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Mañana te casas.
- Sí, mañana me caso. - ¿Qué pasa?
Pues, Cristina
es la mujer perfecta.
Y hay algo en mi cabeza que me dice que estoy haciendo bien las cosas, pero no.
¿Alberto?
- Cristina... - ¿Es ella, verdad?
Tu primer amor, la razón por la que te fuiste a Londres.
¿Qué tiene que ver eso ahora, Cristina?
No me has contestado. ¿Qué está pasando aquí?
Un malentendido, absurdo, estúpido,
y lo peor de todo es que haya tenido que pasar
para que me atreva a decir la verdad.
- ¿Qué verdad? - Ana y yo
- estamos juntos. - Entonces,
¿él era tu novio?
He tenido dos faltas.
¿Estás embarazada?
Luisa, a veces las cosas no salen cuando las esperamos
y no se pueden cambiar, pero hay que intentar verles el lado bueno.
A lo mejor, sí que se pueden cambiar.
Doña Paulina, soy Luisa. Tengo el dinero.
Bueno, ya está. Todo ha salido bien.
Si notas algo de sangrado, no te asustes.
¡Luisa! ¡Luisa, Dios mío!
- ¡Socorro! - Pero ¿qué ha pasado?
- Rita, llame a un médico. - Doña Blanca,
tengo que hablar con usted.
Es sobre...
- ...lo que le ha ocurrido a Luisa. - No me acuerdo de nada.
Hay cosas que es mejor no recordarlas.
Su nombre es Paulina, pero no tengo más datos.
Pone en peligro la vida de las chicas a las que interviene.
Una de ellas, no podrá tener hijos nunca más.
¿Por qué no me acompaña?
Iba a cenar solo, seguro que usted también.
Le prometo que antes de la hora, estamos de vuelta.
Está bien.
A partir de hoy, sustituirá a Pedro en sus tareas como conserje.
Quiero que lleves las telas al almacén y que ordenen los materiales
por nombres y por orden de llegada.
Lo quiero antes de mediodía,
y espero que para esa hora, ya esté entregado
el correo de la mañana que le espera en conserjería.
- ¿Algo más, señora Blanca? - Por supuesto.
Esto es solo el comienzo.
Sé que fue usted el que tomó la decisión.
Alberto solo era la mano ejecutora con la que se cubría.
Y no pienso cobrar una sola peseta, hasta que mis nuevos diseños
se vendan como churros en las galerías.
Quédese aquí, Raúl.
Están frente al nuevo diseñador de Velvet.
Tu inminente suegro, Gerardo Otegui,
me contrató para crear la nueva colección.
- ¿Hablas en serio? - ¿Estás bien?
No.
- He roto bolsa. - Te quedaban dos días.
Enrique, cariño, ¿puedes llamar a un taxi, o quieres que dé a luz aquí en medio?
- Voy a por un coche. - ¡Taxi!
- Ya está aquí, ya está aquí. - Ya está.
No te preocupes, todo va a salir bien, ya lo verás.
Pronto tengo una boda, necesito acompañante, eso...
...y que no quiero estar sin ti.
- ¿Tú podrías prestarme algo de dinero? - ¿Otra vez?
Bueno, es que es cuestión de vida o muerte. Necesito un vestido.
- Pero qué morro tienes, Clarita, hija. - Que es para la boda.
Voy con don Mateo.
¿En plan oficial? ¿En plan de novios?
Sí, anoche nos reconciliamos. Me lo pidió y voy con él.
Quiero hablar contigo un segundo, de la boda.
- Mateo, te prometo que solo van - Es importante...
- a ser diez minutos. - No.
Que es que, si no, se lo van a llevar
- y no voy a tener otro hueco. - No, es que, a ver...
Ha pasado algo, es la boda.
¿Qué? ¿No se van a casar?
¿Qué?
Pero ¿por qué me tengo que sacrificar yo?
- Solo son unos días de paripé y luego... - Pero ¿cómo que de paripé?
Tú sabes lo que me ha costado a mí el vestido.
El vestido, Rita,
el vestido de novia de Cristina...
...ha desaparecido.
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
Que ha sido una noche de muchas emociones y nervios, Ana.
Igual no te acuerdas dónde lo pusiste.
Pero qué nervios ni qué nervios. Que sé perfectamente lo que hice.
Pues alguien lo habrá quitado de en medio, mujer.
Pero bueno, que yo te ayudo a buscarlo y sanseacabó.
Rita, que ya busqué.
¿Ves? El vestido de novia no está.
Se ha evaporado.
Las cosas no desaparecen así sin más.
¿No?
- Ay, virgen santísima, que ha desaparecido. - Te lo dije.
Bueno, que no cunda el pánico.
- Vamos a reconstruir todo lo que hiciste. - ¿Reconstruir?
Sí, es lo que yo lo hago cuando he perdido algo.
Bueno, eso y lo de San Cucufato, lo de atarle los...
O a San Antonio,
- que con unas pesetillas... - Rita...
Bueno, pues ya me centro. Vamos a ver.
Tú haz memoria. ¿Dónde lo viste por última vez?
Había mucho jaleo en el taller...
...y terminé de ajustarlo...
...lo planché...
...lo metí en una caja blanca...
...y me lo traje aquí,
con el resto de encargos de la boda.
Los encargos que Max debió entregar hoy.
¡Pues claro! ¡Vamos!
[susurra] ¡Max!
¡Abre!
¿Qué pasa?
[puerta se cierra]
Que vas a coger frío.
- ¡Rita! - ¿Se puede saber qué queréis?
¿Cogiste tú mi paquete de la mesa de encargos esta mañana?
Puede ser. He cogido muchos paquetes hoy.
Era una caja blanca, grande. Y estaba sin envolver.
Sí, sí.
Estaba junto con el resto de cajas, y pensé que era para el reparto. ¿Por qué?
Porque no era para el reparto.
Era el vestido de novia de la señorita Cristina.
- ¿Cómo? - A saber dónde está ahora.
¿Tienes el listado de las entregas de hoy?
Sí, sí. Está en la garita.
Podemos llamar a los clientes y preguntarles si han recibido algo por error.
Sí, si lo recogemos esta misma noche, aquí no ha pasado nada.
¿Llamamos a tu tío y a doña Blanca?
- Venga. - ¡No, no!
¿Para qué vamos a preocuparles si podemos recuperarlo?
Pues porque vamos a llamar a nuestros mejores clientes
en plena madrugada. ¿Tú crees que no se van a enterar?
Podemos decirles que no digan nada.
Si doña Blanca se entera, soy hombre muerto.
Estoy bajo su cargo y ya sabéis que no es una mujer muy comprensiva.
[Ana] Y perdone por la hora. Buenas noches.
[cuelga el teléfono]
Los Valverde tampoco lo tienen y eran los últimos de la lista.
No sé qué ha podido pasar, de verdad.
Pero cómo puede ser que ninguna familia de la lista lo tenga.
O eso dicen, Rita.
Nuestros clientes no son ladrones, ¿para qué van a querer un vestido de novia?
- Tenía tanto lío esta mañana... - Lío el nuestro, Max.
Con Pedro esto no hubiera pasado.
[golpes]
Bueno, pues a ver qué hacemos, porque cómo se entere Cristina de esto...
¿De qué se tiene que enterar?
Será mejor que hablen, ahora mismo.
De verdad, cómo eres. Que no hacía falta que vinieras a estas horas.
No digas tonterías. La familia es la familia.
Y por ver esa monería de niña, hubiera cruzado medio mundo.
He visto a la niña en el nido. Es preciosa.
[Enrique] Muchas gracias.
Enhorabuena.
Te ofrecería, pero esto es para los hombres de la familia.
[Mateo] Huele a habano por aquí. ¿Tenemos o no tenemos niño?
[Alberto] Casi. Niña.
- Enhorabuena, Enrique. - Muchas gracias.
- ¿Qué tal la madre? - Descansando.
- ¿Quieres? - No, gracias.
¿La novia?
La novia también debería estar descansando.
¿La boda?
- ¿Os podéis creer que me he olvidado? - Bueno.
Era el objetivo de la noche. Se ha conseguido.
Enrique, de verdad que entendería perfectamente
que mañana no quisieras venir.
[Enrique] ¿Pero qué estás diciendo?
La madre de Bárbara está de camino y se va a quedar con las dos.
Yo no me perdería la boda de mi hermana pequeña por nada del mundo.
Al fin y al cabo, cuando uno se casa es para toda la vida.
Y ale, ahora a descansar, que mañana va a ser un día muy largo.
Será mejor que la lleve a casa, y me asegure de que lo hace.
Os acompaño a la salida.
- Buenas noches. - Que descanses.
Tío.
Dejemos que los tortolitos se despidan.
Te esperamos en el coche.
- Adiós, Alberto. - Hasta mañana.
[grillos cantando]
Te quedaba muy bien.
La niña. En los brazos.
¡Uy, qué susto!
No, no. Tranquilo. Que para eso queda tiempo.
- Paso a paso. - Sí.
Y empezamos por el paso de mañana.
Y la próxima vez que nos veamos será en la iglesia.
¿Estás nervioso?
¿Tú estás nerviosa?
Lo estaría si no supiera que
casarme contigo es lo único que me va a hacer feliz.
[Cristina] Hasta mañana.
Hasta mañana.
- ¿Estás bien? - Sí.
[suspira]
- Cansado. - Respuesta incorrecta.
¿Tú qué te crees,
que te vas a pasar tu última noche de soltero solo en casa?
No, amigo mío, no. Tú y yo nos vamos de fiesta.
[ríen]
¿Dónde?
Si te lo digo, te arruino la sorpresa. Vamos.
¿El Pausa? ¿Esta es la sorpresa que tenías para mí?
Anda, cállate ya. Mira quién nos está calentando la barra.
¡Ya estamos todos!
- Tres ginebras. - ¿Qué haces aquí?
Le comenté que tenía pensado una larga noche
para el novio y no ha querido perdérsela.
Raúl de la Riva es un empleado de las galerías responsable y cabal,
pero Raúl Rivelles es un juerguista.
¡Y esta juerga promete!
- Y tú ya has empezado. - Un precalentamiento.
¿Dos? ¿Tres copas? Confiesa: ¿cuántas?
Os diré que os va a costar cogerme el ritmo.
Tú no sabes con quién estás hablando.
¡Un brindis!
¡Arriba! Por la boda del año,
y una noche inolvidable.
[llaman a la puerta]
[doña Banca] Don Emilio.
- Don Emilio. - Sí, voy.
Voy.
Siento molestarle a estas horas, pero es urgente.
- Don Emilio, lamento mucho... - Lamentarse no sirve
absolutamente de nada.
Hay que encontrar una solución. Entre todos.
Poco podemos hacer más que comunicárselo a la señorita Cristina.
Hay que llamarla cuanto antes.
Eso sí, la vamos a matar de un disgusto. Igual hasta cancela la boda.
- Rita tiene razón. - Tengo razón.
Es un asunto muy delicado.
Nosotros no podemos dar este paso.
Necesitamos a alguien próximo a la señorita Otegui.
Alguien que la conozca bien,
y que nos ayude a encontrar la solución adecuada.
[Raúl ríe a carcajadas]
- Buenas noches, señores. - [Mateo] ¿Rita?
¡Ay, Rita! ¡Mi asistente favorita!
- Gracias. - ¿Qué has venido, de fiesta?
Sí, se podría decir que sí, más o menos.
- ¿Has venido sola? - Sí.
¡Qué moderna!
Venga, Rita, quédate a tomar algo con nosotros.
Por favor, tómate una copa con nosotros, Rita.
- Bueno, vale. Sí. - Insisto, te quiero invitar a algo. Por favor.
No, no. Que no, que no. Que en realidad venía buscando al señor de la Riva.
- ¿A mí? - Sí. Le llamé al hotel donde se hospeda,
¡madre mía, hasta dar con usted!
- Esta canción me encanta, me encanta. - ¿Sí? Pues a mí también. ¿Bailamos?
- ¡Sí! - Sí. Bueno. Vale, perdonen que...
Muy bien. Se suponía que era una noche sin mujeres
y mira lo cerca que te has traído a tu cuñada.
- ¿Mi cuñada? Ah. - Sí. Es la hermana de tu novia.
- Clara. Ana es mi novia. No lo olvides. - Ya.
Y aunque quisiera no podría olvidarlo.
Pues muy mal hecho. Porque a partir de hoy,
solo debes de tener una mujer en tu cabeza y en tu vida.
Antes igual estaba un poco nervioso, Mateo,
pero lo tengo claro. Cristina es lo que quiero.
Muy bien. Muy bien. ¡Por fin!
Mira, por lo que respecta a Ana, por mí podría ser mi novia o meterse monja.
Me da exactamente igual.
Desde hoy esa muchacha es historia para ti.
Alberto, el deber me llama.
Tenéis que seguir la fiesta sin mí.
- ¿Seguro? ¿Todo bien? - Sí, sí.
Por supuesto. Todo perfecto. Todo perfecto
Insisto. Por favor, Raúl, quedaros a tomar una copa más.
No, es que Rita me ha pedido un favor...
...personal, ya sabéis.
Espero que no sean de esos favores personales que me estoy imaginando.
Qué poca gracia tienes siempre, Mateo.
El arte de la moda no descansa.
- Disfrutad por mí. - [Alberto] Hasta luego.
- ¿Sabes cómo deberíamos llamarle a eso? - ¿Cómo?
Alta traición.
Hoy no se abandona un amigo por estar con una chica.
¡Hoy no! Y es lo que ha hecho.
¿Sabes cómo tendríamos que llamarlo a eso?
- ¿Cómo? - Señal.
Una señal muy clara que nos está diciendo: recapacitad, iros a casa.
Te conozco Mateo, y esto va a terminar mal.
¿Señales? ¿Quieres señales?
Yo tengo una señal en mi mano, tú tienes una señal en tu mano.
Estoy dispuesto a que la última noche como soltero de mi mejor amigo
pase a los anales de la historia.
- Dos más, por favor. - Dos más.
Whisky.
Uno no gana para disgustos en estas galerías.
No sabíamos qué hacer y pensamos en usted.
Como conoce a la señorita Cristina, pues pensamos que podía ayudarnos,
por lo menos para comunicarle la noticia, ¿sabe?
[Raúl] Esto es una tragedia,
una auténtica y absoluta tragedia.
[ríe]
- ¿Se encuentra bien, señor de la Riva? - Perdón.
Es que les he visto, así tan serios,
en pijama...
Que este está más alegre de la cuenta, Ana.
Me temo que va a ser peor el remedio que la enfermedad,
doña Blanca.
Señor de la Riva, si no se encuentra en plenas facultades...
Yo entiendo que no le hemos cogido
- en el mejor de los momentos... - Por favor.
Por favor, perdón.
No hay ningún artista que no haya creado sus
mejores obras con cierto estado de embriaguez.
De embriaguez creativa, quiero decir.
No me malinterpreten. Y además,
creo que si no sabemos poner una sonrisa
en un momento como este, la noche se nos va a hacer muy larga.
- ¿Muy larga? - Sí.
Quiero las telas que trajimos de París.
Me da igual el tejido que sea,
siempre y cuando sean marfil o blanco.
Trabajaremos sin el atual. Directamente sobre la tela,
porque somos unos kamikazes. Venga, no hay tiempo que perder.
¿No estará pensando en coser un vestido nuevo en una sola noche?
¿Acaso tenemos otra opción?
- No podemos. - ¿En los mejores talleres del país?
Sí podemos.
¿Pero usted cree que la señorita Cristina se va a conformar con algo así?
Está claro que no es el vestido que esperaba,
pero le aseguro que no se acordará del anterior.
Fíjese cómo es la vida. Yo toda la vida me imaginé
que Cristina llevaría un vestido mío el día de su boda.
No hay mal que por bien no venga.
Vamos a hacer el vestido más bonito que haya salido de las Galerías Velvet.
¡Vamos! ¡Rita, Ana! ¡A por el resto! ¡Traédmelo!
¡Rápido!
¿Y ustedes se van a quedar ahí?
¿En pijama?
Permiso.
- [Ana] ¡Inés! ¡Inés! - [Rita] ¡Conchita!
- [Rita] ¡Susana! - [Ana] ¡Sal!
Venga, que tenemos que subir al taller.
[Ana] ¿La llamas tú a ella?
- ¡Sagrario! - ¡Consuelo!
- ¡Sagrario! - ¡Consuelo, abre!
¿Pero qué está pasando? ¿Hay fuego o qué pasa?
Peor, Clara, peor.
El vestido de la doña Cristina, que lo hemos perdido.
¿Qué? Voy con vosotras.
Pero si tú no sabes ni enhebrar una aguja.
Rita, no creo yo que estéis como para despreciar la ayuda de nadie.
Clara tiene razón, Rita. Vente con nosotros, que algo harás.
¿Oye, y vosotras desde cuándo os lleváis bien?
Las víctimas del amor,
- que tenemos que apoyarnos. - Anda esta.
- ¿Y Luisa? ¿Voy a buscarla? - No, déjala que descanse, pobrecita.
¿Pero sigue enferma? ¿Qué le pasa?
Nada, que es otra víctima del amor. Venga, tira.
- Venga, vosotras también. - ¡Hala, venga!
Pasen. Siento mucho sacarles de sus camas.
Buenas noches.
"Buenas" por decir algo.
¿Saben qué? Que qué diablos, que son muy buenas. Son buenas.
Porque esta noche nos enfrentamos a un reto.
Y los retos nos hacen recordar quiénes somos y lo que valemos.
Y ustedes, señoritas,
valen mucho. Valen mucho.
[Raúl] Vamos a dividirnos las tareas para que todo vaya lo más...
- Doña Blanca, no sé qué ha podido... - ¡Cállese!
¿Usted es consciente de la magnitud del error que ha cometido?
- ¿Lo es? - Sí, sí. Lo soy.
- Y lo siento mucho, pero tenía tantas... - Cinco días de suspensión de salario.
Don Emilio, lo he hecho lo mejor que he podido, pero
- mi puesto es de dependiente. - Que sea una semana.
¿Quiere añadir algún día más?
Váyase a su habitación.
Ese joven tiene que empezar a aprender dónde está y con quién trata.
Precisamente este año...
...se cumplen veinticinco de la catástrofe de la colección Antuña.
Se entregaron más de diez encargos
con las tallas equivocadas.
No se me olvidará en la vida.
La mañana del 24 de diciembre, en plena Navidad...
...despedí a once trabajadores.
Y con la peor de las maneras.
Si tuviese hoy que levantar la voz como la levanté entonces,
me daba un infarto.
Usted solo estaba cumpliendo con su obligación.
Se ganaron el despido a pulso.
Se equivocaron.
Y fueron descuidados.
Y esa fue la causa del despido.
Pero mis gritos,
mis insultos...
...mis ataques personales...
Aquel día había perdido
a una persona muy importante en mi vida.
Y lo pagué con ellos.
Yo no sé lo que le sucede a usted...
...ni tengo por qué inmiscuirme, pero...
...en los últimos días como que se ha asomado por aquí una nueva Blanca.
Una a la que todos acaban tomando por el pito del sereno.
No se puede bajar la guardia con ellos, don Emilio.
- No se puede. - ¿Quién dice que hay que hacerlo? No.
No. Esta Blanca es estricta,
es recta y es profesional.
Pero también es paciente
y comprensiva.
¿Sabe?
No me gustaría perderla de vista.
[suspira]
Tengo que volver al taller.
Otra cosa, doña Blanca, perdón. Lo de la boda...
- ¿Tengo acompañante? ¿No tengo...? - Tal y como están las cosas,
puede que ni siquiera haya boda.
Si salimos de esta, ya veremos.
Hola, buenas noches.
Querría reservar una habitación, por favor.
No, no es para mí. Es para una amiga.
Isabel Navarro.
A partir de mañana.
Pues en principio, para toda la semana.
Bien.
Está bien, gracias.
Gracias.
[cuelga el teléfono]
- Siento interrumpir, pero... - Doña Blanca.
¿Tenemos los patrones de este modelo?
¿El Venice de la colección del 52?
- Sí, los tenemos. - Bien, trabajaremos sobre esa base.
¿Está seguro? No parece un vestido de novia.
Absolutamente.
En esa misma colección, tenemos también el Milano.
No. Quiero el Venice. Es justo lo que necesitamos.
Está bien. Consuelo, vaya a buscar los patrones.
Inés. Inés
y Conchita, en la base
del vestido. Ahí es donde van a trabajar.
Susana. Susana y Sagrario,
en la sobrefalda.
Después nos meteremos con el cuerpo del encaje.
Aún queda tela del velo original.
No, no nos sirve de nada. Empezaremos desde cero.
Necesito otro aire, otra cosa. Algo más
- vaporoso. Más vaporoso. - Acompáñenme al almacén. Vamos.
Y por favor, ya a partir de ahora, glamour, glamour. Ya basta
de rulos, camisones y pijamas.
Vamos a trabajar
en una sobrefalda
de fajón mikado .
¿Qué es eso?
Da igual. Raso.
Una enagua larga de tul.
- ¿El que trajimos de París? - ¡Eh! Perfecto, perfecto.
Sí. Ve a por él. Muy buena idea.
¿Y yo, señor de la Riva? ¿Puedo ayudarle en algo?
¡Clara! ¡Mi musa!
Mi musa, mi preciosa y vaporosa musa,
como un tul parisino.
Es usted necesaria...
...claro que sí. Además la noche va a ser muy larga, nos va a venir muy bien.
Traiga café para todos.
Claro.
Clara.
Y a mí una ginebrita.
Una ginebrita para hacer un poco de transición
entre la fiesta de Alberto y esta situación tan agitada.
¿Hay una fiesta de don Alberto?
Claro, mujer, la despedida de soltero. De ahí me han arrancado,
con lo bien que estaba yo allí.
Además, teniendo un amigo como don Mateo,
pues uno ya sabe que la fiesta puede ser antológica.
Y cuando uno dice antológica,
pues son todos los placeres que me estoy perdiendo. Ya sabe.
Sí. Sí, sí.
La típica despedida de soltero con todo
lo que tiene una despedida de soltero, ¿verdad?
Pues voy a por esos cafés. Tardaré un poco más por su ginebra,
porque tengo que salir fuera.
No mucho.
[Alberto] Apúntelo a mi cuenta, por favor. Señoras, señores,
- la próxima copa invito yo. - Han oído bien. El novio invita.
Voy a echarte tanto de menos.
Que no me voy de España, Mateo. Solo voy a casarme.
Para el caso es lo mismo.
Solo me voy dos semanas de viaje de novios,
pero me preocupa dejar las galerías en manos de...
En manos de un gran gestor y excelente compañero de juergas.
Si ya lo sé. Pero me preocupa que esté Enrique por ahí, merodeando.
No te preocupes. Cuando vuelvas,
ese león va a parecer un gatito inofensivo. Soy un gran
domador de fieras.
- Hasta ahora, domador. - Pero no te vayas.
Que te conozco. Que te tengo que dar la sorpresa.
Voy al baño.
Hola, chicas. No soléis venir por el Pausa, por lo que veo.
Estamos aquí celebrando que mi amigo mañana se casa. Si queréis tomar algo...
Yo también quiero una copa.
Clara. A ver, no tenía ningún tipo de intención con estas chicas.
Quiero mi copa. Una de esas.
- Clara. A ver, escucha... - Mira. Mi copa. Gracias.
Clara, los dos sabemos que esta copa va a acabar en mi cara, ¿verdad?
Te prometo que no.
Llevo toda la noche esperándote en la habitación.
Intentaba solucionar lo nuestro. ¿Y dónde te encuentro?
- De fiesta. Buenas noches, don Mateo. - Clara.
"Don" no, por favor. Otra vez no. "Don" no.
- Hasta luego, que tengo mucho que hacer. - No, Clara.
No me puedes dejar así, por favor.
Ya lo creo que sí.
A ver si así se te refrescan un poco las ideas.
¿Esa no era Clara?
Sí, era Clara, sí. Parece que vienen a cuenta gotas.
No te preocupes, que la siguiente en entrar por la puerta va a ser Ana.
No, no. Estas bromas ahora no, Mateo, por favor.
- ¿Dónde están esas copas? - ¿Las copas?
¿Sabes dónde está la última? Aquí.
Pues habrá que tomarse otra. ¿Y la botella?
Pide otra.
[tintineo de vasos]
Perdón, perdón. Perdón, pase.
Clara, el café, por fin.
[máquinas de coser funcionando]
Gracias.
Estoy que me caigo. ¿Por qué has tardado tanto?
¿Estás bien?
- Mejor que nunca. - Calla, calla, calla.
[por la radio] ...centenares de estrellas fugaces que podrán ver con toda claridad,
así que ya saben,
si disponen de algo de tiempo, miren al cielo y pidan sus deseos.
Ay, Pedro me habló de esto. Con todo el follón, se me había olvidado.
- ¿Te ha llamado Pedro? - Sí, esta tarde. Me dijo que
él iba a intentar verla. Bueno, yo no me la pierdo por nada del mundo.
Las únicas estrellas que van a ver son las de los sopapos
que me voy a poner a repartir como no las vea trabajar ya.
¡Venga, señoras! Que tenemos que terminar un vestido esta noche.
Señor de la Riva, su copa.
¡Qué maravilla! En el mejor momento.
Disculpe. Disculpe.
¿Puedo ayudarle en algo más?
Sí, ayude a Sagrario a hacer presillas con cola de ratón.
Mire usted, a mí eso me da mucho asco.
Cola de ratón.
Clara ni siquiera sabe lo que es cola de ratón.
- Toda ayuda es poca. Y no tenemos tiempo. - Ya le dijimos que sería complicado.
Sí, sí. Ya lo sé, ya lo sé.
Pero no sirve de nada lamentarse. A no ser que venga a decirme que ha descubierto
la manera de que nos crezca otro brazo del cuerpo, doña Blanca...
Quizás dos manos sirvan de ayuda.
Maximiliano. ¿Se puede saber qué hace aquí?
No puedo quedarme de brazos cruzados en mi habitación
sabiendo que todo esto es por mi culpa.
Está bien.
Ese gesto le honra, Maximiliano, después de la que ha organizado.
Ayude a Clara y a Sagrario.
[máquinas de coser funcionando]
[música pop por la radio]
[Raúl suspira]
Mire, don Emilio,
siempre he pensado que es usted
un profesional impecable.
Pero me estoy volviendo loco
viéndole dar vueltas
por todo el taller sin hacer nada.
Me pongo muy nervioso y no puedo centrarme en mi trabajo.
Si quiere, puedo ponerme a coser.
Perfecto. Ahí tiene esa máquina.
Era una broma.
Pues espero que sus puntadas
sean mejores que sus bromas, porque me lo he creído de verdad.
Y no querrá usted defraudarme,
¿no?
Usted puede hacerlo, don Emilio.
Le necesitamos
Gracias, Maximiliano.
¿Qué hacen todas paradas?
Mire...
...tengo que coser a esta enagua...
...más tul...
para darle más volumen.
No me mire con esa cara.
¿Usted ve esta tela?
Pues hay que coserla con esta.
No se preocupe, tío, que yo puedo hacerlo.
No, Ana. Usted está muy ocupada, siga usted con lo suyo, por favor.
Será mejor que me encargue yo.
- Es que mi tío no va a saber... - Un momento.
No será necesario que repita una vez más
los años que llevo en esta galería.
No viene al caso.
Pero...
...si después de tanto tiempo,
yo permaneciese ignorante del manejo de las máquinas
de este departamento...
...si así fuere...
...repito...
...yo no me llamaría Emilio López.
Háganme el favor.
¡Ese es el espíritu!
Muy bien. Ahora solo tiene
que mover el pedal
y arrastrar la tela.
¡No me diga!
[todos aplauden]
Vamos. Todo el mundo a trabajar.
Si algún día quiere dejar su sección,
yo le hago a usted aquí un huequito.
Más tela. Es usted un milagro.
[ríe]
Bueno.
¡Manos a la obra!
No, no. Trae, trae, trae.
Tienes que estar sobrio para lo que te espera. ¡Santi!
- Me das miedo. ¿Qué es? - Tu sorpresa.
Ábrelo.
[ríen a carcajadas]
Lo sabía, lo sabía.
Siempre lo supe.
Y unos cuantos años después,
se descubre que yo fui quien robó el cuadro del director del internado.
- ¡Fuiste tú! ¡Fuiste tú! - Claro que fui yo.
Te castigaron por mi culpa.
¿Y este es tu regalo de boda?
- ¿Te parece poco? - La confirmación de
que eres el peor amigo del mundo.
Y tú el mejor.
Un cuadro,
dos copazos de buen whisky escocés.
Alberto.
Por los viejos tiempos.
Por los que vendrán.
¡Manuel! ¡Manuel!
¡Camarero!
Voy a por otra botella.
No, por ahí no.
- Por ahí te vas a caer. - ¿Qué haces, hombre?
Te lo he dicho.
Perdón, perdón. ¿Qué bebías?
Tranquilo. Yo te pido
otra cosa de lo mismo, pero mejor. Perdón, perdón.
- Pero... - Esta es la fiesta de mi amigo,
y aquí vosotros, sois unos invitados. Alberto.
Alteza, me he encontrado con unos amigos.
- Caballeros. - Señores.
Esta noche va a ser mítica.
[Antonio] Que si quiero el mueble a un lado, que si ahora lo quiere al otro.
- Esa señora era una pesada. Pues mira, - ¿Y tú qué le dijiste?
después de dos horas cambiando el dichoso mueble de sitio,
le digo:
"Señora, su marido debe ser más que un santo, porque a una mujer así
no la aguanta ni su madre".
[ríen a carcajadas]
Cogimos las cosas
y nos fuimos por donde habíamos venido.
¿Veis? Las mujeres siempre nos complican la existencia.
[Adolfo] Y el trabajo.
Cuando eres un chapuzas es el pan nuestro de cada día.
Ahora, aquí nos tenéis,
celebrando que nos han despedido.
Si es por eso, nosotros os podemos echar una mano.
Mira.
Diles que vas de parte de Mateo Ruiz.
Siempre hay hueco para buena gente como vosotros.
¿Velvet?
Pero si aquí es donde trabajamos mañana, ¿no?
Sí. Nos han llamado como mozos de carga.
- ¿Vosotros trabajáis allí? - Más o menos.
Director y subdirector de las galerías.
Tú eres el señor Márquez. Mira que lo sabía. Sabía que me sonaba su cara.
Últimamente no para de salir en las revistas.
Mañana deja de ser el soltero de oro de Madrid.
Bueno, bueno. Enhorabuena.
Es verdad, lo he leído, lo he leído. Con Cristina Otegui.
Una chica guapísima.
- No te ofendas. - ¿Qué se va a ofender?
Se casa con la mujer de sus sueños.
¿Verdad?
[máquinas de coser funcionando]
[Ana] Luisa, ¿qué haces aquí?
No podía dormir. ¿Qué pasa?
El vestido de novia de Cristina que ha desaparecido.
- ¿Qué? - Lo que oyes.
- Pero ¿por qué no me habéis avisado? - Luisa.
Todavía no está bien. Será mejor que vuelva a su cuarto.
No, no. Yo quiero quedarme aquí a ayudar.
Le digo que será mejor que vuelva a su cuarto.
Ahora mismo, lo que necesita es descanso.
Lo que necesito es trabajar.
Mantener la mente ocupada, no pensar.
Luisa, tiene que entender
- que aún no está bien del todo. - Se lo pido por favor.
Quiero quedarme.
[suspira]
Está bien.
Vaya a su cuarto a cambiarse y espere instrucciones de don Raúl.
Gracias.
Ana, procure que no haga mucho esfuerzo.
Aún no está bien.
- [Clara] ¿Tú no estabas enferma? - Quiero ayudar.
Pues deberías hacerle caso a doña Blanca
- e irte a dormir. - Que no, que no.
Que si me quedo un minuto más sola, me muero.
Pues toma, ayúdame con los cancanes.
¿Qué es lo que pasa aquí?
Nada, nada, que todo lo quieres saber.
No, si no pasa nada.
¿Quieres saberlo?
Que me quedé embarazada y aborté.
- ¿Pero natural o...? - Clara, ¿qué más da?
No, del otro.
Madre mía, y luego la que tiene la fama soy yo.
- Clara. - ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué he dicho?
Que qué boquita, hija. Qué boquita.
- No, si tiene razón. - ¿Pero qué va a tener razón?
No tuviste ese hijo porque no podías tenerlo en ese momento,
no porque fueras una cualquiera.
Bueno, que yo no he dicho eso.
No.
No, no tuve ese hijo porque no sabía si...
...era de Juan o de don Francisco.
¿Qué?
Fue él el que consiguió que me admitieran en las galerías...
...y luego accedió a pagar
el tratamiento de Juan.
Y yo tuve que...
...que agradecérselo.
¡Pero qué desgraciado!
Por eso no...
No quise tener el crío, porque...
...verle la carita me iba
a recordar todo.
Luisa, perdóname. Lo siento, lo siento, soy una bocazas.
- Perdóname. - No, no pasa nada.
¿Pero cómo no nos dijiste nada? Te habríamos ayudado.
Pues porque no contarlo hace que...
...no sea real.
Ya pasó.
Pero lo he contado.
[Luisa solloza]
Bueno.
[suspira]
[Luisa] A ver esto, cómo va.
Ha sido una fiesta increíble, Mateo.
[ríen]
Me voy a casa a descansar.
- ¿Cómo? - Sí, oye.
Muchas gracias por las copas y por las risas.
Pero nosotros también nos vamos,
que mañana tenemos un día complicado
- en las galerías. - [Mateo] Un momento.
Esto no se ha acabado aquí todavía. Lo que pasa,
señores, es que este sitio se nos ha quedado pequeño.
Mateo, es tarde, mañana me caso.
- A descansar. - Alberto, es tu última noche.
No me vas a dejar así, tirado.
- [Adolfo] Está muerto. - [Mateo] Pues buscamos otro sitio y ya está.
[Mateo] Los cuatro podemos hacer la fiesta en cualquier sitio.
¿Sabes qué? Tienes razón, Mateo.
Una última copa, dónde tú quieras.
¡Esa es la actitud!
- Pero ahora está cerrado todo. - Mateo sabe.
Tranquilos, chicos, estáis con papá.
Yo conozco un sitio que está abierto toda la noche.
No, si encima me voy a romper una uña, ya verás.
Y tú, alegra esa cara, que más se perdió en la guerra.
A Pedro no se le hubiera perdido, ¿verdad?
He oído que ya no estáis juntos.
¿Y a qué se debe ese repentino interés?
Bueno, Pedro es amigo mío
y digamos que todas las chicas guapas me interesan.
Pedro es tierno, es leal, pero demasiado bueno para mí.
A las chicas nos gustan los hombres que nos vuelvan locas.
Así, con más pimienta y menos azúcar.
O bueno, por lo menos son los que me gustan a mí.
Si es que cuanto más discutimos
y más guerreamos, más ganas tengo de besarle.
- ¿No tengo ninguna oportunidad, entonces? - Ni la más remota.
Así que te puedes ahorrar las zalamerías, que esta chica ya tiene su don Juan.
Al final me la he roto.
Anda, deja. Mira.
[estrépito]
- Doña Blanca. - Clara, la estaba buscando.
Don Raúl quiere que le traiga...
¿Otra copa?
- Otra copa, sí. - Sí. Ahora mismo.
- Deje que la ayude. - No, no hace falta. Siga con lo suyo.
[crujido de papeles]
[Raúl] Ah.
Qué maravilla. Qué maravilla. Increíble.
Qué recuerdos me trae, es una barbaridad.
El tiempo que hacía que no cogía yo una aguja.
Si es que claro.
Uno se pone a diseñar...
...y se olvida de lo mucho que le gusta...
...mancharse las manos.
Yo es que siempre estoy manchada hasta las orejas.
Pero claro que sí, sí que puedo llegar a imaginármelo.
Lo que no sabía es que
cuando bebe dos copas se pone así de...
- ¿Así cómo? - Así de...
...sentimental.
¡Mujer!
Claro. Espera, que se me ha
- atorado esto... - ¿Me deja?
No, mira, esto se hace así.
Bueno, luego lo arreglo.
El alcohol solo tiene dos cosas buenas. Una...
Que dices lo primero que te viene
y te pasa por la cabeza.
Y otra,
que hace aflorar tus más profundos instintos.
[ríe nerviosa]
- Sí. - Ya me entiende.
- Hombre, claro. - Rita.
No, no me entiende.
Pues que igual le vendría bien una copita
- con Pedro. - Oiga...
Pero por favor, Rita. Que tengo ojos
en la cara, que no soy tonto.
Y además ahora,
- que Pedro no está con su hermana... - Por favor,
que ella no sabe cómo me siento, de verdad.
- Prométame que esto se quedará entre nosotros. - ¿El qué, el qué?
¿Qué es lo que tiene que quedar entre vosotros?
Oh.
Que he hecho la sobrefalda con unas copitas de más.
Y mire cómo me ha quedado.
Hala, porque mire cómo me ha quedado
de maravillosa.
No he perdido el toque.
Las chicas ya tienen terminado el cuerpo del vestido. Si quiere,
- voy a la primera prueba. - No.
¿No?
Que tú no te vas a probar el vestido.
Pero yo pensaba que era su musa.
Y eres mi musa, chérie,
pero tenemos que ser prácticos.
Tú no tienes la misma constitución que Cristina.
Tú eres más modelo, más huesuda.
Necesitamos más cadera, más redondita.
Tráeme a las modistas, que les voy a echar un ojo.
[Raúl resopla]
A ver, Conchita.
Tiene unas piernas muy cortas, hija.
A ver.
Hija, cada día estás más delgada, Luisa.
¿Cuál es la talla de cintura de Cristina?
Sesenta.
Es la misma que la tuya, ¿no?
- Pues ya tenemos maniquí. - ¿Está seguro?
Pero si a mí aún no me han probado. Yo también tengo una sesenta de cintura.
Bueno, una sesenta y dos, si meto así la tripita, me quedo...
Pero qué valor.
Tú tendrás una sesenta y cinco como mínimo, Rita.
- Ana no puede porque está indispuesta. - No te preocupes, Rita,
que lo haré.
Eres perfecta. Chicas.
Llegó el momento clave. Doña Blanca, prepare todo para la prueba. Ven conmigo.
Vamos, no se me queden dormidas.
Traigan los zapatos forrados, la enagua de tul y el velo.
Vamos.
- De verdad que... - Si ya lo sé.
[Luisa] Hija, yo qué sé.
[Rita] Con lo guapita que estás callada, hija.
Madre mía, pobrecita. Menudo papelón.
- No pasa nada. - ¿Cómo que no pasa nada?
Ese vestido tenías que ponértelo tú mañana.
[Luisa] Pero eso no va a pasar. No le demos más vueltas.
No hay razón para que te tortures, porque te digo una cosa,
que deberíamos de sacarle más de cadera, porque ella es más ancha de ahí.
- Y de culo, que tiene más. - Eso es verdad.
Vamos, que es una pena que lo vaya a lucir ella, porque a ti te queda muchísimo mejor.
- Y tanto. - [Ana] Ay, madre.
Pero ¿qué haría yo sin vosotras?
Pues buscarte un novio. Y a ser posible, que no sea el mío.
¿Un novio? ¿Pero qué me he perdido?
Nada, hija. Un culebrón más intenso
que los de Corín Tellado, si eso es posible.
Rita.
¿Dónde está el encaje de aguja que cogió del almacén el otro día?
Se agotó, pero hice el pedido. Tardará dos días. ¿Por qué?
¡No, no, no y no!
No me puedo creer que en las mejores galerías de este país
no tengamos un encaje de Aleçon.
Tenemos otros que quizás puedan servirle. No son igual de refinados, pero...
Por favor, don Emilio. Le agradezco mucho el esfuerzo.
Mire, venga aquí. Venga aquí.
Venga aquí.
Observe bien este vestido. Mírelo bien.
¿Usted cree que después de todo el esfuerzo que hemos hecho,
este vestido puede llevar un encaje cualquiera?
Necesitamos una tela más refinada.
Podemos utilizar el mikado que trajimos de París.
- Creo que sobró algo. - ¿Cómo?
No, más chapuzas no. Más chapuzas no.
Raúl...
...que no hemos llegado hasta aquí para rendirnos en el último paso.
[Rita] ¿Eh?
Necesitamos una tela
más exclusiva.
Fina. Por Dios,
es el día de la boda de Cristina.
Esperen un momento.
[crujido de papeles]
[Ana] ¡Qué preciosidad!
Es de chantilly .
Tiene unos años, pero el dibujo está intacto.
Y tiene el blanco roto del vestido.
¿Pero de dónde ha sacado esto, doña Blanca?
Fue regalo de mi padre para el día de mi boda.
Doña Blanca.
¿De verdad que esto perteneció a su vestido de novia?
Era absurdo tenerlo guardado cogiendo polvo.
Y yo ya no voy a usarlo.
No tiene por qué hacer esto, doña Blanca.
Maximiliano está a mi cargo.
Y si el vestido se ha perdido es tanto responsabilidad suya como mía.
Además, todos ustedes están haciendo lo imposible
para que esta boda tenga lugar.
Y esto es lo que yo puedo ofrecer.
No se hace una idea del corazón que alberga su pecho.
Y usted no se hace una idea de lo absurdo que resulta.
Déjese de ternuras y espabile.
Bueno. Ya han oído a la capitana.
Quiero que corten
las mangas y el cuerpo.
Pero venga, lo quiero para ayer. Vamos.
[suspira]
[crujido de papeles]
Por el amor de Dios.
No.
¿Qué? Se acabó el combustible.
Si es que estas ya no son horas.
Bueno, si estuviera con estos golfos,
disfrutando de la noche madrileña, otro gallo cantaría.
Bueno, pero ya es tarde. Ya no son horas.
Y ya supongo que estarán en casa,
sobre todo don Alberto, que si mañana se casa, pues...
¿Con don Mateo de maestro de ceremonias?
Yo nunca he estado de fiesta con él, pero su fama le precede.
[ríe]
Ese tiene en pie a Alberto
hasta el día siguiente.
Espérese...
...que no lleguen a la iglesia acompañado...
con alguna.
[suena música francesa]
¿Qué les parece, señores?
No tienes remedio, Mateo.
Debí imaginarme que era un sitio como este.
- Pero esto es un... - Esto es un paraíso
- en pleno centro de Madrid, sí. - Ya, pero esto es
- un club privado. ¿No tendríamos que pagar? - Qué pagar ni qué pagar.
Esta es una noche especial. Vamos a disfrutar. Ya está.
Mateo.
- Cuánto tiempo. - Demasiado.
Estás preciosa.
- Os presento. - Lidia Cano.
A su servicio.
Antonio.
Adolfo.
Y Alberto Márquez.
- Hola. - Por fin.
El soltero de oro se deja caer por aquí.
Bueno, soltero por poco tiempo.
En ese caso, no les entretengo más.
Acompáñenme.
Recuerden que el bar está abierto a todo lo que pidan,
los habanos en los cajones
y si necesitan algo más,
mis chicas están a su entera disposición.
Gracias, Lidia.
[Lidia] Que se diviertan.
Alberto.
¿No quieres algo más?
- ¿Habanos? Pero esto cuesta... - Un ojo de la cara.
Pues a disfrutar, hasta la última calada.
- Buenas noches. - Buenas noches, caballeros.
¿No decías que iba a ser una noche sin chicas?
¿Quién ha hablado de chicas?
Esto es el sitio perfecto para seguir disfrutando de los colegas.
¿Necesitan compañía?
No. No, no.
Estamos perfectamente.
Estamos celebrando que mañana abandona la soltería, por desgracia.
- ¿Te casas? - Sí, se casa.
Ana. Me llamo Ana.
¡Ana! ¡Ana!
¡Marta! Te llamaremos Marta.
Marta es un nombre precioso,
- muchísimo mejor. - Sí, sí.
Créeme. Es perfecto.
[Adolfo] Marta es muy bonito.
¿Señor de la Riva?
¿Señor de la Riva?
Señor de la Riva.
¡Raúl!
Ay, Rita, por Dios, qué susto me has dado, mujer.
Estaba cerrando los ojos un poco. Descansando la vista.
Ah, que ahora se llama así.
En mi pueblo eso es dormir la mona.
Que con todo lo que se ha metido entre pecho y espalda,
es lo que le toca ahora, claro.
¿Qué insinúa, que estoy piripi?
[ríen]
- Estoy piripi. - Está piripi, sí.
Ay, qué vergüenza, Rita. ¿He hecho mucho el ridículo?
Bueno, sea como sea, de no haber sido por usted,
esta noche habría sido un infierno en vida.
¡Ay!
¡Qué mona eres! ¿De verdad lo crees?
Sí.
[ríe]
Bueno, tú me vas a guardar el secreto de que he estado
por aquí durmiendo la mona, y yo te guardo a ti
- tu secreto, ¿vale? - Vale. Seré una tumba.
Y ahora vámonos, que le estaba buscando.
Por Dios, ¿ahora qué ha pasado?
Por favor, más disgustos no. ¿Qué ha pasado?
Que hemos terminado el cuerpo de encaje, que el vestido está listo.
Ay, qué bien. Se me ha pasado la melopea. Vámonos.
Es mejor que el que había.
Sin desmerecer el trabajo del anterior, que era maravilloso, Ana.
Pero no le puede no gustar.
Se parece mucho al que llevó
- Gracia de Mónaco en su boda. - Cierto.
Se va a sentir como una princesa.
¿Saben? Era su sueño de pequeña.
Es cierto que se parece al de Gracia, sí.
El chantilly por los hombros, la caída.
[doña Blanca] Sí, pero el suyo no tenía ese escote.
Porque será una princesa, pero una monja no.
[don Emilio] Enhorabuena, señor de la Riva. No tengo palabras.
Que no tenga palabras es el mejor de los elogios.
Pero os voy a decir una cosa. Esto lo hemos hecho entre todos.
Sobre todo usted.
Mire qué bien ha cosido.
¿No irá a decirme que no ha disfrutado de la experiencia?
Ha sido una cosa distinta. Pero si antes valoraba
el trabajo que se hacía en este taller, ahora desde luego,
- no me cabe ninguna duda. - Cierto.
[suspira]
Señoritas.
Señores.
Un trabajo impecable...
...como siempre.
Algún día recordarán esta noche
como memorable y única.
[doña Blanca] Y ahora descansen lo que puedan.
Mañana tendremos un día complicado.
Vamos, buenas noches a todos.
Gracias a todos.
Gracias.
Bueno, Ana.
Ahora tú te encargas
- de guardarlo bien, ¿verdad? - Sí.
No lo vuelvan a perder, por favor.
Y de todo esto, a Cristina ni mu.
Yo me hago cargo.
[ríe]
[tararea música de boda]
Yo, Alberto Márquez,
- juro solemnemente que... - ¿Qué dices? No es así.
- Sí que es. - No. Repite conmigo.
En la salud y en la enfermedad.
En la salud y en la enfermedad.
En la pobreza y en la riqueza.
En la pobreza y en la riqueza.
Y hasta que la muerte nos separe.
[Alberto] Y hasta que la muerte nos separe.
[Ana] Sí, quiero.
[Clara] Ana. ¡Ana!
Ana.
¿Estás bien?
Sí, dime.
Que Rita quiere que vayamos a ver la dichosa lluvia de estrellas.
Que quiere que pidamos un deseo. Ya ves,
como si fueran a cumplirse.
Aun así, ¿te vienes?
Sí, ahora recojo esto y voy.
No ha sido noche fácil, ¿verdad?
Últimamente ya nada es fácil, Clara.
Pero bueno, ya pasó todo.
¡Clara!
De verdad, que estoy bien.
No es eso.
¿Mateo?
Fui al Pausa y estaba allí de juerga, rodeado de chicas.
Es que es,
es un cenutrio. Y yo soy una imbécil
por enamorarme de un mujeriego.
Si al final voy a ser la mujer con más cuernos de todo Madrid.
No digas tonterías.
Claro, si es que es verdad. No soy más que una conquista en su lista.
Mateo esta noche estaba preocupado, por ti.
Mira, puede que él haya sido un bala perdida toda la vida,
pero está cambiando.
Tú lo estás cambiando.
Y a lo mejor no te lo dice por orgullo,
pero estoy segura de que él no te engañaría.
No sé yo.
Que sí, tonta.
[suena música francesa]
Hace tiempo que no vienen por aquí hombres
que bailen tan bien como tú.
Y ya sabes lo que dicen de los que nos movemos bien
en la pista de baile.
No lo sé. ¿Qué dicen?
[ríe a carcajadas]
Espera, espera, espera,
espera, espera, espera.
Si quieres puedes tomarte otra copa a la habitación.
No, no es la copa, no es la copa.
Puedo conseguirte lo que quieras.
No puedes ser quién quiero que seas.
Lo siento.
[resopla]
[risas]
- Otro doble. - Para ti.
¿Otra que
te ha dado calabazas?
Muy gracioso.
Alberto, ¿la última?
No. No, que si no mañana no podré mover ni las piernas,
y a ver cómo voy yo a la boda.
[ríen a carcajadas]
[Antonio] ¿Qué, nervioso antes de la boda?
Si te digo la verdad, no.
- ¿Tú estás casado? - ¿Yo?
- No, no. - ¿Novia?
- Pero si no se come ni una rosca. - ¿Tienes hijos?
[ríen a carcajadas]
Bueno, bueno. Hace poco...
Hace poco conocí a una chica.
Y de verdad, os juro que en mi vida
había visto a una mujer tan guapa.
Bueno, otro romántico.
Lo digo en serio. Lo digo en serio.
¿Y qué paso?
Bueno, nos vimos un par de veces y me dio largas porque tenía novio.
El típico tío con dinero,
que la va dejar tirada a la primera de cambio. Vamos,
un desgraciado.
Por cierto, trabaja en las galerías.
- Es modista. - ¿Cómo se llama?
Ana. ¿La conoces?
Es preciosa.
Es que no sé qué hace perdiendo el tiempo con ese gilipollas.
[diálogo ininteligible]
¡Señores! ¡Por favor!
¡Por favor!
Bueno, bueno.
Usted, márchese.
Váyase, si no quiere más líos.
Sí, nosotros ya nos vamos.
Lidia...
...perdona.
No, no, Mateo.
No volverás a pisar esta casa.
Ni tú ni él.
Tranquila, no van a volver. Tienes mi palabra.
¿Enrique?
¿Qué haces aquí?
Salvarte el pellejo, cretino.
- Vámonos. - [Enrique] Hazle caso a tu amigo.
Vete y descansa, que mañana va a ser un día largo.
Un respeto.
[don Emilio] Verdaderamente, doña Blanca,
el que inventó el dedal
le hizo dar un salto de gigante a su profesión.
Don Emilio, muchas gracias por lo que ha hecho.
No hay de qué.
¿La recojo en su habitación
o la espero a la entrada, para ir a la boda?
De verdad que le estoy muy agradecida por la invitación.
Pero tiene que entenderme. Allí no hago nada.
No diga eso, doña Blanca.
Don Rafael
siempre la consideró como a alguien de la familia.
Hizo mucho por usted.
Le pagó los estudios de Barcelona.
Creo que los dos sabemos que la historia no fue así.
Usted mismo me lo dijo un día.
Perdone, doña Blanca,
pero yo desconozco los detalles
de lo que fue a hacer.
Quizás sea el momento de que lo sepa.
[suspira]
Viajé a Barcelona para entregar a mi hijo en adopción.
Fue tiempo después de la muerte de mi marido.
Me quedé embarazada del señor Márquez.
Pero no de don Rafael, sino de su hermano, Esteban Márquez.
Cuando don Rafael lo supo,
su hermano le contó que yo no era más que una farsante
que quería aprovecharse de su fortuna,
y arrebatarle las galerías.
Don Esteban Márquez nunca fue un buen hombre.
No.
Y su hermano lo sabía.
Quería quitarme del medio
y salvar su pellejo.
Pero don Rafael me creyó a mí
y echó a Esteban de las galerías.
Razón de más entonces para ir mañana a esa boda.
Don Rafael
le hubiera gustado verla allí.
Pero no espere gran cosa.
Sabe que nunca fui la alegría de la huerta.
Ni yo la mejor pareja de baile.
[puerta se cierra]
Debería estar descansando.
Quería asegurarme de que el vestido estaba donde debía.
Aunque supongo que el riesgo es que yo esté cerca.
Espero que a la señorita Otegui no le importe el cambio.
No me gustaría perder mi trabajo.
Eso no va a pasar.
Sé que antes mis modales no fueron los más adecuados,
- pero tiene que entender que... - No se esfuerce, doña Blanca.
Sé perfectamente por qué se comporta como se comporta conmigo.
Pero es absurdo sacar el tema.
¿Qué tema? Porque,
que yo sepa entre usted y yo no hay ningún tema que...
Creo que le pongo demasiado nerviosa.
Más de lo que le gustaría.
Cuando uno crece en la calle,
vive libre.
Lejos de toda norma.
Hasta ahora no la había entendido,
pero creo que ya sé lo que le ocurre.
A usted la ahogan los prejuicios,
doña Blanca.
Por eso no pienso mover pieza.
Lo hará usted.
Y yo estaré esperando.
¿Sabes que esta noche hay una lluvia de estrellas?
¿En serio?
[suena música swing por la radio]
Es lo que dicen en la radio.
[Mateo] Este es el broche de oro perfecto para nuestra noche romántica.
[gimen de dolor]
Siento lo de la pelea de antes. No sé qué me ha pasado.
Alberto, no puedes pegarte con todos los posibles novios de Ana.
Sobre todo, porque yo no voy a estar ahí siempre
para cubrirte las espaldas.
Nos hacemos mayores, Mateo.
Dímelo a mí, sí.
Tenía a una chica preciosa delante y pensaba en Clara.
Estoy aquí y pienso en Clara.
Duermo y pienso en Clara. Clara, Clara.
Podrás negarlo todas las veces que quieras,
pero si estás aquí, con tu mejor amigo y sigues pensando en ella...
...está muy claro.
- ¿Qué haces? ¿Adónde? - Vámonos.
Donde tienes que estar. Y no es aquí conmigo.
- Alberto, Clara me odia. - Te he visto conseguir cosas peores.
Súbete al coche.
Mateo, súbete al coche.
¡Vamos!
¡Clara sin experiencia!
¡Voy a por ti! Arranca, vamos, vamos.
¡Ahí! ¡Ahí! ¡Ahí!
- ¡Pedid un deseo! - ¿Qué dices? ¿Dónde?
Pero si eso es un avión.
¿Pero cómo va a ser un avión a estas horas?
- ¿Qué? ¿Habéis visto algo? - ¡Qué va!
- Aquí no se ve nada. - Sí, con tanta luz, va a ser complicado.
Pues es verdad, aquí no se ve nada.
Esto en el pueblo lo veríamos de escándalo, os lo digo.
Oye, conozco un sitio donde se puede ver bien.
Que no es el pueblo, pero ya veréis qué vistas. Venid.
Venga, Rita.
Vamos.
¡Ahí!
[susurra] No hagáis ruido, que como nos pillen, nos matan.
Si no nos matan hoy, no nos matan nunca.
- ¿Y tú dónde estabas? - Pues cogiendo provisiones.
- Hija, de verdad. - Venga, daros prisa, dale.
Ven, vamos.
Pero bueno, yo pensé que no se
- podía subir aquí arriba. - Y no se puede.
Pero qué callado te lo tenías.
Es precioso.
Era nuestro sitio.
Pues ahora va a ser el nuestro, el de las chicas Velvet.
Ea, y vamos a celebrarlo.
[Rita] ¿Solamente una?
- ¿Y qué más quieres? - Ay, no seas roñica, Calara, que es celebración.
Chicas, ahí.
[Rita] Pedid un deseo.
Ahora solo hay que esperar a que se cumpla.
Es impresionante.
[Clara] Sí.
¿Creéis que algún día descubrirán un planeta en que podamos vivir?
- Rita, de verdad. - ¿Qué?
Pues que estropeas el momento.
Hija.
Que se pone fina.
Pero no estáis viendo lo inmenso que es el universo.
Con lo rápido que van los americanos estos, bueno, lo consiguen seguro.
Pues ojalá.
Porque a mí me encantaría meter en un cohete a todos los hombres de la Tierra.
No te veo yo a ti a dos velas, sin un hombre por el que suspirar.
Ni a nosotras, Rita. ¿O crees que lo soportaríamos?
Deberías irte a dormir, ¿eh?
Sí, me voy a ir.
Espera, que bajo contigo.
[puerta se cierra]
Bueno, pues aquí estamos.
Tengo una confesión que hacerte.
El vestido de novia, que...
Que yo lo perdí.
Bueno, no fui yo. Fue Max.
Pero yo puse la dirección en el paquete.
Ni siquiera me acuerdo de cuál. Fue así, de sopetón.
La primera que vi en la agenda de doña Blanca. Porque pensé que...
Que yo qué sé, que a lo mejor, con todo el lío...
...pues que no se casaban.
- ¿Lo hiciste a propósito? - ¡No! Hombre, que no.
Qué locura, lo hice así, sin querer, me hice un lío.
Que a mí el estrés no me sienta nada bien, Ana, ya lo sabes.
[ríen]
Es que te tengo que querer.
Hala, venga, ya.
Vamos a dormir, porque mañana va a ser un día muy largo.
- Yo me quedo un ratito más, ¿vale? - Claro.
[puerta se cierra]
[carcajadas]
[chirridos de neumáticos]
- ¿Algún consejo? - No seas tú mismo.
Quédate con el coche. Si todo sale bien, no lo voy a necesitar.
Prometo no estrellarlo.
¡Mateo, espera!
Pase lo que pase, disfrútalo y sé feliz.
Me encanta cuando te pones romanticón.
Te dejo en buena compañía.
¡Suerte!
[puerta se abre]
[puerta se cierra]
[intenta arrancar]
[intenta arrancar]
Clara, lo siento.
Lo siento.
Clara, perdóname.
¿Cuántas veces tengo que pedirte que me perdones? ¿Cuántas?
¿Es eso? Perdóname, perdóname, perdóname, perdóname.
Puedo estar así toda la noche, si eso es lo que quieres. Perdóname.
Lo siento.
Lo siento por lo de Ana, lo siento por lo de esta noche.
Te juro que ha sido una de las peores noches de mi vida.
¿Qué te ha pasado en la nariz?
Esto es una de las pruebas de que ha sido una noche horrorosa.
¿Y sabes por qué? Porque te prefiero a ti sobre todas
las chicas que conozco.
Sobre las Déboras, sobres las Anas,
sobre todas las chicas de Madrid.
¿Solo de Madrid?
Del mundo. Del mundo.
Perdóname, Clara. Perdóname,
perdóname.
[intenta arrancar]
Alteza.
Tenemos un problema.
[suspira]
Cómo le cambia a uno la vida, ¿verdad?
Usted pudo elegir ser reina...
...y es feliz.
[timbre del ascensor]
[timbre del ascensor]
- Cristina, no tenemos el vestido. - ¡No puede ser!
Pero ¿cómo puede pasar esto en Galerías Velvet?
Es el encargo más importante. Llevamos más de dos meses
preparando ese vestido. ¡No puede pasar, no!
Lo bueno, es que hemos podido llegar a tiempo
y hemos hecho otro vestido.
Raúl de la Riva, mírame a los ojos y dime que pretendes que me case con eso.
Puede que anoche yo me dejara llevar,
pero eso no va a volver a ocurrir, don Mateo.
- Empiezo a darme cuenta de cómo es usted. - No te está funcionando.
- Clara, esto ya está. Tenemos que irnos. - Ahora mismo voy, Maxi.
Por mucho que te pavonees delante de él, pierdes el tiempo, no soy celoso.
Adiós, don Mateo.
- ¿Así saludas a los viejos amigos, Rubita? - Hola.
Si estás así de seca porque me dejaste tirado en el Pausa por ese pelele,
no te preocupes, no soy rencoroso.
Y estás muy guapa con ese pelo.
Estás más, salvaje.
El pelele, no es ningún pelele, se llama Pedro.
Sí, es un pelele por dejarte sola, Rubita.
Si tú fueras mi novia, no te dejaba ni a sol ni a sombra.
Creo que tú y yo teníamos algo pendiente.
Sé exactamente lo que las mujeres como tú necesitan.
Así que para qué perder más tiempo.
Enrique no es de fiar. Necesito, por favor, que estés pendiente de él
- estas dos semanas que voy a estar fuera. - No te preocupes.
Tu céntrate en tu luna de miel y coge fuerzas,
que con Cristina las vas a necesitar.
¿Pensaste que no nos íbamos a enterar? Lo sé todo, Raúl.
Francia está lejos, pero tampoco tanto.
- Ahora vuelvo. - No, no, Ana. Ahora, no.
Te puedes ir luego, cuando se vayan los periodistas.
Tiene que ser ahora, antes de las tres.
Los periodistas vienen justo a esa hora,
- esto es más importante. - Para usted.
- ¿Perdona? - Es su boda, no la mía.
Yo ya no puedo hacer más. No tiene idea de todo lo que he sacrificado
durante todo este tiempo, por usted y por su boda.
No puedo creer que me esté pasando esto.
- Yo ya lo he perdido todo. - No es verdad, Ana.
Puede que sea otra persona, y no otro sitio.
Porque consiga vencer los posibles inconvenientes,
los nervios y la tristeza.
A su padre le gustaría estar aquí.
A quien extraño hoy es a mi madre.
Llamé a casa del señor Márquez y me dijeron que estaría aquí.
- ¿Qué quiere? - Sé que hoy se casa.
Es muy importante que hable con él antes de la boda.
Su padre dejó algo para usted cuando cambió el testamento.
¿Qué pasa, padre? ¿Por qué no bajamos?
- No pasa nada. - Papá...
Alberto...
...aún no ha llegado.
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