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[Alberto]: No puedo vivir sin ti, Ana.
[cura]: Ana, ¿quieres a Alberto como esposo
todos los días de tu vida?
[Ana]: No. Alberto, yo te quiero
y quiero casarme contigo, pero así no.
[Ana]: Señorita Cristina,
¿le importaría llevarle a don Alberto un sobre?
[Alberto]: Las cosas se demuestran con hechos.
¿Y qué he hecho yo?
Demostrarte que estaba dispuesto a todo por ti.
Y tú no has hecho nada.
Tras el desfile se acaba todo.
[Alberto]: Se terminó cuando saliste por la puerta de esa iglesia.
[Blanca]: No podré
descansar hasta que te cuente algo importante. Sobre él.
Tu hermano.
[Carmen]: Mi carta de renuncia.
Me voy. Tengo otro trabajo esperándome.
[Max]: Da igual si lo ha hecho mal.
Sigue siendo tu madre.
Por eso te duele, porque te importa.
[Blanca]: Me alegra que no te hayas ido.
Estoy segura de que no soy la única que se alegra.
Max, ¿quieres que salgamos esta noche a celebrar el desfile?
[Max]: Creo que estoy enamorado de otra persona.
[Clara]: Me lo pasé muy bien anoche.
[Mateo]: ¿Cuándo nos veremos?
[Pedro]: ¿Sales con Mateo?
[Mateo]: ¿Pedro lo sabe?
[Clara]: Sí. Ya puedo contarlo.
¿Y qué contarás, Clara? Solo somos dos personas
que se gustan y disfrutan con la compañía del otro. ¿Por qué estropearlo?
[Rosa María]: Pedro.
Se llama Manolito, es mi hijo. Bueno, mi hijo, y el tuyo.
Rosa María, ¿quieres que me quede con el niño?
[Rita]: ¿De dónde ha salido este niño?
Me llamo Manuel. Pero me puede llamar Manolito.
- Es mi hijo. [Emilio]: No lo puedes tener.
Si se tiene que quedar un par de días, que se quede.
Pero búscale otro sitio.
[Blanca]: Luisa,
¿puedes salir un momento?
[Ana]: Mucha gente te quiere, Luisa.
[Luisa]: Voy a hacer que el culpable pague por lo que ha hecho.
No hay culpable, Luisa. Juan estaba enfermo.
[Cayetana]: Quería darte el pésame.
Supongo que debe ser muy duro después de todo lo que has hecho por él.
Puede que la vida parezca injusta,
pero, antes o después, tenemos lo que merecemos.
Estos diseños van a cambiar la moda en España.
España no quiere que le cambien la moda.
[Gloria]: ¿Esto vamos a presentar?
[Gloria]: No soy la única que piensa
que estos modelos no les van a gustar a nuestras clientas.
[Alberto]: Voto "sí".
- Gloria. - Yo voto en contra.
[Gerardo]: No. [Patricia]: Sí.
Si hay empate, el voto de calidad le corresponde al director de las galerías.
Y yo decido que la colección de Raúl salga a la venta.
[Raúl]: No descosemos ni un solo punto de este vestido.
Necesitamos una maniquí con esta constitución.
[Rita]: Yo la tengo.
[Mateo]: No había visto nunca desfilar a alguien con tanta elegancia.
[Clara]: Creo que tú y yo no somos nada.
Quedó muy claro el otro día.
[Ana]: ¿Estoy acertando?
[Alberto]: No del todo.
[Ana]: ¿Y en qué me estoy equivocando?
En lo más importante.
[Cristina]: ¿Nos vamos?
[Alberto]: Cuando quieras.
[Alberto]: Llevo toda la noche queriendo salir de aquí.
[Alberto]: ¿Tú qué harías si te dijera
que cogieras el primer vestido que encontraras y te vinieras conmigo?
[Cristina]: Te diría que sí.
[Francisco]: Luisa,
pasa.
[Gerardo]: Alberto.
[Gerardo]: Cristina.
[Gerardo]: "Alberto, perdóname.
No puedes dejar que después de tanto tiempo
lo nuestro se acabe así.
Tenemos que hablar. Te quiero".
[suena una melodía de los 50, sintonía de la serie]
[acaba melodía de los 50, sintonía de la serie]
[suena música de jazz]
Hola, guapo.
Buenos días.
[susurra]: Buenos días.
¿Qué hora es?
Las siete.
[preocupada]: ¡Las siete!
¡Las siete!
Ay, Dios, mi padre me va a matar.
Que no le he dicho nada. ¿Qué le digo?
Que no lo he avisado. Es la primera noche que paso fuera de casa.
Dile que has pasado la noche conmigo.
Sí,
y eso lo va a dejar mucho más tranquilo.
[ríen]
Dile que con tanta celebración se nos ha hecho de día bailando.
[riendo]: Bailando...
Ay, Dios mío.
[susurra]: Cristina, ven.
No hemos hecho nada malo.
¿Sabes qué me pasa?
Que estoy contigo y pierdo la cabeza.
Y no pienso.
Porque si pensara...
habría sido una señorita
y habría esperado al día de la boda.
¿Te hace falta un cura para saber que eres mi mujer?
[Rita con desgana]: No me digas que ya hay que levantarse ya.
Ay, Dios mío cómo me duele la cabeza.
Tranquila, hasta dentro de hora y media por lo menos no hay que montar los escaparates.
¿Una hora y media? ¿Qué haces que no estás durmiendo?
¿Yo? No pegué ojo en toda la noche, Rita.
No, ya, si te entiendo.
No puedes venirte abajo por el feo que te hizo Alberto en el desfile.
Te está poniendo a prueba.
Quiere saber si estás dispuesta a luchar por él.
- Tienes razón - No me digas que no porque...
[sorprendida]: ¿Tengo razón? - Sí.
- Qué mona vas, ¿no? - ¿Te gusta?
Hija qué cara ¡a estas horas! Qué asco...
- ¿Y adónde vas? [con decisión]: A luchar.
Alberto me quiere
y es normal que esté molesto por todo lo que pasó, ¿no?
¿Y yo qué hago? Pues intentarlo.
Intentarlo, intentarlo, intentarlo... hasta que me perdone, aunque sea por pesada.
Pesada no. Pesadísima.
[ríe]: No se pierde una guerra por haber perdido una batalla.
Claro, sí, total, una vez más y las que hagan falta, ¿no?
Así que voy a ir a darle una sorpresa de buenos días.
- ¿Una sorpresa? ¿Y qué vas a hacer? - Ahhh...
[indignada]: ¡Hombre, no me dejes así!
Oye no puedes dejarme en ascuas, Ana.
¿Qué vas a hacer?
- ¿Vas a ir a su casa? - Ya te contaré, cotilla.
[insiste]: ¿Vas a ir a su casa? ¿Vas? - Adiós.
[suena una canción romántica]
Buenos días, Elvira.
Pero señorita, qué sorpresa.
Bueno, esa es la idea.
¿Está don Alberto?
Me imagino por las horas y porque está el coche en el garaje.
Perfecto. Pues necesito que me ayudes. Quiero darle una sorpresa.
- ¿Ya? [susurra]: Corra.
[Cristina canta]
[Cristina continúa cantando]
[suena música dramática suave]
[portazo]
[extrañada]: ¿Alberto?
[continúa música dramática suave]
[continúa música dramática suave]
¿Todavía estás durmiendo?
[Alberto gruñe]
Qué va.
Estaba despierto.
Qué raro.
Me pareció que te asomabas cuando estaba en el baño.
¿Y no entrar?
Demasiada tentación.
Me voy a vestir.
[continúa música dramática suave]
[acaba música dramática suave]
[Raúl]: ¡Pare, pare aquí, caballero, pare, pare! [chico]: ¿Adónde vas?
[Raúl]: ¿Cómo se abre este vehículo?
Lo siento mucho. Una noche maravillosa,
pero no pienso perderme a mis primeras clientas.
- Au revoir! [todos]: Ciao .
[Raúl enfadado]: Pero... ¿pero todavía estamos así?
Van a llegar las clientas y está todo desordenado...
[Emilio]: No se preocupe.
Todos los años se hace el cambio de escaparate
y siempre ha llegado a tiempo, siempre.
Tiene usted razón, don Emilio.
No me lo tenga en cuenta. Serán los nervios.
Ustedes no tienen nervios, ¿no?
Están muy tranquilos...
Ese moño, doña Blanca...
Me pregunto cómo puede tener tanta energía.
Cuando yo me fui a dormir eran las dos.
- Y él seguía danzando. - ¿Las dos?
Se lo ha pasado bastante bien, ¿eh, doña Blanca?
No tanto como él.
¿Se ha fijado en que trae la misma ropa?
Al final va a resultar que los nuevos aires de este negocio son positivos.
Eso espero. Por el bien de todos.
Voy tras él antes de que me revolucione todo el taller.
[Raúl grita]: ¿Dónde está mi musa?
¿Mi musa? Quiero verla ahora mismo. ¿Ha visto a mi musa?
¿Ha visto a mi musa? ¿Dónde está?
[Clara]: ¿A quién busca este loco? [con devoción]: Oh.
Ahí está. Radiante, como siempre.
Qué tez,
qué figura... ¡Qué, qué, qué...!
Por favor, señoritas, observen bien a esta mujer
porque pocas veces habrán visto a un ser tan bello como este.
Tenía que bajar a darte las gracias por lo que has hecho
con la joya de la colección. Gracias a ti ahora es grande.
Me va a ruborizar.
Pues vete acostumbrándote
porque esto es lo que reciben las musas:
halagos.
Tú dame tiempo y tela.
Vas a ser muy grande.
[grita]: Muy grande.
[Raúl grita]: ¡Dame tiempo y tela! ¡Vas a ser grande!
[Raúl se aleja gritando]: ¡Grande!
[música de tensión]
[ordena]: Vamos, niña que no tenemos todo el día.
¿Qué haces ahí? ¿Buscas algo?
[disimula]: No, no, no.
¿Y Ana?
Pues de reconquista con Alberto, ya sabes.
Busquemos una buena excusa
porque conforme acabó anoche, doña Blanca pensará que está durmiendo la mona.
Aunque bueno, eso ya es una excusa, ¿no?
Pues le vamos a decir eso.
Doña Blanca, Ana está indispuesta...
[Rita]: Suena fatal.
¡Pues hasta las tres de la madrugada con lo cansada que estaba! No podía con mi alma.
Pues para no poder ya aguantaste.
Tenías que haberte quedado y no irte a dormir.
Pues tienes la misma cara de cansada que yo
- y las mismas ojeras. - No he dormido bien.
[titubea]: No, si ya... Se me va la lengua y no sé ni lo que digo.
Tú no me hagas caso. Qué cara vas a tener.
Y yo hablándote de la fiesta.
Buenos días.
Buenos dí...
[recrimina]: De buenos nada. Pero ¿qué hace Manolito en pie? Que se cae de sueño.
Ya, pero se ha empeñado él, ¿a que sí?
A quien madruga, Dios lo ayuda.
[Pedro ríe]
¡Qué fresco eres! ¿Quién te ha enseñado eso?
Mamá.
Mamá. Se nota que tu madre no trabaja aquí.
Aquí se trabaja. ¡Ahí va! Tu madre.
Mi cielo.
Mi cielo.
No sabes cuánto te he echado de menos.
- ¿Te has portado bien? [Pedro]: Sí.
Ha sido un buen niño, ¿verdad?
- A que sí, Rita... - Sí...
¿Qué? ¿No te dije que iba a venir?
- ¿Te vas a quedar conmigo? - Sí hijo, sí.
¿Podemos hablar un minuto?
Sí, claro, vamos.
Hasta ha engordado.
Gracias por cuidar tan bien de él.
Pedro, te lo agradezco mucho, pero...
Ya no vas a tener que seguir haciéndolo.
¿Por?
He conseguido un trabajo.
Tendré dinero de sobra para mantenernos los dos.
No, no te molestaré más.
Bueno, no es una molestia, ¿eh?
Al fin y al cabo es mi hijo.
Y mira, está hecho un fenómeno.
Pero me gustaría seguir ayudando en la manera que pueda.
Me alegro de que hayas encontrado trabajo.
Porque Madrid es una ciudad muy grande,
- llena de oportunidades... [le pisa]: No es aquí.
[Manolito se queja]: Pero quiero ver a papá.
- Yo puedo ir en autocar y verte. - Es en Stuttgart.
[sorprendido]: ¿Cómo? - En Alemania.
¿Alemania? ¿Qué es Alemania?
[exagera]: Pues tenías que haberla visto, Luisa. Iba guapa, guapa, guapa.
Como esta vez Alberto le diga que no, no tiene ni ojos en la cara ni sangre en las venas.
¿Tú me estás escuchando?
Sí, que no tiene sangre en las venas.
[golpea el cristal]
[Raúl]: La manga.
[grita]: ¿La qué?
¡La manga!
Dejad el palique ya
y pon bien la manga.
Ay, ahora me va a destrozar
toda la decoración...
La botellita...
- Estira la manga. [grita]: ¿Así?
Claro, mujer, ¿cómo va a ser? La manga estirada.
Este hombre me va a volver loca.
[ordena]: A la izquierda.
[grita]: Pero, ¿qué quiere?
A la izquierda, el maniquí un poco a la izquierda.
[grita]: No, no. A tu izquierda no, a mi izquierda, Rita.
- ¿Aquí? - Más.
Ay, que no me entero.
Un poco más.
[grita]: ¿Así?
No se puede.
¿Cómo que no? Un poco más.
Ahí está bien...
Ahí está bien.
[tráfico]
[Alberto]: Mateo. [Mateo]: Gracias. Buen trabajo.
El dueño de las Galerías Velvet justo antes de la apertura de puertas.
¿Te han traicionado los nervios?
Me sorprende que te hayan traicionado a ti.
Se rumorea que me he vuelto más responsable. No hagas mucho caso.
¿Estás bien?
- Sí. [Emilio]: Vamos No hay tiempo que perder.
[Emilio ordena]: Acaben con esto, por favor.
Ha madrugado más de lo habitual.
Hoy no es cualquier día, Emilio. ¿Está todo listo?
Como siempre.
Entonces, todo suyo.
Señores.
[grita]: A sus posiciones.
[grita]: Abran las puertas.
Hoy va a ser un gran día.
[suena ritmo de swing rápido]
[continúa ritmo de swing rápido]
Vaya cara tenía don Alberto. Parecía un muerto viviente.
Y si él está aquí, ¿dónde está Ana?
Yo qué sé.
- Mírala. [sorprendida]: ¿Y cuándo has llegado?
Hace una hora.
Hemos visto llegar a Alberto a las galerías.
Creo que lo de ser pesada no va a funcionar.
Alberto ha pasado la noche con Cristina.
[sorprendida]: ¿Qué?
Entré en su habitación y los vi.
[Luisa afligida]: Lo siento mucho, Ana.
Bueno,
en el fondo sabía que podía pasar.
Él me dejó bien claro que habíamos terminado.
[indignada]: ¿Pero cómo dices eso?
[Rita]: Lo que ha hecho no tiene perdón.
¿Te deja, no pasa ni un día y se va con otra? Ni perdón ni vergüenza es lo que tiene, hombre.
De verdad, que no pasa nada. Estoy bien.
¿Cómo vas a estar bien si no lo estoy ni yo?
No puedes dejar las cosas así.
Habla con él y ponle los puntos sobre las íes.
[enfadada]: ¿Y con qué derecho, Rita?
Si ya no estamos juntos, está con ella.
Lo ha hecho por despecho, Ana.
A la que quiere de verdad es a ti.
Que no se olvidan tantos años de repente.
Alberto tomó una decisión y está siendo consecuente.
Lo he vuelto loco todo este tiempo.
La responsable de esto soy yo y tengo que aceptar las consecuencias.
¿Y ya está?
Me he sacrificado y espero que no haya sido en balde.
Ahora lo que importa es la colección.
[Luisa]: Ana...
[alterado]: Rita.
Tengo que hablar contigo.
Te tengo que contar una cosa. [respira con dificultad]
Viene su madre esta tarde.
Dice que el tren...
El tren a "Sgurttan" sale esta noche.
¿Pero cómo se lo puede llevar tan pronto? Pedro, tienes la casa y el colegio y todo.
Que además no puede coger
y dejar al niño y llevárselo cuando quiera.
Sí puede,
porque es su madre.
¡Y tú eres su padre!
No puedo decidir por él.
Pero si no tiene ni mis apellidos.
[resolutiva]: Pues se lo das. Anda que si es por eso...
Mira, tengo que dejarlo ir.
A mí me va a dar un soponcio y solo ha estado unos días, imagínate su madre.
De verdad, se tiene que morir de pena.
[con voz de dormido]: Papá, ¿qué hora es?
Las 21:40. Pero venga, duérmete, que tienes que descansar.
¡Es tardísimo!
Ya tendríamos que estar trabajando.
Que tú no tienes que trabajar, Manolito, tú tienes que descansar.
Pero es que yo quiero estar contigo. Porque si me voy esta tarde...
Ven, vámonos.
Que don Emilio nos va a montar una.
Y con razón además.
Porque tienen que estar las galerías hoy que tiene que parecer un mercado.
Si le huelen los pies como a su padre.
[ríen]
[suena música ambiente de las galerías]
La gente está agolpada en los escaparates.
Desde que los pusimos.
No les resulta indiferente.
Los escaparates no sirven de nada.
No ha entrado nadie.
[Mateo]: Y no van a entrar por mucho que nos quedemos aquí mirando.
Abrimos hace menos de una hora. Aún es pronto.
Emilio, manténganos informados.
Yo pensé que esto iba a estar lleno de señoras, papá.
Si hijo, y yo.
Quería verlas y ver si sacaba un poco de propina.
No eres listo tú ni ná.
Pero bueno, veamos cómo va yendo la mañana, ¿no?
Yo prefiero estar contigo en otro sitio.
¿Y dónde quieres estar? ¿Qué pasa?
Mamá me hablaba de un parque que está aquí en Madrid.
¿Cuál?¿El grande?¿El Retiro?
[entusiasmado]: Sí, ese.
Me decía mamá que había barcas y patos.
Pero al final me voy a Alemania sin haberlo visto.
Ven conmigo.
- Don Emilio. - Llega tarde.
- Sí, bueno tan solo han sido... - 45 minutos.
[titubea]: Le quería pedir un... favor.
Supuestamente el día iba a tener mucho lío,
pero que como está... pues como está...
quería saber si me podía dar el resto del día libre.
- ¿Sabe una cosa? - Dígame.
No sé si es que me toma por el pito del sereno
[Emilio tajante]: o que no le importa perder su trabajo.
Es que se va Manolito a Alemania.
Se lo lleva su madre.
Bueno, ya está, ya está.
Quería saber si podía pasar un...
Un tiempo con él.
Don Manuel,
ha sido un placer.
Le auguro un gran porvenir en el mundo de moda.
Gracias, señor.
¿Esto es un sí o un no, don Emilio?
[grita]: ¡Don Emilio!
Es un...
[en voz baja]: No grite, ¿eh?
No vaya a ser que cambie de opinión.
¿Nos vamos al Retiro?
- Vale. [contento]: ¿Sí?
- Pedro. Le traigo un envío. - ¿Sí?
Bueno, todavía nos da tiempo de hacer el último recado, ¿no?
- Por supuesto. - ¿A nombre de quién?
No te pienses que esto es cosa mía, ¿eh? Lo ha traído un mozo.
Supongo que será de tu novio. Vámonos.
[dolida]: Pedro, no me gusta que estés así conmigo.
Lo siento, pero sabes que no encajamos.
Sí, ya lo sé. Hasta Manolito se ha dado cuenta.
Ayer estabas muy guapa.
¿Me viste, renacuajo? ¿Cuándo?
Porque se escapó y lo pillé cotilleando el desfile.
Pero, vamos, sí. Todo el mundo decía que estabas...
Espectacular.
Rita me ha contado lo de Manolito.
- Te vamos a echar de menos. - Y yo.
Sí, pero nos vamos a ir al Retiro, ¿eh?
Pasaremos el mejor día de todos. Vamos a comprar pipas.
- Y se las echamos a los patos. - ¿Ah, sí?
- Vámonos. - Buenos días.
Pedro. Manolito.
Bueno, aquí no pintamos nada. Vámonos.
Al menos demuestra carácter e insistencia.
No me sorprende que intente reconquistarte.
Aunque para ello haya debido gastarse medio jornal en estas flores.
[sorprendida]: ¿No son tuyas?
¿Mías? ¿No son de Pedro?
No.
¿Y puede saberse quién es ese admirador con tan buen gusto?
Y a ti qué te importa.
[suena música suave]
Eh.
Alberto, tranquilo.
No son ni las 11 de la mañana. Aún es pronto para ponerse nervioso.
Esperemos a que termine la jornada antes de hacer alguna valoración, ¿de acuerdo?
Está bien.
Y ahora cuéntame lo que no me estás contando. Porque algo te pasa.
[tranquilizándolo]: Estoy bien, de verdad.
Llevas con esa cara desde que llegamos.
No son nervios, no me engañas.
Ayer,
Cristina y yo...
¿Qué?
[sorprendido]: ¿En serio?
¡Vaya! No se te escapa ninguna.
Sabía yo que Cristina no era ninguna mojigata.
Mateo, por favor.
En serio, me alegro mucho. Es una muy buena noticia,
la mejor que me das últimamente.
A no ser que la cosa no fuera tan bien como cabría de esperar.
No es eso, Mateo. Esta mañana me he encontrado esto en la habitación.
Es de Ana.
Ha venido para darme una sorpresa
y nos ha visto.
- Elvira dice que la dejó pasar. - ¿Y qué?
¿Y qué pasa si os ha descubierto?
¿Cómo que "y qué"?
Sí, ¿y qué? Alberto, eres un hombre libre, libre.
Habías roto con ella y le habías dejado claro que no querías seguir.
- ¿Te has echado atrás? - No.
Me voy a casar con Cristina.
Pero me siento culpable.
[desanimado]: ¿Qué vas a hacer?
[decidido]: Tengo que hablar con Ana.
¿Y qué vas a decirle?
- No lo sé. - Alberto, déjalo así. Hazme caso.
[ordena]: Hazlo. Y deja que ella también lo haga.
[Rita cuchichea]: Mira, si parece un alma en pena.
Yo te digo que esto no es normal.
Porque se la ve bien, pero por dentro está fatal, que yo la conozco.
No la puedes obligar a hablar, si no quiere no, déjala.
Pero, ¿qué haces recogiendo?
Aunque no haya pedidos, tenemos cosas que hacer.
Bueno mujer, pero trabajar por trabajar, pues tampoco.
Si hasta doña Blanca está relajada. ¿Y si nos sentamos
charlamos un poco y nos cuentas cómo estás?
Te he dicho que estoy bien.
Sí, pero no te creo. No me preguntes por qué.
[tajante]: Pues hazlo.
[suspira]
Qué cabezota es...
[expira nervioso]
No lo puedo entender.
Hace dos horas que hemos abierto y todavía no tenemos ningún pedido.
[Blanca]: Si los hubiera, ya nos habrían avisado.
No.
No, no, doña Blanca. Le digo que está pasando algo.
Esas mujeres se morían por mis vestidos.
Usted no vio sus caras el día del desfile.
Si estuviesen comprando no tendría a todas mis modistas de brazos cruzados.
Igual es que tienen tanta tarea que no dan abasto.
Iré a ver qué tal.
¿No cree que si fuese así su presencia arriba solo estaría entorpeciendo?
[claudica]: Sí, sí, sí. Tiene razón.
Si no pinto nada allí...
No pinto nada.
Eso es. Me gusta mucho su actitud, doña Blanca.
Me gusta mucho. No quiero derrotistas a mi lado, solo soñadores.
[con decisión]: Voy a subir.
[suspira]
[suena música de jazz suave]
Carmen, ¿de verdad que todavía no ha entrado nadie?
Aún no, señor de la Riva.
Pero bueno...
¿Qué haces aquí? Yo te hacía descansando de la fiesta de anoche.
Sí, pero esta colección es diferente. Quería vivirla desde el principio.
¿Sabes? Las señoras comprando, las idas y venidas al taller con los encargos.
Pero no está siendo exactamente como me lo imaginaba.
[decepcionada]: Ya...
¿Estás bien?
Sí, me dura la borrachera todavía y estaré sensible... Yo qué sé.
Por cierto,
que dicen las malas lenguas que Alberto y tú desaparecisteis muy pronto de la fiesta.
¿Qué tal?¿Le gustó la lencería? ¿Qué hicisteis, qué hicisteis?
Digamos que queríamos celebrarlo
en privado.
Uy, la señorita Otegi viviendo en pecado...
[ríe]: Me maravilla. - Schsss...
Me voy a ver a mi prometido.
[suspira profundamente]
[llaman a la puerta]
Quiero ver ahora mismo una sonrisa en esas caras.
No hay mucho que celebrar.
Aún es pronto.
En la mitad no hay críticas. Y en la otra mitad son malas.
[ordena]: Pues entonces, no las leas.
No han entendido la colección...
Será mejor que el solterón amargado deje solos a los amantes de Teruel.
[Cristina ríe]
[suena una canción lenta]
[portazo]
Siento interrumpirlo, don Mateo.
Tranquila. Ya he terminado.
¿No sabe que leerse las cosas de los demás es de mala educación?
Conozco a Sergio. Un cazatalentos, sí. En todos los sentidos.
[irónica]: No sabía que se preocupaba tanto por mi bienestar.
[irónica]: Don Mateo, es un jefe de lo más dedicado.
Lo creas o no, siempre me ha preocupado. Y sigue haciéndolo.
Pues no hace falta que se preocupe tanto. Sé cuidarme yo solita.
"Como usted desee, señorita Kelly".
Don Mateo.
[con voz suave]: ¿Puedo salir media hora antes?
Es que... no quiero llegar tarde a mi cita
y me gustaría arreglarme un poco.
Por supuesto, tómese el tiempo que necesite.
Gracias.
[continúa la canción lenta]
[acaba la canción lenta]
Tenga. Ya hemos terminado ahí arriba.
Supongo que la cosa no ha mejorado en esta última hora, ¿no?
Carmen, ¿va todo bien?
¿Y usted?
Todo lo bien que puede ir dadas las circunstancias.
Nunca antes se había quedado a celebrar un desfile.
Sabes perfectamente que no me gustan las fiestas.
Pero se quedó.
Incluso se animó a bailar.
Bueno, sí, pero fue solo un baile.
Y no porque yo quisiera.
Pero ese chico se empeñó,
[se excusa]: no podía negarme.
Supongo que quiere caerme bien
por la cuenta que le trae, si quiere acercarse a mi hija.
Madre, tengo que decirle algo.
[disgustada]: Me marcho de las galerías.
He mandado mis referencias a Almacenes Victoria y creo que es una buena oportunidad.
[extrañada]: ¿Almacenes Victoria?
En San Sebastián, sí.
[disgustada]: Y sé qué me va a decir.
Pero, tal y como están las cosas aquí, el futuro no pinta muy prometedor.
Y yo tengo que mirar por mi bienestar.
No, si lo comprendo.
¿Estás segura de que te ofrecen mejores condiciones que aquí?
Lo he pensado bien, madre, y, de verdad,
que creo que es lo mejor para mí.
[duda]: Siempre que me escojan, claro.
[rotunda]: Claro.
Si eso es lo que quieres...
[se oye cómo Carmen se aleja]
Doña Blanca.
Señorita Cristina.
Ver tan parado el taller asusta, ¿eh?
No, no... Aún tenemos trabajo.
Quedan encargos por terminar y cerrar los vestidos para su boda.
Si quiere puede hablar con Ana
- de los avances de su vestido. - Sí.
Ahora, si me disculpa.
Gracias.
[con voz contenta]: Ana.
Buenos días.
No quiero parecer desconsiderada,
pero aprovechando que hay poco movimiento, ¿adelantamos con el vestido de novia?
Claro como usted quiera.
¿Te parece que venga mañana?
¿Tú crees que podrás tener una primera prueba lista?
Haré lo que pueda, pero no hay mucho trabajo, así que me imagino que sí.
Pero lo habrá.
Estoy convencida de que la colección acabará vendiéndose.
Hoy es un buen día, Ana, nada puede salir mal.
Es que ha empezado tan bien...
[con voz baja]: ¿Ese conjunto que me vendiste?
Pues al final le he dado buen uso.
¿Crees que he hecho mal?
No.
Creo que cada uno tiene que hacer las cosas como las siente.
Y yo no lo tenía planeado. Y Alberto creo que tampoco,
pero surgió...
y ahora no me puedo quitar la sonrisa de tonta de la cara.
Debería aprovechar este momento.
Parece que las cosas siempre van a ir bien,
pero nunca se sabe.
Pues yo estoy segura de que siempre van a ir bien
porque voy a casarme con él.
[suena música dramática suave]
[marcación de teléfono]
Sí. ¿El teléfono de Almacenes Victoria en San Sebastián, por favor?
Muchas gracias.
[Max]: Doña Blanca.
- ¿Qué ocurre? - Preguntan por usted, es importante.
[Ana]: Ponerle algo así en la muñeca...
[Ana]: Pásame el encaje blanco de pedrería.
Mercedes, necesito que se ponga con algo.
¿Es un vestido de la colección?
No, es un vestido de luto para doña Cayetana.
Su marido don Francisco ha fallecido.
[Rita sorprendida]: ¿Cuándo?
Lo han encontrado esta mañana muerto en la cama de una pensión.
[Rita]: ¿Y qué ha pasado?
No se sabe nada más y como comprenderán, tampoco son detalles que nos incumban.
Lo más que pueden hacer es rezar una oración por él.
Yo conozco los gustos de doña Cayetana.
Puedo encargarme yo...
Está bien.
Treinta y siete.
Y cuarenta y uno.
Hemos pensado en utilizar el modelo Poulin de Dijon.
Sabemos que es su favorito.
Sí, mío y de mi marido.
[afectada]: Lo era.
Lo siento, es que todavía no me he hecho a la idea.
[Blanca de fondo]: Sé lo que significa perder a un marido.
[Cayetana de fondo]: Todavía no hemos podido velarlo.
La Policía nos ha dicho que el forense necesita un día
para hacer la autopsia y dictaminar la causa de la muerte.
Yo, sinceramente, lo único que quiero es que lo dejen descansar en paz.
Al final este proceso va a ser mucho más largo y doloroso de lo que ya está siendo.
[Blanca de fondo]: En nombre de mis chicas y en el de las galerías, le doy el pésame.
[Cayetana de fondo]: Gracias, doña Blanca.
- Luisa ¿tiene ya las medidas de lo que necesito? - Sí.
La prueba tiene que estar para mañana, ¿de acuerdo?
[suena música ambiente de las galerías]
Buenos días, señorita.
Susú. Qué alegría verte. Pensaba que te había pasado algo.
Ahora mismo suben tu vestido.
- Patricia... - Sí.
Carmen. El modelo Shimbasa.
Tráelo, por favor.
Patricia, no te molestes.
Venía por él, pero finalmente no voy a comprarlo. Lo siento.
[extrañada]: Pero si te encantaba.
¡Y me encanta! Pero...
A mi madre no.
Me ha dicho que como su padre la vea así, la deshereda.
- ¿Que la deshereda? Lo que uno tiene que oír. - ¿Estás segura?
Eso me ha dicho Susú. Y tiene todo el sentido.
Todas las chicas de nuestra clase dependen económicamente de sus padres.
Menos yo.
Comprarán lo que sus padres aprueben.
Por favor, no cedan ante la ignorancia.
Alberto, tú mismo dijiste que esta colección era una obra de arte.
[levanta la voz]: Ellos no podrían apreciarla ni aunque se la escupiesen a la cara.
Es lo que le hacen a tu colección, ¿no?
[indignado]: ¿Mi colección? ¿Es culpa mía?
Raúl, por favor.
No he querido decir eso. Todos tenemos la culpa.
Queríamos avanzar, ¿verdad?
Pero hemos dado tres pasos de gigante en vez de uno.
Quizás deberíamos pararnos,
reflexionar y dar marcha atrás, Alberto, todavía estamos a tiempo.
Dar marcha atrás sería reconocer una derrota y no hemos perdido.
Mis vestidos se venderán.
Gracias a ellos, este negocio triunfará y alguien tendrá que tragarse sus palabras.
[irónico]: Mucho mejor, porque tragarme tu vanidad sería imposible, me moriría atragantado.
[se sorprende]: ¿Qué he dicho ahora?
[suplicante]: Dime la verdad, Ana.
¿Tú lo ves bien?
Sí tal cual usted lo diseñó.
Vamos a ver.
Los encajes y el bordado están bien rematados. Esto está bien.
[levanta la voz]: Pero la falda...
El dobladillo...
El dobladillo está perfecto. Está perfecto.
Es este escote.
[grita]: Este escote no es lo suficientemente simétrico.
A ver.
[grita]: ¿Lo ve? Tres milímetros diferente al patrón que yo diseñé.
[ordena]: Deme las tijeras.
[Ana]: Señor de la Riva está perfecto. - [grita]: No.
Si lo fuera no estaríamos así.
¿Verdad?
¿Se encuentra bien?
¿Ha hablado con dirección?
[Rita preocupada]: ¿Y qué han dicho?
[Alberto]: ¿Cómo has visto las cosas en el taller?
[Cristina]: Pues la verdad es que es extraño ver a las chicas tan paradas.
Pero he aprovechado para pedirle a Ana que adelante con el vestido de novia.
He pensado que era bueno para las chicas ver movimiento,
que no piensen que algo malo puede pasar.
[duda]: ¿Te parece bien?
[con voz baja]: Sí, claro.
[Gerardo]: Buenos días.
Padre.
Hola, Gerardo.
¿Podemos hablar un momento?
Claro.
Cristina, lo siento, pero ahora toca hablar de negocios.
Lo primero de todo, Gerardo, quiero que sepa que su inversión no corre ningún peligro.
- Creo firmemente en esta colección. - Basta.
Es evidente que la colección es un fracaso.
Gloria tenía razón.
Eso no es cierto, Gerardo.
[enfadado]: ¿Acaso no has engañado a mi hija?
La encontré en tu despacho,
cuando vine a buscar a Cristina.
A la que, por cierto, no he visto regresar hasta esta mañana.
[se excusa]: La celebración se alargó.
Eso mismo dijo ella.
Pero supongo que no habríais celebrado tanto de saber tú el fracaso que se avecinaba
y ella, que estás con otra mujer.
[nervioso]: Se equivoca.
Esa historia forma parte del pasado.
[grita]: ¡Mentira!
"Alberto, perdóname.
No podemos permitir que después de tanto tiempo, esto acabe así".
¿Quieres que siga leyendo?
Hágalo. La carta lo dice bien claro: se ha terminado.
Nos has mentido.
A ella y a mí.
- Tenías que hacer feliz a mi hija. - Y lo he hecho.
- ¿No la ha visto sonreír? - Sí.
Y también veré cómo se borra su sonrisa
cuando sepa lo que has hecho.
[grita]: ¿Qué se pensaba cuando hicimos el trato?
[grita]: Ahora no puedes hablarme así.
[grita]: He renunciado a todo por su hija,
créame.
¿Por qué iba a creerte después de esto?
Quiero mi dinero antes de un mes.
Y ahora, si me disculpas,
tengo que hablar con mi hija
y cancelar una boda.
¿Y si lo hago socio mayoritario de Velvet?
¿Cómo?
Ampliaremos el capital social y usted formaría parte de la empresa.
¿Y permitir que alguien que no sea un Márquez
entre dentro de la empresa?
Muy desesperado debes estar para llegar hasta aquí.
Insinúa que quiero a Cristina por su dinero, ¿no? Le estoy demostrando que no es así.
Si acepta, será el mayor accionista.
[irónico]: ¿Y por qué iba a hacerlo?
Ahora que la colección es un fracaso.
Porque vamos a ganar mucho dinero,
mucho dinero y usted lo sabe.
Los tiempos están cambiando y Velvet está preparado para ello.
Es un gran negocio. Uno en el que usted quiso entrar.
Hace muchos años, pero mi padre no lo dejó.
Yo era muy pequeño, pero tenía oídos.
A los dos nos conviene el silencio, Gerardo.
No queremos hacerle daño a Cristina.
[amenaza]: Piénsatelo bien, Alberto.
Como suegro puedo ser muy complaciente,
pero como socio soy implacable.
[decidido]: Ya lo he hecho.
[Mateo]: ¿Eres consciente de lo que vas a hacer?
No solo vas a casarte con su hija,
ahora estás dispuesto a deberle a ese señor.
- No queda otra alternativa. - Siempre la hay.
- Podemos abaratar la colección, venderla fuera... - Lo sabe todo.
Sabe que veía a otra mujer mientras me comprometía con su hija.
No sabe quién es.
Pero encontró una carta de Ana en mi despacho.
Tenía que convencerlo de que estaba de su lado, Mateo.
¿Crees que merece la pena?
¿Qué remedio me queda?
A Ana ya la he perdido
y le he hecho daño. No quiero hacer lo mismo con Cristina.
He tomado una decisión y la voy a llevar hasta el final.
Confía en mí.
Sé cómo controlar a Gerardo.
[diálogo de bar ininteligible]
[Clara]: Si no tenéis nada que hacer, ¿qué más da que se entere doña Blanca?
Porque no me pagan para hacerte modelitos.
O te estás quieta o no puedo ajustarte el escote.
Pero Rita, no seas tan remilgada.
No lo soy, pero con ese escote, se te ve hasta el ombligo.
Que te he dicho que esta noche tengo que estar espectacular.
Me lo has dicho cientos de veces. Pero, ¿se puede saber con quién tienes la cena?
Con Sergio Casals. Un admirador.
La otra noche, después del desfile, no me dejaba ni a sol ni a sombra.
Y además es productor cinematográfico.
¡No me digas!
Oye, ¿y qué películas ha hecho? ¿Hemos visto alguna en los Capitol?
Bueno películas, películas...
- De momento solo ha hecho anuncios. - [Rita se burla]
Que las famosas también salen en los anuncios,
¿o es que tú no has visto las revistas?
Sí, sí. Si yo no digo nada, vamos, Dios me libre.
Me ha dicho que tengo talento natural.
Bueno si una modelo gana lo suyo, ¡qué ganará una actriz!
¿Crees que me dará alguna oportunidad?
Él espera que la oportunidad se la des tú.
Porque un ramo de rosas y ahora una cena, no sé, la verdad.
¿Mateo, tu "no novio" no dice nada?
Mateo es un estúpido. Así que ni me lo menciones.
¿Qué pasa? ¿No te gusta ahora?
Pues claro que me gusta, Rita.
Ay, Rita, es que no te enteras de nada.
Mateo es uno de esos hombres que no se comprometen.
Y si me ve suspirando por sus huesos, no me va a hacer caso.
[tajante]: Así que mano dura.
Mano dura aunque me cueste.
Es una auténtica cruz lo tuyo ¿eh?
Pero a ver que me entere, el de la cena ¿ese te gusta o no te gusta?
[con desidia]: Pues no.
A ver que...
No sé, parece buena persona, pero es gordito, bajito
y no estoy segura,
pero yo creo que tuerce un ojo al hablar.
Bueno. Así no te ve el socavón que te acabo de dejar aquí.
- Que está perfecto, boba... [ordena]: Venga, quítatelo que te lo termino.
[Rita contenta]: ¡Manolito!
- Espero que te guste. - Qué bonito...
Se lo ha comprado a una mujer en el parque que los vendía.
Para que te acuerdes de mí cuando me vaya.
Venga, vámonos.
- ¿Tía Rita, no vienes con nosotros? [afectada]: Sí...
[Rita]: ¿Y después de las barcas qué hicisteis?
[Manolito]: Fuimos a darle de comer a los patos.
Son unos glotones, comen más que yo.
¿Más que tú? Bueno, eso sí que no me lo creo.
[Manolito]: Que es verdad.
Bueno, Manolito, tú te has comido un bocata.
¿No? Y te has comido un helado.
Se ha comido un barquillo...
Eso es porque se va a poner muy grande, ¿verdad?
Más que tu padre. Tu padre a tu lado, será bajito.
[sorprendido]: ¿De verdad? - Claro.
Si yo te llamo enano,
porque sé lo que me espera.
[llaman a la puerta]
[hombre]: Pedro, te están buscando.
[se le quiebra la voz]: Vámonos, Manolito.
- No te lo quedes. - No.
[llora]: Es que en Alemania no hay pinturas...
Y pórtate bien con tu madre ¿eh?
Mira, para el camino.
Que hasta llegar a Alemania hay un trecho.
Toma.
Oye, te voy a escribir todos los días. ¿Vale?
Pero contéstame, no quiero quedarme esperando como un tonto al cartero, ¿vale?
Aún no se escribir.
Bueno, yo te ayudaré.
Ven aquí, anda, ven aquí.
Venga, vamos, que vais a perder el tren.
Vamos, que te agarras como un bicho.
Venga...
Escribidme cuando lleguéis, ¿vale?
- Descuida - Te quiero, papá.
Y yo a ti, enano.
¿Sabes? Cuando llegues, te voy a comprar todos los tebeos que haya.
Y todos los churros y todos los bollos.
Vale.
Ven aquí.
Te quiero.
[Manolito]: Y yo.
[suspira]
Si buscas el hilo blanco de seda no está ahí.
Está en los cajones de arriba.
Es que llevo más de una hora sentado aquí en la misma posición
y cuando el diablo no tiene nada que hacer...
Sé lo que está pensando
- y no es así. - Sí, sí lo es.
Es un fracaso. Dios mío, no puedo ni decirlo, no puedo.
Es que no tengo ni el valor de ponerlo en palabras.
[afectado]: No puedo enfrentarme a esto, Ana, no puedo.
Mira. Cuando era pequeño, ¿sabes qué hacía?
Dibujar.
Hasta que me sangraban los dedos.
¿Y qué dibujaba?
Mujeres.
Una tras otra.
Con vestidos,
con telas de mil de colores,
cinturas estrechas, tacones de infarto. Delirio tras delirio.
Un día, sin decir nada a nadie,
cogí mis cosas
y me fui a París.
Con una mano delante y otra detrás.
[melancólico]: Y mis bocetos, bajo el brazo.
Y allí todo salió bien y triunfó. Y pudo seguir dibujando como un loco.
Sí, pero yo quería volver a mi país.
Triunfar en casa.
Ser profeta en mi tierra.
Y demostrar a mi familia que había hecho algo bueno con mi vida.
Pero...
Pues igual tienen razón y las mujeres de este país no están hechas para mi moda y ya está.
Pero es que estoy arriesgando tanto con esto, Ana.
No es el único.
Yo también lo he arriesgado todo.
¿Tú?
Y todos los de aquí.
Todos hemos puesto mucho en esto para que salga bien.
Sí, y ahora los despedirán a todos por mi culpa.
[irónico]: Anda, eres buenísima dando ánimos.
- Querida. Sí. - No...
Lo que quiero decir
es que si yo tuviera dinero, me compraría todos y cada uno de los vestidos que usted ha diseñado.
Que nunca habíamos cosido para un diseñador con tanto talento.
Eres un cielo, Ana.
Pero dime la verdad,
¿tú crees que esto tiene arreglo?
De algo tiene que haber servido todo el esfuerzo.
Y yo no me voy a rendir y sé que usted tampoco.
Y menos ahora, que es cuando más lo necesitamos.
Señoritas, sé que el día de hoy
no ha sido como esperaban. [interrumpe el teléfono]
Bueno, no ha sido el día que esperábamos ninguno.
Son días inciertos, no perdamos la calma. [teléfono suena]
- Quería decirles... - ¿Sí?
Que el trabajo que hecho aquí, con ustedes, ha sido el mejor de toda mi carrera.
- Y lo defenderé siempre... [contenta]: Es de arriba.
Tenemos clientas.
[alegría general]
[Raúl ordena]: ¡Venga, venga, no pierdan el tiempo!
Hay que ajustar el talle.
Pero ya verá, quedará perfecto.
- He llamado al taller. Ahora viene una modista. - O mejor...
un diseñador.
Y qué mejor que el mismísimo creador de la creación
para garantizarle sencillamente
la perfección.
Señoras, Raúl de la Riva.
...así que creo que ustedes no tendrán ningún problema en defenderlos.
Patricia, ayuda a esas señoras.
Usted, sígame.
Se puede fiar de Rita, es la mejor de las modistas.
Consuelo, no te pongas celosa, ¿eh?
[Raúl]: No habrá
ningún problema. En una semana tendrán los vestidos
y podrán pasarse para una última prueba.
Raúl eres encantador.
Ha sido un placer.
No. El placer ha sido mío y de las galerías porque nos encanta tener clientas
con tan buen gusto como ustedes. [todas ríen]
Vuelvan pronto.
Lo hemos conseguido.
[grita sorprendida]: Raúl.
Raúl, por favor, Raúl...
Disfruta, Patricia, disfruta, que esto no ha hecho más que empezar.
Bueno. Parece que nuestra suerte está cambiando.
Quizás para el ego del señor de la Riva.
Pero mire,
mire a su alrededor
y recuerde otras colecciones.
[timbre del ascensor]
- Quieto compañero. Primero, dame un abrazo. - ¿Qué dices?
Me lo darás sí o sí. Estoy ganando tiempo.
¿Por qué me has hecho bajar al taller?
Porque... schs... ¡no mires!
Como siempre,
tu fiel escudero es portador de grandes noticias. Y quería que lo vieses con tus propios ojos.
No mires, no mires, no mires, no mires... Cuando yo diga.
Voilà.
¿Y esto?
Cuatro vestidos de la última colección de Galerías Velvet
encargados y en pleno proceso de elaboración.
[emocionado]: ¿No te dije que lo haría?
- ¿Cuándo? - A última hora de hoy.
[Mateo]: Son cuatro vestidos, no es mucho, pero poco a poco.
Este es el listado de las clientas.
Gracias.
Esto es el comienzo solo, Alberto.
Ahora una señora se lo ve a otra por la calle
[emocionado]: y se activa la cadena.
[con voz normal]: Sí, la cadena.
Te veo en el despacho.
[suena una canción romántica]
[silbido de admiración]
[continúa la canción romántica]
[continúa la canción romántica]
[se cierra la puerta del coche y arranca]
[continúa la canción romántica]
[Blanca ordena]: Señoritas, ya es la hora. Pueden retirarse.
¿Carmen?
[Blanca llama a la puerta]: ¿Carmen?
Pero ¿qué te pasa, hija?
[disgustada]: Me han llamado de Almacenes Victoria.
Dicen que ha habido un error.
[llora]: Le han dado el trabajo a otra.
[consolándola]: Lo siento.
Lo siento mucho.
Pero habrá otras posibilidades, ya lo verás.
Si no es allí será en otro sitio.
Y mientras estarás aquí, conmigo.
Por muy mal que vayan las cosas yo me aseguraré de que a ti no te pase nada.
[enfadada]: Usted no lo entiende, madre.
Yo quería irme de aquí y contaba con ello.
- Pero, si no es con trabajo, será sin él. - ¿Pero qué tontería es esa?
No quiero estar aquí. No puedo.
[sorprendida]: Pero ¿por qué? Yo estoy aquí.
Primero, se fue tu padre
¿y ahora eres tú la que quiere abandonarme?
[llora]: Dime por qué todos acabáis abandonándome.
Max está enamorado de otra mujer.
Él no se lo ha confesado todavía, pero sé que tarde o temprano lo hará.
Y algo me dice que acabarán juntos.
Pero a ti quién te dice que esa chica sienta lo mismo.
Si lo quieres, tienes que luchar por él.
[llora]: Esas cosas se notan, madre.
Los he visto juntos.
No tienen nada que ver el uno con el otro.
Pero uno no escoge de quién se enamora, ¿verdad?
No puedo estar aquí cuando eso pase. No quiero.
[Carmen solloza]: No puedo.
¿Y qué pasa conmigo?
¿Tengo que perderte por su culpa?
No, eso no va a pasar, madre. Se lo juro.
Sabe que yo siempre he querido un cambio de vida.
Vivir lejos de su cobijo y de su protección,
[llora]: necesito saber quién soy yo.
Yo sola.
A lo mejor este es el momento perfecto.
[suena música dramática suave]
[música dramática suave se apaga]
Deja eso que tenemos que brindar.
- ¿Qué hacéis aquí? - Pues celebrar
que iba a ser el peor día de nuestras vidas y al final va a ser el mejor.
[contenta]: Que sabemos que se han vendido cuatro vestidos.
Enhorabuena.
No le he dicho nada, pero las buenas noticias corren más rápido que las malas.
¿Ves cómo te dije que la cosa se iba a animar?
- ¿Me dejas un segundo con ella, por favor? - Uh.
Un segundo no.
Todo el tiempo del mundo. Mira.
El champán, la noche,
la luna...
[ríe]
¿Qué pasa?
He visto la lista de ventas
y todas son amigas tuyas
íntimas.
Debe ser una coincidencia.
Mientes muy mal.
Como actriz no te ganarías el pan.
¿Me lo vas a contar
o te lo tengo que sacar a las malas?
[claudica]: Bueno, está bien.
Mea culpa, mea culpa.
No te enfades, solo quería animarte, Alberto.
Es que esta mañana tenías una cara... Y yo no quiero verte nunca así.
Muchas gracias.
Pero este negocio no depende de que chantajees a tus amigas.
Entre otras cosas, porque en una semana, te has quedado sin amigas.
[ríe]: Tienes razón.
Pero bueno, ahora que mi padre forma parte de la empresa, las cosas van a ir mejor, ¿no?
Y podremos centrarnos en la boda
y en lo más importante de todo:
tú y yo.
¿Sabes que no he podido dejar de pensar en todo el día en lo que pasó anoche?
[suena una canción romántica]
[continúa la canción romántica]
[continúa la canción romántica]
[continúa la canción romántica]
[acaba la canción romántica de repente]
[carraspea]
¿Qué pasa?
Que creo que no es el momento.
Después de todo lo que ha pasado con la colección no...
Además tengo muchas cosas que hacer.
Claro.
Claro, claro.
Se me ha ido el hambre.
Si es que ya no tengo ni apetito, de verdad.
Y para que se me vaya el apetito... Esto no se me pasará nunca.
Con esa cara de acelga, complicado. Esfuérzate.
Pero si es la cara que tengo, Rita.
Pedro. Ya está. De verdad. Se acabó. Has acabado el turno y yo también. Nos vamos.
¿Adónde voy a ir yo así, Rita?
Pues a divertirnos, hombre. A disfrutar de la vida.
Hace cinco días no sabías que tenías un hijo.
Y ahora tienes uno precioso.
Manolito...
No paro de pensar en la primera vez que lo vi.
Con esa carita... Esos ojos como los míos,
con cara de no haber roto un plato.
Vale, que estamos de celebración. Si lo sé. Pero si soy un triste.
Si soy un perdedor, Rita. Normal que tu hermana se desencantara de mí.
Después de la noche del desfile, qué te voy a contar.
Dudo que quiera volver conmigo,
aunque tampoco lo quiero, no lo quiero para nada.
Viene el genio de la lámpara y me dice: "Pide un deseo",
le pido: "Manolito, aquí, ya, conmigo".
Bueno, si te entiendo, Pedro. Que yo pediría lo mismo. ¿Qué te crees?
¿Tú te acuerdas qué cara tenía con los churros, eh?
[alegre]: Con los churretes, ¿qué cara tenía? Se le pone una cara que...
Es que dudo que pueda volver a dormir sin que alguien me ponga los pies en la cara.
Muchas veces me pongo a pensar y digo:
"¿Cómo alguien te puede cambiar la vida en tan poco tiempo?"
Y me respondo yo a mí mismo: "Porque eres padre
y todo cambia".
Ya no puedes ser egoísta.
¿Qué te pasa, Rita?
[llora]: Nada,
que es muy injusto lo que te ha pasado, Pedro.
[solloza]: Has estado siete años sin saber que existía
y ahora cuando lo encuentras, te lo quitan.
La vida no es justa, Pedro,
[llora desconsolada]: no lo es.
[llora]: Empezará en la escuela y no va a entender ni jota.
Mira, mañana lo llamo por teléfono y hablamos.
[desconsolada]: Que no, que por teléfono es un fastidio.
Que ya lo sé, Rita. Si es mi hijo...
Oye, ¿por qué no nos vamos a Alemania?
¿Tú y yo? Al sitio ese. A "Struttjart".
"Sgurttan", te he dicho que se llama "Sgurttan".
Vámonos en Semana Santa.
Yo tengo el dinero ahorrado de la casa que me iba a ir con Clara, Rita.
Imagínate la ilusión que iba a tener Manolito al ver nuestras caras.
Además, tú sabes francés. Eso lo tenemos ganado.
Pero si en Alemania no hablan francés...
¿No? Bueno, pero está al lado de Francia. A lo mejor algo se pega.
Venga, no llores, que me vas a partir el alma, Rita.
[entre sollozos]: Es que cuando cojo carrerilla ya no puedo parar.
Si es que cómo eres.
Yo aquí, riéndome y consolándote, y si no llega a ser por ti, yo hubiese estado...
yo hubiese estado destrozado.
[ríe]
Ven aquí...
Si es que eres lo mejor que tengo, Rita.
Gracias, ¿eh?
[primer acorde de la marcha]
[continúa sonando la marcha]
No, eso no es cierto.
Claro que sí.
Primero en la televisión, con algunos de los anuncios más importantes
que te den algo de caché.
Y después, con un poco de suerte
mis contactos y un buen guion,
tus padres te verán en el cine de verano de su pueblo.
Ay, Sergio, muchas gracias por todo. Ha sido una noche impresionante.
Te llamaré.
[continúa sonando la marcha, pero más apagada]
[arranca el coche]
[borracho]: La Cenicienta vuelve antes de la medianoche
y veo que no le falta ninguno de los zapatitos de tacón.
Mateo, ¿qué haces aquí a estas horas?
Solo quería saber qué tal te había ido con el cazatalentos ese.
Inmejorable. Ha prometido hacerme una prueba para...
Sí, ya, ya, ya... seguro.
No logro imaginar a cuántas chicas habrá prometido lo mismo que a ti.
Te ha dicho Grace Kelly, ¿verdad?
Imagino que irá cambiando de actriz según convenga, yo lo haría.
¿A ti qué te pasa?
¿No crees que tenga talento?
Creo que intenta llevarte a la cama, Clara.
Se acostará contigo, sin compromisos,
sin promesas.
Los cuentos de hadas no existen.
Por mucho que lo beses, no se convertirá en príncipe.
¿Hablas de él o de ti?
Eso has hecho tú conmigo.
Conmigo y con todas las tontas que pensamos que hay algo detrás de ese bigotito.
- No vuelvas a verlo. - ¡Porque tú lo digas! Apestas.
Haré lo que yo quiera.
Lo digo en serio.
No vuelvas a verlo,
por favor.
¿Por qué?
Solo tienes que decirme por qué no quieres que vuelva a verlo.
Y no me repitas ninguna de esas absurdas excusitas.
Dime la verdad y no lo veré.
[suena música dramática suave]
Ya.
Es lo que pensaba.
Buenas noches, don Mateo.
[música dramática suave acaba de repente]
[se oye una máquina de coser]
[Luisa bosteza]: Yo ya he terminado.
- ¿Quieres que te ayude? - No.
Qué va. Vete a descansar.
Bueno, cuatro vestidos. No está mal, algo es algo...
Sí.
Si no los hubiesen encargado las amigas de la señorita Cristina,
no estaría mal.
¿Quieres que te ayude? Te voy a ayudar...
Mira, hay que meter dos centímetros de cintura.
- Aquí y aquí, ¿vale? - Voy.
Igual este es el último vestido que confeccionamos para estas galerías, Luisa.
Pues te ha quedado precioso.
Si yo fuera tú estaría pensando en montarme una tienda.
Pues no creas que no lo he pensado veces.
Intentar hacer vestidos para vender fuera, pero...
Al final no sé qué tienen estas galerías que siempre termino quedándome en ellas.
¿No te arrepientes de las decisiones que has tomado?
Ayer le dije a Alberto que sí.
Pero no.
No podría vivir con la culpa de no haber hecho nada por salvar estas galerías.
Así que si volviera atrás,
me imagino que haría lo mismo.
Es verdad eso de que cometemos siempre los mismos errores.
[Blanca]: Es una boutique en el centro de Barcelona, con mucho encanto.
Conozco a la dueña y ya está avisada de que vas para allá.
Te ayudará a encontrar piso,
y...
Esto es para que puedas ir tirando los primeros días.
Gracias.
Sé que no he sido la mejor madre del mundo,
pero nunca es fácil dejar volar a los hijos.
Tú ya no eres una niña.
Tiene que prometerme una cosa.
Que esto no la hunda.
[emocionada]: Estos días la he visto mucho más feliz que en toda su vida.
Y aquí hay gente que la aprecia aunque usted no lo crea.
Y es joven.
Todavía puede disfrutar mucho de la vida.
[sonríe]
Cuídate, hija.
Te llamaré.
Todos los días.
[motor arranca]
No se preocupe.
Puede que en Barcelona sean más exigentes, pero le irá bien.
Lo sé.
Aprendió del mejor.
[llaman a la puerta]
Un momento.
[se enjuaga las lágrimas]
[suspira]
¿Cómo está?
Carmen se ha ido
[solloza]: y le he dado referencias.
Ha hecho lo que cualquier madre haría por su hija.
Y ahora estoy sola.
Veinte años después vuelvo a estar sola en estas galerías.
Eso no es cierto.
[llora]
[llora desconsolada]
[llora desconsolada]
Doña Blanca subirá en un momento. Están avisándola.
[Cayetana]: No te apures. Eres tú quien ha confeccionado el vestido, ¿no?
Así que estoy segura de que puedes encargarte perfectamente.
Y sinceramente, hasta lo prefiero.
Quiero acabar con esto cuanto antes.
Además, tampoco tenemos mucho tiempo.
El entierro está previsto para mañana.
Pero dijo que iban a esperar a la Policía. Eso escuché ayer.
Por suerte, la Policía,
ya ha hecho su trabajo.
- Pase. - Gracias.
Nunca me ha gustado.
El negro, quiero decir.
Doña Cayetana, quería que supiera que siento lo ocurrido.
No. No lo siente.
¿Perdón?
Aquí dentro no hay nadie, Luisa.
Solo estamos tú y yo.
Y no tenemos que seguir fingiendo.
Somos las únicas que conocemos la verdad.
Perdone, pero no sé de qué me habla.
Mi marido era un ser despreciable y tiene lo que se merece.
Pero usted dijo que tenía que soportarlo
y que no me ayudaría.
¿Crees que conociste su peor cara?
Prueba a convivir con él durante más de 30 años.
Mientras él tenía sus "caprichos", yo no tenía que soportarlo en casa.
Con sus golpes, con sus gritos
Pero, por suerte,
Francisco tenía peor salud de la que todos esperábamos.
¿No es cierto?
[irónica]: ¿Quién lo iba a decir?
Bueno, así son las cosas.
Todo se ha terminado.
Eres joven, Luisa
y te queda mucha vida por delante.
Al final, esto no va a ser más que un vago recuerdo.
Así que ahórrate las lamentaciones
y ayúdame con esto.
Cuanto antes me ponga el luto,
antes me lo quito.
¿Qué tal ha ido?
Bien, le quedaba perfecto.
Ay.
He encontrado esto en la habitación. Creo que es tuyo.
[explota de alegría]
No sabía que le tuvieras tanto cariño.
Eran de mi Juan.
[seria]: Ana, tengo que hablar con usted.
A partir de ahora, ya no tendrá que hacerse cargo del vestido de novia de la señorita Cristina.
- Pero si llevo toda la noche cosiendo... - Lo sé.
Pero ya le he pasado el trabajo a otra modista.
Ella se hará cargo a partir de ahora.
[molesta]: ¿Esto es cosa suya?
Porque no lo entiendo. La señorita Cristina
- estaba contenta conmigo... - Son órdenes de arriba.
Y, entre usted y yo, bienvenidas sean. Porque sinceramente,
no creo que le estuvieran haciendo ningún bien.
[sorprendida]: Ana, ¿adónde va?
- Clara. ¿Está Alberto? - Sí.
Ahora mismo le digo que estás, Ana...
[grita]: ¿A qué viene todo esto? - ¿Estás loca?
Lo siento, don Alberto, no he podido pararla.
No se preocupe, Clara.
Déjenos solos, por favor.
¿Por qué no estoy haciendo el vestido de novia de Cristina?
No tienes por qué hacerlo.
Es mi trabajo.
Lo siento, Ana.
Lo siento mucho.
Siento que hayas tenido que enterarte así.
- Pero necesito que entiendas que no... - No hay nada que entender.
Ni nada que explicar.
No esperaba este final.
[con voz entrecortada]: Yo tampoco.
Pero no te preocupes que estaré bien.
[suena una canción lenta]
[portazo]
Qué maravilla.
[suspira]
Es precioso.
[continúa la canción lenta]
Ana.
[emocionada]: ¡Muchísimas gracias!
Muchísimas gracias por todo el esfuerzo. Es...
Precioso. Es...
Es justo lo que había imaginado.
¿Estás bien?
Un poco indispuesta, nada más.
[continúa la canción lenta]
Y le aseguro que no le va a hacer ninguna gracia...
¿Qué?
[continúa la canción lenta]
¿Qué te pasa?
[llora]: Lo he perdido, tío.
He hecho todo lo posible, pero la prefiere a ella.
Deshágase de esto por mí, por favor.
Esto no es solo de Alberto.
Es tuyo.
Es parte de tu vida.
¿Por qué no lo vas a conservar?
[desconsolada]: Tírelo, por favor.
[llora]
Está bien.
Está bien. Lo haré.
Tranquila.
Todo va a ir bien.
[continúa la canción lenta]
[continúa la canción lenta]
[continúa la canción lenta]
[la canción lenta se apaga]
[grita]: ¡Don Emilio!
[grita]: ¡Llamen a un médico!
[Pedro]: Don Emilio...
[Pedro]: Llamen a un médico. - Don Emilio.
[Rita]: ¡Ana!
[Ana]: ¿Qué pasa? - Tu tío.
¿Que mi tío qué?
[Ana]: ¿Qué pasa?
Don Emilio...
[Blanca]: ¿Carmen?
Hija, empezaba a preocuparme, ¿cómo estás?
¿Cómo va todo? Lo de mi hija es ley de vida.
Lo sé. No tiene que pasar por esto sola.
[Alberto]: Gerardo, toma asiento.
Gerardo, ¿qué haces aquí?
[Patricia]: ¿Qué significa esto?
He pedido una ampliación del capital del 50 por ciento.
No podemos dejar que un desconocido forme parte del negocio.
[cura]: Debo conocer si existe algún indicio
que me pueda hacer pensar que haya un impedimento.
¿Disculpe?
Y si existe alguna razón además de vuestro amor
y de querer crear una familia, que os haya empujado al matrimonio.
Pregunta por don Raúl. Es el secretario real del principado de Mónaco.
[Raúl]: La princesa quiere pasar una tarde distendida,
ajena a la presión de los fotógrafos, disfrutando de una de sus aficiones: la moda.
[hombre]: Señores. Princess Grace of Monaco .
[Grace]: Se ve que han puesto todo su esfuerzo para agradarme.
[Alberto]: Sería para nosotros todo un honor que usted quisiera aceptar
uno de nuestros modelos para la cena benéfica de hoy.
[periodistas]: ¡Princesa, por favor! ¡Princesa, una foto!
[periodista]: ¿Le gusta la nueva colección?
[Cristina]: Te propongo un juego.
Cada uno nos tenemos que hacer una pregunta, pero hay que ser cien por cien
sinceros. De eso se trata.
Dispara.
¿Por qué tu padre te envió a estudiar a Londres?
[Ana]: ¿Cuánto hacía que no veníamos aquí?
No lo sé. Mucho, supongo.
[Alberto]: Fui muy feliz contigo, Ana.
[Ana]: Yo también.
[Alberto]: Quererte ha sido lo más importante que he tenido en mi vida.
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