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[Ana]: ¿Por qué no hago el vestido de Cristina? [Alberto]: No tienes que hacerlo.
[Alberto]: Ana. Lo siento.
[Ana]: No te preocupes, estaré bien.
[Ana]: Lo he perdido, tío.
He hecho todo lo posible, pero la prefiere a ella.
[Emilio]: Está bien, tranquila.
[Emilio]: Todo va a ir bien.
[Pedro]: Llamen a un médico. Don Emilio.
[Rita]: ¡Ana! [Ana]: ¿Qué pasa?
[Rita]: Ana, tu tío. ¿Cómo está? - ¿Qué? ¿Mi tío qué?
[Ana]: Ha sido una subida de tensión, ya está mejor.
[Pedro]: Serán de tu novio. [Mateo]: ¿O de Pedro?
[Clara]: Un momento. ¿No son tuyas?
[Rita]: ¿Y con quién tienes la cena? [Clara]: Con...
Sergio Casals, un admirador.
Y además, es productor cinematográfico.
[Mateo]: ¿Novedades importantes? [Clara]: Sí.
[Clara]: Sergio me ha conseguido una audición para un anuncio.
Sí que ha sido rápido.
[Clara]: Nunca se sabe cuándo surge la oportunidad.
[Mateo]: Créeme, Sergio sabe perfectamente cuándo puede surgir una oportunidad.
[Sergio]: Es hora de telón.
Y lo aprecio de verdad, pero no me gustaría que se confundieran las cosas.
[Sergio]: Estoy harto de encontrarme con este tipo de chicas, Mateo.
Calientan al personal como una ramera del tres al cuarto y luego...
[Clara]: Eso no tiene muy buena pinta. [Mateo]: Un momento.
Si crees que todo esto tiene que ver contigo, te equivocas, amiga.
- ¡Cállate! [Carmen]: Me marcho de las galerías.
[Carmen]: Sabe que yo siempre
he querido cambiar de vida.
[Blanca]: Carmen se ha ido
[Blanca]: y ahora estoy sola.
[Max]: Lo sé. No tiene por qué pasar por esto sola. ¿Por qué no
me acompaña? Iba a cenar solo, usted también.
[Max]: Le prometo que no tardamos ni una hora.
[Blanca]: No está bien. [Ana]: A veces pienso
que no te pregunto lo suficiente.
¿Estás bien?
[Luisa]: He tenido dos faltas.
[Rita]: ¿Estás embarazada?
[Pedro]: Se va Manolito a Alemania.
[Pedro]: Se lo lleva su madre. [Rita]: ¡No puede coger y dejar
al niño y llevárselo cuando quiera!
- Sí puede, porque es su madre. - Y tú eres su padre.
Ven aquí.
Sí que eres lo mejor que tengo, Rita.
[Ana]: ¿Pedro te besó? [Rita]: Sí, que ha sido de sopetón.
[Ana]: Te empieza a mirar con otros ojos.
Pedro y yo somos amigos. Y él está enamorado de mi hermana.
[Cristina]: Te propongo un juego.
Cada uno hacemos una pregunta, pero hay que ser
cien por cien sinceros, de eso se trata.
[Alberto]: Dispara. - ¿Por qué tu padre te envió a estudiar a Londres?
Porque me había enamorado de la chica equivocada.
[Ana]: ¿Cuánto hacía que no veníamos aquí?
[Alberto]: Mucho, supongo.
Cristina y yo hemos ido a hablar con el cura.
Ya tiene todos los papeles preparados.
[Ana]: Vas a hacerlo.
[Alberto]: Adiós, Ana.
[Raúl]: ¿Qué veis aquí?
[Mateo]: ¿La Princesa de Mónaco? [Raúl]: Nada vende más que una imagen.
Pregunta por don Raúl. El secretario real del principado de Mónaco.
[Raúl]: La Princesa quiere pasar una tarde distendida,
[Raúl]: sin la presión de los fotógrafos, disfrutando de una de sus aficiones, la moda.
[hombre]: Señores, Princess Grace of Monaco.
[Princesa con acento inglés]: Han puesto todo su esfuerzo para agradarme.
[periodistas]: Princesa, por favor. Una foto.
[periodistas]: ¿Está interesada en la nueva colección?
[Alberto]: ¿Has llamado a los fotógrafos?
[Raúl]: Nada vende más que una imagen. - Raúl.
Mañana la fotografía de la princesa Gracia saliendo de nuestros almacenes
estará en todos los periódicos.
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
[suena ritmo de swing lento]
Princesa de Mónaco.
[Pedro emocionado]: ¡Salimos en las revistas!
¡Salimos en las revistas! Que somos famosos.
- La Princesa de Mónaco. [Rita]: ¿Qué pasa?
[sorprendida]: ¿A qué viene tanto escándalo?
¿Escándalo?
Escándalo es ver cómo late mi corazón.
Y todo es por ti.
Te quiero mucho.
[grita]: ¡Pedro!
[balbucea]: Que salimos en las revistas.
¿Hay fotos dentro?
Bueno, no lo sé. No la he visto.
- ¡Voy a contárselo a Clara! - Rita.
Que...
Devuélveme luego la revista.
Qué roñoso eres, hijo. Luego.
¡Clara!
[grita]: ¿Clara?
- ¿Lo has visto? - No, ¿el qué?
- Mira. - No, no. Aún no la he visto.
"La Princesa de Mónaco en las Galerías Velvet".
Ay, cuando lo vean en el pueblo, Clarita. [ríen]
- ¿Qué te pasa? - [disimula]: No, no. ¿A mí? Nada.
Vete a desayunar. Voy en cinco minutos y hablamos. Así termino de arreglarme.
Claro, claro.
No vayas con esas pintas que estás horrorosa.
[grita]: Bueno, no te preocupes, yo ya te dejo sola.
[resopla]
Hemos esquivado la bala.
Mateo, es absurdo que te escondas. Mi hermana ya lo sabe.
Una cosa es que lo sepa y otra es que lo vea.
"Según fuentes de las propias galerías, la Princesa quedó encantada
con la controvertida colección del diseñador Raúl de la Riva".
Creo que no usó la palabra "encantada", pero ¿qué importa?
Con esta portada tenemos la mejor publicidad del mundo, y gratis.
[susurra]: Tengo que irme.
[abnegada]: ¿Y lo veré esta noche otra vez, don Mateo?
No.
Clara.
[decidido]: ¿Quieres salir conmigo esta noche?
Sé un sitio que te va a encantar.
¿Ves? Es más tradicional, pero más apropiado para una chica como tú.
Don Mateo.
Don Emilio.
¿Qué hace por aquí tan temprano?
¿Qué hace usted tan... de pie? Lo hacía en cama.
No, no. Ya estoy mucho mejor, gracias. ¿Algún problema?
¿Problema? No, ninguno.
Venía a dar la enhorabuena a los trabajadores. Enhorabuena.
Muy buen trabajo, chicas. Enhorabuena, de verdad.
- ¿Se puede saber a qué viene tanta alegría? - ¿Aún no se ha enterado?
Esto es lo mejor que le podía pasar a estas galerías en los últimos años, don Emilio.
¿Qué digo años? ¡Décadas, décadas! Quédesela. Se la regalo.
[indignado]: Se han vuelto todos locos. Qué barbaridad. Mira.
No se ponga así, tío, que son buenas noticias.
¿Has acabado los vestidos?
Uno todavía no. Este, bueno, lo estaría retocando una semana más.
Está perfecto. Está perfecto.
- ¿De verdad? ¿Le gusta? - Doña Aurora lo compra, seguro.
Si no ha perdido el buen gusto.
¿Adónde se cree que va?
[casual]: Te acompaño. Así saludo a doña Aurora.
De eso nada.
Sabe que todavía está convaleciente. El médico va a venir en unas horas.
A darme el alta. Estoy perfectamente.
Y yo me alegro muchísimo por ello.
Pero hasta que el médico no le dé el alta, no se mueve de aquí.
[serio]: Ana.
Discreción.
Si doña Blanca se entera de que estás haciendo vestidos para otra tienda...
[disimula]: ¿Qué vestidos?
[Aurora]: Le va a quedar perfecto, créame.
Doña Enriqueta, pase al probador.
Y me avisa en cuanto se lo haya puesto. Acompáñala, por favor.
- Buenos días. - Buenos días.
¿Doña Aurora? Soy Ana Rivera.
Ya le dije a tu tío que yo nunca compro ropa a modistas.
Le dije que te vería debido a los años de relación que nos unen.
Y se lo agradezco muchísimo.
- Mire, le he traído este vestido. - A ver. [suspira]
Qué le parece.
¿Le gusta?
Lo importante no es que me guste,
sino que se venda.
Lo pondré en el escaparate. Solo esta semana. Si se vende bien,
ya veremos si hacemos más.
[tajante]: Y si no se vende, no lo pago.
Me parece justo.
[comienza a sonar una melodía muy rítmica]
[la melodía muy rítmica se convierte en música du duá]
[música du duá alcanza el clímax]
[continúa música du duá]
[música du duá se apaga]
[grita contento]: Lo sabía.
[ríe]: Lo sabía.
[Raúl]: Sabía que esto iba a acabar
- pasando. - Señor de la Riva, no lo esperaba.
En cuanto he visto esto empapelando los kioscos
sabía lo que me iba a encontrar.
Lo sabía.
[sonido de máquinas de coser]
Escuche.
El sonido de las máquinas a toda potencia. Esto es gloria bendita. ¡Vamos!
[Raúl grita]: ¡Vamos!
[Raúl]: Cuidado con ese pespunte.
Doña Blanca.
Ha llegado el pedido de rasos, pero hay...
Hay un error, porque las referencias no coinciden.
[Blanca se queja]: Lo que me faltaba. - Yo hice el pedido. Puedo revisarlo.
Sí, vaya, vaya.
¿Qué ha pasado?
¿Cómo sabes que ha pasado algo?
Porque debajo de esa mirada de cordero degollado veo un brillito que conozco muy bien, Pedro.
[emocionado]: Nada, que...
Que me ha llamado Manolito.
[disgustado]: Lo he notado muy triste y me ha dicho que me echa de menos.
Y, bueno, como me quedan dos semanas de vacaciones pues no sé si...
[sorprendida]: ¿Vas a irte a Alemania?
Te dije que me iba a ir contigo y me quiero ir contigo, pero...
- Se me ha echado a llorar y... - Claro, normal.
Si es que lo de la idea de Semana Santa era una absurdez.
Me ha dicho Rosa María que me puedo quedar en su casa.
[disgustada]: ¿Eso te ha dicho Rosa María? Pues qué generosa Rosa María.
Pues nada. El niño, tú, Rosa María y Alemania.
[seca]: Si total, dos semanas no son nada. Ni nos vamos a dar cuenta de que te has ido.
Bueno, pues voy a organizarlo todo porque me voy.
[seca]: Muy bien.
[silencio incómodo]
[timbre del ascensor]
[Alberto resopla]
- Mandemos un detalle a Mónaco. - Ni hablar.
Algo, un vestido, algo.
No queremos que se enteren y cuenten la verdad.
Esta noticia es mentira, pero estas clientas no. Y su dinero tampoco.
Ahora hay que disfrutar de las cosas buenas, centrarse en lo importante.
Patricia.
En menos de tres días te vas a casar.
- ¿Nervioso? - No.
Lógico. Dudo mucho que vuelva a pasarte lo mismo
que la última vez que llevaste a una mujer al altar.
[sorprendido]: ¿Qué pasa? ¿No podemos hablar del tema con naturalidad, señor Márquez?
[Alberto sonríe]
[Cristina]: ¡Alberto! - ¿Te has enterado?
Sí, sí, sí. He hablado con el padre Torres
y me ha dicho que está todo bien en la iglesia. Pero todavía falta confirmar
dos docenas de invitados y llamar al club,
- aseguraos de que... - Buenos días.
Ay, sí, mi amor. Si yo sé
que va todo bien y yo me alegro muchísimo.
Hay tantas cosas que hacer y quedan tres días para la boda.
[insiste]: Dime que has hecho la última prueba de tu traje.
[Mateo]: El traje. [Cristina]: No.
No, no, no. Queréis que me dé un soponcio, por favor, Alberto. [ríe]
Ay.
- No te preocupes. Luego me la hago. - Vale.
- Mira, ahí están. Vamos. - ¿Quién?
[muy contenta]: ¡Enrique!
[Mateo]: El hermano mayor vuelve a casa.
[Cristina]: ¡Qué alegría!
- ¿Esa es Débora? - ¿Débora?
- Bárbara. - Bárbara de Senillosa.
[Mateo]: Es verdad, se había casado con el hermano de Cristina.
- La llamábamos Débora porque... - Lo sé.
Ahora es mi futura cuñada, Mateo, por favor.
Débora.
[Alberto]: Enrique.
- Alberto. Cuánto tiempo. - ¿Qué tal el viaje?
Disfrutando de la ruta gastronómica.
Nos hemos parado en cada restaurante, desde San Sebastián a Madrid.
[Bárbara]: Le gusta la buena comida, como a su padre.
No seré yo quien le ponga pegas a eso.
- Hola. [Bárbara]: Alberto.
- Cuánto tiempo. - Tanto que parece que fue en otra vida.
Aunque algo me dice que a partir de ahora vamos a vernos muy a menudo.
[Enrique]: Alberto, ¿nos enseñas las galerías?
Deben haber cambiado mucho desde la última vez que estuve.
[aseverativo]: Sí, claro.
Por favor.
[ríe]
Bueno, a lo mejor he exagerado un poco porque tenemos un día muy completito.
Después de la prueba de tu vestido para la fiesta de mañana
nos vamos directos al club de campo. Allí, tenis,
comida, copa, después
cena en casa de los Márquez y mañana fiesta otra vez
en el club de campo con todos los invitados. Y Alberto, hay que ser buen anfitrión.
¿No quedaban cosas que preparar de la boda?
Sí, pero le he dicho a Ana que me eche una mano y...
[Bárbara sorprendida]: ¿Ana? ¿Quién es Ana?
Ana se está encargando del vestuario de la boda.
Bueno, es un encanto. Ahora la vas a conocer.
[con sorna]: ¿Te has hecho amiga de una modista?
[Gerardo]: Qué gusto ver a la familia. - Padre.
- ¿Y la nueva generación? - Pues aquí está.
Bien, pero dando guerra. No ha parado ni un instante.
- Entonces es un Otegui, sin duda. [Bárbara ríe]
Qué pena que mamá no esté aquí para vernos.
Lo hace, cariño.
Claro que lo hace. Alberto,
- ¿podríamos hablar un momento? - Claro.
¿Por qué no dais una vuelta?
[Cristina]: Sí. - Mientras los hombres
hablamos de nuestras cosas.
Claro. ¿Aprovechamos para hacer la prueba de tu vestido?
[con entusiasmo]: Sí, por supuesto.
[Cristina]: Hasta luego.
[Enrique]: Hasta luego. - Vamos.
[diálogo ininteligible]
[Gerardo]: Este es el balance desde mi inversión. No me malinterpretes, pero francamente
tenía la esperanza de que el dinero que te di
nos devolviera los números que las galerías gozaron en su momento.
[Alberto]: Los números están lejos de ser los que conseguía mi padre,
pero a este ritmo en un mes recuperaremos la inversión.
Toca centrarse en la nueva colección.
[Mateo]: Avisaremos al taller y nos pondremos con los nuevos diseños.
No creo que tenga mucha experiencia en eso,
pero primero habría que encontrar un nuevo diseñador. ¿No?
Raúl de la Riva cobra demasiado.
- Volver a apostar por él sería un suicidio. - Perdona, Enrique.
Este negocio va más allá de la rentabilidad a corto plazo.
Te lo puedo explicar luego.
¿Por qué no ahora?
Porque estamos explicándole a tu padre las previsiones.
[suspira]
¿No se lo has contado?
No.
Por eso quería hablar contigo, Alberto.
Yo tengo otros negocios.
No puedo pasarme el día pendiente de estas galerías.
A partir de hoy, mi hijo Enrique
será mis ojos y mi voz en esta empresa.
[Alberto respira incómodo]
¿Y tu empresa en San Sebastián?
[presumiendo]: El negocio se maneja solo.
Enrique es el mejor en gestión empresarial.
Montó su negocio con veinticinco años y siempre ha dado beneficios.
Es la mejor incorporación para este momento.
Las empresas se lo rifan. Tenemos suerte de que haya dicho que sí.
[irónico]: Es una suerte, sí.
Si mi futuro cuñado estaba en problemas y necesitaba mi ayuda, no podía negarme.
Vamos a darle la vuelta a esto, Alberto. Te lo prometo.
Antes de que Raúl de la Riva y su cabezonería nos lleven a la ruina.
Le hemos dado un nuevo impulso a las galerías.
Lo mínimo que podemos hacer es darle un voto de confianza.
[tajante]: Se lo dimos. Falló.
Alberto, hay otros diseñadores.
Por lo que cobra este
podríamos ir a los mejores talleres de costura.
[enfadado]: Estos ya son los mejores talleres de costura, Gerardo.
[Mateo conciliador]: A ver.
Hablemos con de la Riva y que se modere para la siguiente colección.
¿Con su ego?
Dudo mucho que claudique.
Alberto, tenemos que avanzar sobre seguro.
- Hay que prescindir de sus servicios. - [tajante]: No.
Lo siento. No puedo permitir que lo despidáis.
No. Claro que no.
Nosotros somos los accionistas mayoritarios.
Tú eres el director.
Es tu obligación,
- no la nuestra. - Gerardo.
[pedante]: Alberto, económicamente es lo más inteligente.
- Son datos objetivos. - No creo
que tenga sentido discutir más.
[tajante]: Busca a otro diseñador.
[Mateo resopla]
[diálogo ininteligible]
Buenos días, doña Blanca, ¿podría avisar a Ana?
Necesito ultimar unos detalles con ella y ajustar el vestido de mi cuñada.
Ana se está ocupando de unos asuntos personales.
Pero Luisa y yo podemos hacernos cargo.
[molesta]: Ah, ¿y cómo no me han avisado? Necesito que sea Ana.
A estas alturas ella sabe qué hace falta...
[la corta]: Ana llegará en cualquier momento. No se preocupe.
Y mientras, si quieren, pueden ver cómo ha quedado el vestido de novia.
- Sí. - [Cristina asiente contrariada]
[Bárbara asombrada]: Ah.
[impresionada]: Es...
- Vas a estar preciosa, Cristina. - Sí, bueno, queda ajustar algunas cosas, pero...
- Dime que te lo vas a probar. - Ah no.
No. No me vas a ver con ese vestido hasta el día de la boda. Y para eso quedan...
dos días y aproximadamente 22 horas.
- Perdón. Siento mucho el retraso. - Ana.
Menos mal que has venido. Mira, te presento a mi cuñada, Bárbara.
Mucho gusto.
- [seca]: ¿Está listo mi vestido ya? - Sí.
[Blanca]: Ana, Luisa la ayudará con los ajustes.
Cualquier problema, ya sabe dónde encontrarme.
Muchas gracias, doña Blanca, lo siento.
Pruébese aquí detrás.
[susurra]: Menos mal que has venido. Estaba a punto
de montarle un lío
a doña Blanca. Estoy insoportable.
Y la boda va a acabar con mis nervios. No habrá quien me aguante.
[Ana]: No se preocupe, que todo va a ir perfecto.
Así que esa es tu modista.
La mía y la de Alberto.
Es estupenda, ya verás.
Y muy guapa para ser una modista, ¿no?
[ríe]
[Ana]: La ayudo.
[altiva]: Chica, el bajo.
¿Lo querrá así o más bajo?
[arrogante]: Basta con que no me pise al andar.
- Si caigo y salgo rodando, a ver quién me para. - [ríe]
¿Pero tú has visto lo guapa que estás?
Estás preciosa, tienes una luz.
Sí, ¿verdad?
Mi madre dice que va a ser niño.
[Bárbara]: Que cuando nos ponemos tan guapas es porque es niño.
[Bárbara]: Hay que ver cómo somos las mujeres, que entre nosotras nos robamos la belleza. ¡Ay!
¿Qué? ¡Ay!
- ¿Lo notas? - Sí.
[Cristina]: Hola. Ay, mi sobrinito. A ver si da otra.
[suspira]: Te deforma el cuerpo,
te entran mareos, ganas de vomitar
y te da patadas siempre que puede, pero, aun así,
es increíble cómo puedes llegar a quererlo sin ni siquiera haberle visto la carita.
[Bárbara despectiva]: Chica, ¿has terminado ya? No tenemos todo el día.
He recordado que tengo un encargo que hacer.
- Pero su jefa había dicho que... - Déjalo, está bien.
Yo puedo terminarlo, doña Bárbara.
[con voz baja]: ¡Pero Luisa! ¿Se puede saber por qué te has ido así?
- ¡Está embarazada! - ¿Qué?
Lo siento. No me podía aguantar. Pero por qué aguantarme, si es una buena noticia.
- No, no lo es. [Rita]: Claro que sí.
¿A que sí, Ana?
Puede parecer un momento muy complicado, pero tú siempre has querido
- ser madre. - Claro.
Luisa, a veces las cosas no salen cuando queremos. No se pueden cambiar,
pero hay que intentar verles el lado bueno.
A lo mejor sí que se pueden cambiar.
Pero tú no estarás pensando en...
¿En qué?
¿En algo horrible?
Pues sí.
No puedo quitármelo de la cabeza.
Eso es porque te ves sola. Pero no estás sola. Que ese niño
- no va a tener un padre, pero tendrá tres madres. - Claro.
No hagas nada de lo que te puedas arrepentir. Mira a Pepita lo mal que lo ha pasado.
Que por algo está prohibido, mujer.
¿Tú sabes cómo te hacen eso?
[Rita]: No te lo voy a contar, porque no hace falta.
[Rita]: Pero ya verás, cuando lo tengas en brazos y le veas la carita, se te va a pasar todo.
[suspira]: Ay, que va a ir todo bien.
[Mateo]: No me vas a creer cuando te lo diga... - Ya lo sé.
Es injusto.
Tiene mucho talento y no hay nadie como él.
No se lo merece.
[resoplan]
Volvamos a las oficinas.
- Alberto, tu suegro quiere que... - Ya lo sé. Vámonos.
Pedro.
[ensimismado]: Rita, tengo...
[hablando solo]: Rita.
[hablando solo]: Rita Montesinos,
quería hablar... [asustado]: No quiero hablar, no.
[en voz baja]: Rita Montesinos.
[ensayando]: Te tengo que decir una cosa.
- Debo decirte una cosa importante, de verdad. - ¿El qué?
[disimulando]: ¿Qué?
¿Qué cosa importante?
[disimulando]: ¿Qué?
[balbucea]
No, no estaba hablando con usted.
- ¿Ah, no? - No.
¿Y con quién estaba hablando?
[disimulando]: ¿Eh? Con...
- ¿Eh? [balbucea]: Con...
- ¿Con quién? [en voz baja]: Con Rita.
[grita]: ¿Con Rita? Ah, vaya.
Rita, la requieren.
[irónico]: No me la entretengas.
Rita.
Pedro.
¿Podemos hablar?
[resopla]
Lo que te voy a decir es una tontería...
¿Haces algo esta noche?
Hmm.
No.
¿Quieres salir conmigo?
[sorprendida]: ¿Qué?
[tartamudea]: Al, o sea... al Pausa.
¿Sabes? No me malinterpretes, que...
Como es la última noche que paso aquí y me voy a Alemania pues...
- ¡Claro! - ¿Sí?
- ¿Sí, sí? - Sí.
Ana.
¿Por qué no te vienes esta noche con nosotros al Pausa?
Llevas toda la semana sin salir y tu tío ya se ha recuperado.
[cortante]: No, no, no.
[rectifica]: No, o sea, no seas injusta con ella,
porque quizás debe cuidar de su tío.
Si no te apetece salir, tú dices:
- "A mí no me apetece". - Estoy preocupada por mi tío. Id vosotros.
[nervioso]: ¿A qué hora te recojo? ¿A las nueve?
- ¿A las nueve? - Sí.
De verdad, tú ni eres amiga ni eres nada.
Que esta noche va a ser un calvario, Ana, que si Alemania esto, que si...
- Rosa María aquello y... - Que no te va hablar de eso, Rita.
Pero ¿no lo ves? ¿Que Pedro no quiere que vaya?
- Ya sé que no te gusta que te lo insinúe, pero... - No, da igual.
Déjate de palique que nos cierra la tienda.
¿Crees que es buena idea? Luisa está muy sensible ahora.
Eso son las hormonas.
- Cuando vea lo que es, se le quita el desasosiego. - Venga, vamos.
[autoritaria]: Y si te vuelvo a ver con esas uñas no sales del almacén en un mes.
Sí, señorita.
Parece que no le ha costado acostumbrarse al cargo.
Me temen casi tanto como a usted.
No confunda el temor con el respeto. Hágame caso.
Y ahora, ya puede volver a su puesto. Ya no hace falta que me sustituya.
¿Seguro?
¿Sí?¿Seguro que está usted bien?
¿No le gustaría tomarse unos días más de descanso?
¿Se puede decir que no se alegra de mi mejoría?
[suspira]: No, no. Claro que me alegro.
Solo que no me gustaría que usted tuviese una recaída por incorporarse demasiado pronto.
No se preocupe. Los médicos me han dado su consentimiento.
[sincera]: Bienvenido, don Emilio.
Gracias.
¿Vas a tomarte el día libre?
Cristina me ha pedido que pase el día con su hermano y su cuñada.
Aprovecha tú que puedes. A mí me queda un turno a las órdenes de don Emilio.
Sabías que el puesto de encargada era provisional.
Sí, bueno, antes de saber que había nacido para ello.
Ahora que lo sé no pretenderás que me quede como estoy, ¿no?
Aprovecha tú que puedes Patricia, que yo en dos días
ya estoy casado y ya se ha acabado el tiempo para mí.
Sí, ya sé que no te gustan estos paripés, pero las bodas son así.
[emocionada]: La iglesia, el cura, las alianzas,
los invitados, las flores,
la madrina, el padrino...
¿Qué pasa?
Me había olvidado de una cosa. ¿Quieres ser mi madrina, Patricia?
[sorprendida]: ¿Yo?
¿Y mi madre?
¿Quieres que lleve del brazo a quien se ha pasado toda la vida intentando arruinar la mía?
Intentó alejarme de mi padre, se ha metido en mi vida. Es tu madre,
- lo siento, pero... - Sí, es mi madre, así que mejor vamos a dejarlo.
Aunque mi relación con ella no pase por el mejor momento.
Entenderás que no le tenga mucho aprecio
y que prefiera que seas tú la que me acompañe en el altar.
Si quieres, claro.
- [insiste]: ¿Quieres? - [contenta]: ¡SÍ! Sí.
- ¿Adónde vas? - [emocionada]: ¡A buscar el vestido!
Hasta luego, madrina.
- Buenos días. - Buenos días.
¿Hablaste con de la Riva?
Estas cosas son delicadas, Enrique.
Pueden afectar a nuestra imagen y hay que hacerlas bien.
- ¿Sacas? - Mejor saca tú.
Llevo mucho tiempo sin venir.
Pues vete acostumbrando.
Mi hermana se ha pasado más tiempo aquí que en el colegio.
Antes de irme a Londres venía bastante.
Ya no tengo que obedecer a mi padre.
Ahora tendrás que hacer lo que diga tu mujer.
[golpe seco de raqueta]
[resople de esfuerzo físico]
Quince, cero.
Tu hermana y yo tomamos las decisiones a medias.
O eso te hace creer.
[entrecortado]: No es lo que creo, es lo que es.
Conozco a mi hermana.
Yo también.
¿Y ella? ¿Te conoce a ti?
- Yo no escondo nada. - Casi nada.
Te olvidas de la carta de tu amante.
[resople de esfuerzo físico]
Punto.
[suena canción estilo Elvis]
Puede que no sea el mejor en la pista,
pero te llevas al soltero más preciado de toda la ciudad.
Que no, que es bueno.
No sé. Debe estar nervioso por la boda.
Sí, seguro. Seguro que es eso.
Hay que ver, ¿eh, Bárbara? El que la sigue la consigue.
Mira que yo llevo años siguiéndolo.
Nunca entendí por qué tardasteis tanto en prometeros.
Si estáis hechos el uno para el otro.
Bueno, él ha estado todos estos años en Londres
y volvió hace un par de meses.
Y a pesar de la distancia y de todos estos años
triunfasteis.
Cómo es el primer amor que nunca se olvida, ¿verdad?
[carraspea] Bueno, es que...
Al parecer yo no fui su primer amor.
¿Ah, no?
Parece ser
que su padre decidió que la chica no le convenía y por eso lo envió a Londres.
¡Ah!
¿Pero qué era, una chacha o qué? [ríen]
Pues no lo sé. Estuvimos hablando del tema, pero no me lo dijo.
Tengo curiosidad, pero no he querido preguntarle para no darle más importancia de la que tiene.
Haces bien.
Es tontería remover el pasado.
Ya, pero me acabas de decir que el primer amor no se olvida.
Bueno, lo que te quiero decir es que ahora Alberto y tú estáis juntos, ¿no?
Bueno, pues eso es lo que importa.
Oye, qué raro que no esté Luisa en la habitación, ¿no?
Yo creo que estaba en su cuarto y no ha querido abrir. Fíjate lo que te digo.
Qué mal pensada eres, Rita.
Que no. Luisa es muy así. Cuando se pone tristona se cierra y no quiere saber nada de nadie.
No como tú.
Oye, que yo no he dicho que lo mío sea bueno tampoco.
Ay hija, yo qué sé. Ya se lo damos mañana, si eso.
Sí, venga. Que te tienes que poner guapa para tu cita.
No te pongas a imaginar que te conozco, que eres muy lianta.
[suspira]: Un poco de colorete no le viene mal a nadie, ¿no?
Menos a mí que parezco un cadáver.
¿Fuera gafas?
Si te apañas sin ellas.
Ay, mira, voy vestida con la ropa de los domingos.
Te pones tan pesada que cualquiera te dice nada.
Pero mírate, que estás preciosa. Y va a ir todo fenomenal, ya verás.
[llaman a la puerta] No sé, Ana.
¿Sí?
Ana,
- ¿puedes venir un momento? - Claro. ¿Está usted bien?
Acompáñame a la habitación, por favor.
Ay... Don Emilio.
¿Qué pasa?
Es tuya.
Pero...
Ha debido costarle muchísimo dinero.
Para respetar los plazos de doña Aurora necesitas la mejor.
[sorprendida]: ¿Qué plazos?
Han llamado de la tienda hace unas horas.
- Han vendido tu vestido. - [resopla contenta]
Pienso devolverle hasta la última peseta.
Con que cumplas con el encargo me conformo.
Tres vestidos más. Para mañana.
[preocupada]: ¿Para mañana?
Pero con todo el jaleo de la boda, eso es imposible.
Sospecho que tu compromiso es menor de lo que yo pensaba.
Bueno.
La noche es larga y...
He hecho cosas más difíciles.
Tienes razón.
La noche da mucho de sí.
Si no se pierde el tiempo.
Las flores, tienes el dinero en el bolsillo.
Ahora solo te falta saber cómo demonios lo vas a decir.
- [decidido]: No sé cómo, pero puedes hacerlo. - ¡Pero Pedro!
Mírate, estás hecho un pincel.
Supongo que hoy es la gran noche.
Sí, bueno...
Deséame suerte, por favor.
Suerte.
Pero te advierto que con esta percha no te va a hacer falta, ¿eh?
Gracias. Gracias, ¿eh?
Gracias, puede marcharse.
[música del bar alta]
Disculpe. Disculpe.
[Pedro]: Disculpe, disculpe.
[Pedro grita]: Rita.
[grita por encima de la música]: ¿Te gustan?
[grita por encima de la música]: Mucho.
Y más todavía si las viera.
Qué pena que se te hayan roto justo hoy las gafas.
Mucha, sí.
- ¿Chin? - Chin.
Chin chin.
[música del bar alta]
- Rita. - [a la vez]: ¿Bailamos?
Claro.
[música del bar alta]
Así que ahí estaba yo
plantada en la puerta de la iglesia. Preciosa con mi vestido,
pero con un frío que no veas.
[Gloria]: La novia esperando al novio.
Tú no me hagas eso, ¿eh?
Perdonen ustedes, pero la culpa no fue mía.
El coche se estropeó.
¿El coche?
Cielo, el día de la boda me dijiste que fue cosa del despertador.
Cazado.
Bueno, digamos que fue una noche muy larga.
Sí, pues menos mal que Alberto no es de noches "muy" largas.
Que ni se le ocurra.
A un hijo se le perdona muchas cosas, pero a un yerno.
Cuidado,
que te puedo dar una paliza y no precisamente al tenis.
Ay, cuánto me alegro de tener a toda la familia reunida por primera vez.
[Gloria]: Va a ser una boda maravillosa.
[carraspea]: Bueno.
Yo es que tengo un regalito.
- ¿Cómo que un regalo? - Sí.
No me digas que tú no le has comprado nada.
No.
[ríe]: Que no pasa nada, que no pasa nada.
Si es una tontería. Es que...
Lo hemos pasado hoy tan bien en el club de campo,
que no me he podido resistir.
Un carnet de socio.
[emocionada]: Sí.
¡Y preferente!
No sé, creo que el club de campo es el lugar ideal
para hacer deporte, relajarte
con los amigos, la familia, los niños...
Muchas gracias. No me lo esperaba, la verdad.
[Bárbara]: Uf.
El que seguro que no espera es este.
Voy al baño. No, no te preocupes.
[Bárbara]: Ay.
[Bárbara]: Ay.
[sonido seco al cortar la tela]
[suena canción en la radio]
[continúa canción en la radio]
[máquina de coser]
- Buenas noches. - Buenas noches.
Pepita.
¿Puedo hablar contigo un momento?
- Sí, claro. - Es que tengo un problema
y creo que el año pasado tú también lo tuviste.
[ríe]: Menos mal que conseguí llegar a tiempo al tocador.
Las ostras se comen crudas. Es la única forma en la que se puede apreciar su sabor.
- Buenas noches. - Hasta mañana.
Pero no te preocupes, cuando volvamos, le decimos
- al cocinero que... - [molesta]: ¿Por qué has hecho eso?
Ibas a besarme y de pronto me has separado.
No querrás que esto se convierta en el affaire de oficina más comentado de todo el año.
- Ah, así que esto es un affaire de oficina. [enfadado]: Lo que sea, Clara.
A quién le importan las palabras habiendo hechos.
Bueno, las palabras definen cosas y las cosas tienen un nombre.
Yo soy Clara. Tú eres Mateo. Esto es "calle".
Una definición muy interesante, pero anticuada para una chica tan poco corriente como tú.
¿Y si resulta que soy una chica corriente?
Mira, yo antes pensaba como tú, que no había que definir las cosas,
pero a lo mejor es que nunca había sentido esto.
Y aunque a veces me dan ganas de matarte y que ahora mismo te arrancaría la cabeza,
resulta que te quiero.
¿No vas a decirme nada?
Clara,
eres una chica estupenda
y por ti he hecho cosas que no había hecho por ninguna mujer.
¿Por qué eso no puede ser suficiente?
Pues porque a veces las cosas cambian.
Porque yo no sé si quiero seguir haciendo que no me importa que no me lleves a tu casa
o que no quieras que mi hermana nos vea juntos.
Y si a ti si igual,
pues a lo mejor me he equivocado contigo.
Buenas noches.
Ha sido divertido, ¿no?
Sí, muy divertido.
- Divertidísimo. - Sí.
Yo me lo he pasado fenomenal bailando y tal.
Rita.
Que yo te quería decir una cosa.
¿Qué?
[Clara]: Rita.
Rita, ¿podemos hablar?
- Sí, un momento, ahora voy. - Hola, Pedro.
[ilusionada]: ¿Qué ibas a decir?
Que buenas noches.
[con voz dulce]: Buenas noches, Pedro.
[llora]: Ay, Rita, es que yo no sabía que esto dolía tanto.
Estás acostumbrada a que sean los demás los que sufran por ti,
pero alguna vez tenía que tocarte.
[molesta]: Rita, que se supone que me tienes que animar a mí.
Ya, perdona, bueno.
Tú no te preocupes por el dolor ese porque al principio es así, todos los días, pero...
Pero bueno... Lo ves
y tienes ganas de comértelo a besos, pero no puedes porque él no siente lo mismo por ti,
aunque a ti te gustaría creer lo contrario.
[con pena]: Y además se va lejos.
Se va muy lejos.
¿Pero de qué narices estás hablando?
[disimula]: Que se va... que se va... Que está lejos de ti, Clara.
Pero de verdad, que tú no te preocupes que al final te acostumbras.
[sorprendida]: ¿Y estas flores?
- Bueno... - ¿Y sin gafas?
[molesta]: Bueno ¿pues yo qué voy a hacer? ¿Qué voy a hacer yo?
Mira, que es una historia muy larga, ya te la cuento si eso otro día, ¿vale?
[máquina de coser]
Ay, Ana, no sabes qué noche.
Dios mío.
¿Y esto?
Una máquina de coser.
Pero si es mejor que las del taller. ¿Hace zigzag? Dime que sí.
Sí.
¿Y tú por qué la tienes?
Porque me la regaló mi tío.
Hago vestidos para la boutique de doña Aurorita.
Ana, nos lo tienen prohibido.
Ya, por eso no vas a decir nada.
Solo lo sabe mi tío.
Igual es pronto para decirlo, pero creo que esto va en serio.
[contenta]: El vestido que le he llevado, se ha vendido y me ha encargado más.
Pero ¿no ves que te pueden echar a ti y a tu tío?
Ay, hija.
Es la manera que tengo de olvidarme un poco de Alberto y de todo.
Déjame que te ayude, a ver si yo me olvido de Pedro.
Oye,
¿y con Pedro qué tal?
[desilusionada]: Que qué tal...
Pedro no me quiere, y no me llenes la cabeza de pájaros, que bastantes tengo ya.
¿Cuántos hay que hacer?
Mejor no te lo cuento.
¡Madre de Dios!
[máquina de coser]
[Emilio]: ¡Ana, es la hora!
Al final solo me dio tiempo a terminar el que estaba a medias y este.
No pasa nada. Doña Aurora solo quería dos.
¿Por qué me dijo tres?
Para asegurarme de que ibas en serio.
- ¿Has puesto las etiquetas? - No. Todavía no.
Por cierto, nos han pedido el nombre del diseñador.
Tendrás que inventarte uno.
¿Me deja su bolígrafo, tío?
¿Eh?
Phillipe
Ray.
[Alberto]: Me sorprende, Clara. Me gusta mucho su trabajo.
He conocido a muchas personas que querían ascender,
pero ninguna que quisiera descender.
[Clara]: Don Alberto, para mí volver a ser dependienta no es descender.
[Alberto]: Si usted lo tiene claro, no puedo decir nada.
[Clara]: Gracias. [Alberto]: Que tenga suerte.
Buenos días.
¿Qué haces?
Recoger mis cosas. Ya no soy su secretaria. Vuelvo a ser dependienta.
Siempre he bromeado con eso de la experiencia, pero eres buena en tu trabajo. Muy buena.
Quizás a ti no te importe, pero no soy de piedra.
Y no puedo quedarme aquí fingiendo que no ha pasado nada.
Si me disculpa, don Mateo.
¡Clara!
[Mateo]: Espera.
Clara, a ver.
Mateo Ruiz Lagasca.
Dichosos los ojos.
Déb... Bárbara.
- Si me disculpa. - ¿Qué haces aquí?
Ya sabes lo que dicen: si tú no vas a la montaña...
¿Cuándo pensabas acercarte a saludar?
Clara, espera.
Que...
[silencio incómodo]
[serio]: No olvide que en un par de días tendrá listo su finiquito.
- Buenos días. - Buenos días.
¿Y eso?
Desde mañana vuelvo a ser dependienta.
Pues yo pensaba que estabas a gusto allí arriba.
Las cosas no son siempre lo que parecen. De hecho, casi nunca lo son.
No. No lo son... Nunca.
De hecho quiero hablar contigo de algo importante.
Bueno, tampoco tiene mucha... mucha importancia.
Han pasado muchas cosas entre nosotros. Y he de decir que tú no has hecho bien las cosas
- que la has cagado... - No tengo el día para sermones.
Me gusta otra mujer.
[sorprendida]: ¿Te gusta otra mujer?
Bueno pues muy bien, ¿no?
¿"Muy bien" has dicho? O sea, ¿no te importa?
Uf, no sabes el alivio que es para mí, Clara. Yo tenía un tapón en el estómago
que no me dejaba declararme.
Bueno, de hecho tenía la sensación esta, que tú la habrás tenido también, que eres infiel.
Tú y yo hemos estado muchos años juntos, y al fin y al cabo Rita es tu hermana.
[alterada]: Un momento.
¿Estás enamorado de mi hermana?
Cuidado, hace diez segundos has dicho que no te importaba nada.
[molesta]: Cómo no me va a importar. ¡Es mi hermana!
Y luego la víbora soy yo, por empezar a salir con Mateo
- después de dejarlo contigo. - No es lo mismo.
No, no es lo mismo. Yo no me he enamorado de tu hermano.
De verdad.
O sea, si a ti te importa, de verdad, yo me trago mis sentimientos, me callo, y punto.
Pues eso es lo que tienes que hacer.
Lo que me faltaba a mí para rematar el día.
No. Cla...
Clara. Oye, no se lo digas a tu hermana, eh.
No suelo quedar más de dos veces con la misma mujer porque me aburro.
Pero con Clara es diferente. Es divertida, me reta constantemente.
¿De qué te ríes?
Te estás enamorando, Mateo.
No fastidies, Alberto.
Nunca me has hablado así de una mujer.
No te confundas, no soy como tú.
No busco una chica para que sea mi novia para comprarme una casa en la sierra.
De pensarlo me dan arcadas.
¿Te puedo hacer una pregunta? ¿Estás enamorado de Clara, sí o no?
Estás enamorado de Clara.
No estoy enamorado de Clara.
Pero me siento culpable de que renuncie por mi culpa, solo es eso.
- Podría ser peor. - ¿Ah sí?
¿Sabes que ya soy socio del club de campo?
- ¿En serio? - Preferente.
- Es peor. - Es mucho peor.
Y no solo eso, tengo que soportar al tocapelotas de mi cuñado, que es
el mayor tocapelotas de la historia,
no solo en el trabajo, sino en las cenas, que serán muchas, y en el club.
Te ganó al tenis, ¿verdad?
Sí.
Lo peor de todo es que Cristina está hablando de tener hijos.
¿Otro doble?
Por favor.
Buenos días, doña Blanca.
Buenos días.
Don Emilio.
Quería preguntarle si me podría prestar a Esteban esta noche.
Lo necesito para unas tareas.
Muy bien, claro que sí, faltaría más.
Gracias.
Maximiliano, ¿sabe dónde
está Esteban? Necesito que ayude esta noche a doña Blanca con unas telas.
Creo que está en el descanso. Si quiere, yo mismo se lo digo.
Gracias.
[máquinas de coser]
[Pepita]: Está esperando tu llamada.
Doña Paulina, soy Luisa. Tengo el dinero.
¿Esta noche? Bien.
En las galerías, en el callejón la espero.
Sí, gracias.
[Rita]: ¿Pero dónde te has metido que llevamos buscándote desde ayer?
Eh... Hablando por teléfono con mi madre.
[Ana]: ¿Se lo has contado?
No. No, no. Es pronto.
Es muy pronto, claro.
- Bueno, pues ya si eso en otro momento, ¿no? - Mejor.
¿Qué pasa?
- Nada. - Nada.
¿Qué llevas ahí?
Es para ti.
¿Para mí?
[Rita]: ¿Te gustan?
[Rita]: Podemos cambiarlos, si quieres.
No, si me encantan.
Es nuestra forma de decirte que te vamos a apoyar y que vamos a estar contigo
[Ana]: en esto del niño.
Gracias.
Alberto,
acabo de ver entrar a Raúl de la Riva y por su gesto yo diría
que no has cumplido con la petición de mi padre.
Efectivamente, no lo he echado.
- ¿Y a qué estás esperando? - ¿Sinceramente?
A que tu padre cambie de opinión.
- Creí que lo conocías un poco mejor. - [molesto]: Y yo creí que venías a ayudar.
Efectivamente.
Y eso quiere decir que me asegure de que se cumplen sus peticiones.
- Enrique, con respeto... - Si no lo haces tú,
va a acabar pidiéndomelo a mí.
Y, sinceramente, ninguno queremos eso.
¿Verdad?
[tajante]: Que sea antes de la Junta de hoy.
Bonjour.
¿Subes o bajas?
Uy.
Vaya cara. Si te casas dentro de nada.
Raúl, tengo que hablar contigo.
- Ahora no puedo, tengo que bajar al taller. - Puede esperar.
[suena una canción lenta]
[continúa la canción lenta]
[continúa la canción lenta]
[la canción lenta se va apagando]
Aquí tiene el resto de la ropa.
Tutéame, por favor.
Así es como debe dirigirse una empleada a su jefe.
Ya lo sé, pero yo no me acostumbro.
¿A ti no te suena raro?
Sí.
Sí. Cuidado.
Bueno, supongo que tengo que darte la enhorabuena.
Parece que la colección
está funcionando muy bien, ¿no?
Sí.
Las cosas por arriba empiezan a tranquilizarse.
Lo de las revistas funcionó.
Nunca pensé que me fueran a gustar esas revistas, y mira.
[continúa la canción lenta suave]
¿Y tú qué tal por aquí?
Muy bien, también.
Volviendo a la normalidad poco a poco.
[continúa la canción lenta]
Bueno, ¿qué?
¿Cómo te ves?
Si ves que no está perfecto puedo venir en otro momento.
No tengo mucho margen.
Y solo hacen falta unos retoques.
Señorita Cristina.
Iba a subir el vestido de doña Bárbara al probador.
Ah, pues perfecto, porque precisamente veníamos a ver cómo iba.
Pues si me acompañan, podemos hacer la prueba ahora mismo.
[Cristina asiente] - Genial.
¡Eh! ¡No mires, no mires!
No querrás ver a Alberto vestido de novio.
[suspira]: ¡Ay!
Pero si es él quien no me puede ver a mí.
[Cristina]: ¿Qué, cómo esta?
¿Está ilusionado?
Bueno, ya sabes cómo son los hombres para estas cosas.
[Cristina]: ¿Y está guapo?
Mucho.
Está con tu modista.
Ana, ¿no?
No es mía.
Trabaja en las galerías, ya lo sabes.
[Bárbara]: ¿Y desde hace mucho? [Cristina]: Pues no lo sé.
Pero ¿a qué viene ahora esa pregunta?
Nada. Ya me conoces. Soy una cotilla.
Buenas tardes.
La junta no es hasta dentro de dos horas.
Buenas tardes.
Ya lo sé.
Y vengo a hacerme la última prueba de mi vestido.
Porque con tanta prensa, quiero ser la madrina más radiante.
¿Cómo que la madrina?
Nadie le ha pedido que sea mi madrina.
Pero si es lo natural, Alberto, que el novio vaya acompañado de...
De su madre.
Te equivocas en una cosa, hijo.
Sí me lo han pedido.
Deberías hablar un poquito más con tu futura esposa.
Yo combinaría...
[enfadado]: ¿Tú le has pedido a Gloria que sea nuestra madrina?
Claro.
¿Por qué? ¿Qué pasa?
Si te parece, yo te espero fuera, Cristina.
Me lo podrías haber consultado, ¿no te parece?
¿Qué?
Gloria es tu madre.
Gloria no es mi madre, Cristina. Es la última persona que quiero en el altar.
Bueno, Alberto, lo siento. Pensé que era lo lógico. Mi padre y tu madre.
Patricia va a ser la madrina.
Un momento, espera. Alberto.
Yo sé que has tenido tus diferencias con Gloria,
pero no querrás que todo el mundo comente.
Que comente lo que quiera. Es mi boda, no la de suya.
Es nuestra boda.
Queremos que la gente hable por lo buena que era la comida,
por lo felices y guapos que estaban los novios.
Y no por los problemas familiares, que no benefician a las galerías
y que se evidencian si apartas a tu madre así.
[enfadado]: Ya te he dicho que no es mi madre. - Alberto, perdóname, tu madrastra. Lo siento.
No te pongas así, por favor.
Si quieres lo hablamos esta noche en el club.
- ¿En el club de campo? - Sí.
Porque vas a venir, ¿no?
Alberto, va a estar ahí todo Madrid.
[irónico]: Ah, que va a estar todo Madrid, Cristina. Felicidades.
Son tus invitados. No los míos.
Tampoco has querido contar conmigo para esto. ¿Y sabes por qué?
[levanta la voz]: Porque de haberlo hecho, te habría dicho que no.
Y lo sabes. No me gusta ese club. No me gusta esa gente. ¡No me gusta!
Es tu mundo, Cristina. No el mío.
[resopla]
Ya es la hora. Pueden marcharse.
- Aún quedan diez... - [grita]: He dicho que es la hora.
Hasta mañana. Muchas gracias.
¿Usted conoce el valor de todo lo que ha tirado?
Que me lo descuenten del finiquito.
[extrañada]: ¿Cómo dice?
"Las Galerías Velvet y Raúl de la Riva: una separación amistosa".
Ese es el titular de mañana.
Le regalo la exclusiva.
Me han puesto de patitas en la calle, sin ninguna contemplación.
Lo siento, no lo sabía.
Ya, ya sé que no lo sabía.
La moda es una amante ingrata.
Primero te ama y luego te odia. Es lo primero que te enseñan y lo primero que olvidas.
[nostálgico]: Voy a echar mucho de menos todo esto.
Incluida usted, doña Blanca. ¿Quién me lo iba a decir?
Cualquier casa mataría por contar con sus diseños.
Pues a esta le parezco caro y complicado.
¿Eso es todo?
¿Le parece poco?
Mire por la ventana.
¿Ve la Torre Eiffel?
París es París.
Pero España es otro mundo.
¿Quiere triunfar por fin en su país?
¿Quiere seducir a nuestras clientas?
Escúchelas.
Hable nuestro idioma y tendrá estas galerías a sus pies.
Raúl.
¿Qué haces aquí?
Sé que fue usted el que tomó la decisión.
Alberto solo era la mano ejecutora con la que se cubría.
Pero está usted de suerte.
No pienso cobrar hasta que mis nuevos diseños se vendan como churros en las galerías.
¿Vas a trabajar gratis?
Mire, prestigio ya tengo en medio mundo. Y dinero me sobra.
Sigo trabajando aquí por orgullo.
Pues tiene gracia.
Porque fue precisamente tu orgullo el que nos metió en este lío.
Trabajaré a merced de las exigencias de las clientas y de las suyas.
Gerardo, yo ya sé que la humildad no es mi punto fuerte
y que soy terco como una mula.
Pero todo lo que he conseguido en mi vida ha sido gracias a eso.
Y sé que gracias a eso también conseguiré llevar a Velvet a lo más alto.
Además, creo que estas galerías y su gente lo merecen.
¿No?
Si me cuestas una peseta de más
o veo a tu ego volver a asomarse por estas galerías,
estás fuera.
¿Entendido?
[Raúl grita]: Rita. ¡Rita!
- ¿Qué haces esta noche? - Había pensado...
Da igual, no será tan interesante como lo que te voy a proponer.
Busca a Ana.
Os quiero esta noche a las dos en la fiesta del club de campo.
Prepárate porque tenemos lío esta noche.
¿Por qué? ¿Adónde vamos?
De la Riva nos quiere en el club de campo.
[sorprendida]: ¿En el club de campo?
[diálogo ininteligible]
[suena música du duá]
[acaba música du duá]
[grito ahogado]
Maximiliano, qué susto me ha dado.
Lo siento.
Los dependientes aún no llevamos cascabel. Podría sugerirlo.
¿Qué hace aquí? Esperaba a Esteban.
Esteban, sí, tiene cosas que hacer. Espero que yo pueda servirle.
Prometo no extralimitarme. A pesar de que estemos fuera del trabajo.
Eso no ha tenido ninguna gracia. Páseme esas telas, por favor.
No.
Son muy pesadas, lo único que conseguiría sería romperse la crisma.
Yo lo hago, baje.
Como podrá imaginar, no es la primera vez que hago esto.
[autoritaria]: Páseme las telas.
- [grito ahogado] - ¡Cuidado! ¡Baje!
Está bien.
[primeros acordes de saxo de una canción sexy ]
[continúa melodía de saxo]
[acaba melodía de saxo]
[diálogo ininteligible]
[diálogo ininteligible]
El tren sale a las doce.
Que vengo a despedirme.
Bueno, dame un beso, Pedro.
Ten cuidado con la cerveza, que dicen que allí es lo único que beben.
Sí, pero yo soy más de vermú.
Buen viaje.
Bueno.
¿Le llevas los chorizos de mi parte a Manolito?
Llevo los chorizos, llevo el queso.
Llevo la bufanda de lana también.
Bueno, espero que no me paren en la aduana.
Dale un beso muy grande.
Vale. Dile que me acuerdo mucho de él, y que me gustaría haber ido, pero bueno.
Bueno, ya ves tú.
Haceos una foto, de recuerdo.
¿Y qué más quieres que haga?
Que se cuide.
Y que te cuides tú también.
Ten cuidado en el tren, no te pongas del revés, que te mareas.
[primeros acordes de una canción romántica]
[Rita]: Ay.
[continúa la canción romántica]
Adiós, Pedro.
[continúa la canción romántica]
Buenas noches.
Vamos a Alemania.
A Alemania no, que es muy caro. Vamos a la estación, por favor. Dese prisa.
[continúa la canción romántica]
[grita]: ¡Que te quiero!
[grita]: ¡Espérame!
[grita]: ¿Qué te qué?
[grita]: ¡Espérame!
¿Pero qué ha dicho?
[alterada]: ¡No me he enterado!
[acaba la canción romántica]
Pase.
Pepita me dijo que podíamos hacerlo aquí.
Sí. Sí hay una cama, no necesito más.
Aunque faltaría...
¡Ah, el dinero!
¡Claro!
Está todo.
No te preocupes. Todo va a salir bien. Venga.
Desvístete y túmbate.
¿Me va a doler?
[Doña Paulina]: Tranquila.
[Doña Paulina]: Va a ser solo un momento.
Muy bien.
Venga, apoya los pies ahí.
Y abre las rodillas.
[Doña Paulina]: Tranquila.
[llora]
[respira profundamente]
Buenas noches, disculpen un segundito.
Clara, ¿no ha venido Alberto?
No, no ha llegado aún, señorita Otegui.
[teléfono suena]
[teléfono suena]
[teléfono suena]
[cuelga el auricular]
Estará de camino.
Ay.
¿Y si no viene, Bárbara?
¿Y si tenemos que cancelar la boda? De verdad que nunca habíamos discutido así.
Que no, que es la típica crisis prematrimonial. Pasa siempre.
Y Alberto es como todos los hombres.
Necesita tener su espacio, sus manías,
sus pequeños secretos.
Una vez encontré una factura en un bolsillo de la chaqueta de tu hermano.
Era de unos pendientes de Cartier.
Unos pendientes que nunca llegué a ver, claro.
No, pero seguro que no es lo que te estás imaginando.
Cristina,
pobrecita.
Eso no lo enseñan en los cursillos prematrimoniales, ¿verdad?
Y la reina de la noche, ¿cómo se encuentra?
¡Raúl! ¡Qué alegría, muchísimas gracias por venir!
Cómo voy a perderme yo esto, mujer. ¡Bárbara!
Además, no soy el único, por lo que veo, ¿no?
[Raúl]: Los duques de Vargas,
[Raúl]: el marqués de Villaverde,
[Raúl]: Armando Gasalla. ¿Pero este hombre
todavía vive?
- ¡Mira cómo anda, con la edad que tiene! - Sss.
No te falta nadie, cariño.
No, ni aunque quisiera. Mi padre no me hubiera dejado no invitarlos.
¿Y tu futuro flamante esposo dónde está?
Que tengo una noticia que darle.
Pues...
Debe estar al llegar.
Bueno, mejor.
Rapto a esta preciosa sabina.
Bárbara, ¿podrás entretener a esta gente veinte minutos?
Déjalo en mis manos.
Gracias.
Me gritó que lo espere. O que me esmere.
No sé, no tengo ni idea, no me enteré de nada. Pero parecía muy emocionado.
¿Y entonces?
[Rita resopla]
Pues que van a ser las dos semanas más largas de mi vida, Ana.
Cristina.
Uy... Hola, chicas.
¿Pero qué significa todo esto?
Quería darte la primera sorpresa de la noche, cariño. ¡Chicas!
Y con la estimable ayuda de estas señoritas he podido terminarlo en un tiempo récord.
- ¿Es para mí? [Raúl]: Claro. ¿Te gusta?
[emocionada]: Pero Raúl es...
Es maravilloso.
- Buenas noches, Clara. - Buenas noches.
Don Alberto, la señorita Otegui lo estaba buscando.
[Alberto]: Gracias.
Hola.
Buenas noches. Siento el retraso, papeleo de última hora. ¿Qué tal?
- ¿Has visto a Cristina? - No.
- Gerardo. - ¿Cómo estás?
Hola, Gloria.
[halago general]: ¡Qué guapa!
[aplausos]
[diálogo ininteligible]
- Estás preciosa. - Gracias.
Pensaba que ya no vendrías.
Alberto. Lo siento muchísimo.
He estado muy nerviosa con la boda y tú has estado tan ocupado
.con los problemas en el trabajo que me he tenido que ocupar yo de todo.
Lo siento.
[Rita]: Ay, Dios mío.
¿Vas a estar así las dos semanas hasta que vuelva?
No lo sé, Ana, pero me he puesto malísima. Han debido ser los nervios de que se fuera
y del taxi y de todo. Me duele la barriga que no es normal.
Que ya lo decía mi madre, que a mí los nervios me vienen fatal.
Pues respira hondo, anda. Y dame esto, que te...
Díselo a Raúl. Dile que no puedo hacerlo, por favor.
¿Que no puedes hacer qué?
¿Estás lista?
[grita]: ¡Rita! ¿Estás lista?
Bueno, yo me voy. Y mucha suerte, eh.
¿Te vas? ¿No quieres ver la segunda parte de la sorpresa?
No, quédate. Un poco de apoyo moral, de verdad. Que llevo un día, que no...
Vale, venga, me quedo. Tranquila.
Bueno, cuando te de la señal, subes, eh.
Sí. ¿Un, dos? Va, va. Perfecto.
Buenas noches.
Siento interrumpir esta sublime velada,
pero necesito un instante de su tiempo, de su tiempo y el de los novios.
Alberto, Cristina,
un pajarito me ha contado que no tenéis canción.
Así que me gustaría regalaros una, por lo menos
hasta que encontréis la vuestra.
Espero que la encontréis apropiada.
Con todo mi amor.
- Venga ya. - Que no.
- Que ya... - No puedo, estoy malísima.
[Ana insiste]: No lo puedes dejar ahora.
Que son cólicos, esto, que no...
Que no me sale la voz.
Rita.
- No me sale la voz. - Solo tienes que decir: "uouououo".
- Tampoco es para tanto. - ¡Perfecto!
[sorprendida]: ¿Yo? ¡No!
[canta "Blue Velvet"]
[hace coro a destiempo]
[ríen]
[continúa cantando Raúl y Ana haciendo los coros]
[continúa cantando Raúl y Ana haciendo los coros]
[Ana haciendo los coros]
[continúa cantando Raúl]
[continúa cantando Raúl]
Alberto, lo siento muchísimo.
Sé que me he metido donde no me llaman,
pero de verdad que voy a respetar todo lo que tú decidas.
No pasa nada.
[continúa cantando Raúl y Ana haciendo los coros]
[Ana continúa haciendo los coros]
[continúa cantando Raúl]
[Raúl acaba la estrofa final de la canción]
[aplausos]
[Raúl empieza a cantar un rock]
[suena un rock]
[continúa el rock]
[acaba el rock]
¡Uh!
[aplausos]
Mateo, Mateo, Mateo.
Toda la noche esperando a estar a solas contigo.
Hay más de 50 personas ahí dentro.
Sí, bueno, pero ninguna demasiado estimulante.
Además no puedo olvidar aquella Nochevieja.
Si te digo la verdad, yo tampoco.
Ya veo, ya.
Porque no fue una Nochevieja,
sino un Baile de la rosa.
[asiente]
Bárbara, si me disculpas un momento.
[suspira]
Y cinco años más tarde, la historia se repite.
Clara, espera. Espera, necesito hablar contigo. ¡Clara, espera!
Hoy ha sido mi última jornada como secretaria. Así que si no le importa...
Mi finiquito, supongo.
Míralo.
[Mateo suplica]: ¡Clara!
Pronto tengo una boda.
Necesito acompañante.
Eso y...
Que no quiero estar sin ti.
¿También me besarás en la boda?
¿Y me vas a presentar a tus amigos?
- A todos los que no sean unos sátiros, sí. - ¿Y a tus padres?
Sí, lo de tus padres puede esperar.
[Alberto]: ¡Espera!
¿Ya te vas?
Ya he dado la nota bastante por hoy.
Bueno, solo has desafinado un poco.
Sabes que cantar nunca fue lo mío.
- Has estado increíble ahí arriba. - [Ana ríe]
Bueno, ahora Alberto y tú
debéis un brindis a toda esta gente.
Y a ti las gracias por esta sorpresa tan bonita. Eres un amor.
Bueno, me ha gustado mucho hacerlo, cariño.
Además, Ana me ha ayudado. Ha estado fantástica.
Ana, doña perfecta Ana.
Ana lo mismo te cose un dobladillo, que te baila un rock-and-roll .
[irónica]: ¿Hay algo que Ana no sepa hacer bien?
La verdad es que ha bailado estupendamente, y coser es normal que cosa tan bien.
Cose como los ángeles porque lleva toda la vida en las galerías.
¿Toda la vida?
Sí, se crió en las galerías desde pequeña.
¿No te estarán echando de menos en la fiesta?
[Alberto]: Me viene bien dar un paseo.
[Alberto]: ¿No tienes frío?
[Alberto]: Te puedo dejar la chaqueta.
[Ana]: No, gracias, no te preocupes. Estoy bien.
A la última persona que pensé que me encontraría aquí
es a ti.
Raúl se empeñó y ya sabes cómo es.
Menos mal. Nos hubiéramos perdido verte bailar ese rock-and-roll .
¡Qué vergüenza, Alberto!
¿Dónde has aprendido a bailar tú así?
Ninguno de los estirados de esta fiesta se hubiera atrevido a bailar una canción así.
Y aquí estoy yo.
Toda la vida huyendo de esta gente, y me voy a casar con la reina del club de campo.
Que no.
Cristina no es así.
Ya.
¿Alberto?
¿Alberto?
[Cristina]: ¿Alberto?
Todo está cambiando.
Mira, mi vida siempre fueron las galerías y tú.
Y para una vez que salí de ellas, fue para irme a París contigo.
También yo necesito saber quién soy fuera de todo esto.
Había olvidado lo fácil que es entenderse contigo.
Será la experiencia.
No.
Siempre fue así, Ana.
[suena una canción romántica]
[continúa la canción romántica]
[Cristina]: ¿Alberto?
[acaba la canción romántica]
Mañana te casas.
Sí. Mañana me caso.
¿Qué pasa?
[Alberto]: Es Cristina. Es la mujer perfecta.
[Alberto]: Hay algo en mi cabeza que me dice que estoy haciendo bien las cosas, pero no.
- Alberto. - Cristina.
[Cristina]: Es ella, ¿verdad?
[Cristina]: Tu primer amor, por eso te fuiste. - ¿A qué viene eso?
No me has contestado. Lo dije en París. Puedo soportarlo todo, menos la mentira.
[Cristina]: No me mientas nunca.
[Cristina]: Quiero la verdad, ahora.
[Luisa]: Ana.
[Luisa]: Ana. Rita.
[grito de dolor]
[Ana]: ¡Luisa! Luisa. ¡Dios mío!
- ¡Socorro! [Blanca]: ¿Qué ha pasado?
- Rita, un médico. [Pepita]: Doña Blanca, tengo que hablar
[Pepita]: con usted. Es sobre...
Lo que le ha ocurrido a Luisa.
[Max]: ¿Me buscaba?
[Blanca]: A partir de hoy sustituirá a Pedro en sus tareas como conserje.
Lleve esas telas al almacén y ordene los materiales
por nombres y por orden de llegada. Lo quiero antes
de mediodía. Y espero
que para esa hora esté entregado el correo de la mañana que lo espera en conserjería.
- ¿Algo más, doña Blanca? - Por supuesto,
- esto es solo el comienzo. [Mateo]: Quiero hablar contigo
- un segundo de la boda. - Mateo, solo serán diez minutos.
- No. - Si no, se lo llevarán y no voy a tener otro hueco.
- No, a ver. - De verdad.
- Ha pasado algo, es la boda. - ¿Qué?
[Clara]: ¿No se van a casar?
[Ana]: El vestido, Rita.
[Ana]: El vestido de novia de Cristina.
Ha desaparecido.
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