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¡Ihad!
En el agradable pueblo de Villa de Invierno,
hay un antiguo trono,
la última reliquia de un castillo magnífico
destruido por la gran inundación de Sadia.
Se decía que aquel que se sentase en el trono gozaría de gran salud
y de una enorme fortuna,
pero lo cierto es que desde tiempos inmemoriales
ese trono está atascado.
Nadie ha podido usarlo ni sentarse sobre él.
Hasta que un día...
¡Tachán!
¿Sabes que están pensando en llamar a este sitio la plaza del trono?
¿Eh?
-¿Esto es un váter? -No.
Bueno, pues parece que el trono está atascado.
Así es. Y la leyenda dice que quien lo desatasque
se convertirá en el verdadero fontanero del norte.
Muchos han intentado retirar este desatascador,
-pero han fracasado. -Oye, igual mi padre puede hacerlo,
-es el mejor fontanero del mundo. -¿Eso crees, Osmo?
-¿Crees que es tan fácil? -Sí, tan fácil.
Muchos fontaneros han fracasado.
Más grandes, más fuertes y mejores fontaneros que tu padre.
Ya, pero puede que mi padre sea mejor que ellos.
Sí, claro, y yo soy un yeti amarillo.
Un yeti amarillo, como si existieran.
Te gusta gotear, pero ya no vas a hacerlo más.
Papá, estás aquí. Vamos, tienes que sacar el desatascador
que hay en el váter atascado. Digo trono.
Así serás el verdadero fontanero del norte.
¿Por qué iba a querer eso?
Soy feliz siendo un fontanero corriente.
Sí, tienes razón.
Seguramente no podrías desatascarlo.
Hijo, ya sabes que me encanta la psicología inversa.
Vamos a probar. Adiós. Sigue fluyendo como debes.
¿Por qué tanta prisa? ¿Tenéis una cita con el fracaso?
-Sí, con el fracaso. -Reíos todo lo que queráis, Sanders.
Mi padre no va a fracasar, claro que no.
Sacará ese desatascador del váter, digo trono.
¿Ned va a sacar el desatascador del trono?
Esto no me lo pierdo.
¡Uh! Nada de desfiles sin permiso, Cavity.
Esto no es un desfile.
Ned va a sacar el desatascador del trono.
¿En serio? ¿Por qué no lo has dicho antes?
¡Atención, vecinos! Ned, manos a la obra.
Bajo tu responsabilidad. Tendrá consecuencias,
-consecuencias nunca vistas. -Vamos, deja que lo intente.
¿Qué pasa aquí?
El padre de Osmo le está cantando una nana...
Al desatascador.
Y ahora, mi querido amigo, es hora de salir de ahí.
Buen intento.
Oh, qué chasco.
-Muy, pero muy humillante. -Doblemente humillante.
No pasa nada, solo es un desatascador estúpido.
-Que esto no te hunda. -¿Hundirme? Pues claro que no.
Buenos días, papá.
Oye, normalmente a estas horas ya estás trabajando.
¿Son buñuelos de pescado para desayunar?
He pensado en tomarme el día libre o el año.
-Qué más da, la verdad. -¿Y si hay una crisis de fontanería?
Seguro que el verdadero fontanero del norte podrá ocuparse.
El verda...
Que no hay verdadero fontanero del norte.
Exacto.
Qué rico está esto.
Nada, nada, nada.
-Oh, ahí estás. -Hola.
Gus, necesito que me ayudes a sacar a mi padre de su agujero.
Resulta que esa es mi especialidad.
-Vale, Gus. -Tim Tuberías, ayudante de fontanería
-a su servicio. -Bien, Tim Tuberías.
Nuestra misión es aflojar el desatascador para que mi padre
pueda sacarlo de ahí cuando llegue dentro de 5 minutos.
¿Y cómo lo sacarás de casa si está en un agujero?
-Buñuelos de pescado. -¿Me puedo comer uno?
No, tú ponte ya a aflojar el desatascador.
¿Esta cosa?
¡Vaya!
Atención, este ayudante de fontanería...
Tim Tuberías a su servicio.
-Ha sacado el desatascador del trono. -Esperad, no.
Así que es el verdadero fontanero del norte.
Ay, no.
-Bueno, ¿dónde están esos buñuelos? -Papá, sí, están en casa.
Entonces, ¿por qué me has hecho venir hasta aquí?
¡Eh! ¿Dónde está el desatascador?
¿No te has enterado? Lo ha sacado del trono Tim Tuberías,
ayudante de fontanería, el verdadero fontanero del norte.
Un ayudante de fontanería.
Papá, espera.
Ahora podremos sentarnos en el trono.
¡Trono, trono!
Buenos días. Papá.
Un ayudante de fontanería. Un ayudante de fontanería.
Papá, debería contarte algo sobre ese ayudante de fontanería.
Osmo, ven, rápido. Es un milagro.
Ahora tengo el pelo mucho más rizado.
Y yo canto incluso mejor.
♪ La, la, la, la, la ♪
-Quiero sentarme otra vez. -No puedes hacer eso.
-Ahora verás. -¿Pero qué milagro es este?
Ninguno. ¿Habrías venido tan rápido si te hubiese dicho que era un caos?
Todo el mundo quiere sentarse en el trono.
Nadie trabaja, nadie cocina, nadie limpia la porquería,
nadie calienta la sauna.
¿Escuchas, Osmo? La sauna está fría.
El caos reinó en este diminuto pueblo.
Todo ocurrió como el viejo había vaticinado.
Consecuencias nunca vistas, os lo dije.
¡Eh! Dejad que me siente en el trono.
¿Y qué quieres que haga yo?
Tú hiciste que Gustav sacase el desatascador,
ahora haz que lo vuelva a poner.
¡Maldición!
¡Uh!
Delicioso. ¿Quién es el siguiente que ha solicitado audiencia
con el fontanero del norte?
¿Y todos esos súbditos que me adoran?
Todos intentan sentarse en el trono.
Así que necesitamos que lo vuelvas a atascar.
Pero los fontaneros no atascamos, desatascamos.
-Hice ese juramento. -Tú no eres fontanero de verdad.
Relajaos, poneos en fila y os sentaréis todos en orden.
Cuanto más gritéis, más tiempo pasaré aquí sentado.
¡Ciudadanos de Villa Invierno!
Mirad en lo que os habéis convertido.
¡Qué vergüenza! El verdadero fontanero del norte
va a colocar de nuevo el desatascador en su sitio
para restaurar la paz en nuestro pueblo.
No puede hacerlo.
El verdadero fontanero del norte no puede volver a atascar el trono.
Bueno, pues ahora que ha fracasado,
supongo que no pasará nada si me siento un ratito más.
Y como el viejo había vaticinado, el caos amenazaba con dividir
para siempre a la gente de este pequeño pueblo.
Pero si el verdadero fontanero del norte no era capaz de salvarlos,
¿quién podría hacerlo? ¿Quizá un hombre sencillo y humilde?
Vamos, papá, Villa Invierno te necesita.
¿Para qué? ¿No han encontrado ya al verdadero fontanero del norte?
No ha podido hacerlo.
Tú eres el único que podría volver a atascar el trono.
Tienes que hacerlo por Villa Invierno, por todos,
por mí.
Vale, hijo. Por Villa Invierno. Es broma. Por ti.
Mirad, aquí viene.
-Hazlo, papá, atasca ese váter. -¡Trono!
Vale.
Lo has hecho genial
y ahora es hora de volver a casa una vez más.
¿Eh?
¡El trono vuelve a estar atascado!
¡La paz vuelve a nuestras tierras!
¡Bien!
-¿Lo ves, papá? Te lo dije. -Gracias, hijo.
No podría haberlo hecho si tú no hubieses creído en mí.
¿En serio?
No, los fontaneros sabemos atascar váteres.
-Sabía que era un váter.
¿Y cuál es la moraleja de esta historia, niños?
¿Que un váter atascado es un váter feliz?
¿Que es bueno desayunar buñuelos de pescado?
No, no, no, es que los yetis somos geniales.
-Buen intento. -Sí, claro.
-Esto es precioso, ¿a que sí? -Sí. Veamos, ahí hay nieve.
Y ahí hay más nieve. ¿Y eso qué es? Nieve.
¿Sabíais que los yetis tenemos 35 palabras diferentes para la nieve
y 36 palabras para las axilas?
Ahora tenemos 37.
-¿Soy yo la única que oye eso? -Oh, mirad eso.
-Son jacuzzis. -No son jacuzzis, son aguas termales.
Cuidado, Osmo.
La leyenda dice que están vivas y que es mejor no molestarlas.
¿Quién eres, mi padre o la policía de la diversión?
¡Por mi abuela barbuda!
Esto es muy divertido. ¡Uh, uh!
Lo siento, no quería asustar a nadie.
Ya es un poco tarde.
-¿Eres una especie de mutante? -Supongo.
Pero solo soy un niño, en abril cumpliré 11.000 añitos.
Qué pasada.
Tenemos los mismos ojos, la misma nariz y la misma...
Esa criatura se parece a Osmo.
¿Se llama Osmo? Entonces a mí podéis llamarme Cosmo.
Vale, criatura que quiere que le llamemos Cosmo.
-No queríamos molestarte. -Pero yo sí quería que me molestasen.
Es muy aburrido estar todo el día burbujeando con mamá y papá.
Cuando Osmo llegó aquí hablando de...
-¿Qué era eso de lo que hablabas? -Diversión.
Diversión. ¿Puedes enseñarme qué es la diversión, por favor?
-¿Y eso es divertirse? -Pues claro, sí. Pruébalo.
-Gustav. -¿Listo?
¡Oh!
¿Esto es más divertido que lanzarte desde un árbol?
Sí. Ven a probar, Cosmo.
¡Uy!
-Vamos.
Bueno, supongo que eso sí que podría ser divertido.
Mucho.
He perdido la esperanza, jamás entenderé qué es la diversión.
Pues ven aquí.
Esto sí, ¿verdad? Me estoy divirtiendo.
Sí. Y una vez que aprendes a hacerlo,
ya nunca lo olvidas, como montar en bici.
Quiero montar en bici. ¿Qué es una bici?
Puede que mañana, ya es tarde.
No, no podéis dejarme.
No, ahora que empiezo a pasármelo bien.
Oh, no sé por qué, pero me recuerda a Osmo
y yo nunca me canso de mi Osmito.
¿Podemos llevárnoslo a casa aunque sea solo por una nochecita de nada?
Sí, a mis guardianes no les importará. Por favor.
Ah...
Espero que hayan dormido bien.
¡Bota, bota, bota...!
No más diversión, no.
¿Os habéis pasado toda la noche despiertos?
Sí. Cuando vosotros os fuisteis a la cama, Gustav y yo seguimos.
¿Qué hacemos ahora? ¿Un concurso de baile, cosquillas,
malabares con remolachas?
Escucha, Cosmo,
¿por qué no dejas que Gustav duerma y te vas a casa?
Sí, claro, para pasarme todo el día burbujeando.
Eso no es divertido.
Empiezo a cansarme de esa palabra.
Oye, Cosmo, ¿sabes qué otra cosa es genial?
No molestar a nadie corriendo en círculos sin motivo aparente.
Sí, tú sigue haciendo eso y luego volvemos a por ti, ¿vale?
Genial.
Intentáis deshaceros de mí. Pues de eso nada.
¡No!
Osmo, si la gente te ve con Cosmo, se asustará.
-Tú quédate aquí, yo voy a por él. -Buena suerte.
Buenos días, Rita.
¿Te unes a mí y a esta estupenda gente
-para ayunar des? -¿Desayunar?
No, es un juego que me acabo de inventar.
-¿Lista? Ayunar de. -¡Osmo!
No me lo puedo creer, cada día se porta peor.
Maravilloso, ahora llego tarde.
Tengo que estar en el pueblo a las 09:00.
¿El pueblo? Uh, suena de maravilla.
Osmo, pero si acabo de verte allí.
¿Y qué narices te ha pasado en la lengua?
¿En la lengua? No digas tonterías, papá.
En fin, tengo que irme.
¿Hay rastro de mi gemelo semimalvado?
Adiós.
-¡No!
Oye, grandullón, sigue durmiendo, todo va bien.
Todo, excepto que Cosmo se ha ido y tenemos que bajar de la colina
antes que él para evitar que siembre el caos por todas partes.
¿Y por qué no lo habéis dicho?
Vamos, hay que dejar que duerma.
No, voy con vosotros. Solo necesito un disfraz.
Más perturbador que encantador, pero me vale.
Me alegro de verte, Rita.
Pero a ti no, Osmo.
Le debes una disculpa a mi pato por lo que has hecho.
Se lo voy a contar a tu padre.
Cosmo.
Me voy a meter en problemas por todo lo que...
Osmo, exijo que me devuelvas mi gorro
o informaré a tu padre.
¿Te ha robado el gorro? O sea, ¿Te he robado el gorro?
¿Y dónde te lo he robado? Yo ya lo sé, pero quiero
que lo digas en voz alta para que lo sepan todos.
Deja de decir chorradas, Osmo.
Ha sido justo en la puerta de la tienda del señor Cavity.
Eres un chavalín muy triste, Osmo,
y tu muñeco de nieve es todavía más triste.
Ya sabes cuáles son las normas, Osmo.
Si te montas en el reno, te llevas al reno.
¡Yija!
¡Osmo!
Es obvio que tengo que ponerme las gafas,
pero cuando vuelva, se lo contaré todo a tu padre.
Córtate, Cosmo, me vas a meter en un buen lío con mi padre.
¿Y? No es mi padre. El mío sigue burbujeando
en el bosque, así que puedo hacer lo que quiera.
Mi diversión no ha hecho más que empezar.
Estúpido niño charco.
Ojalá volviese al agujero de la cueva en la que vivía.
Pues claro, eso es.
Solo hay una forma de detener a un niño fuera de control.
Vosotros dos id a buscar a Cosmo, yo ahora vuelvo.
-¿Hay una fuga? ¿Seguro? ¿Por aquí? -Sí.
La madre naturaleza también tiene problemas de fontanería.
No hay nada que la fontanería no arregle. Sí, eso es.
Siente la libertad, sécate.
Vaya, sí que soy bueno.
Rita.
Por favor, Cosmo.
Hay una gran diferencia entre divertirse
y hacer lo que se supone que tú estás haciendo.
-Papá, te lo puedo explicar.
-Yo no he hecho nada, ha sido él. -¡Qué miedito!
Yo no soy tu hijo, así que no puedes castigarme.
¡Oh, oh!
-Papá. -Flurgel, ¿qué estás haciendo?
¿Flurgel?
Solo quería saber qué era divertirse.
-¿Tan malo es eso? -Yo no lo sé.
Está mal porque nosotros no hacemos nada más que estar en el suelo
-sin hacer nada. -Sí. Bueno, perdone.
-¿Cómo se llama? -Blurgel.
Ah, pues claro que sí. En fin, divertirse está bien,
-pero esto no, no lo está. -Flurgel.
Ah, vale. Lo siento mucho todo, Osmo,
pero ha sido divertido mientras ha durado.
-Para nada. -Vámonos a casa, Flurgel.
Snurgel está haciendo roña de charco para cenar.
¡Sí! Vale. La verdad es que echo de menos ser un charco,
es mucho menos complicado.
Osmo, la gente del pueblo me ha contado lo que has hecho.
Por favor, no me castigues, papá.
La verdad es que ahora mismo lo de pasar unos días sin hacer nada
-me suena divertido. -Sí.
Sí, castígame, por favor. Por favor, castígame.
Vale, estás castigado. ¿Cómo es que últimamente
os habéis portado de una manera tan extraña?
-¿Qué me he perdido?
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