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Uno, y dos...
Está bien, vamos al otro paso, por favor.
Vamos.
Y vire.
Sigan.
Vale, vale, un momento.
Ven. Las demás quietas, por favor. Vamos.
Está bien, vale.
Por favor.
Vale, gracias.
Por favor.
Vale.
Por favor, seguid vosotras.
¡Cristina!
Monitora a las chicas, por favor.
Bueno, ¿sigo con tu paso?
Apúralo al paso, da lo mismo, lo que sea.
Paco, ¿cuándo piensas irte a Sevilla?
Yo me quiero ir mañana temprano, en el avión de las ocho o las nueve.
Hazme un favor, hombre: pasa por la academia de Enrique "el Cojo"...
o del "Caracolillo".
Y fíjate si hay alguna chica que nos pueda servir para la Carmen.
¿Qué pasa? ¿No te gusta ninguna de estas?
Hay alguna que no está mal...
pero no la veo para la Carmen.
INSPIRADA EN LA NOVELA DE MÉRIMÉE Y EN LA OPERA DE BIZET
Deja de llorar No llores más
Deja de llorar No sufras más
Es así, ¿no?
Gracias.
Deja de llorar No llores más
Deja de llorar No sufras más
Deja de llorar No llores más
Deja de llorar No sufras más
Deja de llorar No llores más
Esa melodía es bonita.
Mira este acorde.
Esa es buena.
Muy bonito. Salió muy bien.
Sí, es muy bien para Antonio.
Él se sentiría cómodo con esto.
Yo creo que más que con la orquestra.
Bueno, le voy a preguntar a Antonio.
Antonio...
mira, es que estábamos oyendo esa melodía...
y yo creo que eso no te va a venir cómodo a ti para bailar.
Porque la orquesta hará una serie de pasajes acompañando a la voz.
Y...
va a ser muy incómodo para ti, te vas a quedar colgado...
como una cigüeña.
Deberíamos tener un ritmo más uniforme, como la armonía...
por ejemplo. Mira, escucha.
¡Cristina! ¡Cristina, ven!
Mira, Paco, a mí en principio me parece bien.
Pero me gustaría que fuese un poquito más "pastueño"...
más tranquilo, más casi como el ritmo que va.
- ¿Pero te va más cómodo así? - Sí, sí.
Sígueme, Cristina, ahora cuando entra la melodía.
Muy bien, está muy bien.
- Bien, haz una cosa... - Bien saleroso, ¿no?
Pon a las chicas con los pasos, sólo que...
...de brazos más bien, de postura. - Vale, vale.
Paco, muy bien, muy bien.
Sigue trabajando por ahí.
¡Vamos saliendo!
Vamos hacer unos pasos. ¡Quique, fuera!
¿Vamos a hacer unos pasitos por bulería?
Sobre ese ritmo que estábamos escuchando. A ver.
Uno, dos. Uno, dos.
¿Vamos? Y uno, y dos. Eso es.
Las manos, despacio.
Uno. Eso es.
Está bien. Así, despacio.
Bien.
Bien. Bien. Eso es.
Allí, eso es. Ahora, todo para atrás...
Carmen era de una belleza extraña y salvaje.
Sus labios algo carnosos, pero bien perfilados...
dejaban ver los dientes más blancos que almendras desprovistas de su piel.
Por favor, mirad cómo lo hace...
no aprender solamente el paso, ¡mirad cómo lo hace!
Sus cabellos eran negros, largos, brillantes...
y, como el ala de un cuervo, tenían reflejos azulados.
Sus ojos tenían una expresión voluptuosa y hosca al mismo tiempo...
que no he vuelto a encontrar en ninguna otra mirada humana.
"Ojos de gitano, ojos de lobo", dice un refrán español.
- Buenas y santas. - ¡Buenas!
Adiós, María.
- ¡Niña! ¡Niña! - ¡Hola!
¿Cómo estás?
- Buenas tardes, María. - Hola, Antonio.
¿A qué horas va a dar clase María Magdalena?
- Va a dar clase a las cinco. - ¿En qué estudio?
En el número 2, el segundo a la derecha.
- Gracias. - De nada.
- María, ¿tendría una sala para mí? - ¡Hola, qué bueno verte!
- Pedro, ¿cómo estás, hombre? - ¿Qué hacen por aquí?
- ¿Vinieron a visitar el estudio? - Para que no se nos olvide.
- Vamos a dar una vuelta. - Vale, nos vemos, ¿no?
- Hasta luego. - Hola.
Hola.
Hola, María.
...¡el otro lo bajan!
¡Arriba la cabeza! ¡A la izquierda!
¡Bajan el brazo izquierdo!
¡La cabeza, a la izquierda!
¡Elevados, por favor!
¡Bajamos al centro!
¡Arriba, como las alas de un águila, pero suave!
¡La cabeza flexible, el brazo izquierdo por el centro!
¡Suavemente, arriba, arriba, arriba!
Bajan derecho, por el centro. ¡Manuel...
ese brazo, levántalo, mi vida!
¡Más arriba, alto, alto!
¡Arriba, Manuel, ese brazo!
¡Abajo, Manuelito, abajo, ahí!
¡Muñeca, arriba esos brazos! ¡Uno a la derecha, dos!
¡Tres, de frente, cuatro! ¡Y abriendo uno!
¡Dos, tres, el pie, cuatro!
¡Y agitar, agitar, agitar! ¡Ya!
¡Un, dos, arriba!
¡Ya! ¡Uno, dos, arriba!
¡Ya! ¡Mirando las manos, por favor!
¡Uno, miren las manos!
¡Uno, y ya!
No está mal, chicas.
Pero no olvidéis que la técnica...
solamente os sirve para ponerla al servicio de vuestra arte.
El palillo tenéis que practicarlo sin mover la muñeca.
El brazo debe subir suavemente y articulado.
La cintura en su sitio...
la cadera desprendida de la cintura y de las costillas.
El pecho como las astas de un toro, pero no rígidos, suave. Calentito.
La cabeza dignificada.
Y, por favor, no mováis las manos.
En ningún momento debéis mover las manos.
Vamos a continuar con el siguiente ejercicio:
Ya sabéis: cuento uno, dos...
y al tercero: "tarrián", cabeza, "tarrián", cabeza...
"tarrián", cabeza. Colocación, por favor.
¡Una y dos...
y "tarrián", y "tarrián"!
y cortado, y cortado!
¡Arriba el brazo, con arte!
¡Arriba ese brazo, con arte!
¡Arriba ese brazo, con arte!
¡Arriba ese brazo, con arte!
¡Cortado!
¡Vamos, Carmen, por favor!
¡Siempre llegas muy tarde, colócate!
¡Vamos, esa cabeza! ¡Arriba!
¡Suave, suave, buscar el espacio!
¡Bailar, chicas! ¡Esa cabeza!
¡Esa expresión, la cara, el pecho, arriba!
¡Abajo, arriba, arriba, arriba, arriba!
¡Uno, dos, lindo! ¡Baila, tres! ¡Manos!
¡Y, uno, dos, tres, ya!
Levanté los ojos y la vi.
Era un viernes, y no la olvidaré jamás.
Al principio, no me gustó, y volví a mi trabajo.
Pero ella, siguiendo la costumbre de las mujeres y los gatos...
que no vienen cuando se les llama...
y vienen cuando no se les llama...
se detuvo ante mí, y me dirigió la palabra.
- Buenas noches. - Hola, ¿Cómo estás?
- Antonio, buenas noches. - Hola, no sabía que la llevabas.
Sí, la llevo a la exclusiva.
- ¿Qué haces, Paco? - ¿Qué tal? Yo muy bien.
Oye, qué pedazo de estudio, una maravilla.
- Bonito. - Me gusta mucho. Precioso.
Dame fuego.
- ¿Me cambio? - No, no hace falta. Lo que quieras.
- Entonces, no me cambio. - Bonito el lugar, cabe una banda.
- ¿Quieres tomar algo? - Vale, vamos, hombre.
Vuelta, igual.
¿Ves?
- ¿Me sigues? - Vale.
Vamos.
Abre aquí. ¡Y, ya!
¡Para allá! Bien. Vamos...
Ahora, una vuelta para la izquierda, para rematar.
Bien, ahora vamos a...
Toma.
- Está bien, tranquila. - Dame un poco.
Toma.
Tranquila, vamos, ¡fuerza!
Ponte allí, por favor.
Vamos a hacer el mismo paso...
pero un poco en semicírculos.
Vamos.
No, no. Ponte.
Por favor, relájate. Convéncete de lo que estás haciendo.
Vamos. Una, y dos...
Mírame.
¡Mírame a los ojos!
¡Mírame a los ojos! ¡Así!
No me pierdas la mirada. ¡Vamos, mírame! ¡Así!
¡No, mírame!
No parpadees. Ahí. Despacio. Gira despacio.
Ahí.
- Forman buena pareja. - Están muy bien.
Atrás. Atrás. No, pégate bien...
y abrázame, como si estuviese delante de ti, así.
Ahora, gira. Gira el cuerpo. Ahí.
Despacio, despacio. Ahora gira conmigo despacio.
Muy despacio.
Sígueme, haz tú lo mismo con la mano.
Así.
Sigue, igual. ¡Pero acaríciame!
Así. ¡Bien! De frente.
Muy bien. Muy bien.
- ¿ Ya está? - Por ahora, sí.
¡Vamos ahí!
- ¡Mira! - El verde, viva el verde
El verde De mi consuelo
Viva el verde Mi valle verde
Si no estuviera tan verde Debajo del suelo
Debajo del pino verde
Primavera y cañaveral Yo no puedo vivir sin ti
Vivir sin ti Hoy yo no puedo más
De mi tierra natal
- ¡Muy bien! ¡Bravo! - ¡Bravo!
¡Olé! ¡Muy bien!
- ¿Desde cuándo bailas? - Desde los 15 años.
Siempre veía a mi madre bailar y cantar en las fiestas.
Y claro, viéndola desde pequeñita, se me pegó.
- ¿Son profesionales tus padres? - ¡Qué va!
¿ Y cómo empezaste? En un baile, ¿o qué?
Aquí, en el tablado. Hace 3 meses, más o menos.
Debuté en noviembre.
- ¿Cantas? - Poquillo.
Pero lo que me interesa de verdad es el baile.
Tomo clases todos los días con María Magdalena, Írio, Alberto Lorca.
Toma.
¿Lo tengo que leer?
No es obligatorio, pero te puede servir.
Te advierto que cuando me propongo a una cosa la consigo.
Soy más fuerte de lo que parece.
¿Antonio, qué te pareció?
Te espero mañana adentro.
Adiós, Girón.
Pero este tipo es gilipollas, ¿quién se ha pensado que es?
¿Será imbécil? La madre que lo parió...
Yo voy a hacer ese papel.
Eso ya lo veremos.
¿Vamos, empezamos? A ver.
Bueno, ¡vamos, vamos!
Eso es, bien. Ahí.
Esos cuerpos.
Vamos a ver esas manos, ¡despacito!
Las manos como palomas, ¿sí?
Esos codos, hacia adentro, ¡esa cintura!
¡Que aquí se viene a bailar!
Vamos a ver, ¿qué pasa?
¡Cambio!
¡Ahí, esos cuerpos estirados hacia arriba!
¡Cómo reina! ¡Ahí! ¡Vamos a ver!
¡Carmen, Carmen! Ven acá, ven acá, y fíjate.
Ven acá, ven acá, anda.
Veamos.
¿Pero tú te estás fijando?
¡Venga, venga! ¡Vamos a ver, vamos a ver!
¡Arriba con los hombros!
¡Esa cintura para arriba! ¡Venga, ese cuerpo!
¡Esas manos, esas manos, con más gracia!
A ver, ¿qué pasa?
Me ha dicho Antonio que vayas a la oficina, quiere hablar contigo.
Venga, seguid con la clase, venga.
- ¿Querías hablarme? - Siéntate.
Cristina, por favor, ayúdame un poco.
¿Qué te ayude?
No puedo hacer más de lo que hago.
- Por favor. - No soy yo...
es ella que tiene que trabajar y ensayar.
Estoy seguro de que va a hacer todo lo que le digamos...
pero primero hay que ayudarla.
No sé qué le has encontrado a esa. Hay 4O mejores que ella.
Eso es cosa mía. Ella vale para lo que quiero.
Tiene algo, no lo sé.
Sí, que es joven.
Vamos a dejar las cosas claras, Cristina:
tú eres la que mejor baila, pero no vas a hacer la Carmen.
Necesito una mujer diferente y más joven, ¿está claro?
Pero, Cristina, ¿no te das cuenta que siempre he contado contigo para todo?
¡Que te necesito, coño!
Te voy a pedir un favor personal.
- ¿A ver? - Que ayudes a Carmen.
Que trabajes con ella. Que la enseñes.
Bueno. Haré lo que pueda.
Ven.
¿Tú estás marcando, estás bailando, o qué haces?
- Lo estoy intentando. - ¿Lo estás intentando?
¡Estás haciendo todo igual, no tiene ningún color el paso que haces!
¡Separa menos tiempos!
¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y diez!
¡Un, dos! ¡Un, dos!
Pero, ¿qué te pasa? Pero, ¿qué te pasa?
No estás concentrada.
Te está comiendo Cristina en todos los ensayos.
¡Y eres tú la que se tiene que comer a Cristina!
¿Me entiendes? ¡Vamos!
¡Vamos, cómeme, así, va!
¡No me pierdas los ojos, así, va! ¡Va!
¡Mejor! ¡Mejor!
- ¿No lo notas conmigo? - Claro que lo noto.
¿ Y por qué no lo haces así siempre?
Me tengo yo que destrozar. Yo. Y luego, tú.
¡Eres la Carmen!
¡Eres la Carmen! ¡Créetelo!
¿Si no te lo crees, quién se lo cree?
- Tú, tranquilo. - Estoy tranquilo.
- Estoy muy tranquilo. - Lo voy a hacer.
¿Sí? No, no, lo vas a hacer, ¡lo vas a hacer!
¡Claro que lo vas a hacer, pero ahora! ¡Vamos, compadre!
¡Tú sola, vamos!
¡Vamos!
¡Vamos! ¡Más! ¡Así!
¡Más! ¡Vamos! ¡Bien!
¡Bien, bien, bien!
Muy bien.
Va a empezar ahora.
Caballeros, por favor, venid un momento.
Venid un momento.
Vamos a ensayar "La Tabacalera".
Según cuenta Mérimée, estamos en Sevilla, en 183O...
en la fábrica de tabaco.
Hace mucho calor...
y, como solamente hay mujeres, están cómodas. Vamos, ligeritas de ropa.
Voy a pedir un favor: ¡que sintáis ese calor!
Que sintáis ese lugar...
y, sobretodo, háganmelo sentir a mí, ¡si no, nadie se lo creerá!
- ¡Yo tengo fuego! ¿Sirve eso? - Bueno.
¡Un momento!
¡Todos los que no intervienen en "La Tabacalera", fuera de aquí!
¡Las cantadoras, que se sienten allí!
Y ahora vosotras siéntense donde podáis, que ya os colocará Cristina.
¡Vamos!
Cristina, mira, tú te sientas por aquí. Sientas a la Carmen por allí.
A las demás las cambias como veas tú.
¿Cambiarlas? Vale.
Carmen, ¿te quieres cambiar a Blanca?
Cámbiate con ella.
Sonia, Sonia, cámbiate con María José.
Teresa, tú ponte en aquella silla, ¿vale?
No te arrimes a los zarzales
No te arrimes a los zarzales
Los zarzales tienen púas
Y los perros delantales
Los zarzales tienen púas
Y los perros delantales
Y en esa tabacalera
Y en esa tabacalera
Las hay malas, las hay buenas
Y en esa tabacalera
Las hay más honradas que buenas
Y en esa tabacalera
No te metas con la Carmen
Con la Carmen no te metas
La Carmen tiene un cuchillo
No te se metas con ella
La Carmen tiene un cuchillo
No te se metas con ella
No te arrimes a los zarzales
No te arrimes a los zarzales
Los zarzales tienen púas
Y los perros delantales
Los zarzales tienen púas
Y los perros delantales
Muy bien. Basta. Muy bien, muy bien.
Una cosa, vamos a poner unos cinco cada uno, ¿no?
¿Para qué?
Para comprar un poquito de vino, que ya casi no tenemos.
¡Gracias, compadre!
- Cómprame a mí, después te lo doy yo. - Aquí hay cinco, los doy yo.
- Vamos. - Ahí va.
Las cuentas claritas, esto es un rateo.
Tú también.
Vamos, venga.
- Y tú también. - ¡Un carajo que te voy a pagar!
¡Es mi cumpleaños y te voy a dar cien duros! ¡Un carajo!
Me he llevado de todos. Bueno, voy a comprar el vino, hasta luego.
Perdón.
Perdón a todos.
- Estás bien, ¿no? - No podía llegar antes.
Había mucho tráfico, ¿no?
- ¿Me cambio? - No, siéntate.
Atenderme, atenderme.
Atenderme todos un momento.
Acordaros que al final de la pelea con la tabacalera...
José se lleva a Carmen presa, y luego la deja marcharse.
Entonces, lo castigan a él. Y por eso lo meten en prisión.
Y dice:
"Al mirar a la calle por entre los barrotes de la prisión...
y ver a las mujeres que pasaban...
no encontraba ni una sola que pudiera...
compararse a aquella muchacha del demonio."
Y hay una frase de la novela que me parece muy importante...
porque aclara la relación entre Carmen y José.
La frase dice:
"Mentía, señor. Siempre ha mentido.
En su vida no haya dicho una sola palabra de verdad.
Pero, cuando ella hablaba, yo la creía.
Era más fuerte que yo."
Y ahora vamos a preparar la escena siguiente.
Es cuando Carmen lleva José a casa de la vieja Celestina.
Es un cuartucho.
Vamos a imaginarnos que esto es un camastro.
Aquí hay una lámpara. Bájala.
Un poquito más, baja, baja. Vale.
Allí hay una silla.
Abrid más un poquito.
Allí tendremos una mesa...
que será como una cómoda con espejo.
Ven aquí, Juan. Y tú, Carmen.
Haces José tú, y vamos a hacer el paso de ella.
¡Vamos, una y dos!
No, un momento, un momento.
Tienes que ser más femenina.
Acarícialo. Y él acaríciate tú.
¿Entiendes? Vamos.
Una, y dos.
Acaríciale.
¡Vale! Mejor. Mejor.
Ahora vamos a hacer lo siguiente:
vamos a retirar la escalera, vamos a poner a los espejos en su sitio...
y vamos a ir cerrando las cortinas muy despacio.
Y déjame todo el espacio vacío.
Vamos.
- ¿Puedo pasar? - Claro.
Tranquilo, hombre, tranquilo.
Hay tiempo, ¿no?
Anda, vamos a beber.
Cuando salí del coche, estabas bailando.
¿Qué era?
Estabas inventando un paso para machacarnos mañana, ¿no?
No, estaba repasando la farruca.
Mira, Carmen...
desde que tengo 15 años he bailado todo o casi todo...
pero la farruca me hizo comprender todo esto.
Y le estoy agradecido por eso.
Hay momentos que me pongo a bailarla...
no sé por qué, pero lo necesito.
¿Nunca la has bailado por amor?
No.
No vas a encontrar mejor momento que este.
Báilala para mí.
¿Ahora?
Baila para mí, Antonio.
Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez.
Uno, dos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis...
siete, ocho, nueve, diez. Uno, dos...
tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez.
Dos, ¡venga, cómeme, ahora!
¡Venga! ¿O es que lo marcas también? ¿Lo marcas también?
- ¿Qué haces? - Me voy.
¿Te vas?
Me tengo que ir.
Son las dos.
Adiós, Antonio.
No sé.
¿Cómo podría ser?
Y ahora ella.
Con el abanico, la peineta, la flor, la mantilla.
Viene con todo.
Utópico.
¿Qué más da? ¿Qué más da?
Hola.
Su marido estará allí.
¿Cómo estás?
- Muy bien. - ¿De qué pasito me hablas, hija?
- No me había dado cuenta. - ¿No te has dado cuenta?
- ¿Tú no te vas con la Pepa? - Vete al lado.
¡Compadre! ¡Felicidades!
¡Felicidades!
¡Eso mismo! ¡Felicidades, sobrino, felicidades!
¡Hale!
¿Paco, qué sabes tú de Carmen?
Antonio, lo que sabe todo el mundo.
Tú sabes más que yo. Te lo noto en las miradas, en las indirectas.
Dime lo que sabes.
Dicen que está casada con un tipo al que trancaron con drogas...
...y está en la cárcel. - Eso yo ya lo sabía.
¿Te lo ha dicho ella?
Paco, de verdad, ¿tú sabes si vive con alguien?
¿Voy a ser el último que se entere? Dímelo, por favor.
Yo sé que andaba con un tipo, pero no sé con quien anda.
Yo no sé nada.
Pero, coño, ¿qué te pasa con esta tía?
Tú has tenido 2O mejores que ella.
¡Te estás desquiciando!
¡Hale!
¡Llegó Carmencita!
¡Puedes sentarte!
¡En hora buena, buena!
¡Ahora esto se puso mejor con la tía que llegó!
¡Viva! ¡Viva!
¡Vamos, vamos!
¡Va a quedar picante, ahora te quiero ver!
¡Vamos!
¡Ole!
¡Ole!
Mira Antonio, este es mi marido.
Hola.
José Fernandez Montoya, para servirle.
Antonio, ¿cómo te va, hombre?
Acaba de salir de la cárcel, ¿no es divino?
¡No correr!
¡Bien!
¡Tauro, que se te ha anunciado!
¡Vamos! ¡No corran!
¡Vamos!
¡Cógete la falda, cógete la falda!
¡Juan, la lleva! ¡Vamos! ¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Vamos!
¡Las plantas!
¡No mires al suelo, Tauro!
¡Vamos!
¡Las plantas!
¡Sujétate!
¡Y ahora!
¡Sigue!
¡Tauro, para arriba!
¡Arriba, rodillones!
¡Arriba!
¡Bien! ¡Vamos! ¡Basta! ¡Basta, bien, bien!
¡Bien!
Me duele el pie.
- ¿Torciste el talón? - No, es el pie.
- ¿Qué quieres? - ¿Qué te pasa, Antonio?
Un poco más y lo matas.
- ¿Qué quieres? - Nada, hombre, si te pones así.
¿Cómo me voy a poner?
Vete con tu marido y déjame en paz.
Si ya no lo quiero, Antonio.
Han pasado muchas cosas, ¿no?
Sólo te quiero a ti.
Está bien.
Quería hablarte de esto.
Quiere marcharse al sur, cambiar de vida.
Lo único que quiere es dinero.
Ya le conté lo nuestro.
Le importa un rábano.
Lo único que quiere es irse.
¿En qué piensas?
Supongo que tendrá bastante con esto.
Y dile que te deje en paz.
¿Por qué no te quedas a vivir siempre conmigo?
Pero si así estamos divinamente.
Pero tengo miedo de perderte.
No seas tonto.
Eres el único que quiero.
Va al montón.
- ¿Cuánto es todo? - Dos mil y pico.
A ver si levanta.
Corta.
Tú empiezas.
Cuarenta y dos.
- Aquí está lo mío. - Entro.
- ¿Está bien? - Bien.
En la cárcel, lo que hacíamos todo el día era esto:
jugar a las cartas.
Cuarenta duros.
Cuarenta duros, voy.
- Ahí están los del tío. - Es lo que queda, señores.
¿Está bien?
¿Cartas?
Dos.
Es increíble lo que se siente cuando se tiene libertad.
No hay palabras para explicarlo.
Saliste justo ahora, ¿no?
¿ Y qué vas a hacer ahora?
¿Hacer? ¿Lo de siempre, qué quieres que haga?
La droga se está poniendo fatal.
- Cada vez hay más competencia. - Eso no va conmigo.
- Señor, no me apetece. - Tengo un buen padrino.
Yo voy, yo voy.
Mil.
- Paso. - Yo me he ido.
Mi resto.
Mí, no.
16 mil.
Saca cuatrocientos.
Dos, tres y cuatro.
¿Qué llevas?
31.
41 gana.
- ¡Hijo de puta! - ¡Tus muertos!
Vale ya, ¿no?
- ¿Te he dado? - No, que va, tranquilo.
- Vaya, ¿qué tal? - Bien.
Vamos, quítame esto de encima, macho.
- ¡Qué bien a quedado! - Le llevo esto al tipo del maquillaje.
- Quedó muy bien. - No puedo más, Paco.
Ya está bien. Estoy rematado.
Te voy a contar, desde afuera se ve, se te ve divino.
El año que viene dejo de bailar, que ya está bien.
Ya vas diciendo lo mismo hace 15 años.
- Y estás bailando cada vez mejor. - Está bien...
pero los años no perdonan, Paco.
Créeme, estás bailando como yo no he visto nunca.
Escucha, yo me voy a ir. ¿Quieres algo?
No, luego te veo. O mejor...
...nos vemos mañana. - Está bien, Antonito.
- Gracias, Paco. - Hasta luego. Arriba.
Adiós, Paquito.
Buenas noches, nos vemos luego.
Me voy para casa.
- ¿Tú vienes? - ¡Hasta luego, Antonito!
- Antonio, hasta mañana. - Hasta mañana.
¡Sal de aquí! No quiero verte más.
¡Vete!
- Antonio, no lo tomes así. - Déjame en paz, no quiero saber nada.
¡Lárgate!
¡Suéltame!
¡Me haces daño!
De acuerdo.
De acuerdo.
No tengo derecho a pedirte nada.
¡Pero yo no puedo vivir así, Carmen!
¡No quiero que me atormenten, y mucho menos que me vigilen!
Quiero ser libre y hacer lo que me dé la gana, ¿vale?
¿Pero por qué me engañas con el primer imbécil?
¿Qué tengan ellos que no pueda darte yo?
Nunca he prometido nada. No tienes ningún derecho a exigirme nada.
Nos queremos, ¿no? Que vale.
No sé qué quieres que haga.
Me gustaría estar siempre contigo.
Soy celoso y posesivo, lo sé.
¿Qué le voy a hacer?
Pero no quiero compartirte con nadie.
Bueno.
¿Pero cómo eres tan tonto?
¿No comprendes que te quiero?
Hay gente, ¿verdad?
Y hay hombres.
¡Vamos!
Los amores son terribles Y los celos traicioneros
Los celos son traicioneros Los amores son terribles
Y los celos traicioneros
Los amores son terribles Y los celos traicioneros
Y los celos traicioneros tienen la culpa de todo
Por eso muero de celos
Tienen la culpa de todo Por eso muero de celos
A aquel que se enamora Se lo comen los celos
A aquel que se enamora Se lo comen los celos
Los celos lo devoran
¡Y ahora, la segunda!
Los celos tienen la culpa De tanta cosa cobarde
De tanta cosa cobarde Los celos tienen la culpa
De tanta cosa cobarde
Los celos tienen la culpa De tanta cosa cobarde
De tanta cosa cobarde Los celos que lo devoran
Son como fuego que arde
Los celos que lo devoran Son como fuego que arde
Son como flor que quema Los amores y los celos
Son como la sangre
A aquel que se enamora No se lo roba nadie
¿ Ya ganaste? Vale ya.
- ¿Qué te ocurre? - Me tienes harta ya.
- ¿No entiendes de que te quiero a ti? - Que no te quiero. Ya no.
Ya no vale.
Carmen, no me dejes.
- No me agarres. - ¡Te quiero, Carmen!
No puedo hacer nada.
Antonio, basta. ¡Basta!
¡Basta!
Te amo.
- No puedo más. - No.
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