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¡Ihad!
Osmo, ha llegado el momento de la aventura de nuestra vida.
-Te echaremos de menos, Osmo. -Que tengas buen viaje.
Chicos, os escribiré.
Ahora vamos con la pirueta final de mi Tablit.
¿Lista, Tablit?
¡Yuju!
Ay, vámonos.
"Querido Ned, soy yo, tu prima lejana Lydia.
Quisiera ofrecerte el puesto de grandísimo y glorioso fontanero
principal de nuestro glorioso pueblo natal, Villa Invierno."
Nunca me has hablado de Villa Invierno ni de Lydia, papá.
Por eso será una gran aventura.
Lee, lee, que la cosa mejora.
"Sé que nuestro pueblo está algo alejado, pero te aseguro
que el viaje merecerá la pena.
Aquí tienes raíces mucho más profundas de lo que crees.
Sentiréis miedo.
Incluso escalofríos.
Sobre todo, escalofríos porque aquí hace un frío que pela.
Pero te aseguro que será muy emocionante.
Por favor, dinos cuándo llegaréis.
Y preparaos para deslumbraros."
Ha llegado a su destino.
Qué frío.
"Bienvenidos a Villa Invierno.
Futuro hogar de los Juegos de Invierno."
Oh, hemos llegado.
Ah, ¿y bien?
Escucha, sé que tendremos que salir de nuestra zona de confort,
pero solo así se crece.
Pronto tendrás un montón de amigos.
Sé que da miedo probar cosas nuevas,
pero el miedo está en la mente, colega.
-Hola, prima. -Ned.
Bienvenidos a Villa Invierno, el pueblo más normal del mundo.
Lo normal es genial. Sí, excelente,
porque normalidad es lo único
que encontraréis si permitís que Chrome dé su opinión.
-¿Quién es Chrome? -Chrome es...
Hola, soy Rita.
¿No tienes frío? Soy Osmo.
No, no mucho.
A los dos os corre por las venas sangre de este lugar, lo que os hace
inmunes al frío. Como a los perros de trineo.
Sí, o igual son monstruos.
-¿Qué dices? -Da igual.
Siempre he vivido asado de calor.
Ahora sé por qué.
Parece que hemos venido al lugar indicado.
¿Eh, coleguilla? ¡Oh!
Qué fresquito.
Aquí tenéis la tienda principal.
Ahí, la cabaña de la piña
y el sistema de desplazamiento de teleférico.
Ahí tu némesis.
La montaña de los monstruos.
-Ah. -Y, por último,
la futura ubicación de la villa para celebrar
los Juegos de Invierno.
Estamos trabajando en ello.
Pero creo que la estatua es un buen comienzo.
Hay que instalar toda la fontanería para los Juegos de Invierno.
Y ese es el motivo por el que te hemos traído
a Villa Invierno.
-Igual no. -¿Qué quieres decir?
No lo sé. Dímelo tú.
¿Respondes a todas las preguntas con una contrapregunta siniestra?
Ya he hablado demasiado.
Señor Chrome, ¿podemos rebobinar un segundo?
¿Ha dicho que ese sitio se llama montaña de los monstruos?
Sí, pero aquí no hay ningún monstruo.
Falso. Lo tengo todo documentado.
Tengo mucha información
sobre todos los monstruos de la región.
Y tú estás en la carpeta de posibles subespecies.
Déjame ver.
¿Para contarle todo a los otros monstruos o qué?
¿Tengo cara de tonta?
Niños, ya basta con la tontería de los monstruos.
Ned, ¿supondrá algún problema
instalar 20.000 váteres para el viernes?
Como dice mi furgoneta, desatascador es mi segundo nombre.
Genial. Ponte a ello.
Deja que me asee un poco y que me quite esta ropa húmeda.
-Aunque...
Puedo empezar ya.
¡Hala!
Esto es muy desagradable.
No, mi querida Tablit no está.
¿Dónde se habrá metido? ¡Tablit!
Esto tiene toda la pinta de ser cosa de monstruos.
¿Dónde te has metido?
¿Ha visto mi tabla de surf?
Oh, no tengo ni idea de qué es eso, pero tengo de oferta el auténtico
regaliz de reno con un precio estupendo.
Eh, ¿dónde se ha metido?
¿La tabla de surf?
No, pero vi a un frailecillo.
Rufus, hablas demasiado.
-Lárgate, anda. -Oh.
Parece que el nuevo ya no es tan gallito. ¿Verdad?
¿Cómo es posible que ya te caiga mal?
Llevo en el pueblo solo media hora.
Sé que aquí tenía a Tablit porque...
Uh.
¿Qué es eso?
¡Oh! ¡No, no, no, no!
¡Eh!
Esa tabla de surf es mía y la quiero recuperar.
Yo Osmo, amigo.
Tío, hablas que das pena. Espera.
¿Los monstruos hablan?
-Madre mía, tengo muchas preguntas. -Pues dispara.
¿Por qué me has robado la tabla de surf?
Pensaba que era de caramelo.
Pero me ha hecho sangre en la lengua.
-¿Comes niños? -Sí.
¿Tienes superpoderes?
Tengo la fuerza de cinco hombres.
Bueno, o de tres fuertes.
Y además se me da de lujo imitar.
No sé quién es.
Pues te aseguro que lo he clavado.
Ya, y volviendo al tema de comer niños,
¿puedes desarrollarlo un poco?
Pues solo lo hice una vez y por su propia seguridad.
Había cerca otro monstruo y me lo tragué para que no lo viera,
inmediatamente lo regurgité.
-Espera, entonces hay más monstruos. -Puede.
Se supone que yo no debería estar en el pueblo.
-¿Por qué no? -Va contra las reglas.
Pues esas reglas son un asco.
¡Uah! Un yeti amarillo gigante.
Tan grande que podría comerse a Osmo.
¿Quién hay ahí?
Alerta monstruo, doy el aviso.
-¡Ay, no! -Espera.
Tablit, quédate aquí.
Os aseguro que ha sido un error.
No hay ningún monstruo.
Oh, ¿qué pasa?
Sabemos lo que ese aviso significa.
Significa que ha habido una infracción.
"Y según la legislación del pueblo, habría que crear una patrulla que,
cito literalmente, se enfrente a la amenaza
con toda la fuerza posible."
Ya sabéis lo que eso significa.
Lo único que los monstruos no soportan.
Las canciones humanas.
¿Quién está conmigo? ¡A cantar!
Camisa hawaiana y sandalias.
A ver si lo adivino.
Ay, no, Osmo.
Oh.
Oye, ¿qué te pasa?
Me queman los oídos.
Están cantando. Tranquilo, yo lo soluciono.
Qué alivio.
Nunca creí lo que dicen los monstruos de los humanos
que sois bestias salvajes.
Yo esperaba hacer un amigo por aquí y lo he hecho.
-Y es un yeti. -El yeti Gustav.
Qué pasada.
Parece que al final este sitio no va a estar tan mal.
¿Qué has dicho?
He dicho que parece que al final este sitio no va a estar tan mal.
Que todo irá bien.
Al menos he hecho un amigo antes de acabar engullido
-por una muerte helada. -Las avalanchas no son para tanto.
En realidad, son muy divertidas.
A mi espalda.
Oh, esto es lo mío.
Lo vamos a conseguir.
Rita.
-¿Qué es una Rita? -La niña de morado.
Yo la cojo si te acercas lo suficiente.
Un poco más. Un poco más.
Te pasaste.
-¿Qué haces aquí arriba? -He venido a salvarte, lerdo.
Rema.
Me llamo Gustav.
Dime. ¿Te está gustando el paseo?
Por cierto, cuidado con la gran águila.
Mi casa.
Os digo que este aterrizaje voy a bordarlo.
Sabía que los monstruos existían.
Mi padre se equivocaba.
Menudo paseo.
Ha sido muy guay.
Y el salto sobre el acantilado ha sido...
El monstruo parece dócil, pero necesito más información.
Cubierto de pelo y...
Oh, con un olor horrible a pescado podrido.
Uh, puede que todavía me quede algo.
Mis padres.
-Mamá, papá. -Rita,
te has perdido el alboroto del pueblo.
Todo el mundo estaba histérico por algo de un monstruo.
¡Uy, qué miedo!
Sí, había un monstruo.
Y está dentro.
He hablado con él.
Los monstruos no existen.
Tengo pruebas de que sí existen.
Es un yeti que huele fatal y...
¡Tachán!
Ah, ya no está. Oh.
¿Lo encuentras?
A ver, por decir que no existen no dejan de existir.
Mamá, échame una mano.
¿Y si te encontrases ahora mismo un monstruo en la cocina?
Bueno, supongo que haría unas albóndigas de monstruo.
¿Ves, papá? Espera, ¿qué?
Y filetes.
Y con las pieles haría sombreros de invierno.
De un monstruo no se desperdicia nada.
Eso es...
Eso es una barbaridad.
Estoy de acuerdo contigo.
Sombrero de monstruo.
Una alfombra mejor.
Lo siento. No podéis entrar. Se ha roto la manivela de la puerta.
Es una puerta oscilante.
Estoy organizando una fiesta sorpresa de cumpleaños
para ti, mamá.
Mi cumpleaños es dentro de tres meses.
Sorpresa.
Me había parecido escuchar algo.
Seguramente el niño nuevo.
Nos causará problemas.
-¿No crees, Rita? -¿Eh?
Ay, tonto.
Las remolachas son para la cena.
Albóndigas de remolacha.
Normalmente las hacemos juntos, ratita.
Esta vez no.
La primera cena con la familia determina cómo serán
los próximos 20 años.
Quiero que sea todo perfecto.
No es suficiente.
No. ¿Otra fiesta sorpresa?
No, quiero ayudar con la cena.
Vale.
-¡Uf! Por los pelos. -Ay, papi.
Tengo pruebas de que los monstruos existen.
Deja que te lo demuestre.
Vale. Lo reconozco.
No lo he pensado bien.
¿Albóndigas, filetes?
No solo es insultante, sino que habéis conseguido
-que me entre mucha hambre. -Sí. Bien hecho, traidora.
Lo siento de verdad.
Jamás querría que nadie le hiciera daño a un espécimen
tan majestuoso como tú.
Oh.
Tenemos que sacarte de aquí.
Tienes que volver a las montañas donde estarás a salvo.
-Pero somos amigos. -Claro.
-Bueno, conocidos. -Ay, Gustav,
iremos a visitarte un montón.
Pero quedarte aquí no es seguro.
¿Qué haces?
Me ayuda cuando estoy nervioso.
Es como comer comida casera. ¿Queréis?
No, yo voy a pasar. No, gracias.
Voy a entretener a mi madre y tú lo sacas de aquí.
Remolachas. Muchas remolachas.
Aunque su verdadero nombre es Beta vulgaris.
Vulgarisiosas.
Rita, nunca has hecho estas albóndigas.
-Te voy a enseñar. -Es muy fácil. Mira.
-Primo. -Primo lejano y político.
Oh, mira esto.
-No me creo que vayamos a vivir aquí. -¿Vivir aquí?
Seremos compañeros.
No, no, no, por favor, no lo toques.
Perdona, compi.
Por suerte para ti, soy capaz de arreglarlo todo.
Pero si eres fontanero.
-Para, por favor. -Hagamos magia, bonitas.
Ay.
Perfectamente redondas y muy delicadas.
-Rita. -Creo que lo voy pillando.
-Por ahí no. -¿Cómo dices?
¡Uy!
¿Quién dice que los fontaneros no sepamos arreglarlo todo?
No tenías por qué haberte molestado.
No te preocupes. Puedo arreglarlo.
Será mejor que guarde esto a buen recaudo.
Estas albóndigas solo necesitan una pizquita de pimienta.
¿Cómo? ¿Así?
Ay.
Uy, perdona.
Osmo, ya has llegado.
Bienvenido.
Sí, por fin has llegado.
Sí, estaba en otra parte, en Villa Invierno.
Pero ahora estoy aquí y me gustaría ayudar.
-¿Puedo? -Ay.
Parece que tengo un poquito de trabajo.
Dale bien la forma, Lydia.
La primera comida es la más importante.
Ay.
No te preocupes, amigo.
Te encontraremos.
Uh, pero si es ropita.
Papá. Vamos. Hora de cenar.
He hecho un centro de mesa para la gran cena.
Alucinante.
Buen trabajo, papá.
Sirvan estas albóndigas como símbolo de todo lo que le espera
-a esta nueva familia. -Yo...
Por nuestra familia.
Aunque venimos de sitios diferentes, nos une un lazo de sangre.
Bueno, a mí no, porque solo me casé contigo.
Y porque bajo el mismo techo vivamos muy felices.
Aunque supongo que querréis buscar casa propia en algún momento,
pero por ahora... Vale.
Vale. A comer.
Están horribles.
Si Rita no se hubiese dedicado a lanzar las albóndigas por los aires...
Es mi culpa por no saber seguir indicaciones.
El problema es que solo piensas en los monstruos.
-¿Hay monstruos? -¡No!
Oye, tío, no seas tan duro con el chico.
No me llames tío, señor puedo arreglarlo todo.
-No le grite a mi padre. -Osmo.
Si esta primera cena es reflejo de lo que le espera
a nuestra familia, no quiero formar parte.
¿Has convertido mi silla en un váter?
¡Yuju!
Soy el chef Delicious Salset.
¿Quién quiere un poco de papeo?
¿Quién eres tú?
El chef Delicious Salset.
Rita y Osmo querían asegurarse
de que esta cena fuera todo un éxito.
Así que me llamaron.
El famoso chef Delicious Salset.
Bueno, parece que esta vez habéis acertado.
Debo reconocer que estoy ligeramente impresionado.
Muy buena estrategia de distracción, magdalenitas esponjosas.
Comencemos nuestra primera cena.
Sí.
No sé muy bien a qué sabe.
-¿Qué tipo de asado es, chef? -Yo lo llamo comida casera.
-Terroso pero sabroso. -Y un toque picante.
¿Sabe a champiñones?
Niño nuevo, Ned, mis disculpas por ser tan brusco.
Sed bienvenidos.
No, buscaremos una casa propia.
De hecho, ya le he echado el ojo a una cabañita que hay ahí fuera.
Esa es la estación del teleférico.
Es una cabañita preciosa.
Vamos a ser vecinos.
Ay, no ha estado mal para ser el primer día.
Un par de amigos nuevos, una avalancha y unos padres comiendo
roña de los dedos de los pies asada.
Es la primera vez que te oigo riéndote.
Oye, yo me río si tengo una buena razón.
Es hora de volver a la montaña.
A mi hogar, ya sabéis.
Tu hogar está aquí.
Aunque mi némesis se pondrá furioso.
-¿Némesis? Suena divertido. -¿Divertido?
Seguramente fue quien dio la voz de alarma al verte, Gust.
Sí. No me creo que se activara la alarma.
Es el asqueroso que hace sonar las alarmas, sí.
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