia colectiva del pueblo.
Cambia el rumbo natural de la historia, siempre opresiva.
Es la voluntad de oponer la conciencia a la resignación,
la palabra a la oración,
el riesgo de la vida a la falsa certidumbre de la muerte.
Adelante.
Está bien, gracias.
¿Tiene hambre?
Tu protegido ha devorado tu desayuno.
Mejor para tu figura.
Estás de suerte, es muy romántico.
Y está aún más guapo sin bigote.
Has estado muy bien con Primoukis.
Muy bien.
Aunque Boutros no estuviera escondido aquí,
no habría permitido que registraran tu habitación.
Sigo siendo secretario de la Embajada.
¿Crees que Malfosse será tan comprensivo como yo?
Ahora.
SERVICIOS
La 717. Aquí tiene, señor.
Se lo he solicitado al Ministerio.
El asesor del gabinete es primo de mi mujer.
Es muy comprensivo.
Es terrible.
Buenos días, amigo.
Espero no haberle hecho esperar mucho.
Margot estaba radiante esa mañana.
Seguramente aún no sabría por qué,
pero su cuerpo proclamaba felicidad,
antes incluso de que su mente adivinara el motivo.
Nueve, diez, uno…
La esperé impaciente en Cefisia.
Su llamada llena de insinuaciones me tenía intrigado.
Esperaba ver llegar su BMW…
No, era un descapotable. El último modelo de Cord.
El BMW lo tuvo en 1935.
- ¿Eso cree? - Estoy seguro.
Un Cord blanco.
Lo compró en la primavera de 1936.
CEFISIA, 5 DE AGOSTO DE 1936
¿A qué viene tanto misterio?
¿Por qué quería que la esperara lejos de casa?
El personal no debe verme llegar con este hombre.
- ¿Rico sabe de esta escapada? - Vamos, Raoul.
¿Qué está pensando?
¿Se cree los rumores que circulan sobre mí?
Raoul, ¿es usted mi amigo?
No hay nadie en Atenas a quien pueda pedirle lo que espero de usted.
La señora Santorini me ha hablado de usted.
- ¿Es buen mecánico? - Bastante bueno, creo.
Le necesito 15 días,
no más. ¿Le parece bien?
Me parece perfecto.
En 15 días tengo que irme a otro sitio.
Margot, creo que debería irse.
Es mejor que el servicio no la vea en Cefisia
el día de la llegada del señor Boutros.
Bien.
Gracias.
Margot, no olvide que comemos juntos en el golf.
No, Raoul.
Si me permite, voy a darle las gracias a la señora.
La necesitaré en cinco o seis días.
Se le podría averiar el coche, por ejemplo.
Necesitará hacer unos recados
y le pedirá prestado el Packard al señor Malfosse.
Yo conduciré.
Tengo que ir al centro
para establecer contacto sobre la situación.
El uniforme de chófer será mi mejor protección.
Vale.
Sé que le parece divertido.
Es como en las películas.
Es curioso, cuando era niño en Egipto
mi padre también tenía un Jaguar.
¿No es usted griego?
Sí, soy griego.
Pero mi madre era francesa.
Mi padre tenía un negocio de exportación en Alejandría.
Aquí comerá con mi servicio.
Eso espero, señor Malfosse.
No hay otra opción. Y a un hombre como usted
le gustará la igualdad.
Sí, la igualdad…
La igualdad, señor Malfosse,
no es que yo coma con su servicio,
ni siquiera que usted coma con ellos,
sino que no pueda usar ese posesivo:
"mi servicio",
porque tal servicio no existirá.
No me diga.
¿Y para cuándo sería esa sociedad idílica?
¿Hace cuánto que se predican los principios del cristianismo?
Lo volveremos a hablar en 2000 años.
De momento, le envío a mi lacayo.
Él le indicará dónde instalarse.
Margot caerá rendida.
Es muy cristiana esa noción de la caída.
- ¿Vas a perder a tu mujer? - Ya no es mi mujer.
- Hace años que no la toco. - ¿Por qué?
No lo sé.
La miro,
me parece preciosa,
pero ya no me vienen las imágenes.
Ni las palabras.
¿Te acuestas con las imágenes y las palabras?
Sabes que soy un italiano refinado.
Sí.
Tendré que trabajar mi vocabulario.
- ¿Estás casado en Francia? - Sí.
¿Os vais a divorciar?
Es probable.
Te aviso: no pienses casarte conmigo.
Eso no me interesa.
El dinero es de Margot, ¿verdad?
Serás pobre, mejor.
Me encanta pagar a los hombres que me hacen el amor.
Pues tendrás que pagar caro, cielo.
- ¿Por qué? - Porque no suelo durar.
Las inversiones a corto plazo siempre son las más caras.
¿Margot?
- Margot, te toca. - Espere.
- ¿En qué estás pensando? - Aquí hay unas líneas significativas.
Verá.
"He tomado los poderes mínimos necesarios para hacer frente al peligro comunista
y no pretendo renunciar a ellos sin antes haber limpiado
el país de comunismo e instaurado…".
- ¡Qué decisión! - "…un orden inamovible".
Bueno.
Señor Von Pahlen, parece que el general Metaxás
fuera un discípulo de su canciller.
No, señor Malfosse.
La pasión le está cegando.
El canciller Hitler no llegó al poder mediante un golpe,
sino en virtud de unas elecciones parlamentarias.
Es más, el golpe de Metaxás lo prepararon sus aliados ingleses, no nosotros.
Pero son ustedes quienes lo aprovechan.
Francia ha moldeado según sus intereses
la Europa oriental y balcánica
durante más de 15 años.
Pero Francia había ganado la guerra, señor Von Pahlen. ¿Y bien?
Sin embargo, ha perdido la paz.
Han vivido negligentemente sobre el polvorín del Tratado de Versalles.
¿Le interesa el Tratado de Versalles, señora Santorini?
Por supuesto, señor Von Pahlen, debe interesarme.
Mi país salió de él.
- Es usted austríaca, es verdad. - Sí.
Suerte que su marido no está. Habría montado un escándalo,
si no conyugal, al menos diplomático.
Il Duce está muy interesado en Austria.
Demasiado.
¡Por la reunión de los pueblos germanos!
Yo no la deseo.
Es aquí.
- Voy a irme. - ¿Irse?
He recibido instrucciones.
Debo irme al extranjero.
Pero ni siquiera hemos podido hablar.
Hablamos un poco la primera noche,
con las piernas entrelazadas.
Sentí en la mano su curva de la espalda.
Siga hablando, por favor.
Diga lo que sea, le escucho.
Nunca sabré cómo sabe su boca.
Michel.
Michel Boutros.
Primoukis sigue con la investigación.
Está convencido de que aquella noche me escondí en la Acrópolis.
Está interrogando al personal del hotel.
No pueden volver a verla conmigo.
Le pediré que haga una última cosa por mí.
Mañana por la mañana, irá de mi parte a una dirección que le daré.
En Kolonaki.
Hola.
- ¿Es usted Amalia Sepharis? - Sí.
Me han dicho que el correo de Salónica ha llegado bien.
¿Tsingos está bien? ¿Consiguió escapar?
Me han dicho que el correo de Salónica ha llegado.
El de Salónica sí, pero la carta de Lamía se ha extraviado.
No sé nada sobre Tsingos.
Solo debo llevarme un sobre que tiene aquí.
Claro,
disculpe.
Me he salido del tema.
Voy a buscar el sobre.
¿Amalia?
¿Vivía aquí, Tsingos?
¿Boutros está en el garaje?
¡Buenas noches!
Como hace buen tiempo, hemos decidido organizar una fiesta aquí.
- ¿Nos acepta? - Adelante.
- Han hecho bien. - Buenas noches, ¿qué tal?
- Buenas noches. - Buenas noches, bellezas.
- Mis respetos, señora. - Buenas noches.
Buenas noches, Dora.
- Qué guapa es ella. - Buenas noches.
¿De quién ha sido esta idea absurda?
Si alguna se encuentra a Boutros y empieza a chismorrear,
me meteré en un buen lío.
Sabe que Primoukis no lo ha dejado pasar.
La idea absurda es de Margot. Quería ver a su protegido por última vez.
Sí, Boutros nos va a dejar.
Pero no cante victoria,
usted debe organizar su partida.
¿Yo?
Margot lo ha planeado todo. Se lo explicará ella misma.
Se lo habría preguntado a Rico,
pero mañana se va a Roma con el embajador.
Y con Dora Cooper, para ser sincera.
Bien…
Cedo ante sus deseos, una vez más.
Boutros saldrá antes a pie,
para no llamar la atención.
Lo recogeremos en la salida de Atenas.
En Delfos, se irá.
Nosotros dos volveremos juntos.
Solos.
No juegue con mis sentimientos, Margot.
Estoy jugando con los míos, Malfosse.
Tengo su pasaporte.
Amalia Sepharis es muy guapa.
Lo he organizado todo para su partida.
Malfosse nos llevará a Delfos.
Desde allí, bajará hasta Patras.
Hay barcos para Corfú llenos de turistas a diario.
Es difícil de vigilar.
Lo he escrito todo aquí. Léalo después.
Tome.
Debería trabajar en la organización.
Quería saber cómo me sabe la boca.
Podría esconderle.
Tenerle cerca de mí.
Tenerle.
No.
Me quiere porque me voy.
Porque hay algo inabarcable en mí.
Necesita otra vida,
no un amante.
¡Michel!
Michel.
Quiero tenerle.
No.
Llega sin aliento y descalza,
pero todos los hombres están en la terraza.
No me interesan los hombres, querida Dora.
En absoluto.
Estáis muy raras. ¿De quién habláis?
¿De quién íbamos a hablar Dora y yo aparte de Rico?
Vete con Boutros.
Apenas lo he visto, pero hay hombres
que hay que saber reconocer de inmediato.
Existe.
Pierdes el tiempo conmigo, como lo perderías con Staalbaum.
Con Malfosse, morirías de aburrimiento.
Estás hecha para darte en cuerpo y alma.
Boutros no te querrá como yo te he querido, pero…
te querrá mejor.
El comunismo no tiene importancia, es una palabra.
Sabemos lo que hace la vida con las palabras.
Un hombre fuerte siempre vale más que las palabras que le dieron vida.
Aún no he tenido tiempo de decirle por qué me siento tan cerca de él.
¿Te acuerdas, Rico?
¿Te acuerdas hace dos años, cuando murió mi madre?
Estaba en Viena,
era febrero.
Las tropas de Dollfuss habían masacrado a las milicias obreras.
No entendía nada,
pero estaba horrorizada.
Ahora esa historia tiene sentido.
Nunca me lo habías contado.
¿Ves?
Te habías quedado ese recuerdo para Boutros.
Una cosa sí:
déjame dinero.
Solo hasta que me recupere y me organice con Dora.
Sí.
Está bien.
¡Rico!
- Buenas tardes. - Buenas tardes.
Tenemos una cita con el señor Drieu a las tres.
El señor Malfosse.
- Enseguida, señor. - Gracias.
Esta casa pertenece a Dora Cooper.
Aquí estoy bien para esperar a la muerte.
Los alemanes metieron a Dora en un campo,
cerca de Vittel.
Conseguí sacarla en 1942.
¿Fue Dora quien le habló de la detención de Margot?
¿Cómo lo supo?
No me acuerdo.
Pero me puse en marcha de inmediato.
Intenté saber algo. Nada.
Había desaparecido. Se la llevaron a algún sitio por Alemania.
Era una belleza, ¿verdad?
Recuerdo una especie de fuego interior,
unas ganas de vivir obstinadas, casi desesperadas.
¿Por qué se fue?
Quería reunirse con alguien al otro lado de Europa.
Un hombre griego,
comunista,
llamado Boutros.
Debieron de arrestarla por el camino.
Qué desperdicio.
En 1934, yo estaba fascinado por el comunismo,
como los dos o tres hombres que me importaban,
a los que admiraba.
Luego me convertí en lo contrario.
Por los mismos motivos, además.
Los mismos malos motivos.
Hoy se ha terminado. Ya no me interesa nada.
De todas formas, se nos escapa.
El avance del comunismo en Europa es cada día más preciso,
inexorable, irresistible.
Stalin debe llegar hasta el final, en seguida.
Stalin irá hasta el final de lo que los angloamericanos le han otorgado.
Ni un centímetro más.
Mire la Grecia de hoy.
Los comunistas son arrasados y Stalin no se mueve.
No dice una palabra. Deja hacer a Churchill.
Entonces ¿no habrá Apocalipsis?
Por supuesto que no. Solo habrá política.
ATENAS, 20 DE ABRIL DE 1967
- Hola. - Kalimera, señorita.
Tengo una reserva, señorita Santorini.
Santorini, Margot. Sí.
- ¿No le asusta el ruido? - No.
Su apartamento está en la planta baja.
- Es muy ruidoso. - No me importa.
Quiero ese.
Gracias.
Su padre dirigió un batallón de partisanos,
en los alrededores de Atenas.
Recibimos la orden de replegarnos.
Boutros no estaba de acuerdo.
Fue a discutirlo con el Estado Mayor,
con los dirigentes del partido.
A la vuelta, lo cogieron en una emboscada
en la carretera de Delfos.
Primoukis…
Primoukis, un antiguo policía
y colaboracionista
que había retomado sus servicios para los ingleses,
le perforó los ojos
antes de mandarlo fusilar.
Usted no se parece a su padre,
pero a su madre, sí.
Es increíble cómo se parece a ella.
Es increíble.
Creí volver a verla como ese día de verano,
hace 30 años.
Me preguntó si la carta de Lamía había llegado bien.
Era la contraseña.
La volví a ver en 1943.
Yo debía llevarla hasta Tsingos.
La cogieron en una redada dos días antes de irse con él.
Desapareció sin rastro.
Tsingos era el verdadero nombre de su padre, ¿lo sabía?
La hija de Tsingos.
Es increíble.
Sobre el pueblo, solo el sol estaba despierto a esa hora.
El inmenso herrero martilleaba el horizonte de hierro incandescente.
Más cerca de ellos,
el silencio de la siesta
que amortizaba las vidas humanas era su cómplice.
Se arrojaban el uno sobre el otro.
El deseo que se había hecho camino entre la inquietud de sus almas
por fin desembocaba.
Su hambre tenía ganas de morder.
Él abrió los brazos.
Las flores alzaron sus pétalos antes de abrirse.
Maravilla del cuerpo,
maravilla de las almas carnosas,
detallada hasta la punta de los senos,
hasta la punta de las uñas,
hasta la punta de la lengua.
En el momento en que el placer los hizo cruzar su pasillo misterioso,
se miraron a los ojos,
a través de la oscuridad.
Con un ardor fraternal, querían hacer juntos
ese viaje a través de los infiernos,
donde la mayoría se separa
y se pierde.
Subtítulos: Ángela Hernández
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