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EL IMPARABLE YELLOW YETI
NIEVE ARCOÍRIS
Y allí estaba yo, al borde del acantilado,
sin absolutamente nada bajo mis pies,
cuando vi al meteorito en llamas acercarse y lo cogí con mis manos.
"¡Ah, ah, ah!", dije yo.
AMBOS: Salvar la montaña de los monstruos de la destrucción.
- ¡Eh! - Ya nos lo habías contado.
Pero nunca os he contado cuando hice a mi abuelito reír tanto.
Se dio la vuelta como un calcetín.
¿Y aquello de mi mudanza desde una isla tropical?
Ese fui yo.
No te ofendas, pero tus aventuras se están quedando anticuadas.
¿Qué? Hay muchas cosas que no os he contado aún.
¿Como qué?
Deja que te hable, Gusi, sobre el campo de nieve arcoíris.
¡Oh! Quiero oírla, vamos.
Por supuesto que no, mi pequeño peludo.
Sus colores rojo, naranja, verde, azul y añil
hacen que nos vayamos un poco locos de allí.
Prométeme que nunca irás solo.
Vale, lo prometo, mamá. ¿Por qué no hay nieve amarilla?
Porque es un poema muy elegante, Gusi.
- Tres, dos, uno. Y de vuelta. - Mamá.
Bueno, supongo que nunca os he contado
lo de aquella vez que jugué con la nieve arcoíris.
Vale, esa es nueva. Por favor, procede.
Es un lugar mágico. En realidad, es indescriptible.
¡Guau, qué pasada!
Claro que es una pasada, una pasada enorme.
- Sí, lo más. - OSMO: Queremos ver la nieve arcoíris.
- RITA: Sí, llévanos allí. - No, está prohibido.
- Pero tú sí fuiste. ¿O no fue así? - Claro que sí, pero fue un engorro.
Primero tuve que enfrentarme a un monstruo de piedra aullador,
después tuve que recorrer el camino de la gran confusión.
Y eso sin contar con el peor obstáculo:
la competición de baile contra un monstruo arbóreo.
¡Y qué movimientos! ¿Quién querría pasar por algo así?
AMBOS: ¡Nosotros! Suena de maravilla.
- Vamos, sí.
Huele a lluvia, será mejor que entremos.
El cielo está despejado.
Además, nunca rechazas pisar un buen charco. Vamos.
Ay...
¿Y dónde está el monstruo de piedra aullador
contra el que tenemos que luchar?
Pues igual se ha mudado a su casa de la playa.
- En fin, deberíamos irnos. - Espera, ¿oís eso?
Allí. El monstruo de piedra aullador.
- ¿Lo veis? Era una metáfora. - ¿En serio?
Pues claro. Y es que para vencerle hay que escalarlo.
Eso ya es pasarse.
Seguro que este es el camino de la gran confusión.
Solo hay tres caminos, no me parece tan confuso.
Ese tiene buena pinta.
Ay...
Qué raro.
Vamos a probar el otro.
Oíd, chicos, ¿alguien se ha dividido en dos cuerpos?
- En tres. - Yo he perdido la cuenta,
pero más que nada porque no sé contar.
A mí ya se me ha cansado el cerebro, ¿no necesitáis una siestecita?
No. Seguro que ya estamos cerca de la nieve arcoíris
y la única forma de llegar todos hasta allí es separándonos.
Lo conseguimos.
Sigamos.
Al menos solo nos queda una prueba:
la competición de baile contra el monstruo arbóreo.
Bueno, pues sí. Esa cosa es completamente real.
¿Y si fingimos haber visto la nieve arcoíris?
Eso sería engañar y nosotros no somos unos mentirosos.
- ¿Verdad, Gus? - ¿Desde cuándo?
O sea, claro, desde luego.
Si yo supiera algo sobre monstruos arbóreos, que no,
diría que lo encontramos allí.
Vale, tú has cavado esta tumba, Gus, a ver cómo sales ahora de esta.
¿Qué estás diciendo?
Nada, que una vez tuve que cavar una tumba,
pero esa historia os la contaré en otro momento.
Yo, Osmo, de Osmópolis, te reto a una competición de baile.
¿Aceptas con honor?
Eso es un árbol, no un caballero.
¿Quieres ganarme, caracorteza? Pues a ver esos movimientos.
Bueno, son dos árboles y eso me recuerda que son más de las dos.
Volvamos a casa.
¡Oh, oh, oh!
A ver si me sigues.
Oh, los humanos sois tan básicos.
- Ay, tú ganas. - No hay nada más satisfactorio.
Y ahora exigimos nuestro premio: la nieve arcoíris.
Chicos, os alejáis de lo importante: la nieve arcoíris da igual,
lo importante es que lo hemos pasado genial buscándola en equipo.
Calla, calla. Me parto.
Por un momento he pensando que lo decías en serio.
Yo también. Menuda chapa.
"Lo importante es hacer cosas en equipo, niños.
El objetivo era pasarlo bien juntos, pequeños".
Qué gracioso eres, Gus, en serio.
Gusi, ¿qué crees que te diría yo sobre ir a buscar la nieve arcoíris?
Además, te llevas a tus amigos.
Ya, pero ¿qué probabilidad hay de que la encontremos?
AMBOS: ¡Es preciosa!
AMBOS: ¡Hala!
Nunca pensé que llegaría a ver algo tan alucinante.
Yo tampoco.
Es decir, es tal y como la recordaba.
¿Y qué hace cada uno de los colores?
Recuerda, Gustav, nunca debes ir a verla.
Chicos.
- OSMO: ¡Sí! - RITA: ¡Yuju!
Es inofensiva.
En fin, Gus, parece que esta vez tu bocata
solo les ha traído felicidad.
Rita, mira lo que has conseguido.
Me has obligado a meterme en la nieve y ahora tengo frío.
Yo no te he obligado, vejestorio. Siempre quejándote.
Por culpa de esto me ha empeorado lumbago.
¿Y qué me dices de mi sacro-ilíaco?
Es la cadera, viejo ignorante.
Alguien tendría que haberme advertido de esto.
Chicos, probad otro color. A ver con el naranja.
Esa no es forma de hablarle a la gente mayor, piruelo.
¡Ah, ah!
¡Quiero comida! ¡Hambre!
- ¡Uh, brilla! - ¡No, mi juguete! ¡Dámelo ya!
Venga, Rita, no seas mala. No, es peligroso.
¡Oh!
Oh, ya podemos irnos. ¡Oh, venga ya!
Ay, no.
Ahora sí que podemos. ¡Por favor!
Solo nos queda un color por probar. Parece de color oro.
Yo diría que es amarillo canario, o diente de león o limón.
A mí me parece una mezcla de mostaza y mango.
¿O quizá mandarina? No lo tengo claro.
Oh, nada de eso.
Solo quiero que volváis a recuperar vuestra verdadera esencia.
Chicos.
- Gustav. - Recuperamos la verdadera esencia.
Tengo que reconocer que nunca había venido aquí.
- Os mentí para impresionaros. - No pasa nada.
Te queremos como eres, Gus, aunque seas mentirosillo.
- Gracias, supongo. - Es la verdad.
Como que a veces hueles un poco a cadáver de ballena podrido,
pero te queremos igualmente.
Sí que habéis recuperado vuestra verdadera esencia.
Todo lo que decís es verdad, guste o no.
Voy a comprobarlo.
Rita, ¿qué piensas de cómo esquía Osmo?
Cuando esquiamos, me da mucha vergüenza que me vean contigo.
¿Qué dices? Si nunca esquiamos juntos.
Sí, exacto.
Osmo, ¿qué te parece que Rita sea más inteligente que tú?
Yo oculto mi ineptitud con comentarios sarcásticos,
cerebrito carahuevo.
Oh, madre mía, espero que se os pase.
Esto de que nos cojas en brazos me recuerda a cuando era un bebé
y creo que me gusta.
¿He dicho eso en voz alta?
RITA: Cuando creíste que tenías piojos, fue porque te eché queso parmesano
- en la cabeza. - OSMO: Pero si hasta me rapé el pelo.
GATITO PILLADITO
Hola, Villa Invierno.
Y tú dame un abracito, mi pequeño conejito bonito.
Espera, tú no eres mi conejito bonito.
Pero si me lo han secuestrado.
Huele a croquetas de gato.
Gracias por la foto, Osmo, pero me da un poco de miedito.
Es cosa del señor Bigotitos,
ha secuestrado a mi pequeño conejito bonito.
No puede ser.
¿El señor Bigotitos, ese gato loco y forajido, te lo ha robado?
¿Desde cuándo un conejo es tu mascota?
No, mi pequeño conejito bonito es mucho más que un conejo.
Bueno, en realidad es menos. Pero sigue siendo mi conejito bonito.
- Prima, qué poco me conoces. - Sí, no tienes corazón.
Ya lo rescatamos de las garras de la malvada hermana de Anders.
Todavía me acuerdo de aquel té de zarzamora.
- Ahora sí que me he perdido.
Al contrario, la alergia de Gustav a los gatos nos ha traído directos
a la guarida de Bigotitos.
¡Mi pequeño conejito bonito, voy a por ti!
GUSTAV Y RITA: ¡Espera!
Espera, Bigotitos, tengo la boca llena de croquetas para gatos.
- Ahora me llamo Gatón. - Bigotitos, Gatón, me da igual.
¿Por qué sigues robando mis cosas?
Además, ¿cuándo has aprendido a hablar?
Es que tienes muchas cosas bonitas que robar,
como este traductor automático gato-humano.
Eres pura maldad, Gatón. Lo pedí hace tres meses.
Tengo ladrones de paquetes por todo Villa Invierno.
Perdón, es que los dos sois monísimos.
- ¡Miau! - Verdad.
- Por favor, continuad. - Gatón tiene una oferta:
tú me rascas la oreja a mí y yo te la rasco a ti.
Necesito que cuides a alguien,
pero puede que te parezca imposible. Igual tienes miedo.
¿Quieres que cuide a este gato? ¿Por qué?
Nada de preguntas. Y trae a Max de vuelta mañana al anochecer
y podrás volver a abrazar a tu pequeño conejito bonito.
¡Soy libre! Recuperamos las noches de póquer.
¡Madre mía!
Entiendo por qué Gatón quería que cuidase de Max,
- es una bolita caótica. - RITA: No seas malo con el pequeño Maxi,
es el gatito más bonito del mundo enterito.
No os pilléis por el gatito, ¿vale? Lo devolveremos mañana al anochecer.
¿Recordáis? Tenemos que recuperar a mi pequeño conejito bonito.
Vale, estas serán las tareas.
Le damos de comer, le cambiamos la arena,
- jugamos un ratito. - Vamos a hacer la última primero.
Oye, Gustav, no estornudas.
Es verdad, no soy alérgico a Max. Es un milagro peludo.
Vale, se acabó el juego.
Estos son negocios, no algo personal.
Vale. Vamos, Gustav, Osmo nos ha fastidiado la diversión.
Sí. Mejor vamos a jugar con las comadrejas, Rita.
- ¿Qué? ¿Qué significa eso? Dime.
Vale. ¿Sabes qué? Deja de mirarme así.
Toma, juega solito.
Eres tan mono.
Debo resistirme. Concéntrate en la misión
y deja de hablar solo. ¿Desde cuándo lo haces?
Quieres jugar.
Qué divertido.
Pero esto queda entre nosotros dos.
Y ahora volvemos a la misión, ¿vale?
Buena idea, Max. Vamos a añadir dormir la siesta a las tareas.
Max. ¿Qué? ¡La alarma antimonstruos!
Ay, no. ¿Y si un monstruo se ha llevado a Max?
¡Gente de Villa Invierno, no salgáis!
¡Rita! ¡Gustav! ¿Dónde está Gustav?
Sigue jugando con las comadrejas. ¿Dónde está Max?
Bajé la guardia un segundo y un monstruo se lo ha llevado.
- Tenemos que encontrarlo. - No salgáis vosotros tampoco, niños.
Ahora las calles son de monstruos y de los cazadores de monstruos.
Aquí estoy yo. Yo, Rocadura.
Capturaré a vuestro monstruo.
Qué bien tenerte aquí, Gus. Digo Roca.
¿Dónde está el monstruo?
Solo tenemos un boceto hecho por mi testigo Hugo Kivinen.
Jamás podré olvidar esa cara roja, esos colmillos y esos cuernos
- que no dejaban de rebotar. - No es un monstruo, es un gatito.
Puede, pero no pienso arriesgarme.
El alcalde Chrome me ha dejado al mando
mientras se hace su retoque de nariz anual.
Vamos a encontrar a ese monstruo y a convertirlo en cebo para peces.
Esto acaba aquí.
Nueva misión: recuperar al gatito,
devolver al gatito y salvar a mi pequeño conejito bonito.
Tenemos que encontrar a Max antes que Rufus.
¿Por qué? ¿Estás pilladito por el gatito?
Pues no. No, todo esto lo hago por la misión.
AMBOS: Olmo, pilladito, pillado por el gatito.
Dejadlo ya. Concentrémonos.
Si fueseis un gatito, ¿dónde os esconderíais?
Cerca del pescado.
Qué sutil.
Ahora sube a la torre para que Max te vea y te huela,
vendrá directo a nosotros.
- RITA: Podría funcionar. - OSMO: Espero que así sea.
OSMO: Se pone el sol, hay que llevárselo a Gatón.
Ven aquí, mi chiquitín, pequeño Max preciosín.
- Te pillé, pequeño monstruo. - Rufus, míralo.
No es un monstruo, solo es un gatito.
GUSTAV: Ha funcionado, Max ha vuelto.
¡Monstruo!
Vale, eso nos costará más explicarlo.
- GATÓN: Solo tenías que hacer una cosa.
Devuélveme a Max. No habéis cumplido con la entrega
y mamá gata no está contenta con Gatón.
- ¿El señor Bigotitos habla? - Ahora me llamo Gatón.
Mira, Rufus, devuélvele el gatito al gato que habla y te lo explicamos todo.
¡Oh! Rufus, pide refuerzos.
Ah, no, yo soy los refuerzos.
Podrías haber dicho que la mamá era un lince.
Ahora papá Gatón tiene problemas,
lo que significa que tu conejo también tiene problemas.
No hagamos ninguna locura. Son cosas que pasan.
No pasa nada, Maxi, ya estás a salvo.
Hora del intercambio.
Entrégame a Max o el pequeño conejito se larga.
Perdóname, conejito bonito, pero me quedo con Max.
TODOS: ¿Qué?
¡Eh, oye, Osmo, de prima a primo! ¿Se te ha ido la pinza?
Lo reconozco, estoy pilladito por el gatito.
No puedo soportar la idea de perderlo.
GUSTAV: No puedes quedarte ahí para siempre, Osmo.
Claro que sí. Aquí hay latas de remolacha,
bolsas de remolacha deshidratada y zumo de remolacha.
Esto es todo un sueño, ¿verdad que sí, Maxi?
A ver, todo monstruo que hay aquí se viene conmigo.
GUSTAV: No sé si se nota, pero ahora mismo estoy negando con la cabeza.
Tú sabes hablar gato, ¿verdad, Gus?
GUSTAV: Pues claro.
Max dice que echa de menos a su mamá.
Y su madre le ha dicho que siempre estará a su lado.
Ahora Max ha dicho...
Perdón, es tan bonito que no puedo ni traducirlo.
Da igual, creo que ya lo entiendo.
Solo soy el cuidador del gato.
Max debe estar con su madre y con su padre,
aunque sea un ladrón y un esquirol. Perdón, no quiero chafar esto.
Espera, ¿es un gato?
Entonces, ¿el único monstruo que hay aquí soy yo?
GUSTAV: No lo vamos a negar.
Puedes cuidarlo siempre que quieras.
Adiós, Max. Nunca te olvidaré.
Ay, aquí tienes algo para que tú tampoco me olvides.
Ay, creo que me voy a derretir.
Estás en buenas patas, mi conejito bonito.
¿Quién quiere acariciar al yeti gatito? Miau, miau.
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