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Desde joven, estuve obsesionado con buscar la perfección.
Seguramente, porque "perfección" era un término
que mis profesores de arquitectura repetían sin cesar.
Durante mis primeros años como arquitecto,
me obsesioné en diseñar edificios bellos,
perfectamente proporcionados,
pero hace 20 años,
viví una fuerte crisis
que me hizo replantear el sentido de mi trabajo.
La verdad incómoda es que lo que llamamos arquitectura
es en realidad el negocio de diseñar para el 1 % de la población más rica.
Esto no es solo malo en términos de justicia social,
sino que es una estrategia de negocio muy torpe.
Por eso, hace 15 años, decidimos cambiar el destinatario de nuestros proyectos.
Viajamos a Ruanda con el objetivo
de construir hospitales.
Allí descubrimos que varias maternidades
estaban haciendo enfermar a las madres por su diseño deficiente.
¿No es paradójico?
Si sabemos que unas simples vistas a la naturaleza
mejoran radicalmente la salud,
entonces, ¿por qué no pensar en un hospital
donde cada familia tenga su propia vista?
Diseñar hospitales siguiendo esa lógica fue decisivo,
pero lograr que la comunidad
los construyesen con sus manos
fue de las experiencias más enriquecedoras de toda mi vida.
Hace 20 años, tras una grave crisis personal,
comprendí que la perfección en la arquitectura
no se alcanza gracias a levantar edificios hermosos.
La gran arquitectura puede sanar
siempre que se enfoque en lo realmente esencial
y olvide todo lo demás.
Como dijo Antoine de Saint-Exupéry:
"La perfección se consigue
no cuando no haya más que añadir,
sino cuando no hay nada más que quitar".
Muchas gracias.
COSMÉTICA DEL ENEMIGO
Muchas gracias.
Me hace muy feliz que me firme el libro.
¡Señor Angust, mire aquí!
¡Jean!
Fírmelo para Concha, por favor.
Para Concha.
Aquí lo tienes.
Señoras y señores, lo siento muchísimo,
pero tengo que llevarme al Sr. Angust o perderá su vuelo.
Muchas gracias.
El coche está ahí. - De acuerdo.
Gracias por venir a París.
Sé que no te gusta.
Cómo me va a gustar si aquí no sabéis lo que es el sol.
¿Aún lo llevas, Jeremy?
No puedo olvidarla, Jean.
Ya va siendo hora, ¿no?
Hace 20 años que te dejó.
Quizá necesite unas vacaciones. Descansar.
Llevo diciéndotelo meses. Trabajas demasiado.
Sal, conoce gente.
Tengo que irme.
De acuerdo. Bon voyage.
Señor, ¿cree que llegaremos a tiempo?
Vamos un poco justos, señor,
pero si no hay mucho tráfico, llegaremos.
¡Disculpe! ¡Buenos días!
¡Buenos días, señor!
Perdone la molestia, pero...
nadie me hace mucho caso.
¿Por casualidad no se dirigirá hacia el aeropuerto?
Sí, allí vamos si el tráfico nos deja.
Esto me da mucho apuro, pero...
voy a perder mi vuelo
y no encuentro ni un solo taxi libre.
¿Le importaría acercarme?
Perdone, no quería molestarle.
Venga, suba. - ¿Sí?
Suba. - ¡Qué bien! Muchísimas gracias.
Gracias. - ¿Qué hace, señor?
Suba. No le haga caso. - Gracias.
Estoy empapada.
Ya lo veo.
¿Jeremiasz Angust?
¿Estaba en la conferencia?
No.
Su nombre está escrito en esa libreta.
Claro.
Y también su dirección de Varsovia.
Sí, en Varsovia.
Yo soy Texel.
Texel Textor.
Soy holandesa.
Vaya.
¿Le sorprende mi nombre o que sea holandesa?
Su nombre. - Sí.
Es extraño.
Lo es, pero suena bastante bien.
Es la primera persona que conozco a la que le gusta mi nombre.
¿Sabía que Textor significa...?
¡Mierda! - ¿Qué pasa?
Mi maleta.
Cuando ha subido, solo llevaba esa bolsa.
¡Pare el coche, por favor!
¿Cómo?
Mierda. Sé dónde la he dejado.
Está en la esquina donde me ha recogido. Mi pasaporte está allí.
Pare el coche.
Señor, vamos a llegar tarde.
Pare, por favor.
La dejé en un portal para protegerla de la lluvia.
¿Perderá el vuelo?
Me temo que sí. Voy con el tiempo justo.
Tranquilo, volveré caminando.
¿Y si coge un taxi?
He pasado una hora buscando uno libre.
Disculpe, debemos dar la vuelta, por favor.
Gracias.
¡Anda que nos ayuda!
¡Acaba de perder su propina!
Gracias.
¿Quiere saber por qué me llamo Texel?
A mis padres les gustaba la isla de Texel.
Está en Holanda. ¿La conoce?
He oído hablar de ella.
Mi apellido es Textor
y "textor" viene del latín texere
que significa "tejer",
es decir, un texto es un tejido de palabras
así que mi apellido significa
"aquel que teje el texto".
Interesante.
Una pena que con ese apellido yo no sea escritora.
Siempre se puede empezar.
¿Usted cree?
Ya llegamos.
Debo correr. Ha sido un placer conocerle.
Claro.
¡Ey! ¡Buena suerte!
Mierda.
Ey, Jean, he tenido problemas de camino al aeropuerto y he perdido el vuelo.
¿En serio? ¿Necesitas que vaya? - No, no.
No necesito compañía para dos horas, me las arreglo solo.
Llámame si necesitas algo.
Gracias. Hasta luego. - Disfruta de tu aeropuerto.
Bienvenido al Lounge VIP, señor. - Gracias.
Gracias.
Este es un aviso personal para Jenet Pasteur.
Por favor, diríjase a su puerta de embarque.
"Angust se ha limitado a explicar
lo que habíamos leído en sus libros.
Decepcionante".
Perdimos nuestros vuelos.
Nos toca esperar.
¿Qué tal su...
libro?
No leo un libro.
Le entiendo perfectamente.
Yo soy incapaz de leer un libro si hay gente delante.
Odio los aeropuertos.
¿Usted no? - Disculpe, pero...
La gente cree que se conoce a viajeros interesantes, pero...
¿sabe qué tipo de gente encuentra uno aquí?
No.
¿Qué tipo?
Ejecutivos en viaje de negocios.
El viaje de negocios es la negación del viaje.
Creo que sería mejor llamarlo "desplazamiento comercial".
¿No le parece?
Es un concepto interesante.
Sí, es interesante.
A pesar de que estoy segura de que está de viaje de negocios.
No exactamente.
Desde luego, no está aquí de vacaciones.
La verdad es que no me apetece mucho hablar.
Qué maleducado. - ¿Cómo?
Me parece que ha sido maleducado.
Perdone, no la entiendo, la he traído y he perdido mi vuelo.
Yo también lo he perdido. - Y ahora se pone pesada.
Cuánta agresividad.
¿Quién es usted?
Oh, perdone, soy Texel,
Texel Textor y soy holandesa.
¿Y qué es lo que quiere de mí?
Lo siento, pero hablar no está prohibido.
No puedo impedirle hablar, pero tampoco puede obligarme a responder.
Vale.
Entonces, le hablaré de mí.
¿Me va a obligar a irme de esta sala?
No.
Por favor.
¿Por qué hace esto?
Porque me apetece.
A mí me apetecería... - Romperme la cara.
No iba a decir eso.
No ha sido necesario. Se le nota, pero...
el castigo físico no es legal
y pegar a una mujer además está especialmente mal visto.
¿No tiene más ambiciones que la de molestar?
No.
Pues yo sí. - No, no es cierto.
¿Usted qué sabe?
Parece un hombre de negocios y la obsesión por el dinero
no es una ambición nada elevada.
No me dedico a los negocios. Soy arquitecto.
¿En serio?
Mire alrededor.
Este es mi trabajo.
¡Vaya!
¿Es usted el arquitecto?
¿Ve aquella maqueta?
Y nosotros estamos...
aquí.
No. Nosotros estamos aquí.
¿Quedó contento con el resultado? - No exactamente.
Fue hace muchos años.
Con el tiempo, he depurado mi estilo.
Creo que al diseño original le sobraron elementos innecesarios,
volúmenes...
"La perfección se consigue
no cuando no haya más que añadir,
sino cuando no hay nada más que quitar".
¿Seguro que no estuvo en mi conferencia?
¿Yo?
No.
A mí el edificio me parece increíble.
Ey, tomemos una copa.
No, gracias, tengo mucho trabajo.
Por favor.
Te he abordado y te hecho perder el vuelo.
No hace falta. - No me hagas sentir peor.
¿Una copa?
¡Esa sonrisa es un sí!
Tengo una duda.
¿Por qué la has tomado conmigo?
Me inspiras.
Creo que hay...
cierta disponibilidad en ti.
Desengáñate, no estoy disponible.
No me entiendas mal,
me pareces un hombre con curiosidad.
¿Curiosidad?
De hecho, ardes en deseos de conocer mi secreto.
¿Crees que tengo tanto interés en saber de ti?
Sí.
Dime...
¿Alguna vez has matado a alguien?
¿Perdona?
Yo de pequeña maté a una persona.
Es una broma.
Ves como te interesa mi relato.
Perfecto.
Entonces te voy a pedir que cierres los ojos
y trates de visualizar
lo que te voy a contar con todo detalle.
Se trata de tres historias.
La primera es desagradable, la segunda, terrorífica
y la última es una historia de amor.
¿Estás preparado?
Claro.
El caso es que yo debía tener unos diez años.
Vivía en una casa diminuta, a las afueras de Róterdam,
con mi madre, su marido
y nuestros tres gatos.
Sé a que te refieres. Crecí en uno de esos barrios.
Con el ruido de los vecinos.
No, mierda.
¿Qué pasa? - ¿Qué tipo de casa imaginas?
Qué más da.
Visualizas el piso de tu infancia, ¿verdad?
Sí. El típico edificio comunista. - Es lo normal.
Cuando escuchamos un relato,
lo imaginamos juntando pedazos de nuestros recuerdos.
Nos convertimos en los arquitectos del relato.
Eres un pozo de sabiduría. - Sí.
Pero mi casa no era como el piso que estás imaginando
porque yo vivía en un campo de caravanas
alejado de la ciudad.
Recuerda...
que esta primera historia
es desagradable.
Cuando era niña,
fui muy problemática con la comida.
Toleraba pocas texturas y sabores y nadie en aquella familia sabía cocinar.
La carne siempre estaba seca o el pescado rancio.
Mi madre cocinaba a todas horas
y "el cerdo" se lo comía todo. - ¿Quién?
Así es como solía llamar a mi padrastro porque comía a todas horas.
Hacía mucho ruido, era asqueroso.
Yo siempre callaba,
entonces era una persona silenciosa.
Un inciso.
Los tres gatos eran callejeros. Sin pedigrí.
Te he imaginado con gafas.
Es un tópico, pero sí, llevaba gafas.
Y con cara triste.
Así era.
Si un niño no se siente querido, su rostro no disimula.
¿Nadie te quería?
Mi madre solo se dirigía a mí para decirme que comiese,
pero cuando intentaba tragar,
el cuello se me cerraba.
Y entonces "el cerdo" me cruzaba la cara.
¿Y tu madre no decía nada?
No.
Ella probó una nueva estrategia.
Cada vez que no me acababa la comida,
debía preparar la comida de los gatos.
¿Sabes lo que les gustaba comer?
Latas de pescado viscoso,
sobras de carne e incluso tripas de conejo.
Todo mezclado con arroz.
Mejor eso que los golpes.
No. De hecho, yo prefería los golpes
porque debía preparar esa mezcla con mis manos
o los estúpidos gatos no se la comían.
¿Sirvió de algo ese nuevo castigo?
No.
De hecho, un día,
ocurrió algo impensable.
Los gatos maullaban y maullaban
alborotados, a mis pies.
Y entonces,
de pronto,
cogí un puñado enorme
¡y me lo metí en la boca!
¡Qué asco!
Estaba delicioso.
Nunca había probado algo tan bueno,
pero estaba aterrada.
Sabía que no era yo quien había querido comer.
Fue un enemigo interior quien mi obligó a hacerlo.
Un enemigo interior
mil veces más poderoso que el pelele de Dios.
Yo no creo en Dios.
Tienes razón.
No hay grandes pruebas de la existencia de Dios,
pero las pruebas de la existencia del enemigo interior son palpables.
Es aquel que todos los días se cruza en tu camino
destruyendo lo que merece la pena.
Es aquel que te muestra tus bajezas.
Y la de tus amigos.
Es aquel que te hace sentir asco de ti.
¿Sabes qué?
Hay médicos para casos como el tuyo.
Perdona.
No quiero molestarte más.
¡Ey! Espera.
Lo siento.
¿Tienes hambre?
¿Cómo?
No sé tú, pero...
yo me muero de hambre.
Este es un aviso personal para el Sr. Antonio Carrizosa.
Por favor, Sr. Carrizosa, diríjase a la puerta F12.
¿Me he perdido algo o en esta historia no has mencionado nada de un asesinato?
Eso viene ahora.
¿Esto era solo una introducción?
Absolutamente necesaria.
Por supuesto.
Mira,
yo debía tener... 12 años.
En mi clase, había un niña, Feline.
Era mi única amiga.
Era encantadora, amable, divertida.
Sin ser la primera de clase, sacaba buenas notas.
Era la mejor en ballet,
lo que en mi escuela era la clave de la popularidad.
En mi escuela, ocurría lo mismo con los deportes.
Franck Hoffman era el más popular.
Todos le adoraban.
Y tú sentías envidia de él.
¿Yo? No.
Vamos, Angust, se te nota en la cara.
Odiabas a ese chico.
Para nada.
Era uno de mis mejores amigos.
Jugábamos juntos en el equipo de rugby.
Él era el capitán.
No.
¡Mierda!
¿Qué pasa?
¿Qué tipo de colegio imaginas?
No, otra vez no.
Estás visualizando el colegio de tu infancia,
pero mi colegio era muy diferente.
Íbamos uniformadas
y no habíamos oído hablar jamás del rugby.
Mi colegio era bastante decadente.
Era... una viejo palacete.
Seguro que conoces bien el barroco holandés.
El caso es que todos adoraban a Feline.
Yo la quería, era mi amiga, pero...
en mi interior,
no podía soportar su perfección.
Hay que tener en cuenta
que yo era enclenque y nada agraciada.
¿Agua? - Sí.
Me esforzaba por agradar.
Por resultar simpática y divertida, pero...
no lo conseguía.
No soy como tú.
Yo no caigo bien siempre.
Tú gustas a la gente.
El conductor se enfadó antes porque me recogiste.
Mira mi facha.
¿Qué le pasa?
No se puede ser tan políticamente correcto siempre.
Un día te va a traer problemas.
¿Qué?
¿Es necesario hacer tanto ruido?
Perdona.
No tengo tus modales.
El hecho es...
que mi odio hacia Feline fue en aumento.
Ella tenía todo lo que yo no tenía.
Una casa preciosa,
toneladas de juguetes y...
una familia que la adoraba.
Cuando me invitaba a su casa, sentía la necesidad de dejar mi huella.
¿Y no dejó de invitarte? - No.
Seguramente le daba lástima.
Y entonces,
lo hice.
¿Hiciste qué?
Bueno, aquí viene la historia de miedo.
Una noche, como tantas,
mi madre y "el cerdo" discutían y se insultaban.
Yo solía acurrucarme en mi camastro,
tratando de escapar de sus gritos inútilmente.
Pero esa noche,
tenía un objetivo distinto,
quería eliminar la perfección de Feline.
¿De nuevo el enemigo interior? - Exacto.
Muérete, por favor. Por favor.
Muérete, por favor. Por favor.
Muérete, por favor.
Muérete, por favor.
Muérete, por favor. Por favor.
¡Muere! ¡Te odio! ¡Te odio!
¡Muere!
Y a la mañana siguiente,
el director entró en la clase.
Plié, relevé
y aguanta.
Plié.
Plié.
¡No puede ser!
¿Qué le pasó?
No fue culpa tuya.
¡Por supuesto que sí!
Estaba perfectamente bien y murió de un ataque al corazón.
Si fuera tan sencillo matar,
no quedaría demasiada gente en el planeta.
Nunca dudé de mi culpabilidad en su muerte.
No hay nada más poderoso
que un espíritu empujado por la convicción.
Mi odio la mató,
pero luego perdí ese poder.
¿Así que crees que tienes superpoderes?
Adelante, búrlate de mí.
Me acabas de contar que mataste a una niña medio rezando.
¿Qué esperas?
Tienes razón,
no soy una gran criminal.
Valoro esos arrebatos de lucidez.
Date cuenta, en mi vida, solo he matado a dos personas.
Es una cifra mediocre.
Hay que tener ambiciones más elevadas.
El demonio de la culpabilidad me impidió seguir.
¿Tras el segundo asesinato? - Sí.
¿Estás bien?
Estoy cansado.
Tanto hablar de demonios y asesinatos...
Tengo mucho trabajo que hacer.
Claro. - Que tengas una buena tarde.
Cuídate.
Sí.
Tú también.
Esto es un aviso personal para el Sr. Yosihiro Yagi.
Por favor, Sr. Yagi, diríjase a su puerta F42.
Su avión está a punto de salir.
Se me olvidaba, aún tengo que contarte una historia más.
¿De dónde has sacado ese cuchillo?
¿Qué cuchillo?
¿Cómo voy a haber metido un cuchillo aquí?
No hagas eso, hay gente alrededor.
Bajaré el pie cuando te quites los auriculares.
Solo queda una historia
y te prometo que es la mejor.
¿Quién eres?
Me llamo Texel.
Texel Textor y soy holandesa.
¿Y eso es todo?
No, iba a contarte mi última historia.
Me has mentido.
Hablo mucho,
pero no miento nunca.
Estuviste en mi conferencia
y sabías quién era cuando subiste al coche.
¡Vaya!
Es realmente impactante. - ¿El qué?
Cómo se parece a mí esa chica. - Por favor.
Tiene tu misma figura y lleva tus mismos calcetines.
Eres tú.
Te juro que no sé quién es esa chica.
Jean.
¿Qué tal?
¿Puedes buscar en las listas de los asistentes a la conferencia
si aparece una chica llamada Texel Textor?
Texel con equis.
Claro. ¿Y eso?
Te lo cuento luego. Hazme el favor. Me espero.
Si me encuentra, voy a temblar de miedo.
Por Texel Textor no aparece nadie.
¿No?
Espera un momento, Jean.
Te mando una fotografía,
búscame quién es la chica de la derecha.
La rubia con el pelo rizado.
Ey, esa no soy yo.
Es una de las asistentes.
¿Estás bien?
Sí, sí, todo bien, espero tu llamada.
Ahora entiendo tu afán por repetir tu nombre una y otra vez.
La mentira necesita más reafirmación que la verdad para ser creída.
¿Te has dado cuenta que existe un verbo para mentir
en casi cada idioma del mundo?
Mentir, menteur, lügen, klamac...
No hay ninguno que signifique decir la verdad.
Sincerarse. - No es lo mismo.
Sincerarse es desvelar una verdad que estaba oculta.
Si yo te digo
que ahora son las siete en punto,
te estoy diciendo la verdad.
Jean.
La chica que me comentas se llama Alice Myers.
Creo que es ella.
Alice Myers. ¿Te lo deletreo?
No.
¿Piden la documentación a los asistentes a la charla?
Sí, claro, aquí es lo habitual.
¿Qué te pasa? ¿Estás bien, Jeremy?
Sí, estoy bien.
No te preocupes. Si necesito algo más, te llamo.
Muchas gracias.
¿Cómo te llamas en realidad?
Texel Textor. ¿Te lo deletreo?
Ahora sé tu nombre real.
Dímelo. Me encantaría saber el nombre de mi gemela en París.
Tú ya lo sabes.
¡Dios, qué pesadilla!
Muéstrame tu pasaporte.
No.
Si no me crees, es tu problema.
Si fueras Texel Textor,
no tendrías inconveniente en enseñármelo.
¿Te cuento mi última historia?
Cuando has entrado en el baño de caballeros
y cuando has puesto el pie en la silla,
¿qué buscabas?
Angust, perdóname, pero...
¿Crees que estoy ligando contigo?
¿No lo estás?
¿Cómo?
Como ves,
mi nombre es Texel Textor
y soy holandesa
y no, no estoy intentando ligar contigo.
Aunque mi última historia...
es sobre el amor.
Cuando acabes tu relato, habré averiguado qué está pasando aquí.
Puede ser.
Dime,
¿cómo es tu mujer?
Ya no la quieres.
Claro que la quiero.
¿Por qué dices eso?
Cuando queremos a alguien,
somos inagotables a la hora de hablar del objeto de nuestro amor.
Tú tampoco debes amar a nadie.
Amo a una persona sublime.
¿Por qué pierdes el tiempo molestando a extraños
cuando podrías estar con el objeto de tu amor?
No me ama.
Usa tus armas de seducción.
Ya lo intenté. - ¡Insiste!
Es inútil. - ¡Qué cobarde!
Esa persona está muerta.
Aunque estaba muy viva cuando la conocí.
Angust, no pongas esa cara.
Tienes razón.
El hombre de tu vida está muerto, pero no es tan grave.
No dije que fuera un hombre.
¿Era una mujer?
¿Acaso importa?
Dime, ¿era un hombre o una mujer?
Me parece que hay algo un poco morboso en esa pregunta.
Continúa, por favor.
Era la primera vez que me sentía atraída por alguien.
Hasta aquel momento,
vivía alrededor de mi ombligo.
Mi madre se había marchado a vivir con un ruso
y dejó al "cerdo" hundido y solo.
¿Y qué pasó con los tres gatos?
Murieron sin descendencia.
Y entonces, decidí mudarme a París.
Allí conocí a la persona más hermosa del universo.
¿Dónde, en París?
¿Te gustan los cementerios?
En el cementerio de Montmartre,
hay una tumba que me conmueve mucho.
Está cerca del sepulcro de Alexandre Dumas.
Sobre la lápida, hay una estatua desplomada
con el rostro contra el suelo.
Cada vez que iba, había una persona contemplando la estatua
que tenía su misma cara.
¿Finalmente has escogido un hombre o una mujer
para tu imagen mental?
No te lo diré.
Angust, ¿de verdad quieres jugar conmigo?
Has escogido a una mujer.
Un día, reuní las fuerzas para hablarle.
Perdona, pero ¿fuiste modelo para esta escultura?
¿Y qué te contestó?
No se dignó a responderme.
Aunque sí vi su cara.
Nunca he vuelto a sentir ese tipo de emoción.
Era...
la perfección absoluta.
Por una vez, te entiendo.
Su mirada me llegó al alma.
No creo que sepas qué es ser rechazado por la persona de tu vida.
Tú eres un hombre atractivo.
No sabes lo que significa tener sed y no tener derecho a beber.
El agua te es negada
por la estúpida razón de que no eres de su agrado.
Suena como el argumento de un violador.
Exactamente.
Hay algo muy excitante en seguir a alguien.
Es literalmente como perseguir un deseo.
Deberías dedicarte escribir.
Ahora viene la parte más emocionante.
No puede ser verdad.
Entonces la arrastré
hasta un panteón donde la observé.
Puse mi mano bajo su falda.
Recorrí su piel que, a pesar del frío, estaba caliente.
¿Seguía inconsciente?
Eso creía yo.
¡Socorro!
¡Socorro!
Lo último que recuerdo es a alguien gritando.
¡Llamad a una ambulancia!
¡Llamad a una ambulancia!
Era finales de diciembre,
la noche anterior había caído la primera nevada.
Yo era virgen.
Ella no lo creo.
Siento asco.
Estás muy mal.
Necesitas un psiquiatra.
¿Para qué acudir a terapia si existen los aeropuertos?
¿Por qué demonios me cuentas esto?
¿Es lo que tienes que decirme?
Confirmo que la víctima fue una mujer.
Sí. Era difícil mantener el secreto todo el tiempo.
No entiendo.
¿Te sientes mal por haber tomado comida para gatos
y esto no te provoca remordimientos?
¡Lo que hice fue halagador!
Estuve dispuesta a infringir la ley por ella.
Lo que dices es repugnante.
Atacaste la primera persona por la que sentiste deseo
y cuando te apetece hablar con alguien, por ejemplo, conmigo,
me lo impones.
No puedes sentir empatía.
Típico de quienes no quisieron de niños.
¿Lo ves?
¿Para qué acudir a un psicólogo teniéndote a ti?
Eso lo sabe cualquiera.
Creo que mis padres no me quisieron.
Me abandonaron, y cuando quieres a alguien,
no le abandonas.
Debería compadecerte, pero no puedo hacerlo.
No he vuelto a tocar a ninguna otra persona.
¿No te parece romántica esa abstinencia ejemplar?
Eres la persona menos romántica que imagino.
¿Quieres que termine de contarte mi historia?
¿Hay más?
Acaba de empezar.
La busqué por todo París.
Calle
a calle.
Café a café.
Restaurants, bares,
discotecas, pastelerías,
por cualquier lugar imaginable.
Sé lo que estás pensando,
por qué esa obsesión por aquella mujer.
¿No era mejor pasar página?
Lo creas o no, eso mismo pensé yo una vez.
Estúpida.
Y entonces, un día,
dos años más tarde,
cuando ya casi había abandonado mi búsqueda,
estaba...
comiéndome mi perrito caliente favorito.
La habría reconocido entre cuatro millones de mujeres.
El tiempo le había hecho aún más hermosa.
¿Perdón?
Perdone,
¿no nos conocemos?
Lo siento, no creo.
¿Cómo pudo no reconocerte? - No lo sé.
Antes tenía el pelo más largo,
llevaba gafas.
Nunca nos vimos a pleno sol, quizás fuera eso.
¿No me recuerda? ¿Seguro?
Lo siento muchísimo, soy muy despistada.
Seguro que nos conocimos a través de mi marido.
Salimos a cenar a menudo con sus colegas de negocios.
Me llamo Texel.
Texel Textor.
Soy holandesa.
Creo que ahora recuerdo. Puede que nos conociéramos en Ámsterdam.
Sí.
Me confundía con la novia de Berg,
un conocido de su marido con el que coincidieron en Ámsterdam.
¿Viven ahora aquí? - Sí.
¡Qué bien!
Quizás les apetezca venir algún día a tomar café.
Claro.
¿Mañana?
¿Mañana?
Sí, claro, será un placer ver de nuevo a Berg.
Claro.
¿A las cinco les va bien?
A las cinco es perfecto.
La dirección es 11 Rue de Rome,
tercera planta, puerta de la derecha.
A las cinco.
11 Rue de Rome, tercera planta, puerta de la derecha.
A las cinco.
Allí estaré. - De acuerdo.
Hasta luego. Nos vemos mañana.
Adiós.
11...
11...
Fui hasta mi armario
y saqué el vestido
que había estado guardando para este día.
Estuve a punto de tirarlo varias veces a la basura, pero...
tras dos años,
había encontrado de nuevo a mi amor.
Aguarda.
Ya voy. ¿Quién es? - Soy Texel.
¿Quién? - Texel Textor.
Me invitó ayer a venir.
Ah, sí, claro.
Hola. - Hola.
¿Dónde está Berg?
Se ha tenido que quedar en la oficina.
Si no acaba tarde, vendrá luego.
Ya sabe cómo es vivir con un hombre de negocios.
Qué me va a contar.
Pasa, por favor.
Su apartamento tenía el encanto de lo antiguo,
al estilo burgués.
Estaba decorado de forma muy meticulosa.
¿Su marido está en casa hoy?
No. Trabaja todas las tardes,
así que hoy estaremos solas usted y yo.
¿Un poco de azúcar, señorita Textor?
No.
Y, por favor,
llámeme Texel.
¿Se llama así por la isla de Texel?
Sí.
Conocía la isla de Texel.
Le dije que me encantaría hacerle de guía
la próxima vez que fuésemos juntas.
¿Y a qué se dedica?
Trabajo pintando,
sobre todo,
joyas.
Odiaba aquella charleta.
Quería ir de una vez al grano.
¿Le gusta París?
Sí, ya sabe,
cada vez más.
E hizo aquel comentario
sobre el síndrome de Estocolmo en París.
Llevo siete años viviendo en París
y desde hace tiempo me digo que le estoy cogiendo el gusto,
pero sé que es un engaño,
que es puro...
síndrome de Estocolmo.
En París,
pero síndrome de Estocolmo al fin y al cabo.
¿Tener síndrome de Estocolmo en París?
¡Síndrome de Estocolmo! ¡En París!
¡Qué ocurrente!
Me alivia mucho que no me hayas olvidado.
¿Por qué has venido?
Por amor.
Te he buscando durante años.
Por favor, sal de mi casa.
No he amado
ni he tocado a nadie más en todo este tiempo.
¿Puedo abrazarte?
¡Márchate!
Ella me rechazó
y entonces entendí
que ella necesitaba vengarse.
Lo siento.
No voy a hacerte daño, ¿de acuerdo?
Primero dime tu nombre
y luego puedes matarme.
¡Vete!
Si me matas, desapareceré para siempre.
Estás loca.
Mátate tú si tanto lo deseas.
No. Yo no deseo morir,
necesito que tú me mates.
Necesito que esta historia tenga un final.
Me da igual lo que necesites.
Esa respuesta no es muy amable.
¿Qué tal si te ayudo a matarme?
Te aseguro que lo haré.
Adelante.
¡Hazlo!
¡Vamos!
Murió antes de que pudiera saber su nombre.
Lo siento.
Durante todos aquellos años temí
que la mujer de mis sueños pudiera tener un nombre vulgar
como Cindy, Raymonde o Monique,
pero en realidad
tenía un nombre encantador,
Isabelle.
Y así,
sin proponérmelo,
acababa de cometer
el crimen perfecto.
Nadie me había visto entrar
y no debí de dejar muchas huellas.
La prueba de ello es...
que aún sigo libre.
¿Quién te ha contado eso?
¿A qué te refieres?
Lo siento, Angust,
pero no hemos acabado aún.
¿De qué va todo este juego?
¿Te parece un juego?
Explícame qué sabes de la desaparición de Isabelle.
¡Vaya! ¿Conocías a Isabelle?
¡Esto es una coincidencia! - ¡Deja de tomarme el pelo!
De acuerdo.
Tienes razón,
este encuentro no ha sido para nada casual.
He venido como autora de los hechos.
No juegues más conmigo o te partiré la cara.
Cuéntame lo que sepas.
Quieres aliarte con el enemigo.
Tú no eres el enemigo.
Reivindico mi derecho a ser el enemigo.
¿Qué pretendes?
¿Aún no lo sabes?
Dime qué.
Morir.
Este es un aviso personal para el Sr. Jeremiasz Angust.
Por favor, Sr. Angust, diríjase a su puerta de embarque. Gracias.
Alguien que conoce mi historia te ha dicho que si vienes aquí
y me cuentas esto, te mataré.
Demasiado complicado.
¡O hablas o no respondo de mis actos!
¡Exacto! Llegó la hora de los actos.
Acabo de confesar que maté a tu mujer.
¿Qué piensas hacer?
Si quieres morir, mátate, pero déjame en paz.
¡La desaparición de Isabelle es lo peor que me ha pasado en mi vida!
¡A ambos!
Eso es lo que quieres de mí,
que te mate, aquí mismo...
De nuevo, este es un aviso personal para el Sr. Jeremiasz Angust.
Su vuelo a Varsovia está a punto de salir.
Te pido perdón, ¿vale?
Pero o me ayudas a resolverlo o tendré que llamar a la Policía.
Adelante.
Tendrán mi palabra contra la tuya.
Quiero saber la razón de toda esta tortura.
Te he contado la verdad.
Y ahora intentas convencerte de que no fui yo
para no tener que matarme.
Una joven desconocida me pide que la acerque al aeropuerto.
Luego, tras algunas desagradables confesiones,
esa adolescente me suelta
que hace muchos años asesinó a mi mujer.
Cualquiera coincidiría conmigo en que no has dejado de engañarme.
No soy una adolescente. - ¡Basta!
¡Mi mujer desapareció hace 20 años!
¿Y qué?
Eres solo una cría.
Este es un aviso personal para Texel Textor.
Por favor, Srta. Textor, diríjase a su puerta de embarque.
El avión también es un buen lugar para matarme.
¿Qué?
Viajamos en el mismo vuelo.
Última llamada para Jeremiasz Angust y Texel Textor.
La puerta F28 está a punto de cerrarse.
Lo siento.
Buenas noches. - Gracias.
Buenas noches, señor.
Buenas noches.
Tripulación de cabina, cerramos puertas.
Buenas noches, señoras y señores, habla el comandante.
Bienvenidos a bordo de este vuelo
que nos llevará del aeropuerto de Charles de Gaulle a Varsovia.
El vuelo alcanzará una altura de unos 43 000 pies.
La duración del vuelo será
de aproximadamente 2 horas y 5 minutos.
Señor, ¿le puedo ayudar?
Tengo que bajar.
Señor, por favor, debe sentarse.
¿Señor?
Tengo que salir.
No puede.
No puedo viajar en este vuelo.
Hemos cerrado e iniciado el protocolo de despegue.
No puedo coger este vuelo. - Debe sentarse ahora.
¿Cuál es el problema, señor?
¡No me toque! ¡No hace falta que me toque!
Ya no puede bajar. - Tengo que salir.
¡Tienen que abrir esta puerta!
Perdone, señor, ¿podría mostrarme su tarjeta de embarque?
¿Está mi mujer muerta?
Ahora te interesan mis historias.
No son tus historias.
Son las mías.
Las nuestras.
¿Qué tal si esta vez me cuentas tu historia?
Dime dónde está Isabelle.
Quid pro quo.
Cuéntame lo que sabes y yo te contaré lo que sé.
¿Qué os pasó?
Debía ser febrero.
Nos acabábamos de mudar a un nuevo apartamento.
Llevábamos cuatro años casados
y estábamos preparados para formar una familia.
¿Ya está?
La última.
Isabelle llevaba varias semanas cada vez más ausente.
Sabes a pizza.
¿Y qué?
Mejor que sigamos desempaquetando.
Yo empecé a preocuparme.
Lo habíamos pasado muy bien juntos,
pero esos días parecían muy lejanos.
Ella se estaba distanciando de mí.
¿Qué quieres que haga? - No te pido que hagas nada,
Jeremy, solo dame un poco de espacio.
¡Te estoy dando espacio!
¡Venga, hombre!
Ahora eres tú la fría.
Yo no soy fría. No me puedes decir eso.
¡No es justo! - ¿Justo?
¡Lo que no lo es es que estés con otro!
¡No! ¿De dónde...? ¡Ah!
Eso es, Jeremy, márchate. ¡Eres un cobarde!
No era la primera vez que nos peleábamos, pero esta vez me sentía distinto.
Volví al trabajo.
Traté de centrarme en nuestro proyecto de expansión del aeropuerto.
Podríamos ampliar un poco la vista en el corredor,
es lo que la gente quiere ver en un aeropuerto:
coches, aviones despegando, elementos en movimiento...
Quizás estemos a tiempo de cambiar el tamaño de las ventanas.
¿Cómo lo ves?
Jeremy.
¡Sí! ¡Ya voy!
¿Quién es?
Soy yo, Isabelle.
Quería traerte estas flores.
Pasa.
¿Cómo estás?
¿Te apetece tomar algo?
En ese momento, lo viste claro.
Tu amor había decidido marcharse al día siguiente.
¿Cómo podía Isabelle abandonar tu perfección?
¿Mi perfección?
Fuiste incapaz de preguntarle nada acerca de aquel billete.
El miedo al fracaso ganó la batalla.
Isabelle,
te quiero.
Por favor.
Por favor, Jeremy. - Hace tanto tiempo que no...
No me hagas esto.
Isabelle.
Isabelle.
Para. Para. ¡Joder!
Lo siento.
Ella te rechazó.
Esa fue la última vez que la vi.
Tras varios días sin saber de ella,
volví al piso.
¡Isabelle!
Esperaba encontrarla en casa tras su viaje a Holanda.
Necesitaba disculparme.
¿Isabelle?
Pero ella nunca volvió.
Pobre.
Dime, ¿qué es lo que sabes?
¿Eres mi hija?
¿Eso es lo que crees?
Dímelo.
De alguna manera, sí,
soy tu hija.
Te he dicho desde el principio que soy holandesa.
Seguramente, porque siempre has querido creer que nací en Holanda.
¡Me estás volviendo loco!
¿Volviendo loco, yo?
Me temo
que no necesitas ayuda con eso.
¿Qué pretendes?
Baja la voz.
¿Por qué?
Porque aún sigues en el avión.
¡Ey!
Vamos, Angust, alegra esa cara y disfruta del viaje.
Estoy aquí.
La verdad es que me siento muy...
bien.
Pídele un café a la azafata.
Bravo.
Hazlo.
Perdone, señorita, me gustaría tomar un café.
Más alto.
¡Disculpe, podría servirme un café!
Más fuerte.
¡Ey, señorita, deme un café!
Grita.
¡Quiero un café!
¿Por qué me has contado esas historias?
Porque, como tú, tengo un alto sentido de la cosmética
y he querido contar tu historia desde el principio.
Todo empezó cuando deseaste que Franck Hoffman,
el chico más popular del colegio, dejara de existir.
¿Y esa infancia tuya tan horrible?
Es la que crees que habría tenido si hubiera nacido lejos de ti.
¿Y por qué te iba a imaginar como un monstruo?
Soy una hija digna de ti, Jeremy,
y he heredado todos tus pecados,
toda tu violencia.
¡No es verdad!
¿Recuerdas cuando conociste a Isabelle en el cementerio?
Esa misma noche soñaste que la forzabas
y aún lo tienes aquí.
¿Qué quieres de mí?
¡Abre, Jeremy!
Ella ya no te quería.
Isabelle.
Para. Para. ¡Joder!
Espera, para.
Lo nuestro no puede acabar así.
¿Qué haces con esa navaja?
Por favor, guárdala.
No puedo aceptarlo.
¡No puedo aceptarlo!
Vamos, amor,
despierta.
Venga, no seas remolona.
Repite conmigo:
"¡Maté lo que más amaba de este mundo!".
"¡Privé a mi hija de tener la madre más maravillosa del mundo!".
¡Márchate!
¡Quiero que desaparezcas!
Tras el asesinato, condujiste hasta una de vuestras obras.
Llevabas el cuerpo de Isabelle.
Habías cometido el crimen perfecto.
Nunca encontraron el cuerpo
y el aeropuerto es una tumba impenetrable.
¡Yo no maté Isabelle!
La quería con locura.
¿Quién habla cuando hablas tú?
Tú.
Hazlo rápido.
Te quiero, Jeremy.
No la mataste.
No fuiste tú.
Te abandonó.
No está muerta.
Como dijo Antoine de Saint-Exupéry:
"La perfección se consigue no cuando no haya más que añadir,
sino cuando no hay nada más que quitar".
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