Afrikaans
Akan
Albanian
Amharic
Arabic
Armenian
Azerbaijani
Basque
Belarusian
Bemba
Bengali
Bihari
Bosnian
Breton
Bulgarian
Cambodian
Catalan
Cebuano
Cherokee
Chichewa
Chinese (Simplified)
Chinese (Traditional)
Corsican
Croatian
Czech
Danish
Dutch
Esperanto
Estonian
Ewe
Faroese
Filipino
Finnish
French
Frisian
Ga
Galician
Georgian
German
Guarani
Gujarati
Haitian Creole
Hausa
Hawaiian
Hebrew
Hindi
Hmong
Hungarian
Icelandic
Igbo
Indonesian
Interlingua
Irish
Italian
Japanese
Javanese
Kannada
Kazakh
Kinyarwanda
Kirundi
Kongo
Korean
Krio (Sierra Leone)
Kurdish
Kurdish (Soranî)
Kyrgyz
Laothian
Latin
Latvian
Lingala
Lithuanian
Lozi
Luganda
Luo
Luxembourgish
Macedonian
Malagasy
Malay
Malayalam
Maltese
Maori
Marathi
Mauritian Creole
Moldavian
Mongolian
Myanmar (Burmese)
Montenegrin
Nepali
Nigerian Pidgin
Northern Sotho
Norwegian
Norwegian (Nynorsk)
Occitan
Oriya
Oromo
Pashto
Persian
Polish
Portuguese (Brazil)
Portuguese (Portugal)
Punjabi
Quechua
Romanian
Romansh
Runyakitara
Russian
Samoan
Scots Gaelic
Serbian
Serbo-Croatian
Sesotho
Setswana
Seychellois Creole
Shona
Sindhi
Sinhalese
Slovak
Slovenian
Somali
Spanish
Spanish (Latin American)
Sundanese
Swahili
Swedish
Tajik
Tamil
Tatar
Telugu
Thai
Tigrinya
Tonga
Tshiluba
Tumbuka
Turkish
Turkmen
Twi
Uighur
Ukrainian
Urdu
Uzbek
Vietnamese
Welsh
Wolof
Xhosa
Yiddish
Yoruba
Zulu
Don Rafael Márquez, dueño de las Galerías Velvet,
ha sido hallado muerto esta misma noche.
Tu padre se cayó desde la ventana del despacho.
Eso es imposible. Hay una barandilla y nadie se cae
- a no ser que le tiren. - Tu padre se ha suicidado.
Sí. Y el médico dice que se ha puesto peor.
- ¿Y estas telas? - Del taller.
¿Pero tú estás loca? Doña Blanca sabe los metros que tiene.
Son de la temporada pasada, no tiene por qué enterarse no las vamos a usar.
¿Luisa?
¿Y Luisa? No le habrá pasado algo a su marido.
Está en la calle. El lugar que corresponde a las ladronas.
Perdona que te haya metido en este embrollo, no sabía qué hacer.
Te prometo que me voy antes de que se levante nadie.
Si alguien se atreve a pisar una flor tan bonita como esta mujer,
se las tendría que ver conmigo.
- No puedes seguir siempre a una persona, Pedro. - Yo pienso que...
...si la quieres tienes que hacer algo.
Doña Blanca, ha llegado un telegrama para usted.
- ¿Está bien, Blanca? - No sé cómo me ha encontrado.
¿Qué haces con eso? ¿Estabas hurgando mis cosas?
¿A qué viene todo esto?
Respecto el negocio familiar, Galerías Velvet,
el sesenta por ciento
de las acciones de Galerías Velvet pasa a disposición de
don Alberto Márquez, mi hijo.
Quedando el cuarenta por ciento restante
a repartir entre mi mujer y mi hija.
- El resto... - No me lo puedo creer.
¿Tú crees que le vamos a dejar que haga lo que le dé la gana?
Ni a Alberto, ni muchísimo menos a ella.
Estos días han sido muy difíciles, Ana.
Y no quiero oír más de nadie.
Estoy cansado de tener que esconderme.
¿Qué haces, Alberto?
¿Quieres casarte conmigo, Ana?
Sí, claro. Claro que sí.
¿Has descansado bien?
Muy bien, gracias. - Me alegro. No sé si la tranquilidad
te durará mucho tiempo.
Sabía que había deudas, pero,
¿en la ruina?
Don Alberto, ¿qué puede decirnos de la situación económica de las galerías?
No tengo nada que decir.
Se rumorea que su padre no sufrió un accidente.
¿Cómo se pueden haber enterado?
Si no nos conceden este préstamo, estamos hundidos, Mateo.
¿Don Alberto Márquez?
Don Andrés, ¿cómo está?
Lo lamento, pero no podemos ayudarle.
Diez millones suponen un compromiso para mí.
Y quiero que tú también te comprometas.
Mi hija y tú tenéis la misma edad, la misma educación.
Ella está muy ilusionada contigo.
Nosotros formamos parte de tu proyecto
y tú del nuestro.
Una familia, ¿entiendes?
Ese desgraciado se piensa que soy gilipollas
para aceptar un pacto así. No sé cómo pagar las deudas.
- Voy a tener que vender. - Perdóname lo que estoy a punto de a hacer.
Tú has hecho todo lo que podías por salvar las Galerías Velvet.
Pero yo aún no.
No puedo casarme contigo.
Dáselo. Dáselo a las galerías.
Ana.
[llama a la puerta]
[llama a la puerta]
Llevo un rato llamando, señora, pero no contesta.
Gracias, Elvira. Puede retirarse.
Ana.
¿Bajarás a desayunar?
[pasos acercándose]
Yo ya voy a empezar. Lo siento pero si la costurera no sabe
de puntualidad no es mi problema.
Ana no está en su habitación.
¿Has mirado en la de Alberto?
Si no sabe de puntualidad, tampoco sabrá de decoro.
No está en ninguna de las dos.
[llorando]
[Rita] Di algo, Ana, por Dios.
¿Pero qué te ha hecho?
- Nada. - ¿Nada y llevas tres horas llorando
como una magdalena?
Luisa, vete ya. De verdad.
Doña Blanca puede venir en cualquier momento.
Por mí no te preocupes. Espero a que entréis al taller y luego me marcho.
Si me prometes que vas a estar bien.
Os lo prometo.
Solo que se acabó.
Yo no soy la mujer que él necesita.
[llora]
[don Emilio] Encárguese de que las cajas de los complementos
- no queden a la vista de los clientes. - ¿Dónde está su sobrina?
- Disculpe, don Alberto. No lo sé. - ¿Está aquí?
Mis últimas noticias eran que mi sobrina
estaba alojada en su casa.
¿Ha pasado algo?
Eso debería preguntárselo a ella.
[máquinas de coser funcionando]
Pensaba que eras más valiente.
Sabes que lo soy.
¿Sí? ¿Por eso desapareces en mitad de la noche
dejando una mísera carta?
[doña Blanca] ¿Se puede saber qué está pasando en mi taller?
Lo lamento, don Alberto. No sabía que era usted.
Lo siento.
Este no es lugar para tratar temas personales.
Vuelvan al trabajo.
- ¿Adónde vas? - A recoger tus cosas.
[Ana] Estate quieto.
Suéltame. Tengo que volver al taller.
No pienso irme a ninguna parte.
[portazo]
- ¿Por qué me haces esto? - Porque es lo mejor.
- ¿Lo mejor para quién? Para todos no. - Para todos.
Para todos menos para nosotros.
A mí también me gustaría que las cosas fueran diferentes.
- Pero no me lo pongas más difícil. - No me voy a casar
con Cristina para que la gente conserve su puesto de trabajo, Ana.
No puedo.
Salgo ahora mismo y le digo a todo el mundo que pare las máquinas y mañana
- cierro la empresa. - No serías el hombre del que me enamoré.
Piénsalo.
Por favor.
El resto de tu vida, viéndome entrar
por la puerta de las galerías de la mano de Cristina.
¿Puedes soportarlo?
Porque yo no puedo.
Tengo que hacerlo.
Entonces a lo mejor es que no me quieres tanto.
Es verdad.
No te quiero tanto.
Pero ella seguro que sí lo hará.
¿Qué has hecho?
Es una locura. La gente puede encontrar otro trabajo.
No es tan fácil y lo sabes.
Bueno, pues saldremos adelante.
Y tú te vas a arrepentir toda tu vida.
[timbre del ascensor]
[grito ahogado]
Perdona, Alberto.
Intenté que tu secretaria te...
...avisase antes de entrar pero...
...no tienes secretaria.
Se marchó.
Y tú deberías de hacer lo mismo, Cristina. No es un buen momento.
[tintineo de cristales]
Déjalo.
Déjalo.
No queremos que nadie se corte. ¿Verdad?
[tintineo de cristales]
¿A qué has venido, Cristina?
No quiero ni imaginarme por lo que estás pasando, Alberto.
Perder a tu padre, tener que hacerte cargo de la empresa.
Y hacerlo solo.
Pero no tienes que hacerlo solo.
Mañana última función en el teatro Principal.
El mejor palco.
Pensé que a lo mejor te apetecía.
Gracias pero...
...seguro que encuentras mejor compañía que yo.
No lo creo.
Alberto.
No tienes que ser siempre
el hombre del traje impecable
y la sonrisa encantadora.
No conmigo.
Eso déjalo para las clientas.
Si cambias de opinión,
llámame.
Dicen que le ha puesto un piso en pleno barrio de Salamanca.
¿Seguro que es ella?
¿La misma que nos hemos encontrado al entrar?
- La misma. - No doy crédito.
Y ya ves cómo van. Ni que fuera la reina de Saba.
Como si fuera la mujer más digna del mundo.
Con un hombre casado. Y le da igual.
Se pasea por aquí como si nada.
Lo siento, doña Cayetana.
Ten un poquito más de cuidado, querida.
¿Eh?
Es que hay gente que no tiene moral.
Era lo que le faltaba a Alberto.
Si ya después de la muerte de su padre
y con las noticias que aparecen en los periódicos han perdido clientela
encima se llena esto de desvergonzadas...
- Ya me dirás tú. - Ya está.
Perfecto.
Solo me queda elegir la tela para forrar los zapatos y ya hemos terminado.
- La rosa, entonces, ¿no? - Sí, sí.
Seda salvaje. Rosa.
Pues lo siento mucho, doña Cayetana,
pero creo que no tenemos esa tela ahora mismo.
Bueno, no importa, la marrón. La marrón también estaba bien.
No.
¿Te queda alguna de las que me ha enseñado?
Sí. Claro.
- ¿Cuál? ¿Solo esa? - Esta.
Es que ha llegado tarde el pedido de telas.
Pero si quiere usted volver la próxima semana.
No, no, no.
Esa está bien.
Voy a cambiarme.
No te preocupes. Estarán todas en el taller esperando que vuelva.
Nadie va a estar pendiente de la puerta.
Tío.
¿Qué hace aquí?
Eso
debería preguntártelo yo, ¿no te parece?
O tal vez me pueda responder alguna
de tus compañeras. Saben de ti
bastante más que yo.
No quería dar explicaciones.
Una respuesta sincera. Es de agradecer.
¿Has vuelto para quedarte?
Esta es tu casa.
Mientras siga abierta.
Gracias.
No hablar de los problemas
no hace que desaparezcan.
Luisa.
Ya.
¿Está bien?
Sí, perdóneme.
No debería correr tan rápido. Y sobre todo sin mirar.
Luisa, ¿verdad?
- Sí. - Me alegro de verla.
Creí que ya no trabajaba aquí.
No. Sí.
Pues salgo del taller. Tengo que hacer un recado.
Y visto lo visto tenía mucha prisa.
Se ha puesto un poco pálida.
- ¿Acompáñeme y se toma un vasito de agua? - Que sepan que esto no va a quedar así.
- ¿Me han oído? - Doña Blanca.
Hágame el favor y convénzala para que...
¿Disculpe, don Francisco?
¿Ha enviado a alguna de sus modistas a hacer algún recado?
El único recado que tienen que hacer
mis modistas es coser,
don Francisco.
Y, ahora, si me disculpa.
- Buenos días. - Por supuesto.
Buenos días.
Le ofrecería
una copa, don Francisco, pero por desgracia se ha acabado el whisky.
No te preocupes.
Es demasiado pronto para mí.
Pues usted dirá.
Es sobre una de las modistas.
Luisa.
¿Hay algún problema con ella?
Mi mujer y yo estábamos muy satisfechos con ella pero,
por desgracia, parece que la han despedido.
Acabo de incorporarme y, si le digo la verdad, no estoy
informado de la situación.
Ya supongo que tendrás mucho trabajo que hacer.
Al parecer la pobre muchacha ha pasado por un mal momento
y cometió un grave error llevándose
unas telas que no eran suyas.
Pero está muy arrepentida
y necesita el trabajo.
¿Y quiere que...?
Quiero que la readmitas.
Don Francisco, lo lamento, si...
Le juro que si pudiese lo haría, pero ahora mismo no estamos
en posición de contratar a nadie.
Y mucho menos a una persona que está acusada de robo, entiéndame.
No supondrá ningún gasto.
Todo lo contrario.
¿Qué es esto?
La cantidad que va a gastar mi mujer
en ropa esta temporada en las galerías Velvet.
Y nos gustaría que atendiese Luisa.
Estoy seguro de que cubrirá con creces su salario.
Lo siento, señora, ya le he dicho que solo cumplo órdenes.
Don Alberto Márquez ya ha sido notificado.
[doña Blanca] Pero esto no puede ser.
- ¿Y cómo quiere que trabajemos? - ¿Qué está pasando aquí?
El pedido de telas no va a llegar.
Y se están llevando las que recibimos la semana pasada.
Lamento haberle molestado pero me ha sido
imposible localizar a don Alberto.
Y como puede ver, es importante.
No se preocupe, ha hecho lo correcto.
¿Don Alberto no ha venido en toda la mañana?
Ha venido, sí. Pero ahora no está por ninguna parte.
Y su coche sigue fuera.
Escúchenme todas.
Hemos de mantener la calma.
Esta situación se solucionará en breve.
¿Y qué hacemos mientras?
Seguro que pueden seguir trabajando en otros pedidos.
¿Otros pedidos en los que no haya que utilizar tela?
Cierto, doña Blanca. Otros pedidos donde no haya que utilizar tela.
Por cierto...
Tengo una modista más para hacer esa labor.
¿Qué hace usted aquí?
Luisa, por favor, ocupe su puesto.
¿Cómo lo has hecho?
No he sido yo. Ha sido el marido de doña Cayetana.
Le conté mi situación y se ofreció a ayudarme.
¿Así, sin más?
Pues sí.
[doña Blanca] Don Mateo, no puede hacer esto.
Por supuesto que puedo, doña Blanca. Por si lo ha olvidado ahora soy
- el subdirector de estas galerías. - Entonces sabrá que esa joven
violó las normas de esta casa.
Por desesperación.
Porque necesitaba dinero para ayudar a su marido.
No estaría de más que, de vez en cuando, fuera usted capaz
de anteponer el sentido común a la norma.
El sentido común me dice que perdonarla
no sería dar un buen ejemplo al resto de modistas.
Entonces deje el sentido común a un lado
y limítese a seguir mis órdenes.
[timbre del ascensor]
Puede que ahora no lo entienda pero, créame,
es lo mejor para la empresa.
[timbre del ascensor]
[puerta se abre]
Te está buscando todo el mundo.
Por eso estoy aquí. Para que no me encuentren.
Lo siento. No tengo hielo.
Tranquilo. Hemos bebido cosas peores. ¿Qué te pasa?
¿Que qué me pasa?
Que mi vida es un infierno, Mateo. Eso es lo que me pasa.
- ¿Por qué? - Estaba a punto de casarme con la mujer
de mi vida y de repente me pide que me case con otra.
¿Ana te ha pedido que te cases con otra?
Con Cristina Otegui.
Para que su padre nos pague las deudas de las galerías.
Créeme, podría ser peor.
Podrías no tener ninguna mujer que quisiera casarse contigo.
Ni unas galerías arruinadas
ni depender de tu mejor amigo que está a punto
de emborracharse en una azotea mientras su negocio se hunde.
Por cierto. Uno de los proveedores de telas
acaba de negarse a entregarnos un pedido.
He ordenado que sigan con los que puedan. Pero esto no puede continuar así.
Ya lo sé.
Sé que esto es muy duro para ti pero a lo mejor
la solución de Ana no es tan mala.
- ¿Has perdido la cabeza o qué? - Al menos arregla uno
- de los problemas. ¿No crees? - Has perdido la cabeza, Mateo.
- Un matrimonio no es un negocio. - ¿Ah, no?
Siempre pensé que era justamente eso.
A ti lo del amor no se te ha pasado por la cabeza, ¿no?
Me enamoro cada cinco minutos.
Mira, si te digo la verdad, solo veo dos opciones:
Salvar las galerías o estar con Ana.
Y parece que a Ana ya la has perdido.
Tú decides.
Me ha sorprendido mucho tu llamada.
Sobre todo después de que ni te dignaras
a responder a mi propuesta.
No le voy a engañar, don Gerardo.
- Cristina es una gran chica pero... - Lo es.
Con muchos pretendientes
de muy buena familia...
...a los que ha ido diciendo uno a uno que no.
Y ambos sabemos por qué.
Ambos sabemos que yo le tengo mucho cariño pero...
Escúchame bien, hijo.
Invertir en tu negocio es poner en riesgo mi dinero.
Y estaba dispuesto a hacerlo...
...a cambio de la felicidad de mi hija.
No creo que te esté pidiendo nada desorbitado.
Además, tú sabes que ella
es una chica maravillosa.
No se trata de eso.
¿De qué se trata entonces?
No creo que tengamos nada más que hablar.
Espere.
Bien...
Sé que últimamente han oído muchas cosas sobre el futuro de las galerías.
Se han publicado noticias, se han oído rumores
y es lógico que todos ustedes estén viviendo estos momentos...
...con inquietud.
Me alegra poder decirles que pueden estar tranquilos.
Todos van a conservar sus puestos
de trabajo y sus salarios.
[grito ahogado]
Vamos a tener que hacer una serie de sacrificios...
...pero a ustedes solo les vamos a pedir que, por favor,
sigan trabajando con la misma ilusión
y dedicación.
Como prueba de ello, mañana le dedicaremos
un pequeño homenaje a mi padre...
...don Rafael, aquí en las galerías.
Por supuesto, están todos invitados. Muchas gracias.
[diálogo ininteligible]
[doña Gloria] Así que al final lo has conseguido.
Sonría, doña Gloria, que parece que no se alegra.
¿Cómo no me voy a alegrar si esta empresa también es mía?
Y mía.
Aunque tenga que enterarme de las noticias
al mismo tiempo que los empleados.
Disfruta de las buenas noticias.
Te aseguro que no han sido fáciles de conseguir.
Y claro, supongo que detrás de todo esto estás tú.
El hijo de un buen amigo me ha pedido ayuda
y no podía negarme.
Los Otegui y los Márquez son amigos desde hace...
Muchos años, no me lo recuerdes que no quiero sentirme vieja.
No deberías.
Estás tan guapa como cuando te conocí.
[ríe]
Al final me voy a alegrar de que seas tú.
A pesar de que fuiste a pedírselo a Pilar Márquez
antes de llamar a mi puerta.
Bueno, yo creo que en una situación como esta lo normal
es recurrir en primer lugar a la familia, ¿no crees?
Pero bueno, también estarás informado de que
Alberto no estuvo de acuerdo con las condiciones.
Y supongo que las tuyas son mejores.
- Yo no he puesto condiciones, querida. - ¿Ah, no?
¿Y eso por qué? Y dime la verdad, Gerardo.
Porque una cosa es la amistad
y otra poner en riesgo toda tu fortuna.
Estoy convencido de que sacará el negocio adelante
y dentro de un año estaremos aquí
brindando por los beneficios.
¿No va a cambiar siquiera el rictus, doña Blanca?
- Mi cara es la que es, don Emilio. - Pues le aseguro que
las dos o tres veces que la he visto reír
en estos años parecía otra.
- ¿Eso es un piropo? - No.
Es la alegría de conservar
mi trabajo de treinta años.
Y a nadie le extrañaría que usted
se alegrase también un poco.
Lo hago, pero a diferencia de usted no creo que mis sentimientos tengan que ser
- públicos. - Aun así, me alegro de saber que los tiene.
¿Qué tal si dejamos de hablar de mis sentimientos
- y nos ocupamos del homenaje? - Por supuesto.
Supongo que Don Alberto querrá exponer
algunos de nuestros vestidos más emblemáticos.
Haré que se los busquen y los suban a tienda.
Gracias, doña Blanca.
Vamos, se acabaron las celebraciones.
Todavía queda media hora de trabajo.
Has hecho lo correcto.
Ya te lo diré dentro de cinco años.
El cheque.
- Es la mitad. El resto me lo da en la boda. - Fantástico.
Llama a los proveedores de telas y diles que van a cobrar todo lo que se les debe.
Que sean los primeros en cobrar pero que nos traigan las telas ya. ¿Vale?
Y consígueme el teléfono del periodista que publicó lo de la ruina.
Quiero invitarle a que cubra el homenaje de mi padre.
Quieres organizar un homenaje, buscar secretarias,
contratar vendedores. Desde luego
esta empresa no parece que esté arruinada.
De eso se trata, Mateo.
El mundo de las apariencias.
Sí.
El mundo de las apariencias va a hacer que esta empresa vuelva a ser lo que era.
[timbre del ascensor]
Disculpe, señorita.
- ¿Qué pasa? - Han puesto anuncios buscando
nuevos dependientes y una secretaria.
¿Por qué no te presentas?
Pero si ayer te parecía mal que me quisiera quedar
en Madrid para tener más oportunidades.
¿Y hoy me animas para que me haga
- secretaria? - No, no. Porque yo quiero lo que tú quieras.
O sea, si tú quieres mejorar, yo
te apoyo y te ayudo mucho, ¿eh?
- ¿Tú no has hecho un curso de secretariado? - Sí, bueno, pero por correo.
Bueno, pues por intentarlo no se pierde nada.
Tú siempre me lo dices, ¿no? El que no lo intenta no lo consigue.
[Cristina] ¿Qué te parece, Rita?
Que me está animando para que me presente al puesto de secretaria.
¿Tú sabes qué le pasa a este y qué ha hecho con mi novio?
- ¿Yo? No. Ni idea. - Claro, si no pasa nada.
- ¿A que no, cuñada? - No.
Bueno, sea lo que sea, bienvenido si te ha hecho abrir esa cabecita.
Me voy a hablar con don Alberto.
Me voy a mi cuarto.
¡Rita! Espera un segundo, por favor, que tengo que hablar contigo
- de una cosa. ¡Rita! - Pues es que ahora mismo no puedo, Pedro.
- Porque me pillas con mucho lío. - Oye. Rita, ¿qué tienes que hacer?
Tengo que subir a lo de doña Blanca. Y luego bajar a cortar
un encargo al bies. Que cortar al bies es complicado porque, claro,
la pobre señora es un poco como...
Y hay que hacer el corte con cuidado porque si no
va a parecer un barco mercante forrado de lana.
Y ahora imagínate tú la que se me puede caer encima. ¡Ana!
- ¿A que tengo que cortar una cosa al bies? Sí. - ¿Qué?
Sí, sí.
- Además. ¿No lo has hecho ya? - No.
Bueno, pues no pasa nada.
- Hazlo y lo hablamos otro día. - Mejor.
¿Qué está pasando, Rita?
Nada, mujer. ¿Qué va a pasar?
- Pues nada. - Rita.
He hecho una cosa horrible.
Bueno, no será para tanto.
Anoche, Pedro y yo nos dimos un beso.
- ¿Qué? - Vamos, que empecé yo y él se dejó. Ya sabes.
- Pero ¿cómo se te ocurre hacer algo así? - Ya, ya, ya, ya lo sé.
Es el novio de mi hermana y soy una persona horrible.
Yo no sé qué me pasó, Ana. Pensé que las galerías iban a cerrar
y que no iba a volver a verlo y que era mi última oportunidad y que...
Y que le quieres.
No tenía que haber pasado.
Nunca. No debí hacerlo.
Pedro adora a mi hermana.
Y se arrepiente muchísimo.
- ¿Has hablado con él? - Pero si no hace falta.
¿Tú no lo ves cómo está con mi hermana?
Que no hace nada más que bailarle el agua.
Y luego conmigo
queriendo fingir que aquí no ha pasado nada, y...
No sé si voy a poder hacerlo. Yo no sé si voy a poder volver a estar como antes.
Y verlos juntos todos los días
y que vengan a contarme sus problemas y hacer
- como si no me importase. - Te entiendo, Rita.
¿Crees que se puede olvidar?
¿Teniéndolo ahí delante un día detrás de otro?
Espero que sí.
- Tómate una tila, anda. Que te va a venir bien. - Sí.
Voy a lavarme la tila y tomarme una cara.
[ríe]
Bueno, tú ya entiendes lo que quiero decir.
[puerta se cierra]
¿Podría hablar con Cristina, por favor?
De Alberto Márquez.
[teléfono suena]
[Mateo] Adelante.
Lamento molestar, don Alberto.
Y yo lamento no ser la persona que estaba buscando.
Lo siento don Mateo. No quería interrumpir.
Estaba buscando a don Alberto.
Ya se ha ido. Pero quizá yo pueda ayudarla.
Bueno, en realidad quería transmitirle
a don Alberto mi interés por el puesto de secretaria.
- He oído que va a quedar vacante. - Ha oído bien.
- ¿Su nombre es? - Clara.
- Clara Montesinos Martín. - Clara.
- ¿No la conozco de algo? - No.
Bueno, sí. Trabajo aquí.
Ah, sí. De dependienta.
Sí, no era muy difícil de adivinar.
Sección de señoras a primera hora.
A media mañana suele atender en perfumería.
Y antes del almuerzo es fácil verla
ayudando a clientas en joyería. ¿Me equivoco?
No, no se equivoca. Es usted muy observador.
Así que quiere cambiar de oficio, Clara.
¿Y tiene alguna experiencia?
No, no tengo mucha experiencia. Pero tengo mucho interés.
Muy bien. Le transmitiré a don Alberto su interés.
A ver si con el interés es suficiente.
- Gracias. - No hay de qué, "Clara sin experiencia".
[se aclara la garganta]
[Pedro] "Oculta en su abrigo,
le cantaba nanas
y no se acostaba sin decir: 'Que pases
- una buena noche, querida'". - Espera, Pedro. Más despacio.
Más despacio. "Oculta en su abrigo..."
"Que pases una buena noche,
- querida". - Pedro.
"El mundo está lleno de mujeres como Beth,
tímidas y tranquilas,
que se entregan a los demás con tanta alegría
que nadie ve su sacrificio".
Ah, es usted.
- Sí, Doña Blanca. - Creía que
alguno de los jóvenes se había equivocado de pasillo.
Pues puede irse a dormir tranquila. Los jóvenes
están en los cuartos que les corresponden.
Y mañana tenemos un día complicado.
Hablando de días complicados, sepa que
es imposible dar con el vestido estrella de nuestra primera colección.
- Yo le ayudaré a buscarlo. - Gracias, Don Emilio.
Me deja mucho más tranquila.
- He dormido fatal, ¿eh? - Pues yo tengo un sueño.
- Buenos días, chicas. - [todas al unísono] Buenos días.
Que ya voy.
[máquinas de coser funcionando]
Les vamos a ir llamando de uno en uno
para entrevistarlos.
Mientras tanto, por favor,
les ruego que esperen en silencio.
¿Eh? Por favor.
Esto es intolerable. ¿Pero cómo quiere que trabajen mis oficialas con este bullicio?
Cierre las puertas, doña Blanca. Para eso están.
Saque a toda esa gente del pasillo de mis talleres inmediatamente.
- ¿Y dónde los meto? ¿En la tienda? - Ahí es donde van a acabar, ¿no?
Este es mi territorio. Y aquí están los vestidos
de colecciones pasadas para el homenaje de don Rafael.
En resumen: Todos ustedes estorban.
Síganme, por favor. Por aquí. Síganme.
Por aquí.
[Alberto] Se preguntará por qué le he llamado.
No voy a decirle que no me ha sorprendido.
Usted publicó la semana pasada que nuestras galerías se encontraban en la ruina.
- Tenía pruebas de ello. - ¿Sí? ¿Y quién le proporcionó esas pruebas?
No suelo revelar mis fuentes.
Me alegro que sea usted una persona íntegra.
Aún no me ha dicho para qué me ha llamado.
Voy a darle una exclusiva.
Cuénteme lo que sea y yo decidiré
si su información merece ser publicada.
Quiero que sea usted el primero en saber
que la salud de las galerías es extraordinaria.
Y que el negocio se encuentra en plena expansión.
Don Alberto, tengo cifras que demuestran
- lo contrario. - Este es un negocio vivo.
Las cosas cambian de un día para otro.
¿Y quién ha conseguido ese cambio?
Venga al homenaje a mi padre y lo sabrá.
[música suave]
Será testigo del nacimiento de las nuevas Galerías Velvet.
Sus lectores le estarán agradecidos.
Solo lo podrán leer en su periódico.
Don Alberto.
- Muchas gracias. - Gracias a usted.
Bien, señoritas,
vamos a empezar con las pruebas.
Milagros Rodríguez.
Amanda Suárez Collado.
[puerta se cierra]
- Gracias. - A usted.
¿Digna Lago?
- Gracias. - A usted.
Bien.
Clara sin experiencia.
Solo me falta usted.
Bien. Vamos allá.
Este mismo.
Para la mujer elegante. Teclee.
"La moderna corsetería...
[tecleando en máquina de escribir]
...nos ofrece...
...cada temporada...
...nuevos y sugestivos
modelos de ajustadores.
Ajustadores con o sin encaje.
Nylon, cutí, raso.
Sencillos o con armadura de espuma".
No se preocupe.
A mí tampoco me gustan los de espuma.
"Cutí" lleva tilde.
- ¿Tilde? - Sí.
Claro. Acento.
"Perfectos para la mujer moderna.
La...
...mujer...
...moderna.
[rodillo gira]
Bien.
Ya es suficiente.
Me hago una idea.
Ya sé que hoy no lo he hecho muy bien, pero puedo mejorar.
Me temo que no tenemos mucho tiempo.
[suena mechero]
Seguramente encontrará a alguien que escriba mejor que yo a máquina.
Pero no va a encontrar a nadie que conozca mejor que yo estas galerías.
O que sepa cuál es la diferencia que hay entre el tul y el crepé,
o el nombre de las hijas de las clientas,
o cual es la persona de contacto en las casas de proveedores.
¿Y cree que debería considerarla por eso?
Pues sí. Por eso y por mil razones más que ya irá conociendo.
Llevo cinco años trabajando en estas galerías.
Y durante este tiempo he sido la mejor vendedora.
Cuando miro a alguien a los ojos sé perfectamente lo que quiere y yo se lo consigo.
¿Ah, sí?
¿Y qué es lo que yo quiero ahora?
Contratarme.
Para un momento, por favor. Que tengo que hablar contigo.
Ya. ¿Ahora tienes tiempo, no, Rita?
Pedro.
¿Qué?
Yo
No paro de darle vueltas a lo que pasó.
Pues ya somos dos.
Yo creo que estarás de acuerdo conmigo en que lo del otro día fue un error.
Mira, yo no sé...
No sé cómo pudo pasar.
Me dejé llevar.
Rita, es que nunca te he visto como a una mujer...
...mujer.
¿Ah, no?
¿Y cómo me ves?
Pues...
...como una amiga.
Cada vez que tengo algún problema con Clara eres la primera en escucharme y en entenderme.
Al fin y al cabo, eres como mi hermana.
Y encima eres la hermana de Clara. Eso no lo quiero perder.
No, yo tampoco quiero perder eso. Si es que además eso de ser hermanos no se elige.
- Bueno. Ya sabes lo que quiero decir. - Sí, sí.
En el fondo me alegro de que pensemos igual porque...
[ríe]
¿Qué?
Por un momento he pensado...
¿Qué has pensado?
¿Qué me gustabas?
- Qué tontería. - Pues sí.
¿Pero cómo me vas a gustar si eres el novio de mi hermana?
¡Pedro!
Pedro, no te lo vas a creer.
¿Qué pasa?
¡Soy la nueva secretaria!
¿Te han dado el puesto?
[ríe]
¿A usted cual le gustaría?
Este.
Es bonito pero discreto.
Con una línea clásica nunca va a pasar de moda.
Y el brillo del diamante es maravilloso.
Me dijo Carmen que don Alberto se llevó uno de los anillos de compromiso más caros que tienen.
E hizo una reserva para dos en un restaurante.
¿Qué pasa?
Cotilleos. Solo eso.
¿Qué cotilleos?
Don Alberto al parecer se va a cenar con la señorita Cristina
al restaurante ese tan bueno de la calle Capitán Velasco.
Es un hombre libre. Puede cenar con quien quiera.
Ana.
La decisión ya está tomada.
Después de esta noche ya no hay vuelta atrás.
[trabajadora] Luisa, hay que subir un pedido, quieren que lo hagas tú.
¿Cuál?
El de doña Cayetana.
Como ve tengo ocho años de experiencia en diferentes sectores.
Y ningún puesto de dependiente en todo este tiempo.
Nadie me ha dado la oportunidad hasta ahora.
Pero le aseguro que tengo facilidad para el trato con la gente.
¿Sí?
Está bien.
Demuéstremelo.
No, no me gusta.
No me parece el vestido adecuado para el homenaje a mi padre.
Pues le he enseñado ya todos los vestidos de la colección,
- señorita Patricia. - Perdone que me entrometa, señorita.
Pero creo que no está apreciando las virtudes del traje que le enseña mi compañera.
¿Y qué es lo que no estoy apreciando exactamente?
Que es un vestido hecho para alguien como usted.
Se necesita una cintura fina y marcada para poder llevarlo.
Y, si quiere, puede acompañarlo con algo que cubra su cuello.
Sencillo pero elegante.
Para que se aprecie lo que importa de verdad:
Usted.
¿Y qué le hace pensar que yo quiero llamar más la atención que mi vestido?
Sería una tontería si no lo hiciera.
¿Quiere buscar unos zapatos a juego antes de llevárselo?
¿Quién le ha dicho que voy a llevármelo?
Todavía no me ha convencido.
Pues yo estoy de acuerdo con el caballero.
Además, quizá también le apetezca probarse
estos estupendos zapatos que acaban de llegar de París.
¿Puede explicarme por qué no va vestido de uniforme?
Claro. Tampoco sabe quién soy.
Lamento no tener respuestas para una mujer tan bonita
- y elegante. - Bueno, bueno.
Ya le hemos escuchado bastante.
Emilio, contrátelo.
Ha demostrado lo que vale.
Y en cuanto a usted, más vale que recuerde mi cara y mi nombre.
Soy Patricia Márquez, y junto con mi familia, somos los dueños de este sitio.
La espero en el probador.
Sígame. Le mostraré la zona de residencia
y le buscaremos una habitación donde instalarse.
Y, de ahora en adelante, si quiere conservar el empleo
le sugiero que deje de coquetear con compañeras y clientas.
Este es un trabajo, un trabajo serio, no la feria de su pueblo. Sígame.
Y si tiene cualquier problema
cuando se lo pruebe ya sabe dónde estoy.
Estoy seguro de que no lo tendrá.
¿Quiere dejarlo en mi coche, por favor?
Gracias, Luisa.
Don Francisco.
Quería agradecerle lo que ha hecho por mí.
No tiene que agradecerme nada.
Claro que tengo. No, no sabe lo importante que ha sido para mi marido y para mí.
Lo sé. No se preocupe por eso. Pero...
...no lo ande contando por ahí.
No quiero que la gente piense que soy una hermanita de la caridad.
No, hombre, no.
Ni queremos que mi esposa crea que lo hago por un motivo equivocado.
No.
Por supuesto que no.
Estupendo.
Entonces, la veré pronto.
Claro, don Francisco.
Y dele recuerdos a su marido de mi parte, por favor.
[don Emilio] Muchísimas gracias.
[portero] Lo siento, señorita, estamos cerrando.
No, no, no vengo a comprar, vengo a buscar a Don Alberto.
Disculpe, debe estar en su despacho. ¿Sabe dónde es?
Sí, gracias.
Cristina, qué casualidad.
He venido a recoger a Alberto, me ha invitado a cenar.
- Qué sorpresa, ¿no? - ¿No se lo ha dicho?
No, no. Bueno, se le debe haber olvidado. Como tiene tantas cosas que hacer.
- ¿Y qué? ¿Vais a hacer algo especial? - Pues vamos a ir al teatro
y después a cenar.
Pues, bueno. Que lo paséis bien.
Sí. Seguro que será una noche perfecta.
[tela rasgándose]
El taller se ha cerrado hace una hora. Vamos a ver si tenemos suerte.
Es posible que se haya quedado alguien trabajando.
Ana.
La señorita Otegui ha tenido un accidente. Necesita ayuda.
Claro.
¿En qué puedo ayudarle, señorita?
Ay, qué alivio.
Pensaba que no tenía arreglo.
Pues ya casi está terminado.
Ana, ¿verdad?
Ana, eres mi salvación.
No sabes cuánto tiempo llevo esperando esta invitación.
Y justo hoy voy y engancho el vestido.
Menos mal que al final lo has podido arreglar.
¿Tú sabes cuando sientes que la vida te da una segunda oportunidad y no la puedes perder?
Pues yo hoy no la voy a perder.
- ¿Se puede? - [Cristina] Pasa.
Me dijeron que estabas aquí. Pero si no habéis terminado mejor vuelvo más tarde.
No se preocupe, don Alberto. Esto ya está.
Tienes unas manos de oro, Ana.
Gracias.
De nada, señorita.
Un percance en el camino. Por suerte estaba aquí Ana para salvarme la vida.
¿Qué tal me queda?
Alberto.
Estás preciosa.
[golpe seco]
Ana.
Estoy bien, Luisa, no te preocupes.
Debe estar pidiéndole que se case con él.
Mira, Ana, antes no te he insistido porque estaban las demás delante,
pero no sería una buena amiga si no te dijera esto:
Hay oportunidades que solamente pasan una vez.
No dejes que se comprometa con ella.
Ve y páralo antes de que sea demasiado tarde.
No puedo hacer eso, Luisa.
¿Pero cómo que no puedes? ¿Le quieres?
Más que a nada en el mundo.
Pues entonces, corre, Ana.
Corre.
[don Emilio] Las puertas se cierran a las once.
Espero que sean puntuales.
No se permite a los hombres
el acceso al pasillo de las mujeres.
Síganme, por favor.
Ana.
¡Ana!
[Cristina] ¿Ya lo tienes todo listo para el homenaje a tu padre?
No, faltan algunos detalles. Ha sido todo muy precipitado,
pero al final creo que todo saldrá bien.
Seguro que sí.
Hemos invitado a los mejores clientes, a amigos de la familia y a la prensa.
Después de todo lo que han publicado no nos vendrá mal dar una buena imagen.
[ríe]
Entonces tendrás que posar conmigo.
Soy muy fotogénica.
No lo dudo.
Mira.
¿Lo ves?
Mi cara de foto.
No te rías,
me ha costado mucho tiempo encontrarla. Pero ahora es infalible.
Me alegro mucho de que me hayas invitado a cenar.
Han sido días muy duros, Cristina.
Lo sé.
Y tú has estado ahí todo el tiempo...
...pendiente de mi familia y de mí
Sobre todo de mí.
Llevo mucho tiempo haciéndolo,
aunque tú no te hayas dado cuenta.
Me imagino que a veces uno necesita un golpe de realidad para verlo claro.
[claxon sonando]
Quizá en estos últimos años no he estado muy atento o...
O no he sido lo que tú esperabas.
Pero eso va a cambiar.
Un momento.
[truenos retumbando]
¡Ana!
¡Ana!
¡Ana!
Alberto, ¿qué ha pasado? ¿Estás bien?
- Sí. - Estás empapado.
Me ha parecido ver a alguien.
Estoy bien. Tranquila.
[llora]
[llama a la ventana]
¡Rita!
¡Rita!
[truenos retumbando]
[cerradura abriéndose]
Gracias, Rita.
Hace diez minutos que deberías de estar dentro.
Rita, vuelva a su cuarto, por favor.
Bébetela.
Solo falta que cojas una pulmonía.
[inspira]
¿No vas a decirme de dónde vienes a estas horas?
Ya no soy una niña, tío.
Puedo salir sola de noche.
Siempre supe que esto acabaría así.
[suspira]
Escúchame bien.
Porque solo una vez voy a poder decirte esto.
Márchate.
¿Adónde?
Adonde sea pero lejos de aquí.
Usted es mi familia.
Esta es mi casa.
¿Crees que no lo sé?
¿Y crees que no me duele tener que decírtelo?
Pero es lo mejor para ti.
- Alberto. - Don Alberto.
Don Alberto.
Él seguirá haciendo su vida y se casará con una de su clase.
Y tú estarás ahí cosiendo el vestido de novia
o el del bautizo de su hijo. Ahí.
Siempre ahí.
Pero detrás...
...recordando.
Tengo un amigo en Barcelona, trabaja en una sastrería.
Seguro que puede encontrar trabajo para una buena cortadora.
Pero ¿de dónde ha salido el vestido? ¡Me he vuelto loca buscándolo!
Lo ha traído don Alberto.
Creo que estaba en una colección privada.
[don Gerardo] Buenos días.
Ayer mi hija volvió muy contenta de la cena.
Fue una cena muy agradable.
Claro que, a decir verdad...
...yo no estoy tan contento con lo que sucedió anoche.
Esperaba que mi hija volviera con un anillo de compromiso en el dedo.
Ya. Bueno, lo cierto es que me pareció todo un poco precipitado.
Quería tomarme las cosas con más calma.
Sin embargo...
...no te tomaste tanto tiempo para disponer de mi dinero.
Son cosas distintas, por favor, don Gerardo.
Me gusta hacer las cosas con calma y hacerlas bien. Creo que Cristina se lo merece.
En eso estamos de acuerdo.
Y no se me ocurre un sitio mejor para que Cristina y tú formalicéis vuestro compromiso...
...que el homenaje a tu padre.
¿Por qué desaprovechar la oportunidad que se nos brinda?
La presencia de la prensa y la alta sociedad.
Hoy es un homenaje a mi padre, don Gerardo.
Yo creo que él debería de ser el protagonista.
Tu padre...
...estaría muy feliz de verte con ella.
Y lo sabes.
[Ana] Me alegro de que esté usted bien, don Guillermo.
Sí.
Mi tío está perfectamente también, gracias.
No le llamaba por eso.
Verá, es que estoy pensando en irme a vivir a Barcelona y me había dicho que
quizá usted estaría interesado en una cortadora para su taller.
Bueno, si mi tío no le va a decir que yo soy la mejor cortadora ¿quién podría decírselo?
Cuanto antes, mejor, la verdad.
"Te espero en la azotea".
¿No te vas a acercar?
No te voy a montar ningún número.
Eras tú, ¿verdad?
¿Quién?
La que entró al restaurante. ¿Eras tú?
¿Qué restaurante?
No te hagas la tonta, Ana. Estaba a punto de sacar un anillo para pedirle que se casara conmigo.
¿Y lo hiciste?
No, no puedo.
Me quiero casar contigo, no me quiero casar con ella.
Es que no lo entiendo, la verdad. No entiendo por qué haces esto.
Porque soy una cobarde.
No eres ninguna cobarde, Ana. Eres mucho más valiente que yo.
Si fuera valiente no habría ido allí.
Pensé que no eras tú.
Tiene que haber una solución, Ana.
- No la hay. - Lo he estado pensando. Necesito un año.
Cojo el dinero de Gerardo, lanzo la nueva colección y salvo las galerías.
No me tengo por qué casar con Cristina.
¿No me quieres esperar?
Te esperé siete años. Te esperaría toda la vida, Alberto.
Pero así no puedo. Tenías tú razón. No puedo verte entrar y salir
con ella de la mano o cómo la llevas a cenar. No puedo, es muy difícil.
Hablé con un amigo de mi tío, que tiene un taller en Barcelona y necesita cortadoras.
¿Te vas?
Sí.
Escúchame.
Coge el dinero, salva las galerías y ven a por mí.
Póngase bien la corbata.
Es que si me la aprieto más me ahogo.
¿Prefiere que lo haga yo? Lo de ahogarle, digo. Póngase bien la corbata.
Por favor, colóquense en línea. Las costureras al centro.
¡Hola!
Hola.
Soy Max.
Carmen.
Carmen. ¿Sabe dónde está doña Blanca, la jefa de taller?
Me ha dicho que me tiene que tomar medidas.
Sí.
Sígueme.
[máquinas de coser funcionando]
Doña Blanca, disculpe.
¿Qué hacen ustedes aquí?
Es uno de los nuevos empleados, viene por el uniforme.
Es una talla mediana.
Algún uniforme habrá en el almacén que le podamos ajustar.
Voy a tomarle medidas para que se le hagan al menos un par de camisas.
Gírese.
Cuarenta y seis.
Cuarenta y nueve.
Doble el brazo.
Sesenta y cuatro.
Dese la vuelta y desabróchese la camisa.
Carmen, suba a la tienda.
Pero, si es igual, yo le ayudo.
Suba.
Adiós.
Gracias por acompañarme.
¿Le gusta mi colgante?
Lo tengo de toda la vida.
No creo que valga mucho dinero. Pero valor sentimental sí tiene.
Sube los brazos.
¿Cómo se llama?
Maximiliano Expósito.
Pero me puede llamar Max.
Muy bien. En un rato tendrá el uniforme.
¿Ya está?
Sí, ya está.
Y ahora váyase que tengo trabajo.
Doña Blanca. ¿Tiene ya el calendario de las entregas?
¿Se encuentra bien?
Sí, don Emilio. Ha sido solo un mareo.
¿Le traigo un poco de agua o...?
No. No hace falta, ya estoy bien.
Gracias.
Además del collar, tenemos esta pulsera que acaba de llegar.
Oro blanco y cristal de Silesia.
Si me permite mi opinión, creo que estaría espectacular en el homenaje a don Rafael.
El collar y los pendientes favorecerían su cuello ahora con ese corte de pelo tan favorecedor.
- Gracias, señorita. - ¿Podemos ver los pendientes, por favor?
Ahora mismo, señorita Patricia.
Manufacturados en Londres.
Son obra del diseñador de moda de la aristocracia inglesa ahora mismo.
Son preciosos.
Y son de la misma colección que el anillo que ha comprado su hermano.
Perdón. ¿He dicho algo inoportuno?
No. Por supuesto que no.
[llaman a la puerta]
Ya está todo preparado.
Todo menos yo.
Ojalá pudiera ayudarte de alguna manera.
Ya me ayudas, Mateo.
Si quieres yo puedo casarme con la Otegui.
A su padre le daría un infarto.
Oye...
...soy un buen partido.
La pena es esa fama de mujeriego que te has creado.
Habladurías de la gente. Ya sabes como son.
¿Vamos?
Vamos.
Ya está todo preparado para el homenaje, don Alberto.
- Gracias. - Se le da bien esto, "Clara sin experiencia".
Puede recoger ya. Le vemos ahora en el homenaje.
Si no necesitan nada más.
No la habrás cogido por el físico.
¿Pero por quién me tomas?
[aplausos]
Buenas noches. Gracias.
Gracias a todos por venir al homenaje a mi padre.
Mi padre, don Rafael Márquez,
fue el gran creador e impulsor de Galerías Velvet.
Gracias a su trabajo,
a su esfuerzo,
a su entrega,
a su ilusión. Gracias a todo ello,
hizo que la alta costura en este país ocupara el lugar que se merece hoy en día.
Y por eso hemos querido brindarle este pequeño homenaje.
[aplausos]
Quiero que este acto sirva también
para dar a conocer la nueva línea que Galerías Velvet iniciará a partir de hoy.
En Galerías Velvet vamos a modernizarnos
vamos a adaptarnos a los tiempos que corren.
Vamos a crear una línea innovadora que, estamos seguros,
revolucionará la forma de vestir en este país.
[aplausos]
Las Galerías Velvet forman parte de mi familia,
de mi vida.
Aquí he crecido, aquí he aprendido todo lo que sé,
y, sobre todo, aquí he conocido a gente maravillosa a la que nunca voy a poder olvidar.
[aplausos]
Y ahora,
no se me ocurre un momento mejor que este...
...y una compañía mejor que la de todos ustedes.
Cristina,
acércate un momento, por favor.
- ¿Yo? - Sí.
[Cristina] ¿Para qué?
Cristina...
...has estado conmigo desde el principio de este viaje.
Desearía que estuvieras a mi lado el resto de mi vida.
[grito ahogado]
Cristina...
...¿me concederías el honor de ser mi esposa?
Yo no esperaba esto, Alberto.
¿Quieres ser mi esposa?
Sí.
Sí, quiero.
[aplausos]
A la estación de Atocha, por favor.
[don Emilio] Le felicito por su compromiso,
don Alberto
Gracias.
Don Emilio,
quería que supiera...
que nunca hubiera querido que las cosas sucedieran de esta forma.
No siempre podemos hacer lo que queremos.
[interruptores apagándose]
No he podido irme.
No quiero que te vayas.
No sé qué hago aquí, Alberto.
Esto solo nos va a hacer más daño.
Me duele más pensar que no te voy a volver a ver.
Prométeme que no te vas a volver a marchar.
Te lo prometo.
[susurrando] Te quiero.
Buenos días, señorita.
Buenos días, don Alberto.
Tienes carmín en los labios.
Lo tuyo con Ana aquí es un error de principiante.
- ¿Qué querías que hiciera? - Todos tenemos mucho que perder.
Se decía que habían visto a Alberto con una muchacha en el funeral de su padre.
¿Qué poco necesita una cotilla para montar un romance de un simple incidente?
¿Y no te preocupa?
Porque llegaron a decir que era su amante.
Desde que la conozco, es la primera vez
que no está en su puesto de trabajo diez minutos antes de la hora.
Comprenderá que me haya preocupado.
Pues no tiene de qué, ya lo ve.
No pretenderás
aparecer por las buenas y que me comporte como si fueras, mi...
Tu hijo.
Creo que deberías marcharte.
He venido aquí para quedarme.
Es una pena que quiera quedarse porque
podría acompañarme a cenar algo al Alcalá.
¿Don Mateo te ha invitado a cenar y tú has dicho que sí?
Por favor,
no le digas a Pedro nada.
Te prometo que no va a pasar nada con don Mateo.
- Luisa. - Don Francisco, ¿qué hace usted aquí?
Necesitaba verla a usted.
Creo que no le entiendo.
Sí que me entiendes, Luisa.
Buenos días, don Emilio.
Debería llamar a la policía.
Alberto me ha pedido matrimonio.
Le he pedido que seas tú la que se encargue de los preparativos de la boda.
Y todo lo que me haga falta.
¿Lo que le haga falta?
Creo que me das buena suerte.
Alberto...
...¿eres tú?
Can't find what you're looking for?
Get subtitles in any language from opensubtitles.com, and translate them here.